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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Emma Cline]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/emma-cline/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Emma Cline]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sentir menos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sentir_129_10893269.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da16f290-7296-4d57-82b9-9ed07c45b5ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sentir menos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cuál puede ser el horizonte de deseo de una generación que vive una vida cada vez más calculada, una precaridad mal distribuida y una sobreinformación abrumadora?</p></div><p class="article-text">
        No s&eacute; exactamente cu&aacute;ndo, pero fue en alg&uacute;n momento hace poco menos de un a&ntilde;o, cuando empec&eacute; a darle vueltas a la idea de que el triunfo de Milei era una posibilidad, que pens&eacute; que se acercaba el fin de la grieta tal como la conoc&iacute;amos. Result&oacute; ser mitad falso, porque el gobierno de Milei es en gran medida tambi&eacute;n un gobierno del PRO, pero tambi&eacute;n mitad cierto. Creo que todav&iacute;a nadie tiene una respuesta definitiva de qu&eacute; es lo que la sociedad encontr&oacute; en <strong>Javier Milei </strong>que no encontr&oacute; en <strong>Patricia Bullrich</strong> ni en <strong>Horacio Rodr&iacute;guez Larreta</strong>, y que en esa diferencia se juegan bastantes cosas que pensar sobre la nueva grieta en la que estamos viviendo, y quiz&aacute;s m&aacute;s importante, sobre el mundo en el que viven las nuevas generaciones (incluyendo a la m&iacute;a), cu&aacute;nto de ese mundo es algo que anhelan y cu&aacute;nto algo que odian. Creo tambi&eacute;n que tienen la raz&oacute;n los libertarios con eso de que <em>No la ven</em>: yo, al menos, realmente no la veo. Por lo que puedo juzgar en Twitter y en conversaciones de la vida real, mis amigos tampoco.
    </p><p class="article-text">
        Estuve leyendo <em>The Guest</em>, la nueva novela de <strong>Emma Cline</strong> que supongo que saldr&aacute; pronto traducida porque con <em>Las chicas </em>le fue muy bien. La protagonista es Alex, una chica de veintid&oacute;s a&ntilde;os de la que no entendemos mucho, solo que trabaja en Nueva York como una suerte de escort hasta que se le empieza a complicar y decide tratar de convertirse en la fija de un hombre adinerado que podr&iacute;a ser su padre. La forma que toma la relaci&oacute;n con Simon, el tipo en cuesti&oacute;n, es reconocible para cualquier persona de mi edad que alguna vez haya circulado por dating apps y se haya encontrado con chicas que <em>reciben regalos</em>: para un observador superficial podr&iacute;a parecer que Alex se aprovecha de &eacute;l, pero cualquiera que preste un poco de atenci&oacute;n puede leer que la relaci&oacute;n es transaccional para los dos, y a conciencia de ambos. Est&aacute; claro que la situaci&oacute;n de Alex es notoriamente m&aacute;s precaria, en un sentido sustantivo: Simon no lo sabe, pero Alex no tiene plata ni fuentes de ingresos, ni siquiera tiene d&oacute;nde vivir. Una vez que &eacute;l le dice que se tomen unos d&iacute;as para hablar y la echa de su casa de veraneo, ella queda completamente fuera de sistema, no de su sistema, de cualquier sistema. Lo &uacute;nico que le queda, y que usar&aacute; en efecto para salir adelante, es su facilidad para camuflarse en cualquier entorno: saber a qui&eacute;n saludar y c&oacute;mo para que parezca que pertenec&eacute;s a la fiesta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pienso en esta cuesti&oacute;n de la transaccionalidad, de la reducci&oacute;n de todo encuentro con otra persona a un intercambio, y noto que en mi generaci&oacute;n y en las que me siguen hay un goce extra&ntilde;o en el descubrimiento de que la vida<em> es</em> eso, descubrimiento que es por supuesto performativo: convertimos todo en una transacci&oacute;n al descubrir que todo puede serlo y regocijarnos en ese descubrimiento, como si se tratara de un sinceramiento (ese alivio que produce e instrumenta la derecha, &ldquo;finalmente alguien dice la verdad&rdquo;) y no de una forma de leer al mundo que de hecho produce cambios en &eacute;l, que de hecho crea un mundo transaccional de a una interacci&oacute;n por vez. Pienso que ese encantamiento con la performance, que es uno de los grandes temas de <em>The Guest</em>, aparece en fen&oacute;menos culturales que parecen muy distantes entre s&iacute; pero que est&aacute;n m&aacute;s cerca los unos de los otros de lo que sus propios participantes dir&iacute;an: las chicas que no quieren salir con ning&uacute;n chico gratis y los chicos que se acostumbran a que todas sus interacciones con sus chicas sean con m&aacute;s o menos claridad por plata, pongamos, y por otro lado, la fascinaci&oacute;n de cierto progresismo con eso que llaman<em> la rosca </em>(le&iacute;da, esta semana, en la admiraci&oacute;n por el oficio de <strong>Miguel &Aacute;ngel Pichetto</strong> rosqueando votos para el paquete legislativo del oficialismo). 
