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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Los Gatos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/los-gatos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Los Gatos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Más allá del flequillo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/flequillo_129_12915279.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43bd8149-13fb-4506-b346-6cf78dc63299_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más allá del flequillo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La revista Pelo sacralizó, para el rock argentino, una categoría moral que colocaba la autenticidad por sobre cualquier análisis estético. Ya la música llamada clásica había instituido su valor en bases parecidas: lo espiritual por sobre lo frívolo. Pero hace tiempo que lo “popular” dejó de ser sinónimo de pasatista y lo “clásico” garantía de profundidad. Hay, sin embargo, una gran diferencia entre ambas tradiciones: el papel de la interpretación. Y versiones que se adueñaron de las obras. Y otras capaces, incluso, de mejorar a sus autores.</p></div><p class="article-text">
        En ingl&eacute;s, la palabra &ldquo;fringe&rdquo; significa, a la vez, &ldquo;flequillo&rdquo; y &ldquo;frontera&rdquo;. Y, en efecto, el pelo, desde el naciente rock de fines de los 60, signific&oacute; una verdadera franja divisoria en la configuraci&oacute;n del valor de&nbsp;la m&uacute;sica popular en la Argentina. <strong>Daniel Ripoll</strong>, un periodista que hab&iacute;a dirigido la revista <em>Pinap</em> entre 1968 y 1969, y que ese a&ntilde;o organiz&oacute; el primer gran festival dedicado a esos g&eacute;neros todav&iacute;a imprecisos que circulaban como &ldquo;beat&rdquo;, el 4 de febrero de 1970 dio a luz una nueva publicaci&oacute;n. Su nombre era <em>Pelo</em> y fue la que traz&oacute;, con claridad, la frontera.
    </p><p class="article-text">
        La revista zanjaba, en alguna medida, un duelo personal. La distancia entre <em>Pelo</em> y <em>Pinap</em> era la misma que separaba al Festival Pinap, del 69, y al primer BaRock, producido por Ripoll en 1970. Y era la que pod&iacute;a medirse entre dos discos de <strong>Los Gatos</strong>, <em>Seremos amigos</em> y <em>Beat N&ordm; 1</em>. La grabaci&oacute;n de uno y otro estuvo separada apenas por unos pocos meses &nbsp;pero, no obstante, ambos fueron radicalmente distintos. Entre ellos hubo un viaje a los Estados Unidos y la compra de instrumentos &ndash;entre ellos un &oacute;rgano Hammond&ndash;, una separaci&oacute;n y una nueva reuni&oacute;n, con un nuevo guitarrista, <strong>Pappo</strong>, en lugar de <strong>Kay Galiffi</strong>. Y si el primero de los dos discos pertenec&iacute;a a ese campo un poco difuso conocido como beat, el segundo, a pesar de su nombre, sellaba su muerte. Bastar&iacute;a, para mensurar el tama&ntilde;o de la fractura, con comparar el tema que le daba el t&iacute;tulo al primero de ellos con el que cerraba el segundo. &ldquo;Seremos amigos&rdquo; dec&iacute;a: &ldquo;Un d&iacute;a te am&eacute; y eso fue ayer./ &nbsp;Hoy no puede ser, todo ha de cambiar&rdquo;. Y, en su estribillo, rubricaba: &ldquo;S&oacute;lo seremos amigos, amigos y nada m&aacute;s. S&oacute;lo seremos amigos y nadie nos molestar&aacute;&rdquo;. En &ldquo;Fuera de la ley&rdquo;, la notable voz de <strong>Litto Nebbia</strong> cantaba: &ldquo;Yo era peque&ntilde;o y en todo cre&iacute;a, las flores de un prado me hicieron feliz; luego crec&iacute; y comprend&iacute; que esas flores ten&iacute;an que morir. Fuera de la ley, fuera de la ley, siempre hasta el final.&rdquo; De la juvenilia que atravesaba una pel&iacute;cula como <em>El extra&ntilde;o de pelo largo</em>, protagonizada por Nebbia y estrenada en 1970, a estar &ldquo;fuera de la ley&rdquo;. Pero, tambi&eacute;n, del &oacute;rgano Farfisa haciendo un ritmo bailable a una canci&oacute;n de 11 minutos, con un largo solo en el nuevo Hammond que remit&iacute;a, en gran medida, a &ldquo;In-a-Gadda- Da-Vida&rdquo;, un tema de 11 minutos, con un prominente solo de &oacute;rgano, publicado en 1968 por el grupo <strong>Iron Butterfly</strong> y difundido durante todo el 69 por el programa radial <em>Modart en la noche</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Pelo</em> acu&ntilde;&oacute; un nombre para los dos territorios que quedaban a un lado y el otro de la l&iacute;nea fronteriza: progresivo y complaciente. Se trataba de una cierta actualizaci&oacute;n de aquellos t&eacute;rminos utilizados por el fil&oacute;sofo <strong>Theodor