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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Histeria]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/histeria/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Histeria]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Amor y dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-dinero_129_13132027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad51203e-a6df-43fe-be39-dc84a148aa72_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140485.jpg" width="523" height="294" alt="Amor y dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
El amor puede ser una forma de interrogar al Otro y de cernir la posición que uno ocupa en el vínculo, poniendo en cuestión si la relación se reduce a un intercambio o si hay algo más, irreductible, en juego.</p></div><p class="article-text">
        Hay dos variables que, para <strong>Sigmund Freud</strong>, constituyen el n&uacute;cleo de la transferencia: tiempo y dinero.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, era inevitable que Freud se encontrase con el amor de transferencia en una &eacute;poca en que hab&iacute;a tiempo para el amor. En este punto, es importante tener en claro que el amor de transferencia no es enamorarse del analista.
    </p><p class="article-text">
        El amor de transferencia es algo mucho m&aacute;s complejo que una pasi&oacute;n. Es un tipo de formaci&oacute;n que, en el centro del an&aacute;lisis, viene a plantear una pregunta; mejor dicho, el amor de transferencia es usar el amor para hacerle una pregunta a la transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Expliquemos mejor este aspecto. El amor de transferencia es solidario de la posici&oacute;n hist&eacute;rica y su modo de interrogar al Otro. Es una manera de cernir la posici&oacute;n (de objeto) que se tiene ante ese Otro: yo pago y pago, pero este v&iacute;nculo nuestro &iquest;es solo un servicio reducible a un contrato profesional?
    </p><p class="article-text">
        Sin histeria no hay amor de transferencia; es decir, el sujeto hist&eacute;rico recurre al amor como aquello que pone en jaque el intercambio y plantea que hay algo m&aacute;s, irreductible, en la relaci&oacute;n entre analista y paciente.
    </p><p class="article-text">
        Dig&aacute;moslo de otro modo, con una reformulaci&oacute;n de la pregunta hist&eacute;rica: &iquest;c&oacute;mo que soy un paciente entre otros? Recordamos el caso de un amigo y colega que, en cierta ocasi&oacute;n, dec&iacute;a, &ldquo;Yo no podr&iacute;a analizarme si no sintiera que soy especial para mi analista, si no creyera que de alg&uacute;n modo me quiere; es m&aacute;s, &iexcl;tengo la certeza de que me quiere!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, lo propio de la histeria (como modelo de la neurosis y como requisito para el an&aacute;lisis) es llegar al Otro por la v&iacute;a del amor. De ah&iacute; que el hist&eacute;rico tienda a presentar su sufrimiento en t&eacute;rminos amorosos e incluso haga de su desdicha amorosa una manera de demandar amor al analista.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos decir que el sujeto hist&eacute;rico usa el idioma del amor para comunicarse con el analista y, en el v&iacute;nculo con el analista, espera que el amor sea la manera de realizar un m&aacute;s all&aacute; del an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, esta posici&oacute;n no es la m&aacute;s frecuente actualmente. Hay enamoramientos de analistas, pasiones salvajes, pero nada de eso es el amor de transferencia. Son m&aacute;s bien rupturas o enloquecimientos de la transferencia, erotoman&iacute;as que solo precisan tiempo antes de volverse delirios persecutorios.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no es este el contrapunto que nos interesa. A partir de lo que venimos conversando en un grupo de supervisi&oacute;n, aislamos el siguiente hecho: cada vez son m&aacute;s colegas los que cuentan que deben reclamar el pago de las sesiones a los pacientes, ya que estos demoran mucho en hacerlo si no es que, directamente, lo &ldquo;olvidan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No tendr&iacute;a sentido hablar en este punto de una falta de respeto, de que no se cuida el espacio, del no registro del otro, etc. Estos argumentos pueden ser ciertos, pero son sociol&oacute;gicos. A nosotros nos interesa pensar desde la transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Si hablamos de dinero, hablamos de transferencia. Lo que pensamos, entonces, es que esa dificultad para el pago tiene dos caras: por un lado, puede significar un modo de quedar en deuda, aunque se trate de una deuda que no se reconozca. Hace poco una modelo famosa dec&iacute;a que le molestaba tener que pagarle a su analista, como si el pago invalidara lo profundo de lo hablado.
