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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Esteban Trebucq]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/esteban-trebucq/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Esteban Trebucq]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Empacho de política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/empacho-politica_129_11787161.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6fd952f7-9715-45a3-a834-131e352de5fb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Empacho de política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Difícil saber si Argentina es, realmente el país más politizado del planeta, pero está claro que entre nosotros la política tiene una cualidad especial para la "ocupación" del espacio mediático y cotidiano. Programas de bajo nivel que rozan el absurdo. Ocasionales momentos de análisis profundo y de nivel ¿académico?. Resúmenes, distorsiones, especulaciones y, muy escasamente, reflexiones reales sobre lo que importa.</p></div><p class="article-text">
        No se puede saber si la Argentina es el pa&iacute;s con m&aacute;s discusiones pol&iacute;ticas en todo el mundo. Para saberlo, habr&iacute;a que vivir en todos los pa&iacute;ses simult&aacute;neamente y extraer, de la ubicuidad (el don que no tienen los hombres), alg&uacute;n resultado m&aacute;s o menos cercano a los hechos. Pero la sospecha est&aacute;, y se funda en cuestiones vinculadas a fen&oacute;menos de &ldquo;ocupaci&oacute;n&rdquo;. Hacia donde se mire, sean las pantallas de televisi&oacute;n o de streaming, habr&aacute; de brotar la cosa pol&iacute;tica como objeto constante de adoraci&oacute;n u ofensa (o de adoraci&oacute;n y ofensa).
    </p><p class="article-text">
        En las se&ntilde;ales de opiniones televisadas en las que la informaci&oacute;n ocupa un sitio marginal, m&aacute;s o menos como el de la literatura en las librer&iacute;as, se alinean un sinf&iacute;n de ofertas dram&aacute;ticas. Hay de todo. Desde lo m&aacute;s bajo, que es el multipremiado <strong>Esteban Trebucq</strong>, disfrazado de &aacute;rbol de Residencia Presidencial de Olivos en cuyas ra&iacute;ces mean cinco mastines ingleses (uno de ellos fantasma), hasta lo m&aacute;s alto: la hora c&aacute;tedra de los lunes dictada por el crooner <strong>Carlos Pagni</strong>, en la que se leen los acontecimientos profundos del poder, incluyendo los desapercibidos. 
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                </figure><p class="article-text">
        Son horas y horas y horas de res&uacute;menes, adulteraciones, alucinaciones y, en menor medida, reflexiones sobre el acontecer diario. Los &iacute;tems, expendidos por las m&aacute;quinas parlantes que, por lo general, tienen bloqueadas las funciones &ldquo;Silencio&rdquo; y &ldquo;No s&eacute;&rdquo;, giran pegados a la rueda de la neurosis p&uacute;blica: gobierno y gobernantes, oposici&oacute;n y opositores, legislaturas y legisladores, sindicatos y sindicalistas, poder judicial y jueces, esp&iacute;as y espiados, militantes con y sin dos dedos de frente, d&oacute;lar, Riesgo Pa&iacute;s, deuda externa, bicicleta financiera, piquetes, represi&oacute;n de piquetes, PBI, inflaci&oacute;n, recesi&oacute;n, desocupaci&oacute;n, pobreza, organizaciones sociales, internas partidarias, internas extrapartidarias. Mil rutas en busca de <em>un culpable</em>. 
    </p><p class="article-text">
        En las se&ntilde;ales de cable, en los canales de aire, en las viejas radios de FM y en las a&uacute;n m&aacute;s viejas de AM, en Olga, en Gelatina, en Cenital, en Carajo, en Neura: pol&iacute;tica. Y bajo las formas m&aacute;s variadas: intrigas, chismes, proclamas, amenazas, delaciones, operaciones, entrevistas, jingles, debates de sordos, opiniones permeables e impermeables. Como quien martilla noche y d&iacute;a un clavo de un kil&oacute;metro: pol&iacute;tica, pol&iacute;tica, pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Es asombroso el volumen de lenguaje diario destinado a merodear ese objeto incandescente con din&aacute;mica de pelota saltarina llamado pol&iacute;tica. &iquest;Y para que existir&iacute;an a semejante escala esas monta&ntilde;as de lenguaje si no es para que se derrame sobre la sociedad? Ese es el verdadero derrame del poder (y el &uacute;nico): el del lenguaje interesado, baldeando el pa&iacute;s de arriba hacia abajo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si el Lanín entrara en erupción, no habría que sorprenderse que para el ambacentrismo informativo siga siendo más importante relevar el choque de dos taxis en Lacroze y Conde</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El modelo de discusi&oacute;n implantado y mantenido con mucha facilidad dada la poca exigencia general de los p&uacute;blicos (hordas de entre casa que felicitan al espejo verbal en el que se ven bonitos y completos, y denigran el espejo en el que se ven deformados), es una r&eacute;plica exaltada del modelo del periodismo deportivo. Salvo las excepciones, que consolidan las reglas hasta su invulnerabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Grita uno, grita otro. Uno dice, el otro lo contradice. Alguien &ldquo;prueba&rdquo; sus dichos con n&uacute;meros (hay un extra&ntilde;o fetichismo de realidad con los n&uacute;meros) y otro le sacude con la contraprueba (otros n&uacute;meros). Pero ninguna diferencia, por radical que parezca, se salva de ser absorbida por la energ&iacute;a negra de la afirmaci&oacute;n. Se habla como si se corriera desesperadamente hacia adelante dejando atr&aacute;s una cat&aacute;strofe y, dada la &ldquo;urgencia&rdquo;, nadie se toma el tiempo de desdecirse, con lo hermoso que es renunciar un poco a uno (ese ser hincha pelotas disfrazado de &ldquo;yo&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Esa presencia masiva de la pol&iacute;tica en las pantallas, en las calles y en las casas no ser&iacute;a socialmente ni -por a&ntilde;adidura- culturalmente da&ntilde;ina si no fuese porque bloquea hasta el exterminio otras presencias verbales. Es cierto que situar intereses marginales en el centro de la esfera p&uacute;blica ser&iacute;a un plomo para quien no desee recibirlos, pero &iquest;por qu&eacute; no acercarlos al primer &ldquo;anillo&rdquo; para atacarlo cada tanto?