W. Adorno</strong> en su ensayo &ldquo;Reacci&oacute;n y progreso&rdquo;, de 1930. Y a ello se sumaba el imperativo del idioma. Por encima de cualquier cuesti&oacute;n estil&iacute;stica, lo progresivo argentino deb&iacute;a estar cantado en castellano y el ingl&eacute;s era prueba suficiente de complacencia. Hasta podr&iacute;a imaginarse una estrofa de &ldquo;No pibe&rdquo;, de <strong>Manal</strong>, diciendo &ldquo;no hay que cantar en ingl&eacute;s, ni ir a bailes de graduaci&oacute;n&rdquo;. Incidentalmente, <strong>La Joven Guardia</strong>, el grupo cuyo &eacute;xito del 69 hab&iacute;a titulado el film estelarizado por Nebbia, tambi&eacute;n acus&oacute; el impacto de la ola &ldquo;progresiva&rdquo; con &ldquo;Los corderos enga&ntilde;ados&rdquo;,&nbsp;una canci&oacute;n grabada a fines de los 70 que, adem&aacute;s de una guitarra distorsionada incorporaba una cr&iacute;tica pol&iacute;tica y, llamativamente, una cierta burla al pacifismo que parec&iacute;a nutrir de manera homog&eacute;nea el naciente rock argentino. El bar donde se emborrachaba a los corderos estaba regenteado por el lobo. Y la letra dec&iacute;a, inequ&iacute;voca: &ldquo;Vino el &aacute;guila del norte a atender el bar/ con gaseosas y pel&iacute;culas sobre Vietnam./ &lsquo;Somos buenos&rsquo;, dijo el lobo, sin pensarlo m&aacute;s/ enga&ntilde;aba y ense&ntilde;aba/ el signo de la paz&rdquo;.&nbsp;El grupo no resisti&oacute; las diferencias ideol&oacute;gicas entre <strong>Roque Narvaja</strong> y <strong>Enrique Masllorens</strong>, por un lado, y el resto por el otro.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Pelo </em>hab&iacute;a introducido, como elemento esencial, lo moral. La autenticidad. Ser complaciente con el&nbsp;<em>status quo</em> o buscar el progreso. La visceralidad. Algo que quedar&iacute;a atado a la consideraci&oacute;n del &ldquo;rock nacional&rdquo;, que configurar&iacute;a futuras grietas, como la establecida entre el pop y el rock: la simpleza &ldquo;visceral&rdquo; de <strong>Pappo&rsquo;s Blues </strong>ser&iacute;a considerada, por algunos, moralmente superior a la complejidad detallista de <strong>Virus</strong> o <strong>Soda Stereo</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Esa distancia, m&aacute;s &eacute;tica que est&eacute;tica, entre lo fr&iacute;volo y pasatista y lo profundo y espiritual, ya estaba presente &ndash;y para algunos tal vez lo siga estando&ndash; en las ideas que establec&iacute;an a la m&uacute;sica de tradici&oacute;n acad&eacute;mica como tabla de medida para todas las m&uacute;sicas. M&aacute;s all&aacute; de que, eventualmente, puede haber grandes obras fr&iacute;volas y pasatistas &ndash;mucha de la historia de la &oacute;pera est&aacute; all&iacute; para demostrarlo&ndash;, los profundos cambios en las tradiciones populares, y la percepci&oacute;n creciente de sus riquezas, posibilitados por la grabaci&oacute;n del sonido y la aparici&oacute;n del disco y la radio, tiraron aquella idea por la borda. Lo que no quiere decir que entre la m&uacute;sica llamada cl&aacute;sica y la infinidad de estilos que siguen englobados en el campo casi infinito de &ldquo;m&uacute;sica popular&rdquo; &ndash;de <strong>Shakira</strong> a <strong>John Coltrane</strong> y de <strong>King Crimson</strong> a <strong>Julio Iglesias</strong>&ndash;, no haya diferencias. Hay una y fundamental: el valor de la interpretaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Salvo en el caso de la electr&oacute;nica, no hay m&uacute;sica sin interpretaci&oacute;n. Pero, en el terreno de la tradici&oacute;n acad&eacute;mica, aun cuando alimente una parte sustantiva del mercado &ndash;el culto a determinada soprano, las preferencias por tal o cual pianista&ndash;, la interpretaci&oacute;n es vista como un agregado a la obra, a la que se presupone ya completa en la partitura. En las m&uacute;sicas populares y de tradici&oacute;n popular, en cambio, sin sus versiones no hay nada. Y, para medirlo con un cl&aacute;sico, bien pueden escucharse algunas de las lecturas can&oacute;nicas &ndash;y todas ellas diferentes entre s&iacute;&ndash; de &ldquo;La Cumparsita&rdquo;. Para la sociedad de autores, la pieza es de <strong>Gerardo Matos Rodr&iacute;guez</strong> y de quienes le fueron agregando letra. Pero la escucha indica otra cosa. Las Cumparsitas de <strong>Roberto Firpo</strong>, <strong>Juan D&rsquo;Arienzo</strong>, <strong>An&iacute;bal Troilo</strong>, o las tres registradas por <strong>Astor Piazzolla</strong>, en 1950, 1956 y 1967, no son una misma obra. O no m&aacute;s que un mismo paisaje pintado por distintos artistas.
