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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Almendra]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Almendra]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El rayo verde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rayo-verde_129_12897611.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/daa03491-4fd1-4ade-ac43-f6af1f2a09a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El rayo verde"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Julio De Caro, Duke Ellington, The Beatles, Almendra o Monteverdi hacen entendible aquello que tortura a públicos, filósofos y especialistas de diversa laya desde siempre: qué es lo que diferencia a cualquier expresión de un sentimiento de una obra de arte.</p></div><p class="article-text">
        <em>El rayo verde</em> es un film del director franc&eacute;s <strong>&Eacute;ric Rohmer</strong>. Fue estrenado en 1986 y es el quinto de su serie de <em>Comedias y Proverbios</em>. La pel&iacute;cula no ten&iacute;a libreto. Estaba librada a la improvisaci&oacute;n de su actriz principal, <strong>Marie Rivi&egrave;re</strong>. Y, como en su t&iacute;tulo, buscaba un momento m&aacute;gico. Aquel en que el sol, al ocultarse tras una superficie absolutamente plana &ndash;el mar&ndash; produce, con su &uacute;ltimo reflejo, una l&iacute;nea amarillo verdosa sobre el horizonte. El mismo t&iacute;tulo, y la misma b&uacute;squeda, asociada por una leyenda popular al encuentro del amor eterno, remit&iacute;a a una novela de <strong>Jules Verne</strong>, publicada por entregas, en 1882, en el peri&oacute;dico <em>Le Temps</em>. Y si para su personaje, ese &uacute;ltimo rayo de sol en el cielo se&ntilde;alar&iacute;a una epifan&iacute;a, para Rohmer era, sencillamente, el momento del arte. 
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                Julio Verne, El rayo verde                            </span>
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        En 1977, el fil&oacute;sofo estadounidense <strong>Nelson Goodman</strong> public&oacute; un art&iacute;culo titulado &ldquo;When is Art?&rdquo;, incluido en el libro <em>The Arts and Cognition</em>. &ldquo;Si los intentos de responder a la pregunta &lsquo;&iquest;Qu&eacute; es el arte?&rsquo; acaban en frustraci&oacute;n &ndash;dice&ndash; ello puede deberse &ndash;como suele ocurrir en filosof&iacute;a&ndash; a que se trata de la pregunta equivocada&rdquo;. Su duda, entonces &ndash;eventualmente la &uacute;nica capaz de plantearse el tema de lo conceptual, o de la influencia del contexto en el valor del arte e incluso en su definici&oacute;n como tal&ndash; ya no se refer&iacute;a al qu&eacute; sino al cu&aacute;ndo &ndash;o el d&oacute;nde&ndash;. El &ldquo;rayo verde&rdquo; de Goodman ya no estaba en el objeto sino en aquello que le confer&iacute;a un valor especial: las mitolog&iacute;as, la historia &ndash;y las historias personales&ndash;, ciertos consensos, los medios de comunicaci&oacute;n masiva. 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, no se mira de la misma manera un cuadro de <strong>Pablo Picasso</strong> que otro cuya firma se desconoce ni se escucha igual un demo de <strong>John Lennon</strong> que el de un cantante ignoto. Lo que se sabe de la obra es parte de la obra. Y la tela en blanco en una casa de insumos para pintores no tiene el mismo significado que colgada en una galer&iacute;a de arte &ndash;donde dice algo acerca del arte&ndash;, aun cuando ambas sean exactamente iguales. No obstante, la historia del arte en general y de la m&uacute;sica en particular est&aacute;n repletas de rayos verdes. De momentos en que la obra muestra su conciencia de s&iacute; misma como tal y pone en escena un salto, un desv&iacute;o. En que se despega de su contexto y de su necesidad funcional y, eventualmente, crea uno nuevo. &nbsp;Para volver a un ejemplo ya mencionado en esta secci&oacute;n, la aparici&oacute;n de unos timbales de orquesta &ndash;sutil, sin grandilocuencia, seguramente inadvertida para muchos, y mucho m&aacute;s con los tocadiscos de 1964&ndash; en el estribillo de &ldquo;Every Little Thing&rdquo;, una canci&oacute;n de <em>Beatles for Sale</em>, un disco en el que The Beatles, supuestamente, todav&iacute;a no eran experimentales. Y es que, si se busca all&iacute; un motivo, no hay otro que el arte mismo. Nada del protocolo de la canci&oacute;n popular, o de la m&uacute;sica asociada al baile juvenil, hac&iacute;an necesarios los timbales. Como tampoco har&iacute;a necesario que en &ldquo;The Fool on The Hill&rdquo; se alternaran flautas traveseras y flautas dulces (ya el uso de una flauta era suficientemente excepcional para una canci&oacute;n popular en 1967). 
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        En ocasiones ese salto es arm&oacute;nico. Y no necesita ser espectacular. Los acordes menores, en el momento en que la letra del &ldquo;Tema de Pototo&rdquo; dice &ldquo;la soledad es un amigo que no est&aacute;&rdquo;, no son revolucionarios ni mucho menos. Pero en ese momento, en esa canci&oacute;n, tienen el efecto de un rayo verde. Revelan algo que permanec&iacute;a oculto. Otorgan un nuevo sentido, Y, sobre todo, convierten a una buena canci&oacute;n beat en algo que ya no lo es. Parte del prodigio tiene que ver con la letra, desde ya &ndash;&iquest;a qui&eacute;n que, como <strong>Luis Alberto Spinetta</strong>, no se hubiera criado con el tango y el folklore argentino de los &rsquo;60, se le podr&iacute;a haber ocurrido hacer una &ldquo;canci&oacute;n beat&rdquo; sobre la muerte y la soledad?&ndash;. Pero sin ese tratamiento musical &ndash;el movimiento inverso entre el bajo de <strong>Emilio del Guercio</strong> y la guitarra el&eacute;ctrica de <strong>Edelmiro Molinari</strong> tampoco son irrelevantes&ndash; nada hubiera sido de la misma manera. 