    </p><p class="article-text">
        Pero eso no s&oacute;lo no ocurre en los hechos, sino que, adem&aacute;s, cualquier manifestaci&oacute;n por afuera del centro protagonizado por la pol&iacute;tica (por su troncos y su mill&oacute;n de ramas), aunque no sea pol&iacute;tica, es le&iacute;da en clave pol&iacute;tica. Es, sencillamente una plaga. El efecto de absoluto que produce es tan desolador que se oye hablar de literatura kirchnerista, series libertarias, sonetos macristas, etc. La pol&iacute;tica es el c&oacute;digo para decirlo y leerlo todo, al costo de hacerlo <em>mal, </em>que es lo que habitualmente sucede con los c&oacute;digos (el c&oacute;digo es Chasman; y el &ldquo;sujeto&rdquo; es Chirolita). Casi todo lo que ocurre es reducido a la pol&iacute;tica: el arte, los deportes, &iexcl;el amor! La pol&iacute;tica es la escritura y la lectura, lo que vuelve casi imposible vincularse con cualquier cosa si no es por medio de una toma de posici&oacute;n (pol&iacute;tica).
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto que la pretensi&oacute;n de que la presencia ecum&eacute;nica de la pol&iacute;tica se repliegue no es para que sea sustituida por un sistema de discusi&oacute;n p&uacute;blica en el que el n&uacute;cleo sea el arte, si es que hubiera que imaginar una situaci&oacute;n inalcanzable. Sobre todo si los discutidores son los mismos de siempre. Es cuesti&oacute;n de imaginar al <strong>Gordo Dan</strong> cont&aacute;ndonos sus impresiones sobre <em>El Gran Vidrio</em>, de <strong>Marcel Duchamp</strong>, o al <strong>Gato Silvestre</strong> revel&aacute;ndonos la &ldquo;realidat&rdquo; acerca de si los relojes de <em>Sin t&iacute;tulo - Amantes perfectos</em>, de <strong>F&eacute;lix Gonz&aacute;lez Torres</strong>, est&aacute;n o no est&aacute;n sincronizados, o -ya en los extremos de la experiencia- a <strong>Manuel Adorni</strong> dando una clase de atril en la Casa Rosada sobre <strong>Osvaldo Lamborghini</strong> (el escritor que podr&iacute;a haberlo inventado para cargarlo en su lista de v&iacute;ctimas de bald&iacute;o), para quedarnos con lo malo conocido. 
    </p><p class="article-text">
        La pretensi&oacute;n es m&aacute;s modesta: que la pol&iacute;tica afloje un poco su presi&oacute;n ambiental para que corra aire en los pasillos de la vida. Que brille un poco por su ausencia, que se haga desear y que se llame al saludable silencio porque es evidente que el silencio a menudo es salud (sobre todo para el que lo hace). Lo que no significa no hacer pol&iacute;tica o no hablar de pol&iacute;tica sino bajarla del pedestal de totalidad en la que la instala el poder. su jefe enmascarado. 