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    </figure><p class="article-text">
        Hay interpretaciones que se adue&ntilde;aron de ciertas obras. &ldquo;Cambalache&rdquo;, de <strong>Enrique Santos Disc&eacute;polo</strong>, fue grabado por primera vez, en diciembre de 1934, por la orquesta de <strong>Francisco Lomuto</strong> junto con el cantante <strong>Fernando D&iacute;az</strong>, pero no fue hasta que <strong>Julio Sosa</strong> lo registr&oacute; en 1958 y, sobre todo, hasta su segunda versi&oacute;n, de 1964, que encontr&oacute; su voz definitiva. Lo mismo podr&iacute;a decirse de &ldquo;Gar&uacute;a&rdquo; y <strong>Roberto Goyeneche</strong>, o de sus hallazgos de los &lsquo;70, &ldquo;Maquillaje&rdquo;, &ldquo;Afiches&rdquo; y &ldquo;Naranjo en flor&rdquo;. O de <strong>Mercedes Sosa</strong> y &ldquo;Balderrama&rdquo; o <strong>Juan Carlos Baglietto</strong> y &ldquo;Carta de un le&oacute;n a otro&rdquo;. O <strong>Nina Simone</strong> y &ldquo;I Put a Spell on You&rdquo; &ndash;aunque <strong>Creedence Clearwater Revival</strong> hizo tambi&eacute;n lo suyo&ndash;. Y, desde ya, en innumerables grabaciones de jazz, un g&eacute;nero en que la interpretaci&oacute;n est&aacute; en un primer plano absoluto. No es que no haya otras versiones geniales pero la de <strong>Johnny Hartman</strong> y el cuarteto de John Coltrane de &ldquo;My One and Only Love&rdquo;, el registro de <strong>Coleman Hawkins</strong> de &ldquo;Body and Soul&rdquo;, en 1939, <strong>Miles Davis</strong> en &ldquo;It Never Entered my Mind&rdquo;, en 1954, o<strong> </strong>el tr&iacute;o de<strong> Keith Jarrett </strong>en &ldquo;&rsquo;Round Midnight&rdquo; son la vara con la cual todas las dem&aacute;s deben medirse.
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    </figure><p class="article-text">
        En el pop-rock, un g&eacute;nero de autor, podr&iacute;a decirse, son muy pocas las versiones ajenas que se han impuesto a las de sus propios creadores. <strong>The Beatles</strong> han sido muy versionados y <strong>The Rolling Stones</strong> casi nada &ndash;una excepci&oacute;n notable es &ldquo;Sympathy for the Devil&rdquo;, en la genial relectura de <strong>Blood, Sweat &amp; Tears</strong>, y un lugar muy especial lo ocupa el Rhythm &amp; Blues que, con frecuencia, ha logrado convertir las canciones originales en otra cosa (y frecuentemente mejor). Una lista muy sucinta no deber&iacute;a omitir a <strong>Aretha Franklin</strong> en &ldquo;I Say a Little Prayer&rdquo;, empalideciendo la hermosa canci&oacute;n de <strong>Burt Bacharach</strong> que estren&oacute; <strong>Dionne Warwick</strong>, su int&eacute;rprete fetiche, <strong>Janis Joplin</strong> llevando a un plano muy diferente &ldquo;I Love Somebody&rdquo;, un &eacute;xito de <strong>The Bee Gees</strong>&nbsp;y, por supuesto, &ldquo;With a Little Help for My Friends&rdquo; por <strong>Joe Cocker</strong>. 
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        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/flequillo_129_12915279.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jan 2026 12:51:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Más allá del flequillo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Los Gatos,The Beatles,The Rolling Stones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuatro comienzos (y el principio de un final)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuatro-comienzos-principio-final_129_10954502.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/872497ab-7042-494c-923c-2347e43b5008_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuatro comienzos (y el principio de un final)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Manal y una bomba, La Barra de chocolate de Pajarito Zaguri y los 30 minutos de vida de Moris. Las voces alzadas de tres ex integrantes de un grupo llamado Los Beatniks. Y el presente de Vox Dei. Entre 1969 y 1970 el Beat dejó de llamarse como se llamaba, hubo tres festivales y una revista que fue la primera en hablar de “rock nacional”. Y también, una nota en la revista Primera Plana que decretaba el final.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Es una bomba&rdquo;, se dec&iacute;a de ellas. No se trataba de mujeres apenas bellas. M&aacute;s bien despampanantes. Explosivas. Y esas bombas usaban bikini, una peque&ntilde;a prenda cuyo nombre hab&iacute;a ca&iacute;do desde un atol&oacute;n en el Pac&iacute;fico, junto con la bomba nuclear arrojada all&iacute;, en Bikini, con la que el gobierno estadounidense comenz&oacute;, en 1946, la carrera armamentista que sirvi&oacute; de tel&oacute;n a la Guerra Fr&iacute;a. El creador de esa indumentaria de dos piezas hab&iacute;a sido un ingeniero automovil&iacute;stico, <strong>Louis R&eacute;ard</strong>. Y la striper <strong>Michelini Bernardini</strong> la bautiz&oacute; sin querer cuando le dijo, antes de la presentaci&oacute;n en p&uacute;blico: &ldquo;El desfile va a ser una bomba m&aacute;s fuerte que la de Bikini&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 1967, el a&ntilde;o del Sargento Pepper, una modelo argentina sal&iacute;a por primera vez en la tapa de una revista de inter&eacute;s general editada por una empresa familiar ligada a los sectores m&aacute;s conservadores de la iglesia cat&oacute;lica. La publicaci&oacute;n apelaba en su nombre a aquellos que all&iacute; aparec&iacute;an como personajes y, claro, a sus consumidores: <em>Gente</em>.&nbsp;Y el t&iacute;tulo de aquella tapa rezaba: &ldquo;Susana Gim&eacute;nez mat&oacute; en Mau-Mau&rdquo;. Bombas que mataban.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en un lugar llamado Tres Cascadas, situado en un paraje de Ascochinga, en C&oacute;rdoba, la bomba filmaba el anuncio comercial de un jab&oacute;n de tocador, lo m&aacute;s cercano al erotismo expl&iacute;cito que la dictadura eclesi&aacute;stico-militar de ese momento pod&iacute;a permitir. Mientras, en la caoital de esa misma provincia y en las ciudades de Corrientes, Rosario (Santa Fe) y Cipoletti (R&iacute;o Negro), otras explosiones resquebrajaban el poder del Tte Gral <strong>Juan Carlos Ongan&iacute;a</strong>, presidente de facto&nbsp;desde el golpe de Estado del 28 de junio de 1966. Un jab&oacute;n y unas pompas (&iquest;bombas?) que explotaban haciendo &ldquo;shock&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Una bomba, en la Argentina, ten&iacute;a otras resonancias. El 26 de junio de 1910, durante una funci&oacute;n de la &oacute;pera <em>Manon</em>, de <strong>Jules Massenet</strong>, un artefacto explosivo colocado aparentemente por anarquistas &ndash;acusaron a <strong>Iv&aacute;n</strong> o <strong>Juan Romanoff</strong>, un inmigrante ruso, aunque nunca hubo pruebas de su participaci&oacute;n&ndash; hab&iacute;a detonado bajo los asientos 422 y 424, en la fila 14 de la platea del Teatro Col&oacute;n de Buenos Aires.<strong> Dolores Urquiza</strong>, hija del general entrerriano que en 1852 hab&iacute;a derrocado a <strong>Juan Manuel de Rosas</strong>, su antiguo aliado, y que m&aacute;s tarde fue degollado por sicarios en su palacio provincial&ndash;, exclamaba con voz sonora, entre el humo y las corridas del p&uacute;blico, &ldquo;coraje, compatriotas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro 26 de junio, en 1955, un escuadr&oacute;n de la aviaci&oacute;n naval argentina hab&iacute;a matado 308&nbsp;personas y herido a otras 800 al bombardear la Plaza de Mayo de la ciudad capital. 
