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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Virginia Luque]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/virginia-luque/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Virginia Luque]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[A la sombra del acorde de Tristán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sombra-acorde-tristan_129_11268704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7f01289-9d5d-46e0-a021-8598ff8ecb33_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A la sombra del acorde de Tristán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un arreglador y pianista virtuoso se convirtió en la encarnación más precisa del tango refinado en las décadas de 1960 y 1970. Varios de sus discos ocupan un lugar único en el género. Director musical de Roberto Goyeneche en uno de sus períodos más fructíferos y compositor de “Afiches”, Atilio Stampone logró, junto a la cantante Virginia Luque, la versión más extraña –y quizá la más genial– del clásico “Uno”, de Mores, Discépolo y, en este caso, Richard Wagner. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Virginia Luque</strong> se llamaba <strong>Violeta Dom&iacute;nguez</strong>. O lo contrario. Era una chica del barrio de Almagro, debut&oacute; en el cine a los 16 a&ntilde;os y a los 20 tuvo su primer protag&oacute;nico. Film&oacute; unas treinta pel&iacute;culas, algunas muy malas y la mayor&iacute;a olvidables. Se visti&oacute; de compadrito, seg&uacute;n se cuenta, por consejo de <strong>Azucena Maizani</strong> &ndash;que se disfrazaba de gaucho&ndash;. Transit&oacute; los peores programas de televisi&oacute;n, entre ellos <em>Tropicana Club</em> y <em>Grandes Valores del Tango</em>. Fue una estrella. Y eso hizo olvidar que se trataba de una cantante notable. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Atilio Stampone</strong> era un a&ntilde;o mayor. Hab&iacute;a nacido en 1926. Y, como ella, empez&oacute; de muy chico. Estudi&oacute;&nbsp;piano desde ni&ntilde;o, a los 15 a&ntilde;os entr&oacute; en la orquesta de <strong>Roberto Dimas</strong>, que actuaba en el Caf&eacute; Marzotto, en Corrientes al 1100, y a los 16 empez&oacute; a tocar en el Tibidabo con la agrupaci&oacute;n de <strong>Pedro Maffia</strong>. En 1945, cuando trabajaba con <strong>Roberto Rufino</strong>, conoci&oacute; al joven <strong>Astor Piazzolla</strong> que, a los 24 a&ntilde;os, se hab&iacute;a ido de la orquesta de <strong>An&iacute;bal Troilo </strong>para dirigir la que acompa&ntilde;aba al cantante <strong>Francisco Fiorentino</strong> y, un a&ntilde;o despu&eacute;s, cuando el bandoneonista fund&oacute; su propia orquesta, Stampone se convirti&oacute; en su pianista. Una d&eacute;cada m&aacute;s tarde, integr&oacute; el <strong>Octeto Buenos Aires</strong>, tal vez el grupo m&aacute;s modernista creado por Piazzolla y, con certeza, uno de los conjuntos m&aacute;s originales e influyentes de la m&uacute;sica argentina. &nbsp;Entre una y otro, Stampone hab&iacute;a tomado clases de perfeccionamiento con <strong>Vicente Scaramuzza</strong> &ndash;el maestro de <strong>Martha Argerich</strong>&ndash;, hab&iacute;a ganado una beca para estudiar en el Conservatorio Santa Cecilia de Roma y, en 1952, hab&iacute;a formado su primera orquesta, codirigida con el bandoneonista <strong>Leopoldo Federico </strong>&ndash;otro que integr&oacute; el Octeto de Piazzolla, entre 1955 y 1958&ndash;. &nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        El primer disco de larga duraci&oacute;n publicado en la Argentina, <em>Tango</em> (las biograf&iacute;as mencionan uno anterior, inhallable, editado en los Estados Unidos), apareci&oacute; en 1962. Todos los temas incluidos son cl&aacute;sicos y cuatro de ellos son cantados (dos por <strong>Ricardo Ruiz </strong>y dos por <strong>H&eacute;ctor Petray</strong>) y quienes comandan las cuerdas y los bandoneones son los mejores solistas posibles, el violinista <strong>Enrique Mario Francini </strong>y el bandoneonista <strong>Leopoldo Federico</strong>. <em>Buenos Aires Hora Tango</em>, su segundo LP, se edit&oacute; en 1964 &ndash;las fechas consignadas en Spotify son err&oacute;neas&ndash;. Abre con &ldquo;Adi&oacute;s Nonino&rdquo;, y ese es, de hecho, uno de los primeros registros realizados por un m&uacute;sico que no fuera su autor &ndash;la versi&oacute;n del bandoneonista hab&iacute;a aparecido a fines de 1961 en el disco <em>Piazzolla interpreta a Piazzolla </em>y, con el mismo arreglo pero mejor calidad de grabaci&oacute;n, en un EP uruguayo de cuatro temas titulado <em>Vanguardia</em>&ndash; . En el repertorio es notable la inclinaci&oacute;n por <strong>Julio De Caro</strong> &ndash;&ldquo;El arranque&rdquo;, &ldquo;La rayuela&rdquo;&ndash; y la elecci&oacute;n de un tema muy antiguo, como &ldquo;El irresistible&rdquo;, de <strong>Lorenzo Logatti</strong>. Est&aacute;n presentes all&iacute; <strong>Juli&aacute;n Plaza </strong>con &ldquo;Nost&aacute;lgico&rdquo; y &ldquo;Disonante&rdquo; (en ambos casos con arreglos suyos) y <strong>Emilio Balcarce</strong> con &ldquo;La Bordona&rdquo;, adem&aacute;s de un cl&aacute;sico como &ldquo;Ojos negros&rdquo;, de Vicente Greco. Y el resto son piezas propias: &ldquo;Romance de tango&rdquo;, &ldquo;Mocosa&rdquo;, &ldquo;Ciudadano&rdquo; y &ldquo;Fiesta en mi ciudad&rdquo; &shy;&shy;&ndash;con un grupo vocal de jazz llamado <strong>Los Jazz Singers</strong>&ndash;. A lo largo de ambos discos aparece lo mejor y lo peor del estilo de Stampone &ndash;que a veces es lo mismo&ndash;: el virtuosismo instrumental &ndash;y por momentos su exceso&ndash;, la aterciopelada perfecci&oacute;n de su fila de cuerdas &ndash;al borde del desborde&ndash;, su tendencia a la cita &ldquo;culta&rdquo;, la ambici&oacute;n &ndash;en la frontera de la desmesura&ndash; y un cierto amaneramiento que en ocasiones se acerca demasiado al manierismo. Pero, sobre todo, una orquesta con un gran sonido, sustentado en el segundo disco en una notable fila de bandoneones, comandada por <strong>Eduardo Rovira</strong>, y un conjunto de cuerdas conformado por cinco primeros y cuatro segundos violines, dos violas, dos cellos y contrabajo.
