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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Billie Holliday]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Billie Holliday]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La vieja canción que Sam no tocó de nuevo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vieja-cancion-sam-no-toco-nuevo_129_11287699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd8ab2ae-5eb1-4464-bbd5-01a7d91ff5f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vieja canción que Sam no tocó de nuevo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nadie dijo nunca “Play it again Sam”. Y lo que Sam tocaba en "Casablanca", ya existía desde antes y fue incluido en el film a raíz de una cadena de errores. Pero nada de eso importa demasiado. Aquí, un recorrido por la historia de esa pequeña obra maestra que, finalmente, habla de lo que no cambia aunque el tiempo pase.</p></div><p class="article-text">
        Ella le pide que toque esa canci&oacute;n. &Eacute;l dice no recordarla y ella la tararea. Entonces s&iacute;, comienza una de las escenas m&aacute;s famosas y peor recordadas de la historia del cine &ndash;y de la m&uacute;sica&ndash;. Y una de las canciones m&aacute;s bellas entre las que el jazz hizo suyas aunque, en este caso, una de las menos interpretadas. Apenas 568 versiones registradas en disco &ndash;la mayor&iacute;a ignotas y muchas de ellas de artistas ya decadentes, en giras por Jap&oacute;n o en sellos de ese pa&iacute;s&ndash; contra las 1835 de &ldquo;All The Things You Are&rdquo; o las 1735 de &ldquo;Autumn Leaves&rdquo; &ndash;la versi&oacute;n estadounidense de &ldquo;Les feuilles mortes&rdquo;, de Kosma y Pr&eacute;vert&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        Nadie dice all&iacute; &ldquo;Play it again, Sam&rdquo;. &nbsp;Y la canci&oacute;n &ldquo;As Time Goes By&rdquo;, frecuentemente traducida como &ldquo;Seg&uacute;n pasan los a&ntilde;os&rdquo; &ndash;aunque el sentido es, en el contexto, &ldquo;aunque pase el tiempo&rdquo;&ndash;, no fue especialmente compuesta para el film <em>Casablanca</em>, dirigido por <strong>Michael Curtiz</strong> en 1942, sino rescatada del olvido, a rega&ntilde;adientes, y finalmente utilizada como uno de los n&uacute;cleos musicales del film &ndash;el otro es &ldquo;La Marsellesa&rdquo;&ndash; por el compositor <strong>Max Steiner</strong>. Esos son apenas algunos de los misterios que rodean a esa pieza que, como suele suceder en el jazz, tiene una primera estrofa &ndash;en la que se habla de la incertidumbre ante el progreso y &ldquo;la teor&iacute;a de Einstein&rdquo;&ndash; que muy pocos cantan. Para Casablanca, y para la historia posterior, la canci&oacute;n empieza cuando ya, en realidad, todo ha empezado. &ldquo;Play Sam, play&rdquo;, pide <strong>Ingrid Bergman</strong>. &ldquo;Play &lsquo;As Times Go By&rsquo;&rdquo;. <strong>Dooley Wilson</strong>, en el papel de Sam, lo hace. Y nada volver&aacute; a ser como antes despu&eacute;s de ese largo, largu&iacute;simo, primer plano de Ingrid Bergman que precede a la entrada en escena de <strong>Humphrey Bogart</strong>. &ldquo;Te dije que nunca volvieras a tocar esa canci&oacute;n&rdquo;, le espeta Rick, su personaje, a Sam y reci&eacute;n entonces repara en la presencia de ella.
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        &ldquo;Debes recordarlo, un beso es todav&iacute;a un beso, un suspiro es exactamente un suspiro, y lo fundamental sigue vigente aunque el tiempo pase&rdquo;, comienza el pianista, all&iacute; donde la mayor&iacute;a de los int&eacute;rpretes lo har&aacute; para siempre. Antes, la omitida introducci&oacute;n, habla precisamente del paso del tiempo: &ldquo;Estos d&iacute;as, este tiempo en el que vivimos, es causa de aprensi&oacute;n. Con velocidad y nueva invenci&oacute;n, y cosas como la tercera dimensi&oacute;n, est&aacute;s un poco cansada con la teor&iacute;a de Einstein, as&iacute; que cada tanto hay que volver a la Tierra, relajarse y aliviar la tensi&oacute;n&hellip;los hechos simples de la vida son los que son, no pueden ser &nbsp;borrados&rdquo;. Y all&iacute; es donde viene lo de que un beso sigue siendo un beso. 
    </p><p class="article-text">
        La canci&oacute;n hab&iacute;a sido creada en 1931 por <strong>Herman Hupfeld </strong>&ndash;un autor de relativo &eacute;xito que entonces ten&iacute;a 37 a&ntilde;os&ndash; para una comedia musical llamada <em>Everybody&rsquo;s Welcome</em> (Todos son bienvenidos). En el libreto de <em>Todos vienen al caf&eacute; de Rick</em>, una obra de teatro nunca representada en la que se bas&oacute; <em>Casablanca</em>, se mencionaba la canci&oacute;n y una de las primeras escenas que se film&oacute; fue la de Ingrid Bergman con Dooley Wilson. Max Steiner quiso cambiar la canci&oacute;n por otra compuesta por &eacute;l &shy;&ndash;la cuesti&oacute;n de los derechos de autor que podr&iacute;an cobrarse si la canci&oacute;n se convert&iacute;a en un &eacute;xito no era un detalle menor&ndash; pero para ese entonces la actriz ya se hab&iacute;a cortado el pelo para encarnar a Mar&iacute;a en <em>Por qui&eacute;n doblan las campanas</em> y la escena no pod&iacute;a volver a filmarse. Ante grandes problemas, grandes soluciones: Steiner bas&oacute; entonces toda su m&uacute;sica en la vieja canci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En 1931, &ldquo;As Times Goes By&rdquo; fue grabada varias veces. Y la versi&oacute;n m&aacute;s famosa fue la de<strong> Rudy Vallee</strong>. Pero la verdadera historia comenz&oacute; once a&ntilde;os m&aacute;s tarde con la pel&iacute;cula. Y, en particular, con una interpretaci&oacute;n ejemplar, la de <strong>Billie Holiday </strong>para el sello Commodore, realizada el 1 de abril de 1944 con la orquesta de <strong>Eddie Heyward</strong>. 
