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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Anatomía de una caída]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/anatomia-de-una-caida/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Anatomía de una caída]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Inocentes y culpables son de palo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/inocentes-culpables-son-palo_129_10914447.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/52978f56-e0ce-4108-bcb6-0da9e292a56d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Inocentes y culpables son de palo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Anatomía de una caída", el thriller escrito y dirigido por  la directora Justine Triet es una película sobre el anhelo de conocimiento y su predecible desembocadura en las costas de la impotencia. Nadie conoce el interior de los hechos, ni siquiera quienes los protagonizan.</p></div><p class="article-text">
        Lo primero que ocurre en <em>Anatom&iacute;a de una ca&iacute;da </em>(2023), de <strong>Justine Triet</strong>, incluso lo que nunca deja de ocurrir, es el insistente sampleo sin voz de &ldquo;P.I.M.P.&rdquo;, de <strong>50 Cents</strong>, llenando los ambientes, los entrepisos y el altillo de una casa en los Alpes. Es una presencia sucia, secundaria y al mismo tiempo envolvente, que le impide a la anfitriona, la novelista Sandra Voyter (<strong>Sandra H&uuml;ller</strong>) responderle a una estudiante de literatura, mientras la corteja, sobre cu&aacute;les son a su juicio los v&iacute;nculos entre vivir y escribir.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se puede decir de la escena es que en ella <em>no se puede hablar</em>. La interferencia es una decisi&oacute;n hogare&ntilde;a de Samuel Maleski (<strong>Samuel Theis</strong>), pareja de Voyter y novelista &ldquo;pasivo&rdquo;, que baja desde la planta alta en forma de ej&eacute;rcito de ocupaci&oacute;n. Es el grito de guerra infantil efectuado por v&iacute;as indirectas, t&iacute;pico de las disputas adultas. La m&uacute;sica, enviada a un volumen insoportable, es el discurso abortivo que deshace la reuni&oacute;n de las mujeres para, poco m&aacute;s tarde, ser la banda de sonido de la ca&iacute;da y muerte de Maleski.
    </p><p class="article-text">
        El contraste entre el rojo de la sangre y el blanco de la nieve, gran triunfo de la representaci&oacute;n de la violencia abstracta inventada por <strong>Jack London</strong> en <em>Colmillo Blanco </em>-&iquest;para qu&eacute; se invent&oacute; el blanco literario de la nieve sino para llamar al rojo de la sangre?-, no es el &uacute;nico. Tambi&eacute;n lo es el sampleo gangsta rap de 50 Cents, que le da a la tragedia un ritmo antidepresivo y un reencuentro con lo que el g&eacute;nero tiene de inc&oacute;gnita y ambig&uuml;edad shakespeareana. Es una m&uacute;sica que viene del interior de la historia para empezar a tensar todas las cuerdas de la correspondencia que une las piezas de un &iquest;qui&eacute;n lo hizo? Est&aacute;bamos en una cosa (una cosa que no sab&iacute;amos que era) y, de repente, estamos en otra.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? Vaya uno a saber. El sentido, la revelaci&oacute;n, el entendimiento de los hechos es, como dicen los burreros sobre el caballo m&aacute;s lento, lo que llega detr&aacute;s de la ambulancia. Lamentablemente, existen los hechos y, luego de ellos, la nada. S&oacute;lo la melancol&iacute;a humana, adicta a la reconstrucci&oacute;n, la voluntad de memoria y al premio consuelo del arte es capaz de dar su fe a alguna ilusi&oacute;n de verdad.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula de Triet empieza a desplegar sus veh&iacute;culos de asalto narrativo bajo la condici&oacute;n de que la verdad se presente como lo que es: un fen&oacute;meno compositivo sospechoso. El testimonio, la percepci&oacute;n y la memoria son elementos privativos de la especulaci&oacute;n, y ajenos al valor de prueba. La literatura judicial, la ciencia y las fantas&iacute;as argumentales se hunden en la falla estructural de cualquier acontecimiento. &iquest;Tan dif&iacute;cil era volver a hacer una pel&iacute;cula que honrara el problema sin soluci&oacute;n de querer acceder a la intimidad de los hechos? 