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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Gustav Meyrink]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/gustav-meyrink/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Gustav Meyrink]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La lengua, los monstruos y las pesadillas de una época]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lengua-monstruos-pesadillas-epoca_129_10975659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59e3c0cd-f2a2-48b4-a9c4-a97410c21d55_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lengua, los monstruos y las pesadillas de una época"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cuáles serán las palabras o frases de un futuro diccionario mile(i)narista? ¿Quién novelará, desde el submundo del capital financiero, el horror que nos acecha?</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No la ven&rdquo;, insiste Javi. El se&ntilde;alamiento de un d&eacute;ficit retiniano en los adversarios forma parte de un repertorio de palabras y sintagmas que definen estos casi tres meses. &nbsp;&ldquo;Pobre chico&rdquo;, &ldquo;Dep&oacute;sito&rdquo;, &ldquo;Playback&rdquo;, &ldquo;Si te gusta el durazno, bancate la pelusa&rdquo;, &ldquo;Nido de ratas&rdquo;, &ldquo;Ella empez&oacute;&rdquo;, &ldquo;Soretes&rdquo;, &ldquo;Basura&rdquo;, &ldquo;Mog&oacute;lico&rdquo;, &ldquo;Cucaracha&rdquo;, deber&aacute;n ser entradas de un futuro diccionario <em>mile(i)narista</em>. La noche del viernes anot&eacute;: &ldquo;Org&iacute;a&rdquo;, &ldquo;Funci&oacute;n de crecimiento geom&eacute;trico&rdquo;, &ldquo;Ox&iacute;moron&rdquo;, &ldquo;Organizaci&oacute;n criminal&rdquo;, &ldquo;Ensobrados&rdquo;, &ldquo;Macabeos&rdquo;, &ldquo;Sacrificio y dolor&rdquo;, &ldquo;Argentinos de bien&rdquo;, &ldquo;Degenerados fiscales&rdquo;, &ldquo;Mecanismo perverso&rdquo;, &ldquo;Esto no es opinable&rdquo;, &ldquo;Caja&rdquo;, &ldquo;Pauta&rdquo;, &ldquo;Vicio&rdquo;, &ldquo;Fiesta obscena&rdquo; y &ldquo;Sed de cambio&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n ser&aacute; nuestro <strong>Victor Klemperer</strong>? De origen jud&iacute;o, aunque profesaba la religi&oacute;n protestante, el fil&oacute;logo alem&aacute;n estaba casado con una mujer &ldquo;aria&rdquo;, seg&uacute;n el sistema clasificatorio nazi. Si bien salv&oacute; su vida, no pudo permanecer en la Universidad de Dresde, donde dirig&iacute;a el departamento de Rom&aacute;nicas y Literatura. Tampoco preservar su biblioteca. Trabaj&oacute; de lo que pudo y tom&oacute; nota de todo lo que <em>ve&iacute;a </em>y escuchaba en un pa&iacute;s que era hablado por un aparato ret&oacute;rico espeluznante. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Como juego par&oacute;dico al principio, como fugaz ayuda mnemot&eacute;cnica, como una especie de nudo en la corbata poco despu&eacute;s y a continuaci&oacute;n como leg&iacute;tima defensa, como un SOS que me enviaba a m&iacute; mismo durante todos los a&ntilde;os sucesivos de miseria, las siglas LTI se hallan en mis diarios&rdquo;. <em>LTI: Lingua Tertii Im perii, lengua del Tercer Reich.</em> As&iacute; se llama su documento de los a&ntilde;os de Hitler. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En aquellos a&ntilde;os, mis diarios me serv&iacute;an una y otra vez de balanc&iacute;n, sin el cual habr&iacute;a ca&iacute;do cientos de veces. En las horas de asco y desesperanza, en la infinita monoton&iacute;a de un trabajo absolutamente mec&aacute;nico en la f&aacute;brica, junto a las camas de enfermos y moribundos, junto a las tumbas, en los momentos de apuro o de suma humillaci&oacute;n o cuando el coraz&oacute;n ya no pod&iacute;a m&aacute;s f&iacute;sicamente, siempre me ayudaba esta exigencia que me planteaba a m&iacute; mismo: observa, analiza, guarda en la memoria lo que ocurre -ma&ntilde;ana ser&aacute; diferente, ma&ntilde;ana lo percibir&aacute;s de otra manera; reg&iacute;stralo tal como act&uacute;a y se manifiesta en el momento-. Y muy pronto esta exhortaci&oacute;n a ponerme por encima de la situaci&oacute;n y a conservar la libertad interna se plasm&oacute; en una sigla secreta cada vez m&aacute;s eficaz: &iexcl;LTI, LTI!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seguramente, en alg&uacute;n punto de esta ciudad, alguien ya hace anotaciones de esta lengua mile(i)narista en un diario personal de la perplejidad.