    </p><p class="article-text">
        En 1969, <strong>Susana Gim&eacute;nez</strong> hac&iacute;a shock en blanco y negro en los televisores argentinos, y un grupo musical participaba de un film semi experimental &ndash;donde Gim&eacute;nez aparec&iacute;a brevemente, bailando&ndash; dirigido por <strong>Ricardo Beche</strong>r y titulado <em>Tiro de gracia</em>. El tr&iacute;o se llamaba <strong>Manal</strong> y ese a&ntilde;o actuaba en el primer festival m&aacute;s o menos masivo destinado a la m&uacute;sica juvenil en la Argentina y empezaba a grabar su primer disco de larga duraci&oacute;n. El &aacute;lbum se edit&oacute; a comienzos del a&ntilde;o siguiente, en febrero de 1970 y en su tapa, contra un fondo amarillo, una bomba en blanco y negro conten&iacute;a las caras de sus integrantes, el guitarrista <strong>Claudio Gabis</strong>, el bajista <strong>Alejandro Medina</strong> y su baterista y cantante, <strong>Javier Mart&iacute;nez</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        La idea de la bomba &ndash;eran los a&ntilde;os del boom latinoamericano en el campo literario, del boom del folklore en el consumo masivo de la Argentina y hab&iacute;a una generaci&oacute;n conocida como <em>Baby Boom</em>&ndash; no era ajena, en todo caso, a lo que all&iacute; suced&iacute;a musicalmente. Y a los explosivos efectos de un grupo cuyas fuentes poco ten&iacute;an que ver con la prosapia de un g&eacute;nero que a&uacute;n se llamaba beat y que en muy poco tiempo empezar&iacute;a a ser nombrado como &ldquo;m&uacute;sica progresiva&rdquo;. Las historias posteriores lo consideraron fundante de esa entelequia bautizada &ldquo;rock nacional&rdquo;. Los integrantes del tr&iacute;o, esa &ldquo;buena mano&rdquo; &ndash;variaci&oacute;n personal sobre la jerga juvenil del momento y sobre la obligada pregunta &ldquo;c&oacute;mo viene la mano&rdquo;&ndash;, ese grupo de &ldquo;m&uacute;sica negra&rdquo;, cercano al jazz, al mundo de los happenings, al cine moderno del Grupo de los cinco y al universo que circulaba por el Bar Moderno, fueron los primeros en sorprenderse. Manal se codeaba con los dise&ntilde;adores&nbsp;gr&aacute;ficos de moda, con los poetas malditos de la escena porte&ntilde;a y con una cierta adaptaci&oacute;n marginal &ndash;y marginada&ndash; del universo beatnik. Ese grupo que convert&iacute;a la improvisaci&oacute;n &ndash;y el virtuosismo instrumental&ndash; en credo y que cantaba en castellano manifiestos anti burgueses, retratos de la angustia existencial y poderosas acuarelas de una ciudad atravesada por el blues y las amenazas nocturnas, no hac&iacute;a rock. No todav&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Eladia</h3><p class="article-text">
        En 1958, <strong>Eladia Bl&aacute;zquez</strong>, la autora de tangos m&aacute;s importante de las d&eacute;cadas del 60 y del 70, hab&iacute;a grabado por primera vez una canci&oacute;n propia. &ldquo;Un cigarrillo y un poco de alcohol/ y en mi ventana muri&eacute;ndose el sol&rdquo;, cantaba la autora, con dicci&oacute;n centroamericana para la &ldquo;ll&rdquo;, a la manera de los boleros. La acompa&ntilde;aba el grupo <strong>Los cuatro del Sur</strong>, encabezado por el contrabajista de jazz <strong>Jorge L&oacute;pez Ruiz</strong>. El tema no era un tango sino un blues. Y, si se escucha la versi&oacute;n de Bl&aacute;zquez de su famoso &ndash;y bello&ndash; &ldquo;Sue&ntilde;o de barrilete&rdquo;, incluido en su primer disco de larga duraci&oacute;n, editado, igual que el primero de Manal, en 1970, el gesto del blues &ndash;el fraseo, la respiraci&oacute;n, el desplazamiento r&iacute;tmico de la voz&ndash; es inocultable. En ese sabor a blues no es un dato menor, por otra parte, el piano de <strong>Osvaldo Berlingieri</strong>, un m&uacute;sico que, tanto en sus tr&iacute;os y cuartetos, con <strong>Leopoldo Federico</strong> o <strong>Ernesto Baffa </strong>en bandone&oacute;n, como en sus grabaciones con <strong>Roberto Goyeneche</strong>,&nbsp;frecuentemente coqueteaba con <em>blue notes</em> y elementos mel&oacute;dicos y r&iacute;tmicos del jazz. Blues en Buenos Aires.
