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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Wolfgang Amadeus Mozart]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/wolfgang-amadeus-mozart/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Wolfgang Amadeus Mozart]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El nombre de la rosa de Amadeus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nombre-rosa-amadeus_129_12156012.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1598d1ea-cfa7-4f05-a46f-9b183c9dc2e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1114101.jpg" width="1170" height="658" alt="El nombre de la rosa de Amadeus"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mozart la compuso tres años antes de su muerte. Y no volvió a escribir una sinfonía. Alguien la bautizó “Júpiter” pero su 41 contribución al género habla de otra cosa. De sus obsesiones. De su verdadera firma. Del teatro en la música, de lo “alto” y de lo “bajo” en el arte. De la comedia junto al drama. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Wolfgang Amadeus Mozart</strong> no se llamaba ni Wolfgang ni Amadeus. Y ese detalle menor explica, en rigor, mucho de lo que rodea a un creador que nunca fue lo que parec&iacute;a ser. Bautizado como Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, brome&oacute; con la man&iacute;a grecolatinista de su padre diciendo que su apellido deber&iacute;a haber sido Mozartus, y utiliz&oacute; Wolfgang en sus firmas pero nunca jam&aacute;s Amadeus. A veces italianiz&oacute; todo, como era frecuente en el mundo de la m&uacute;sica, y rubric&oacute; sus partituras como Wolfgango Amadeo. Y en su contrato nupcial figura con una versi&oacute;n afrancesada: Amad&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Los alemanes y su familia sol&iacute;an nombrarlo como Wolfgang Gottlieb &ndash;la traducci&oacute;n del &ldquo;amor a Dios&rdquo; presente en Theophilus&ndash;. Y el falso nombre del compositor se hizo verdadero a partir de una &uacute;nica fuente: la prensa. En sus obituarios, los peri&oacute;dicos, fuera por un malentendido o por decisi&oacute;n mantuvieron la latinizaci&oacute;n original (la terminaci&oacute;n &ldquo;us&rdquo;) y la extendieron a la parte griega, reemplazando &ldquo;philus&rdquo; por &ldquo;Ama&rdquo;.&nbsp;Y la primera edici&oacute;n de sus obras completas (parcial aunque no lo sab&iacute;an), realizada por la firma Breitkopf und&nbsp;H&auml;rtel en 1798, fij&oacute; el Wolfgang Amadeus para siempre. Pero es de otro nombre falso del que aqu&iacute; se hablar&aacute;. O mejor dicho, de la obra que lo recibi&oacute;. Una composici&oacute;n que, como los nombres de su autor, habla de mucho m&aacute;s que lo que parece. 
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        Otro empresario de la m&uacute;sica, <strong>Johann Peter Salomon</strong>, que hab&iacute;a planeado llevar a Mozart y a <strong>Franz-Joseph Haydn</strong> a Londres &ndash;la muerte del primero hizo que s&oacute;lo viajara el segundo&ndash; llam&oacute; &ldquo;J&uacute;piter&rdquo; a la &uacute;ltima sinfon&iacute;a escrita por Mozart. La idea de &ldquo;gran&rdquo; obra, originada en parte por sus dimensiones &ndash;era la composici&oacute;n m&aacute;s larga dentro de &nbsp;la producci&oacute;n de Mozart en el g&eacute;nero e inclu&iacute;a una fuga en el desarrollo de su primer movimiento&ndash;, acentuada por su caracter&iacute;stica de postrera, hac&iacute;a veros&iacute;mil que se la nombrara como al dios de dioses &ndash;al fin y al cabo, de Theus, el nombre griego de&nbsp;J&uacute;piter, derivaban Deus y Dios y, eventualmente, el segundo nombre del autor de la sinfon&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Lo