    </p><p class="article-text">
        II
    </p><p class="article-text">
        El 26 de julio de 1960, <strong>Fidel Castro Ruz</strong> convoca a una multitud en La Habana y subraya el sentido de la misi&oacute;n hist&oacute;rica que lleva adelante una isla. Cuba, dice en la Plaza de la Revoluci&oacute;n, es &ldquo;un ejemplo que puede convertir a la Cordillera de los Andes en la Sierra Maestra del continente americano&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pasemos por alto el derrotero del castrismo y una actualidad en la que sus autoridades le piden a la ONU que env&iacute;e leche en polvo. Lo que llama la atenci&oacute;n es lo siguiente: aquella exhortaci&oacute;n a transformar la extensa cadena monta&ntilde;osa que recorre el subcontinente en una nueva Sierra Maestra contrasta, 64 a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con el impulso que cobra la<em> motosierra</em>, no solo en Argentina sino del otro lado de la cordillera. En Chile, <strong>Johannes Kaiser</strong> irrumpe como sos&iacute;as ideol&oacute;gico de nuestro presidente, convirtiendo al pinochetista <strong>Jos&eacute; Antonio Kast</strong> en un blandengue, de cara a las pr&oacute;ximas elecciones. Javi es popular en esa misma Cuba donde la existencia de millones de tel&eacute;fonos celulares quebr&oacute; la hegemon&iacute;a del Estado burocr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La victoria del castrismo arm&oacute; en su momento un tremendo revuelo en las izquierdas latinoamericanas que, bajo el predominio de los partidos comunistas, cre&iacute;an al pie de la letra en la revoluci&oacute;n &ldquo;por etapas&rdquo;. El socialismo no pod&iacute;a alcanzarse si antes no se cumpl&iacute;an las tareas &ldquo;democr&aacute;tico-burguesas&rdquo;. Los partidos comunistas se fraccionaron y los disidentes abrazaron la lucha armada. Cuba, dijeron, les hab&iacute;a demostrado que se pod&iacute;an &ldquo;saltar&rdquo; esas etapas e ir al socialismo de un tir&oacute;n (y a los tiros, pero ese es otro debate). 
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso de esta discusi&oacute;n en tiempos de inversiones es que ahora involucra a la derecha y a la nueva derecha, como la llama el publicista <strong>Agust&iacute;n Laje</strong> para evitar el prefijo &ldquo;ultra&rdquo;. El macrismo fue &ldquo;gradualista&rdquo; y desde el 10 de diciembre, se trata de pisar el acelerador para no volver a fracasar, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. &ldquo;Sed de cambio&rdquo;, &iquest;no? Los ecos deformados de aquellos debates de hace 60 a&ntilde;os se mezclan con las resonancias de lecturas b&iacute;blicas o sus traducciones cinematogr&aacute;ficas ya mencionadas en una columna anterior, y que vale la pena actualizar. Leemos en el <em>&Eacute;xodo</em> que el &ldquo;pueblo, sediento&rdquo;, protesta contra Mois&eacute;s. Le pregunta porque los sac&oacute; de Egipto, &ldquo;&iquest;para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y al ganado?&rdquo;. Entonces el profeta clama al Se&ntilde;or: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hago con este pueblo? Por poco me apedrean&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; hizo? Romper las tablas. El presidente cree que redita aquella escena. La record&oacute; en su cuenta de X, en letras indescifrables para los legos: &ldquo;Y aconteci&oacute; que cuando &eacute;l lleg&oacute; al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardi&oacute; la ira de Mois&eacute;s, y arroj&oacute; las tablas de sus manos, y las quebr&oacute; al pie del monte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        III
    </p><p class="article-text">
        En los ochenta lleg&oacute; a los cines <em>Tron</em>. La pel&iacute;cula escrita y dirigida por <strong>Steven Lisberger</strong> fue protagonizada por <strong>Jeff Bridges</strong>. Bridges es Kevin Flynn, un desarrollador de videojuegos y proto <em>hacker</em> que se transporta al mundo interior de una computadora central, un ciberespacio donde interact&uacute;a con humanoides cuando trata de escapar. 