    </p><p class="article-text">
        La voz de Mart&iacute;nez, que hab&iacute;a integrado el grupo <strong>Los Beatniks </strong>junto con <strong>Moris Biravent </strong>y <strong>Pajarito Zaguri</strong>, no pod&iacute;a pasar desapercibida. Contrariaba, por lo pronto, la tendencia a las voces declaradamente juveniles &ndash;y agudas&ndash; dominante en el pop. Era &ndash;o trataba de ser&ndash; una voz adulta: era grave, ten&iacute;a una ronquera que s&oacute;lo pod&iacute;a deberse a la experiencia &ndash;el humo y el alcohol a los que hab&iacute;a cantado Eladia Bl&aacute;zquez, con voz, ella tambi&eacute;n, grave y con ronquera&ndash; y que adem&aacute;s remit&iacute;a, sin lugar a dudas, al universo del Rhythm &amp; Blues negro. Si el modelo instrumental de Manal se ubicaba cerca de <strong>Cream</strong>, el tr&iacute;o de <strong>Eric Clapton</strong>, <strong>Jack Bruce</strong> y <strong>Ginger Baker</strong> &ndash;los amigos hab&iacute;an bautizado al grupo Ricota, en referencia a la crema de aquel tr&iacute;o&ndash; la voz ten&iacute;a como fuente m&aacute;s evidente a <strong>Ray Charles</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, adem&aacute;s, Mart&iacute;nez era baterista. No hab&iacute;a muchos que tocaran ese instrumento y cantaran a la vez y &eacute;l, por otra parte, nada ten&iacute;a que ver, en su manera de tocar, con el pop de entonces. La bater&iacute;a dialogaba con la voz, la bordeaba, la ornamentaba, y establec&iacute;a un rico contrapunto con los dem&aacute;s instrumentos. Mart&iacute;nez no cantaba desde el lugar de la bater&iacute;a, al fondo del escenario, sino que, al contrario, colocaba a ese instrumento en el centro y al frente. En el lugar de la voz. Hab&iacute;a una identificaci&oacute;n simbi&oacute;tica entre el grupo y ese cantante que transgred&iacute;a en casi todo el modelo de &iacute;dolo pop &ndash;empezando, posiblemente, por sus anteojos, un elemento totalmente ausente de la iconograf&iacute;a del g&eacute;nero hasta las lentes redondas que Lennon estren&oacute; sobre el final de la historia Beatle&ndash;.
    </p><h3 class="article-text">Javier</h3><p class="article-text">
        Javier Mart&iacute;nez, en una fiesta de cumplea&ntilde;os, compon&iacute;a junto con Claudio Gabis &ldquo;Avellaneda Blues&rdquo;. El lugar era el departamento de <strong>Pir&iacute; Lugones</strong>, en el Hogar Obrero, un fruto del cooperativismo con la forma de un edificio monumental de 22 pisos, en Caballito. Lugones, nieta del poeta e hija del inventor de la picana el&eacute;ctrica, pareja del escritor <strong>Rodolfo Walsh</strong> y fact&oacute;tum de la Editorial Jorge &Aacute;lvarez y de su extensi&oacute;n musical, el &nbsp;sello Mandioca (&ldquo;la madre de los chicos&rdquo;) ser&iacute;a, en 1976, una de las v&iacute;ctimas de la nueva dictadura militar. Secuestrada y desaparecida.