grandioso y la oportunidad de la apelaci&oacute;n al dios puede discutirse. Pero la noci&oacute;n de &ldquo;ultima&rdquo;, atada a esta composici&oacute;n, no. Y es que, si lo definitivo o lo tard&iacute;o son conceptos muy fr&aacute;giles cuando el compositor muri&oacute; a los 35 a&ntilde;os, y que mal podr&iacute;a haber sabido &eacute;l que alguna de sus obras ser&iacute;a la final, lo cierto es que su <em>Sinfon&iacute;a N&ordm; 41</em>, catalogada por <strong>Ludwig von K&ouml;chel</strong> con el n&uacute;mero 551, fue terminada tres a&ntilde;os antes de su muerte. Y no se trat&oacute; de a&ntilde;os inactivos. En ese lapso compuso tres &oacute;peras, un aria para soprano, el concierto para clarinetey orquesta y el quinteto para clarinete y cuarteto de cuerdas, una sonata y algunas piezas breves para teclado, dos cantatas, tres cuartetos y dos quintetos para cuerdas, adem&aacute;s de varios fragmentos y bocetos que quedaron sin completar &ndash;ninguno para una sinfon&iacute;a), entre ellos los del famoso <em>Requiem</em>. Eso solo no alcanzar&iacute;a para inferir que su <em>Sinfon&iacute;a 41</em> era la &uacute;ltima no s&oacute;lo por posibilidad sino por decisi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Nadie puede saber qu&eacute; es lo que Mozart hubiera hecho de vivir un tiempo m&aacute;s. Y, por otra parte, habr&iacute;a que estudiar que otras circunstancias, adem&aacute;s de sus preocupaciones est&eacute;ticas, podr&iacute;an haber influido en tal decisi&oacute;n. No obstante, la propia obra contesta muchas de esas dudas. Y, aunque haya sido transitoriamente, cierra un ciclo. Y, en particular, dice lo mismo que el <em>Don Giovanni</em>, escrito un a&ntilde;o antes, y que <em>La flauta m&aacute;gica</em>, compuesta tres a&ntilde;os despu&eacute;s. Que como, muchos a&ntilde;os despu&eacute;s ,el te&oacute;rico <strong>Mijail Bajtin</strong> argument&oacute; y <strong>Umberto Eco</strong> noveliz&oacute;, lo &ldquo;alto&rdquo; en el arte se codea con lo &ldquo;bajo&rdquo; y que la comedia y el drama son dos caras de una misma moneda. Y, de paso, que no hay nada m&aacute;s falso que el clasicismo de los cl&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        Bajtin encuentra que el origen del Gran Arte literario, y de la novela, que lo corporiza y que est&aacute; caracterizada por la polifon&iacute;a, por sus muchas voces, se encuentra no en la &eacute;pica, como se desprende de la <em>Po&eacute;tica</em> de <strong>Arist&oacute;tele</strong>s, sino en lo carnavalesco. En <em>Gargant&uacute;a y Pantagruel</em>, de <strong>Fran&ccedil;ois Rabelais</strong>. En la picaresca espa&ntilde;ola. All&iacute; es donde confluyen muchas voces, muchas formas del habla, y donde cada una arrastra un significado. Eco, en <em>El nombre de la rosa</em>, imagina una historia policial, con un bibliotecario ciego llamado Jorge de Burgos (o sea Jorge Borges, un fan&aacute;tico de los policiales, por otra parte) como detective, contin&uacute;a a Bajtin por otros medios. Existe una parte perdida de la <em>Po&eacute;tica</em> dedicada a la comedia y la Iglesia la mantiene oculta. &iquest;Qu&eacute; es lo que hab&iacute;a hecho Mozart al respecto? Hab&iacute;a pensado &ndash;y as&iacute; aparec&iacute;a en la portada de la partitura&ndash; a <em>Don Giovanni</em> como &ldquo;dramma giocoso&rdquo;. Hab&iacute;a expresado sus preocupaciones filos&oacute;ficas &ndash;y la propaganda mas&oacute;nica&ndash; con la forma de un <em>singspiel</em>, la &oacute;pera popular antecesora de la opereta y la comedia musical. Y hab&iacute;a utilizado la forma aparentemente m&aacute;s pura y m&aacute;s abstracta de la m&uacute;sica para colocar eso mismo como mensaje en clave.