    </p><p class="article-text">
        El presidente entra y sale del mundo virtual. Un sitio mide en Internet sus horas de estancia en la red X. A veces m&aacute;s de cuatro. Podr&iacute;a chatear o comunicarse con su novia. Pero parece que no. El tel&eacute;fono le abre la puerta a una segunda vida en las noches de insomnio. X es su <em>Tron</em> temporal y acaso ese acostumbramiento a la virtualidad el que le permite la fantas&iacute;a de un curioso biling&uuml;ismo. No hablamos del ingl&eacute;s sino del hebreo. Postea en la lengua sem&iacute;tica, acaso con ayuda de un rabino o de alg&uacute;n programa de traducci&oacute;n. Lo que importa finalmente es el resultado. Ese coeficiente de ininteligibilidad que impresiona por el tama&ntilde;o de las letras que en su origen estaban relacionadas con el fenicio. De ser una lengua escrita, lit&uacute;rgica y de oraci&oacute;n del juda&iacute;smo, escogida por Dios para transmitir su mensaje a hombres y mujeres, luego disuelta y reconstruida en el siglo XIX a partir de la proeza del ruso <strong>Eliezer Ben-Yehuda</strong>, a partir de su llegada a Palestina, convertida en lengua del Estado de Israel, el hebreo puja por encontrar un lugar en la cuenta oficial del estadista argentino. Algo m&aacute;s que un chiste gr&aacute;fico. 
    </p><p class="article-text">
        IV
    </p><p class="article-text">
        Hablando de anotaciones. Entre 1933 y 1938, un a&ntilde;o antes del inicio de la II Guerra Mundial, la periodista jud&iacute;o-alemana <strong>Charlotte Beradt</strong> recopil&oacute; eso que &ldquo;estaba medio dormido&rdquo; en centenares de sue&ntilde;os de alemanes. La lectura de <em>The Third Reich of Dreams. The nightmares of a nation 1933-1939</em> es una pesadilla despierta.&nbsp;&ldquo;Un m&eacute;dico est&aacute; en su casa, hojeando un libro de pintura. De pronto, repara en que las paredes de su habitaci&oacute;n han desaparecido. Extra&ntilde;ado, se levanta para echar un vistazo, y descubre estupefacto que ninguna casa del vecindario conserva sus paredes. Una voz lejana a&uacute;lla desde un altavoz: &iexcl;De acuerdo con el decreto del 17 de este mes sobre la abolici&oacute;n de las paredes!&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El historiador <strong>Reinhart Kosselleck</strong> sostiene que, aunque los sue&ntilde;os se hallan en el extremo m&aacute;s alejado de una escala imaginable de racionabilidad hist&oacute;rica, testimonian &ldquo;una inevitable facticidad de lo ficticio, por lo que un historiador no deber&iacute;a renunciar a ocuparse de ellos&rdquo;. El caso Beradt le resulta ejemplar. En ese libro, se&ntilde;ala Kosselleck, &ldquo;el terror no s&oacute;lo se sue&ntilde;a, sino que los sue&ntilde;os mismos son parte integrante de &eacute;l&rdquo;. Contienen &ldquo;una verdad interior que no s&oacute;lo fue cumplida por la realidad posterior del Tercer Reich, sino superada infinitamente&rdquo;. Beradt los llamaba &ldquo;sue&ntilde;os pol&iacute;ticos&rdquo;. <strong>Jacobo Siruela</strong> prefiere definirlos como &ldquo;sue&ntilde;os hist&oacute;ricos&rdquo;. &iquest;Qui&eacute;n transcribir&aacute; los sue&ntilde;os de estos d&iacute;as alucinados?
