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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Roberto Goyeneche]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Roberto Goyeneche]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El que siempre está llegando]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/llegando_129_12307654.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f67737af-72fd-4558-bea4-120b5660e199_16-9-discover-aspect-ratio_default_1118007.jpg" width="2086" height="1173" alt="El que siempre está llegando"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su mujer lo llamaba Buda, El Japonés o, más frecuentemente, Pichuco, como todo el mundo. Aníbal Troilo le enseñó a los grandes cantantes a ser los mejores, dirigió durante más de treinta años a la única orquesta de tango que nadie discutió, compuso y estrenó muchos de los clásicos del género e inventó una manera única de suspender el tiempo con su fraseo en el bandoneón. Murió hace medio siglo, con 60 años y pareciendo ya su propia estatua. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        Llueve en Buenos Aires mientras escribo esta columna. Acabo de escuchar &ldquo;Responso&rdquo;, el requiem que <strong>An&iacute;bal Troilo</strong> grab&oacute; para <strong>Homero Manzi</strong> en 1951, con orquestaci&oacute;n de <strong>Astor Piazzolla</strong>. Es el amanecer del viernes. Es la hora en que, seg&uacute;n las leyendas, An&iacute;bal Troilo se acostaba. &ldquo;A las nueve de la noche del lunes 18 de mayo, la cola de los que pretend&iacute;an dar su &uacute;ltimo adi&oacute;s a Pichuco, se hab&iacute;a vuelto un anillo en torno al Teatro San Martin&rdquo;, publicaba la revista <em>Crisis</em> en su n&uacute;mero de julio de ese a&ntilde;o. <strong>Mar&iacute;a Esther Gilio</strong> y <strong>Vicente Zito Lima</strong> hab&iacute;an recorrido ese anillo recogiendo los comentarios de esas personas que lo conformaban. Una de ellas, una mujer, contaba: &mdash;Yo estuve en la funci&oacute;n del s&aacute;bado. Yo quer&iacute;a ir a saludarlo, pero mi esposo es t&iacute;mido, no quiso. Cuando &eacute;l dijo: &lsquo;Gracias Buenos Aires. Aguantame un poco m&aacute;s&rsquo;. Yo me puse la mano sobre el coraz&oacute;n y pens&eacute;: &lsquo;Escuchalo, Dios mio. Escuchalo&rsquo;. Dios no quiso&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o antes &ndash;la entrevista fue publicada en esa misma revista en septiembre de 1974&ndash;, Gilio hab&iacute;a conversado largamente con el bandoneonista. &ldquo;Creo que soy un hombre bueno&rdquo;, contestaba &eacute;l ante la pregunta &ldquo;&iquest;Y c&oacute;mo es usted?&rdquo;. Troilo estaba enfermo. Caminaba &ldquo;un poco al bardo&rdquo;, en sus propias palabras. Y actu&oacute; hasta tres d&iacute;as antes de morirse, a los 60 a&ntilde;os y pareci&eacute;ndose ya a una estatua de s&iacute; mismo. Dec&iacute;a, en aquella entrevista, que trabajaba toda la semana, salvo los domingos. Contaba, con orgullo, refiri&eacute;ndose a sus dos entradas en el show: &ldquo;Le voy a alcanzar un detalle. Ayer me hice 55 minutos en la primera vuelta. Despu&eacute;s me mand&eacute; dos whiscachos y me hice la segunda.&rdquo; &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; va?&rdquo;, preguntaba la periodista. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo?&rdquo;, inquir&iacute;a &eacute;l en respuesta. &ldquo;&ndash;S&iacute;, dice que est&aacute; enfermo. Quiero saber si va porque es responsable o por qu&eacute;.&rdquo;, explicaba ella. Y &eacute;l respond&iacute;a: &ldquo;La gente me quiere. No se puede describir.&rdquo;&nbsp;
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        A veces, cuando tocaba, parec&iacute;a que lloraba. Y dicen que de all&iacute; ven&iacute;a su apodo. Que Pichuco, como lo llamaban, ven&iacute;a de <em>picciuso</em>, que en <em>napoletano</em> quer&iacute;a decir &ldquo;llor&oacute;n&rdquo;. Troilo muri&oacute; hace medio siglo. &ldquo;Sur&rdquo;, &ldquo;Gar&uacute;a&rdquo;, &ldquo;Responso&rdquo; y, claro, ese fraseo en que una nota creaba su propio universo, en que todo quedaba colgando del hilo de ese sonido sin tiempo, siguen siendo los mismos. &ldquo;Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio. &iquest;Cu&aacute;ndo? &iquest;Pero cu&aacute;ndo? &iexcl;Si siempre estoy llegando!&rdquo;, recitaba en &ldquo;Nocturno de mi barrio&rdquo;, grabado en 1969 a d&uacute;o con <strong>Ubaldo De L&iacute;o</strong> en guitarra el&eacute;ctrica. Ese, el que siempre est&aacute; llegando, no es un solo Troilo. Son por lo menos dos o tres. O m&aacute;s. El autor. El que eligi&oacute; a los mejores orquestadores y el que trabaj&oacute; sobre esas orquestaciones &ndash;la &ldquo;goma de borrar&rdquo; de la que hablaba Piazzolla&ndash; para darles el sello definitivo de su orquesta. El maestro de cantantes, el que actu&oacute; y grab&oacute; con los m&aacute;s grandes &ndash;<strong>Francisco Fiorentino</strong>, <strong>Alberto Marino</strong>, <strong>Floreal Ruiz</strong>, <strong>Edmundo Rivero</strong>, <strong>Ra&uacute;l Ber&oacute;n</strong>, <strong>Roberto Goyeneche</strong>&ndash; que, invariablemente, junto a &eacute;l fueron los mejores. El que introdujo violoncello y, m&aacute;s tarde, tambi&eacute;n viola, en la orquesta de tango. El que tuvo a muchos de los instrumentistas m&aacute;s notables &ndash;el contrabajista <strong>Kicho D&iacute;az</strong>, los pianistas <strong>Orlando Go&ntilde;i</strong>, <strong>Jose Basso</strong>, <strong>Carlos Figari</strong>, <strong>Osvaldo Manzi</strong> y <strong>Osvaldo Berlingieri</strong>&ndash;. El que invent&oacute; al cuarteto t&iacute;pico con guitarras y contrabajo como una cumbre de la m&uacute;sica de c&aacute;mara. El &uacute;nico, en un g&eacute;nero marcado por fanatismos