    </p><p class="article-text">
        Propongamos una hip&oacute;tesis: si tengo que pagarle, es porque no me quiere en serio. Ya no se trata del &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo; del pago de la histeria, sino de un &ldquo;m&aacute;s ac&aacute;&rdquo;. Esta posici&oacute;n se parece m&aacute;s bien a la del sujeto melanc&oacute;lico que no se siente amado. En estos casos, el amor es una deuda impagable.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, tenemos a quienes se hacen demandar el pago, o bien dan por sentado que el analista puede esperar, punto en el que este queda en un lugar de Otro primario, sin necesidades, de pura gratificaci&oacute;n. Ya no estamos en el nivel de la transferencia (paterna) de la histeria, sino en la transferencia (materna) del narcisismo.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto hist&eacute;rico paga por su deuda, incluso paga de m&aacute;s, cuando &ndash;por ejemplo&ndash; es capaz de agregar un &ldquo;regalito&rdquo; para el analista, ese&nbsp;<em>plus</em>&nbsp;cuyo valor no se mide con el dinero. He aqu&iacute; el amor de transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que el sujeto actual, narcisista y melanc&oacute;lico, vive en funci&oacute;n de una deuda que le hace pagar a otro, equivalente a la falta de amor con se mira a s&iacute; mismo. De este modo, la transferencia pasa de la estructura amorosa tradicional a una nueva formaci&oacute;n que podr&iacute;amos llamar: la deuda de transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una cuesti&oacute;n sobre la que seguiremos pensando; porque, como dijimos al comienzo, tiempo y dinero son variables de la transferencia y esto es lo fundamental que se piensa en un an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-dinero_129_13132027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 09:02:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Amor y dinero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Dinero,Histeria,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La histeria y el superyó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/histeria-superyo_129_12713248.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ce9273a-cd2d-4975-82ff-2efe473d453e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La histeria y el superyó"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La maniobra histérica consiste en “devolver” la crítica —“castigar al amo con sus propias armas”— y ubica al superyó como una función del lazo social encarnada por quienes “saben” sobre nuestro deseo, sean madres, parejas, amigos, incluso marcas.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En el libro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El yo y el ello</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> hay dos ideas que me parecen muy importante: Freud plantea que el yo no solo se defiende del deseo (el ello), sino tambi&eacute;n de las cr&iacute;ticas del supery&oacute; y que la histeria suele tener un modo privilegiado de rechazar estas cr&iacute;ticas: devolverlas, es decir, &ldquo;castigar al amo con sus propias armas&rdquo;. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es una idea bell&iacute;sima, que muestra claramente el funcionamiento de la histeria, en particular en sus discusiones con esa forma del supery&oacute; que puede ser una pareja. Cuando su pareja le dice que algo no le gust&oacute;, no le hizo bien, le caus&oacute; sufrimiento, la histeria responde: &ldquo;Pero vos la otra vez...&rdquo;, &ldquo;Vos tambi&eacute;n hac&eacute;s cosas que a m&iacute; me hacen mal...&rdquo;, etc. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">De esta forma la histeria se blinda y se mantiene inc&oacute;lume. Intocable, no se le puede decir nada. Sin duda es todo un momento en el an&aacute;lisis de la histeria, llegar a ese punto en que pueda escuchar... sin atajarse, sin que el ataque sea la mejor defensa. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es cierto que tambi&eacute;n el atajarse demuestra la posici&oacute;n del otro como supery&oacute;. El supery&oacute; no es algo que est&aacute; en el cerebro o la mente, sino que est&aacute; en el lazo con los otros. Funciona como supery&oacute; no solo todo aquel a quien se le devuelven las cr&iacute;ticas hist&eacute;ricamente (en redes es muy lindo esto: alguien postea algo y ah&iacute; ya est&aacute; la histeria comentando cualquier cosa, hablando de todo lo que el posteo no considera; si el posteo es sobre canguros, ah&iacute; la histeria comenta sobre que no hay que olvidarse de los osos panda, con lo que no hace m&aacute;s que dar cuenta de cu&aacute;n afectada result&oacute; por el texto), sino quien dice conocernos, como el supery&oacute; sabe (del ello) lo que el yo no sabe.