    </p><p class="article-text">
        En otros casos, la singukaridad puede ser provocada por el timbre, como esos timbales de The Beatles o el extraordinario comienzo de &ldquo;El espectro de la rosa&rdquo; de <strong>H&eacute;ctor Berlioz</strong>, la segunda canci&oacute;n del ciclo <em>Noches de verano</em>, sobre poemas de <strong>Th&eacute;ophile Gautier</strong>. All&iacute;, la bell&iacute;sima melod&iacute;a inicial suena en un instrumento inidentificable. Y es que se trata de un instrumento que no existe. De una invenci&oacute;n de Berlioz al hacer que suenen al un&iacute;sono una flauta travesera de madera y un clarinete en la (el efecto se pierde, en gran medida, con la flauta de metal usual en la actualidad). Un recurso similar fue el que <strong>Duke Ellington</strong> cre&oacute; en 1930 para &ldquo;Mood Indigo&rdquo;, al enmascarar con sordinas los instrumentos de boquilla &ndash;trompeta y tromb&oacute;n&ndash; e invertir el lugar convencional de clarinete y tromb&oacute;n, haciendo que el primero tocara la l&iacute;nea m&aacute;s grave, en su registro extremo, y que el tromb&oacute;n, en sobreagudos, se hiciera cargo de la melod&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Dos piezas grabadas en 1926, una en Buenos Aires y la otra en Nueva York, muestran cuan temprano algunos creadores de la m&uacute;sica popular comenzaron a verse &ndash;y abordar la obra&ndash; como artistas. <strong>Julio De Caro</strong>, con su sexteto, en el estribillo de &ldquo;Guardia vieja&rdquo;, despu&eacute;s de un notable puente de su hermano Francisco en el piano, utiliza el registro m&aacute;s grave de los instrumentos, algo que en nada puede atribuirse a una necesidad del baile ni a una b&uacute;squeda de popularidad. Y Ellington, en &ldquo;East St. Louis Toodle Oo&rdquo;, juega tambi&eacute;n con una tonalidad oscura, absolutamente alejada de las convenciones del jazz primitivo. Tampoco hay otro motivo que el propio placer, el juego y la experimentaci&oacute;n de los m&uacute;sicos, para la polirritmia de &ldquo;Chiclana&rdquo;, registrado en 1937 por Los Virtuosos, otro grupo que tuvo como protagonistas a los hermanos De Caro junto con <strong>Elvino Vardaro </strong>en el otro viol&iacute;n, y <strong>Ciriaco Ortiz</strong> y <strong>Carlos Marcucci </strong>en bandoneones.
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    </figure><p class="article-text">
        En esos casos, si bien es cierto que el contexto influy&oacute; en sus condiciones de existencia, de circulaci&oacute;n y de valoraci&oacute;n, mal que le pese a Goodman, la pregunta acerca de qu&eacute; es el arte puede responderse perfectamente. En parte, con la vieja idea del &ldquo;extra&ntilde;amiento&rdquo;, que barajaron los formalistas rusos hace m&aacute;s o menos un siglo. Y, con una cierta actualizaci&oacute;n, esa respuesta sigue estando bastante cerca de la de <strong>Georg Wilhelm Friedrich</strong> &nbsp;<strong>Hegel</strong> en sus notas sobre est&eacute;tica: que el arte nace cuando muere el ritual. En rigor el ritual no muere, o no del todo, o es reemplazado por otros, y la est&eacute;tica, como funci&oacute;n, puede no sustituirlo del todo. Pero se le impone. 
    </p><p class="article-text">
        Eventualmente, s&iacute; es cierto que algunos &aacute;mbitos ayudan, o directamente fuerzan, ese predominio de una nueva funci&oacute;n &ndash;valorativa del objeto en s&iacute;, focalizada en &eacute;l&ndash; que antes pod&iacute;a estar ausente o, simplemente, subordinada a otras. La galer&iacute;a o el museo colocan en el lugar del arte a la tela en blanco o a una escena religiosa pintada en el Renacimiento. Pero la naturaleza de ambos objetos es distinta: en el primer caso, sin el contexto no hay nada; en el segundo, s&iacute;. Podr&iacute;a pensarse que, aunque el pintor renacentista creara sus cuadros para un uso muy preciso, algo en su factura reclamaba una visi&oacute;n particular, o por lo menos contemplaba su posibilidad. Y la admiraci&oacute;n de algunos de sus contempor&aacute;neos, su se&ntilde;alamiento como &ldquo;maestros&rdquo;, distingui&eacute;ndolos de otros, lo demuestra. Ni la <em>Pasi&oacute;n seg&uacute;n San Mateo</em>, de <strong>Johann Sebastian Bach</strong> es solamente una obra dedicada al culto luterano en una peque&ntilde;a iglesia sajona del Siglo XVIII ni &ldquo;Guardia vieja&rdquo;, de De Caro, es solo una pieza bailable de 1926. Hay algo all&iacute;, en la tensi&oacute;n entre la obra y los materiales, que proclama la funci&oacute;n art&iacute;stica. Esta funci&oacute;n no es la &uacute;nica, desde ya, pero es la que toma la palabra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1638, en Venecia, se public&oacute; una de las obras musicales que explicita m&aacute;s tempranamente, con claridad, la cuesti&oacute;n de la tensi&oacute;n como presupuesto del arte. <strong>Claudio Monteverdi</strong> ten&iacute;a entonces 71 a&ntilde;os y su <em>Libro N&ordm; 8</em> de canciones, titulado <em>Madrigales guerreros y amorosos</em>, recopilaba obras creadas a lo largo de m&aacute;s de veinte a&ntilde;os. Un largo prefacio hablaba del estilo nuevo que el autor pon&iacute;a en pr&aacute;ctica y del efecto que causaba en el auditorio. Dec&iacute;a, por ejemplo, que en el estreno del <em>Combate entre Tancredi y Clorinda</em>, en el palacio de <strong>Girolamo Mocenigo</strong>, el p&uacute;blico hab&iacute;a llorado. Y dedicaba una importante serie de consideraciones a un peque&ntilde;o tr&iacute;ptico, <em>El lamento de la ninfa</em>, una de las obras m&aacute;s extraordinarias de toda la historia musical. 