    </p><p class="article-text">
        La revista <em>Pelo</em> comenz&oacute; a publicarse en febrero de 1970, al mismo tiempo que se editaba el primer disco de larga duraci&oacute;n de Manal. Un disco llamado, como ellos, Manal pero al que todos llamaron &ldquo;La Bomba&rdquo;. La tapa de ese N&uacute;mero 1 anunciaba dos art&iacute;culos de fondo: &ldquo;EXCLUSIVO: Los dos McCartney&rdquo;, &ldquo;EXTRA: Los 30 mejores conjuntos del mundo&rdquo;.&nbsp;Debajo de ese anuncio, con la misma tipograf&iacute;a pero con may&uacute;sculas solo en el comienzo de cada palabra: &ldquo;Gran Poster: John y Yoko&rdquo;, En el z&oacute;calo de la tapa se agrupaban varios t&iacute;tulos m&aacute;s, separados entre s&iacute; por unos peque&ntilde;os c&iacute;rculos y con tipograf&iacute;a m&aacute;s peque&ntilde;a: &ldquo;Los millones de los Beatles&rdquo;, &ldquo;El cansancio de Los Gatos&rdquo;., &ldquo;El &uacute;ltimo d&iacute;a de Brian Jones&rdquo;, &ldquo;Manal, Almendra y la sexy Fedra&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de cinco p&aacute;ginas de publicidad y noticias breves, en la p&aacute;gina 6 comenzaba una entrevista a <strong>Almendra</strong>, titulada &ldquo;La &oacute;pera de la magia&rdquo;, en la que el grupo hablaba precisamente de su &oacute;pera &ndash;que jam&aacute;s lleg&oacute; a ser completada pero cuya Obertura fue incluida en el segundo disco de larga duraci&oacute;n del grupo&ndash; y de posibles giras &ndash;o emigraciones&ndash; al exterior. <strong>Paul McCartney</strong> y su hermano <strong>Mike</strong> (integrante del grupo <strong>Scaffold</strong>), cuya foto ilustraba tambi&eacute;n la tapa de la revista, un reportaje a <strong>Fedra</strong> (parte de un d&uacute;o con alguien llamado <strong>Maximilano</strong>), un art&iacute;culo sobre el grupo <strong>Piel Tierna</strong> (gestores de un m&oacute;dico hit con la canci&oacute;n &ldquo;El Loco Luis&rdquo;), un supuesto reportaje a <strong>Janis Joplin</strong>, una rese&ntilde;a sobre un grupo de dise&ntilde;adores de prendas&nbsp;unisex en Londres, la anunciada entrevista acerca del cansancio de <strong>Los Gatos</strong> &ndash;recientemente reconvertidos en grupo de rock, con <strong>Pappo</strong> en la guitarra&ndash;, notas sobre <strong>John </strong>y Yoko y sobre los <strong>Rolling Stones</strong> y su &uacute;ltimo disco, <em>Let it Bleed </em>y el &ldquo;informe especial&rdquo; acerca de &ldquo;Los 30 grupos de la revoluci&oacute;n pop&rdquo;, preced&iacute;an una foto conjunta &ndash;una especie de mini poster&ndash; de Almendra y Manal. En esa p&aacute;gina 35 de la revista no hab&iacute;a ning&uacute;n t&iacute;tulo ni ep&iacute;grafe. Tan solo la imagen que, es obvio, deb&iacute;a bastar para los lectores.
    </p><p class="article-text">
        Cinco p&aacute;ginas m&aacute;s adelante comenzaba la entrevista con Manal. Una entrevista agresiva, sin firma aunque realizada por el propio director de la revista, <strong>Daniel Ripoll</strong>, centrada en un recital donde el grupo hab&iacute;a rondado, para disgusto del entrevistador, la improvisaci&oacute;n libre. Algo que ya se hab&iacute;a escuchado &ndash;o que algunos pocos hab&iacute;an escuchado&ndash; en las participaciones de Manal en la pel&iacute;cula de Becher. 
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        &ldquo;Nosotros hicimos nuestra m&uacute;sica de siempre. Simplemente se meti&oacute; la nariz en cosas donde nunca antes lo hab&iacute;amos hecho&rdquo;, dec&iacute;a Mart&iacute;nez. Y ante la pregunta de <em>Pelo</em> (&ldquo;&iquest;En qu&eacute; cosas se metieron?&rdquo;) respond&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Ahhhhhhhh! &iexcl;No! De eso se tiene que haber dado cuenta el p&uacute;blico. O vos mismo. Si no, &iquest;a qu&eacute; fuiste?&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        En su segundo n&uacute;mero, Pelo publicaba la cr&iacute;tica del LP.&nbsp;&ldquo;&iquest;Y Qu&eacute; se puede decir de Manal? &iquest;Qu&eacute; son buenos? Eso ya lo sabe demasiada gente&rdquo;, comenzaba. &ldquo;La m&uacute;sica es de calidad, quiz&aacute; algo tradicional &ndash;no para la Argentina&ndash; pero excelentemente pensada&rdquo;, defin&iacute;a. Y en su descripci&oacute;n rubricaba: &ldquo;Las letras no tienen poes&iacute;a. Nada. Pero conmueven porque son duras. Y eso, a veces, hace falta&rdquo;. Por un lado estaba la evidente ceguera de quien no reconoc&iacute;a la posible poes&iacute;a de la dureza: el desgarro de frases como &ldquo;Hoy adivino qu&eacute; me pasa, por qu&eacute; mi nombre no soy yo, por qu&eacute; no tengo una casa, por qu&eacute; estoy solo y no soy&rdquo; o la contundencia expresiva de las oraciones secas y perfectas de &ldquo;Avellaneda Blues&rdquo;. Por otro, es necesario reparar en el hecho de que esa publicaci&oacute;n, que fue inmensamente influyente en la configuraci&oacute;n del canon de lo que poco despu&eacute;s llam&oacute; &ldquo;rock nacional&rdquo;, tuvo siempre un&nbsp;tono reglamentador. 
    </p><p class="article-text">
        Un objetivo que se plasm&oacute; en la formulaci&oacute;n del eje &ldquo;progresivo/ complaciente&rdquo; como organizador de la escucha juvenil argentina y que frecuentemente polemiz&oacute; con los propios m&uacute;sicos, juzg&aacute;ndolos moralmente cuando se desviaban de su verdadera misi&oacute;n progresiva &ndash;es decir art&iacute;stica y trascendente&ndash; hacia el temible submundo del entretenimiento puro.&nbsp;Y queda clara su incomodidad con Manal. No pod&iacute;an negar lo bien que tocaban pero su matriz reguladora chocaba contra ese joven blanco de voz negra y adulta, contra esas letras sin &ldquo;nada de poes&iacute;a&rdquo; pero, sobre todo, contra esa falta de certezas, contra personajes que, lejos de pregonar &ldquo;la revoluci&oacute;n del pop&rdquo; se preguntaban acerca de qui&eacute;nes eran, de por qu&eacute; hac&iacute;an lo que hac&iacute;an y estaban donde estaban y que aseguraban despertar reci&eacute;n en un mundo de rutinas, falsos valores y personas convertidas en aut&oacute;matas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si ves que se escapa la vida de tus manos/ si est&aacute;s arrepentido de haber jugado mal/ escribe alg&uacute;n poema, c&aacute;ntale a un amigo/ p&iacute;dele a este mundo que deje de jurar./ .../ Alza la voz que te van a escuchar/ aunque no escuchen, &aacute;lzala igual/ porque t&uacute; quieres vivir, porque no quieres morir..., cantaba Pajarito Zaguri en 1969. Fue el a&ntilde;o de Woodstock. Y tambi&eacute;n el a&ntilde;o transcurrido entre <em>S&oacute;lo seremos amigos</em>, el &uacute;ltimo disco beat de Los Gatos, y <em>Beat N&ordm; 1</em> donde el grupo se hab&iacute;a reconvertido al naciente rock y que, a pesar de su nombre, ya ten&iacute;a poco que ver con ese g&eacute;nero juvenil surgido del Merseybeat de Liverpool. 