    </p><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s probable es que despu&eacute;s de escribir estos p&aacute;rrafos de descarga mental, el ganso que los escribi&oacute; caiga de nuevo en la trampa de despuntar la adicci&oacute;n de verlos de nuevo a todos estos charlat&oacute;patas para recibir de ellos lo de siempre. Una y otra vez lo mismo. &iquest;Qu&eacute; otra cosa puede haber ah&iacute; sino lo mismo otra vez?: <strong>Alejandro Fantino</strong> filosofando como un alumno en busca del cuadro de honor (para lo cual se exige en hablar como un maestro), los brazotes fl&aacute;ccidos del Gordo Dan abrazando los ajustes del porvenir, la solemnidad de entierro del Gato Sylvestre con su tonada de fin del mundo, el bruxismo de ventriloquia de <strong>Luis Majul</strong> d&aacute;ndole batalla a la verg&uuml;enza humana, el periodismo para idiotas de Trebucq, el cinismo profesional de <strong>Eduardo Feinmann</strong>, la revoluci&oacute;n inconclusa de <strong>Fernando Borroni</strong> a caballo de la palabra &ldquo;derecha&rdquo;, el espa&ntilde;ol art&iacute;stico de <strong>Marcelo Bonelli</strong>, el bananeo de <strong>Danann</strong> (de un &ldquo;estilo&rdquo; asombrosamente similar al de <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>El&iacute;as Kier Joffe</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, el conductor jeropa de Elo Podcast: comparen y saquen sus conclusiones), etc. Ellos son los fogoneros, la pol&iacute;tica es el fog&oacute;n y nosotros los hom&iacute;nidos extasiados por el fuego. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hace tres a&ntilde;os, FOPEA hizo un informe alucinante sobre los desiertos, semidesiertos, semibosques y bosques informativos de la Argentina. Un dato que no caus&oacute; sorpresa fue el car&aacute;cter ambacentrista de la informaci&oacute;n que circula afuera del AMBA. Por lo que, si el Lan&iacute;n entrara en erupci&oacute;n, no habr&iacute;a que sorprenderse que para el ambacentrismo informativo siga siendo m&aacute;s importante relevar el choque de dos taxis en Lacroze y Conde. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Mendoza, C&oacute;rdoba y Santa Fe son las zonas con m&aacute;s &ldquo;bosques&rdquo;, seg&uacute;n el estudio, y las m&aacute;s desiertas est&aacute;n en La Rioja, Santiago del Estero y Formosa. Sin intenci&oacute;n de querer intervenir sobre las decisiones de tan magna instituci&oacute;n, &iquest;es mucho pedir un Mapa de Silencio Informativo Saludable en el que figuren pueblos en los que haya cortes programados del parloteo pol&iacute;tico? Y si no los hay, &iquest;se podr&aacute; inventarlos?&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>JJB/MF</em></span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/empacho-politica_129_11787161.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Nov 2024 03:13:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Esteban Trebucq,Carlos Pagni,Manuel Adorni,Alejandro Fantino,Luis Majul]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elogio y declinación de la calvicie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elogio-declinacion-calvicie_129_10955409.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69a8cfa6-543b-497c-9122-17de3e0dab75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elogio y declinación de la calvicie"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El significado de la calvicie ha cambiado a través del tiempo. Las narrativas de la aceptación y el orgullo alopécico, también. Los pelados y su inciencia en la historia política argentina, de Domingo Faustino Sarmiento al presente.
</p></div><p class="article-text">
        Tanto macaneo sobre las fuerzas del cielo me llev&oacute; a indagar en lo que podr&iacute;a ser una fuente de inspiraci&oacute;n o deleite presidencial. Di entonces a modo de hip&oacute;tesis con <em>Los diez mandamientos</em>, la pel&iacute;cula de <strong>Cecil B. DeMille </strong>de 1957, con m&uacute;sica de <strong>Elmer Bernstein</strong>. Tal vez ha funcionado como un relato sobre su ascenso personal. Mois&eacute;s (<strong>Charlton Heston</strong>) es el favorito de la familia del fara&oacute;n. Sin embargo, rompe con la <em>casta</em> egipcia para conducir a su pueblo hacia la libertad. Avanza al comp&aacute;s de una m&uacute;sica que, bajo los par&aacute;metros rimbombantes de Hollywood, busca resaltar el car&aacute;cter &eacute;pico del &Eacute;xodo.
    </p><p class="article-text">
        Imagino a los hermanos frente a una pantalla gigante, de 115 pulgadas, armados de pochoclo, emocionados por la determinaci&oacute;n de Mois&eacute;s, azorados por la crueldad y los celos de Rams&eacute;s, quien no es otro que <strong>Yul Brynner</strong>, el actor ruso-norteamericano que hizo de su calvicie un signo de distinci&oacute;n cuando obraba sobre esa superficie el escarnio. Brynner es ah&iacute; tambi&eacute;n el que es: un pelado insigne. Nadie mejor para encarnar a un fara&oacute;n que, dada su condici&oacute;n divina, jam&aacute;s se muestra con la cabeza rapada al descubierto. La corona, el <em>pskent</em>, con la figura de la cobra en el medio, simbolizaba su poder terrenal. Qu&eacute; lustre el de ese actor, famoso tambi&eacute;n por pel&iacute;culas como <em>El rey y yo</em> y <em>Anastasia</em>. La testa de Brynner irradia una historia que nos pasear&aacute; por la pel&iacute;cula y la misma historia de la calvicie para, por &uacute;ltimo, ser testigos de otra escena, la de un hombre con la cabeza desnuda que, a diferencia de Rams&eacute;s, se rinde sin miramientos ante el nuevo patriarca paleo libertario.