    </p><p class="article-text">
        Yo admiro todos los oficios, as&iacute; que puedo admirar tambi&eacute;n &eacute;se, pero no me enga&ntilde;o: nunca es magia, es siempre comercio, y el comercio es una cosa estupenda, no me malinterpreten, pero no requiere mucho m&aacute;s que tener algo que vender y no ser completamente est&uacute;pido vendi&eacute;ndolo. Pichetto est&aacute; jugando para el partido que gan&oacute; la presidencia por m&aacute;s de diez puntos hace menos de tres meses: no podr&iacute;a hacer ninguna proeza con su oficio y sus trucos de zorro viejo si no tuviera nada que poner en la mesa. Su talento es equivalente al de que logra levantarse minas porque tiene plata, y al de la que logra levantarse guitudos porque es linda. No digo que no sirva, solo que no entiendo la m&iacute;stica; a la vez s&iacute;, la entiendo perfectamente. La entiendo porque la envidio.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el mundo de <em>The Guest</em> nadie se cree nada: todos instrumentan medios para fines, y los fines son cada vez m&aacute;s difusos, o menos distinguibles de los medios. Los precarios como Alex tienen como &uacute;nico fin sobrevivir; los ricos como Simon, acumular. Siento que Cline entiende que estamos como generaci&oacute;n fascinados no solo por esta clase de personajes sino tambi&eacute;n por sus niveles de frialdad: no solo por el hecho de que sus vidas sean puro c&aacute;lculo, entonces, sino por la verdad a&uacute;n m&aacute;s extra&ntilde;a de que no aspiren a ninguna otra cosa, de que est&eacute;n m&aacute;s o menos satisfechos con ese engranaje. El hallazgo central de <em>The Guest</em> es ese, no quebrar ni por un segundo el desapego de la hero&iacute;na. Entiendo, otra vez, por qu&eacute; nos encantan hoy estos personajes, y no es solo por eso de cool que siempre tuvo el desapego. Pienso en que evidentemente hay algo generacional en la precariedad que en la Argentina est&aacute; exagerado, pero que la excede: esto que les est&aacute; pasando ahora a tantos conocidos que le alquilaban barato a un amigo, que ante la desregulaci&oacute;n ya no puede tener su capital desaprovechado en un arreglo amistoso sucede en Buenos Aires, pero podr&iacute;a ser un cap&iacute;tulo de <em>Girls</em>. Y creo que es l&oacute;gico que ante la conjunci&oacute;n de una vida cada vez m&aacute;s calculada, una precariedad mal distribuida y una sobreinformaci&oacute;n abrumadora nuestro horizonte de deseo como generaci&oacute;n sea cada vez sentir menos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sentir_129_10893269.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Feb 2024 03:01:31 +0000]]></pubDate>
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