    </p><h3 class="article-text">Pajarito</h3><p class="article-text">
        Entre ese a&ntilde;o y el siguiente, hubo, en Buenos Aires, tres festivales que, por primera vez, juntaron a esa discreta fauna que sol&iacute;a rondar lo que las revistas de la &eacute;poca llamaban &ldquo;la manzana loca&rdquo;. Zaguri, con su grupo <strong>La Barra de Chocolate</strong>, hab&iacute;a sido la estrella indiscutida del primero de esos festivales, donde tambi&eacute;n hab&iacute;an estado Almendra y Manal, adem&aacute;s de la <strong>Nueva Conexi&oacute;n No. 5</strong>, <strong>Trocha Angosta</strong> y otros grupos ya olvidados con cierta justicia. Lo hab&iacute;an presentado como Festival <em>Pinap</em> de la M&uacute;sica Beat y hab&iacute;a sido patrocinado por la revista de ese nombre, la primera que, sin demasiado rigor en cuanto a la homogeneidad est&eacute;tica de lo que presentaba y obedeciendo m&aacute;s bien a los designios de las compa&ntilde;&iacute;as de discos, se hab&iacute;a dirigido expl&iacute;citamente a un p&uacute;blico juvenil y tomando a la m&uacute;sica pop como su centro. 
    </p><p class="article-text">
        Se llev&oacute; a cabo en un anfiteatro que estaba entre la Facultad de Derecho y el desaparecido Italpark. Y hab&iacute;a planteado una suerte de concurso. La canci&oacute;n ganadora fue &ldquo;Alza la voz&rdquo;, de La Barra de Chocolate. El single vendi&oacute; 40.000 unidades en tres meses. En septiembre de 1970 lleg&oacute; el festival Rexina de la Primavera, en plena obra de la continuaci&oacute;n de la 9 de Julio, entre los escombros que ocupaban la esquina de la futura avenida con Santa Fe &ndash;all&iacute; Manal toc&oacute; &ldquo;Elena&rdquo;&ndash;, y en noviembre el primer BaRock, en el Vel&oacute;dromo, donde Manal y Almendra ya estaban al borde de sus respectivas disoluciones.
    </p><p class="article-text">
        Pajarito Zaguri se llamaba <strong>Alberto Ram&oacute;n Garc&iacute;a </strong>y compart&iacute;a su nombre art&iacute;stico con Pajarito G&oacute;mez, el &iacute;dolo pop de la pel&iacute;cula que <strong>Rodolfo Kuhn</strong> hab&iacute;a estrenado en 1965, y el apellido falso con el de <strong>Bob Zaguri</strong>, un novio brasile&ntilde;o con el que <strong>Brigitte Bardot</strong> hab&iacute;a andado por Buzios en 1964. Dec&iacute;a que el Zaguri se lo hab&iacute;a puesto Kuhn y es posible que el Pajarito tambi&eacute;n. &ldquo;Rebelde me llama la gente,/ rebelde es mi coraz&oacute;n./ Soy libre y quieren hacerme/ esclavo de una tradici&oacute;n...&rdquo;, hab&iacute;a cantado con Los Beatniks en 1966. El tema se llamaba, claro, &ldquo;Rebelde&rdquo; y en el otro lado del single estaba &ldquo;No finjas m&aacute;s&rdquo;. Pero hubo una tercera canci&oacute;n, que no lleg&oacute; a publicarse por miedo a la censura: &ldquo;Soldado&rdquo;. All&iacute;, la voz de Zaguri demandaba: &ldquo;Soldado, ya regresa, ven y no luches m&aacute;s&rdquo;. Vietnam quedaba lejos pero de las guerras m&aacute;s cercanas no se hablaba. Al fin y al cabo, el a&ntilde;o anterior <strong>Sandro</strong> hab&iacute;a incluido en su disco <em>El sorprendente mundo de Sandro</em> un tema cuya autor&iacute;a compart&iacute;a con <strong>F&eacute;lix Villa</strong> (en realidad <strong>F&eacute;lix Lipesker</strong>) y cuyo t&iacute;tulo era &ldquo;Johnny&rdquo;. La historia era la misma que la de la novela <em>Johnny fue a la guerra</em>, de <strong>Dalton Trumbo</strong>, que aqu&iacute; tradujo Rodolfo Walsh y m&aacute;s adelante cantar&iacute;a <strong>Metallica</strong> en &ldquo;One&rdquo;. Ese texto era de 1939 y, su personaje, una v&iacute;ctima de la Guerra del &rsquo;14. Pero cuando Sandro cantaba &ldquo;Johnny por la causa fue a luchar, por un falso ideal de libertad, dejando sus tierras y su hogar, fue con ansias locas de matar, (donde estar&aacute;) derramando sangre fraternal...&rdquo;, tambi&eacute;n sonaba Vietnam. 
