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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Siglo XXI Editores]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/siglo-xxi-editores/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Siglo XXI Editores]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Isabella Cosse: “Las fuerzas represivas utilizaron de modo planificado los vínculos afectivos de las organizaciones revolucionarias”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/isabella-cosse-fuerzas-represivas-utilizaron-planificado-vinculos-afectivos-organizaciones-revolucionarias_1_12871394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e9987cf-5474-4d68-8d35-14ef56684c06_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Isabella Cosse: “Las fuerzas represivas utilizaron de modo planificado los vínculos afectivos de las organizaciones revolucionarias”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La historiadora acaba de publicar “Rotos corazones”, un deslumbrante libro que cruza erotismo, compromiso, lucha armada, pareja, radicalización, militancia y terrorismo de Estado. Cómo fue su investigación para reconstruir el vértigo de los años ‘70 a partir de los lazos que unían amor y política en la conformación de grupos como PRT-ERP y Montoneros.</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;&iquest;Qu&eacute; sentidos y efectos jugaron el deseo, la atracci&oacute;n, los afectos en la praxis, las estrategias, las identidades pol&iacute;ticas y en las vidas de estos j&oacute;venes que pronto virar&iacute;an del optimismo ext&aacute;tico a enfrentar el terror de Estado? &iquest;Qu&eacute; lugar tuvieron la entrega amorosa y la entrega al pueblo en la emergencia y el crecimiento de la izquierda revolucionaria y su declive?</em>&rdquo;, se pregunta la historiadora <strong>Isabella Cosse</strong> al comienzo de su reciente libro<em> Rotos corazones. Amor y pol&iacute;tica en los setenta</em> (Siglo XXI Editores, 2025).
    </p><p class="article-text">
        Partiendo de una b&uacute;squeda inquieta en los archivos, con entrevistas reveladoras y una mirada profunda y desprejuiciada, <strong>Cosse va detr&aacute;s de las memorias de los &lsquo;70 &ndash;en particular aquellas que reconstruyen la formaci&oacute;n de grupos revolucionarios como el PRT-ERP y Montoneros&ndash; para detenerse en los v&iacute;nculos afectivos como lazos inseparables del compromiso pol&iacute;tico.</strong> Del flechazo en una marcha a la primera acci&oacute;n pol&iacute;tica de un hombre que le confiesa a la historiadora que tem&iacute;a &ldquo;morir virgen&rdquo; si la polic&iacute;a lo llegaba a atrapar colocando una caja con panfletos que volaban cuando se activaba un peque&ntilde;o explosivo; de los disparos en Ezeiza a la vida en la clandestinidad; de la familia como resguardo a la crudeza de las desapariciones y el terrorismo de Estado, Cosse analiza con agudeza los siempre inquietantes a&ntilde;os &lsquo;70 en la Argentina. <strong>Y lo hace con el o&iacute;do puesto en las ambivalencias como motor de una &eacute;poca que, a partir de su deslumbrante y novedoso an&aacute;lisis, adquiere nuevas dimensiones</strong>.
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n se transcribe un intercambio que la historiadora tuvo con <em>elDiarioAR</em> durante y despu&eacute;s de la presentaci&oacute;n de <em>Rotos corazones</em>, que <a href="https://www.instagram.com/reel/DR29R-KEUSg/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tuvo lugar en la Librer&iacute;a del Fondo el 4 de diciembre</a>.
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                &quot;Rotos corazones&quot;, de Isabella Cosse, salió por Siglo XXI Editores.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Volviste a pensar la militancia y la juventud, algo que ya hab&iacute;as abordado en trabajos anteriores. &iquest;Por qu&eacute; volver a transitar esta zona y por qu&eacute; hacerlo a partir de estos rotos corazones que recuper&aacute;s en el libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Porque los j&oacute;venes han sido sujetos claves de la historia argentina y, tambi&eacute;n, porque nos permite pensarnos en el presente y el futuro. Sigue siendo, como dice un libro reci&eacute;n editado por Siglo XXI, central para proyectarnos, responder la pregunta de d&oacute;nde venimos, qui&eacute;nes somos y a d&oacute;nde vamos. <strong>Esto significa, antes que nada, activar la capacidad de imaginar un tiempo en el que somos y no somos los mismos, es decir, concebir esa l&iacute;nea sinuosa con la que trabaja la historia del cambio y la permanencia. Activar la imaginaci&oacute;n para reconocer en el pasado, un tiempo ido, pero, a la vez, que nos configura.</strong> En ese juego, el presente nos exige hacernos nuevas preguntas: &iquest;c&oacute;mo tramitamos los conflictos?, &iquest;c&oacute;mo enfrentamos socialmente la exclusi&oacute;n?, &iquest;c&oacute;mo pensamos una sociedad dividida y fragmentada por la desigualdad y c&oacute;mo las formas configuradas en la transici&oacute;n democr&aacute;tica en torno a la democracia y los derechos humanos est&aacute;n cambiando? Estamos en un momento bisagra. Y, en ese momento bisagra, en medio del ascenso de la extrema derecha, este libro propone pensar la izquierda, los proyectos emancipadores, la utop&iacute;a de los &lsquo;70. Esa mirada al pasado al que apuesta <em>Rotos corazones</em>, nos abre al pensamiento cr&iacute;tico, al reconocimiento de los muchos hilos, muchas tramas, que intervienen en la definici&oacute;n de un momento hist&oacute;rico, de un acontecimiento, al que observar reflexivamente. Desplazando mitos y sentidos comunes instituidos. Una indagaci&oacute;n sin cortapisas. Esa historia de <em>Rotos corazones </em>habla de una &eacute;poca que est&aacute; en el centro de la discusi&oacute;n p&uacute;blica y pol&iacute;tica a ra&iacute;z de la legitimaci&oacute;n de las derechas extremas y conservadoras (con sus variaciones y aliment&aacute;ndose de otras tradiciones autoritarias). El libro aporta a esa discusi&oacute;n, <strong>es la historia de la radicalizaci&oacute;n, de los j&oacute;venes militantes, de las organizaciones revolucionarias, pero, tambi&eacute;n, de la sociedad argentina, del enfrentamiento y la lucha pol&iacute;tica y del ascenso represivo</strong>. Quiz&aacute;s, al terminar de escribir el libro, se me hicieron especialmente presentes una mirada actual y otra muy vieja de los usos de la historia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Cu&aacute;les son y c&oacute;mo funcionan esas claves?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; La clave m&aacute;s actual remite a pensar la contingencia. El hecho de que el futuro no est&aacute; escrito, sino que es el resultado &mdash;con giros inesperados&mdash; en el que se conjugan fuerzas hist&oacute;ricas con novedades creadas en la lucha pol&iacute;tica y social. Nadie hubiera dicho en aquel presente que, cuando <strong>Juan Carlos Ongan&iacute;a</strong> tomaba el poder en junio de 1966, convencido que ten&iacute;a la hegemon&iacute;a para quedarse en el poder por un tiempo indeterminado, hasta lograr ordenar a una sociedad argentina d&iacute;scola, conflictiva, que s&oacute;lo tres a&ntilde;os despu&eacute;s, enfrentar&iacute;a protestas juveniles (pero tambi&eacute;n, populares y obreras) de tal calibre que lo hicieron perder terreno pol&iacute;tico, apoyo dentro de las Fuerzas Armadas, que iba a tener que renunciar y que la radicalizaci&oacute;n era tan impetuosa, la legitimidad de confrontar con los gobiernos autoritarios parec&iacute;a alcanzar tal entidad, que la estrategia militar fue la apertura democr&aacute;tica en 1973. La otra mirada es m&aacute;s antigua. Tiene que ver con la historia como maestra de vida, con la mirada cr&iacute;tica sobre un pasado que nos ense&ntilde;a valores pol&iacute;ticos y &eacute;ticos. En ese sentido, este libro sobre j&oacute;venes militantes y organizaciones revolucionarias es tambi&eacute;n un libro sobre la represi&oacute;n pol&iacute;tica del Estado, sobre el papel que juega la anatemizaci&oacute;n del otro, sobre una &eacute;poca que desencaden&oacute; una tragedia. <strong>Quisiera creer que esa historia pueda contribuir a valorar la democracia, a sentir en la piel, a erizarnos frente a los m&eacute;todos crueles, inhumanos, del terrorismo de Estado, que nos ense&ntilde;e a abrirnos al di&aacute;logo</strong>, a la seducci&oacute;n, al <em>chamuyo</em>, a <em>melonear</em>, t&eacute;rminos usados en el momento alto de las protestas del '69 y '70, es decir, a la capacidad de convencer.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En </strong><em><strong>Rotos corazones</strong></em><strong> aparece mucho una palabra de esas que se presentan como llaves. Es la palabra &ldquo;compromiso&rdquo;. En los v&iacute;nculos afectivos que tan profundamente investigaste de los militantes de la izquierda entre s&iacute; y en sus v&iacute;nculos &ndash;que por supuesto tambi&eacute;n exhiben una insoslayable dimensi&oacute;n afectiva&ndash; con la pol&iacute;tica. &iquest;Ser joven y militante era comprometerse?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Es cierto, el &ldquo;compromiso&rdquo; es una noci&oacute;n clave de esta historia, de la sensibilidad militante, es decir, de la aleaci&oacute;n entre ideolog&iacute;a y sentimientos, que seg&uacute;n propongo fue crucial, decisiva, para entender los proyectos de izquierda o de emancipaci&oacute;n y cambio social y pol&iacute;tico en los a&ntilde;os setenta. Grandes contingentes de j&oacute;venes entraron a la pol&iacute;tica en estos &ldquo;largos a&ntilde;os sesenta&rdquo; convencidos, tironeados, buscando espacios de compromiso, creando ellos mismos, con frecuencia, a partir de n&uacute;cleos de amigos, compa&ntilde;eros de colegio, de barriada, formas de cambiar el mundo que implicaban la decisi&oacute;n de arriesgar, apostar, intervenir en la escena pol&iacute;tica y social, cultural, tambi&eacute;n. &ldquo;Comprometerse&rdquo; era involucrarse con la realidad de &ldquo;otro&rdquo;, con diferentes posibles proyecciones pol&iacute;ticas y sociales. <strong>La contestaci&oacute;n pol&iacute;tica militante, con ese cambio social, fue un fen&oacute;meno que involucr&oacute; a grandes contingentes de j&oacute;venes, que envolvi&oacute; a diferentes cohortes de edad, que fue de masas. </strong>Esa entidad fue tan significativa, que cuenta el libro, una revista como <em>Vosotras</em>, destinada a j&oacute;venes y mujeres de las clases trabajadoras y clases medias bajas, explicaba que, para no quedarse callada en una cita, era necesario saber qu&eacute; era la lucha de clases. Dicho esto, no puedo dejar de decir, que existieron otras formas de ser joven en aquellos a&ntilde;os que implicaron, tambi&eacute;n, otras formas de contestaci&oacute;n, cultural, que supusieron formas dis&iacute;miles de confrontar con la autoridad, una autoridad que, debemos recordar, estaba impulsada por gobiernos militares y surgidos de elecciones realizadas con el peronismo, la principal fuerza pol&iacute;tica, proscripto.
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            <span class="title">
                Protestas estudiantiles en Tucumán, en 1970.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash; El compromiso, en distintos &aacute;mbitos, persist&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;. &ldquo;Compromiso&rdquo; era, adem&aacute;s, una noci&oacute;n que involucraba un estadio de la relaci&oacute;n amorosa, aquel en el que se proyectaba una uni&oacute;n estable. Si bien el compromiso como instituci&oacute;n reglada, organizada socialmente, con anillos que se intercambiaban y una ceremonia familiar, hab&iacute;a quedado algo vetusto para amplios segmentos de j&oacute;venes de las clases medias y trabajadoras, la palabra &ldquo;compromiso&rdquo; remit&iacute;a tambi&eacute;n al compromiso amoroso. En el libro argumento que existi&oacute; una aleaci&oacute;n singular, propia, que hizo del compromiso pol&iacute;tico y amoroso un rasgo singular de la izquierda revolucionaria (armada y no armada). Un poema de <strong>Mario Benedetti</strong>, que <strong>Nacha Guevara</strong> fue la primera en cantar con m&uacute;sica de <strong>Alberto Favero</strong>, expres&oacute; de forma pr&iacute;stina esa conexi&oacute;n cuando dec&iacute;a &ldquo;si te quiero es porque sos mi amor, mi c&oacute;mplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho m&aacute;s que dos&rdquo;. La m&uacute;sica le da una especial resonancia a esa elaboraci&oacute;n porque crea paisajes emocionales que unen las vivencias con los deseos, en este caso el deseo de justicia y el deseo amoroso/er&oacute;tico. Esa canci&oacute;n condensa la memoria sentimental de esa generaci&oacute;n militante. Pero, entonces, esos versos se integraron a declaraciones, enso&ntilde;aciones, convicciones ideol&oacute;gicas. Es decir, el amor rom&aacute;ntico, una matriz hist&oacute;rica y social surgida de la confluencia de diferentes actores, intervenciones, discursos, que estaba en los a&ntilde;os sesenta en plena reelaboraci&oacute;n, qued&oacute; unido con los sentimientos amorosos al pueblo, la patria, la revoluci&oacute;n. De hecho, propongo que esa manera de pensar el &ldquo;amor&rdquo;, como noci&oacute;n que supone la fusi&oacute;n, la conexi&oacute;n con otro, a la vez entrega y riesgo, hizo parte decisiva de la sensibilidad revolucionaria. <strong>El Che Guevara que dec&iacute;a en 1965 &ldquo;d&eacute;jeme decirle a riesgo de parecer rid&iacute;culo que el revolucionario verdadero est&aacute; guiado por grandes sentimientos de amor&rdquo;, era un amor a los sufrientes, a los desheredados, otro, por el que hab&iacute;a que refundar el mundo, recrearlo y si era necesario matar y morir.</strong> Ese amor se entronc&oacute; con el amor er&oacute;tico, de pareja. Qued&oacute; unido al deseo, pero no s&oacute;lo al deseo sexual sino al deseo que imbu&iacute;a a la acci&oacute;n colectiva de cambiarlo todo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En este sentido, quer&iacute;a subrayar algo m&aacute;s que desarroll&aacute;s en el libro. &iquest;Qu&eacute; nos pod&eacute;s contar de c&oacute;mo se entrelazan las ideas de &ldquo;fidelidad&rdquo; en las parejas con la de &ldquo;lealtad&rdquo; en los grupos a los que pertenec&iacute;an estas personas que investigaste?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; La conexi&oacute;n entre el amor er&oacute;tico/rom&aacute;ntico (con sus muchas variaciones que supusieron dis&iacute;miles tipos de relaci&oacute;n, duraci&oacute;n, v&iacute;nculos, lo que es importante en el argumento del libro) y el compromiso pol&iacute;tico, la lealtad (como noci&oacute;n clave no s&oacute;lo de la izquierda ni del peronismo, sino de la cultura pol&iacute;tica en esas d&eacute;cadas y las anteriores) se hizo una dura argamasa, se abroquel&oacute; por completo: la lealtad pol&iacute;tica, la capacidad de sostener el compromiso en situaciones l&iacute;mite y riesgosas, de gran precariedad (a ra&iacute;z de la represi&oacute;n, pero tambi&eacute;n de las imposibilidades de las organizaciones revolucionarias de proteger a sus integrantes) termin&oacute; asoci&aacute;ndose con la fidelidad amorosa. Debo decir, sin embargo, que mi intenci&oacute;n fue historizar una &eacute;poca, y fuerzas pol&iacute;ticas en extremo din&aacute;micas, cambiantes, que no estaba prefijada en sus or&iacute;genes, porque de lo contrario, justamente, pensamos el pasado de forma simplificada y se nos pierde comprender su configuraci&oacute;n, incluso. Digo esto porque mi reconstrucci&oacute;n muestra que tal conexi&oacute;n adquiri&oacute; entidad, qued&oacute; fraguada en forma normativa en 1975, cuando, ante el avance represivo y el crescendo familiarista del gobierno peronista que en 1974 hab&iacute;a vetado la Ley de patria potestad compartida y hab&iacute;a aprobado a requerir triple receta para comprar anticonceptivos y hab&iacute;a armado una alianza con la Iglesia cat&oacute;lica para un plan para la familia. En ese contexto, <em>El Caudillo</em>, una revista vinculada con la ortodoxia del sindicalismo, los parapoliciales armados y financiada por <strong>Jos&eacute; L&oacute;pez Rega</strong>, acusaba a la izquierda revolucionaria, de homosexuales, drogadictos e inmorales. En respuesta, las organizaciones respondieron profundizando el propio familiarismo, las valoraciones que supon&iacute;an un lazo inequ&iacute;voco entre la lealtad pol&iacute;tica y la fidelidad amorosa, <strong>al punto de que se argument&oacute; en contra de Roberto Quieto, cuando &eacute;ste fue capturado por las fuerzas represivas, sus supuestos desarreglos de su vida amorosa que explicaban su supuesta entregada informaci&oacute;n, en vistas a sancionarlo</strong>. Dicho esto, quisiera se&ntilde;alar, a&uacute;n en forma telegr&aacute;fica, que el libro abona por una historizaci&oacute;n de estas modulaciones, que reconoce que existieron discrepancias con esta visi&oacute;n o reglamentaci&oacute;n, que, sin embargo, no llegaron a articularse en una confrontaci&oacute;n expl&iacute;cita y unirse a las disidencias pol&iacute;ticas, que existieron. <strong>Y, a la vez, que nota la paradoja en la cual la propia precariedad y experiencias l&iacute;mites &ndash;incluso previamente la propia vida clandestina&ndash; implicaba tal dinamismo, tal fluidez en los v&iacute;nculos afectivos y estos eran tan importantes para sostenerse en esas circunstancias grav&iacute;simas. </strong>Tambi&eacute;n, que la normativizaci&oacute;n de la vida afectiva se contrapon&iacute;a con los requerimientos y necesidades de los militantes. Al mismo tiempo, es importante decir que en esa historizaci&oacute;n not&eacute; que la normativizaci&oacute;n no implic&oacute; lo mismo en cada momento de ese acelerado tiempo, ni fue igual en todas las organizaciones. Propongo, de hecho, que las cuestiones relativas a la desigualdad de g&eacute;nero, el lugar de las mujeres, las formas de pensar los v&iacute;nculos