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso las madres suelen ser superyoicas, pero tambi&eacute;n las parejas, los amigos... No por nada el slogan de un conocido supermercado es &ldquo;Yo te conozco&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; es lo que sabe ese supermercado? Que nos alcanza con creer que ahorramos, mucho m&aacute;s que gastar menos; por eso hace esas promociones en que, sobre precios altos, incluye el descuento en una segunda unidad. Sabe que somos neur&oacute;ticos, que nos alcanza con una creencia antes que con un acto, porque si quisi&eacute;ramos pagar menos, no ir&iacute;amos a Coto. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es muy importante la observaci&oacute;n freudiana: la defensa respecto de la cr&iacute;tica de quien sabe sobre nosotros algo que no sabemos (sobre nuestro deseo). En las relaciones de pareja heterosexuales es com&uacute;n que ellas (la esposa es una versi&oacute;n del supery&oacute;) sepan mejor que ellos sobre su erotismo: &iquest;Por qu&eacute; te escribe esa mujer? &iquest;Por qu&eacute; te compraste una camisa nueva? Puede ser fren&eacute;tico y enloquecedor &ndash;para una mujer&ndash; funcionar en el lugar del supery&oacute;. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">A veces se confunde con los celos, pero no tiene nada que ver. Son cosas distintas. Y si &eacute;l es un obsesivo, responder&aacute; con fastidio, se molestar&aacute; para llegar finalmente hasta la m&aacute;s disparatada de las reconvenciones: &ldquo;Entiendo lo que dec&iacute;s, pero no es la forma&rdquo;, &ldquo;De acuerdo, pero no te pod&eacute;s poner as&iacute;&rdquo; y es claro que decirle a una mujer c&oacute;mo (no) tiene que ponerse es como tirar nafta a un fuego. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No por nada Freud dec&iacute;a, tambi&eacute;n, que el supery&oacute; hunde sus ra&iacute;ces en el ello.</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/histeria-superyo_129_12713248.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Oct 2025 16:44:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La histeria y el superyó]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Análisis,Histeria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dolor en la histeria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dolor-histeria_129_11533865.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d28776d1-4ace-494d-a3f3-fe37ad3e1223_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dolor en la histeria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las diferentes maneras como las personas enfrentan una pérdida amorosa abre una reflexión sobre la experiencia clínica y teórica en psicoanálisis, centrada en la transferencia.</p></div><p class="article-text">
        Hace muchos a&ntilde;os, despu&eacute;s de un an&aacute;lisis que concluy&oacute; con la muerte del analista, quise volver a buscar un espacio. En realidad, ya hab&iacute;a consultado a diferentes colegas, para hablar un poco del duelo y otro poco de cuestiones m&aacute;s inespec&iacute;ficas. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que ocurri&oacute; es que una tarde tom&eacute; un caf&eacute; con un colega con el que hab&iacute;amos compartido algunas actividades y, sorpresivamente, me cont&oacute; que estaba atravesando una separaci&oacute;n de pareja. Hablaba tranquilo, triste, me dijo una frase que me impresion&oacute;: &ldquo;Yo cre&iacute; que mi relaci&oacute;n era m&aacute;s estable, me confund&iacute;&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Escrib&iacute; que me impresion&oacute;, porque despu&eacute;s me encontr&eacute; pensando: &ldquo;Este tipo se est&aacute; separando, la mujer lo dej&oacute; y no solo lo cuenta sin avergonzarse, sino que tampoco se quiere tirar de un puente&rdquo;. En fin, yo no s&eacute; si as&iacute; es como lo vivi&oacute;; s&eacute; que as&iacute; lo pens&eacute; y que luego lo llam&eacute; y le ped&iacute; una entrevista. 