y rivalidades irreconciliables, que fue respetado y querido por todos. El que uni&oacute; la sutileza y la ro&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Piazzolla, que lo adoraba, fue quien m&aacute;s lo critic&oacute;. Y lo critic&oacute; porque lo adoraba. Ve&iacute;a en &eacute;l a alguien que pod&iacute;a haber sido un <strong>Duke Ellington</strong> argentino y que se hab&iacute;a conformado con el culto a su propio pasado. La cr&iacute;tica era injusta y ten&iacute;a que ver, en realidad, con mirar a Troilo, alguien nacido en 1914 y crecido con el tango de bailes y de clubes como paisaje, con la perspectiva evolucionista de los a&ntilde;os 50&rsquo;s y 60&rsquo;. Piazzolla, que hab&iacute;a sido bandoneonista, compositor y director de una orquesta en la d&eacute;cada de 1940 y hab&iacute;a mutado a grupos, lenguajes y circulaciones m&aacute;s modernas, hab&iacute;a participado de ambos mundos. Troilo no. Y la adoraci&oacute;n (mutua), por encima de las pol&eacute;micas, se verifica en la larga historia conjunta. Piazzolla entr&oacute; en la orquesta de Troilo en 1943, a los 22 a&ntilde;os, y ese mismo a&ntilde;o firm&oacute; all&iacute; su primer arreglo, &ldquo;Inspiraci&oacute;n&rdquo;. Entre 1950 y 1954, Pichuco grab&oacute; &ndash;y estren&oacute;&ndash; las nuevas piezas creadas por el marplatense: &ldquo;Para lucirse&rdquo;, &ldquo;Prep&aacute;rense&rdquo;, &ldquo;Tanguango&rdquo;, &ldquo;Contratiempo&rdquo;, &ldquo;Triunfal&rdquo; y &ldquo;Contrabajeando&rdquo; &ndash; compuesta por ambos en colaboraci&oacute;n&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        En 1957 grab&oacute; &ldquo;Lo que vendr&aacute;&rdquo; y m&aacute;s adelante, varios de los temas que Piazzolla present&oacute; con su propio quinteto, &ldquo;Verano porte&ntilde;o&rdquo; y &ldquo;Adios Nonino&rdquo; entre ellos. Como ya se ha dicho, es a &eacute;l a quien le encarga la orquestaci&oacute;n de &ldquo;Responso&rdquo;, tal vez su obra m&aacute;s importante y no s&oacute;lo por su belleza como por el peso afectivo y simb&oacute;lico que ten&iacute;a la despedida de aquel junto a quien hab&iacute;a creado piezas cl&aacute;sicas como &ldquo;Sur&rdquo;, &ldquo;Che bandone&oacute;n&rdquo;, &ldquo;Romance de barrio&rdquo; y &ldquo;Barrio de tango&rdquo;. La r&uacute;brica, por otra parte, no podr&iacute;a ser mejor: los dos d&uacute;os de bandoneones que registraron en 1970: &ldquo;Volver&rdquo; y &ldquo;El motivo&rdquo;.&nbsp;Ninguno de los dos, en ninguna otra ocasi&oacute;n, grab&oacute; a d&uacute;o con otro bandoneonista. Y si faltara una prueba m&aacute;s, all&iacute; est&aacute; la <em>Suite Troileana</em> que Piazzolla escribi&oacute; al enterarse de la muerte de quien hab&iacute;a sido su mentor.
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    </figure><p class="article-text">
        La discograf&iacute;a de Troilo est&aacute;, como sucede con casi todo el tango, desordenada. No se consignan datos, se mezclan distintas &eacute;pocas, el sonido es, en la mayor&iacute;a de los casos, espantoso, y abundan las antolog&iacute;as con nombres tan poco imaginativos &ndash;y confusos&ndash; como <em>From Argentina to the World</em>. Destacan entre ellas, por el ordenamiento meticuloso y por la cuidadosa restauraci&oacute;n sonora, las ediciones de Lantower. <em>Troilo 1938-1941</em> y <em>Troilo 1941-1942</em>, agrupan los registros originales en discos de 78 rpm, con los comienzos de la orquesta y piezas magistrales como &ldquo;En esta tarde gris&rdquo;, con la voz de Fiorentino, o, con el mismo cantante, el estreno de &ldquo;Malena&rdquo;, del que se incluye, adem&aacute;s, una toma alternativa in&eacute;dita. <em>Troilo 1957-1959</em>, por su parte, agrupa los registros con Goyeneche y <strong>&Aacute;ngel C&aacute;rdenas</strong> como cantantes (tambi&eacute;n publicados en su momento en placas de gomalaca de 78 rpm) y refleja uno de los per&iacute;odos m&aacute;s luminosos de la carrera de Troilo y del sonido de su orquesta. Algunas rarezas &ndash;el d&uacute;o de Goyeneche y C&aacute;rdenas interpretando &ldquo;La flor de la canela&rdquo;&ndash; y cl&aacute;sicos absolutos como &ldquo;La bordona&rdquo;, &ldquo;Danzar&iacute;n&rdquo; o el mencionado &ldquo;Lo que vendr&aacute;&rdquo; hacen de la escucha de esta edici&oacute;n algo inevitable.
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    </figure><p class="article-text">
        Troilo hab&iacute;a comenzado su carrera con el Cuarteto del 900, junto al acordeonista <strong>Feliciano Brunelli</strong>, <strong>Elvino Vardaro</strong> en viol&iacute;n y el flautista <strong>Enrique Bour</strong>. Despu&eacute;s, en 1937, fue parte de la orquesta gigante que el pianista <strong>Juan Carlos Cobi&aacute;n</strong> organiz&oacute; para los carnavales. Cinco meses despu&eacute;s, dos carteles en la puerta de la boite Marab&uacute;, anunciaban: &ldquo;Hoy debut: An&iacute;bal Troilo y su orquesta&rdquo; y, en un cuarteto de rima endeble: &ldquo;Todo el mundo al Marab&uacute;/ la boite de m&aacute;s alto rango/ donde Pichuco y su orquesta / har&aacute;n bailar buenos tangos&rdquo;. A partir de all&iacute;, el bandoneonista y su orquesta no se detuvieron nunca. Y las grabaciones dieron buena cuenta de esa trayectoria. Dos tempranos registros en 1938, para Odeon; un primer per&iacute;odo en la RCA Victor, entre 1941 y 1949; un lapso en un sello independiente, T-K, entre 1950 y 1956, que incluye las primeras apariciones de Goyeneche como cantante y los primeros registros del Cuarteto con <strong>Roberto Grela</strong> como guitarra solista; las grabaciones para Odeon entre 1957 y 1959 y el segundo per&iacute;odo en RCA Victor, entre 1962 y su &uacute;ltima grabaci&oacute;n de estudio, el disco <em>&iquest;Te acord&aacute;s polaco?</em>, de 1971. 