amorosos fueron espacios de contenci&oacute;n, de disputa, en las pr&aacute;cticas en s&iacute; mismas, que, ciertamente, existieron pocas discusiones ideol&oacute;gicas o doctrinarias; pero muchas conversaciones y disputas en las interacciones concretas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">El amor romántico, una matriz histórica y social surgida de la confluencia de diferentes actores, intervenciones, discursos, que estaba en los años sesenta en plena reelaboración, quedó unido con los sentimientos amorosos al pueblo, la patria, la revolución</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Le dedic&aacute;s un tramo muy importante del libro a las revueltas estudiantiles, en particular a las protestas de j&oacute;venes universitarios en Tucum&aacute;n en 1970. &iquest;Por qu&eacute; te interesaba ese aspecto? &iquest;Qu&eacute; sentido produce esto y qu&eacute; nos dice de las particularidades de Argentina en su relaci&oacute;n con la educaci&oacute;n p&uacute;blica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; La existencia de la educaci&oacute;n p&uacute;blica, de espacios, experiencias, pol&iacute;ticas destinadas y vividas por personas seg&uacute;n su edad es un fen&oacute;meno central de la configuraci&oacute;n de la identidad y experiencia juvenil. No fue el &uacute;nico elemento o dimensi&oacute;n, pero estar en las aulas con otros de edad semejante fue decisivo para la configuraci&oacute;n de la experiencia juvenil y, de hecho, los j&oacute;venes quedan colocados en un lugar central de los fen&oacute;menos hist&oacute;ricos socioculturales y pol&iacute;ticos en forma simult&aacute;nea al aumento de la educaci&oacute;n secundaria, terciaria y universitaria (aunque hayan existido j&oacute;venes que se percib&iacute;an de ese modo por fuera de la educaci&oacute;n p&uacute;blica, aunque esta fue clave, mucho antes, en los a&ntilde;os veinte y treinta). <strong>La educaci&oacute;n p&uacute;blica, como pol&iacute;tica, percepci&oacute;n y experiencia en com&uacute;n de los j&oacute;venes, supuso, desde muy temprano, con la escuela p&uacute;blica, con relaci&oacute;n a los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, la posibilidad de una proyecci&oacute;n de ascenso, una promesa, al menos para gran parte de esos ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y j&oacute;venes</strong>, al igual que sus familias, la posibilidad de que el Estado ofreciese una v&iacute;a para lograr el prometido ascenso social. O, al menos, una forma concreta y real de inclusi&oacute;n en las aspiraciones de una vida mejor, en el supuesto de que la educaci&oacute;n abr&iacute;a posibilidades de mejorar la posici&oacute;n social, las oportunidades. La educaci&oacute;n p&uacute;blica era, adem&aacute;s, un espacio de relaci&oacute;n de personas con diferentes clases sociales, que, sin idealizar, sin mitificar, supuso conflictos, estigmatizaciones, pero a la vez una vivencia formativa de contacto con otro, de la capacidad de suspender las desigualdades, quiz&aacute;s, en ciertos momentos, a ra&iacute;z del juego, de las conexiones afectivas, de habilidades intelectuales. Para muchos y muchos chicos y chicas de las clases populares la posibilidad de estar parte del d&iacute;a en un ambiente m&aacute;s o menos cuidado, durante muchos per&iacute;odos, con alimentaci&oacute;n, de abrirse a otros mundos y posibilidades; de hecho, a fines de los treinta comenzaron a entregarse materiales y alimentos en las provincias m&aacute;s pobres a grandes contingentes de chicos y chicas, pol&iacute;ticas que el peronismo expandi&oacute; y profundiz&oacute;.<strong> Estas caracter&iacute;sticas se han modificado de ra&iacute;z en la actualidad: la fragmentaci&oacute;n social, las dificultades de las pol&iacute;ticas de inclusi&oacute;n educativa, las crecientes desigualdades e incluso la precarizaci&oacute;n laboral ha modificado esta realidad para los sectores populares cuyas proyecciones de futuro est&aacute;n cortadas</strong>, limitadas, cuyos sue&ntilde;os pasan por labrarse un futuro en otros mundos que no son los profesionales, de supuesta r&aacute;pida acumulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Cu&aacute;ndo es que la juventud comienza a ser un foco de preocupaci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; le preocupa a una sociedad cuando dice preocuparse por los j&oacute;venes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Los j&oacute;venes, al igual que los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as, expresan la conexi&oacute;n entre pasado y futuro en las sociedades modernas. <strong>En nuestro mundo, preocuparse por los j&oacute;venes supone activar la proyecci&oacute;n a futuro, los proyectos personales, familiares, sociales que implican pensarse en la descendencia, en las nuevas generaciones, en nuestros hijos e hijas, paridos o no.</strong> Es esta importancia de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as &ndash;de los adolescentes y los j&oacute;venes&ndash; que los ha hecho, por cierto, sujetos de pol&iacute;ticas de inclusi&oacute;n que, parad&oacute;jicamente, con frecuencia motorizaron violencias institucionales, familiares y estatales. El inter&eacute;s por los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as y por los j&oacute;venes ha modulado intervenciones de muy diferente signo: de mercado, para crear nuevos consumidores; de reclusi&oacute;n o institucionalizaci&oacute;n, como pas&oacute; y sigue pasando entre las clases populares en institutos de menores, pero tambi&eacute;n en c&aacute;rceles. Y, tambi&eacute;n, de activaci&oacute;n pol&iacute;tica. Con relaci&oacute;n a esta activaci&oacute;n es interesante notar, justamente, el car&aacute;cter protag&oacute;nico de los j&oacute;venes, sus agrupamientos y las formas de reclutamiento, en s&iacute; mismos, en los a&ntilde;os sesenta y setenta en donde la politizaci&oacute;n estuvo motorizada e implic&oacute; la activaci&oacute;n de los propios j&oacute;venes. Especialmente entre 1969 y 1970 surgieron una enorme cantidad de nucleamientos que, luego, fueron canalizados, disputados, por diferentes fuerzas pol&iacute;ticas. Creo que ese rasgo es muy decisivo para entender la radicalizaci&oacute;n juvenil de los a&ntilde;os sesenta y setenta y, tambi&eacute;n, el efecto de la represi&oacute;n de Estado que, por cierto, un programa de restauraci&oacute;n de la autoridad, <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/valeria-manzano-historia-edad-sirvio-establecer-jerarquias-sociedades_1_12751655.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como lo denomin&oacute; la historiadora Valeria Manzano</a>, que persigui&oacute;, secuestr&oacute;, desapareci&oacute; por razones pol&iacute;ticas (y no de edad) aunque es central notar que el 70 por ciento de los desaparecidos y desaparecidas eran menores de 30 a&ntilde;os.
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                Isabella Cosse es historiadora e investigadora del Conicet y de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín, donde es profesora.                            </span>
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        <strong>&ndash; A lo largo de tu investigaci&oacute;n vas dando cuenta de las desigualdades de g&eacute;nero que persisten, tambi&eacute;n, en las organizaciones pol&iacute;ticas de los sesenta y setenta. &iquest;Por qu&eacute; perdura esa desigualdad? &iquest;De qu&eacute; estaba hecho el llamado &ldquo;hombre nuevo&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Las estructuras de organizaci&oacute;n de la diferencia sexual y las relaciones de poder tienen una largu&iacute;sima historia. Las desigualdades de g&eacute;nero, las elaboraciones en torno a la condici&oacute;n femenina y a la masculinidad, se remontan en el tiempo largu&iacute;simo de las sociedades occidentales y, tambi&eacute;n, de los pueblos originarios de este continente. Digo esto para entender la gran densidad, fuerza, de esas construcciones que, al mismo tiempo, han estado unidas a esfuerzos, luchas, disputas para modificarlas. En<em> Rotos corazones</em> me retrotraigo a esas largas elaboraciones que permiten entender el cuerpo de las mujeres como una zona especialmente significativa para las fuerzas represivas y su percepci&oacute;n de su capacidad para eliminar, destruir, vencer a las organizaciones armadas. Pero, dicho esto, tambi&eacute;n, quisiera decir que las organizaciones revolucionarias (la izquierda armada y no armada, incluso) conceb&iacute;an necesario luchar por la igualdad de las mujeres, aunque ese impulso fuese a veces ret&oacute;rico, aunque no fuese por completo compartido y, sobre todo, estuvo proyectado en el futuro, escasamente valorizado en t&eacute;rminos program&aacute;ticos. <strong>La otra cuesti&oacute;n que quisiera decir es que la historia no es una progresi&oacute;n ascendente de conquistas, como vemos con claridad en la actualidad. Es lucha, disputa, que abre nuevos escenarios en los que con frecuencia viejas elaboraciones cobran un sentido nuevo.</strong> Hoy estamos viendo la activaci&oacute;n pol&iacute;tica de nociones &ldquo;antisubversivas&rdquo;, de recuperaci&oacute;n del familiarismo, de catalogaci&oacute;n de la oposici&oacute;n pol&iacute;tica en t&eacute;rminos de enemigo de la naci&oacute;n y la patria. No es casualidad. Es redituable pol&iacute;ticamente recuperar esas nociones del pasado, fuertemente conocidas y sencillas de aprender y activarlas en un momento en donde existe gran incertidumbre y en el que la derecha, usando esos temores, logra desplazar aquellos otros temores y preocupaciones, las violencias cotidianas y la inestabilidad econ&oacute;mica, la dificultad para sostenerse cotidianamente, para la subsistencia, para tener medicamentos, fruto de exclusiones que se agravan con cada nueva medida. Las limitaciones del proyecto del progresismo, de la democracia, se ven acicateadas por la capacidad de estas nuevas fuerzas de organizar una oposici&oacute;n simple que d&eacute; sentido a sus promesas de salir de la crisis, de mejorar como ha planteado Pablo Sem&aacute;n. En ese contexto, &iquest;qu&eacute; decir? Que la hegemon&iacute;a no es nunca completa y que la historia es contingencia, que, por supuesto, no sucede sin fuerzas que la pulsen con creatividad, con escucha, con seducci&oacute;n.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DR29R-KEUSg/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        <strong>&mdash; En tu trabajo pon&eacute;s el foco en una serie de ambivalencias (del &ldquo;amor libre&rdquo; a la rigidez machacona de algunas organizaciones; de las canciones hablan de unicornios perdidos a la imagen de tapa de </strong><em><strong>El descamisado</strong></em><strong>, fusil en mano; de la cr&iacute;tica a la &ldquo;familia burguesa&rdquo; al refugio en lo familiar como n&uacute;cleo en tiempos de clandestinidad). &iquest;Por qu&eacute; por lo general se suele soslayar esa dimensi&oacute;n afectiva en los relatos sobre los &lsquo;70? En el libro te refer&iacute;s a este tipo de relatos como relatos &ldquo;escasamente visibilizados&rdquo; por las historias de las izquierdas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; El descubrimiento que llev&oacute; a este libro tuvo que ver con notar una paradoja: <strong>las memorias de los &lsquo;70 est&aacute;n llenas de historias de amores, de pasiones de una noche, de v&iacute;nculos de afecto inoxidables (y tambi&eacute;n de los conflictos), din&aacute;micas semejantes a las de los grupos de amigos. </strong>Pero, sin embargo, esa presencia hab&iacute;a sido escasamente estudiada y todav&iacute;a ten&iacute;a mucho que decirnos en clave anal&iacute;tica, pod&iacute;a potenciarse, ten&iacute;a m&aacute;s para decirnos. Eso intent&eacute; hacer en el libro. Debo decir, sin embargo, que a&uacute;n poniendo en primer plano esa &ldquo;dimensi&oacute;n&rdquo; o esa &ldquo;capa&rdquo;, no creo que existan explicaciones hist&oacute;ricas unicausales. Por eso, el libro reconstruye una clave sociocultural y una netamente pol&iacute;tica. No s&oacute;lo atiende, de hecho, a la izquierda revolucionaria.<strong> </strong>Trat&eacute; de tener una visi&oacute;n relacional de las luchas pol&iacute;ticas por lo cual tambi&eacute;n me ocup&eacute; del conjunto de la escena pol&iacute;tica y de la confrontaci&oacute;n con las fuerzas que se le opon&iacute;an e, incluso, de la represi&oacute;n de Estado.<strong> </strong>He intentado que el libro pueda leerse como una reconstrucci&oacute;n de conjunto de esa &eacute;poca. &iquest;Qu&eacute; ofrece eso? Creo que repone la centralidad de la emergencia de la radicalizaci&oacute;n, la legitimaci&oacute;n surgida de la lucha contra los gobiernos autoritarios. <strong>Pero, tambi&eacute;n, presta atenci&oacute;n a los dilemas que abri&oacute; el nuevo escenario de la convocatoria a elecciones, el &ldquo;breve frenes&iacute;&rdquo; camporista, los desaf&iacute;os que supone la llegada de Per&oacute;n, la violencia previa y posterior, la coyuntura singular en la que fuerzas surgidas de la lucha clandestina, del llamado a la revoluci&oacute;n armada, hab&iacute;an crecido, en su capacidad de encauzar un movimiento de masas, especialmente, Montoneros</strong>, en un momento en el que no era menor el contexto regional de golpes de estado en Chile y Uruguay. De igual modo, repone la escala latinoamericana, presta atenci&oacute;n a la significaci&oacute;n de Cuba, con la discusi&oacute;n sobre las v&iacute;as para la revoluci&oacute;n, pero tambi&eacute;n, repone la significaci&oacute;n pol&iacute;tica. Tambi&eacute;n, apunta a una reconstrucci&oacute;n que pone en el centro la diversidad sociocultural, de clase, de or&iacute;genes de clase, de espacios y trayectorias, de las organizaciones revolucionarias, que resulta clave para entender su significaci&oacute;n, su crecimiento y a la vez la propia din&aacute;mica pol&iacute;tica. As&iacute;, tambi&eacute;n recupera el hecho de que la radicalizaci&oacute;n y, con ella las organizaciones revolucionarias, crecieron cuando los militantes le segu&iacute;an el pulso a la realidad, lograban encauzar un movimiento de masas y su declive estuvo unido a una endogamia, a la p&eacute;rdida de conexi&oacute;n con el pulso social, dicho en los t&eacute;rminos de la cr&iacute;tica de <strong>Rodolfo Walsh</strong>, que se produjo, por cierto, cuando esa desconexi&oacute;n era dif&iacute;cilmente remontable.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La historia no es una progresión ascendente de conquistas, como vemos con claridad en la actualidad. Es lucha, disputa, que abre nuevos escenarios en los que con frecuencia viejas elaboraciones cobran un sentido nuevo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; con las modulaciones de Juan Domingo Per&oacute;n y las juventudes (el camino que va de &ldquo;maravillosa&rdquo; a &ldquo;imberbes&rdquo;), la idea del l&iacute;der como padre y los hijos d&iacute;scolos que cortan relaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Parto de entender la revuelta de los hijos contra el padre, el conflicto generacional, los j&oacute;venes que le disputaban el lugar al padre. Lo que digo es que en t&eacute;rminos no s&oacute;lo metaf&oacute;ricos sino literales en el centro de la feroz confrontaci&oacute;n entre la izquierda y la derecha peronista estaba el amor a Per&oacute;n. Lo que estaba en juego en t&eacute;rminos no s&oacute;lo ret&oacute;ricos &ndash;como explicaron Eliseo Ver&oacute;n y Silvia Sigal&ndash; era la traici&oacute;n o la lealtad al l&iacute;der y al propio peronismo: qui&eacute;n expresaba el &ldquo;verdadero&rdquo; peronismo y al pueblo. <strong>En ese tramo parto de Lynn Hunt cuando piensa la revoluci&oacute;n francesa para plantear que los &ldquo;hijos&rdquo; estaban enfrentados entre s&iacute; por el amor del padre.</strong> Que esos hijos creaban un pacto, un acuerdo, por el que rescind&iacute;an el uso de la violencia y creaban una sociedad basada en la fraternidad de los varones. No sucedi&oacute; esto en Argentina. Propongo que el retorno de Per&oacute;n, en Ezeiza, es una lucha por la proximidad con el l&iacute;der carism&aacute;tico, amado, cuyo retorno ha sido esperado por 18 a&ntilde;os y que desata una lucha feroz &ndash;que preanuncia la tragedia&ndash; entre los &ldquo;hijos&rdquo; de Per&oacute;n, que se disputaban su legado, por definir la proximidad con &eacute;l y con ello definir las relaciones de poder en el Estado. La llegada de Per&oacute;n, como han dicho antes otros, rompi&oacute; por completo el equilibrio y, tambi&eacute;n, le exigi&oacute; una nueva estrategia al propio Per&oacute;n. Esa disputa puede verse a partir de la met&aacute;fora familiar. Es la disputa por la proximidad con Per&oacute;n, un reclamo amoroso que involucr&oacute; un tri&aacute;ngulo (Per&oacute;n estaba escoltado por Eva e Isabelita en el escenario de Ezeiza al que nunca lleg&oacute;). Montoneros se legitimaba en Eva e impugnaba a Isabel, que por cierto jug&oacute; un papel simb&oacute;lico y pol&iacute;tico importante que, adem&aacute;s, estaban acompa&ntilde;ados por rumores a ra&iacute;z su relaci&oacute;n con L&oacute;pez Rega. En ese tri&aacute;ngulo ed&iacute;pico el sindicalismo ortodoxo, la &ldquo;ortodoxia&rdquo;, los grupos a la derecha del peronismo, ganaron la partida. Lograron que Per&oacute;n, que no hab&iacute;a pensado, creo, que no podr&iacute;a desactivar a la juventud maravillosa, se apoyara por completo en ellos. Lo que planteo es que <strong>Ezeiza preanunci&oacute; el car&aacute;cter tr&aacute;gico de la confrontaci&oacute;n en torno a las fuerzas y proyectos de pa&iacute;s enfrentados y observo tal enfrentamiento pensando no s&oacute;lo en lo afectivo, sino en el efecto que tuvo entre quienes all&iacute; estuvieron</strong>, millones de personas, desacomodadas, afectadas, por la imposibilidad de ese abrazo amoroso con el l&iacute;der.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Otra imagen de las revueltas que tuvieron lugar en Tucumán a comienzos de los &#039;70."