    </p><p class="article-text">
        Le quer&iacute;a preguntar c&oacute;mo hace un hombre para vivir sin el amor de una mujer o, mejor dicho, cuando una mujer dice &ldquo;Ya no te amo m&aacute;s&rdquo; &ndash;porque son dos cosas distintas. Esto lo entend&iacute; despu&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Fui muy feliz cuando volv&iacute; a sentir esa transferencia espont&aacute;nea, que es m&aacute;s fuerte que las ganas de curarse de algo o de no sufrir. Espont&aacute;nea no quiere decir casual, quiz&aacute; sea mejor decir inmotivada. Es tan rid&iacute;cula esa idea de que se puede producir transferencia o se la puede prestidigitar. Esa idea, incluso com&uacute;n entre analistas, es lo contrario del psicoan&aacute;lisis y de su pr&aacute;ctica. La gente que piensa as&iacute; nunca se analiz&oacute;, aunque haya ido a&ntilde;os a un analista. 
    </p><p class="article-text">
        Gracias a esa felicidad pude sufrir mucho. La transferencia no es una relaci&oacute;n en la que uno sabe y el otro no, es m&aacute;s simple y complejo: es la relaci&oacute;n en que alguien quiere saber algo de s&iacute; mismo a trav&eacute;s de algo que otro tampoco sabe de s&iacute; mismo y, adem&aacute;s, tiene que funcionar como una suposici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Confundir la transferencia con idealizaci&oacute;n, con b&uacute;squeda de protecci&oacute;n, con creencia en el saber, etc., no tiene nada que ver con el an&aacute;lisis. La transferencia es la forma m&iacute;nima de efectuaci&oacute;n del deseo como deseo del Otro y eso tiene que estar en el inicio del an&aacute;lisis o no hay an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que a veces los pacientes creen que los analistas son personas que tienen sus problemas resueltos, que tienen un dominio sin conflicto sobre sus pulsiones, que disfrutan de un amor pleno, etc. Lo suponen o lo esperan. Sin ser paciente, a veces alguien dice &ldquo;Vos que sos psi&hellip;&rdquo;, con la expectativa de que el terapeuta encarne un justo medio arm&oacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Y en esto ni siquiera se trata de una idealizaci&oacute;n, sino que es un efecto inevitable de la posici&oacute;n ante una figura a la que se le atribuye una condici&oacute;n parental. Es la posici&oacute;n del ni&ntilde;o: el otro goza de algo que yo no. Por eso la evaluaci&oacute;n desde el ideal es mucho mayor con un psicoanalista que con cualquier otra profesi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La posici&oacute;n de ni&ntilde;o es f&aacute;cilmente reconocible cuando, por ejemplo, alguien pregunta si vimos tal o cual serie (o pel&iacute;cula) y agrega: &ldquo;Ten&eacute;s que verla&rdquo;. Es una recomendaci&oacute;n como cualquier otra, claro, pero tambi&eacute;n incluye la demanda al otro de ser la causa de su deseo: quisiera que mi deseo te haga desear. 
    </p><p class="article-text">
        Confirmar esta demanda es lo contrario del an&aacute;lisis, ya que, adem&aacute;s &ndash;si el paciente es neur&oacute;tico&ndash; la confirmaci&oacute;n ser&iacute;a vivida sintom&aacute;ticamente: rechazo en la histeria, fastidio en la obsesi&oacute;n. Lo planteo para la neurosis porque es donde es m&aacute;s claro que el deseo como causa queda reprimido por la localizaci&oacute;n del sujeto como objeto en la fantas&iacute;a: me sacaste algo, solo te interesa de m&iacute; lo que puedo darte, te aburro, etc. 
    </p><p class="article-text">
        La encrucijada cl&iacute;nica es aquella en que se decide el tratamiento, porque si esta posici&oacute;n no se invierte el paciente solo ser&aacute; paciente, es decir, alguien que solo est&aacute; en condiciones de recibir y no tiene nada para dar. Voy a ilustrar esto &uacute;ltimo con otra referencia personal, a partir de un fallido de lectura.
    </p><p class="article-text">
        Cuando en mis a&ntilde;os de estudiante le&iacute; <em>El dolor de la histeria</em>, de <strong>Juan David Nasio</strong>, cre&iacute; que era un libro m&aacute;s. En estos d&iacute;as volv&iacute; a leerlo y ahora pienso que es un gran libro y que yo no supe leerlo bien. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s en aquel entonces lo le&iacute; con cierta suspicacia y no estaba muy dispuesto a dejar que me afectara &ndash;como si solo quisiera saber qu&eacute; dec&iacute;a y, a lo mejor, ya de antemano me negaba a su influencia. Esta es una p&eacute;sima posici&oacute;n de lectura. 