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        Una bella versi&oacute;n del gran pianista y arreglador <strong>Teddy Wilson</strong> &ndash;que hab&iacute;a sido el director de la orquesta de Billie Holiday&ndash;, en tr&iacute;o con <strong>Billy Taylor</strong> en contrabajo y <strong>Keg Purnell </strong>en bater&iacute;a, junto con <strong>Kay Penton</strong> como cantante, registrada en 1947, la notable <strong>Lee Wiley </strong>con la orquesta de <strong>Ralph Burns</strong> en 1956, una extra&ntilde;&iacute;sima versi&oacute;n de 1959 en que el trombonista <strong>Bob Brookmeyer</strong> toca el piano y lo hace a d&uacute;o con <strong>Bill Evans</strong> (los acompa&ntilde;a la base del <strong>Modern Jazz Quartet</strong>, <strong>Percy Heath </strong>en contrabajo y <strong>Connie Kay</strong> en bater&iacute;a), y, claro, la de <strong>Frank Sinatra</strong> incluida en el &aacute;lbum <em>Point of No Return</em>, publicada en 1962, est&aacute;n entre lo m&aacute;s destacado de las d&eacute;cadas siguientes.<strong> Andr&eacute; Previn </strong>en piano, en 1970 y, ese mismo a&ntilde;o, <strong>Ella Fitzgerald</strong> en vivo en Budapest, <strong>Mark Murphy</strong>, en 1972, en una inusual versi&oacute;n r&aacute;pida e incluyendo la introducci&oacute;n, con una banda fant&aacute;stica en que se destacan el contrabajo de <strong>Ron Carter</strong>, el saxo de <strong>Michael Brecker</strong>, la trompeta de su hermano Randy y el &oacute;rgano de <strong>Pat Rebillot</strong>, y, en 1978, la extraordinaria interpretaci&oacute;n del cuarteto del saxofonista <strong>Dexter Gordon</strong> con <strong>Georges Cables</strong> en piano, <strong>Rufus Reid</strong> en contrabajo y <strong>Eddie Gladen</strong> en bater&iacute;a que abre el &aacute;lbum <em>Manhattan Symphony</em> preludian tres grandes versiones cantadas, todas registradas en 1986, la de <strong>Chet Baker</strong>, con la boca &ndash;y la dicci&oacute;n&ndash; destrozada, la trompeta insuperablemente melanc&oacute;lica y un trabajo genial de John Burr en contrabajo, junto con <strong>Harold Danko </strong>en piano y <strong>Ben Riley</strong> en bater&iacute;a, la de <strong>Carly Simon</strong> &ndash;que obviamente lleva la canci&oacute;n hacia otro puerto y lo hace muy bien&ndash; y de la <strong>Helen Merrill</strong> con un grupo de ensue&ntilde;o: <strong>Stephane Grappelli </strong>en viol&iacute;n, <strong>Steve Lacy </strong>en saxo soprano y <strong>Gordon Beck </strong>en piano. 
    </p><p class="article-text">
        El matrimonio de <strong>Tuck Andress</strong> y <strong>Patti Cathcart</strong>, conocido como <strong>Tuck &amp; Patti</strong>, tuvo una cierta notoriedad en la d&eacute;cada de 1980 y hoy ha sido poco menos que olvidado. Aunque m&aacute;s no fuera por su magn&iacute;fica &ldquo;As Times Goes By&rdquo;, grabada en 1991 e incluida en su disco <em>Dream</em>, deber&iacute;a ser recordado. <strong>Natalie Cole</strong> es otra de quienes la grab&oacute; completa y lo hizo en 1993 con arreglos del legendario Marty Paich, Paul Bley deslumbra, como siempre, en su interpretaci&oacute;n para la serie francesa <em>Jazz in (e) motions</em> (pirateada en Spotify con el t&iacute;tulo <em>Emotions</em>) y, m&aacute;s recientemente, la cantante sueca de origen ruso <strong>Viktoria Tolstoy </strong>junto con el pianista finland&eacute;s <strong>Iiro Rantala</strong>, <strong>Nils Landgren</strong> en tromb&oacute;n, el guitarrista &nbsp;<strong>Krister Jonsson</strong>, <strong>Mattias Svensson</strong> en bajo y <strong>Rasmus Kihlberg </strong>en bater&iacute;a registr&oacute; una bella versi&oacute;n en 2016 y, dos a&ntilde;os despu&eacute;s, la vieja canci&oacute;n que Sam nunca toc&oacute; de nuevo fue iluminada por el d&uacute;o del clarinetista <strong>Gianluigi Trovesi </strong>y el acordeonista <strong>Gianni Coscia</strong>.
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        <em>Diego Fischerman es autor del blog El sonido de los sue&ntilde;os: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Apr 2024 15:52:22 +0000]]></pubDate>
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