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            <span class="title">
                Otra imagen de las revueltas que tuvieron lugar en Tucumán a comienzos de los &#039;70.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En el libro tambi&eacute;n describ&iacute;s un entramado de precariedades, entre la vida en la clandestinidad y el v&eacute;rtigo de los &lsquo;70.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&nbsp;El terror de Estado cre&oacute; y oper&oacute; sobre una precariedad extrema de los militantes y las militantes, sus seres queridos y sus compa&ntilde;eros. Como sostiene <strong>Judith Butler </strong>para otro contexto, la vida se volvi&oacute; precaria al quedar expuesta al da&ntilde;o, la muerte y el dolor sin que quienes lo viv&iacute;an pudieran controlar o enfrentar tal posibilidad. La vulnerabilidad era extrema al punto de que la vida humana pod&iacute;a ser f&aacute;cilmente destruida, anulada. Esa precariedad estuvo dada por la estrategia represiva, la decisi&oacute;n de aniquilar, secuestrar y matar. En ese contexto, tambi&eacute;n, <strong>fue clave la imposibilidad, la escasez de recursos para enfrentar las situaciones l&iacute;mite que supuso el ascenso represivo para los militantes y las militantes</strong>. Tr&aacute;gicamente, las estrategias de las propias organizaciones no reconoc&iacute;an en toda su nueva radicalidad lo que, recordemos, como han estudiado Luciana Seminara y Daniela Slipak, abrieron discusiones, fracturas, disidencias. Creo que la mayor parte de esas discusiones no tuvieron expresi&oacute;n abierta, eran las conversaciones llenas de angustia y preocupaci&oacute;n, que se produc&iacute;an entre los propios militantes. La precariedad no fue la misma en todos los casos. Hubo, por supuesto, diferencias de clase. Pero, tambi&eacute;n, otras. <strong>Los ni&ntilde;os y beb&eacute;s &ndash;concebidos en la confianza del triunfo, expresi&oacute;n del amor y compromiso con la vida, que permit&iacute;an proyectarse en el futuro y asegurar la revoluci&oacute;n&ndash; vivieron una precariedad completa y fueron objeto de la represi&oacute;n en forma directa</strong>, como est&aacute; reconoci&eacute;ndose reci&eacute;n ahora a ra&iacute;z del reclamo de quienes vivieron esas experiencias y sobrevivieron.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las desigualdades de género, las elaboraciones en torno a la condición femenina y a la masculinidad, se remontan en el tiempo larguísimo de las sociedades occidentales y, también, a gran parte de los pueblos originarios de este continente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Un punto asociado con esto, que aparece en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo del libro &iquest;Fue una estrategia del aparato represivo apuntar justamente a los v&iacute;nculos de las personas que integraban estos grupos juveniles diezmados, a perseguirlos a ellos pero tambi&eacute;n a las parejas, los hijos, a romper, para citar el t&iacute;tulo del libro, esos corazones?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; En el libro sostengo que no s&oacute;lo hubo un plan expreso de destruir, eliminar, a estas organizaciones revolucionarias, que involucr&oacute; instituciones, decisiones burocr&aacute;ticas y pol&iacute;ticas. Tambi&eacute;n, se requiri&oacute; crueldad, es decir, la intenci&oacute;n deliberada de lastimar y da&ntilde;ar al otro. El aparato represivo us&oacute; en forma expresa y deliberada la crueldad de modo inhumano y eso signific&oacute; utilizar una doble estrategia. Por un lado, un plan organizado y sistem&aacute;tico (con grandes capacidades y aplicado ilegal y clandestinamente) para exterminar a un enemigo subversivo que no apunt&oacute; &uacute;nicamente a las organizaciones revolucionarias y armadas sino, de modo m&aacute;s amplio, a quienes eran parte de la contestaci&oacute;n social y pol&iacute;tica, de las protestas y la insubordinaci&oacute;n; a aquellos y aquellas que, de modo diferente, confrontaban con el orden a instituir. <strong>Por el otro, en ese plan sistem&aacute;tico y organizado las fuerzas represivas utilizaron de modo planificado y sistem&aacute;tico a los v&iacute;nculos afectivos, amorosos, entre los militantes de las organizaciones con sus compa&ntilde;eros, sus familias, sus parejas, sus hijos, de modo instrumental</strong>. Este uso no fue ajeno a las percepciones de largo aliento de la virilidad asociada con la conquista, la fuerza, la violencia ejercida y mostrada. Esa crueldad supuso el ejercicio de un tormento m&aacute;s all&aacute; de la raz&oacute;n instrumental, que no puede acometerse sin implicaci&oacute;n subjetiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/isabella-cosse-fuerzas-represivas-utilizaron-planificado-vinculos-afectivos-organizaciones-revolucionarias_1_12871394.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Dec 2025 03:02:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Isabella Cosse: “Las fuerzas represivas utilizaron de modo planificado los vínculos afectivos de las organizaciones revolucionarias”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Libros,Siglo XXI Editores,Montoneros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mariano Schuster: “El pasado es una presencia; es una capa más de nuestro presente”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/mariano-schuster-pasado-presencia-capa-presente_1_12782289.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/06fbaea8-f720-4d6a-9797-c686c6ba7459_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mariano Schuster: “El pasado es una presencia; es una capa más de nuestro presente”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Acaba de publicar “El pasado no está muerto”, una notable recopilación de entrevistas que realizó con algunos de los historiadores contemporáneos más destacados, entre los que se encuentran Sheila Fitzpatrick, Robert Darnton y Carlo Ginzburg. Por qué le interesa pensar en el presentismo que marca nuestra época, los desafíos que plantean las intervenciones de los intelectuales en los medios y la distinción entre saber de historia y pensar históricamente.
</p><p class="subtitle">Entrevista - Valeria Manzano: “A lo largo de la historia la edad sirvió para establecer jerarquías de poder en las sociedades”</p><p class="subtitle">El legado de Beatriz Sarlo: cómo se conservan sus papeles personales y los cuatro mil libros de su biblioteca
</p></div><p class="article-text">
        Preguntas inteligentes, precisas, que parten de la curiosidad y tambi&eacute;n de dos pasiones que no oculta: la conversaci&oacute;n y el pensamiento hist&oacute;rico. Respuestas profundas, con matices, que parten de algunos de los historiadores contempor&aacute;neos m&aacute;s destacados. El investigador argentino <strong>Mariano Schuster</strong> acaba de lanzar <em>El pasado no est&aacute; muerto</em> (Siglo XXI Editores, 2025), <strong>una publicaci&oacute;n que recopila diez entrevistas que les realiz&oacute; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os a Sheila Fitzpatrick, Peter Burke, Emilio Gentile, Ian Kershaw, Carlo Ginzburg, Natalie Zemon Davis, Robert Darnton, Joan Wallach Scott, Roger Chartier y Sheila Rowbotham</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Publicadas inicialmente en la revista <em>Nueva Sociedad</em> y convertidas ahora en un libro notable, las entrevistas recorren episodios hist&oacute;ricos que, como postula el t&iacute;tulo del libro, <strong>lejos de haber muerto vuelven con intensidad a la conversaci&oacute;n para traer a la luz cuestiones centrales como el d&iacute;a a d&iacute;a en un r&eacute;gimen autoritario, los g&eacute;neros, el fascismo, los debates en los feminismos, entre otros</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Luego de un intercambio virtual, <strong>Schuster fue respondiendo por escrito a una serie de preguntas formuladas por </strong><em><strong>elDiarioAR. </strong></em>Esas palabras se reproducen a continuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En la introducci&oacute;n te refer&iacute;s a estos tiempos como &ldquo;tiempos de novedades que no lo son&rdquo;. Vivimos, en efecto, un presente donde muchas cosas se presentan como novedad, donde la novedad pareciera tener un valor destacado o deseado. En un gesto audaz, si se quiere, vos ya desde el t&iacute;tulo de tu libro propon&eacute;s otra lectura al decir que el pasado no est&aacute; muerto y que, en todo caso, ah&iacute; puede haber una usina posible. &iquest;Por qu&eacute; este gesto y por qu&eacute; ahora?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&nbsp;Afirmar que &ldquo;el pasado no est&aacute; muerto&rdquo; es, ante todo, una forma de disputar el presentismo que marca nuestra &eacute;poca. No hablo simplemente de la fascinaci&oacute;n por la novedad, sino de algo m&aacute;s profundo: la tendencia a vivir como si el presente fuese autosuficiente, como si los problemas, las sensibilidades y hasta los lenguajes pol&iacute;ticos hubieran brotado de la nada. Varios de los historiadores que aparecen en el libro &mdash;desde Fitzpatrick hasta Chartier, desde Zemon Davis hasta Gentile&mdash; trabajan expl&iacute;citamente contra esa clausura del tiempo que vuelve todo instant&aacute;neo, epis&oacute;dico, sin sedimentos. <strong>Como lo dice Lynn Hunt, una enorme historiadora estadounidense, en uno de sus &uacute;ltimos libros, el presentismo es uno de los principales enemigos de una perspectiva hist&oacute;rica que contemple los muchos tiempos que nos constituyen. </strong>Para m&iacute; entonces, recuperar la idea de que el pasado no est&aacute; muerto es una forma de discutir con esa perspectiva presentista y de reivindicar la necesidad de pensar en temporalidades largas, algo que es central en muchos de los historiadores e historiadoras que aparecen en el libro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;En qu&eacute; pens&aacute;s cuando habl&aacute;s de temporalidades largas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Pensar en temporalidades largas no significa creer en l&iacute;neas evolutivas uniformes ni en causalidades r&iacute;gidas; significa, m&aacute;s bien, reconocer que las sociedades no empiezan de cero, que las sensibilidades se sedimentan, que los imaginarios persisten y mutan, y que los sujetos hist&oacute;ricos heredan formas de sentir y de nombrar que no desaparecen cuando cambia un gobierno o cuando surge una nueva coyuntura. <strong>Fitzpatrick, por ejemplo, piensa la experiencia sovi&eacute;tica como un entramado de tensiones entre pr&aacute;cticas sociales heredadas del zarismo, rupturas revolucionarias y adaptaciones pragm&aacute;ticas que se extienden durante d&eacute;cadas.</strong> Su m&eacute;todo &ndash;esa combinaci&oacute;n de historia social desde abajo y an&aacute;lisis archiv&iacute;stico&ndash; le permite ver c&oacute;mo la larga duraci&oacute;n de ciertas pr&aacute;cticas burocr&aacute;ticas, ciertas l&oacute;gicas comunitarias o ciertos modos de relacionarse con el Estado siguieron actuando m&aacute;s all&aacute; de los grandes acontecimientos pol&iacute;ticos. <strong>Ian Kershaw </strong>tambi&eacute;n trabaja con temporalidades largas. Su interpretaci&oacute;n del nazismo no se reduce al ascenso fulminante de Hitler; piensa en las continuidades de la cultura pol&iacute;tica alemana, en las experiencias de la Primera Guerra Mundial, en la crisis de la Rep&uacute;blica de Weimar y en c&oacute;mo, a lo largo de d&eacute;cadas, se fueron formando disposiciones sociales que hicieron posible el nazismo. Su concepto de &ldquo;trabajar hacia el F&uuml;hrer&rdquo; s&oacute;lo se entiende cuando se observa c&oacute;mo se articulan procesos de larga duraci&oacute;n con din&aacute;micas espec&iacute;ficas del Tercer Reich.<strong> Algo similar se ve en Robert Darnton, aunque desde otro lugar y con otra escala. En el libro lo cuenta: &eacute;l intenta comprender c&oacute;mo se forja un temperamento revolucionario en la Francia prerrevolucionaria explorando canales subterr&aacute;neos, rastros m&iacute;nimos, peque&ntilde;os circuitos de comunicaci&oacute;n social que circularon durante d&eacute;cadas antes de 1789.</strong> Esa investigaci&oacute;n sobre &ldquo;lo subterr&aacute;neo&rdquo; &mdash;sobre formas de sociabilidad, rumores, panfletos, relatos orales, gestos de insubordinaci&oacute;n cotidiana&mdash; es inseparable de su hip&oacute;tesis m&aacute;s profunda: que las grandes rupturas pol&iacute;ticas solo pueden entenderse si se examinan los sedimentos culturales que las preceden. La revoluci&oacute;n no irrumpe de golpe; se prepara, se calienta lentamente, y eso solo aparece cuando uno acepta mirar la larga duraci&oacute;n de los afectos, de las creencias y de las formas de transmisi&oacute;n cultural.
