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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Idish]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/idish/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Idish]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cuando despertó, su idioma había muerto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desperto-idioma-habia-muerto_129_11321023.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b57d193d-0052-4fdc-8e38-353143767b47_16-9-discover-aspect-ratio_default_1094083.jpg" width="259" height="146" alt="Cuando despertó, su idioma había muerto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lengua es la cultura de un pueblo. Cuando se la usa para atacar a ese mismo pueblo, se lo hace implosionar. Hoy estamos siendo hablados por palabras hostiles. Sólo trincheras de palabras pueden combatir esa crueldad.</p></div><p class="article-text">
        Mi abuelo materno, Binem W., viaj&oacute; a la Argentina en barco antes de la Segunda Mundial desde un peque&ntilde;o poblado en Ostrow, Polonia. Vino con su hermano. Despu&eacute;s, llegar&iacute;a mi abuela.
    </p><p class="article-text">
        Al desembarcar, solo sab&iacute;an hablar en idish, su idioma materno, la lengua del gueto. Mi abuelo (el <em>zeide</em>) empez&oacute; trabajando de vendedor ambulante. La primera vez que sali&oacute;, hab&iacute;a escrito en un papel las palabras que ten&iacute;a que decir, acaso en una fon&eacute;tica improvisada. Pero se olvid&oacute; el papel y volvi&oacute; a su casa con las manos vac&iacute;as de dinero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como le daba verg&uuml;enza ir a una instituci&oacute;n a aprender a leer y escribir en el idioma de los argentinos, lo hizo solo, leyendo y comparando. La pr&aacute;ctica de la lectura en otro idioma era algo que hab&iacute;a heredado de su padre, consejero espiritual del pueblo (<em>shtetl</em>), con quien le&iacute;a fragmentos de las sagradas escrituras en hebreo. Tal vez esa pr&aacute;ctica lo ayud&oacute;, pero lo m&aacute;s probable es que haya sido la necesidad de sobrevivir.
    </p><p class="article-text">
        Como muchos otros jud&iacute;os inmigrantes, mi abuelo nunca perdi&oacute; su acento extranjero. &Eacute;l mismo se re&iacute;a de algunas dificultades: &ldquo;Joives, como dice Jacobo&rdquo;, dec&iacute;a. Como todo jud&iacute;o, tambi&eacute;n, contaba chistes de jud&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a sido jud&iacute;o ortodoxo por herencia y se hizo comunista por coyuntura y por elecci&oacute;n (su primera adolescencia coincidi&oacute; con la Revoluci&oacute;n rusa), lo mismo que mi abuela. Eso fue en gran parte lo que los motiv&oacute; a emigrar, cuando pudieron leer el peligro de quedarse, a diferencia de la mayor&iacute;a de la familia, que termin&oacute; en los campos de concentraci&oacute;n. Eso, y la pobreza. Se sabe: hacer la Am&eacute;rica fue el sue&ntilde;o de los migrantes europeos.
    </p><p class="article-text">
        Viv&iacute; los primeros a&ntilde;os de mi vida en casa de mis abuelos, en el barrio porte&ntilde;o de Floresta. All&iacute;, escuch&eacute; hablar idish todo el tiempo. Mis abuelos discut&iacute;an en voz muy alta entre ellos y con sus amigos. Tambi&eacute;n susurraban en idish. Y, naturalmente, mi mam&aacute; hered&oacute; la lengua <em>maternopaterna</em>, y la perfeccion&oacute; en la escuela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo no. Nunca entend&iacute; nada de lo que hablaban. El idish era un idioma secreto compuesto por un mont&oacute;n de sonidos, de palabras con jotas muy pronunciadas, muchas &ldquo;sh&rdquo; y muchas esdr&uacute;julas, consonantes amontonadas, que para m&iacute; no quer&iacute;an decir nada. Puro significante.