    </p><p class="article-text">
        Existi&oacute; en Cd una integral de lo registrado por TK &ndash;con muy mal sonido de origen y sin trabajo de restauraci&oacute;n alguno&ndash; pero no figura en las plataformas de streaming&ndash; y s&iacute; existe la que agrupa lo publicado por RCA Victor, posiblemente, junto con la de Goyeneche, una de las ediciones m&aacute;s faltas de criterio de la historia discogr&aacute;fica. M&aacute;s all&aacute; de la ofensiva compresi&oacute;n extrema a la que sometieron a las grabaciones, como &uacute;nico tratamiento, el ordenamiento del material es absurdo y transgrede todos y cada uno de los criterios posibles. En el caso de los registros en 78 rpm &ndash;originalmente discos con dos temas&ndash; no solo no sigue un orden cronol&oacute;gico (a pesar de que s&iacute; consigna en sus folletos las fechas de grabaci&oacute;n, un m&eacute;rito, hay que decirlo) sino que los agrupa, sin ninguna necesidad, ya que se trata de Cds, en falsos LPs, de no m&aacute;s de 35 minutos de grabaci&oacute;n. Podr&iacute;a pensarse que busc&oacute; llevar la obra de Troilo en ese sello al formato del disco de microsurco en 33 rpm, que es en el que el bandoneonista desarroll&oacute; gran parte de su carrera. Pero el disparate perpetrado con los LPs originales, publicados a partir de 1962, echa por tierra esa presunci&oacute;n: all&iacute; no se respetan ni los t&iacute;tulos ni el orden de los temas que los artistas y sus productores hab&iacute;an elegido en su momento. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del dislate &ndash;al disco <em>Troilo-Grela. Cuarteto t&iacute;pico</em> hay que buscarlo como <em>Pa&rsquo; que bailen los muchachos</em> y al fundamental <em>For export</em>, de 1963, se lo encuentra como <em>Lo que vendr&aacute;</em>&ndash; el material musical es extraordinario. Van aqu&iacute;, tambi&eacute;n, las primeras grabaciones con Grela, en cuarteto y en tr&iacute;o, realizadas entre 1953 y 1955 para TK. La edici&oacute;n es mala &ndash;incluso falta un pedazo de un tema, &ldquo;Sobre el pucho&rdquo;&ndash; pero la m&uacute;sica es maravillosa. Y, como bonus track, una peque&ntilde;a lista con dos de los tangos que Troilo grab&oacute; m&aacute;s de una vez, con cantantes distintos, como para comparar (y disfrutar).
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        En su conversaci&oacute;n con Gilio, Troilo contaba c&oacute;mo, en el &uacute;ltimo cuadro de una revista en el Teatro Ode&oacute;n &ndash;por el 58, dec&iacute;a&ndash;, se juntaban todos los que hab&iacute;an participado, con <strong>Horacio Salg&aacute;n</strong> en el piano, <strong>Ciriaco Ortiz</strong> y &eacute;l en bandoneones y Edmundo Rivero cantando y no pod&iacute;an parar. &ldquo;Mir&aacute; que era el cuadro n&uacute;mero veInte y ven&iacute;amos de zapar los diecinueve anteriores. Pero nos entend&iacute;amos tan bien que al menor amague de aplauso segu&iacute;amos y segu&iacute;amos. De a ratos nos mir&aacute;bamos con Salg&aacute;n y dec&iacute;amos: &lsquo;&iexcl;Pensar que adem&aacute;s nos pagan!&rsquo;.&rdquo; Despu&eacute;s, Pichuco, o Buda, o El Japon&eacute;s, como lo llamaba indistintamente Zita, su mujer, tiraba del brazo de la entrevistadora, acerc&aacute;ndola a &eacute;l, y le dec&iacute;a, bajando mucho la voz: &ldquo;Tengo unas ganas de morirme que no puedo m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/llegando_129_12307654.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 May 2025 13:44:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El que siempre está llegando]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Aníbal Troilo,Astor Piazzolla,Roberto Goyeneche]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el 2025 también]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/2025_129_11992015.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4b254b5-8b34-413c-ad72-a1bc021557c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el 2025 también"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pocas canciones tienen tantas referencias al momento en que fueron creadas. Y casi ninguna resultó tan eterna. En un siglo XXI tan problemático y febril como el anterior y en una semana que lo puso en escena con todas las luces, “Cambalache”, estrenada hace 90 años, sigue hablando del presente.</p></div><p class="article-text">
        Muy pocos saben qui&eacute;n fue <strong>Alexandre Stavisky</strong> (y m&aacute;s de uno ha cantado Stravinsky), un franc&eacute;s nacido en Ucrania que hab&iacute;a estafado al Cr&eacute;dit Municipal de Bayona en 200 millones de francos y que, en 1934, acorralado por la polic&iacute;a, se hab&iacute;a suicidado en su chalet de Chamonix.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco se menciona demasiado en la actualidad la canonizaci&oacute;n, ese mismo a&ntilde;o, de Don Bosco, el sacerdote italiano que hab&iacute;a fundado la orden de los Salesianos. Pero cuando <strong>Enrique Santos Disc&eacute;polo</strong> recibi&oacute;, en 1934, el encargo de escribir algunas canciones para un film de <strong>Mario Soffici</strong>, <em>El alma del bandone&oacute;n</em>, esos, junto a las andanzas santafesinas del mafioso siciliano Don Chicho &ndash;<strong>Juan Galiffi</strong>&ndash; y el campeonato mundial de box ganado en 1933 por el italiano <strong>Primo Carnera</strong>, eran los temas que ocupaban las tapas de los diarios. Y aunque no hac&iacute;a referencia a nadie en particular, &ldquo;la Mignon&rdquo; era entonces una expresi&oacute;n bastante corriente para hablar despectivamente de una amante mantenida. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cambalache&rdquo;, ese tango que debi&oacute; haberse revelado al p&uacute;blico con el estreno de la pel&iacute;cula hace noventa a&ntilde;os, en febrero de 1935, pero por una avivada de <strong>Luis C&eacute;sar Amadori</strong> se dio a conocer a fin de 1934 en el Maipo y con la voz de <strong>Sof&iacute;a &ldquo;La Negra&rdquo; Boz&aacute;n</strong>, es la canci&oacute;n m&aacute;s mencionada cuando se habla del valor testimonial del g&eacute;nero. Y, posiblemente, la m&aacute;s imperecedera de todas, a pesar de estar cargada de alusiones a su propia &eacute;poca. 