    </p><p class="article-text">
        El significado de la calvicie ha cambiado a trav&eacute;s del tiempo. Durante la dinast&iacute;a Ching, los hombres eran obligados a raparse el tercio anterior de la cabeza. Solo les dejaban colgar una trenza, a modo de &ldquo;cola de caballo&rdquo;. Los manch&uacute;es, fundadores del linaje, eran a su modo estilistas. Aceptar el corte, suger&iacute;an, era salvar la vida. Lo contrario era in&uacute;til. A una cabeza cortada de nada le serv&iacute;a preservar el cabello. Se le atribuye a algunos pueblos originarios del norte de Am&eacute;rica cortar el cuero cabelludo del enemigo vencido y guardarlo como trofeo. La posesi&oacute;n de una victoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Silvio Sold&aacute;n</strong> debi&oacute; sentir el fr&iacute;o de la derrota sobre su mollera. Lo aterr&oacute; tanto la calvicie que se rerugi&oacute; en el biso&ntilde;&eacute;. Sus marcas de artificio eran mucho mejor que una superficie bru&ntilde;ida por la p&eacute;rdida de andr&oacute;genos. El pudor de Sold&aacute;n, la verg&uuml;enza de padecer alopecia y negar sistem&aacute;ticamente la evidencia, era heredera de una fantas&iacute;a que ven&iacute;a&nbsp; desde muy lejos: la asociaci&oacute;n entre el pelo largo de los hombres y su fuerza. No poseerlo era una afrenta, la ca&iacute;da en el estigma de Sans&oacute;n. Fue as&iacute; que <strong>Luis XIV</strong>, el &ldquo;Rey Sol&rdquo; luci&oacute; un enorme peluc&oacute;n para ponerlo a la altura de su fuerza soberana. &ldquo;Si tuviera que elegir un objeto para describir el sentido de la vida en la Tierra, una postal para enviar a los marcianos sobre nuestras obsesiones m&aacute;s fieles, me inclinar&iacute;a en primer lugar por la peluca. Mam&iacute;fera y artificial, insignia del poder y al mismo tiempo c&oacute;mplice de una idea maleable de belleza, remota pero siempre persistente, en esa cabellera falaz que parece encaminarse hacia la vida propia se reflejan nuestros excesos y nuestros temores, el despliegue del cuerpo entregado a la seducci&oacute;n, as&iacute; como los estragos psicol&oacute;gicos de ese suced&aacute;neo del oto&ntilde;o conocido como calvicie&rdquo;, se&ntilde;ala <strong>Luigi Amara</strong> en <em>Historia descabellada de la peluca. </em>En ese tejido se revela una propensi&oacute;n al doblez y al simulacro. Una forma de teatro.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        &iquest;Heston tambi&eacute;n utiliz&oacute; una peluca para <em>ser </em>Mois&eacute;s?Lo vemos ir al encuentro de la deidad. <em>Los diez mandamientos</em> se rod&oacute; en Egipto y el mismo Monte Sina&iacute;. Dios -as&iacute; se hace llamar en la pel&iacute;cula- le pide ah&iacute; que se quite los zapatos porque pisa Tierra Santa, y &eacute;l, Mois&eacute;s, le pregunta por qu&eacute; no escucha el llanto de sus hijos esclavos en Egipto, a lo que Dios, el dios de Abraham, Issac y Jacob, le dice que por supuesto <em>vio </em>el dolor de su gente, y tambi&eacute;n ha<em> o&iacute;do</em> su llanto, todo pasa por los sentidos, por lo que lo convoca a que enfrente al fara&oacute;n Rams&eacute;s, es decir, Brynner, el pelado, y saque a su pueblo del oprobio. Mois&eacute;s duda, qui&eacute;n es &eacute;l para ayudarlos, qu&eacute; palabras puede decirles para que lo <em>escuchen</em>. &ldquo;Te ense&ntilde;ar&eacute; lo que tengas que decir. Cuando hayas tra&iacute;do a la gente me servir&aacute;n en esta monta&ntilde;a. Pondr&eacute; mis leyes en sus corazones y en sus mentes las escribir&eacute;. Ve y yo estar&eacute; contigo&rdquo;. Mois&eacute;s quiere m&aacute;s pruebas. Qu&eacute; responder&aacute; cuando le pregunten por su nombre. &ldquo;Yo soy el que soy&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Los diez mandamientos </em>cont&oacute; con uno de los sets de filmaci&oacute;n m&aacute;s grandes en la historia del cine.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, pero no los aport&oacute; el Estado, y adem&aacute;s, recaud&oacute; 65 millones de d&oacute;lares-, podr&iacute;a comentar el hermano.
    </p><p class="article-text">
        Y ella:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Tremenda taquilla.
    </p><p class="article-text">
        Y &eacute;l:
    </p><p class="article-text">
        -Perd&oacute;n, pero, digo, o sea, si nos atenemos a lo que obtuvo en m&aacute;s de medio siglo, m&aacute;s de medio siglo, digo, mis c&aacute;lculos, sigo, &iquest;me segu&iacute;s?, mis c&aacute;lculos me dan, a un valor presente del d&oacute;lar, 1.017 millones. &iquest;Te das cuenta?