    </p><p class="article-text">
        Las deformaciones de una teor&iacute;a err&oacute;nea, la de la historia c&iacute;clica popularizada por el brit&aacute;nico <strong>Arnold Toynbee</strong>, llev&oacute; a muchos, en el Siglo XX, a pensar la historia de la m&uacute;sica escrita europea como una sucesi&oacute;n de per&iacute;odos apol&iacute;neos &ndash;cl&aacute;sicos, preocupados por la pureza de l&iacute;nea y por la forma&ndash; y dionis&iacute;acos &ndash;rom&aacute;nticos, desmesurados, preocupados por la expresi&oacute;n sobre todas las cosas. Y as&iacute; inventaron un supuesto clasicismo, en los finales del siglo XVIII y comienzos del siguiente, que tuvo a Mozart y Haydn como m&aacute;ximos estandartes. El hecho de que cimentaran las formas y los g&eacute;neros cl&aacute;sicos fue el argumento central. Que ampliaran la orquesta, que utilizaran conscientemente los contrastes y las sorpresas como recursos, y que recurrieran sin pudor al dramatismo, no pareci&oacute; importar demasiado. 
    </p><p class="article-text">
        Los primeros en hablar de &ldquo;cl&aacute;sicos&rdquo; &ndash;y, ya que estaban, en organizar conciertos de &ldquo;m&uacute;sica cl&aacute;sica&rdquo;&ndash;fueron los rom&aacute;nticos. Y no lo hicieron para diferenciarse de ellos sino para fundar una genealog&iacute;a y legitimarse con ella. De lo que buscaban diferenciarse era de la frivolidad del mundo de los teatros de &oacute;pera. Fundaron sus propias orquestas, de amigos de la m&uacute;sica &ndash;&ldquo;filarm&oacute;nicas&rdquo;&ndash;, llamaron cl&aacute;sicos a los viejos maestros fallecidos, Haydn, Mozart y <strong>Ludwig Van Beethoven</strong>, a quienes consideraron los padres en la idea de hacer &ldquo;m&uacute;sica profunda&rdquo; y &ldquo;espiritual&rdquo;, y, aunque agregaron otras nuevas, utilizaron las armas que ellos hab&iacute;an utilizado, sobre todo una forma llamada <em>Forma Sonata</em>, que no era la de las sonatas sino la de sus primeros movimientos. Una forma que los indexadores de la historia consideraron cl&aacute;sica y que era profundamente rom&aacute;ntica.&nbsp;Esa forma, considerada el ep&iacute;tome de la abstracci&oacute;n y de la primac&iacute;a de la estructura sobre la expresi&oacute;n, era ni m&aacute;s ni menos que la traslaci&oacute;n a la m&uacute;sica de lo que suced&iacute;a en el teatro: presentaci&oacute;n de dos personajes diferenciados &ndash;la exposici&oacute;n de dos temas musicales con alg&uacute;n grado de contraste entre ellos&ndash;, el desarrollo, donde se manifestaba el conflicto &ndash;los dos temas se fragmentaban, compet&iacute;an entre s&iacute;, se superpon&iacute;an, se hac&iacute;an m&aacute;s tensos, llegaban a zonas de transitorio equilibrio&ndash; y la resoluci&oacute;n &ndash;la reexposici&oacute;n de los dos temas pero esta vez en una misma tonalidad; un final casi siempre triunfal. 