    </p><p class="article-text">
        La famosa Biblia contra al calef&oacute;n, por ejemplo, hac&iacute;a referencia a las ediciones del famoso libro &ndash;y con su famoso, delgado y suave papel del mismo nombre&ndash; que frecuentemente se encontraba en los ba&ntilde;os. En las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, las Biblias protestantes se regalaban con af&aacute;n proselitista. El papel higi&eacute;nico era un lujo y las Biblias, como elementos destinados a la higiene, no ten&iacute;an costo alguno y eran muy preferibles al otro sustituto habitual: el diario. Un clavo sin cabeza (el sable sin remache del que habla la letra) las fijaba sobre la letrina y junto al calef&oacute;n, permitiendo arrancar las hojas sin romperlas, y la Biblia lloraba, literalmente, por el vapor de la ducha. Pero un libro sagrado junto a un calef&oacute;n es una imagen suficientemente intemporal de los cambalaches, esos negocios donde se vend&iacute;a de todo y todo amontonado. O de ese mundo moderno &ndash;y en crisis&ndash; de la d&eacute;cada infame cuya mescolanza, inc&oacute;lume, no ha perdido vigencia. Una estrofa como &ldquo;hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso o estafador. &iexcl;Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplazaos ni escalaf&oacute;n, los inmorales nos han igualao&rdquo; o la contundente conclusi&oacute;n, &ldquo;Es lo mismo el que labura noche y d&iacute;a como un buey que el que vive de los otros, que el que mata o el que cura o est&aacute; fuera de la ley&rdquo;, se convirtieron en el extracto m&aacute;s preciso de lo que ser&iacute;a para siempre una &ldquo;canci&oacute;n de protesta&rdquo;. El texto, sin embargo, no fue bien valorado por la izquierda org&aacute;nica de la Argentina. Como se&ntilde;ala <strong>Sergio Pujol</strong> en su excelente biograf&iacute;a de Disc&eacute;polo (<em>Disc&eacute;polo: Una biograf&iacute;a argentina</em>, Emec&eacute; 2017), parec&iacute;a reflejar m&aacute;s las aversiones de la clase media (la mezcla; el igualamiento entre el bruto y el profesor) que las del proletariado. Y, claramente, le faltaba optimismo revolucionario. 
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a pensarse que &ldquo;Cambalache&rdquo; es eterno y algo de esa intemporalidad se traslad&oacute; a su propia historia. En <em>El alma del bandone&oacute;n</em>, la primera pel&iacute;cula protagonizada por <strong>Libertad Lamarque</strong>, lo cant&oacute; <strong>Ernesto Fam&aacute;</strong> junto con la orquesta de <strong>Francisco Lomuto</strong>. Y ambos lo grabaron pero por separado: Lomuto en diciembre de 1934 pero con la voz de <strong>Fernando D&iacute;az</strong> &ndash;con una amplia secci&oacute;n instrumental en el comienzo y en el final, que incluye golpes r&iacute;tmicos en las cajas de los bandoneones, y omite las dos &uacute;ltimas estrofas&ndash; y Fam&aacute; con la orquesta de Canaro &ndash;m&aacute;s mel&oacute;dica y menos marcada, con inflexiones, silencios y un tono por momentos m&aacute;s hablado y teatral en el canto, y con su letra completa&ndash; en abril del a&ntilde;o siguiente. La censura radiof&oacute;nica, a partir de la cruzada anti lunfardo &ndash;y de paso contra cualquier tango m&aacute;s o menos contestatario&ndash; impuesta a partir de 1943, hizo que la suerte discogr&aacute;fica de &ldquo;Cambalache&rdquo;, en la d&eacute;cada de 1940, no reflejara cabalmente la popularidad de la pieza. La orquesta de Di Sarli, con el cantante Roberto Rufino, la ten&iacute;a en su repertorio habitual, por ejemplo, pero jam&aacute;s la registr&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que un disco que no se difundiera en la radio no ten&iacute;a mayores posibilidades comerciales, <strong>Juan D&rsquo;Arienzo</strong> y el cantor <strong>Alberto Echag&uuml;e</strong> lograron un gran &eacute;xito en 1947. &ldquo;Cambalache&rdquo;, no obstante, encontr&oacute; su int&eacute;rprete definitivo, el m&aacute;s popular &ndash;y el que model&oacute; cualquier versi&oacute;n posterior&ndash; en Julio Sosa, que, adem&aacute;s, lo grab&oacute; dos veces, en 1958 &ndash;quince a&ntilde;os despu&eacute;s de su creaci&oacute;n&ndash; y antes de morir, en 1964, para <em>Firulete</em>, su disco p&oacute;stumo, que se convirti&oacute; en una de los grandes fen&oacute;menos de la industria argentina del disco. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las dos excelentes orquestas que participan en cada uno de estos registros, la de <strong>Armando Pontier</strong> en la primera y la de <strong>Leopoldo Federico</strong> en la segunda, y de la voz y la personalidad interpretativa de Sosa, que en rigor no cambi&oacute; sustancialmente en los seis a&ntilde;os transcurridos&nbsp;entre una y otra, en ambas hubo aportes llamativos.&nbsp;En la de 1958, quiz&aacute; a partir de la posible confusi&oacute;n entre Stavisky y Stravinsky y buscando un sustituto af&iacute;n pero m&aacute;s conocido, su nombre es reemplazado por el de Toscanini, cambiando adem&aacute;s, por razones r&iacute;tmicas, el plural original de la primera enumeraci&oacute;n de nombres. Ese es solo el primer cambio. La estrofa completa, en esa versi&oacute;n, es &ldquo;Mezclao con Toscanini va Scarface y Napole&oacute;n, Yatasto y Marim&oacute;n, Gatica y San Mart&iacute;n&rdquo; en lugar de &ldquo;Mezclaos con Stavisky van don Bosco y la Mignon, don Chicho y Napole&oacute;n, Carnera y San Mart&iacute;n&rdquo;. Las celebridades incorporadas por Sosa son un caballo pura sangre (Yatasto) ganador de varios grandes premios y ostentador de innumerables r&eacute;cords entre 1951 y 1953, un corredor de autos (<strong>Onofre Marim&oacute;n</strong>) y el boxeador <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Gatica</strong>. Hubo otras modificaciones menores &ndash;pero fijadas en muchas versiones posteriores&ndash; como poner la Biblia junto al calef&oacute;n y no contra &eacute;l, adem&aacute;s de asegurar que en el horno &ldquo;se vamo &lsquo;a encontrar&rdquo; en lugar del &ldquo;nos vamo &lsquo;a encontrar&rdquo; original. Tambi&eacute;n, el a&ntilde;o 506 se adelant&oacute; al 510. Pero m&aacute;s trascendente resulta el cambio de &ldquo;el que vive de los otros&rdquo;, una declaraci&oacute;n anarquista de Disc&eacute;polo, por &ldquo;el que vive de las minas&rdquo;, de cosecha propia. La palabra &ldquo;ya&rdquo;, en la frase &ldquo;ya no hay qui&eacute;n lo niegue&rdquo;, se contin&uacute;a en una breve risa sard&oacute;nica. Y &ldquo;generoso&rdquo; troca en &ldquo;pretencioso&rdquo; uni&eacute;ndose en el sentido a la palabra siguiente, &ldquo;estafador&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La grabaci&oacute;n postrera tiene un comienzo espectacular, ayudada por una tecnolog&iacute;a de grabaci&oacute;n muy superior: Un movimiento repentino y ascendente de las cuerdas que desemboca en una peque&ntilde;a detenci&oacute;n suspensiva seguida por un veloz glissando descendente en el piano que desemboca en la melod&iacute;a de la canci&oacute;n llevada por bandoneones, con el piano ornament&aacute;ndola y, luego, acompa&ntilde;ada por el derroche mel&oacute;dico de un notable contracanto de los violines. Despu&eacute;s, todo es de Sosa hasta el maravilloso solo de bandone&oacute;n de Federico, entre sus dos secciones.