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                El pasado no está muerto, de Mariano Schuster, salió por Siglo XXI Editores.                            </span>
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        <strong>&ndash; La idea de que el pasado no est&aacute; muerto, entonces, atraviesa el pensamiento de tus entrevistados.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;. Esto es claro, por ejemplo, en Carlo Ginzburg. Su rastreo de indicios, su lectura microsc&oacute;pica de los archivos inquisitoriales, su b&uacute;squeda de los hilos invisibles que conectan a un molinero del Friuli del siglo XVI con tradiciones m&iacute;ticas europeas o con huellas antropol&oacute;gicas m&aacute;s antiguas, son ejercicios muy concretos de temporalidad larga. Ginzburg trabaja en escalas que se superponen: la vida de Menocchio dura apenas unas d&eacute;cadas, pero las creencias que lo formaron tienen siglos; y la maquinaria inquisitorial que lo persigue tambi&eacute;n se inscribe en tradiciones judiciales que exceden su tiempo. Incluso Peter Burke, con su historia cultural, lo plantea de un modo casi did&aacute;ctico: comprender c&oacute;mo piensa una sociedad exige mirar procesos que transcurren en siglos, no en semanas. Por eso pienso que cuando afirmo que &ldquo;el pasado no est&aacute; muerto&rdquo;, estoy diciendo algo que ellos y ellas, cada uno y cada una desde su especialidad, practican con enorme claridad: que las voces de siglos anteriores no solo pueden ser escuchadas hoy, sino que siguen actuando en nosotros. Nos moldean. Condicionan parcialmente c&oacute;mo miramos, cu&aacute;les son nuestras expectativas de justicia, c&oacute;mo definimos lo posible y lo imposible. El pasado es una presencia; es una capa m&aacute;s de nuestro presente, una que muchas veces opera sin que la advirtamos. Por eso insisto en pensar contra el presentismo: porque mirar el presente sin esas capas de temporalidad larga nos condena a una especie de miop&iacute;a hist&oacute;rica. <strong>Y porque, en el fondo, la idea de que &ldquo;el pasado no est&aacute; muerto&rdquo; es tambi&eacute;n una idea pol&iacute;tica: implica reconocer que no nacemos cada ma&ntilde;ana en un mundo nuevo, sino en uno que est&aacute; hecho de historias, de tradiciones, de conflictos, de heridas y esperanzas que siguen ah&iacute;, respirando con nosotros. </strong>En ese marco, me resultaba imposible no recuperar la frase de<strong> E.P. Thompson</strong> que coloco al inicio del libro: <em>&ldquo;La historia es una forma cultural dentro de la cual luchamos, y muchos han luchado antes que nosotros. No estamos solos cuando luchamos all&iacute;&rdquo;.</em> Esa definici&oacute;n condensa, con una claridad impresionante, la idea de que la historia no es un escenario que observamos desde afuera, sino un territorio dentro del cual seguimos viviendo. La historia es un espacio habitado por los que estuvieron antes, cuyos conflictos, aspiraciones y derrotas siguen resonando en los nuestros. Y tambi&eacute;n es un espacio que nosotras y nosotros mismos habitamos. Esto implica reconocer que nuestras propias luchas &ndash;sociales, culturales, democr&aacute;ticas&ndash; est&aacute;n inscriptas en una cadena larga en la que otros ya dejaron huellas. Implica asumir responsabilidad en ese di&aacute;logo intergeneracional y negarse a la comodidad del presentismo, que siempre promete originalidad pero casi nunca ofrece comprensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; El libro trae diez entrevistas con estos historiadores e historiadoras a los que englob&aacute;s dentro de &ldquo;una misma familia intelectual&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo se dio la selecci&oacute;n, qu&eacute; implica esa familia de intelectuales que se dedican a pensar campos bien diversos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&nbsp;La selecci&oacute;n no fue fruto de un canon previo ni de una voluntad de reunir &ldquo;a los m&aacute;s importantes&rdquo;, sino el resultado de un proceso mucho m&aacute;s org&aacute;nico. En realidad, todo empez&oacute; con una entrevista casi azarosa &ndash;la de Fitzpatrick&ndash; que abri&oacute; un camino posible. A partir de ah&iacute;, cada conversaci&oacute;n fue llevando a la siguiente. Y tambi&eacute;n hay algo que conviene admitir sin rodeos: entrevist&eacute; a quienes quer&iacute;a porque quer&iacute;a. <strong>Son historiadores e historiadoras que leo desde hace a&ntilde;os, que forman parte de mi formaci&oacute;n intelectual, de mis man&iacute;as de lector y de mis obsesiones. En ese sentido, la elecci&oacute;n tiene una cuota de arbitrariedad totalmente asumida: prefer&iacute; seguir mis afinidades antes que cualquier criterio sistem&aacute;tico. </strong>Esa arbitrariedad est&aacute; hecha, tambi&eacute;n, de mis intereses. Me interesa profundamente la capacidad de alguien como Darnton para conectar mundos en apariencia dispares: los libros &ldquo;filos&oacute;ficos&rdquo; de circulaci&oacute;n clandestina &ndash;muchas veces con contenido pornogr&aacute;fico&ndash; y su contribuci&oacute;n a la formaci&oacute;n de un temperamento cr&iacute;tico y anticlerical que molde&oacute; nuevas mentalidades en la Francia prerrevolucionaria. Me interesa la historia de las izquierdas y del socialismo en el largo siglo XIX y el XX: desde los rituales del movimiento obrero hasta figuras heterodoxas, utopistas o disidentes dentro del propio campo socialista. Me interesan tambi&eacute;n las derivas pol&iacute;ticas modernas que analiza <strong>Emilio Gentile</strong> cuando reconstruye c&oacute;mo el fascismo elabor&oacute; una religi&oacute;n pol&iacute;tica, sacraliz&oacute; la naci&oacute;n y organiz&oacute; sus rituales y mitolog&iacute;as. Del mismo modo, me interesa la mirada de <strong>Natalie Zemon Davis</strong> sobre las econom&iacute;as morales, las formas del conflicto y los gestos de reconciliaci&oacute;n que estructuraron las revueltas campesinas y urbanas en la Francia del siglo XVI. <strong>Me importa la historia de las sexualidades disidentes, tal como la aborda Sheila Rowbotham a partir de figuras como Edward Carpenter &ndash;socialista, libertario y homosexual&ndash;, que desafi&oacute; no solo las convenciones sexuales de su tiempo, sino tambi&eacute;n las de su propio movimiento pol&iacute;tico.</strong> Y me interesa, de manera muy marcada, la perspectiva que impulsa <strong>Joan Scott</strong>, que redefine el g&eacute;nero no como un a&ntilde;adido tem&aacute;tico, sino como una categor&iacute;a que obliga a repensar la forma en que construimos nuestras narrativas hist&oacute;ricas. Y podr&iacute;a seguir: todos estos autores tocan fibras que para m&iacute; son centrales y que explican, en buena medida, por qu&eacute; est&aacute;n en el libro.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Pensar en temporalidades largas no significa creer en líneas evolutivas uniformes ni en causalidades rígidas; significa, más bien, reconocer que las sociedades no empiezan de cero, que las sensibilidades se sedimentan, que los imaginarios persisten y mutan.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Qu&eacute; viste en com&uacute;n, entonces, en esa misma familia intelectual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&nbsp;Cuando hablo de &ldquo;una misma familia intelectual&rdquo; no me refiero a una escuela ni a una corriente homog&eacute;nea. Son autores que provienen de tradiciones muy distintas y que abrevan en campos de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica diferentes. Sin embargo, comparten algo fundamental: una &eacute;tica de trabajo y una actitud frente al pasado. Todos entienden que la historia es un territorio de interpretaci&oacute;n en tensi&oacute;n, que requiere rigor en el uso de las fuentes, claridad en la escritura y, sobre todo, respeto por la agencia de quienes vivieron antes que nosotros. <strong>No se trata de hacer de la historia un monumento, sino de escuchar las voces &ndash;a veces d&eacute;biles, a veces contradictorias&ndash; que emergen de los archivos.</strong>&#8232;Por eso esta &ldquo;familia intelectual&rdquo; funciona m&aacute;s como una constelaci&oacute;n que como un grupo. Son autores que, aun trabajando sobre objetos muy diferentes &ndash;los rituales del fascismo, la vida cotidiana en la URSS, las mentalidades colectivas, la cultura del libro, los mundos de herejes y artesanos, las luchas feministas&ndash;, comparten la convicci&oacute;n de que el pasado no es un dep&oacute;sito inerte. Y, adem&aacute;s, todos ellos han marcado mi propio modo de leer y de hacer preguntas. Esa afinidad tambi&eacute;n explica la elecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Hay alg&uacute;n aspecto particular que te haya sorprendido al hablar con estos grandes nombres de la historia contempor&aacute;nea y acercarte a sus modos de trabajo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, hubo algo que me sorprendi&oacute; y que termin&oacute; convirti&eacute;ndose en un descubrimiento central del libro: detr&aacute;s de nombres enormes, con obras monumentales, encontr&eacute; una humanidad y una modestia que no siempre imaginamos cuando pensamos en &ldquo;grandes historiadores&rdquo;. No fue una sorpresa intelectual &mdash;sus libros ya hablan por ellos&mdash;, sino una sorpresa personal. La naturalidad con la que se acercaron a la entrevista, la generosidad con la que compartieron dudas, trayectorias, incluso aspectos &iacute;ntimos, fue algo que no esperaba con esa intensidad. <strong>Cada conversaci&oacute;n dej&oacute; una escena as&iacute;. Sheila Rowbotham levant&aacute;ndose de su silla para mostrarme el retrato enorme de Edward Carpenter que cuelga en su estudio; Ian Kershaw interrumpiendo la charla para comentar, casi como al pasar, que un vecino suyo hab&iacute;a sido bautizado por el pastor protestante Dietrich Bonhoeffer (que fue asesinado por los nazis); Carlo Ginzburg envi&aacute;ndome despu&eacute;s de la entrevista su bibliograf&iacute;a completa &ldquo;porque s&eacute; lo que cuesta el proceso de edici&oacute;n&rdquo;; Roger Chartier advirti&eacute;ndome, entre risas, que tendr&iacute;a mucho trabajo para borrar las marcas de oralidad.</strong> Son gestos peque&ntilde;os, pero dicen mucho del modo en que conciben la disciplina y el di&aacute;logo intelectual. Recuerdo con especial cari&ntilde;o, por ejemplo, a Emilio Gentile, con quien convers&eacute; directamente por tel&eacute;fono (sin video de por medio), que acab&oacute; coment&aacute;ndome una visita a la Argentina a fines de la d&eacute;cada de 1980, cuando trabajaba sobre temas de inmigraci&oacute;n fascista.<strong> Entonces me coment&oacute;, aunque al pasar, sus charlas con el historiador Fernando Devoto y el sacerdote scalabriniano Gianfausto Rossoli. </strong>Me sorprendi&oacute; tambi&eacute;n la disposici&oacute;n de todos y todas a explicar su propio camino, incluso a revisitar dudas, errores, virajes te&oacute;ricos. Hay una idea, que a veces circula, de que los grandes historiadores son figuras ya cristalizadas. La experiencia mostr&oacute; exactamente lo contrario: son personas que siguen haci&eacute;ndose preguntas, que conviven con la incertidumbre, que piensan con una libertad que pocas veces vemos en el mundo acad&eacute;mico actual. En suma, lo que m&aacute;s me sorprendi&oacute; no fue la dimensi&oacute;n intelectual &ndash;que ya conoc&iacute;a&ndash;, sino la forma en que esa dimensi&oacute;n se encarna en gestos, en modos de hablar, en una cortes&iacute;a y una curiosidad que revelan algo muy b&aacute;sico: para ellos, la historia es, ante todo, un oficio compartido.
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                    alt="Las publicaciones de algunos historiadores que entrevistó Mariano Schuster."
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                Las publicaciones de algunos historiadores que entrevistó Mariano Schuster.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Hac&eacute;s referencia a un docente que tuviste en la universidad, Vicente Cupo, que ense&ntilde;aba no a saber de historia sino a registrar la necesidad de &ldquo;pensar hist&oacute;ricamente&rdquo;. &iquest;Pod&eacute;s explicar cu&aacute;l es la diferencia entre estas dos miradas y por qu&eacute; elegiste entrevistar a historiadores que optaron por la segunda?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Creo que la diferencia entre &ldquo;saber historia&rdquo; y &ldquo;pensar hist&oacute;ricamente&rdquo; es m&aacute;s profunda de lo que parece. &ldquo;Saber historia&rdquo; suele asociarse a un conjunto de datos, fechas, nombres, procesos ya estabilizados: una circulaci&oacute;n de informaci&oacute;n sobre el pasado. Es una aproximaci&oacute;n leg&iacute;tima, pero que muchas veces reduce la historia a un inventario. &ldquo;Pensar hist&oacute;ricamente&rdquo;, en cambio, es otra cosa: es una disposici&oacute;n intelectual. Significa preguntarse por las condiciones que hicieron posible aquello que sucedi&oacute;, entender que los procesos humanos est&aacute;n atravesados por tensiones, por estructuras, por conflictos y por imaginarios que desbordan cualquier cronolog&iacute;a lineal. Es, como sugiere <strong>Pierre Vilar</strong>, una forma de mirar el mundo que obliga a situar cada fen&oacute;meno en una trama m&aacute;s amplia. Esa diferencia la aprend&iacute;, en parte, gracias a <strong>Vicente Cupo</strong>. Yo era estudiante de Sociolog&iacute;a en la Universidad de Buenos Aires &ndash;o, m&aacute;s precisamente, un estudiante que deambulaba por la carrera sin demasiadas convicciones&ndash; y Cupo dio una de esas clases que te marcan. Lo recuerdo con su campera negra de cuero y una forma de ense&ntilde;ar que parec&iacute;a venir de otro tiempo. Una tarde, ley&oacute; en voz alta un pasaje del testimonio de un miliciano republicano a punto de morir a manos de la Falange, tomado de <em>Recu&eacute;rdalo t&uacute; y recu&eacute;rdalo a otros</em>, el libro de <strong>Ronald Fraser.</strong> Lo ley&oacute; con una intensidad tal &ndash;casi como si lo estuviera viviendo en ese mismo momento&ndash; que ese fragmento dej&oacute; de ser un documento y se volvi&oacute; una escena cargada de humanidad, situada en un tiempo hist&oacute;rico preciso y, al mismo tiempo, conectada con el nuestro. Cupo, a quien nunca m&aacute;s volv&iacute; a ver y que probablemente ni siquiera me recuerde, no ense&ntilde;aba a &ldquo;saber&rdquo; historia: ense&ntilde;aba a pensarla, a escuchar lo que esos ecos del pasado todav&iacute;a tienen para decirnos. Y esa experiencia, que en el libro evoco de manera breve, fue decisiva para m&iacute;. Esa misma diferencia &mdash;entre acumular datos o pensar hist&oacute;ricamente&mdash; fue central a la hora de elegir a los entrevistados del libro. Todos ellos comparten ese modo de aproximarse al pasado. Ninguno concibe la historia como un almac&eacute;n de certezas; todos trabajan para abrir preguntas nuevas, para desmontar las trampas del sentido com&uacute;n, para incomodar interpretaciones estabilizadas. Son historiadores para quienes la historia no es un objeto inerte, sino una pr&aacute;ctica cr&iacute;tica. <strong>Y quiz&aacute; convenga a&ntilde;adir algo m&aacute;s, para situar desde d&oacute;nde hablo yo. No hablo como historiador &ndash;no lo soy&ndash;, sino como alguien que ama profundamente la historia y que admira el trabajo de los historiadores e historiadoras. </strong>Como alguien que aprendi&oacute; a leer gracias a ellos, que encontr&oacute; en sus libros un modo de mirar el mundo y que, desde ese lugar, quiso conversar con quienes hacen de la historia un oficio riguroso, creativo y cr&iacute;tico. Y en ese aprendizaje hubo algo m&aacute;s: la influencia de historiadores e historiadoras de este pa&iacute;s que siempre estuvieron dispuestos a ayudarme a entender qu&eacute; significa realmente &ldquo;pensar hist&oacute;ricamente&rdquo;. <strong>En este libro hubo muchas manos que contribuyeron, sobre todo la de mis amigos y colegas de la revista</strong><em><strong> Nueva Sociedad</strong></em><strong>, entre quienes destaco a Pablo Stefanoni, Silvina Cucchi, Eugenia Corri&eacute;s. </strong>Pero tambi&eacute;n hubo muchos historiadores e historiadoras amigas colaborando. Hay dos de ellos que fueron especialmente decisivos para m&iacute; y para mi modo de preguntar: <strong>Francisco Reyes &ndash;un historiador extraordinario del socialismo argentino y tambi&eacute;n del radicalismo&ndash; y Mart&iacute;n Albornoz, un gran historiador del anarquismo.