    </p><p class="article-text">
        Y, nuevamente, &iquest;Qu&eacute; es lo que hizo Mozart en su &uacute;ltima sinfon&iacute;a? Un <em>dramma giocoso</em>. Y una declaraci&oacute;n de principios. Expone sus dos temas pero luego (minuto 3:02 en la versi&oacute;n elegida aqu&iacute;) aparece un tercero que nada tiene que ver. Es un tema bastardo en todo sentido. Pertenec&iacute;a a una &oacute;pera buffa, era un aria burlesca y escrita para la voz de bajo y, adem&aacute;s, no ten&iacute;a padre: Mozart la hab&iacute;a escrito un a&ntilde;o antes para ser intercalada en la &oacute;pera <em>Le gelosie fortunate</em>, de <strong>Pasquale Anfossi</strong>. Se llamaba &ldquo;Un bacio di mano&rdquo; y, obviamente, no llevaba su firma. Luego, como era necesario en una &eacute;poca en que todas las obras eran nuevas y desconocidas, todo eso se repet&iacute;a para dar lugar, despu&eacute;s, al desarrollo (minuto 7:15). Y ese desarrollo no comienza con ninguno de sus personajes principales. Empieza con el tema bastardo, con el aria sin firma ni prosapia. Y lo hace con una fuga, la forma m&aacute;s alta y prestigiosa, asociada en la &eacute;poca de Mozart, sobre todo, con la m&uacute;sica para la iglesia. Eco, en su novela, encontr&oacute; la parte perdida de la Po&eacute;tica, all&iacute; donde se hablaba de la risa y aquello&nbsp;que la Iglesia ocultaba. Mozart, el mas&oacute;n, hab&iacute;a respondido de la misma manera. Con una fuga &ndash;tan eclesi&aacute;stica&ndash; sobre un tema bastardo.
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        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nombre-rosa-amadeus_129_12156012.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Mar 2025 17:34:07 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El músico que jamás se llamó Amadeus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/musico-llamo-amadeus_129_11238481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99bd2ddd-5449-476b-8836-4314007b4d4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El músico que jamás se llamó Amadeus"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace 40 años se estrenó una película. La biopic de un compositor clásico que fue un éxito popular e instaló un conjunto de nuevas verdades. Casi todas falsas,empezando por su nombre. Había allí, sin embargo, algo cierto: la idea de que la comedia y el drama estaban una al lado del otro. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        Una risa mani&aacute;tica. Un compositor envidioso y despreciado. Un <em>Requiem</em> encargado por un mensajero misterioso. Y un nombre falso. Cada uno de esos elementos trascendi&oacute; ampliamente el mundo de la pel&iacute;cula de <strong>Milos Forman</strong> estrenada hace cuarenta a&ntilde;os. <strong>Antonio Salieri</strong> &ndash;un compositor sumamente respetado, incluso por Mozart&ndash; se convirti&oacute; en un s&iacute;mbolo de la falta de talento y de la envidia, y hasta en personaje de una canci&oacute;n de <strong>Le&oacute;n Gieco</strong> (&ldquo;Los Salieris de Charly&rdquo;). Y <strong>Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart</strong> devino Amadeus, un nombre que jam&aacute;s us&oacute; y que debe su existencia a la edici&oacute;n parcial de su obra realizada en 1798 &ndash;ocho a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte&ndash; por la editorial Breitkopf &amp; H&auml;rtel. 
    </p><p class="article-text">
        A Mozart no le gustaba su nombre. El delirio latinista de su padre le parec&iacute;a gracioso y bromeaba diciendo que su apellido deber&iacute;a ser Mozartus. Leopold, sin embargo, cuando anunci&oacute; el nombre del futuro Amadeus, en una carta al editor <strong>Johann Jakob Lotter</strong>, escribi&oacute;: &ldquo;... el ni&ntilde;o se llama Joannes Chrisostomus, Wolfgang, Gottlieb&rdquo;. &ldquo;Gottlieb&rdquo; significa &ldquo;amor a Dios&rdquo;, lo mismo que Theophilus &ndash;latinizaci&oacute;n de la palabra griega&ndash; y que Amadeus. Pero el compositor, que frecuentemente tradujo o adapt&oacute; sus nombres, lo hizo precisamente para evitar los artificiosos rasgos latinos. En Italia, alrededor de 1770, utiliz&oacute; ocasionalmente el nombre Wolfgango Amadeo y, mientras estuvo en Par&iacute;s, firm&oacute; algunas cartas como Amad&egrave;. Lo m&aacute;s cerca que estuvo del nombre que le dio la historia &ndash;y la pel&iacute;cula de Forman&ndash; fue en su acta de casamiento con <strong>Constanze Weber</strong>, en 1782, donde figura como Wolfgang Amade Mozart. 
