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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Vida digna]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/vida-digna/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Vida digna]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las fuerzas del suelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fuerzas-suelo_129_11215283.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10e4a9f7-cf11-4490-b48d-f611394327a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las fuerzas del suelo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No es extraño ver tirados en las veredas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a jóvenes varones y mujeres fisura. El discurso oficial quiere hacer creer que son desechos de este sistema y están más allá de cualquier reintegración posible. Como sociedad, no permitir que la pobreza inducida, planificada, sea terreno fértil para la deshumanización radical.</p></div><p class="article-text">
        1. 
    </p><p class="article-text">
        El coraz&oacute;n de la avaricia capitalista estuvo puesto, durante mucho tiempo, en los <em>commons</em>, los bienes comunes, aquellos espacios comunitarios que a la salida del feudalismo y durante la Edad Media prove&iacute;an de alimento y le&ntilde;a a toda la comunidad, sin distinciones. La aparici&oacute;n del capitalismo hizo que estos lugares comenzaran a clausurarse y al pueblo se le prohibiera el acceso, con la excusa de que ahora ten&iacute;an due&ntilde;o: dejaban de ser de todes para volverse de alguien. En Robin Hood, personaje del folclore medieval ingl&eacute;s, lo vemos con claridad: de pronto, no se pueden (deben) cazar ciervos en el Bosque de Sherwood -devenido coto de caza de los reyes ingleses-, bajo pena de muerte, por orden del sheriff de Nottingham, bur&oacute;crata del impopular monarca Juan Sin Tierra. Pero Robin sigue cazando en el bosque, lo mismo que les desharrapades a quienes comanda, porque esa era la usanza hasta ah&iacute;. Esos espacios comunes, de acceso libre para todes, eran parte del sost&eacute;n de la comunidad, de su alimentaci&oacute;n y contribu&iacute;a a su sustento diario. 
    </p><p class="article-text">
        En mi infancia, fines de los ochenta, las plazas de la ciudad no ten&iacute;an vallado ni cerramiento de ning&uacute;n tipo. Eran espacios p&uacute;blicos, accesibles a toda hora para todes. Se las pod&iacute;a usar para jugar, leer, tomar mate. Se las pod&iacute;a usar para ranchear, si no se ten&iacute;a ning&uacute;n otro lugar en donde parar. Hoy en d&iacute;a, las plazas son espacios que &ldquo;se cierran&rdquo; y &ldquo;se abren&rdquo;, lugares cuyo uso se les proh&iacute;be a las personas en situaci&oacute;n de calle, en l&iacute;nea con la idea del primer nadatario de avanzar hacia la privatizaci&oacute;n de las calles.
    </p><p class="article-text">
        En su excelente <em>The Subsistence perspective</em>,<a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">[1]</a> <strong>Maria Mies</strong> habla de &ldquo;negative commons&rdquo;: bienes comunes negativos, aquellas cosas que nos pertenecen en tanto comunidad y constituyen una problem&aacute;tica que exige una soluci&oacute;n colectiva (y urgente): por ejemplo, los desechos. La basura. Hija de campesines de Eifel, Alemania occidental, Mies sigue con inter&eacute;s los debates comunales acerca de qu&eacute; hacer cuando transportarla hacia una planta de tratamiento de residuos localizada en la parte m&aacute;s oriental de Turingia se vuelve demasiado costoso. Al principio, les pobladores de Eifel consideran la posibilidad de instalar una planta de tratamiento de residuos en su propio territorio, de manera de abaratar costos y eliminar complicaciones log&iacute;sticas. Planteada la posibilidad, ocurre en seguida lo que sucede en CABA con los contenedores del gobierno: nadie quiere tenerlos frente a su puerta o en las inmediaciones de su hogar. Porque atraen roedores y bichos de todo tipo, largan malos olores, afean el panorama. Contaminan la idea de prolijidad a la que se aspira en el paisaje. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los residuos que genera nuestro paso por esta Tierra nos pertenecen

</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Enfrentades a esa encrucijada, les campesines del Eifel deciden conjuntamente ocuparse cada une de sus desperdicios, de manera de no necesitar la planta de tratamiento de residuos. Pugnan por lograr la autosuficiencia, algo que era una realidad antes de la globalizaci&oacute;n compulsiva post ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n. Los residuos que genera nuestro paso por esta Tierra nos pertenecen. La ilusi&oacute;n que nos da llevar nuestra basura embolsada hasta el tacho gigante y deshacernos de ella para nunca m&aacute;s pensar ad&oacute;nde va a terminar ni qu&eacute; va a ser de ella es eso: una ilusi&oacute;n. Un espejismo. &ldquo;Debido a que la producci&oacute;n de vida ha dejado de estar inserta en un todo interconectado viviente [&hellip;] estos restos no pueden ser entendidos como parte del proceso de la vida. Se vuelven desecho. Deben desaparecer. Al menos, deben ser removidos de la vista y del olfato de la gente. [&hellip;] [L]a propiedad privada y el ego&iacute;smo no pueden resolver el problema de los desechos o de los &lsquo;bienes comunes negativos&rsquo;&rdquo; (143).
    </p><p class="article-text">
        2. 