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Maleski cayó por la ventana. Es un gil resentido, un hombre-niño, valga la redundancia, pero vamos a terminar simpatizando con su desesperación. ¡Cómo no! Ahora, ¿se cayó solo o lo tiraron?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <em>Anatom&iacute;a de una ca&iacute;da</em> es una pel&iacute;cula sobre el anhelo de conocimiento y su predecible desembocadura en las costas de la impotencia. Nadie conoce el interior de los hechos, ni siquiera quienes los protagonizan. La novelista de la vida Sara Voyter tiene cierta idea porque su materia es la tergiversaci&oacute;n art&iacute;stica de la experiencia, y en ese fracaso, que es del arte pero tambi&eacute;n de la vida, cuestiona que a los testimonios, y tambi&eacute;n a las &ldquo;pruebas&rdquo; de un pasado espec&iacute;fico, se les pueda dar un estatus de verdad. 
    </p><p class="article-text">
        Sobre la discusi&oacute;n que Voyter sostiene con su pareja Maleski, grabada por el propio Maleski como insumo de una novela sobre la que tiene todo para hacerla menos la determinaci&oacute;n, ella nos dice con el cansancio con el que se dan las cosas sobre entendidas, que las discusiones &iacute;ntimas llevadas a fondo son farsas de intimidad. Despu&eacute;s de todo se hacen con lenguaje, o sea con m&aacute;scaras, y le deben su eficacia al efecto literario que produzcan en el interlocutor. &iquest;Desde cu&aacute;ndo lo que se dice debe responder necesariamente a alg&uacute;n tipo de verdad, incluso o sobre todo cuando se hable en su nombre?
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula de Triet va cursando el tiempo sin que lo crucial de su enigma sea revelarlo en t&eacute;rminos policiales sino en base a criterios relacionados con la percepci&oacute;n humana. No es tan importante saber si Maleski muri&oacute; o lo mataron como si quienes vayan a revelar el hecho est&eacute;n en condiciones de hacerlo. Alrededor del hondo pozo de los hechos comienza a desplegarse la locura de la comprensi&oacute;n. Las banderas elementales de la curiosidad colectiva ya las ha formulado Daniel, el hijo ciego de Maleski y Voyter, antes de que se enfriara el cad&aacute;ver de su padre: &ldquo;&iexcl;No entiendo! &iexcl;Quiero entender!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Comienza, entonces, la cacer&iacute;a del sentido. Lo que haya pasado se tiene que saber. Como era de preverse, se desata una lucha de autoridades. Tenemos la autoridad judicial, aficionado a la superstici&oacute;n forense y la inteligencia detectivesca, encarnada en el fiscal general (<strong>Antoine Reinartz</strong>), un cruzado de la petulancia personal que se mueve en los subsuelos (y tambi&eacute;n en la estrat&oacute;sfera) de un caso que no perturba su &aacute;nimo &ldquo;profesional&rdquo; de Play M&oacute;vil que habla hasta por el orto. Y tenemos la autoridad legal de parte, el abogado de Voyter, Vincen Renzi (<strong>Swan Arnaul</strong>), quien la defiende menos porque cree en su inocencia que porque la ama con expectativas inestables desde hace tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        La autoridad literaria est&aacute;, para que no se diga que falta, en un cr&iacute;tico protagonizado por Arthur Harari (coguionista y conviviente de Justine Triet, por si les gusta el puter&iacute;o) que debe &ldquo;leer&rdquo; los pr&eacute;stamos, distorsiones y malos entendidos rec&iacute;procos que pueda haber entre la literatura y la materia vital con la que, llegado el caso, alguien podr&iacute;a configurarla. Una obsesi&oacute;n letrada que puede entenderse porque el poder judicial siempre so&ntilde;&oacute; con ser un poder literario, y que tiene su cl&iacute;max de delirio, y tambi&eacute;n de verdad, cuando el fiscal lee fragmentos de los libros de Voyter como pruebas de cargo.