    </p><p class="article-text">
        El guion de <em>Amadeus</em> hab&iacute;a sido escrito por <strong>Peter Shaffer</strong>, como adaptaci&oacute;n de una obra de teatro propia. En 1984, el film fue candidato a once premios Oscar, de los cuales gan&oacute; ocho &ndash;&shy;entre ellos mejor pel&iacute;cula, mejor director, mejor actor, mejor actor secundario y mejor guion adaptado&ndash; y un a&ntilde;o despu&eacute;s se alz&oacute; con seis Globos de Oro &ndash;mejor pel&iacute;cula, mejor director, mejor actor y mejor guion&ndash;. La rivalidad con Salieri fue un recurso teatral para encontrar un conflicto: la risa del joven Wolfgang tal vez fuera exagerada, pero se acercaba mucho a la verdad. O, por lo menos, a una verdad que la obra de Schaffer y Forman insin&uacute;a con claridad: que para Mozart la comedia y el drama estaban a muy poca distancia una del otro y que, en realidad, s&oacute;lo se trataba de dos maneras de mirar las mismas cosas. 
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        La relaci&oacute;n del <em>Gran Arte</em> con la risa siempre fue conflictiva. Hasta el punto de hacer que un bibliotecario ciego llegara al crimen con tal de mantener el ocultamiento que la iglesia hab&iacute;a hecho de la parte perdida de la <em>Po&eacute;tica</em> de <strong>Arist&oacute;teles</strong>, aquella en que hablaba de la comedia. <em>El nombre de la rosa</em>, la novela policial y medievalista de <strong>Umberto Eco</strong>, era una especia de gran chiste erudito empezando por su menci&oacute;n &ldquo;borgiana&rdquo; a un texto perdido y encontrado en una librer&iacute;a de viejo de Buenos Aires y, por supuesto, al nombre del bibliotecario ciego, Jorge de Burgos. Pero, sobre todo, desarrollaba all&iacute; &ndash;algo que se sorteaba, con buen criterio, en la adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica de <strong>Jean-Jacques Annaud</strong>, &shy;en la que tambi&eacute;n actuaba <strong>F. Murray Abraham</strong>, el Salieri de <em>Amadeus</em>&ndash; las ideas de <strong>Mijail Bajtin</strong> acerca del origen de la novela moderna. La tradici&oacute;n lo situaba en la &eacute;pica, siguiendo precisamente a Arist&oacute;teles. Y Bajtin, en cambio, lo ubicaba en la comedia; en la literatura carnavalesca. All&iacute; donde aparec&iacute;an muchas voces distintas. El te&oacute;rico ruso hablaba de polifon&iacute;a y encontraba su genealog&iacute;a en el arte bastardo. Mozart, con su risa enloquecida pero, fundamentalmente con su obra, hab&iacute;a expresado lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Bastar&iacute;a como prueba la manera en que, en la car&aacute;tula, caracteriza su &oacute;pera <em>Don Giovanni</em>, de 1787: &ldquo;drama jocoso&rdquo;. Pero hay una explicitaci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s clara en el primer movimiento de la <em>Sinfon&iacute;a N&ordm; 41</em>, escrita el a&ntilde;o siguiente. Y es que si despu&eacute;s de <em>Don