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;an adem&aacute;s haberse deslumbrado con otros de los momentos claves de la pel&iacute;cula. La escena de Mois&eacute;s en la que abre un paso por el mar Rojo es considerada por muchos cr&iacute;ticos como se&ntilde;era. Es curioso, el compositor recurre a unos compases de la &ldquo;Cabalgata de las Walkirias&rdquo;, nada menos que en 1957, es decir, 12 a&ntilde;os despu&eacute;s de la Segunda Guerra, cuando las asociaciones entre el nazismo y <strong>Richard Wagner</strong> constitu&iacute;an un problema may&uacute;sculo de la m&uacute;sica y la cultura occidentales (signo ya de que toda informaci&oacute;n puede intercambiar sentidos y realizar brutales cabriolas). Dice Mois&eacute;s que hay que conducir al pueblo jud&iacute;o por el centro de las aguas. Le responden que se har&aacute; su voluntad (qu&eacute; palabra: el presidente cree que su potencia volitiva es de inspiraci&oacute;n celestial). El profeta retorna al monte y tiene lugar la situaci&oacute;n que resume la pel&iacute;cula, al punto que fue seleccionada para promocionarla. Mois&eacute;s alza la tabla en el monte, acaso equiparable en su peso para ellos a la Ley &Oacute;mnibus o el DNU, mamotretos destinados a impartir tundas b&iacute;blicas en un pa&iacute;s remoto, 74 a&ntilde;os m&aacute;s tarde.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Mir&aacute;, mir&aacute;, impresionante-, &iquest;dir&iacute;a ella?
    </p><p class="article-text">
        Y &eacute;l:
    </p><p class="article-text">
        -Shh, pasame un poco de pochoclo. Lo que sobra es para Conan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rams&eacute;s es testigo del milagro. Lo observa imperturbable. Disimula su frustraci&oacute;n como su calva, esa met&aacute;fora de la esterilidad que ha visto en la abundancia pilosa un sin&oacute;nimo de lo fertil. Los hombres, a partir de los 50 a&ntilde;os, detectan muchas veces que la sombra de Brynner comienza a acechar en clave negativa. La p&eacute;rdida puede no tener consuelo. Sold&aacute;n ya era grande para confiar en los t&oacute;nicos enga&ntilde;osos del siglo que lo preced&iacute;a. Se parapet&oacute; debajo del biso&ntilde;&eacute;. Nada distinto a lo que hizo <strong>Andy Warhol</strong>, cuya peluca lleg&oacute; a venderse en 2006 por US$10.800 en una subasta en Christie&rsquo;s. Claro: Sold&aacute;n era apenas un locutor que amenizaba el programa televisivo <em>Grandes valores del tango. </em>Tener una cabellera <em>fake </em>supon&iacute;a no obstante un salto de calidad superior a convertirse en una versi&oacute;n sudamericana de Kojak, el detective pelado que protagoniz&oacute;<strong> Telly Savalas</strong>. La astucia podr&iacute;a ser superior al disimulo en esa serie de los setenta. No para los soldanes fuera de fase con las novedades t&eacute;cnicas. Desde hace a&ntilde;os, por suerte para ellos, existen los micro injertos.&nbsp; La oferta se ha sofisticado, as&iacute; como las narrativas de la aceptaci&oacute;n y el orgullo alop&eacute;cico.
    </p><h3 class="article-text">El Peluca</h3><p class="article-text">
        Para ser justos, fue el fil&oacute;sofo <strong>Sinesio de Cirene</strong> el primer vindicador de ese despojamiento. Natural de la Pent&aacute;polis de Cirenaica, en la actual Libia. Sinesio escribi&oacute; un <em>Elogio de la calvicie</em>. Se trataba de una &ldquo;batalla cultural&rdquo; con <strong>Di&oacute;n de Prusa</strong>, orador y fil&oacute;sofo griego que despunt&oacute; bajo la dominaci&oacute;n romana en el siglo I. Di&oacute;n alababa la melena de Aquiles, y su contendiente sosten&iacute;a que la alopecia era un rasgo humano que alejaba a los hombres de los animales, cubiertos de pelo, hirsutos y, por lo tanto, est&uacute;pidos. Por eso era frecuente entre sabios y maestros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sinesio de Cirene marcaba la diferencia entre una &ldquo;cabeza pelada&rdquo; y un &ldquo;entendimiento poblado&rdquo;. Recuerda Amara al respecto que todav&iacute;a a comienzos del siglo XIX segu&iacute;a viva esta asociaci&oacute;n &ldquo;m&aacute;s bien supersticiosa entre calvicie y sabidur&iacute;a&rdquo;. &iquest;Solo supersticiosa? Ah&iacute; los tenemos, por citar algunos y ubicarlos en una galer&iacute;a de la consagraci&oacute;n intelectual, a <strong>Theodor W. Adorno</strong>, <strong>Cornelius Castoriadis</strong>, <strong>Edgar Morin</strong>, <strong>Maurizio Lazzarato </strong>y <strong>Michel Foucault</strong>. <strong>Tom&aacute;s Abraham</strong> fue el gran difusor de <em>Las palabras y las cosas </em>y <em>Vigilar y Castigar </em>en la Universidad de la transici&oacute;n democr&aacute;tica. <strong>Jorge Telerman</strong>, quien hab&iacute;a estado en Par&iacute;s, tradujo algunos de sus textos y fungi&oacute; como ayudante de Abraham. Como en una carrera de relevos hacia abajo, le toc&oacute; a <strong>Luis Alberto Spinetta</strong>, en su condici&oacute;n de lector entusiasta, propagar en la prensa del rock el nombre del franc&eacute;s. Tres d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, es <strong>Alejandro Fantino</strong> el que invoca su figura deportivamente y nos ofrece un indicio de &eacute;poca en <em>degrad&eacute;</em>. Seg&uacute;n <em>La Naci&oacute;n, </em>&ldquo;parado sobre las nociones del pensador Michel Foucault, el animador marc&oacute; dos puntos de ruptura en la profesi&oacute;n que ejerce&rdquo;. Habl&oacute; de rupturas, cortes hist&oacute;ricos y t&eacute;cnicas para reflexionar sobre la suerte del periodismo deportivo. Toda una arqueolog&iacute;a del sobar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Pelo fue aqu&iacute;, en donde calavero/ calva no s&oacute;lo limpia, sino hidalga/ h&aacute;seme vuelto la cabeza nalga/ antes greguescos pide que sombrero.</em> <strong>Francisco de Quevedo</strong> describe como un tercer gl&uacute;teo a la cabeza sin pelambre. Pero, &iquest;qu&eacute; decir de nuestros primeros pelados, aquellos que podr&iacute;an ser objeto de se&ntilde;alamiento cuando no exist&iacute;a la prescripci&oacute;n de hablar acerca de los cuerpos ajenos? El m&aacute;s grande, <strong>Domingo Faustino Sarmiento</strong>, sin dudas. <strong>Leopoldo Lugones</strong> lo pinta en sus inicios con &ldquo;peluca y barba unitaria, ojos melanc&oacute;licos, mejillas caedizas de dogo, patillas pata de cabra, migote marcial&rdquo; y una &ldquo;ceja encrespada&rdquo; que afiera la mirada. Sarmiento se despoj&oacute; de ese ornamento, asumi&oacute; el rev&eacute;s incontestable de la calvicie para que florezcan mejor sus pensamientos: civilizaci&oacute;n y barber&iacute;a.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ezequiel Mart&iacute;nez Estrada</strong>, quien ve&iacute;a al autor de <em>Facundo </em>como un resumen de todas las contradicciones argentinas, tambi&eacute;n era calvo. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es esto?&rdquo;, dir&iacute;a tal vez sobre este presente. <strong>Carlos Pagni</strong> irrumpe desde hace a&ntilde;os como una suerte de Yul Brynner ilustrado. Sus art&iacute;culos en <em>La Naci&oacute;n</em>, robustecidos siempre con la ayuda de alg&uacute;n nombre del canon, <strong>Jorge Luis Borges</strong>, por ejemplo, pueden ser le&iacute;dos como ensayos urgentes de un intelectual ladeado hacia la derecha. Su habla florida e ir&oacute;nica se materializa en las columnas de los d&iacute;as martes, que son transcripciones de un mon&oacute;logo televisivo. Pagni, historiador y ex profesor universitario, public&oacute; <em>El nudo</em>, un libro que discute las experiencias sociales del conurbano y el 2001 y sus efectos. &ldquo;En esos d&iacute;as turbulentos cayeron presidentes y colaps&oacute; un r&eacute;gimen monetario y cambiario. Pero, sobre todo, se aceler&oacute; la descomposici&oacute;n del Estado de bienestar tal como hab&iacute;a sido concebido desde los primeros gobiernos de Juan Domingo Per&oacute;n. El terremoto se desarroll&oacute; sobre todo en una geograf&iacute;a. El modelo econ&oacute;mico que hab&iacute;a entrado en convulsi&oacute;n estall&oacute; en el lugar donde se lo hab&iacute;a fundado. El conurbano de la provincia de Buenos Aires. En medio de esas ruinas hizo su aparici&oacute;n un nuevo drama: la pobreza&rdquo;. Argentina era un pa&iacute;s con pobres. &ldquo;Pero a partir de 2001 emergi&oacute; la pobreza como un fen&oacute;meno sist&eacute;mico&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El voluminoso y pol&eacute;mico ensayo estableci&oacute; un diferencial respecto de los dem&aacute;s periodistas pol&iacute;ticos. En varias entrevistas televisivas, Pagni eligi&oacute; el lugar que parece mejor representarlo: la biblioteca. Se coloc&oacute; delante de estanter&iacute;as atiborradas para que hablen e intimiden a los entrevistadores, a veces balbuceantes, temerosos al derrape. A su modo, forma parte de la estirpe se&ntilde;alada por Sinesio de Cirene. Sin embargo, esa articulaci&oacute;n entre libro y calvicie se quiebra, lo deja en la actualidad casi solo y acaso estupefacto frente a otros pelados que se rebelan contra el lenguaje: el diputado <strong>Jos&eacute; Luis Espert</strong> y, en especial, <strong>Esteban Marcos Trebucq</strong> (para una m&aacute;s pertinaz y disparatada descripci&oacute;n recomiendo <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/delantera-metegol_129_10934165.