</strong> Con ellos aprend&iacute; que las preguntas que uno formula ya llevan impl&iacute;cita una forma de mirar el pasado, y que esa forma nunca es neutral. Desde esa conciencia, desde esa amistad intelectual, tambi&eacute;n se construy&oacute; este libro. Por eso me alegra tanto que se haya publicado en una colecci&oacute;n tan prestigiosa de Siglo XXI Editores como la que dirigen <strong>Roy Hora</strong> y <strong>Lila Caimari</strong>, a quienes tanto respeto.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">“Saber historia” suele asociarse a un conjunto de datos, fechas, nombres, procesos ya estabilizados: una circulación de información sobre el pasado. Es una aproximación legítima, pero que muchas veces reduce la historia a un inventario. “Pensar históricamente”, en cambio, es otra cosa: es una disposición intelectual.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En las entrevistas del libro no solo les pregunt&aacute;s a los entrevistados por sus trabajos, sino que indag&aacute;s tambi&eacute;n en algunas de sus cuestiones personales. A Sheila Fitzpatrick, por ejemplo, le pregunt&aacute;s por su padre Brian Fitzpatrick; a Carlo Ginzburg, por su abuelo. &iquest;Por qu&eacute; te pareci&oacute; importante meterte en el pasado de estos historiadores? &iquest;Se subestima en la academia la reflexi&oacute;n autobiogr&aacute;fica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Siempre me interes&oacute; esa zona donde la historia profesional se cruza con la historia personal. En el libro lo explico: uno puede preguntar por archivos, m&eacute;todos o hip&oacute;tesis, pero hay elementos de la biograf&iacute;a &ndash;lecturas de juventud, climas familiares, experiencias pol&iacute;ticas, amistades intelectuales, incluso heridas o p&eacute;rdidas&ndash; que moldean la forma en la que alguien mira el pasado. No se trata de hacer psicolog&iacute;a del historiador ni de reducir su obra a su vida, sino de entender que las sensibilidades, los recorridos y las marcas personales tambi&eacute;n participan de la producci&oacute;n hist&oacute;rica. <strong>Por eso quise preguntar por esos mundos &iacute;ntimos: porque iluminan aspectos que no aparecen en los libros y que, sin embargo, ayudan a entenderlos. </strong>En el caso de  Fitzpatrick, por ejemplo, su v&iacute;nculo con su padre &ndash;un intelectual radical australiano, defensor de las libertades civiles y se&ntilde;alado a menudo como &ldquo;compa&ntilde;ero de ruta&rdquo; del comunismo&ndash; no es un dato menor. Tal como cuenta en la entrevista, buena parte de su impulso inicial para estudiar la URSS naci&oacute; de discutirle algunas certezas al propio <strong>Brian Fitzpatrick</strong>: quer&iacute;a comprender mejor aquello sobre lo cual &eacute;l opinaba desde cierta distancia. Esa tensi&oacute;n afectiva e intelectual ayud&oacute; a moldear su sensibilidad hacia las zonas grises, las ambivalencias y los matices de la vida sovi&eacute;tica.&#8232;Con <strong>Carlo Ginzburg</strong> ocurre algo igualmente n&iacute;tido. En el libro &eacute;l mismo reconoce la influencia decisiva de las figuras familiares: su abuelo <strong>Giuseppe Levi</strong>, cient&iacute;fico riguroso y formador de premios Nobel; su madre <strong>Natalia Ginzburg</strong>, escritora; y su padre <strong>Leone Ginzburg</strong>, intelectual antifascista que muri&oacute; bajo tortura. Ese linaje no determina su obra, pero s&iacute; explica su atenci&oacute;n obsesiva por las huellas, por los indicios m&iacute;nimos, por la microhistoria como forma de restituci&oacute;n &eacute;tica. En <strong>Joan Scott</strong>, algo similar se ve de otro modo. En la entrevista habla del hogar profundamente politizado en el que creci&oacute;: una casa llena de discusiones sobre sindicalismo, luchas obreras, desigualdades y lenguaje pol&iacute;tico; un clima moral donde las jerarqu&iacute;as, las injusticias y las relaciones de poder no eran abstracciones, sino experiencias cotidianas. Ese entorno &mdash;m&aacute;s que cualquier lectura precoz&mdash; permite pensar en cierto origen de su sensibilidad para pensar el poder y, luego, el g&eacute;nero como categor&iacute;a hist&oacute;rica.&nbsp;En definitiva, lo que me llev&oacute; a preguntar por la dimensi&oacute;n autobiogr&aacute;fica tuvo que ver con una intuici&oacute;n: muchos historiadores han reflexionado sobre c&oacute;mo su propia vida incidi&oacute; en su modo de hacer historia. Libros de diversos intelectuales (no solo historiadores) <strong>como</strong><em><strong> El portero </strong></em><strong>de Terry Eagleton, </strong><em><strong>Regreso a Reims</strong></em><strong> de Didier Eribon o </strong><em><strong>Landscape for a Good Woman</strong></em><strong> de Carolyn Steedman </strong>muestran que la autobiograf&iacute;a puede ser una v&iacute;a privilegiada para pensar procesos hist&oacute;ricos y formaciones sensibles.&nbsp;En <em>Haciendo frente a la historia</em>, su libro de memorias, <strong>George L. Mosse</strong> lo formula con una honestidad estremecedora. Explica c&oacute;mo su condici&oacute;n de var&oacute;n gay &mdash;en un tiempo y un campo acad&eacute;mico donde esa identidad era costosa y peligrosa&mdash; influy&oacute; en su omisi&oacute;n del tema en sus primeros trabajos sobre el nazismo. Esa declaraci&oacute;n de Mosse me revel&oacute; por qu&eacute; tiene sentido preguntar por la vida personal: porque all&iacute;, en zonas que no entran en el expediente profesional, tambi&eacute;n puede estar el origen de una sensibilidad intelectual. A esa intuici&oacute;n se suma algo que <strong>Maurice Agulhon</strong> formul&oacute; de manera inolvidable: <em>&ldquo;Hay que ser cristiano para tener ganas de consagrarse enteramente a la historia religiosa&hellip; Hay que tener algo de cultura socialista, comunista o sindicalista para reconstituir con el detalle que merece la historia del movimiento obrero&hellip; Nuestras sensibilidades ayudan a nuestro trabajo cuando las exigencias profesionales de exhaustividad y an&aacute;lisis no bastan&rdquo;</em>. Agulhon pod&iacute;a decirlo desde su propia experiencia: nacido en una familia protestante, milit&oacute; primero en el comunismo y luego apost&oacute; por un socialismo democr&aacute;tico y liberal. Lo admiro porque entendi&oacute; que no hay oficio hist&oacute;rico sin una sensibilidad que impulse las preguntas y sostenga la paciencia del archivo. As&iacute; que abr&iacute; esa puerta en las entrevistas no para invadir zonas privadas, sino para recuperar esa dimensi&oacute;n humana del oficio. En &uacute;ltima instancia, esto nos recuerda algo simple: que la historia tambi&eacute;n se escribe desde una vida. Por eso creo que la reflexi&oacute;n autobiogr&aacute;fica no es un desv&iacute;o, sino un recurso interpretativo que a veces se subestima. Forma parte de lo que ayuda a entender por qu&eacute; a uno le interesan ciertas preguntas y no otras, por qu&eacute; un problema hist&oacute;rico adquiere espesor &iacute;ntimo y se vuelve una investigaci&oacute;n que dura a&ntilde;os. En esa l&iacute;nea, la <em>egohistoria</em> que promovi&oacute; <strong>Pierre Nora</strong> abri&oacute; un camino f&eacute;rtil: mostr&oacute; que decir desde d&oacute;nde se piensa no resta rigor, sino que puede a&ntilde;adir lucidez.<strong> Y, en mi caso, al entrevistar a estos historiadores e historiadoras, reafirm&eacute; algo que intu&iacute;a desde hace tiempo: toda obra tiene, al menos en parte, una vida detr&aacute;s. Y reconocer esa vida no la empobrece; la ilumina</strong>.
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                &quot;El pasado no está muerto&quot; tiene entrevistas con heila Fitzpatrick, Peter Burke, Emilio Gentile, Ian Kershaw, Carlo Ginzburg, Natalie Zemon Davis, Robert Darnton, Joan Wallach Scott, Roger Chartier y Sheila Rowbotham.                            </span>
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        <strong>&ndash; Ten&eacute;s una mirada cr&iacute;tica sobre el espacio y el tono que se le da a las entrevistas con intelectuales en algunos medios de comunicaci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; dec&iacute;s que la entrevista cl&aacute;sica es un camino que deber&iacute;a &ldquo;revisitarse&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Creo que las entrevistas a intelectuales fueron perdiendo un espacio y, sobre todo, un tono. Con la expansi&oacute;n de la web y la desaparici&oacute;n de los l&iacute;mites f&iacute;sicos de la p&aacute;gina impresa, uno podr&iacute;a suponer que las entrevistas se volver&iacute;an m&aacute;s extensas y m&aacute;s profundas. Pero ocurri&oacute; lo contrario: se acortaron, se volvieron m&aacute;s coyunturales, m&aacute;s urgidas por la agenda del d&iacute;a. <strong>En muchos medios, la entrevista se transform&oacute; en un formato r&aacute;pido, pensado para el consumo inmediato y no para la reflexi&oacute;n. Y aclaro: me refiero espec&iacute;ficamente a entrevistas con intelectuales, con pensadores que investigan, que producen conocimiento, que trabajan sobre archivos, conceptos y problemas. </strong>Entiendo perfectamente que, en un mundo vertiginoso, r&aacute;pido, cargado de ansiedades, eso sea dif&iacute;cil. Pero es necesario. A eso se suma otra tendencia: la idea de que toda entrevista debe &ldquo;narrativizarse&rdquo;, convertirse en una cr&oacute;nica o en un relato atmosf&eacute;rico. Esa b&uacute;squeda narrativa &ndash;que puede ser valiosa en otros g&eacute;neros&ndash; muchas veces termina borrando la voz del entrevistado y reforzando la del periodista. Yo viv&iacute; una situaci&oacute;n as&iacute;: una revista me propuso eliminar la estructura de preguntas y respuestas y transformar la entrevista en una especie de cuento period&iacute;stico. Pero si la conversaci&oacute;n fue sobre ideas &ndash;sobre conceptos, procesos, debates historiogr&aacute;ficos&ndash;, forzar una narrativizaci&oacute;n es distorsionar el sentido mismo del encuentro. Es cierto que hoy existen entrevistas extensas en video, sobre todo en el formato de <em>streaming</em>, pero ese fen&oacute;meno no se traslad&oacute; del mismo modo a las entrevistas con intelectuales. <strong>En muchos de esos canales rige la l&oacute;gica de la disputa permanente, del grito, de la frase f&aacute;cil, de la opini&oacute;n lanzada al aire sin necesidad de confirmarla ni de sostenerla en trabajos serios.</strong> Son formatos donde lo urgente se impone sobre lo importante, donde el esc&aacute;ndalo &ndash;cuando no la franca estupidez&ndash; reemplaza a la reflexi&oacute;n y donde la conversaci&oacute;n se vuelve, muchas veces, una competencia de ocurrencias. Eso puede ser entretenimiento &ndash;y no lo desprecio en absoluto&ndash;, pero rara vez sirve para comprender c&oacute;mo trabaja alguien que investiga, escribe y piensa desde un oficio riguroso. Hay, claro, excepciones valiosas. <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/historiar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Una de ellas es el trabajo que hace la Asociaci&oacute;n Argentina de Investigadores en Historia con sus podcasts</a>. <strong>All&iacute;, historiadoras e historiadores como Beatriz Bragoni, Miranda Lida, Pablo Ortemberg, Roy Hora, Lila Caimari, Marcela Ternavasio, Magdalena Candioti o Camila Perochena &ndash;que, adem&aacute;s, es una divulgadora extraordinaria&ndash; conversan a fondo con colegas sobre sus libros, sus m&eacute;todos y sus preguntas</strong>. Ese tipo de di&aacute;logo pausado, argumentado y extenso demuestra que s&iacute; hay un p&uacute;blico para las ideas cuando se las trabaja con seriedad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las entrevistas a intelectuales fueron perdiendo un espacio y, sobre todo, un tono. Con la expansión de la web y la desaparición de los límites físicos de la página impresa, uno podría suponer que las entrevistas se volverían más extensas y más profundas. Pero ocurrió lo contrario: se acortaron, se volvieron más coyunturales.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En el pr&oacute;logo te refer&iacute;s a una subestimaci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, ah&iacute; hablo de cierta subestimaci&oacute;n de los lectores que atraviesa buena parte del ecosistema medi&aacute;tico. Se asume que &ldquo;la gente com&uacute;n&rdquo; &ndash;una categor&iacute;a que, en s&iacute; misma, ya es profundamente discutible&ndash; no quiere, no puede o no sabe enfrentarse a una conversaci&oacute;n compleja. Ese gesto, que pretende ser democr&aacute;tico, es en realidad la quintaesencia del elitismo: se simplifica no porque el p&uacute;blico lo necesite, sino porque se lo considera incapaz. Trabajo en medios: muchas veces escuch&eacute; que hab&iacute;a que hacer entrevistas que pudiera leer un chico de cinco a&ntilde;os. Eso subestima a los lectores, y tambi&eacute;n a los chicos y chicas de cinco a&ntilde;os. Creo que mi buen amigo, el historiador <strong>Eduardo Minutella</strong>, lo se&ntilde;ala con precisi&oacute;n: en paralelo a la ampliaci&oacute;n del espacio digital, las entrevistas de ideas se achicaron y se adaptaron al ritmo fren&eacute;tico de la coyuntura, casi siempre a costa de la densidad conceptual.&#8232;<strong>Cuando digo que la entrevista cl&aacute;sica merece ser revisitada, no lo digo por nostalgia, sino porque, en tiempos obsesionados con las &ldquo;novedades&rdquo;, la conversaci&oacute;n larga, cuidada y minuciosa tiene algo para ofrecernos. Permite escuchar. Permite que la voz del entrevistado se despliegue con matices, sin limitarse a frases cortas ni a ideas empaquetadas.</strong> Y permite tambi&eacute;n que el entrevistador se vuelva un poco m&aacute;s peque&ntilde;o &mdash;como debe ser&mdash; para que lo central no sea el &ldquo;yo&rdquo; de quien pregunta, sino la inteligencia de quien responde. Adem&aacute;s, no creo que solo los &ldquo;expertos&rdquo; puedan entrevistar a intelectuales. <strong>Las mejores entrevistas a Jorge Luis Borges no las hizo un acad&eacute;mico, sino Antonio Carrizo, un multifac&eacute;tico locutor y conductor que apenas hab&iacute;a terminado la escuela primaria.</strong> Cuando entrevist&oacute; a personalidades de la cultura, a intelectuales y eruditos, Carrizo no se par&oacute; &ldquo;humillado ante la grandeza&rdquo;, como &eacute;l mismo dec&iacute;a con iron&iacute;a: mostr&oacute; su grandeza con humildad. Ese es, para m&iacute;, el esp&iacute;ritu de la buena entrevista. Y tambi&eacute;n aprend&iacute; mucho de eso trabajando con <strong>Alejandro Katz </strong>en un programa de entrevistas. Lo vi leer con rigor &ndash;y con una curiosidad enorme&ndash; trabajos muy distintos entre s&iacute;, preparar preguntas que no buscaban lucimiento personal sino inteligencia del otro, y escuchar atentamente a sus interlocutores. De &eacute;l aprend&iacute; algo que considero fundamental: <strong>que entrevistar es, antes que nada, respetar el trabajo ajeno, leerlo con seriedad y crear un espacio donde ese trabajo pueda desplegarse sin ruidos ni distorsiones</strong>. La entrevista cl&aacute;sica es un formato que conf&iacute;a en la capacidad del lector para seguir un hilo complejo. Conf&iacute;a en que las ideas pueden ser le&iacute;das sin didactismos condescendientes. Y conf&iacute;a en que la conversaci&oacute;n, cuando est&aacute; bien trabajada, es un espacio donde realmente se piensa. Por eso creo que vale la pena volver a ella: porque no simplifica, no dramatiza, no busca &ldquo;efectos&rdquo;, sino que apuesta a algo m&aacute;s raro en nuestro presente: un di&aacute;logo que respire.