    </p><p class="article-text">
        Quise aprender, tuve un libro con el que mi mam&aacute; hab&iacute;a aprendido, pero &iquest;y esos signos? &iquest;leer &ldquo;al rev&eacute;s&rdquo;? No hubo alguien dispuesto a ense&ntilde;arme. Y abandon&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mi abuelo se convirti&oacute; en un gran lector. Le&iacute;a en idish, pero tambi&eacute;n en castellano, los libros que le llevaba mi mam&aacute;: <strong>Romain Rolland</strong>, <strong>Herman Hesse</strong>, adem&aacute;s de diarios y revistas cubanas que yo era la encargada de procurarle. Muerta mi abuela, cada vez que llegaba a su casa, me hablaba de los personajes del libro que estaba leyendo, como si contara algo de la vida misma. O de un sue&ntilde;o. Empezaba en cualquier lado, <em>in medias res</em>, y confieso que no siempre le segu&iacute;a el hilo. A veces se le escapaba una palabra en idish cuando hablaba conmigo, y yo ten&iacute;a que recordarle que no entend&iacute;a su idioma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando en 1948 se fund&oacute; el Estado de Israel, estableci&oacute; como idioma oficial el hebreo, llegando a proscribir el idioma en que todos esos jud&iacute;os provenientes de de europa central y del Este hablaban. El idish se convirti&oacute; en la lengua menor, dom&eacute;stica, de las madres, y dej&oacute; de ense&ntilde;arse en las escuelas, mientras que el hebreo se jerarquiz&oacute;. Era el idioma de las sagradas escrituras, de la sabidur&iacute;a, jurisdicci&oacute;n de los hombres.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo narra la pel&iacute;cula <a href="https://www.malba.org.ar/estreno__adentro-mio-estoy-bailando/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Adentro m&iacute;o estoy bailando</em></a>, dirigida y protagonizada por <strong>Leandro Koch</strong> y <strong>Paloma Schachmann</strong>, sobre un camar&oacute;grafo que emprende un viaje por peque&ntilde;os pueblos ucranianos buscando m&uacute;sicos y siguiendo a una clarinetista de m&uacute;sica klezmer, de quien se enamora, con la excusa de filmar un documental. Hay otras b&uacute;squedas que subyacen: la identidad, las ra&iacute;ces, el amor. Tambi&eacute;n puede leerse desde el punto de vista de una clarinetista de m&uacute;sica klezmer que busca su libertad y conoce a una camar&oacute;grafa&hellip; En simult&aacute;neo, una profesora en un taller de lectura en idish (la psicoanalista <strong>Perla Sneh</strong>, autora de <em>Palabras para decirlo</em>) cuenta la historia de un mentiroso enamorado de la hija de un rabino que se va entrelazando con la an&eacute;cdota central. La abuela del director, tambi&eacute;n relatora parcial, y unas fotos viejas completan el cuadro de una historia que tiene altas dosis de humor (jud&iacute;o).&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        As&iacute; lo cuentan Leandro y Paloma:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los dos directores de la pel&iacute;cula somos nietos de inmigrantes jud&iacute;os. Crecimos escuchando historias de nuestros abuelos que hablaban de un juda&iacute;smo que no se parec&iacute;a en nada al que nosotros conoc&iacute;amos. Al principio, nos parec&iacute;a que esas historias no eran m&aacute;s que una romantizaci&oacute;n del pasado. Pero cuando empezamos a investigar sobre la m&uacute;sica klezmer para este documental, descubrimos que hab&iacute;a algo m&aacute;s. (...) Durante el rodaje, los paisajes y pueblos ucranianos eran tranquilos y austeros. La guerra que estall&oacute; en Ucrania dos meses despu&eacute;s de nuestro regreso nos dio la certeza de que todo lo que hab&iacute;amos conseguido filmar tambi&eacute;n dejar&iacute;a de existir. (...) Sin saberlo, durante esa parte del rodaje estuvimos ante una Ucrania que estaba a punto de desaparecer y transformarse dr&aacute;sticamente (...) Este documental propone rescatar la memoria de esta cultura [&iacute;dish] en v&iacute;as de desaparici&oacute;n a trav&eacute;s de las historias que guardan esas melod&iacute;as.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula empieza con un ep&iacute;grafe tomado de un ling&uuml;ista especializado en el idioma idish, Max Weinreich (1894-1969), que escribi&oacute;: &ldquo;Una lengua es un dialecto con ej&eacute;rcito y marina&rdquo;. El idish es un dialecto sin ej&eacute;rcito ni marina, sin misiles; por lo tanto, sin estado y sin territorio. En cambio, es una cultura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi abuelo lloraba la muerte del idish, el idioma que le hab&iacute;a ense&ntilde;ado su mam&aacute;. El que hablaba en el gueto, en su <em>shtetl,</em> el que sigui&oacute; hablando con sus amigos, con su mujer, con su hija.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y yo lo entiendo a mi abuelo. A &eacute;l y a tantos inmigrantes y exiliados. Esos que, como &eacute;l, como mi abuela, no pudieron estudiar, no hicieron carreras universitarias porque el devenir de la historia detuvo sus formaciones. Me imagino si de pronto un d&iacute;a me despertara y descubriera que el castellano muri&oacute;. Usar&iacute;a tambi&eacute;n el idioma de las l&aacute;grimas.
    </p><p class="article-text">
        Una lengua es la cultura de un pueblo. Cuando se usa para atacar a ese mismo pueblo, se lo hace implosionar. Hoy estamos siendo hablados por palabras hostiles. Desde ese Estado que se intenta destruir, hay un gobierno que nos roba las palabras y las torsiona hacia lugares perversos. Y que se mete con lo m&aacute;s sagrado de nuestras escrituras: la educaci&oacute;n p&uacute;blica que supimos conseguir, esa a la cual mis abuelos no accedieron, esa que en la marcha hist&oacute;rica del mi&eacute;rcoles 23 de abril defendimos en las calles, con carteles, en redes, con mensajes potentes. Construimos trincheras de palabras para combatir esa crueldad. Somos apenas unas personas que dependemos de un papel donde anotamos las cosas que debemos decir para no olvidarlas, porque de eso depende nuestra vida<em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>GS/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Saidon]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desperto-idioma-habia-muerto_129_11321023.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Apr 2024 09:23:53 +0000]]></pubDate>
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