    </p><p class="article-text">
        El cantante mantiene sus cambios en la letra, salvo en la estrofa de los nombres propios, donde siguen estando Toscanini y Scarface,&nbsp;pero restituye a los originarios Don Bosco, Carnera, San Mart&iacute;n y La Mignon, aunque esta intercambia su lugar con Napole&oacute;n. Y hay algo m&aacute;s. Una acotaci&oacute;n; la expresi&oacute;n de un pensamiento &iacute;ntimo. Algo que en un libreto de &oacute;pera aparecer&iacute;a entre par&eacute;ntesis y que muchos int&eacute;rpretes posteriores se sintieron obligados a incorporar. En el estribillo, despu&eacute;s de cantar &ldquo;no hay aplazaos&rdquo;, Sosa agrega, casi para s&iacute;, &ldquo;&iexcl;qu&eacute; v &lsquo;haber!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La muerte tr&aacute;gica de Sosa, en un accidente automovil&iacute;stico, casi al mismo tiempo que el LP se publicaba, no fue un dato menor en la leyenda&nbsp;ni en el hecho de que este &ldquo;Cambalache&rdquo; se convirtiera en can&oacute;nico. Pero si hay una interpretaci&oacute;n que adem&aacute;s de respetar rigurosamente el texto de Disc&eacute;polo es un modelo de mesurada sabidur&iacute;a, iron&iacute;a apenas sugerida por alguna inflexi&oacute;n o por el color de los graves, utilizados por ejemplo al decir &ldquo;cualquiera es un se&ntilde;or&rdquo;, es la que&nbsp;<strong>Edmundo Rivero</strong>, con el acompa&ntilde;amiento orquestal de <strong>H&eacute;ctor Stamponi</strong>, tan rico e imaginativo como ajustado, incluy&oacute; en <em>Edmundo Rivero canta a Disc&eacute;polo</em>. El disco, adem&aacute;s, fue el primer LP publicado por el int&eacute;rprete, en 1959 y, con certeza, el primer disco conceptual del tango, no s&oacute;lo con un tema unificador sino grabado especialmente para esa publicaci&oacute;n (y no una selecci&oacute;n de &eacute;xitos ya editados anteriormente en placas de gomalaca de 78 revoluciones por minuto), con arreglos originales y por una misma orquesta. 
    </p><p class="article-text">
        Entre los cambios que unos y otros hicieron a la letra se destacan los de <strong>Caetano Veloso</strong>, que registr&oacute; el tango en 1969 e incluy&oacute; all&iacute; a <strong>Ringo Starr</strong> y <strong>John Lennon</strong> (convertido en Lenno por razones r&iacute;tmicas). <strong>Roberto Goyeneche</strong>, por su parte, siempre tuvo algo que decir con &ldquo;Cambalache&rdquo;. En 1970 y en la plenitud de sus facultades vocales de la segunda &eacute;poca &ndash;tan diferentes de las de la primera, con Salg&aacute;n y con Troilo en la d&eacute;cada de 1950&ndash;, el tema fue incluido en el LP <em>Mano a mano con Goyeneche</em>, junto con la Orquesta T&iacute;pica Porte&ntilde;a dirigida por <strong>Ra&uacute;l Garello</strong> &ndash;de manera inexplicable, la reedici&oacute;n en CD fue rebautizada como <em>Cambalache</em> y cambi&oacute; el orden de los temas&ndash;. El texto es el de Disc&eacute;polo salvo por el trueque entre Stavisky y Stravinsky (imposible saber si debido a un error o a una decisi&oacute;n). Doce a&ntilde;os despu&eacute;s, en vivo con el Quinteto de <strong>Astor Piazzolla</strong> &ndash;un arreglo sumamente original y variado en sus matices&ndash; y en el medio de la Guerra de Malvinas, Goyeneche cantar&aacute; &ldquo;Stavisky&rdquo; y har&aacute; un cambio significativo: despu&eacute;s de La Mignon y antes de Napole&oacute;n, aparecer&aacute;, aplaudida por el p&uacute;blico, la menci&oacute;n a &ldquo;La Thatcher&rdquo;. La Biblia segu&iacute;a &ndash;y a&uacute;n lo hace&ndash; &nbsp;llorando contra el calef&oacute;n y una canci&oacute;n retrataba un siglo &ndash;y al que le sigue&ndash; o, m&aacute;s bien, un mundo, desde siempre y hasta siempre, problem&aacute;tico y febril.
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/2025_129_11992015.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jan 2025 03:02:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el 2025 también]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Enrique Santos Discépolo,Cambalache,Caetano Veloso,Roberto Goyeneche]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un pozo de sombras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pozo-sombras_129_11883527.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c062627a-a9f9-4c0e-9769-74080df89fbf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un pozo de sombras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La letra enrulaba el rulo del patetismo. Y la música era maravillosa. Muy pocos se animaron a cantar “Garúa”. Y Goyeneche la convirtió en propia, a veinte años de su estreno. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        Con sus ripios y cacofon&iacute;as, pero tambi&eacute;n con su inspiraci&oacute;n mel&oacute;dica y algunas frases fant&aacute;sticas como &ldquo;parece un pozo de sombras la noche, y yo en la sombra camino muy lento&rdquo;, &ldquo;Gar&uacute;a&rdquo; es un cl&aacute;sico del tango y lo es, posiblemente, no s&oacute;lo porque pinta a Buenos Aires &ndash;y se trata de la Buenos Aires de 1940, con asfalto y luz el&eacute;ctrica, y no la de la nostalgia por el barrio perdido&ndash; sino porque pinta a quienes la pintaron. 
    </p><p class="article-text">
        Y la canci&oacute;n, como la propia ciudad, tuvo dos fundaciones. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La primera fue en 1943, cuando <strong>Enrique Cad&iacute;camo</strong>, detr&aacute;s del escenario del Tibidabo, en Corrientes a una cuadra y media del Obelisco, escuch&oacute; una melod&iacute;a que <strong>An&iacute;bal Troilo</strong> toc&oacute; para &eacute;l y prometi&oacute; ponerle letra. Ese mismo a&ntilde;o, en r&aacute;pida sucesi&oacute;n, la grabaron en disco el propio bandoneonista al frente de su orquesta, con <strong>Francisco Fiorentino</strong> como cantante, la orquesta de <strong>Pedro L&aacute;urenz</strong> con la voz de <strong>Alberto Podest&aacute;</strong>, y la notable <strong>Mercedes Simone</strong>. La nueva fundaci&oacute;n fue casi veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando Troilo volvi&oacute; a registrarla, esta vez con <strong>Roberto Goyeneche</strong>. El tango, con los a&ntilde;os, hab&iacute;a ido perdiendo sus marcas m&aacute;s ligadas al baile; sus acentuaciones se hab&iacute;an atenuado aunque el arreglo, con sus magn&iacute;ficos contracantos, segu&iacute;a siendo casi el mismo &ndash;en la segunda versi&oacute;n aparece un veloz pasaje descendente en el piano cuando se nombra a la gar&uacute;a&ndash;. Y el nuevo cantante, adem&aacute;s de quedar ligado a esta canci&oacute;n a la que parec&iacute;a pertenecerle, introdujo para siempre la pausa teatral entre &ldquo;Qu&eacute; noche llena de hast&iacute;o&rdquo; y el siguiente &ldquo;y de fr&iacute;o&rdquo;.