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            </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Por qu&eacute; cre&eacute;s, como postul&aacute;s en la introducci&oacute;n de tu libro, que las entrevistas deber&iacute;an ser reescrituras de lo que se ha conversado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Creo que una entrevista, cuando se publica, nunca puede ser la mera transcripci&oacute;n literal de lo que se dijo. Una conversaci&oacute;n en vivo est&aacute; llena de repeticiones, desv&iacute;os, titubeos, aclaraciones al pasar, giros que solo funcionan en la oralidad. Si uno volcara eso tal cual en la p&aacute;gina, no estar&iacute;a ofreciendo un texto legible, ni respetuoso del lector, ni justo con el entrevistado. Reescribir es, justamente, ordenar el sentido, darle una forma atractiva que sea respetuosa tanto de quienes leen como de quienes conversaron. Esto lo aprend&iacute; de <strong>Pablo Stefanoni</strong>, amigo y maestro: fue &eacute;l quien una vez me dijo que las entrevistas deb&iacute;an poder leerse como art&iacute;culos. Es lo que intent&eacute; lograr en el libro. Tambi&eacute;n sucede algo que cualquiera que haya hecho entrevistas extensas reconoce de inmediato: en este tipo de di&aacute;logos hay ideas que quedan apenas insinuadas, referencias que aparecen muy lateralmente, conceptos que est&aacute;n en los libros del entrevistado, pero no emergen del todo en el registro oral. Parte del trabajo posterior consiste en reponer esas l&iacute;neas de pensamiento que estaban en la conversaci&oacute;n aunque no hayan quedado formuladas con precisi&oacute;n. <strong>Para eso, siempre vuelvo a las obras de mis interlocutores y, cuando es necesario, consulto con ellos para verificar que la formulaci&oacute;n escrita sea fiel a lo que quisieron decir.</strong> Adem&aacute;s, es importante ajustar el tono, que nunca est&aacute; dado de antemano. Una entrevista puede ser m&aacute;s dial&oacute;gica o m&aacute;s formal, m&aacute;s explicativa o m&aacute;s introspectiva; encontrar ese tono es una tarea de edici&oacute;n. No hay entrevista en medios gr&aacute;ficos sin edici&oacute;n: lo que hay, cuando no se edita, es un interrogatorio, un registro bruto de preguntas y respuestas. <strong>Reescribir no es traicionar la conversaci&oacute;n: es permitir que su sentido se afirme. Es poner a circular las ideas con claridad, con cuidado, con rigor.</strong> Es evitar que lo contingente de la oralidad oculte lo m&aacute;s importante: aquello que el entrevistado quiso transmitir y aquello que la entrevista puede ofrecerle al lector como gesto intelectual duradero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Despu&eacute;s de haber dialogado con estos historiadores tan destacados, de conocer de cerca sus obras y los modos en los que trabajan, &iquest;cu&aacute;l te parece que deber&iacute;a ser el rol de un historiador o historiadora hoy?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; No me atrever&iacute;a a ofrecer una definici&oacute;n cerrada del rol del historiador hoy, entre otras cosas porque ese no es mi lugar. Yo no hablo como historiador sino como alguien que ama la historia, que la lee con devoci&oacute;n y que valora profundamente el oficio de quienes la hacen. Lo &uacute;nico que puedo decir surge de ese lugar: del lector atento, del entrevistador que observa c&oacute;mo trabajan otros. Y lo que veo es esto: los historiadores y las historiadoras tienen hoy una tarea doble. Por un lado, deben seguir haciendo lo que siempre hicieron los buenos historiadores: contextualizar, complejizar, resistir la tentaci&oacute;n de las respuestas r&aacute;pidas. En un tiempo dominado por el presentismo, por la ansiedad de la inmediatez y por la b&uacute;squeda de explicaciones instant&aacute;neas, el trabajo hist&oacute;rico aporta algo esencial: la conciencia de que los procesos tienen capas; que nada empieza de cero; que las palabras que usamos y las categor&iacute;as con las que pensamos tienen una historia. <strong>Al mismo tiempo, creo que el rol del historiador hoy implica algo m&aacute;s: defender la autonom&iacute;a cr&iacute;tica frente a un mundo que tiende a convertir todo en opini&oacute;n. Vivimos un tiempo donde cualquier intuici&oacute;n veloz puede circular como verdad</strong>; donde las redes sociales y los medios aceleran una l&oacute;gica del juicio inmediato. La historia &mdash;cuando est&aacute; bien hecha&mdash; opera en sentido contrario: desacelera, obliga a dudar, a revisar, a matizar, a escuchar voces que ya no est&aacute;n, a entender que lo humano no cabe en consignas.&#8232;Despu&eacute;s de dialogar con los historiadores del libro, esa convicci&oacute;n se volvi&oacute; a&uacute;n m&aacute;s clara. Ellos trabajan con una &eacute;tica muy precisa: el rigor con las fuentes, la responsabilidad de no forzar los materiales, la conciencia de que cada interpretaci&oacute;n debe sostenerse en una lectura honesta y paciente. <strong>Creo que ese es su rol hoy: recordarnos que comprender exige tiempo; que la complejidad no es un lujo, sino una necesidad democr&aacute;tica; que las sociedades que pierden la relaci&oacute;n con su pasado corren el riesgo de pensar solo en t&eacute;rminos de inmediatez, miedo o improvisaci&oacute;n</strong>.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">En un tiempo dominado por el presentismo, por la ansiedad de la inmediatez y por la búsqueda de explicaciones instantáneas, el trabajo histórico aporta algo esencial: la conciencia de que los procesos tienen capas; que nada empieza de cero</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Se vuelven indispensables en tiempos inquietantes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Yo lo veo as&iacute;: los historiadores no est&aacute;n para dictar c&oacute;mo debe ser el presente, sino para expandir el marco desde el cual lo pensamos. Y eso, en un tiempo tan saturado de sobresaltos, es m&aacute;s necesario que nunca. Y si para m&iacute; este rol tiene tanta importancia es tambi&eacute;n por razones personales. Me gusta la historia desde chico: crec&iacute; en un hogar materno lleno de libros, donde conviv&iacute;an la mitolog&iacute;a griega con relatos b&iacute;blicos, la literatura con la filosof&iacute;a, la antropolog&iacute;a con la historia social. <strong>Mis primeros profesores me ense&ntilde;aron a mirar los procesos, no solo los hechos; a entender que detr&aacute;s de cada acontecimiento hay vidas humanas, estructuras, lenguajes, conflictos y esperanzas</strong>. Esa educaci&oacute;n emocional e intelectual &ndash;en el colegio, con <strong>Gabriela Farr&aacute;n</strong> y <strong>Juan Carlos Rima</strong>, y despu&eacute;s con lecturas que me marcaron para siempre&ndash; me dej&oacute; una convicci&oacute;n firme: la historia es una herramienta para pensar el mundo y para pensarnos a nosotros mismos. Tal vez por eso, aunque no soy historiador, siento una enorme gratitud por quienes s&iacute; lo son. Lo que espero del oficio hist&oacute;rico hoy es lo que siempre encontr&eacute; en &eacute;l como lector: profundidad, honestidad, imaginaci&oacute;n cr&iacute;tica y una sensibilidad que nos permita situar nuestro presente en un tiempo m&aacute;s largo. Y agregar&iacute;a algo m&aacute;s: el trabajo serio de los historiadores es tambi&eacute;n un ant&iacute;doto contra ciertos &ldquo;usos de la historia&rdquo; que proliferan en nuestro tiempo. Usos que aparecen tanto en la pol&iacute;tica como en el periodismo, donde el pasado se instrumentaliza para justificar identidades r&iacute;gidas, tribales, excluyentes. <strong>El buen trabajo hist&oacute;rico desmonta esas operaciones, desarma las simplificaciones y nos recuerda que el pasado no est&aacute; ah&iacute; para ser manipulado al servicio de ning&uacute;n proyecto.</strong> Tambi&eacute;n nos protege de otra tentaci&oacute;n: convertir la historia en pura nostalgia, en un producto de consumo que nos reconforta, que idealiza lo que fue, que romantiza &eacute;pocas pasadas para adaptarlas a los deseos o las inseguridades del presente. La historia, cuando se la trabaja con rigor, incomoda m&aacute;s de lo que consuela. Y creo que justamente por eso sigue siendo indispensable.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/mariano-schuster-pasado-presencia-capa-presente_1_12782289.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Nov 2025 03:01:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mariano Schuster: “El pasado es una presencia; es una capa más de nuestro presente”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Siglo XXI Editores,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Valeria Manzano: “A lo largo de la historia la edad sirvió para establecer jerarquías de poder en las sociedades”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/valeria-manzano-historia-edad-sirvio-establecer-jerarquias-sociedades_1_12751655.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46a74c75-c089-4b3f-b678-2246e00483dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Valeria Manzano: “A lo largo de la historia la edad sirvió para establecer jerarquías de poder en las sociedades”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La investigadora acaba de publicar “Historia de la juventud”, un libro donde repasa qué representa ser joven en Argentina a lo largo del siglo XX y en lo que va del XXI. De la “melenita” como signo de osadía, a la contracultura, las víctimas de la dictadura, la figura del “pibe chorro” y los militantes libertarios.</p><p class="subtitle">Tamara Tenenbaum - Más allá de la desilusión
</p></div><p class="article-text">
        Sin&oacute;nimo de &ldquo;edad dorada&rdquo;, de voluntad de progreso, de rock, de minifaldas, de &ldquo;rompan todo&rdquo;, de so&ntilde;ador, de servicio militar, de universidad, de manifestaciones populares, de ganas de salir al cine o a bailar, de contracultura, de imberbes, de raros peinados nuevos, de detenido-desaparecido, de pibe chorro, de precarizaci&oacute;n, de ola verde, de libertario. <strong>Decir la palabra &ldquo;joven&rdquo; es abrirle la puerta a una sucesi&oacute;n de im&aacute;genes muy diversas que se proyectan alrededor de una experiencia que va cambiando con las d&eacute;cadas, con las miradas y con las perspectivas</strong>. La historiadora argentina <strong>Valeria Manzano</strong> acaba de publicar el libro <em>Historia de la juventud en la Argentina de los siglos XX y XXI</em> (Siglo XXI Editores, 2025), un ensayo que busca desentra&ntilde;ar las modulaciones alrededor del &ldquo;ser joven&rdquo; en las distintas &eacute;pocas y pensar c&oacute;mo se reescribe esta noci&oacute;n en la actualidad, en una &eacute;poca obsesionada con el no envejecimiento.
    </p><p class="article-text">
        Con el foco puesto en la pol&iacute;tica y en la cultura de masas, <strong>y con la firme intenci&oacute;n de marcar con claridad que la edad es un asunto que importa</strong> <strong>porque le importa</strong> <strong>al poder</strong>, la investigadora ofrece un recorrido notable a trav&eacute;s de los a&ntilde;os en busca de tensiones, de fen&oacute;menos contrapuestos que marchan en paralelo, de continuidades, de rupturas, de particularidades locales y fen&oacute;menos globales.&nbsp;
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                    alt="El libro &quot;Historia de la juventud en la Argentina de los siglos XX y XXI&quot; salió por Siglo XXI Editores."
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                El libro &quot;Historia de la juventud en la Argentina de los siglos XX y XXI&quot; salió por Siglo XXI Editores.                            </span>
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        <strong>&ndash;&nbsp;A lo largo del libro vas desgranando qu&eacute; se imagina como joven en distintos momentos del pa&iacute;s en el siglo XX y en lo que va del XXI. En los cap&iacute;tulos hay ideas como &ldquo;edad dorada&rdquo;, &ldquo;imberbes&rdquo;, &ldquo;melenita&rdquo;, &ldquo;pibe chorro&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; te llev&oacute; a preguntarte por la juventud?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Por un lado, a m&iacute; me interesa particularmente analizar los sistemas de edad, comprender de qu&eacute; manera se fueron construyendo hist&oacute;ricamente y ver particularmente en qu&eacute; momento la juventud entra a tallar ah&iacute;. El punto de partida del libro, de alguna manera, es que la edad importa<strong>. E importa b&aacute;sicamente porque funciona en distintas sociedades como un mecanismo de distribuci&oacute;n de poder, de autoridad, de jerarqu&iacute;as que muchas veces ha estado eclipsada frente a otras zonas como las clases sociales, los g&eacute;neros. </strong>Me interesaba el momento en el que la juventud aparece y esto en parte tiene que ver con lo que yo considero que son tres fen&oacute;menos que hacen a esta historia larga de las juventudes del siglo XX y parte del XXI. Una son las capacidades que van construyendo los Estados nacionales para establecer marcadores de edad, como el rol que tiene la escolarizaci&oacute;n o el Servicio Militar Obligatorio. Esto se va estableciendo incipientemente pese a que tarda much&iacute;simo tiempo en cumplirse hasta que se dan las condiciones sociales y econ&oacute;micas muy diferentes para que eso ocurra. Por otro lado, me interesa el v&iacute;nculo entre juventudes y pol&iacute;tica de masas. Que es un v&iacute;nculo intr&iacute;nseco. Y tercero, y fundamental, el v&iacute;nculo entre juventudes y cultura de masas, c&oacute;mo la cultura de masas de alguna manera se &ldquo;<em>juveniliza</em>&rdquo;.
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                Dos jóvenes socialistas pegan afiches políticos en mayo de 1930.                            </span>
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        <strong>&ndash; Propon&eacute;s un recorrido cronol&oacute;gico, comenzando por un tiempo donde el pa&iacute;s era &ldquo;lo joven&rdquo; para luego detenerte en la importancia de la Reforma Universitaria de 1918 y luego en otros hitos estudiantiles. &iquest;C&oacute;mo o cu&aacute;ndo se empieza a armar esta idea de que ser joven es ser estudiante?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Hay dos cuestiones. Una tiene que ver con el peso simb&oacute;lico y pol&iacute;tico concreto que tuvo la Reforma. El movimiento de la Reforma Universitaria autoriza o habilita discusiones y eso marca una singularidad muy fuerte para la Argentina y para otros pa&iacute;ses latinoamericanos, sobre todo si uno lo compara con procesos similares en otros pa&iacute;ses donde la autorizaci&oacute;n para el activismo estudiantil dentro del marco universitario no estaba todav&iacute;a. <strong>Eso no quiere decir que en los 20, en los 30, no haya habido potent&iacute;simos movimientos juveniles. Porque si bien hubo much&iacute;simas interrupciones a la vida p&uacute;blica en las universidades, aquello fue una suerte de halo que acompa&ntilde;&oacute; a la politizaci&oacute;n de las juventudes. </strong>Despu&eacute;s hay otra cuesti&oacute;n que es m&aacute;s socio estructural: es relativamente r&aacute;pida la incorporaci&oacute;n de los adolescentes y las adolescentes a la educaci&oacute;n media en la Argentina en comparaci&oacute;n con otros pa&iacute;ses. Ah&iacute; el salto brusco se da durante el peronismo cl&aacute;sico. Despu&eacute;s hay, por supuesto, una amplificaci&oacute;n muy fuerte en los 60. Pero ya para mediados del siglo el deber ser del adolescente y del joven estaba asociado fuertemente a ocupar un espacio en el mundo educativo. En el secundario y en mucha menor medida en el universitario. Me parece que ah&iacute; hay una marca muy importante que tiene que ver con una creencia colectiva en torno a que la movilidad social en la Argentina se lig&oacute; fundamentalmente a subir pelda&ntilde;os en la escalera educativa. De ah&iacute; que imaginar al joven era imaginarlo en la escuela, en las universidades. Si uno piensa, por ejemplo, en Estados Unidos donde la idea de movilidad social estaba mucho m&aacute;s vinculada a hacer negocios, o a vincularse o a tener lo que uno llamar&iacute;a un emprendimiento propio, ah&iacute; no estaba tan ligada fuertemente la movilidad al plano educativo. <strong>Mientras que en Argentina, hasta muy entrado el siglo XX la educaci&oacute;n estuvo inescrutablemente ligada al ascenso social</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Otras proyecciones que vas desandando en el libro tienen que ver con los j&oacute;venes y el cuerpo, los j&oacute;venes que salen de noche, los y las que bailan, las que usan la &ldquo;melenita&rdquo;. Y es curioso porque en varios tramos us&aacute;s encuestas o testimonios de revistas de distintas &eacute;pocas donde varios de estos asuntos aparecen como una preocupaci&oacute;n. &iquest;La juventud siempre genera preocupaci&oacute;n o esa es una modulaci&oacute;n que va variando en el tiempo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Yo creo que en muchos momentos aparece ese sentido alarmista dentro del universo period&iacute;stico. Pienso en los 20 y tambi&eacute;n en los 60, que tambi&eacute;n son momentos intensos&nbsp;a nivel global: la primera posguerra y la segunda posguerra son momentos donde el inter&eacute;s en torno a las juventudes crece. Quiero decir, despu&eacute;s de la Primera Guerra Mundial el planeta casi se va a la ruina y en la Segunda ni hablar. Entonces, surge esto de &ldquo;c&oacute;mo confiar en la autoridad de las generaciones anteriores cuando nos llevaron a la ruina&rdquo;. <strong>En el entorno period&iacute;stico se combinaban dos rasgos, uno que ten&iacute;a que ver con la proyecci&oacute;n en torno a lo nuevo, que es algo que siempre asusta, que genera ciertos temores o resulta dif&iacute;cil de digerir inicialmente. Ah&iacute; aparece entonces esta cosa alarmista. Y despu&eacute;s, otra observaci&oacute;n: las juventudes estuvieron siempre en el centro de diferentes p&aacute;nicos morales. </strong>Por eso la preocupaci&oacute;n en torno a las juventudes no dej&oacute; de tener, por mucho tiempo, una ligaz&oacute;n muy fuerte en torno al orden de la sexualidad.Si las sacamos del terreno estrictamente pol&iacute;tico, la preocupaci&oacute;n central ten&iacute;a que ver con los desbordes sexuales y los l&iacute;mites que se estaban tocando o no tocando, ya sea por las pautas de vestimenta, por las salidas, por la nocturnidad. Pasa en los a&ntilde;os 20, pasa en los 60 tambi&eacute;n. Despu&eacute;s de esas oleadas, suele bajar un cambio esa percepci&oacute;n y algo de esta zona ya se vuelve parte de un relato costumbrista y se va incorporando incluso a las modas. Ciertas pr&aacute;cticas que pod&iacute;an considerarse problem&aacute;ticas como la &ldquo;melenita&rdquo;, todo un signo de osad&iacute;a para la &eacute;poca, despu&eacute;s se incorporan. Pasa lo mismo con el largo del pelo o el flequillo en los varones.