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la cr&oacute;nica</a> de <strong>Juan Jos&eacute; Becerra</strong> del pasado domingo). El presidente de los mandamientos y los mandatos far&oacute;nicos ha encontrado en el ahora periodista de <em>La Naci&oacute;n</em>+<em> </em>un interlocutor de privilegio. Dos caras de una misma moneda del esquilme econ&oacute;mico y gramatical: el cultor de la tierra arrasada, conocido por sus seguidores como &ldquo;El Peluca&rdquo;, y el hombre del casco rasurado, &uacute;ltimo eslab&oacute;n de la mencionada serie decreciente sobre las relaciones entre la ausencia de cabello y el verdor de las palabras y conceptos que comienza en lo m&aacute;s alto con Sarmiento, pasa por Mart&iacute;nez Estrada sin menguar, declina en un Pagni todav&iacute;a anal&oacute;gico y agoniza en este crep&uacute;sculo digital y &aacute;grafo con Trebucq. No solo han ca&iacute;do pelos sino un mundo.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elogio-declinacion-calvicie_129_10955409.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Feb 2024 03:13:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elogio y declinación de la calvicie]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Esteban Trebucq,Carlos Pagni,Michel Foucault,Domingo Faustino Sarmiento]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Delantera de metegol]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/delantera-metegol_129_10934165.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b14609b-cbf1-43c2-bbde-7995b6aa872a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Delantera de metegol"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace dos meses, La Nación+ entrevistó al Presidente Javier Milei a través de Jonathan Viale, Luis Majul y Pablo Rossi. Pasó el tiempo y hoy contemplamos el mismo cuadro con una pequeña modificación.</p></div><p class="article-text">
        Hace dos meses, La Naci&oacute;n+ entrevist&oacute; al Presidente <strong>Javier Milei </strong>por medio de una delantera de metegol que hac&iacute;a girar en molinete a <strong>Jonathan Viale</strong>, <strong>Luis Majul </strong>y <strong>Pablo Rossi</strong>, recalentando el eje bien engrasado que los conectaba como tres ventiladores en l&iacute;nea. Uno cabeza abajo, todos cabeza abajo. Uno cabeza arriba, todos cabeza arriba. Con Majul en el centro y Rossi a su izquierda, el margen derecho lo ocupaba Viale, el &uacute;nico con papeles en la mano. 
    </p><p class="article-text">
        Pero separarlos por unidades humanas aut&oacute;nomas no es justo con la imagen de solidaridad de especie y armon&iacute;a moral que nos han dado. Es mejor describirlos como un traje con tres corbatas por cuyos lazos asomaban sus cabezotas siamesas, m&aacute;s algunos gestos de sabidur&iacute;a probada: los deditos en la mejilla a lo <strong>Mirtha Legrand,</strong> las sonrisas p&iacute;caras de anuencia gratuita, la voluntad inquebrantable de barrefondo humano que se traga hasta la &uacute;ltima bacteria de las aguas servidas y los cabeceos de aprobaci&oacute;n interminables frente a la investidura del Presidente Milei que los detractores asocian a una actividad popular del sexo sin penetraci&oacute;n y yo, que tengo alma de naturalista, al querido picidae del orden de los piciformes, conocido como p&aacute;jaro carpintero.
    </p><p class="article-text">
        Pas&oacute; el tiempo y hoy, dos meses m&aacute;s tarde, contemplamos el mismo cuadro con una peque&ntilde;a modificaci&oacute;n. Jony Viale abandon&oacute; la silla atornillalada a la derecha de Majul y entr&oacute; en su lugar <strong>Esteban Trebucq</strong>, una persona que usa reloj y un d&iacute;a le dijo a <strong>Eduardo Feinmann </strong>que era &ldquo;una ametralladora de datos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Abre el juego Majul, ese b&uacute;falo de la verdad, que es el que ahora tiene los papeles en la mano para que se vea que las entrevistas a los presidentes requieren estudios de profundidad, preferentemente impresos. Los que no le llegan a Majul al taco de sus zapatos filamentosos, hablar&aacute;n de guion, de rutina, de minuta. Nombrar&aacute;n la palabra &ldquo;sobre&rdquo;. &iquest;Acaso no saben que la envidia mata al que la profesa? El Presidente Milei tiembla como una hoja de &aacute;lamo en el pampero porque Majul es implacable y la letalidad de sus cuestionamientos podr&iacute;a destruirlo. 