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    </figure><p class="article-text">
        Quien siente a la gar&uacute;a acentuada con sus p&uacute;as en el coraz&oacute;n es un hombre trist&iacute;simo. Pat&eacute;tico. Alguien que se regodea en su sentimiento de abandono, que acumula palabras acusatorias contra s&iacute; mismo y dice sentirse &ldquo;como un descarte, siempre solo, siempre aparte&rdquo; al recordar a su amada imposible. Y podr&iacute;a entenderse que esa es la manera en que un porte&ntilde;o &ndash;o por lo menos un personaje del tango&ndash; se complace en autorretratarse. Al fin y al cabo uno de los tangos instrumentales m&aacute;s bellos, compuesto por <strong>Jorge Caldara</strong> y grabado por la orquesta de <strong>Osvaldo Pugliese</strong> en 1948, se titula &ldquo;Pat&eacute;tico&rdquo;. Y no parece tratarse de un insulto o un menosprecio. 
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                Almanaque Alpargatas, 1946                            </span>
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        El gran dibujante <strong>Luis J. Medrano</strong>, autor de los &ldquo;Grafodramas&rdquo; que el diario La Naci&oacute;n public&oacute; durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os &ndash;aguafuertes de un solo cuadro con un t&iacute;tulo que acababa de darle sentido a la figura, a veces por contraste&ndash; ilustr&oacute; los almanaques de Alpargatas en 1946 y 1947.&nbsp;El dibujo inaugural, en enero de 1946, lleva por t&iacute;tulo &ldquo;Cumparsita&rdquo;. Se ve, en el palco, a un sexteto t&iacute;pico. A la orquesta de tango en su expresi&oacute;n de m&aacute;xima concentraci&oacute;n &ndash;dos violines, dos bandoneones, piano y contrabajo&ndash;, a la manera del grupo de <strong>Julio De Caro</strong> en los a&ntilde;os 20 y, m&aacute;s adelante, el de <strong>Elvino Vardaro</strong>, el notable sexteto con el que comenz&oacute; <strong>Carlos Di Sarli</strong> su carrera o los tard&iacute;os &ndash;y exquisitos&ndash; <strong>Sexteto Tango</strong> y <strong>Sexteto Mayor</strong>. Debajo, junto a las mesas del bar, hombres &ndash;s&oacute;lo hombres&ndash; con sus pocillos de caf&eacute;. Son, todos ellos, tanto los que est&aacute;n solos como los que est&aacute;n sentados junto a un amigo, taciturnos. Y comparten con quienes est&aacute;n tocando &ndash;mal afeitados, apesadumbrados&ndash; la expresi&oacute;n de una profunda tristeza.
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    </figure><p class="article-text">
        No es una escena de los a&ntilde;os sesenta &ndash;m&uacute;sicos de tango con poco trabajo, haciendo una m&uacute;sica bailable que ya ning&uacute;n joven quiere bailar y cant&aacute;ndole a una ciudad y una sensibilidad desaparecida hac&iacute;a d&eacute;cadas&ndash;. Es el a&ntilde;o 1946, el cenit de lo que el propio g&eacute;nero defini&oacute; como su edad dorada. Y tanto los artistas como su p&uacute;blico est&aacute;n horrible, desesperadamente, redundantemente tristes. Con hast&iacute;o y con fr&iacute;o. Podr&iacute;an decir, todos ellos,&nbsp;&ldquo;en esta noche tan fr&iacute;a y tan m&iacute;a, pensando siempre en lo mismo me abismo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El blues es una m&uacute;sica triste, pero sus cantantes se ven desafiantes y hasta furiosos. El vallenato cuenta, muchas veces, historias terribles. Pero est&aacute; all&iacute; la alegr&iacute;a, o por lo menos la energ&iacute;a, como para poder cantarlo. El tango, como una especie de anticipada cultura &ldquo;emo&rdquo;, se complace en exhibir la sobreactuaci&oacute;n del desamparo. Y &ldquo;Gar&uacute;a&rdquo; es, en ese sentido, una canci&oacute;n ejemplar. O lo fue, en todo caso, a partir del momento en que la cant&oacute; Goyeneche. De ese balbuceo y de esa pausa fat&iacute;dica en el medio de la primera frase, que lo convirti&oacute; definitivamente en aquel que queriendo &ldquo;arrancarla, desecharla y olvidarla&rdquo; cada vez la recordaba m&aacute;s. Ese hombre que, bajo la gar&uacute;a, iba solo y triste por la acera, viendo c&oacute;mo &ldquo;sobre la calle, la hilera de focos lustra el asfalto con luz mortecina&rdquo; y, con esas gotas que ca&iacute;an en el charco de su alma &ldquo;hasta los huesos calados y helados&rdquo;, ve&iacute;a, mientras el viento lo empujaba, remachar el clavo de su tormento. La demora antes de &ldquo;un pozo de sombras&rdquo;, la &ldquo;l&rdquo; de &ldquo;las sombras&rdquo;, la &ldquo;s&rdquo; y la &ldquo;m&rdquo; en abismo, la &ldquo;r&rdquo; en &ldquo;fr&iacute;a&rdquo; son las marcas que el cantor va desgranando, con naturalidad, para edificar un fresco de expresividad extraordinaria. Con el raro talento, adem&aacute;s, de cantar las consonantes, de dominar el arte de alargarlas a placer, de hacerlas resonar y de otorgar sentido a esa vibraci&oacute;n en el aire.
    </p><p class="article-text">
        Durante sus a&ntilde;os en Ca&ntilde;o 14 &ndash;el boliche de la calle Talcahuano creado por <strong>Moch&iacute;n Marafioti</strong> y <strong>Atilio Stampone</strong>&ndash;, Goyeneche cantaba con la orquesta de Troilo en versi&oacute;n reducida: un cuarteto, versi&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s concentrada del sexteto de la vi&ntilde;eta de Medrano. Y no pod&iacute;a irse sin cantar &ldquo;Gar&uacute;a&rdquo;. <strong>El Negro Manuso</strong>, famoso entre los habitu&eacute;s, se acodaba en la barra del bar de la esquina del boliche, el Amazonas, donde el cantante sol&iacute;a tomarse una ca&ntilde;a Legui antes de la funci&oacute;n, y se jactaba de ir a Ca&ntilde;o 14 cada noche y siempre para escucharlo a &eacute;l. &ldquo;Vos sab&eacute;s que a m&iacute; me gusta la noche y el fr&iacute;o&rdquo;, contaba a quien quisiera escucharlo. &ldquo;Y yo al boliche voy siempre con el breto (por sobretodo) aunque haga calor. Porque cuando el Polaco empieza &lsquo;Gar&uacute;a&rsquo; y dice &lsquo;de ffffffr&iacute;o&rsquo;, corro a pon&eacute;rmelo&rdquo;. 