Giovanni</em> Mozart escribi&oacute; tres &oacute;peras m&aacute;s, en el caso de la <em>Sinfon&iacute;a N&ordm; 41</em> esta fue la &uacute;ltima, como si hubiera pensado que ya no hab&iacute;a nada m&aacute;s para decir en ese campo. &iquest;Qu&eacute; es lo que sucede all&iacute;? Que Mozart transgrede la forma convencional de los primeros movimientos de sinfon&iacute;as, cuartetos de cuerdas, tr&iacute;os, quintetos y sonatas &ndash;una forma que &eacute;l hab&iacute;a contribuido a cristalizar y que se conoce, gen&eacute;ricamente, como <em>Forma Sonata</em>&ndash;. Y esa transgresi&oacute;n est&aacute; plasmada de tal manera que, adem&aacute;s, se burla de las diferencias entre lo &ldquo;alto&rdquo; y lo &ldquo;bajo&rdquo; y entre lo &ldquo;serio&rdquo; y lo &ldquo;<em>buffo</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La <em>Forma Sonata</em> es considerada el <em>non plus ultra</em> de la abstracci&oacute;n. De la &ldquo;m&uacute;sica pura&rdquo;. Y, sin embargo, es una forma dram&aacute;tica. Es la adaptaci&oacute;n musical, de manera casi literal, de una pieza teatral: la presentaci&oacute;n de dos personajes (exposici&oacute;n de un primer y un segundo temas contrastantes entre s&iacute;) y conflicto (desarrollo),m&aacute;s una reexposici&oacute;n, donde los dos temas (o personajes) han conciliado de alguna manera (esta vez suenan en una misma tonalidad, o con la misma escala) y un final feliz (la coda). Una forma que, por otra parte, aparece y va primando sobre otras en una &eacute;poca de gran expansi&oacute;n de la alfabetizaci&oacute;n, y en que los libros y el teatro comienzan a ser consumos habituales de los habitantes del burgo, los burgueses. 
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    </figure><p class="article-text">
        En esta &uacute;ltima sinfon&iacute;a de Mozart, luego de una especie de obertura, bastante marcial &ndash;que es, tambi&eacute;n, una alusi&oacute;n a lo teatral&ndash;, aparece el primer tema y, en el minuto 1:31 de la versi&oacute;n dirigida por <strong>John Eliot Gardiner</strong>, se enuncia el segundo. A los 2:10 hay un corte y comienza un pasaje que remite al esp&iacute;ritu de la obertura y deber&iacute;a ser el enlace al desarrollo. Pero no. All&iacute;, en el minuto 2:42, aparece un tercer tema, desde la nada. Y no es cualquier tema. Es el de un aria de &oacute;pera doblemente &ldquo;bajo&rdquo;. Proviene, en efecto de un aria para la voz de bajo. Es, adem&aacute;s, un aria c&oacute;mica. Pero eso no es todo: es un aria bastarda. Ileg&iacute;tima, sin padre. Mozart la escribi&oacute; para una &oacute;pera ajena. Su t&iacute;tulo era &ldquo;Un bacio di mano&rdquo; y la compuso a pedido para <em>Le gelosie fortunate</em> de <strong>Pasquale Anfossi</strong> (el mismo tema fue plagiado m&aacute;s adelante por <strong>Gaetano Donizetti</strong>, seguramente sin saber que era de Mozart, para un d&uacute;o del segundo acto de <em>El elixir de amor</em>).