    </p><p class="article-text">
        El primer (y &uacute;nico) LP de La Barra de Chocolate sali&oacute; con pocos meses de diferencia con los de Manal y Almendra. Zaguri contaba que Los Beatniks hab&iacute;an copiando un poco a los Beatles &ldquo;pero con sandalias en vez de botitas&rdquo;. Hab&iacute;a en los temas del grupo, como en los de Moris (otro de los integrantes de los Beatniks) una apuesta a la que el futuro rock argentino no siempre honr&oacute;: dar cuenta de la ciudad. En uno de los temas, llamado expl&iacute;citamente &ldquo;Buenos Aires Beat&rdquo;, describ&iacute;a: &ldquo;Buenos Aires se adormece/ Corrientes es un billar/ Los bares as&iacute; desnudos/ Duermen su soledad... &rdquo;. Y, en &ldquo;Si supiera esta ni&ntilde;a&rdquo;: &ldquo;En la fiesta de ayer/ yo conoc&iacute;/ a una mujer/ que no hizo m&aacute;s que hablar/ de la ropa que hay que usar,/ de la forma de bailar./ Me pregunt&oacute;/ de d&oacute;nde soy/ y si pap&aacute;/ tiene casa en Pinamar,/ si tiene mucho que ver,/ si es doctor o militar./ Si supiera esta ni&ntilde;a/ cu&aacute;ntas veces me escond&iacute;/ con mi amigo Tango en la plaza/ por no tener d&oacute;nde dormir... &rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Mandioca, la extra&ntilde;a aventura de <strong>Jorge &Aacute;lvarez </strong>en el mundo de la cultura juvenil, editaba al tercer hombre de Los Beatniks, Moris. Un simple con &ldquo;El oso&rdquo; &ndash;lejos a&uacute;n de su destino de guitarreadas e himno de los jardines de infantes&ndash; y &ldquo;Ayer nom&aacute;s&rdquo;, una canci&oacute;n que Los Gatos hab&iacute;an grabado con otra letra, y luego un disco de larga duraci&oacute;n llamado <em>Treinta minutos de vida</em> que lleva ya m&aacute;s de medio siglo latiendo y que, en muchos aspectos, abri&oacute; un camino que no fue continuado por nadie. &ldquo;El oso&rdquo;, por supuesto. Pero, sobre todo, el retrato extraordinario de &ldquo;Pato trabaja en una carnicer&iacute;a&rdquo;: &ldquo;Todo empez&oacute; con el chiste que dec&iacute;a/ lo tuyo es m&iacute;o y lo m&iacute;o es m&iacute;o./ No comprend&iacute;amos que eso ser&iacute;a, lo que alg&uacute;n d&iacute;a nos herir&iacute;a./ Eran los d&iacute;as, los d&iacute;as de oro/ y el sol miraba sin preguntar. / Despu&eacute;s crecimos y nos fuimos del barrio,/ Pato trabaja en una carnicer&iacute;a. /Tiempos aquellos de los rosedales/ novias de flores, primeros cigarrillos&hellip;Hemos crecido y visto el mundo en los diarios/ el comunismo result&oacute; complicado&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El solo de guitarra de &ldquo;Avellaneda Blues&rdquo;, el bajo alucinado de &ldquo;Informe de un d&iacute;a&rdquo;, la pintura urbana pero, tambi&eacute;n, el desgarro existencial en Manal; las aguafuertes porte&ntilde;as de Zaguri; el relato trovadoresco de Moris. Tambi&eacute;n, esa continuaci&oacute;n suburbana de Manal encarnada por <strong>Vox Dei</strong>, con la crudeza &ndash;y la fuerza&ndash; de &ldquo;Cuero&rdquo; o &ldquo;Compulsi&oacute;n&rdquo; pero tambi&eacute;n con &ldquo;Presente&rdquo; una canci&oacute;n extraordinaria (que habr&iacute;a que leer a la luz de la influencia de la versi&oacute;n de Sandro de &ldquo;La casa del sol naciente&rdquo;) a la que el mal cine devalu&oacute;.
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        Como en &ldquo;Presente&rdquo;, todo comenzaba y todo conclu&iacute;a al fin. Almendra y Manal se separaban. Vox Dei cambiaba el cuero por la Biblia. Moris no volver&iacute;a a esos treinta minutos de iluminaci&oacute;n. Zaguri, de la acuarela bohemia, se quedaba con la bohemia y abandonaba la acuarela. Y la revista <em>Primera Plana</em>, con la firma de una de sus redactoras, <strong>Rosario A&ntilde;a&ntilde;os</strong>, dec&iacute;a, en octubre de 1970: &ldquo;Jimi Hendrix mor&iacute;a en Londres. La publicaci&oacute;n de los c&iacute;tricos graffiti de Yoko Ono con la innecesaria y formal introducci&oacute;n de John Lennon, la suspensi&oacute;n del Festival de Lobos. Y para colmo, la separaci&oacute;n de Almendra y las desventuras de Manal. Sobre llovido, mojado. Nunca tanta orfandad para la m&uacute;sica pop nacional. &hellip; Los organizadores del Festival sab&iacute;an del impacto de la noticia. Tambi&eacute;n quiso usarla el Club Hurac&aacute;n en el baile del &uacute;ltimo 29 de agosto. Pero los protagonistas faltaron al divorcio (p&uacute;blico). &rdquo;
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        <em>Diego Fischerman es autor del blog El sonido de los sue&ntilde;os: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Feb 2024 12:16:54 +0000]]></pubDate>
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