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                Troilo y Goyeneche, en Caño 14                            </span>
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        Despu&eacute;s, en 1982, durante una serie de actuaciones en el Teatro Regina junto con el quinteto de <strong>Astor Piazzolla</strong> &ndash;que aprovech&oacute;, en sus propias palabras, la oportunidad de conseguir una sala barata que le ofrec&iacute;a la Guerra de Malvinas&ndash;, &ldquo;Gar&uacute;a&rdquo; era el bis obligado. Despu&eacute;s de la legendaria grabaci&oacute;n con Troilo, el Polaco ya hab&iacute;a vuelto a registrar la canci&oacute;n en 1977, con la Orquesta T&iacute;pica Porte&ntilde;a &ndash;una especie de alter ego de la de Troilo dirigida por <strong>Ra&uacute;l Garello</strong>, que hab&iacute;a sido el &uacute;ltimo director musical de la de Pichuco&ndash;. La grabaci&oacute;n hab&iacute;a formado parte de un LP colectivo, publicado en 1978 con el t&iacute;tulo de <em>Homenaje a Troilo</em> donde Goyeneche cantaba tambi&eacute;n &ldquo;Che Bandone&oacute;n&rdquo;, &ldquo;Mar&iacute;a&middot; y &rdquo;Garras&ldquo;.
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        En esa segunda versi&oacute;n discogr&aacute;fica estaban, por supuesto, esos alargamientos de las vocales y esas consonantes contando su propia historia pero era en vivo donde el cantante dibujaba con ella su autobiograf&iacute;a imaginaria. En mayo del 82, como si no hubiera habido guerra &ndash;o se necesitara olvidarla&ndash; o se tratara s&oacute;lo de otras batallas, el p&uacute;blico reclamaba &ldquo;otra&rdquo;. Piazzolla tocaba una peque&ntilde;a y magn&iacute;fica introducci&oacute;n, y luego bordeaba, segu&iacute;a, comentaba esa interpretaci&oacute;n teatral, al borde del recitado y de una exageraci&oacute;n que en cualquier otro hubiera resultado artificial y forzada. En &ldquo;Gar&uacute;a&rdquo; estaban a solas el cantante, abismado, de 56 a&ntilde;os pero con la edad aparente del infinito mismo, y el bandoneonista, el mismo que cuarenta a&ntilde;os antes hab&iacute;a realizado para Troilo la primera orquestaci&oacute;n de ese tango. Los dos a solas. 
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pozo-sombras_129_11883527.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Dec 2024 13:45:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un pozo de sombras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Roberto Goyeneche,Aníbal Troilo,Astor Piazzolla]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[A la sombra del acorde de Tristán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sombra-acorde-tristan_129_11268704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7f01289-9d5d-46e0-a021-8598ff8ecb33_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A la sombra del acorde de Tristán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un arreglador y pianista virtuoso se convirtió en la encarnación más precisa del tango refinado en las décadas de 1960 y 1970. Varios de sus discos ocupan un lugar único en el género. Director musical de Roberto Goyeneche en uno de sus períodos más fructíferos y compositor de “Afiches”, Atilio Stampone logró, junto a la cantante Virginia Luque, la versión más extraña –y quizá la más genial– del clásico “Uno”, de Mores, Discépolo y, en este caso, Richard Wagner. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Virginia Luque</strong> se llamaba <strong>Violeta Dom&iacute;nguez</strong>. O lo contrario. Era una chica del barrio de Almagro, debut&oacute; en el cine a los 16 a&ntilde;os y a los 20 tuvo su primer protag&oacute;nico. Film&oacute; unas treinta pel&iacute;culas, algunas muy malas y la mayor&iacute;a olvidables. Se visti&oacute; de compadrito, seg&uacute;n se cuenta, por consejo de <strong>Azucena Maizani</strong> &ndash;que se disfrazaba de gaucho&ndash;. Transit&oacute; los peores programas de televisi&oacute;n, entre ellos <em>Tropicana Club</em> y <em>Grandes Valores del Tango</em>. Fue una estrella. Y eso hizo olvidar que se trataba de una cantante notable. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Atilio Stampone</strong> era un a&ntilde;o mayor. Hab&iacute;a nacido en 1926. Y, como ella, empez&oacute; de muy chico. Estudi&oacute;&nbsp;piano desde ni&ntilde;o, a los 15 a&ntilde;os entr&oacute; en la orquesta de <strong>Roberto Dimas</strong>, que actuaba en el Caf&eacute; Marzotto, en Corrientes al 1100, y a los 16 empez&oacute; a tocar en el Tibidabo con la agrupaci&oacute;n de <strong>Pedro Maffia</strong>. En 1945, cuando trabajaba con <strong>Roberto Rufino</strong>, conoci&oacute; al joven <strong>Astor Piazzolla</strong> que, a los 24 a&ntilde;os, se hab&iacute;a ido de la orquesta de <strong>An&iacute;bal Troilo </strong>para dirigir la que acompa&ntilde;aba al cantante <strong>Francisco Fiorentino</strong> y, un a&ntilde;o despu&eacute;s, cuando el bandoneonista fund&oacute; su propia orquesta, Stampone se convirti&oacute; en su pianista. Una d&eacute;cada m&aacute;s tarde, integr&oacute; el <strong>Octeto Buenos Aires</strong>, tal vez el grupo m&aacute;s modernista creado por Piazzolla y, con certeza, uno de los conjuntos m&aacute;s originales e influyentes de la m&uacute;sica argentina. &nbsp;Entre una y otro, Stampone hab&iacute;a tomado clases de perfeccionamiento con <strong>Vicente Scaramuzza</strong> &ndash;el maestro de <strong>Martha Argerich</strong>&ndash;, hab&iacute;a ganado una beca para estudiar en el Conservatorio Santa Cecilia de Roma y, en 1952, hab&iacute;a formado su primera orquesta, codirigida con el bandoneonista <strong>Leopoldo Federico </strong>&ndash;otro que integr&oacute; el Octeto de Piazzolla, entre 1955 y 1958&ndash;. &nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        El primer disco de larga duraci&oacute;n publicado en la Argentina, <em>Tango</em> (las biograf&iacute;as mencionan uno anterior, inhallable, editado en los Estados Unidos), apareci&oacute; en 1962. Todos los temas incluidos son cl&aacute;sicos y cuatro de ellos son cantados (dos por <strong>Ricardo Ruiz </strong>y dos por <strong>H&eacute;ctor Petray</strong>) y quienes comandan las cuerdas y los bandoneones son los mejores solistas posibles, el