    </p><p class="article-text">
        Hay, en la propia obra, grandes tensiones. Cada momento del texto de <strong>Ottavio Rinuccini</strong> tiene un tratamiento especial. Un comienzo casi danzante acompa&ntilde;a el texto &ldquo;No hab&iacute;a Febo, todav&iacute;a, tra&iacute;do al mundo el d&iacute;a&rdquo;, pero el verso siguiente, &ldquo;que una doncella fuera del propio albergue sali&oacute;&rdquo; incorpora graves extremos, en particular en el canto de la &uacute;ltima palabra. Se trata de tres cantantes masculinos, que hacen las veces de relatores, acompa&ntilde;ados por el bajo continuo &ndash;la unidad entre uno o varios instrumentos que tocan el bajo y los acordes, algo similar a la base de un grupo pop, con guitarra r&iacute;tmica y bajo&ndash;. Y la tensi&oacute;n aumenta a&uacute;n m&aacute;s con el verso que sigue: &ldquo;el rostro p&aacute;lido muestra su dolor&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El car&aacute;cter cambia de manera radical y las palabras &ldquo;su dolor&rdquo; sostienen, en notas largas, una disonancia extrema. El sentido teatral de la segunda parte, en que aparece la voz de la ninfa abandonada, imprecando al destino y a su amante traidor y transitando por un ampl&iacute;simo arco expresivo, marca, por a&ntilde;adidura otro contraste, el de la protagonista con los relatores. Un contraste del que Monteverdi habla, justamente, en su prefacio y que se refiere, en una &eacute;poca en la que nadie lo hac&iacute;a, a la interpretaci&oacute;n. Y se&ntilde;ala, por un lado, &ldquo;el tiempo de la mano&rdquo;, que es el de los tres cantantes masculinos, y, por otro, la parte de la ninfa, que &ldquo;debe cantarse de acuerdo con el tiempo del afecto del alma y no con el tiempo de la mano&rdquo;. Tensi&oacute;n en la armon&iacute;a, tensi&oacute;n con las reglas de la &eacute;poca y tensi&oacute;n r&iacute;tmica entre el relato &ldquo;objetivo&rdquo; y el lamento de la mujer sufriente. All&iacute; est&aacute; la funci&oacute;n est&eacute;tica. Puede pensarse al arte como aquello que sucede en los lugares del arte. O como lo que el consenso entre los productores y los consumidores de arte dice que es arte. O como todo aquello que un grupo de poder considera arte. Prefiero encontrarlo en la tensi&oacute;n entre la creaci&oacute;n y sus materiales. Prefiero al rayo verde.
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        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rayo-verde_129_12897611.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jan 2026 03:01:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El rayo verde]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Almendra,Julio Verne,The Beatles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuatro comienzos (y el principio de un final)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuatro-comienzos-principio-final_129_10954502.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/872497ab-7042-494c-923c-2347e43b5008_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuatro comienzos (y el principio de un final)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Manal y una bomba, La Barra de chocolate de Pajarito Zaguri y los 30 minutos de vida de Moris. Las voces alzadas de tres ex integrantes de un grupo llamado Los Beatniks. Y el presente de Vox Dei. Entre 1969 y 1970 el Beat dejó de llamarse como se llamaba, hubo tres festivales y una revista que fue la primera en hablar de “rock nacional”. Y también, una nota en la revista Primera Plana que decretaba el final.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Es una bomba&rdquo;, se dec&iacute;a de ellas. No se trataba de mujeres apenas bellas. M&aacute;s bien despampanantes. Explosivas. Y esas bombas usaban bikini, una peque&ntilde;a prenda cuyo nombre hab&iacute;a ca&iacute;do desde un atol&oacute;n en el Pac&iacute;fico, junto con la bomba nuclear arrojada all&iacute;, en Bikini, con la que el gobierno estadounidense comenz&oacute;, en 1946, la carrera armamentista que sirvi&oacute; de tel&oacute;n a la Guerra Fr&iacute;a. El creador de esa indumentaria de dos piezas hab&iacute;a sido un ingeniero automovil&iacute;stico, <strong>Louis R&eacute;ard</strong>. Y la striper <strong>Michelini Bernardini</strong> la bautiz&oacute; sin querer cuando le dijo, antes de la presentaci&oacute;n en p&uacute;blico: &ldquo;El desfile va a ser una bomba m&aacute;s fuerte que la de Bikini&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 1967, el a&ntilde;o del Sargento Pepper, una modelo argentina sal&iacute;a por primera vez en la tapa de una revista de inter&eacute;s general editada por una empresa familiar ligada a los sectores m&aacute;s conservadores de la iglesia cat&oacute;lica. La publicaci&oacute;n apelaba en su nombre a aquellos que all&iacute; aparec&iacute;an como personajes y, claro, a sus consumidores: <em>Gente</em>.&nbsp;Y el t&iacute;tulo de aquella tapa rezaba: &ldquo;Susana Gim&eacute;nez mat&oacute; en Mau-Mau&rdquo;. Bombas que mataban.