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                Una pista de baile juvenil, en la década de 1950.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Le dedic&aacute;s varias partes de tu investigaci&oacute;n a pensar c&oacute;mo se imbrican el peronismo y las juventudes en sus distintas variantes, en particular a partir de la primera experiencia de la Uni&oacute;n de Estudiantes Secundarios (UES). &iquest;Per&oacute;n pens&oacute; antes que otros en la importancia de movilizar a la juventud? Para usar una expresi&oacute;n de ahora, &iquest;Per&oacute;n &ldquo;la vio&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Me parece que de alguna manera el primer Per&oacute;n sorprendi&oacute;. Sorprendi&oacute; porque la expectativa del arco opositor, que asociaba por supuesto a Per&oacute;n con alguna variante del nazi-fascismo, era que la movilizaci&oacute;n juvenil fuera m&aacute;s inmediata y que muy r&aacute;pidamente los j&oacute;venes se incorporaran. Y este armado no se da tan as&iacute;. No era que no existieran los j&oacute;venes en este terreno, lo comento en el libro: <strong>las multitudes del 17 de octubre eran multitudes juveniles b&aacute;sicamente. El tema es que la visi&oacute;n de la Argentina del Per&oacute;n del 17 de octubre no estaba estructurada por edades. B&aacute;sicamente las categor&iacute;as eran el pueblo y los trabajadores.</strong> Entonces la edad se subsum&iacute;a a la clase, b&aacute;sicamente. En la experiencia de esa primera UES, de 1953/1954, en parte la elecci&oacute;n se da porque esos que ahora eran estudiantes secundarios hab&iacute;an sido tiempo atr&aacute;s &ldquo;los primeros privilegiados&rdquo;, los que se hab&iacute;an beneficiado de las pol&iacute;ticas de bienestar, por as&iacute; decirlo, en la Argentina peronista. Entonces eran en ese momento el relevo. La idea de que ten&iacute;a que haber un relevo generacional ya estaba presente desde el principio. Despu&eacute;s Per&oacute;n mismo lo va a llamar &ldquo;trasvasamiento generacional&rdquo;: hab&iacute;a que construir un relevo generacional para perpetuar parte del movimiento hacia adelante. Pero el involucramiento se da no tanto en el plano del adoctrinamiento pol&iacute;tico como de un v&iacute;nculo mediado por el Estado. Porque el mecanismo estaba mediado por el Estado, pero por la cultura de masas, por el cine, por los deportes: era una b&uacute;squeda muy distinta a lo que se imaginaba la oposici&oacute;n que pod&iacute;a llegar a ser una juventud mucho m&aacute;s ideologizada. Eso no sucedi&oacute;.&nbsp;Ya hablando de la larga d&eacute;cada de los 60, donde creo que s&iacute; &ldquo;la vio&rdquo;, fue en el gesto de resituar a su movimiento pol&iacute;tico, cuyas bases ideol&oacute;gicas se estaban transformando, para proponerlo como uno m&aacute;s de los movimientos tercermundistas. Es en ese momento donde hay un corrimiento, hay que establecer un alineamiento con otras figuras de ese Tercer Mundo que tambi&eacute;n se estaba creando digamos como imaginario de la pol&iacute;tica. <strong>Es muy interesante que Per&oacute;n, cuando se dan las revueltas europeas del 68, es de los pocos que hace referencia directa a ellas en sus mensajes que circulaban en sus famosos cassettes o cintas. Fue incorporando referencias muy expl&iacute;citas en un contexto en el cual la juventud ac&aacute; estaba politizada y no ve&iacute;a con muy buenos ojos lo que estaba pasando porque quer&iacute;an otra cosa</strong>.&nbsp;
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                Juan Domingo Perón en 1953, en la inauguración del campeonato infantil Evita.                            </span>
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        <strong>&ndash; Haciendo un corte temporal bastante brutal, habl&aacute;s de la larga d&eacute;cada de los &lsquo;60 para pasar a los &lsquo;70, que claramente nos ubican en otras discusiones. Vos elegiste narrar un per&iacute;odo entre &ldquo;dos primaveras&rdquo;, del 73 al 83, con el regreso de la democracia. &iquest;Por qu&eacute; preferiste hacer ese corte y qu&eacute; te ofrec&iacute;a para pensar esas juventudes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;. El corte habitual habr&iacute;a sido arrancar por el 76 sin lugar a dudas. Pero a m&iacute; me interesaba plantear que, mirada esta historia desde la perspectiva de la historia de las juventudes, no podemos dejar de remarcar un momento previo, de un cierre muy profundo, que es el a&ntilde;o 74. Despu&eacute;s del momento tan intenso de politizaci&oacute;n, de radicalizaci&oacute;n que se va cerrando en el 73, el 74 se arma tanto desde una perspectiva legal como definitivamente una clandestina y represiva, como un cierre a esos largos 60. Yo cito la legislaci&oacute;n que se va modificando o que aparece en esos tiempos, que tiene que ver con el mundo universitario, con el mundo del estudiantado secundario, con la Ley de Drogas. Todo un marco que va a servir sobre todo a la polic&iacute;a para monitorear los espacios de nocturnidad y juveniles en general por much&iacute;simo tiempo. Tambi&eacute;n la restricci&oacute;n en la accesibilidad de la p&iacute;ldora anticonceptiva es de ese tiempo. Es ah&iacute; donde se van juntado determinados hitos. Eso no obtura pensar que el corte del 76 por supuesto es may&uacute;sculo: no hay ninguna confusi&oacute;n en torno a las edades de las personas que van a sufrir de manera m&aacute;s directa el mecanismo b&aacute;sico del terrorismo del Estado. <strong>La composici&oacute;n etaria del 70% de las personas secuestradas y desaparecidas por el gobierno de facto del 76 ronda entre los 16 y los 30 a&ntilde;os. </strong>Por otra parte, al pensar en las representaciones de la juventud por parte del gobierno militar aparecen como dos polos. Hab&iacute;a un segmento de la juventud a la cual se consideraba ya directamente perdida, pero se pensaba as&iacute; no por j&oacute;venes estrictamente sino por militantes. Eran &ldquo;subversivos&rdquo;, no hab&iacute;a respuesta posible para ellos. Pero tambi&eacute;n hay una proyecci&oacute;n en torno al sujeto joven que era un lugar absoluta y totalmente conservador. El lugar del joven era la escuela, el lugar de trabajo, el casamiento y prepararse para el futuro. En ese sentido, esa mirada entronca muy fuertemente con los discursos m&aacute;s cl&aacute;sicos de la Iglesia Cat&oacute;lica, los de preparar a los j&oacute;venes, formarse moralmente y fundar familia. Es importante advertir que, aunque definitivamente se asocia a los comienzos de los 80 con Malvinas que fue determinante para la juventud, es posible detectar una reactivaci&oacute;n entre 1980 y 1981, tanto en el universo de la pol&iacute;tica propiamente dicha como de la esfera cultural. Esto tambi&eacute;n nos permite explicar un poco mejor el momento de politizaci&oacute;n tambi&eacute;n tan intensa del 83.
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                Escenas en un recital de rock a comienzos de los &#039;80.                            </span>
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        <strong>&ndash;&nbsp;Otro corte abrupto para ir a los a&ntilde;os &lsquo;90. Vos se&ntilde;al&aacute;s all&iacute; tres muertes violentas de j&oacute;venes que abren preguntas alrededor de la juventud y se convierten en casos, en emblemas. Me refiero a los cr&iacute;menes de Mar&iacute;a Soledad Morales, Walter Bulacio y Omar Carrasco.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, las tres fueron fundamentales en distintos &oacute;rdenes, pero fundamentales. En este sentido es muy importante nombrar el trabajo que hicieron Gabriel Kessler y Sandra Gayol en <em>Muertes que importan</em>. El caso Mar&iacute;a Soledad es muy previo a que cualquier noci&oacute;n de femicidio se fuera instalando y tiene much&iacute;simos planos, porque adem&aacute;s, como el caso Bulacio, puso en la agenda y sensibiliz&oacute; a la poblaci&oacute;n adolescente. <strong>En el caso de Mar&iacute;a Soledad, est&aacute;n estas cuestiones vinculadas al accionar o el no accionar de la Justicia, a la corrupci&oacute;n que provoca una indignaci&oacute;n que cal&oacute; muy poderosamente, sobre todo en las chicas. </strong>En el caso de Bulacio definitivamente salta a la luz la persistencia de las arbitrariedades policiales y c&oacute;mo la capacidad represiva de las polic&iacute;as en general ten&iacute;a como target a los j&oacute;venes. Con Carrasco, otro impacto tremendo. Si bien ya se ven&iacute;a discutiendo qu&eacute; se hac&iacute;a con el Servicio Militar, exist&iacute;a por entonces una oposici&oacute;n al Servicio Militar en clave pacifista con varias vertientes en la d&eacute;cada del 80. Un movimiento muy interesante que se da post Malvinas para reclamar el fin del Servicio Militar Obligatorio. Pero esto es una muerte que import&oacute; en este caso y que da el puntapi&eacute; para la transformaci&oacute;n de una pol&iacute;tica fundamental que hab&iacute;a servido como marcador de edad que era precisamente el Servicio Militar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Alrededor de lo que podr&iacute;amos llamar &ldquo;el estallido&rdquo; del 2001, para citar una canci&oacute;n de esa &eacute;poca, emerge la figura del &ldquo;pibe chorro&rdquo;, otra idea de juventud, y tambi&eacute;n el llamado &ldquo;rock chab&oacute;n&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; te interesaba de esas dos escenas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;A m&iacute; me interesa en general pensar algunas dimensiones de c&oacute;mo se procesan los v&iacute;nculos de las juventudes con lo p&uacute;blico. No necesariamente con lo pol&iacute;tico pero s&iacute; con lo p&uacute;blico. Esto no es algo que digo solamente yo, hay toda una sociolog&iacute;a en torno al llamado &ldquo;rock chab&oacute;n&rdquo; como un procesamiento colectivo de problemas sociales que se van planteando muy candentes durante toda la d&eacute;cada del 90. <strong>En un momento de mayor cuestionamiento del sistema de partidos, de las opciones que pod&iacute;an establecerse dentro de lo que uno llamar&iacute;a la pol&iacute;tica formal, esos problemas se vehiculizaban, se canalizaban, se materializaban de otra manera.</strong> El rock chab&oacute;n a su manera logra capturar ese inter&eacute;s, ese momento de cr&iacute;tica a ciertos elementos del mundo neoliberal de la d&eacute;cada de 1990. Con respecto a la cumbia villera, que se asocia obviamente a la figura del pibe chorro, creo que este tambi&eacute;n es un momento de absoluta pluralizaci&oacute;n de los gustos y de las referencias culturales y musicales de las juventudes, que ten&iacute;an que ver con la fragmentaci&oacute;n social en muchos casos, aunque no quiero ser tan determinista en este sentido. Es, r&aacute;pidamente, un momento de afirmaci&oacute;n de cierta juventud plebeya por as&iacute; decirlo: un momento muy afirmativo de decir &ldquo;s&iacute;, &iquest;sab&eacute;s qu&eacute;?, soy chorro&rdquo; o &ldquo;s&iacute;, tengo tales consumos&rdquo; o tal vinculaci&oacute;n en torno a las pr&aacute;cticas de la sexualidad. Sin ninguna romantizaci&oacute;n, quiero decir que es un momento de mucha afirmaci&oacute;n. <strong>En este sentido es ineludible pensar que dentro del espacio cada vez m&aacute;s diversificado de lo medi&aacute;tico, la figura juvenil que cautiva y que captura la atenci&oacute;n es la del pibe chorro. </strong>Porque condensa pr&aacute;cticamente todo: la precarizaci&oacute;n tan profunda, la supuesta peligrosidad para quienes lo ve&iacute;an de otro lugar, la falta de oportunidades laborales, la falta de institucionalizaci&oacute;n en alg&uacute;n punto de esas juventudes. Las v&iacute;as muertas que ya no se pod&iacute;an ir recorriendo. Y la alarma, vuelve la alarma fuertemente al mundo de los j&oacute;venes, la preocupaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En este primer tramo del siglo XXI habl&aacute;s de una juventud &ldquo;en suspenso&rdquo; para pensar el mundo de los j&oacute;venes libertarios, de ciertos j&oacute;venes que se ponen &ldquo;a la derecha de la derecha&rdquo; y de las preguntas que se abren a futuro. &iquest;Qu&eacute; le&eacute;s en todo esto, por qu&eacute; esa idea de &ldquo;suspensi&oacute;n&rdquo; alrededor de la juventud?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Por un lado <strong>es muy observable en los &uacute;ltimos 25 o 30 a&ntilde;os una suerte de trastocamiento del sistema de edades</strong>. Es m&aacute;s dificultoso decir cu&aacute;ndo empiezan o cu&aacute;ndo terminan porque hay un alargamiento que tiene que ver con procesos sociodemogr&aacute;ficos. Todo se fue prolongando mucho m&aacute;s hacia adelante: el momento en que se entra a la nupcialidad o no, cu&aacute;ndo se tiene el primer hijo o no, cu&aacute;ndo est&aacute;n dadas las condiciones habitacionales o no y as&iacute;. La transici&oacute;n hacia lo adulto se complica cada vez m&aacute;s en el marco socioecon&oacute;mico que atravesamos. De ah&iacute; tambi&eacute;n es la proliferaci&oacute;n de todos los procesos vinculados a lo est&eacute;tico, el embellecimiento, el deseo de no abandonar nunca la idea de &ldquo;ser joven&rdquo;. Eso como la salida. Pero tambi&eacute;n como entrada. <strong>Digamos, tambi&eacute;n aparece un amesetamiento en el sentido de las infancias que se adolescentizan mucho m&aacute;s r&aacute;pido. Por eso me parece v&aacute;lido hablar de &ldquo;suspensi&oacute;n&rdquo;.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Y en el terreno estrictamente pol&iacute;tico?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&nbsp;Ah&iacute; hay algunas cuestiones que me interesar&iacute;a remarcar. Una tiene que ver con la posici&oacute;n que las juventudes han tenido en relaci&oacute;n con la configuraci&oacute;n ideol&oacute;gica de la cual participan. Uno puede decir que hist&oacute;ricamente existi&oacute; el impulso a que las juventudes ocuparan el lugar m&aacute;s radicalizado dentro de su espacio ideol&oacute;gico. Entonces no llama la atenci&oacute;n en este punto que dentro del universo de las derechas nos encontremos con juventudes que se identifican con las posiciones m&aacute;s radicalizadas. <strong>En este sentido, es absolutamente pertinente la pregunta que se hace Pablo Stefanoni en torno a si la rebeld&iacute;a se vuelve de derecha. Por supuesto que siempre hay gradaciones y como siempre hay minor&iacute;as intensas que se est&aacute;n activando en diferentes espacios, como la calle, las redes sociales, lo que fuera.</strong> Quiz&aacute;s lo que m&aacute;s me interesa en este momento a m&iacute; en particular es comprender mejor las afinidades de menor intensidad y no tanto las afinidades juveniles al proyecto mileista. Me parece que en general nos falta darle muchas vueltas de tuerca a lo qu&eacute; est&aacute; pasando dentro de las transformaciones del mundo del trabajo y las expectativas en cuanto al trabajo. Esas transformaciones son las que no logramos sistematizar y de captar. Y creo que esto va m&aacute;s all&aacute; de la imagen cl&aacute;sica del &ldquo;Rappi de Milei&rdquo;, del trabajador o trabajadora de las plataformas que encontr&oacute; afinidad con &eacute;l. S&iacute; me parece que hace mucho tiempo que el mundo de esas v&iacute;as que exist&iacute;an y que empezaron a ser v&iacute;as muertas a fines del siglo pasado, no se recompuso durante los a&ntilde;os del kirchnerismo. Tampoco con el macrismo ni con la &uacute;ltima experiencia de <strong>Alberto Fern&aacute;ndez</strong> en el gobierno. Entonces, estos 25 a&ntilde;os en los que las condiciones estructurales cambiaron tan profundamente nos encuentran con j&oacute;venes que ya est&aacute;n socializados de otra manera. Las expectativas son otras. Hay m&aacute;s inmediatismo, de eso no hay ninguna duda porque lo inmediato es m&aacute;s o menos lo que se puede manejar. A la vez, algunas proyecciones a futuro aparecen desacreditadas. Por supuesto que para una porci&oacute;n importante de la sociedad la defensa de la educaci&oacute;n p&uacute;blica o la universidad es muy importante y lo seguir&aacute; siendo. Es absolutamente importante. Es parte de un ADN, si queremos. Pero convengamos que hay un conjunto muy importante, especialmente dentro de las mayor&iacute;as populares, que hace tiempo que no ve a la experiencia universitaria como el lugar que te permite el ascenso o mejorar tus posibilidades.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/valeria-manzano-historia-edad-sirvio-establecer-jerarquias-sociedades_1_12751655.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Nov 2025 03:01:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Valeria Manzano: “A lo largo de la historia la edad sirvió para establecer jerarquías de poder en las sociedades”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Libros,juventud,Siglo XXI Editores]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Laura Leibiker, editora: “Hay que volverles a explicar a los chicos cuáles son los riesgos de no vivir en democracia”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/laura-leibiker-editora-hay-volverles-explicar-chicos-son-riesgos-no-vivir-democracia_1_10897550.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1221a0b1-fe3b-44b0-aff6-b6234fa988d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Laura Leibiker, editora: “Hay que volverles a explicar a los chicos cuáles son los riesgos de no vivir en democracia”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La prestigiosa editorial Siglo XXI acaba de lanzar un sello de literatura infantil y juvenil. Textos, autores elegidos y los secretos para combinar información con lecturas atractivas.</p><p class="subtitle">Lecturas de verano - Tres libros en el corazón del siglo XX: Alfonsina Storni viajera, los inicios de Manuel Puig y un editor excepcional</p></div><p class="article-text">
        Es la casa editorial que r&aacute;pidamente se asocia a las ciencias sociales, al pensamiento cr&iacute;tico, al trabajo acad&eacute;mico. <strong>Y, tambi&eacute;n, a Beatriz Sarlo, Michel Foucault, Roland Barthes o Pierre Bourdieu</strong>, por nombrar apenas algunos de los nombres que integran su enorme y prestigioso cat&aacute;logo. Por estas horas, con la reciente llegada a las librer&iacute;as de <em>&iquest;Qu&eacute; es esto de la democracia?</em>, un libro de <strong>Graciela Montes</strong> que explica cuestiones ligadas a este sistema pol&iacute;tico y su devenir a lo largo de la historia argentina, y de <em>El chiste de leer</em>, un texto l&uacute;dico de <strong>Luis Pescetti</strong> que apunta a incorporar el h&aacute;bito de la lectura a trav&eacute;s del humor,<strong> la editorial Siglo XXI se ampl&iacute;a con una divisi&oacute;n de libros dedicada a las infancias, que tendr&aacute;, entre otros, a autores y autoras como Liliana Bodoc, Hinde Pomeraniec, Jairo Straccia, Jos&eacute; Natanson, Paula Bombara y Melina Furman.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Siglo para chicos</em> es un proyecto de libros infantiles de no ficci&oacute;n y ficci&oacute;n. Nuestra idea es que sea un reflejo de los temas de nuestro cat&aacute;logo.<strong> La historia, la educaci&oacute;n sexual, el feminismo, la ciencia, la econom&iacute;a y la diversidad son temas que los chicos y las chicas tienen en la cabeza: &iquest;cu&aacute;ntas veces te sorprendieron con una pregunta sobre inflaci&oacute;n, desigualdad o justicia?</strong> &iquest;sobre la memoria, el funcionamiento de nuestro cuerpo y el tama&ntilde;o de los dinosaurios?&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; la editorial en un comunicado. Se trata, seg&uacute;n anticiparon, de una apuesta a libros infantiles de ficci&oacute;n y no ficci&oacute;n y est&aacute; a cargo de <strong>Laura Leibiker</strong>, una editora especializada en Literatura Infantil y Juvenil, de enorme trayectoria en el rubro en Argentina.