violinista <strong>Enrique Mario Francini </strong>y el bandoneonista <strong>Leopoldo Federico</strong>. <em>Buenos Aires Hora Tango</em>, su segundo LP, se edit&oacute; en 1964 &ndash;las fechas consignadas en Spotify son err&oacute;neas&ndash;. Abre con &ldquo;Adi&oacute;s Nonino&rdquo;, y ese es, de hecho, uno de los primeros registros realizados por un m&uacute;sico que no fuera su autor &ndash;la versi&oacute;n del bandoneonista hab&iacute;a aparecido a fines de 1961 en el disco <em>Piazzolla interpreta a Piazzolla </em>y, con el mismo arreglo pero mejor calidad de grabaci&oacute;n, en un EP uruguayo de cuatro temas titulado <em>Vanguardia</em>&ndash; . En el repertorio es notable la inclinaci&oacute;n por <strong>Julio De Caro</strong> &ndash;&ldquo;El arranque&rdquo;, &ldquo;La rayuela&rdquo;&ndash; y la elecci&oacute;n de un tema muy antiguo, como &ldquo;El irresistible&rdquo;, de <strong>Lorenzo Logatti</strong>. Est&aacute;n presentes all&iacute; <strong>Juli&aacute;n Plaza </strong>con &ldquo;Nost&aacute;lgico&rdquo; y &ldquo;Disonante&rdquo; (en ambos casos con arreglos suyos) y <strong>Emilio Balcarce</strong> con &ldquo;La Bordona&rdquo;, adem&aacute;s de un cl&aacute;sico como &ldquo;Ojos negros&rdquo;, de Vicente Greco. Y el resto son piezas propias: &ldquo;Romance de tango&rdquo;, &ldquo;Mocosa&rdquo;, &ldquo;Ciudadano&rdquo; y &ldquo;Fiesta en mi ciudad&rdquo; &shy;&shy;&ndash;con un grupo vocal de jazz llamado <strong>Los Jazz Singers</strong>&ndash;. A lo largo de ambos discos aparece lo mejor y lo peor del estilo de Stampone &ndash;que a veces es lo mismo&ndash;: el virtuosismo instrumental &ndash;y por momentos su exceso&ndash;, la aterciopelada perfecci&oacute;n de su fila de cuerdas &ndash;al borde del desborde&ndash;, su tendencia a la cita &ldquo;culta&rdquo;, la ambici&oacute;n &ndash;en la frontera de la desmesura&ndash; y un cierto amaneramiento que en ocasiones se acerca demasiado al manierismo. Pero, sobre todo, una orquesta con un gran sonido, sustentado en el segundo disco en una notable fila de bandoneones, comandada por <strong>Eduardo Rovira</strong>, y un conjunto de cuerdas conformado por cinco primeros y cuatro segundos violines, dos violas, dos cellos y contrabajo.
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    </figure><p class="article-text">
        En 1966 se public&oacute; <em>El sonido de Atilio Stampone y su gran orquesta</em> que, a diferencia del &aacute;lbum anterior, no incluye temas propios. Es, en alg&uacute;n sentido, un disco m&aacute;s conservador (aunque no es los arreglos) y las &uacute;nicas composiciones m&aacute;s o menos recientes son &ldquo;Verano porte&ntilde;o&rdquo; &ndash;publicado el a&ntilde;o anterior por Piazzolla en un EP con cuatro temas extra&iacute;dos de la m&uacute;sica para la obra teatral <em>Melenita de oro</em>&ndash; y el bello &ldquo;Tema oto&ntilde;al&rdquo; de Francini, que el Octeto de Piazzolla hab&iacute;a grabado en 1957 y el <strong>Quinteto Real</strong> de <strong>Horacio Salg&aacute;n</strong> en 1964.
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    </figure><p class="article-text">
        Los tres primeros &aacute;lbumes de la d&eacute;cada de 1970 &ndash;<em>Concepto</em>, de 1972, <em>Im&aacute;genes</em>, del a&ntilde;o siguiente, y <em>Jaque Mate</em>, publicado en 1975&ndash; llevan el <em>Modelo Stampone</em> a su cenit, con puntos alt&iacute;simos como &ldquo;Milonga triste&rdquo;, &ldquo;Responso&rdquo;, &ldquo;Los mareados&rdquo;, &ldquo;La casita de mis viejos&rdquo;, &ldquo;Amparo&rdquo; &ndash;de <strong>Ant&ocirc;nio Carlos Jobim</strong>, que en su versi&oacute;n cantada por <strong>Chico Buarque</strong> aparece como &ldquo;Olha Maria&rdquo;&ndash; y &ldquo;Adagio&rdquo;. 
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        Esos son los a&ntilde;os de Ca&ntilde;o 14, el boliche del que era uno de los propietarios y se convirti&oacute; en lugar preferencial del tango &ldquo;para escuchar&rdquo;, y de sus discos con <strong>Roberto Goyeneche</strong>, <em>Sentimiento tanguero</em>, de 1972 &ndash;inexplicablemente reeditado con el orden de los temas cambiado y con el t&iacute;tulo <em>Cada vez que me recuerdes</em>&ndash;, <em>Goyeneche 73</em> &ndash;travestido como <em>Soy un arlequ&iacute;n</em>&ndash;, donde se incluye &ldquo;Afiches&rdquo;, una canci&oacute;n que Stampone hab&iacute;a compuesto con <strong>Homero Exp&oacute;sito</strong> y grabado en un disco olvidado, de 1955&ndash;, y <em>Personalidad y tango</em>, de ese mismo a&ntilde;o &ndash;reordenado y retitulado como <em>Naranjo en flor</em>&ndash;.
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    </figure><p class="article-text">
        Pero antes, en 1969, Virginia Luque, la chica de barrio convertida en compadrito, la cantante escondida tras la estrella, grab&oacute; junto a Stampone un disco dedicado a <strong>Enrique Santos Disc&eacute;polo</strong>. Y all&iacute; estaba, en el final, &ldquo;Uno&rdquo;, la magn&iacute;fica canci&oacute;n que junto al poeta hab&iacute;a compuesto <strong>Mariano Mores</strong> y que en esta versi&oacute;n contaba con la improbable colaboraci&oacute;n del bueno de <strong>Richard Wagner</strong>, cuyo famoso acorde sin resoluci&oacute;n, en el comienzo de la &oacute;pera <em>Trist&aacute;n e Isolda</em> &ndash;podr&iacute;a pensarse que en esa obra maestra de lo t&aacute;ntrico todo est&aacute; anunciado desde el comienzo pero nada culmina hasta tres horas m&aacute;s tarde&ndash; esta vez s&iacute; concluye con un acorde de guitarra que da pie a la voz. Y ella canta eso de buscar las esperanzas de una manera teatral, detallista, siguiendo el texto palabra por palabra, oper&iacute;sticamente al fin y al cabo, mientras Stampone se da el lujo de citar &ndash;un poquito nom&aacute;s&ndash; las cuerdas de &ldquo;Eleanor Rigby&rdquo; y de utilizar un corno que se excede tan s&oacute;lo en dos momentos.
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog El sonido de los sue&ntilde;os: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sombra-acorde-tristan_129_11268704.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Apr 2024 13:31:50 +0000]]></pubDate>
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