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en un lugar llamado Tres Cascadas, situado en un paraje de Ascochinga, en C&oacute;rdoba, la bomba filmaba el anuncio comercial de un jab&oacute;n de tocador, lo m&aacute;s cercano al erotismo expl&iacute;cito que la dictadura eclesi&aacute;stico-militar de ese momento pod&iacute;a permitir. Mientras, en la caoital de esa misma provincia y en las ciudades de Corrientes, Rosario (Santa Fe) y Cipoletti (R&iacute;o Negro), otras explosiones resquebrajaban el poder del Tte Gral <strong>Juan Carlos Ongan&iacute;a</strong>, presidente de facto&nbsp;desde el golpe de Estado del 28 de junio de 1966. Un jab&oacute;n y unas pompas (&iquest;bombas?) que explotaban haciendo &ldquo;shock&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Una bomba, en la Argentina, ten&iacute;a otras resonancias. El 26 de junio de 1910, durante una funci&oacute;n de la &oacute;pera <em>Manon</em>, de <strong>Jules Massenet</strong>, un artefacto explosivo colocado aparentemente por anarquistas &ndash;acusaron a <strong>Iv&aacute;n</strong> o <strong>Juan Romanoff</strong>, un inmigrante ruso, aunque nunca hubo pruebas de su participaci&oacute;n&ndash; hab&iacute;a detonado bajo los asientos 422 y 424, en la fila 14 de la platea del Teatro Col&oacute;n de Buenos Aires.<strong> Dolores Urquiza</strong>, hija del general entrerriano que en 1852 hab&iacute;a derrocado a <strong>Juan Manuel de Rosas</strong>, su antiguo aliado, y que m&aacute;s tarde fue degollado por sicarios en su palacio provincial&ndash;, exclamaba con voz sonora, entre el humo y las corridas del p&uacute;blico, &ldquo;coraje, compatriotas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro 26 de junio, en 1955, un escuadr&oacute;n de la aviaci&oacute;n naval argentina hab&iacute;a matado 308&nbsp;personas y herido a otras 800 al bombardear la Plaza de Mayo de la ciudad capital. 
    </p><p class="article-text">
        En 1969, <strong>Susana Gim&eacute;nez</strong> hac&iacute;a shock en blanco y negro en los televisores argentinos, y un grupo musical participaba de un film semi experimental &ndash;donde Gim&eacute;nez aparec&iacute;a brevemente, bailando&ndash; dirigido por <strong>Ricardo Beche</strong>r y titulado <em>Tiro de gracia</em>. El tr&iacute;o se llamaba <strong>Manal</strong> y ese a&ntilde;o actuaba en el primer festival m&aacute;s o menos masivo destinado a la m&uacute;sica juvenil en la Argentina y empezaba a grabar su primer disco de larga duraci&oacute;n. El &aacute;lbum se edit&oacute; a comienzos del a&ntilde;o siguiente, en febrero de 1970 y en su tapa, contra un fondo amarillo, una bomba en blanco y negro conten&iacute;a las caras de sus integrantes, el guitarrista <strong>Claudio Gabis</strong>, el bajista <strong>Alejandro Medina</strong> y su baterista y cantante, <strong>Javier Mart&iacute;nez</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        La idea de la bomba &ndash;eran los a&ntilde;os del boom latinoamericano en el campo literario, del boom del folklore en el consumo masivo de la Argentina y hab&iacute;a una generaci&oacute;n conocida como <em>Baby Boom</em>&ndash; no era ajena, en todo caso, a lo que all&iacute; suced&iacute;a musicalmente. Y a los explosivos efectos de un grupo cuyas fuentes poco ten&iacute;an que ver con la prosapia de un g&eacute;nero que a&uacute;n se llamaba beat y que en muy poco tiempo empezar&iacute;a a ser nombrado como &ldquo;m&uacute;sica progresiva&rdquo;. Las historias posteriores lo consideraron fundante de esa entelequia bautizada &ldquo;rock nacional&rdquo;. Los integrantes del tr&iacute;o, esa &ldquo;buena mano&rdquo; &ndash;variaci&oacute;n personal sobre la jerga juvenil del momento y sobre la obligada pregunta &ldquo;c&oacute;mo viene la mano&rdquo;&ndash;, ese grupo de &ldquo;m&uacute;sica negra&rdquo;, cercano al jazz, al mundo de los happenings, al cine moderno del Grupo de los cinco y al universo que circulaba por el Bar Moderno, fueron los primeros en sorprenderse. Manal se codeaba con los dise&ntilde;adores&nbsp;gr&aacute;ficos de moda, con los poetas malditos de la escena porte&ntilde;a y con una cierta adaptaci&oacute;n marginal &ndash;y marginada&ndash; del universo beatnik. Ese grupo que convert&iacute;a la improvisaci&oacute;n &ndash;y el virtuosismo instrumental&ndash; en credo y que cantaba en castellano manifiestos anti burgueses, retratos de la angustia existencial y poderosas acuarelas de una ciudad atravesada por el blues y las amenazas nocturnas, no hac&iacute;a rock. No todav&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Eladia</h3><p class="article-text">
        En 1958, <strong>Eladia Bl&aacute;zquez</strong>, la autora de tangos m&aacute;s importante de las d&eacute;cadas del 60 y del 70, hab&iacute;a grabado por primera vez una canci&oacute;n propia. &ldquo;Un cigarrillo y un poco de alcohol/ y en mi ventana muri&eacute;ndose el sol&rdquo;, cantaba la autora, con dicci&oacute;n centroamericana para la &ldquo;ll&rdquo;, a la manera de los boleros. La acompa&ntilde;aba el grupo <strong>Los cuatro del Sur</strong>, encabezado por el contrabajista de jazz <strong>Jorge L&oacute;pez Ruiz</strong>. El tema no era un tango sino un blues. Y, si se escucha la versi&oacute;n de Bl&aacute;zquez de su famoso &ndash;y bello&ndash; &ldquo;Sue&ntilde;o de barrilete&rdquo;, incluido en su primer disco de larga duraci&oacute;n, editado, igual que el primero de Manal, en 1970, el gesto del blues &ndash;el fraseo, la respiraci&oacute;n, el desplazamiento r&iacute;tmico de la voz&ndash; es inocultable. En ese sabor a blues no es un dato menor, por otra parte, el piano de <strong>Osvaldo Berlingieri</strong>, un m&uacute;sico que, tanto en sus tr&iacute;os y cuartetos, con <strong>Leopoldo Federico</strong> o <strong>Ernesto Baffa </strong>en bandone&oacute;n, como en sus grabaciones con <strong>Roberto Goyeneche</strong>,&nbsp;frecuentemente coqueteaba con <em>blue notes</em> y elementos mel&oacute;dicos y r&iacute;tmicos del jazz. Blues en Buenos Aires.