    </p><p class="article-text">
        El lanzamiento del sello tiene lugar mientras en el Congreso avanza la llamada Ley &Oacute;mnibus donde se contempla, entre numerosas formas de desfinanciaci&oacute;n, desregulaciones y propuestas que tienden a correr al Estado del fomento de las artes y de la cultura en general, <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/proyecto-ley-omnibus-pone-jaque-librerias-editoriales_1_10799492.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>una modificaci&oacute;n en la norma conocida como Ley del Libro</strong></a><strong> que, entre otras cosas, hace que las publicaciones mantengan el mismo precio de venta en todo el pa&iacute;s para proteger la actividad librera</strong>.
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                    alt="Un texto de Graciela Montes, la gran referente del rubro, y otro de Luis Pescetti son los dos primeros lanzamientos del sello de Siglo XXI dedicado al público infantil y juvenil."
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                Un texto de Graciela Montes, la gran referente del rubro, y otro de Luis Pescetti son los dos primeros lanzamientos del sello de Siglo XXI dedicado al público infantil y juvenil.                            </span>
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        En di&aacute;logo con <em>elDiarioAR</em> y mientras que el sector cultural se mantiene en alerta -de hecho, en la puerta de la editorial Siglo XXI y en varias librer&iacute;as de todo el pa&iacute;s hay carteles que alertan sobre la situaci&oacute;n que podr&iacute;a afectar a editores, libreros, autores y lectores&ndash; <strong>Leibiker se&ntilde;ala que se trata de un momento dif&iacute;cil, pero que el proyecto de este sello se ven&iacute;a gestando desde hace mucho tiempo por impulso del director general de la editorial, Carlos D&iacute;az.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Siglo XXI tiene varias d&eacute;cadas de historia y r&aacute;pidamente los lectores la asocian con autores puntuales, como Sarlo, Foucault o Bourdieu, o temas vinculados con las ciencias sociales. Cuando pensaron en este proyecto en el universo de la literatura infantil y juvenil, &iquest;en qu&eacute; lectores pensaron?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Creo que antes de pensar en el destinatario, <strong>lo primero que sent&iacute; yo por lo menos es que los libros para chicos no pod&iacute;an estar muy lejos de los libros para grandes</strong>. Sin ser yo una lectora del cat&aacute;logo completo de Siglo XXI &ndash;que es un cat&aacute;logo muy profuso, muy ecl&eacute;ctico&ndash; o experta puntualmente en el ensayo o la teor&iacute;a, sent&iacute; que en esta editorial hab&iacute;a un esp&iacute;ritu. As&iacute; pude ver que los libros para chicos que hagamos tienen que estar de alg&uacute;n modo emparentados con los libros para adultos. Entonces empezamos a pensar todo este tiempo c&oacute;mo incluir a los autores para grandes de la casa en los libros para chicos. Con sugerencias del equipo editorial, fuimos encontrando dentro del propio cat&aacute;logo nombres que pod&iacute;an para m&iacute; tranquilamente escribir para pibes o textos que se pod&iacute;an rescatar con ilustraciones. Porque, al final, escribir para pibes es escribir. <strong>Me est&aacute; tocando en estos d&iacute;as seleccionar textos de Eduardo Galeano para un libro ilustrado. Me di cuenta de que la mitad son re apropiados para pibes. Muchos hablan de la injusticia o del amor de un modo muy accesible para el lector. Porque Galeano era muy simple. Escrib&iacute;a de una manera muy simple, muy al coraz&oacute;n, muy directa. </strong>Entonces esto, yo creo que no hay que subestimar a los lectores ni&ntilde;os y que los pibes hacen una lectura, que no significa que sea la &uacute;nica posible, porque quiz&aacute;s otro d&iacute;a hagan otra.&nbsp;Por supuesto que la literatura infantil y juvenil tiene ciertas cuestiones o c&oacute;digos particulares. Al mismo tiempo hay gente que piensa &ldquo;ay, los libros para chicos son libritos, se hacen re f&aacute;cil&rdquo; y claro que no es as&iacute;. Pero&nbsp;la verdad es que escribir para chicos tampoco est&aacute; tan lejos de escribir otras cosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;Surgi&oacute; de inmediato la idea de arrancar con no ficci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Fue lo primero que pens&eacute;, porque la no ficci&oacute;n en este terreno no tiene tanta oferta en el mercado. <strong>Siglo XXI tiene ya una estructura de saber y de conocimiento en este sentido, no solo en sus autores sino tambi&eacute;n en sus editores.</strong> Desde ese lugar se me apareci&oacute; muy fuerte la imagen de la colecci&oacute;n infantil <em>Entender y participar</em> de los a&ntilde;os '80 de <strong>Graciela Montes</strong>. Sent&iacute;a que hab&iacute;a una ligaz&oacute;n natural entre Siglo y esos libros. La busqu&eacute;, la le&iacute; y dije &ldquo;esto es lo que hay que hacer ahora, esto es lo que tenemos que actualizar&rdquo;. Por suerte consegu&iacute; ponerme en contacto con Graciela muy r&aacute;pido. Apenas le cont&eacute; cu&aacute;l era la idea, me dijo &ldquo;tom&aacute;, te la doy, hac&eacute; lo que quieras&rdquo;. <strong>As&iacute; empezamos a tomar aquellos textos como base y a trabajar en una actualizaci&oacute;n. Lo genial fue que cuando empec&eacute; a trabajar y le mand&eacute; por cortes&iacute;a a Graciela para que lo viera, ella misma se puso a escribir como loca. No solo est&aacute; s&uacute;per involucrada sino que ofrece sus observaciones, que son maravillosas porque es una verdadera genia.</strong> Porque tiene una voz para hablar con los chicos que es &uacute;nica. Porque no cree en la correcci&oacute;n pol&iacute;tica. Es muy incisiva y es muy brutal. Y, sobre todo, porque ella tiene como&nbsp;convicci&oacute;n que para hablarles a los chicos de cualquier cosa hay que hablar de historia poniendo todo en contexto. Si nunca hay que presuponer qu&eacute; sabe un lector, mucho menos se debe hacer con un lector ni&ntilde;o.
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                Laura Leibiker es una editora de gran trayectoria en la literatura infantil y juvenil. Trabajó, entre otros, en el sello Kapelusz.                            </span>
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        <strong>-El que inaugura la colecci&oacute;n es </strong><em><strong>&iquest;Qu&eacute; es esto de la democracia?</strong></em><strong>, escrito justamente por Graciela Montes con ilustraciones de Pen&eacute;lope Chauvi&eacute;. &iquest;Por qu&eacute; lo eligieron?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Tambi&eacute;n fue el primero de la colecci&oacute;n original. Nosotros empezamos a pensar esto en mayo de 2023, aproximadamente. Y si bien todav&iacute;a no estaban ocurriendo las escenas pol&iacute;ticas que estamos viendo hoy, hab&iacute;a algo en el aire.<strong> Hab&iacute;a una sensaci&oacute;n o una idea de que los chicos vivieron toda su vida en democracia y quiz&aacute;s la mayor parte de sus padres tambi&eacute;n. Pero incluso as&iacute; flotaba y sigue flotando la sensaci&oacute;n de que hay que volverles a explicar cu&aacute;les son los riesgos de no vivir en democracia.</strong> Hay que volver a hablar con los chicos de esto que nos parece tan natural porque estamos inmersos en ella, pero que en realidad fue muy dif&iacute;cil de conseguir. Quiz&aacute; en la &eacute;poca de la primera colecci&oacute;n se pensaba m&aacute;s en un levantamiento militar. Pero ahora, m&aacute;s que por pensar en algo as&iacute;, quiz&aacute; lo que surge son discursos que repitan &ldquo;mir&aacute;, la democracia al final no resuelve nada&rdquo;. Entonces sent&iacute;amos que deb&iacute;amos ponernos a pensar en eso, a discutir qu&eacute; otras posibilidades hay, cu&aacute;les son las otras formas de gobierno de las cuales nosotros nos escapamos de alg&uacute;n modo, contra las cu&aacute;les luchamos. <strong>As&iacute; fue entonces que apareci&oacute; esto de repasar un poco una peque&ntilde;a historia de la democracia y nos parec&iacute;a muy bueno abrir en estos tiempos con ese libro</strong>, que termin&oacute; reescribiendo la propia Graciela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>-A partir de tu larga experiencia en este rubro, &iquest;c&oacute;mo se hace para encontrar ese tono medio para un libro que tiene que tener informaci&oacute;n concreta, muchas veces &aacute;rida y, al mismo tiempo, ser atractivo, interesante, divertido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Creo que por distintas v&iacute;as. A veces hay cosas que naturalizamos tanto que se nos vuelven invisibles, por ejemplo el dise&ntilde;o. Hay algo ah&iacute; que es una invitaci&oacute;n y que si est&aacute; bien funciona tambi&eacute;n como im&aacute;n. En los libros de <em>Entender y participar</em>, por ejemplo, se ve esta idea de que hay una pregunta que est&aacute; resaltada y con un color particular, y eso de alg&uacute;n modo da a entender que la voz del ni&ntilde;o es la privilegiada. <strong>Despu&eacute;s, por supuesto, est&aacute; la ilustraci&oacute;n. Siempre busco que la ilustraci&oacute;n no reitere lo que est&aacute; dicho en el texto sino que ayude a comprender lo que el texto dice, que no es lo mismo. </strong>Y despu&eacute;s, y principalmente, est&aacute; el lenguaje. A veces uno se queda solo con la idea de que determinados temas se tienen que decir de una manera tambi&eacute;n determinada. S&iacute;, hay que decirlo de una manera, hay que mostrarlo de una manera y tiene que estar en un contenedor que resulte tambi&eacute;n atractivo. Pero en cuanto al lenguaje yo no intento controlar el lenguaje de los autores, cada autor escribe como le sale. <strong>Pero siempre lo invito a pensar en el lector: &iquest;en qui&eacute;n est&aacute;s pensando? &iquest;Entiende lo que le est&aacute;s diciendo? A m&iacute; no me preocupa que haya palabras que el lector no entienda porque por contexto los pibes saben leer, pero s&iacute; me interesa que lo que vos quieras contar quede claro</strong>, con frases claras donde no queden cosas sueltas o sin resolver. Y, si se puede incluir algo de humor, genial porque eso engancha mucho. Creo que no hay mucho m&aacute;s.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-captioned data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/C22RkmKuopi/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/p/C22RkmKuopi/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; 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font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; 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margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/p/C22RkmKuopi/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de Siglo para chicos (@sigloparachicos)</a></p></div></blockquote> <script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>-Mientras tanto, persiste el mito bastante instalado de que los chicos no leen.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Claro, pero es una gran mentira. A los que sostiene eso les dir&iacute;a digo &ldquo;and&aacute; a las librer&iacute;as y fijate c&oacute;mo est&aacute;n los sectores infantiles&rdquo;. <strong>Es un sector muy din&aacute;mico. Una cosa es preguntar si se venden libros para ni&ntilde;os y por supuesto que eso no significa directamente que los chicos los leen s&iacute; o s&iacute;, pero un poco s&iacute;.</strong> Por supuesto que quisi&eacute;ramos que lean m&aacute;s, que sean m&aacute;s chicos los que acceden a libros, que hubiera una gran campa&ntilde;a de promoci&oacute;n estatal del libro y la lectura. Ya ni estoy hablando de que compren libros, estoy hablando de que instalen la idea de la lectura como algo que est&aacute; buen&iacute;simo. Pero en mi experiencia yo creo que los chicos leen un mont&oacute;n. Leen en la escuela. Tambi&eacute;n hay muchos que lo hacen por fuera de la escuela. En realidad, es como con los grandes, se portan igual que los adultos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Por tu trayectoria viviste otros tiempos de crisis econ&oacute;micas. &iquest;C&oacute;mo se comporta el mercado infantil y juvenil en momentos as&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Hay dos cosas. Por un lado existe en este terreno lo mismo que existe en otros: por lo general lo &uacute;ltimo que uno deja es de comprarles cosas a los hijos. En todo caso, te dej&aacute;s de comprar cosas para vos como adulto, quiz&aacute; no te compr&aacute;s para vos una novela de 30 mil pesos y s&iacute; vas a ver c&oacute;mo le compr&aacute;s al pibe un libro de 15. Esto es lo primero que en general vemos que se hace. <strong>Pero tambi&eacute;n porque yo creo que hay una idea de much&iacute;simas personas que es que comprar libros es construir futuro para sus propios hijos. </strong>Que un pibe que sabe de ciudadan&iacute;a y que es capaz de imaginar y de leer y de comprender es un pibe que tiene un futuro mejor asegurado. En lo laboral, claro, pero tambi&eacute;n en sus posibilidades de crecer en todos los &aacute;mbitos. De ser m&aacute;s felices. De tener de qu&eacute; hablar con los otros. De todos modos, s&iacute;, la crisis se viene para todos lados y, aunque estamos embarcados con mucha fuerza, veremos c&oacute;mo impacta.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/CRM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/laura-leibiker-editora-hay-volverles-explicar-chicos-son-riesgos-no-vivir-democracia_1_10897550.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Feb 2024 10:27:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Laura Leibiker, editora: “Hay que volverles a explicar a los chicos cuáles son los riesgos de no vivir en democracia”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura infantil,Siglo XXI Editores,Editoriales]]></media:keywords>
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