    </p><p class="article-text">
        Por suerte en estos d&iacute;as, cuando le mencion&eacute; a alguien el t&iacute;tulo del libro, tuve un fallido, que el otro no not&oacute;, pero yo s&iacute; &ndash;unas horas despu&eacute;s. Dije <em>El dolor en la histeria</em> y ese tropiezo en la preposici&oacute;n fue lo suficientemente significativo &ndash;para m&iacute;&ndash; como para justificar una transferencia renovada. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces busqu&eacute; el libro y a partir de esa divisi&oacute;n subjetiva que se me impuso (&iquest;qu&eacute; cambia para la histeria entre un &ldquo;de&rdquo; y un &ldquo;en&rdquo;?) me puse a trabajar como lector. Ya no quise leer &ldquo;a ver qu&eacute; dice&rdquo;, sino que le&iacute; para escuchar(me). 
    </p><p class="article-text">
        Y esa distinci&oacute;n entre preposiciones me llev&oacute; a situar algo que el libro desarrolla de manera extraordinaria y que es el estatuto del sujeto hist&eacute;rico como radicalmente escindido, sufriente de su falta de representaci&oacute;n ps&iacute;quica, de su incapacidad para decir &ldquo;yo&rdquo; o de ponerle a un acto su nombre &ndash;donde la obsesi&oacute;n tiene m&aacute;s a mano el narcisismo. Incluso en su queja m&aacute;s ac&eacute;rrima, permanece lo inexpresado; en su berrinche m&aacute;s caprichoso, se trata de que no es lo que quiere; en sus actings para apropiarse de la palabra no puede menos que mentir. 
    </p><p class="article-text">
        Este es el dolor &ldquo;de&rdquo; la histeria, por su dificultad para asumirse como sujeto de deseo &ndash;salvo que sea a trav&eacute;s del fantasma de la sujeci&oacute;n pasiva. &ldquo;En&rdquo; la histeria no hay mucho, de ah&iacute; su sufrimiento vac&iacute;o al final del d&iacute;a, los desencantos cuando los ideales no se sostienen, la sensaci&oacute;n de inexistencia que a veces se confunde con la locura. 
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; gran libro este de Nasio. Porque no solo es un alegato en defensa de la histeria como tipo cl&iacute;nico, sino una justificaci&oacute;n de la necesidad de conservar esta categor&iacute;a en psicoan&aacute;lisis como matriz para pensar el sujeto ps&iacute;quico.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dolor-histeria_129_11533865.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jul 2024 09:50:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El dolor en la histeria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Histeria,dolor]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De celos y celosos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/celos-celosos_129_11321029.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/272da87e-fced-4286-b0e6-16ea5371e1b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De celos y celosos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Existen celos neuróticos, de rivalidad con un tercero, y celos narcisistas, basados en el valor que se obtiene a partir del otro, pero ¿cuál es la razón profunda por la que poner celosa a otra persona?</p></div><p class="article-text">
        En otras ocasiones escrib&iacute; para este medio sobre los celos. Creer&iacute;a que, con el tiempo, varias de estas notas podr&iacute;an compilarse y armar un breve ensayo sobre la cuesti&oacute;n. El punto es que el tema insiste y, cada vez que creo que dije algo preciso, a los d&iacute;as me doy cuenta de que hay otra arista de la cuesti&oacute;n que falt&oacute; explorar.
    </p><p class="article-text">
        En esta oportunidad, destacar&eacute; dos matices que no consider&eacute; antes. Por un lado, una observaci&oacute;n general sobre los celos narcisistas, en particular cuando se manifiestan en los varones. Y, por otro lado, una puntualizaci&oacute;n sobre el modo en que poner celoso a otro, en el caso de la mujer, no es necesariamente una actitud hist&eacute;rica. 