    </p><p class="article-text">
        Majul saca de su arsenal las armas de destrucci&oacute;n masiva. Est&aacute;n apoyadas en el pa&ntilde;o de la decencia profesional llevada a las galaxias m&aacute;s distantes. Tira a matar: &ldquo;20,6% de inflaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; significa?&rdquo;. Ah, uf, oh&hellip; Cuando las palabras de admiraci&oacute;n no alcanzan, pintan las interjecciones. Qu&eacute; dios de la estocada. El Presidente Milei no est&aacute; c&oacute;modo, est&aacute; golpeado, pero se recupera y se extiende durante cuatro minutos limpios en consideraciones sobre la manera en que la inflaci&oacute;n est&aacute; bajando, dado que el mes pasado fue m&aacute;s alta. Les traduzco la idea: nos hacen poner las manos sobre la mesa y nos pegan diez martillazos, uno en cada dedo; y al mes siguiente nos pegan ocho. &iquest;En qu&eacute; mes nos fue &ldquo;mejor&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        Pero que nos perdone el Presidente Milei. No nos interesa lo que diga en tanto estadista que desea aliviar el sufrimiento de su pueblo. Nos atraen mucho m&aacute;s las preguntas porque en ellas radica la posici&oacute;n incorruptible de estos tres ejemplos de compromiso civil cuya transparencia nos hace pensar en el&hellip; vidrio. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rossi ataca a la yugular. Le habla de licuaci&oacute;n de salarios. &iquest;Quiere morir? &iquest;Quiere matar? &iquest;C&oacute;mo se puede jugar tanto la vida un ser humano con una pregunta? El Presidente Milei, en un registro facial de gravedad con algunas chispas de comedia que no terminan de encenderse (como si las muecas de Benny Hill aparecieran de golpe en el rostro vencido de Elvis Presley en el Marquet Square Arena de Indian&aacute;polis), le dice que la devaluaci&oacute;n evit&oacute; la hiperinflaci&oacute;n. Otros cuatro minutos, interrumpidos cuando el individuo que tiene un reloj y se cuelga los dedos del balc&oacute;n de su boca para ofrecerlo a los ojos de la envidia, pregunta con un sonido ahogado, tipo <strong>Chirolita</strong> hablando desde adentro de la valija de <strong>Chasman</strong>, si <strong>Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner</strong> sabe de econom&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Son m&aacute;quinas infernales con tracci&oacute;n a &eacute;tica. Incluso, mientras el Presidente Milei contesta, Majul le pregunta si la impresi&oacute;n subrayada del documento de Cristina Fern&aacute;ndez con cr&iacute;ticas al gobierno es de &eacute;l. El Presidente le dice que s&iacute;. Entonces, &iquest;por qu&eacute; a la impresi&oacute;n la tiene en la mano Majul sin que hayamos visto el momento en que el Presidente Milei se la alcanz&oacute;? Es como si le dij&eacute;ramos a un amigo: &ldquo;este calzoncillo que acab&aacute;s de comprar y tengo puesto yo, &iquest;es tuyo?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es que las ansias de Majul por hacer una Argentina &ldquo;non poronga&rdquo;, lo llevan a veces a olvidar que hay recursos abocados a mantener un piso de verosimilitud en sus aportes. Son los instrumentos de la literatura, el montaje y las sagacidades que operan en los cuentos. Voluntad no le falta. Quiz&aacute;s s&iacute;, un tallercito literario como para darle a su empuje la calidad t&eacute;cnica que se merece. De lo contrario, terminamos viendo a un personaje repasando el libreto de otro. 
    </p><p class="article-text">
        La cristinopat&iacute;a queda desplazada cuando Rossi saca a relucir la gira del Presidente Milei por Italia a Israel, y aparece la figura del Papa y la cuesti&oacute;n &ldquo;internacional&rdquo;. La persona del reloj va a fondo: &ldquo;&iquest;Mart&iacute;n Menem est&aacute; firme como rulo de estatua?&rdquo;, &ldquo;&iquest;qu&eacute; pens&aacute;s del conflicto docente?&rdquo;. Luego, un molinete sobre los fideicomisos y los fondos fiduciarios. All&iacute; est&aacute;n girando a lo loco las tres cabecitas, cod&eacute;andose en un pasillo angosto para ver qui&eacute;n llega primero a demostrar todo lo que sabe sobre esas &ldquo;cajas negras de la pol&iacute;tica&rdquo;, que es la frase con la que el Presidente Milei conecta el centro envenenado de tres pies. 
    </p><p class="article-text">
        El Presidente Milei est&aacute; pr&aacute;cticamente en el piso, sin ox&iacute;geno, v&iacute;ctima de este ataque en ri&ntilde;a de una delantera de periodistas sangrienta. &iquest;C&oacute;mo es que no tienen miedo? Majul, el que m&aacute;s ha desafiado el poder, le asesta el &uacute;ltimo golpe: &ldquo;Nosotros entendimos. &iquest;Qu&eacute; le dir&iacute;as a la gente?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/delantera-metegol_129_10934165.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Feb 2024 03:01:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Delantera de metegol]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jonatan Viale,Luis Majul,Pablo Rossi,Esteban Trebucq]]></media:keywords>
    </item>
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