    </p><p class="article-text">
        En su excelente <em>Calib&aacute;n y la bruja</em>,<a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">[2]</a> <strong>Silvia Federici</strong> anota que la Gran Guerra contra las mujeres -la &ldquo;caza de brujas&rdquo;- fue abrumadoramente exitosa en la Europa medieval:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A pesar de los intentos individuales de hijos, maridos y padres de salvar a sus parientes femeninas de la hoguera, no hay registros, salvo una excepci&oacute;n, de alguna organizaci&oacute;n masculina que se opusiera a la persecuci&oacute;n, <em>lo que sugiere que la propaganda tuvo &eacute;xito en separar a las mujeres de ellos hombres. </em>La excepci&oacute;n proviene de los pescadores de una regi&oacute;n vasca, donde el inquisidor franc&eacute;s Pierre Lancre estaba llevando a cabo juicios en masa que condujeron a la quema de una cantidad aproximada de seiscientas mujeres. Mark Kurlansky informa que los pescadores hab&iacute;an estado ausentes, ocupados en la temporada anual del bacalao. Pero:
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los pescadores regresaron, garrotes en mano y liberaron a un convoy de brujas que eran llevadas al lugar de la quema</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        [Cuando los hombres] de la flota de bacalao de St.-Jean-de-Luz, una de las m&aacute;s grandes [del Pa&iacute;s Vasco] oy&oacute; rumores de que sus esposas, madres e hijas estaban siendo desnudadas, apu&ntilde;aladas y muchas de ellas hab&iacute;an sido ya ejecutadas, la campa&ntilde;a del bacalao de 1609 termin&oacute; dos meses antes. Los pescadores regresaron, garrotes en mano y liberaron a un convoy de brujas que eran llevadas al lugar de la quema. <em>Esta resistencia popular fue todo lo que hizo falta para detener los juicios. </em>[&hellip;] No hay duda de que <em>los a&ntilde;os de propaganda y terror sembraron en los hombres las semillas de una profunda alienaci&oacute;n psicol&oacute;gica con respecto a las mujeres, lo cual quebr&oacute; la solidaridad de clase y min&oacute; su propio poder colectivo.</em>&ldquo; (306-7)
    </p><p class="article-text">
        3.
    </p><p class="article-text">
        Por estos d&iacute;as, no es extra&ntilde;o ver tirados en las veredas de CABA a j&oacute;venes varones y mujeres fisura. Es como si el rayo terrible de <em>Un episodio en la vida de un pintor viajero</em>, de <strong>C&eacute;sar Aira</strong>, hubiera vuelto a suceder, y les hubiera alcanzado, dej&aacute;ndoles despatarrades en cualquier lugar, ni siquiera al reparo de un techito, de un zagu&aacute;n, descoyuntades como extra&ntilde;as mu&ntilde;ecas de Bellmer.
    </p><p class="article-text">
        El discurso propiciado por el primer nadatario y su gabinete nos quiere hacer creer que estes j&oacute;venes son basura. Desechos de este sistema, m&aacute;s all&aacute; de cualquier religaz&oacute;n o reintegraci&oacute;n posible. Y que aspirar a un sueldo digno, a derechos laborales, es lo que afecta su posibilidad de una vida digna. &ldquo;No hay plata&rdquo;, repite para desviar la atenci&oacute;n de que la plata est&aacute;, lejos de nosotres, concentrada en poqu&iacute;simas manos. Comanda, en efecto, un estrecho modelo de pa&iacute;s en el que cabe solo una parte de les argentines. Lo sostiene gracias a la propaganda de la mediaticidad monop&oacute;lica y de las redes, que estimulan la reacci&oacute;n inmediata (en lo posible, indignaci&oacute;n) por sobre el pensamiento (eficaz, pero lento, calmo).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estes jóvenes, pero también los ancianos muy ancianos que tiran de carros repletos bajo el sol o la lluvia, como los grupos de jóvenes que duermen sobre colchones en las esquinas o debajo de trapos, son nuestres</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Estes j&oacute;venes, pero tambi&eacute;n los ancianos muy ancianos que tiran de carros repletos bajo el sol o la lluvia, como los grupos de j&oacute;venes que duermen sobre colchones en las esquinas o debajo de trapos, son nuestres. Son nuestres y no debemos permitir que les separen del resto de la sociedad, como si no importaran, como si fueran descartables. Su intemperie, su vulnerabilidad, nos incumbe. Las fuerzas del suelo debemos servir de barrera a la ofensiva terrible del capital, constituirnos en parapeto. Retomar el hilo rojo de los pescadores vascos y no permitir que la pobreza inducida, planificada, sea terreno f&eacute;rtil en que se plante la deshumanizaci&oacute;n radical.
    </p><p class="article-text">
         <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">[1]</a> <em>&nbsp;</em>Melbourne, Spinifex Press, [1997] 1999.
    </p><p class="article-text">
         <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">[2]</a> Buenos Aires, Tinta Lim&oacute;n, 2015.
    </p><p class="article-text">
        <em>AO/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Ojeda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fuerzas-suelo_129_11215283.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Mar 2024 09:22:35 +0000]]></pubDate>
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