    </p><p class="article-text">
        La voz de Mart&iacute;nez, que hab&iacute;a integrado el grupo <strong>Los Beatniks </strong>junto con <strong>Moris Biravent </strong>y <strong>Pajarito Zaguri</strong>, no pod&iacute;a pasar desapercibida. Contrariaba, por lo pronto, la tendencia a las voces declaradamente juveniles &ndash;y agudas&ndash; dominante en el pop. Era &ndash;o trataba de ser&ndash; una voz adulta: era grave, ten&iacute;a una ronquera que s&oacute;lo pod&iacute;a deberse a la experiencia &ndash;el humo y el alcohol a los que hab&iacute;a cantado Eladia Bl&aacute;zquez, con voz, ella tambi&eacute;n, grave y con ronquera&ndash; y que adem&aacute;s remit&iacute;a, sin lugar a dudas, al universo del Rhythm &amp; Blues negro. Si el modelo instrumental de Manal se ubicaba cerca de <strong>Cream</strong>, el tr&iacute;o de <strong>Eric Clapton</strong>, <strong>Jack Bruce</strong> y <strong>Ginger Baker</strong> &ndash;los amigos hab&iacute;an bautizado al grupo Ricota, en referencia a la crema de aquel tr&iacute;o&ndash; la voz ten&iacute;a como fuente m&aacute;s evidente a <strong>Ray Charles</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, adem&aacute;s, Mart&iacute;nez era baterista. No hab&iacute;a muchos que tocaran ese instrumento y cantaran a la vez y &eacute;l, por otra parte, nada ten&iacute;a que ver, en su manera de tocar, con el pop de entonces. La bater&iacute;a dialogaba con la voz, la bordeaba, la ornamentaba, y establec&iacute;a un rico contrapunto con los dem&aacute;s instrumentos. Mart&iacute;nez no cantaba desde el lugar de la bater&iacute;a, al fondo del escenario, sino que, al contrario, colocaba a ese instrumento en el centro y al frente. En el lugar de la voz. Hab&iacute;a una identificaci&oacute;n simbi&oacute;tica entre el grupo y ese cantante que transgred&iacute;a en casi todo el modelo de &iacute;dolo pop &ndash;empezando, posiblemente, por sus anteojos, un elemento totalmente ausente de la iconograf&iacute;a del g&eacute;nero hasta las lentes redondas que Lennon estren&oacute; sobre el final de la historia Beatle&ndash;.
    </p><h3 class="article-text">Javier</h3><p class="article-text">
        Javier Mart&iacute;nez, en una fiesta de cumplea&ntilde;os, compon&iacute;a junto con Claudio Gabis &ldquo;Avellaneda Blues&rdquo;. El lugar era el departamento de <strong>Pir&iacute; Lugones</strong>, en el Hogar Obrero, un fruto del cooperativismo con la forma de un edificio monumental de 22 pisos, en Caballito. Lugones, nieta del poeta e hija del inventor de la picana el&eacute;ctrica, pareja del escritor <strong>Rodolfo Walsh</strong> y fact&oacute;tum de la Editorial Jorge &Aacute;lvarez y de su extensi&oacute;n musical, el &nbsp;sello Mandioca (&ldquo;la madre de los chicos&rdquo;) ser&iacute;a, en 1976, una de las v&iacute;ctimas de la nueva dictadura militar. Secuestrada y desaparecida.
