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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Stanley Kubrick]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Stanley Kubrick]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El músico que jamás se llamó Amadeus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/musico-llamo-amadeus_129_11238481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99bd2ddd-5449-476b-8836-4314007b4d4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El músico que jamás se llamó Amadeus"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace 40 años se estrenó una película. La biopic de un compositor clásico que fue un éxito popular e instaló un conjunto de nuevas verdades. Casi todas falsas,empezando por su nombre. Había allí, sin embargo, algo cierto: la idea de que la comedia y el drama estaban una al lado del otro. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        Una risa mani&aacute;tica. Un compositor envidioso y despreciado. Un <em>Requiem</em> encargado por un mensajero misterioso. Y un nombre falso. Cada uno de esos elementos trascendi&oacute; ampliamente el mundo de la pel&iacute;cula de <strong>Milos Forman</strong> estrenada hace cuarenta a&ntilde;os. <strong>Antonio Salieri</strong> &ndash;un compositor sumamente respetado, incluso por Mozart&ndash; se convirti&oacute; en un s&iacute;mbolo de la falta de talento y de la envidia, y hasta en personaje de una canci&oacute;n de <strong>Le&oacute;n Gieco</strong> (&ldquo;Los Salieris de Charly&rdquo;). Y <strong>Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart</strong> devino Amadeus, un nombre que jam&aacute;s us&oacute; y que debe su existencia a la edici&oacute;n parcial de su obra realizada en 1798 &ndash;ocho a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte&ndash; por la editorial Breitkopf &amp; H&auml;rtel. 
    </p><p class="article-text">
        A Mozart no le gustaba su nombre. El delirio latinista de su padre le parec&iacute;a gracioso y bromeaba diciendo que su apellido deber&iacute;a ser Mozartus. Leopold, sin embargo, cuando anunci&oacute; el nombre del futuro Amadeus, en una carta al editor <strong>Johann Jakob Lotter</strong>, escribi&oacute;: &ldquo;... el ni&ntilde;o se llama Joannes Chrisostomus, Wolfgang, Gottlieb&rdquo;. &ldquo;Gottlieb&rdquo; significa &ldquo;amor a Dios&rdquo;, lo mismo que Theophilus &ndash;latinizaci&oacute;n de la palabra griega&ndash; y que Amadeus. Pero el compositor, que frecuentemente tradujo o adapt&oacute; sus nombres, lo hizo precisamente para evitar los artificiosos rasgos latinos. En Italia, alrededor de 1770, utiliz&oacute; ocasionalmente el nombre Wolfgango Amadeo y, mientras estuvo en Par&iacute;s, firm&oacute; algunas cartas como Amad&egrave;. Lo m&aacute;s cerca que estuvo del nombre que le dio la historia &ndash;y la pel&iacute;cula de Forman&ndash; fue en su acta de casamiento con <strong>Constanze Weber</strong>, en 1782, donde figura como Wolfgang Amade Mozart. 
    </p><p class="article-text">
        El guion de <em>Amadeus</em> hab&iacute;a sido escrito por <strong>Peter Shaffer</strong>, como adaptaci&oacute;n de una obra de teatro propia. En 1984, el film fue candidato a once premios Oscar, de los cuales gan&oacute; ocho &ndash;&shy;entre ellos mejor pel&iacute;cula, mejor director, mejor actor, mejor actor secundario y mejor guion adaptado&ndash; y un a&ntilde;o despu&eacute;s se alz&oacute; con seis Globos de Oro &ndash;mejor pel&iacute;cula, mejor director, mejor actor y mejor guion&ndash;. La rivalidad con Salieri fue un recurso teatral para encontrar un conflicto: la risa del joven Wolfgang tal vez fuera exagerada, pero se acercaba mucho a la verdad. O, por lo menos, a una verdad que la obra de Schaffer y Forman insin&uacute;a con claridad: que para Mozart la comedia y el drama estaban a muy poca distancia una del otro y que, en realidad, s&oacute;lo se trataba de dos maneras de mirar las mismas cosas. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        La relaci&oacute;n del <em>Gran Arte</em> con la risa siempre fue conflictiva. Hasta el punto de hacer que un bibliotecario ciego llegara al crimen con tal de mantener el ocultamiento que la iglesia hab&iacute;a hecho de la parte perdida de la <em>Po&eacute;tica</em> de <strong>Arist&oacute;teles</strong>, aquella en que hablaba de la comedia. <em>El nombre de la rosa</em>, la novela policial y medievalista de <strong>Umberto Eco</strong>, era una especia de gran chiste erudito empezando por su menci&oacute;n &ldquo;borgiana&rdquo; a un texto perdido y encontrado en una librer&iacute;a de viejo de Buenos Aires y, por supuesto, al nombre del bibliotecario ciego, Jorge de Burgos. Pero, sobre todo, desarrollaba all&iacute; &ndash;algo que se sorteaba, con buen criterio, en la adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica de <strong>Jean-Jacques Annaud</strong>, &shy;en la que tambi&eacute;n actuaba <strong>F. Murray Abraham</strong>, el Salieri de <em>Amadeus</em>&ndash; las ideas de <strong>Mijail Bajtin</strong> acerca del origen de la novela moderna. La tradici&oacute;n lo situaba en la &eacute;pica, siguiendo precisamente a Arist&oacute;teles. Y Bajtin, en cambio, lo ubicaba en la comedia; en la literatura carnavalesca. All&iacute; donde aparec&iacute;an muchas voces distintas. El te&oacute;rico ruso hablaba de polifon&iacute;a y encontraba su genealog&iacute;a en el arte bastardo. Mozart, con su risa enloquecida pero, fundamentalmente con su obra, hab&iacute;a expresado lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Bastar&iacute;a como prueba la manera en que, en la car&aacute;tula, caracteriza su &oacute;pera <em>Don Giovanni</em>, de 1787: &ldquo;drama jocoso&rdquo;. Pero hay una explicitaci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s clara en el primer movimiento de la <em>Sinfon&iacute;a N&ordm; 41</em>, escrita el a&ntilde;o siguiente. Y es que si despu&eacute;s de <em>Don Giovanni</em> Mozart escribi&oacute; tres &oacute;peras m&aacute;s, en el caso de la <em>Sinfon&iacute;a N&ordm; 41</em> esta fue la &uacute;ltima, como si hubiera pensado que ya no hab&iacute;a nada m&aacute;s para decir en ese campo. &iquest;Qu&eacute; es lo que sucede all&iacute;? Que Mozart transgrede la forma convencional de los primeros movimientos de sinfon&iacute;as, cuartetos de cuerdas, tr&iacute;os, quintetos y sonatas &ndash;una forma que &eacute;l hab&iacute;a contribuido a cristalizar y que se conoce, gen&eacute;ricamente, como <em>Forma Sonata</em>&ndash;. Y esa transgresi&oacute;n est&aacute; plasmada de tal manera que, adem&aacute;s, se burla de las diferencias entre lo &ldquo;alto&rdquo; y lo &ldquo;bajo&rdquo; y entre lo &ldquo;serio&rdquo; y lo &ldquo;<em>buffo</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La <em>Forma Sonata</em> es considerada el <em>non plus ultra</em> de la abstracci&oacute;n. De la &ldquo;m&uacute;sica pura&rdquo;. Y, sin embargo, es una forma dram&aacute;tica. Es la adaptaci&oacute;n musical, de manera casi literal, de una pieza teatral: la presentaci&oacute;n de dos personajes (exposici&oacute;n de un primer y un segundo temas contrastantes entre s&iacute;) y conflicto (desarrollo),m&aacute;s una reexposici&oacute;n, donde los dos temas (o personajes) han conciliado de alguna manera (esta vez suenan en una misma tonalidad, o con la misma escala) y un final feliz (la coda). Una forma que, por otra parte, aparece y va primando sobre otras en una &eacute;poca de gran expansi&oacute;n de la alfabetizaci&oacute;n, y en que los libros y el teatro comienzan a ser consumos habituales de los habitantes del burgo, los burgueses. 
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        En esta &uacute;ltima sinfon&iacute;a de Mozart, luego de una especie de obertura, bastante marcial &ndash;que es, tambi&eacute;n, una alusi&oacute;n a lo teatral&ndash;, aparece el primer tema y, en el minuto 1:31 de la versi&oacute;n dirigida por <strong>John Eliot Gardiner</strong>, se enuncia el segundo. A los 2:10 hay un corte y comienza un pasaje que remite al esp&iacute;ritu de la obertura y deber&iacute;a ser el enlace al desarrollo. Pero no. All&iacute;, en el minuto 2:42, aparece un tercer tema, desde la nada. Y no es cualquier tema. Es el de un aria de &oacute;pera doblemente &ldquo;bajo&rdquo;. Proviene, en efecto de un aria para la voz de bajo. Es, adem&aacute;s, un aria c&oacute;mica. Pero eso no es todo: es un aria bastarda. Ileg&iacute;tima, sin padre. Mozart la escribi&oacute; para una &oacute;pera ajena. Su t&iacute;tulo era &ldquo;Un bacio di mano&rdquo; y la compuso a pedido para <em>Le gelosie fortunate</em> de <strong>Pasquale Anfossi</strong> (el mismo tema fue plagiado m&aacute;s adelante por <strong>Gaetano Donizetti</strong>, seguramente sin saber que era de Mozart, para un d&uacute;o del segundo acto de <em>El elixir de amor</em>).