    </p><p class="article-text">
        V
    </p><p class="article-text">
        Dicen que se interesa por la C&aacute;bala. <strong>Idel Moshe</strong> es uno de los grandes eruditos e investigadores de ese sistema de interpretaci&oacute;n relacionado con el juda&iacute;smo jas&iacute;dico. Emigr&oacute; a Israel en 1963 y es catedr&aacute;tico en la Universidad Hebrea de Jerusal&eacute;n de C&aacute;bala y Pensamiento Jud&iacute;o. Moshe realiz&oacute; el primer tratamiento completo de los materiales textuales referidos a la creaci&oacute;n del Golem, desde los primeros manuscritos a la &eacute;poca moderna.&nbsp;La primera menci&oacute;n expl&iacute;cita, se se&ntilde;ala en <em>El Golem. Tradiciones m&iacute;sticas y m&aacute;gicas del juda&iacute;smo sobre la creaci&oacute;n de un hombre artificial</em>, es encontrada el Talmud de Babilonia (Sanedr&iacute;n 65b). Uno de los sabios, Rava, &ldquo;cre&oacute; un var&oacute;n&rdquo;. La palabra golem, que aparece s&oacute;lo una vez en el hebreo b&iacute;blico (Salmos 139, 16) para referirse a Ad&aacute;n, el hombre &ldquo;natural&rdquo;, no ser&aacute; utilizada como nombre de ese hombre artificial hasta la literatura m&aacute;s tard&iacute;a. La ambig&uuml;edad sem&aacute;ntica &ldquo;no carece de importancia&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es en el medioevo que, seg&uacute;n la literatura talm&uacute;dica, un rabino conocido como el Maharal de Praga cre&oacute; a un ser animado a partir del barro. Lo hizo para proteger al gueto del vandalismo antisemita. Pero la criatura, y ese es el n&uacute;cleo de la leyenda, escapa f&aacute;cilmente del control de su inventor y provoca cat&aacute;strofes. 
    </p><p class="article-text">
        En 1915, <strong>Gustav Meyrink</strong> public&oacute; la novela <em>El Golem </em>como una reflexi&oacute;n sobre los aut&oacute;matas humanos. No fue otra cosa que una mirada muy pesimista sobre aquel presente europeo, marcado por una guerra brutal. La novela est&aacute; cargada de misterio (&ldquo;Sent&iacute; que mi esqueleto se convert&iacute;a en hielo y notaba cada uno de mis huesos como fr&iacute;as barras de metal, en las que se quedaba helada la carne&rdquo;) y errores tr&aacute;gicos (&ldquo;&iquest;Sabe usted ya que el Golem ha vuelto a aparecer? Hace muy poco que hemos hablado de eso, &iquest;se acuerda, Pernath? Todo el barrio jud&iacute;o est&aacute; excitado. Vrieslander mismo lo ha visto. Y otra vez ha comenzado, como siempre, con un asesinato&rdquo;). Aunque la presencia de esa figura es lateral en la historia, dialoga en todo momento con la tradici&oacute;n que le dio forma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jorge Luis Borges</strong> fue uno de los lectores entusiastas de la novela. &ldquo;Los disc&iacute;pulos de Paracelso acometieron la creaci&oacute;n de un hom&uacute;nculo por obra de la alquimia, los cabalistas, por obra del secreto nombre de Dios, pronunciado con sabia lentitud sobre una figura de barro&rdquo;. Meyrink escribi&oacute; a partir de esa figura que aparece cada treinta y tres a&ntilde;os en la inaccesible ventana de un cuarto circular que no tiene puertas, en el gueto de Praga, una ficci&oacute;n &ldquo;hecha de sue&ntilde;os que encierran otros sue&ntilde;os&rdquo;. A Borges le llamaba la atenci&oacute;n que Meyrink hubiera &ldquo;dejado la fe cristiana por la doctrina del Buddha&rdquo;. Sue&ntilde;os, conversiones y una creaci&oacute;n que escapa del tutelaje de las manos que le dieron vida p&uacute;blica para causas desastres. C&oacute;mo no revisar esas p&aacute;ginas a la sombra de nuestros acontecimientos (bastar&iacute;a cambiar las callejuelas de Praga por el submundo del capital financiero). &iquest;Qui&eacute;n novelar&aacute; el horror que nos acecha?
    </p><p class="article-text">
        <em>AG/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lengua-monstruos-pesadillas-epoca_129_10975659.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Mar 2024 03:11:01 +0000]]></pubDate>
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