    </p><p class="article-text">
        La revista <em>Pelo</em> comenz&oacute; a publicarse en febrero de 1970, al mismo tiempo que se editaba el primer disco de larga duraci&oacute;n de Manal. Un disco llamado, como ellos, Manal pero al que todos llamaron &ldquo;La Bomba&rdquo;. La tapa de ese N&uacute;mero 1 anunciaba dos art&iacute;culos de fondo: &ldquo;EXCLUSIVO: Los dos McCartney&rdquo;, &ldquo;EXTRA: Los 30 mejores conjuntos del mundo&rdquo;.&nbsp;Debajo de ese anuncio, con la misma tipograf&iacute;a pero con may&uacute;sculas solo en el comienzo de cada palabra: &ldquo;Gran Poster: John y Yoko&rdquo;, En el z&oacute;calo de la tapa se agrupaban varios t&iacute;tulos m&aacute;s, separados entre s&iacute; por unos peque&ntilde;os c&iacute;rculos y con tipograf&iacute;a m&aacute;s peque&ntilde;a: &ldquo;Los millones de los Beatles&rdquo;, &ldquo;El cansancio de Los Gatos&rdquo;., &ldquo;El &uacute;ltimo d&iacute;a de Brian Jones&rdquo;, &ldquo;Manal, Almendra y la sexy Fedra&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de cinco p&aacute;ginas de publicidad y noticias breves, en la p&aacute;gina 6 comenzaba una entrevista a <strong>Almendra</strong>, titulada &ldquo;La &oacute;pera de la magia&rdquo;, en la que el grupo hablaba precisamente de su &oacute;pera &ndash;que jam&aacute;s lleg&oacute; a ser completada pero cuya Obertura fue incluida en el segundo disco de larga duraci&oacute;n del grupo&ndash; y de posibles giras &ndash;o emigraciones&ndash; al exterior. <strong>Paul McCartney</strong> y su hermano <strong>Mike</strong> (integrante del grupo <strong>Scaffold</strong>), cuya foto ilustraba tambi&eacute;n la tapa de la revista, un reportaje a <strong>Fedra</strong> (parte de un d&uacute;o con alguien llamado <strong>Maximilano</strong>), un art&iacute;culo sobre el grupo <strong>Piel Tierna</strong> (gestores de un m&oacute;dico hit con la canci&oacute;n &ldquo;El Loco Luis&rdquo;), un supuesto reportaje a <strong>Janis Joplin</strong>, una rese&ntilde;a sobre un grupo de dise&ntilde;adores de prendas&nbsp;unisex en Londres, la anunciada entrevista acerca del cansancio de <strong>Los Gatos</strong> &ndash;recientemente reconvertidos en grupo de rock, con <strong>Pappo</strong> en la guitarra&ndash;, notas sobre <strong>John </strong>y Yoko y sobre los <strong>Rolling Stones</strong> y su &uacute;ltimo disco, <em>Let it Bleed </em>y el &ldquo;informe especial&rdquo; acerca de &ldquo;Los 30 grupos de la revoluci&oacute;n pop&rdquo;, preced&iacute;an una foto conjunta &ndash;una especie de mini poster&ndash; de Almendra y Manal. En esa p&aacute;gina 35 de la revista no hab&iacute;a ning&uacute;n t&iacute;tulo ni ep&iacute;grafe. Tan solo la imagen que, es obvio, deb&iacute;a bastar para los lectores.
    </p><p class="article-text">
        Cinco p&aacute;ginas m&aacute;s adelante comenzaba la entrevista con Manal. Una entrevista agresiva, sin firma aunque realizada por el propio director de la revista, <strong>Daniel Ripoll</strong>, centrada en un recital donde el grupo hab&iacute;a rondado, para disgusto del entrevistador, la improvisaci&oacute;n libre. Algo que ya se hab&iacute;a escuchado &ndash;o que algunos pocos hab&iacute;an escuchado&ndash; en las participaciones de Manal en la pel&iacute;cula de Becher. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Nosotros hicimos nuestra m&uacute;sica de siempre. Simplemente se meti&oacute; la nariz en cosas donde nunca antes lo hab&iacute;amos hecho&rdquo;, dec&iacute;a Mart&iacute;nez. Y ante la pregunta de <em>Pelo</em> (&ldquo;&iquest;En qu&eacute; cosas se metieron?&rdquo;) respond&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Ahhhhhhhh! &iexcl;No! De eso se tiene que haber dado cuenta el p&uacute;blico. O vos mismo. Si no, &iquest;a qu&eacute; fuiste?&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        En su segundo n&uacute;mero, Pelo publicaba la cr&iacute;tica del LP.&nbsp;&ldquo;&iquest;Y Qu&eacute; se puede decir de Manal? &iquest;Qu&eacute; son buenos? Eso ya lo sabe demasiada gente&rdquo;, comenzaba. &ldquo;La m&uacute;sica es de calidad, quiz&aacute; algo tradicional &ndash;no para la Argentina&ndash; pero excelentemente pensada&rdquo;, defin&iacute;a. Y en su descripci&oacute;n rubricaba: &ldquo;Las letras no tienen poes&iacute;a. Nada. Pero conmueven porque son duras. Y eso, a veces, hace falta&rdquo;. Por un lado estaba la evidente ceguera de quien no reconoc&iacute;a la posible poes&iacute;a de la dureza: el desgarro de frases como &ldquo;Hoy adivino qu&eacute; me pasa, por qu&eacute; mi nombre no soy yo, por qu&eacute; no tengo una casa, por qu&eacute; estoy solo y no soy&rdquo; o la contundencia expresiva de las oraciones secas y perfectas de &ldquo;Avellaneda Blues&rdquo;. Por otro, es necesario reparar en el hecho de que esa publicaci&oacute;n, que fue inmensamente influyente en la configuraci&oacute;n del canon de lo que poco despu&eacute;s llam&oacute; &ldquo;rock nacional&rdquo;, tuvo siempre un&nbsp;tono reglamentador. 