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    </figure><p class="article-text">
        En 1966 se public&oacute; <em>El sonido de Atilio Stampone y su gran orquesta</em> que, a diferencia del &aacute;lbum anterior, no incluye temas propios. Es, en alg&uacute;n sentido, un disco m&aacute;s conservador (aunque no es los arreglos) y las &uacute;nicas composiciones m&aacute;s o menos recientes son &ldquo;Verano porte&ntilde;o&rdquo; &ndash;publicado el a&ntilde;o anterior por Piazzolla en un EP con cuatro temas extra&iacute;dos de la m&uacute;sica para la obra teatral <em>Melenita de oro</em>&ndash; y el bello &ldquo;Tema oto&ntilde;al&rdquo; de Francini, que el Octeto de Piazzolla hab&iacute;a grabado en 1957 y el <strong>Quinteto Real</strong> de <strong>Horacio Salg&aacute;n</strong> en 1964.
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    </figure><p class="article-text">
        Los tres primeros &aacute;lbumes de la d&eacute;cada de 1970 &ndash;<em>Concepto</em>, de 1972, <em>Im&aacute;genes</em>, del a&ntilde;o siguiente, y <em>Jaque Mate</em>, publicado en 1975&ndash; llevan el <em>Modelo Stampone</em> a su cenit, con puntos alt&iacute;simos como &ldquo;Milonga triste&rdquo;, &ldquo;Responso&rdquo;, &ldquo;Los mareados&rdquo;, &ldquo;La casita de mis viejos&rdquo;, &ldquo;Amparo&rdquo; &ndash;de <strong>Ant&ocirc;nio Carlos Jobim</strong>, que en su versi&oacute;n cantada por <strong>Chico Buarque</strong> aparece como &ldquo;Olha Maria&rdquo;&ndash; y &ldquo;Adagio&rdquo;. 
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        Esos son los a&ntilde;os de Ca&ntilde;o 14, el boliche del que era uno de los propietarios y se convirti&oacute; en lugar preferencial del tango &ldquo;para escuchar&rdquo;, y de sus discos con <strong>Roberto Goyeneche</strong>, <em>Sentimiento tanguero</em>, de 1972 &ndash;inexplicablemente reeditado con el orden de los temas cambiado y con el t&iacute;tulo <em>Cada vez que me recuerdes</em>&ndash;, <em>Goyeneche 73</em> &ndash;travestido como <em>Soy un arlequ&iacute;n</em>&ndash;, donde se incluye &ldquo;Afiches&rdquo;, una canci&oacute;n que Stampone hab&iacute;a compuesto con <strong>Homero Exp&oacute;sito</strong> y grabado en un disco olvidado, de 1955&ndash;, y <em>Personalidad y tango</em>, de ese mismo a&ntilde;o &ndash;reordenado y retitulado como <em>Naranjo en flor</em>&ndash;.
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        Pero antes, en 1969, Virginia Luque, la chica de barrio convertida en compadrito, la cantante escondida tras la estrella, grab&oacute; junto a Stampone un disco dedicado a <strong>Enrique Santos Disc&eacute;polo</strong>. Y all&iacute; estaba, en el final, &ldquo;Uno&rdquo;, la magn&iacute;fica canci&oacute;n que junto al poeta hab&iacute;a compuesto <strong>Mariano Mores</strong> y que en esta versi&oacute;n contaba con la improbable colaboraci&oacute;n del bueno de <strong>Richard Wagner</strong>, cuyo famoso acorde sin resoluci&oacute;n, en el comienzo de la &oacute;pera <em>Trist&aacute;n e Isolda</em> &ndash;podr&iacute;a pensarse que en esa obra maestra de lo t&aacute;ntrico todo est&aacute; anunciado desde el comienzo pero nada culmina hasta tres horas m&aacute;s tarde&ndash; esta vez s&iacute; concluye con un acorde de guitarra que da pie a la voz. Y ella canta eso de buscar las esperanzas de una manera teatral, detallista, siguiendo el texto palabra por palabra, oper&iacute;sticamente al fin y al cabo, mientras Stampone se da el lujo de citar &ndash;un poquito nom&aacute;s&ndash; las cuerdas de &ldquo;Eleanor Rigby&rdquo; y de utilizar un corno que se excede tan s&oacute;lo en dos momentos.
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog El sonido de los sue&ntilde;os: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Apr 2024 13:31:50 +0000]]></pubDate>
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