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    </figure><p class="article-text">
        A partir del minuto 3:14 se repite toda la exposici&oacute;n. No hab&iacute;a discos y casi toda la m&uacute;sica se escuchaba por primera vez, o sea que hab&iacute;a que repetir los temas para que luego, en el desarrollo, se los pudiera recordar. Y cuando el desarrollo comienza (6:26), lo hace, luego de una muy peque&ntilde;a transici&oacute;n, justamente con el tema bastardo que, a poco de presentado nuevamente, se convierte en sujeto de una fuga, la m&aacute;s abstracta, la m&aacute;s pura, la m&aacute;s matem&aacute;tica de las formas. Mozart dice all&iacute; lo mismo que en <em>Don Giovanni</em> &ndash;y que en la risa de <em>Amadeus</em>&ndash; y que Eco afirma en <em>El nombre de la rosa</em> &shy;como hab&iacute;a dicho antes Bajtin: no hay novela ni drama sin comedia. Ni lo alto existe sin lo bajo. &ldquo;Hegel dir&iacute;a que la historia se repite&rdquo;, dec&iacute;a <strong>Karl Marx</strong> en el comienzo de <em>El18 Brumario de Luis Bonaparte</em>. &ldquo;Pero se olvid&oacute; de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa&rdquo;. Mozart fue m&aacute;s radical: todo es un drama jocoso.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Apostillas al nombre de la risa&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        As&iacute; como el fen&oacute;meno de <strong>Los tres Tenores</strong> no aument&oacute; en nada las ventas de discos de &oacute;pera alguna ni de ninguno de los tres cantantes por separado, la explosi&oacute;n de ventas del &aacute;lbum con la m&uacute;sica del film <em>Amadeus</em> no provoc&oacute; ning&uacute;n efecto comercial sobre la obra de Mozart. No hubo m&aacute;s gente que sacara entradas para las representaciones de sus &oacute;peras o los conciertos con sus composiciones o que adquiriera otros discos con su m&uacute;sica. Lo mismo hab&iacute;a sucedido con su <em>Concierto para piano N&ordm; 21</em> &ndash;el segundo movimiento se hab&iacute;a utilizado como m&uacute;sica de la pel&iacute;cula sueca <em>Elvira Madigan</em>, dirigida en 1967 por <strong>Bo Widerberg</strong> y hasta hab&iacute;a discos que hab&iacute;an rebautizado la obra como &ldquo;Concierto Elvira Madigan&rdquo;&ndash; o con el movimiento lento del primer sexteto para cuerdas de <strong>Johannes Brahms</strong> que muchos identificaban como &ldquo;la m&uacute;sica de <em>Los amantes</em>&rdquo; en referencia a la pel&iacute;cula de <strong>Louis Malle</strong>. En el plano local sucedi&oacute; algo similar con la m&uacute;sica del teleteatro <em>Pobre diabla</em>, con <strong>Soledad Silveyra</strong> y <strong>Arnaldo Andr&eacute;</strong>. Nunca en ninguna parte el bueno de <strong>Arthur Rubinstein</strong> vendi&oacute; tanto con su interpretaci&oacute;n del <em>Concierto N&ordm; 1</em> de <strong>Fr&eacute;deric Chopin</strong>, aunque lo que sonaba en la televisi&oacute;n no era exactamente eso. Se trataba de una adaptaci&oacute;n realizada por el inefable Alain Debray, uno de los seud&oacute;nimos comerciales de <strong>Horacio Malvicino</strong>.
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    </figure><p class="article-text">
        Resulta m&aacute;s interesante reparar en el efecto indeleble que ciertas m&uacute;sicas tienen sobre algunas im&aacute;genes &ndash;o lo contrario&ndash;. Y, en dos casos, el responsable involuntario es <strong>Richard Strauss</strong>, con el impactante comienzo del poema sinf&oacute;nico <em>As&iacute; habl&oacute; Zarathustra</em>. La primera, como drama, en <em>2001 Odisea del espacio</em>. La segunda, como farsa, en la primera escena de <em>Barbie</em>, de <strong>Greta Gerwig</strong>, que, por supuesto remite a <strong>Stanley Kubrick</strong>.
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        <em>Diego Fischerman es autor del blog El sonido de los sue&ntilde;os: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Mar 2024 17:46:09 +0000]]></pubDate>
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