    </p><p class="article-text">
        Un objetivo que se plasm&oacute; en la formulaci&oacute;n del eje &ldquo;progresivo/ complaciente&rdquo; como organizador de la escucha juvenil argentina y que frecuentemente polemiz&oacute; con los propios m&uacute;sicos, juzg&aacute;ndolos moralmente cuando se desviaban de su verdadera misi&oacute;n progresiva &ndash;es decir art&iacute;stica y trascendente&ndash; hacia el temible submundo del entretenimiento puro.&nbsp;Y queda clara su incomodidad con Manal. No pod&iacute;an negar lo bien que tocaban pero su matriz reguladora chocaba contra ese joven blanco de voz negra y adulta, contra esas letras sin &ldquo;nada de poes&iacute;a&rdquo; pero, sobre todo, contra esa falta de certezas, contra personajes que, lejos de pregonar &ldquo;la revoluci&oacute;n del pop&rdquo; se preguntaban acerca de qui&eacute;nes eran, de por qu&eacute; hac&iacute;an lo que hac&iacute;an y estaban donde estaban y que aseguraban despertar reci&eacute;n en un mundo de rutinas, falsos valores y personas convertidas en aut&oacute;matas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si ves que se escapa la vida de tus manos/ si est&aacute;s arrepentido de haber jugado mal/ escribe alg&uacute;n poema, c&aacute;ntale a un amigo/ p&iacute;dele a este mundo que deje de jurar./ .../ Alza la voz que te van a escuchar/ aunque no escuchen, &aacute;lzala igual/ porque t&uacute; quieres vivir, porque no quieres morir..., cantaba Pajarito Zaguri en 1969. Fue el a&ntilde;o de Woodstock. Y tambi&eacute;n el a&ntilde;o transcurrido entre <em>S&oacute;lo seremos amigos</em>, el &uacute;ltimo disco beat de Los Gatos, y <em>Beat N&ordm; 1</em> donde el grupo se hab&iacute;a reconvertido al naciente rock y que, a pesar de su nombre, ya ten&iacute;a poco que ver con ese g&eacute;nero juvenil surgido del Merseybeat de Liverpool. 
    </p><h3 class="article-text">Pajarito</h3><p class="article-text">
        Entre ese a&ntilde;o y el siguiente, hubo, en Buenos Aires, tres festivales que, por primera vez, juntaron a esa discreta fauna que sol&iacute;a rondar lo que las revistas de la &eacute;poca llamaban &ldquo;la manzana loca&rdquo;. Zaguri, con su grupo <strong>La Barra de Chocolate</strong>, hab&iacute;a sido la estrella indiscutida del primero de esos festivales, donde tambi&eacute;n hab&iacute;an estado Almendra y Manal, adem&aacute;s de la <strong>Nueva Conexi&oacute;n No. 5</strong>, <strong>Trocha Angosta</strong> y otros grupos ya olvidados con cierta justicia. Lo hab&iacute;an presentado como Festival <em>Pinap</em> de la M&uacute;sica Beat y hab&iacute;a sido patrocinado por la revista de ese nombre, la primera que, sin demasiado rigor en cuanto a la homogeneidad est&eacute;tica de lo que presentaba y obedeciendo m&aacute;s bien a los designios de las compa&ntilde;&iacute;as de discos, se hab&iacute;a dirigido expl&iacute;citamente a un p&uacute;blico juvenil y tomando a la m&uacute;sica pop como su centro. 
    </p><p class="article-text">
        Se llev&oacute; a cabo en un anfiteatro que estaba entre la Facultad de Derecho y el desaparecido Italpark. Y hab&iacute;a planteado una suerte de concurso. La canci&oacute;n ganadora fue &ldquo;Alza la voz&rdquo;, de La Barra de Chocolate. El single vendi&oacute; 40.000 unidades en tres meses. En septiembre de 1970 lleg&oacute; el festival Rexina de la Primavera, en plena obra de la continuaci&oacute;n de la 9 de Julio, entre los escombros que ocupaban la esquina de la futura avenida con Santa Fe &ndash;all&iacute; Manal toc&oacute; &ldquo;Elena&rdquo;&ndash;, y en noviembre el primer BaRock, en el Vel&oacute;dromo, donde Manal y Almendra ya estaban al borde de sus respectivas disoluciones.
    </p><p class="article-text">
        Pajarito Zaguri se llamaba <strong>Alberto Ram&oacute;n Garc&iacute;a </strong>y compart&iacute;a su nombre art&iacute;stico con Pajarito G&oacute;mez, el &iacute;dolo pop de la pel&iacute;cula que <strong>Rodolfo Kuhn</strong> hab&iacute;a estrenado en 1965, y el apellido falso con el de <strong>Bob Zaguri</strong>, un novio brasile&ntilde;o con el que <strong>Brigitte Bardot</strong> hab&iacute;a andado por Buzios en 1964. Dec&iacute;a que el Zaguri se lo hab&iacute;a puesto Kuhn y es posible que el Pajarito tambi&eacute;n. &ldquo;Rebelde me llama la gente,/ rebelde es mi coraz&oacute;n./ Soy libre y quieren hacerme/ esclavo de una tradici&oacute;n...&rdquo;, hab&iacute;a cantado con Los Beatniks en 1966. El tema se llamaba, claro, &ldquo;Rebelde&rdquo; y en el otro lado del single estaba &ldquo;No finjas m&aacute;s&rdquo;. Pero hubo una tercera canci&oacute;n, que no lleg&oacute; a publicarse por miedo a la censura: &ldquo;Soldado&rdquo;. All&iacute;, la voz de Zaguri demandaba: &ldquo;Soldado, ya regresa, ven y no luches m&aacute;s&rdquo;. Vietnam quedaba lejos pero de las guerras m&aacute;s cercanas no se hablaba. Al fin y al cabo, el a&ntilde;o anterior <strong>Sandro</strong> hab&iacute;a incluido en su disco <em>El sorprendente mundo de Sandro</em> un tema cuya autor&iacute;a compart&iacute;a con <strong>F&eacute;lix Villa</strong> (en realidad <strong>F&eacute;lix Lipesker</strong>) y cuyo t&iacute;tulo era &ldquo;Johnny&rdquo;. La historia era la misma que la de la novela <em>Johnny fue a la guerra</em>, de <strong>Dalton Trumbo</strong>, que aqu&iacute; tradujo Rodolfo Walsh y m&aacute;s adelante cantar&iacute;a <strong>Metallica</strong> en &ldquo;One&rdquo;. Ese texto era de 1939 y, su personaje, una v&iacute;ctima de la Guerra del &rsquo;14. Pero cuando Sandro cantaba &ldquo;Johnny por la causa fue a luchar, por un falso ideal de libertad, dejando sus tierras y su hogar, fue con ansias locas de matar, (donde estar&aacute;) derramando sangre fraternal...&rdquo;, tambi&eacute;n sonaba Vietnam. 