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    </figure><p class="article-text">
        A partir del minuto 3:14 se repite toda la exposici&oacute;n. No hab&iacute;a discos y casi toda la m&uacute;sica se escuchaba por primera vez, o sea que hab&iacute;a que repetir los temas para que luego, en el desarrollo, se los pudiera recordar. Y cuando el desarrollo comienza (6:26), lo hace, luego de una muy peque&ntilde;a transici&oacute;n, justamente con el tema bastardo que, a poco de presentado nuevamente, se convierte en sujeto de una fuga, la m&aacute;s abstracta, la m&aacute;s pura, la m&aacute;s matem&aacute;tica de las formas. Mozart dice all&iacute; lo mismo que en <em>Don Giovanni</em> &ndash;y que en la risa de <em>Amadeus</em>&ndash; y que Eco afirma en <em>El nombre de la rosa</em> &shy;como hab&iacute;a dicho antes Bajtin: no hay novela ni drama sin comedia. Ni lo alto existe sin lo bajo. &ldquo;Hegel dir&iacute;a que la historia se repite&rdquo;, dec&iacute;a <strong>Karl Marx</strong> en el comienzo de <em>El18 Brumario de Luis Bonaparte</em>. &ldquo;Pero se olvid&oacute; de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa&rdquo;. Mozart fue m&aacute;s radical: todo es un drama jocoso.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Apostillas al nombre de la risa&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        As&iacute; como el fen&oacute;meno de <strong>Los tres Tenores</strong> no aument&oacute; en nada las ventas de discos de &oacute;pera alguna ni de ninguno de los tres cantantes por separado, la explosi&oacute;n de ventas del &aacute;lbum con la m&uacute;sica del film <em>Amadeus</em> no provoc&oacute; ning&uacute;n efecto comercial sobre la obra de Mozart. No hubo m&aacute;s gente que sacara entradas para las representaciones de sus &oacute;peras o los conciertos con sus composiciones o que adquiriera otros discos con su m&uacute;sica. Lo mismo hab&iacute;a sucedido con su <em>Concierto para piano N&ordm; 21</em> &ndash;el segundo movimiento se hab&iacute;a utilizado como m&uacute;sica de la pel&iacute;cula sueca <em>Elvira Madigan</em>, dirigida en 1967 por <strong>Bo Widerberg</strong> y hasta hab&iacute;a discos que hab&iacute;an rebautizado la obra como &ldquo;Concierto Elvira Madigan&rdquo;&ndash; o con el movimiento lento del primer sexteto para cuerdas de <strong>Johannes Brahms</strong> que muchos identificaban como &ldquo;la m&uacute;sica de <em>Los amantes</em>&rdquo; en referencia a la pel&iacute;cula de <strong>Louis Malle</strong>. En el plano local sucedi&oacute; algo similar con la m&uacute;sica del teleteatro <em>Pobre diabla</em>, con <strong>Soledad Silveyra</strong> y <strong>Arnaldo Andr&eacute;</strong>. Nunca en ninguna parte el bueno de <strong>Arthur Rubinstein</strong> vendi&oacute; tanto con su interpretaci&oacute;n del <em>Concierto N&ordm; 1</em> de <strong>Fr&eacute;deric Chopin</strong>, aunque lo que sonaba en la televisi&oacute;n no era exactamente eso. Se trataba de una adaptaci&oacute;n realizada por el inefable Alain Debray, uno de los seud&oacute;nimos comerciales de <strong>Horacio Malvicino</strong>.
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    </figure><p class="article-text">
        Resulta m&aacute;s interesante reparar en el efecto indeleble que ciertas m&uacute;sicas tienen sobre algunas im&aacute;genes &ndash;o lo contrario&ndash;. Y, en dos casos, el responsable involuntario es <strong>Richard Strauss</strong>, con el impactante comienzo del poema sinf&oacute;nico <em>As&iacute; habl&oacute; Zarathustra</em>. La primera, como drama, en <em>2001 Odisea del espacio</em>. La segunda, como farsa, en la primera escena de <em>Barbie</em>, de <strong>Greta Gerwig</strong>, que, por supuesto remite a <strong>Stanley Kubrick</strong>.
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        <em>Diego Fischerman es autor del blog El sonido de los sue&ntilde;os: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Mar 2024 17:46:09 +0000]]></pubDate>
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