    </p><p class="article-text">
        Y, luego, la m&aacute;xima autoridad, la afectiva: Daniel. Ha sido el testigo de reyertas diarias entre sus padres, a quienes ama. Pero, &iquest;puede decir que se aman entre ellos? &iquest;Y que no se aman? &iquest;Daniel podr&iacute;a decir que las discusiones de sus padres, escritores pesados como collares de melones, acerca del buen o mal uso del tiempo personal y de la buena o mala suerte de sus &ldquo;obras&rdquo;, podr&iacute;an ser antecedentes de un hecho criminal? Ay, Su Se&ntilde;or&iacute;a de los Cuentos de Hadas, &iquest;qui&eacute;n podr&iacute;a saber si Una Cosa tiene que ver con Otra?
    </p><p class="article-text">
        Se ha hecho un comprensible sentido com&uacute;n la referencia de que <em>Anatom&iacute;a de una ca&iacute;da</em> bebi&oacute; de los esteros de <strong>Otto Preminger </strong>por &ldquo;rozamiento&rdquo;, dado que Premiger dirigi&oacute; en 1959 <em>Anatom&iacute;a de un asesinato</em>. En ese &aacute;rbol de ramas secas que a&ntilde;ora las asociaciones que se caen de podridas, tampoco deber&iacute;an soslayarse las influencias de <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a del Dr. Nicolaes Tulp</em>, de <strong>Rembrandt</strong>; o <em>El anatomista</em>, de<strong> Federico Andahazi</strong>, para nombrar al azar a dos grandes del arte universal de los &uacute;ltimos cuatrocientos a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la pel&iacute;cula de Justine Triet tiene en sus venas los modos de <strong>Samuel Beckett </strong>de rodear el vac&iacute;o con inmensos mares de charlataner&iacute;a, para que se &ldquo;sienta&rdquo; el drama cuando llega el momento de reconocer que los hechos son inabordables. Y, tambi&eacute;n, un rechazo absoluto a darle a sus personajes los trajes vergonzosos de los arquetipos. Si hay algo en <em>Anatom&iacute;a de una ca&iacute;da</em> que estremece la experiencia de contemplaci&oacute;n, es que vemos que sus personajes, quiz&aacute;s como puede verse en algunas novelas de fondo de <strong>Georges Simenon </strong>(digamos <em>La nieve estaba sucia</em>, <em>El fondo de la botella</em> o <em>Tres habitaciones en Manhattan</em>: esa l&iacute;nea pesada de su linaje) tienen problemas de expresi&oacute;n, y no porque sean inexpresivos o tarados o t&iacute;midos, sino porque saber algo nunca puede ser un hecho completo. 
    </p><p class="article-text">
        Maleski cay&oacute; por la ventana. Es un gil resentido, un hombre-ni&ntilde;o, valga la redundancia, pero vamos a terminar simpatizando con su desesperaci&oacute;n. &iexcl;C&oacute;mo no! Ahora, &iquest;se cay&oacute; solo o lo tiraron? &iquest;Lo golpearon? &iquest;Se golpe&oacute; al caer? La gracia de la pel&iacute;cula es que vemos y escuchamos todo lo que ocurre alrededor del hecho. Pero el hecho no est&aacute; en ning&uacute;n lado. No estuvo nunca. Una vez sucedido, desapareci&oacute; en el pasado a la manera de una alima&ntilde;a que entra como un rayo a su madriguera, de la que nunca va salir. Los culpables o los inocentes, son de palo.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Feb 2024 03:01:02 +0000]]></pubDate>
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