    </p><p class="article-text">
        El primer (y &uacute;nico) LP de La Barra de Chocolate sali&oacute; con pocos meses de diferencia con los de Manal y Almendra. Zaguri contaba que Los Beatniks hab&iacute;an copiando un poco a los Beatles &ldquo;pero con sandalias en vez de botitas&rdquo;. Hab&iacute;a en los temas del grupo, como en los de Moris (otro de los integrantes de los Beatniks) una apuesta a la que el futuro rock argentino no siempre honr&oacute;: dar cuenta de la ciudad. En uno de los temas, llamado expl&iacute;citamente &ldquo;Buenos Aires Beat&rdquo;, describ&iacute;a: &ldquo;Buenos Aires se adormece/ Corrientes es un billar/ Los bares as&iacute; desnudos/ Duermen su soledad... &rdquo;. Y, en &ldquo;Si supiera esta ni&ntilde;a&rdquo;: &ldquo;En la fiesta de ayer/ yo conoc&iacute;/ a una mujer/ que no hizo m&aacute;s que hablar/ de la ropa que hay que usar,/ de la forma de bailar./ Me pregunt&oacute;/ de d&oacute;nde soy/ y si pap&aacute;/ tiene casa en Pinamar,/ si tiene mucho que ver,/ si es doctor o militar./ Si supiera esta ni&ntilde;a/ cu&aacute;ntas veces me escond&iacute;/ con mi amigo Tango en la plaza/ por no tener d&oacute;nde dormir... &rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Mandioca, la extra&ntilde;a aventura de <strong>Jorge &Aacute;lvarez </strong>en el mundo de la cultura juvenil, editaba al tercer hombre de Los Beatniks, Moris. Un simple con &ldquo;El oso&rdquo; &ndash;lejos a&uacute;n de su destino de guitarreadas e himno de los jardines de infantes&ndash; y &ldquo;Ayer nom&aacute;s&rdquo;, una canci&oacute;n que Los Gatos hab&iacute;an grabado con otra letra, y luego un disco de larga duraci&oacute;n llamado <em>Treinta minutos de vida</em> que lleva ya m&aacute;s de medio siglo latiendo y que, en muchos aspectos, abri&oacute; un camino que no fue continuado por nadie. &ldquo;El oso&rdquo;, por supuesto. Pero, sobre todo, el retrato extraordinario de &ldquo;Pato trabaja en una carnicer&iacute;a&rdquo;: &ldquo;Todo empez&oacute; con el chiste que dec&iacute;a/ lo tuyo es m&iacute;o y lo m&iacute;o es m&iacute;o./ No comprend&iacute;amos que eso ser&iacute;a, lo que alg&uacute;n d&iacute;a nos herir&iacute;a./ Eran los d&iacute;as, los d&iacute;as de oro/ y el sol miraba sin preguntar. / Despu&eacute;s crecimos y nos fuimos del barrio,/ Pato trabaja en una carnicer&iacute;a. /Tiempos aquellos de los rosedales/ novias de flores, primeros cigarrillos&hellip;Hemos crecido y visto el mundo en los diarios/ el comunismo result&oacute; complicado&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El solo de guitarra de &ldquo;Avellaneda Blues&rdquo;, el bajo alucinado de &ldquo;Informe de un d&iacute;a&rdquo;, la pintura urbana pero, tambi&eacute;n, el desgarro existencial en Manal; las aguafuertes porte&ntilde;as de Zaguri; el relato trovadoresco de Moris. Tambi&eacute;n, esa continuaci&oacute;n suburbana de Manal encarnada por <strong>Vox Dei</strong>, con la crudeza &ndash;y la fuerza&ndash; de &ldquo;Cuero&rdquo; o &ldquo;Compulsi&oacute;n&rdquo; pero tambi&eacute;n con &ldquo;Presente&rdquo; una canci&oacute;n extraordinaria (que habr&iacute;a que leer a la luz de la influencia de la versi&oacute;n de Sandro de &ldquo;La casa del sol naciente&rdquo;) a la que el mal cine devalu&oacute;.
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        Como en &ldquo;Presente&rdquo;, todo comenzaba y todo conclu&iacute;a al fin. Almendra y Manal se separaban. Vox Dei cambiaba el cuero por la Biblia. Moris no volver&iacute;a a esos treinta minutos de iluminaci&oacute;n. Zaguri, de la acuarela bohemia, se quedaba con la bohemia y abandonaba la acuarela. Y la revista <em>Primera Plana</em>, con la firma de una de sus redactoras, <strong>Rosario A&ntilde;a&ntilde;os</strong>, dec&iacute;a, en octubre de 1970: &ldquo;Jimi Hendrix mor&iacute;a en Londres. La publicaci&oacute;n de los c&iacute;tricos graffiti de Yoko Ono con la innecesaria y formal introducci&oacute;n de John Lennon, la suspensi&oacute;n del Festival de Lobos. Y para colmo, la separaci&oacute;n de Almendra y las desventuras de Manal. Sobre llovido, mojado. Nunca tanta orfandad para la m&uacute;sica pop nacional. &hellip; Los organizadores del Festival sab&iacute;an del impacto de la noticia. Tambi&eacute;n quiso usarla el Club Hurac&aacute;n en el baile del &uacute;ltimo 29 de agosto. Pero los protagonistas faltaron al divorcio (p&uacute;blico). &rdquo;
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        <em>Diego Fischerman es autor del blog El sonido de los sue&ntilde;os: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Feb 2024 12:16:54 +0000]]></pubDate>
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