    </p><p class="article-text">
        Estoy seguro de que lo que plantee en esta columna tambi&eacute;n ser&aacute; insuficiente y necesitar&aacute; futuras enmiendas, pero pasemos a la primera observaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Pong&aacute;monos de acuerdo en que hay tantas clases de celos como celosos, pero en t&eacute;rminos generales se podr&iacute;a distinguir entre los celos neur&oacute;ticos &ndash;de rivalidad con un tercero, claramente ed&iacute;picos&ndash; y los celos narcisistas basados en el valor que se obtiene a partir del otro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los celos narcisistas, adem&aacute;s, tienen como refuerzo inconsciente la envidia hacia el otro. Esto se ejemplifica en una actitud que, como todo en psicoan&aacute;lisis, parece lo contrario; me refiero a los varones que se ocupan denodadamente del goce de la mujer en la relaci&oacute;n sexual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin que sea la &uacute;nica interpretaci&oacute;n, en el marco de la envidia inconsciente la traducci&oacute;n de esa actitud es: yo te doy algo, porque tengo algo, que vos no. Es decir, esa pseudo-gratificaci&oacute;n es en verdad castradora.
    </p><p class="article-text">
        Los narcisistas suelen jactarse de lo buenos amantes que son, sin reconocer que usan el sexo con fines que no son er&oacute;ticos &ndash;sino agresivos&ndash;.&nbsp;Entonces, el narcisista envidioso no tolera ning&uacute;n deseo en su pareja del que &eacute;l no sea la causa. Su s&iacute;ntoma est&aacute; en la dependencia, que confirma la ra&iacute;z oral (no f&aacute;lica) de su fijaci&oacute;n: en la medida en que depende de su pareja, se aleja o la detesta; pero lo m&aacute;s intolerable es que ella dependa de &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo punto es importante, porque revela la falta de integraci&oacute;n de impulsos (amorosos y hostiles), pero sobre todo c&oacute;mo la envidia no le permite ser protector, preocuparse por el otro ni dar algo sin sentir que se lo pueden sacar. No puede admitir la dependencia de otro sin sentirse usado.
    </p><p class="article-text">
        En este punto se parece al hist&eacute;rico. No puede depender de otro ni permitir que dependan de &eacute;l, es decir, la envidia lo inhabilita para relaciones afectivas de realizaci&oacute;n rec&iacute;proca. 
    </p><p class="article-text">
        A prop&oacute;sito de la histeria, pasemos a la segunda nota. 
    </p><p class="article-text">
        En una pareja, de vez en cuando uno busca que el otro tenga celos. Esta estructura es m&aacute;s com&uacute;n en mujeres con varones. El punto es entender su raz&oacute;n profunda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se dan con esta estructura, antes que un &ldquo;histeriqueo&rdquo;, creo que se trata de un modo indirecto de rectificar algo del deseo del var&oacute;n que, en pareja, puede ser un poco mon&oacute;tono y repetitivo &ndash;si no condesciende demasiado directamente a la satisfacci&oacute;n&ndash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otra manera, es como si ella le dijera: &ldquo;No te olvides de que haya alg&uacute;n rodeo&rdquo;. No se trata de que ella quiera ser deseada por otro, sino de que a trav&eacute;s de ese otro deseo le muestra a &eacute;l algo de lo m&aacute;s propio del deseo humano en su diferencia con el goce animal: la mediaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltima instancia, es como si se ofreciera al otro en la pareja un soporte para que esa escena le sirva para representarse. No lo veo como una forma de amenaza de castraci&oacute;n (&ldquo;mir&aacute; que pod&eacute;s perderme&rdquo;) sino todo lo contrario, es m&aacute;s bien como una oportunidad antes de la p&eacute;rdida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima distinci&oacute;n es importante para pensar que, a diferencia de lo que propone el sentido com&uacute;n (incluso del psicoan&aacute;lisis), la mujer que busca poner celoso a un hombre no es que no lo quiera. Al contrario, esa es una forma desesperada de quererlo, a la espera de que &eacute;l haga algo, que recupere un lugar simb&oacute;lico del que est&aacute; destituido.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/celos-celosos_129_11321029.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Apr 2024 09:24:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De celos y celosos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[celos,Parejas,Histeria]]></media:keywords>
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