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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Ada Falcón]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/ada-falcon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Ada Falcón]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Vivir en movimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vivir-movimiento_129_11324146.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99d08de9-1d53-4737-9892-8cb04b005d57_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivir en movimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las mujeres bailamos, cantamos y migramos. En la vida y en la ficción. Vivir es moverse, siempre en busca de situaciones mejores. A veces por decisión propia, otras porque circunstancias adversas nos empujan.</p></div><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado mi amiga Gisela, que vive un poco en Miami y otro poco en Madrid, la creadora de <em>Danzar &amp; Conectar</em>, bailarina desde que era una nena, desembarc&oacute; por unas semanas en Buenos Aires y empez&oacute; a convocar por las redes a mujeres que quisieran bailar.
    </p><p class="article-text">
        Yo vi su invitaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Me mor&iacute;a de ganas de ir. Pas&eacute; buena parte de mi infancia en estudios de danza, aprendiendo <em>el demipli&eacute;, el retir&eacute;</em> y el <em>relev&eacute;</em>, con las zapatillas de media punta para formar parte con mucha ilusi&oacute;n del &ldquo;coro&rdquo; de <em>El lago de los cisnes</em> y <em>El cascanueces</em> en las muestras de fin de a&ntilde;o. Con el maillot, brillos y cintas de seda. 
    </p><p class="article-text">
        En la adolescencia, fui a las clases mucho m&aacute;s libres, casi sin normas, aunque s&iacute; con consignas, de expresi&oacute;n corporal. Las llevaba adelante <strong>Patricia Stokoe</strong>, en Belgrano, donde fui mucho m&aacute;s feliz que con el cl&aacute;sico, porque no importaban tanto los resultados, se le pon&iacute;a mucho m&aacute;s &eacute;nfasis al proceso de soltar y dejarse llevar. 
    </p><p class="article-text">
        Mi &uacute;ltima experiencia danzada, ya adulta, hab&iacute;a ocurrido en <em>R&iacute;o Abierto</em><strong>,</strong> donde era una belleza moverse con <strong>Mar&iacute;a Adela Palcos</strong>, su fundadora, en el edificio azul de Palermo, a metros del bar Varela Varelita. O en Mendoza, adonde viajamos a bailar entre las monta&ntilde;as y agradecerle la vida al Aconcagua, muy cerca de la nieve. 
    </p><p class="article-text">
        Bailar siempre da felicidad. Pero no acud&iacute; a aquella primera convocatoria de Gisela, aunque ten&iacute;a muchas ganas de abrazarla y de moverme, porque los kilos &ldquo;dem&aacute;s&rdquo; me avergonzaban, m&aacute;s all&aacute; de que cada semana escribo esta columna contra la gordofobia. As&iacute; de contradictoria soy. No por nada arrastro un desorden alimentario al que en ALUBA, donde hice hospital de d&iacute;a hace muchos a&ntilde;os, me diagnosticaron como bul&iacute;mica, hambre de buey. Intento deconstruirme, pero aquella educaci&oacute;n emocional de la infancia a favor de los cuerpos flacos y en contra de los excesos sigue pesando. &iquest;A qui&eacute;n no?
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o, por suerte, las cosas cambiaron. El slogan de <em>Danzar &amp; conectar</em>, &ldquo;Todas podemos bailar&rdquo;, gan&oacute; la pulseada y asist&iacute; a las clases de Gise donde un rato de movimiento se convirti&oacute; en alegr&iacute;a para toda la semana. Aun me late esa energ&iacute;a y ya pas&oacute; un tiempo. Esas sesiones fueron con m&uacute;sicas de aqu&iacute; y de all&aacute;, percusi&oacute;n en vivo, coreograf&iacute;as al instante, descalzas o con tacos, todas las edades, todos los cuerpos, todos los colores. Rondas, risas y sonrisas y al final, coron&aacute;ndolo todo, un poema de Residente y un contrabajo de fondo que fue el deleite de todas las chicas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Nada se detiene, ni la firmeza de una piedra gigante se detiene, porque en el mundo en el que vive, se mueve alrededor de ella y si el mundo se mueve, todos nos movemos. Por eso hay que morir, para que otros nazcan, para que nada se detenga, para que todo siempre empiece. </em>(<strong>Ren&eacute; Perez Joglar</strong>).
    </p><p class="article-text">
        Tomar conciencia de qu&eacute; es lo que una aloja y qu&eacute; expulsa de s&iacute; misma, mirar qu&eacute; se acepta o se niega es muy aliviador y nos acerca amorosamente a nuestres cong&eacute;neres. Qu&eacute; rechazo de m&iacute;, qu&eacute; voces me persiguen cuando alg&uacute;n aspecto m&iacute;o se siente acosado, c&oacute;mo puedo tener una convivencia pac&iacute;fica con esos aspectos repudiados por la cruel dictadura social sobre los cuerpos y de la afectividad. &iquest;Qu&eacute; ilusiones compr&eacute; sobre la existencia de para&iacute;sos en la Tierra?
    </p><p class="article-text">
        Es lo que ocurre en <em>Paraguay,</em> de <strong>Paula Grinszpan</strong> y <strong>Luc&iacute;a Maciel</strong>, que vi el fin de semana pasado, en el Teatro Astros. Los personajes dejan su paisaje natal para ir en busca de un territorio dorado, iluminado por la esperanza, que&hellip; no existe.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Una obra &uacute;nica, absolutamente personal y magn&eacute;tica&rdquo;, </em>dijo <strong>Claudio Tolcachir</strong><em>. &ldquo;El nuevo teatro argentino en una s&iacute;ntesis de tradici&oacute;n e innovaci&oacute;n&rdquo;, </em>observ&oacute; <strong>Jorge Dubatti</strong>. Se trata de una pieza musical kitsch y trash, protagonizada por el maravilloso y vers&aacute;til <strong>Mariano Saborido</strong> (qu&eacute; actor enorme), al que vimos en <em>Lo que el r&iacute;o hace</em>, de las hermanas Marull.
    </p><p class="article-text">
        <em>Paraguay </em>est&aacute; atravesada por la melod&iacute;a del sue&ntilde;o americano, donde dos chicas (<strong>Manuela Mart&iacute;nez</strong>, <strong>Olivia Daiez</strong>) emprenden un viaje hacia lo que suponen, mal, que es la libertad. El territorio del Norte, los Estados Unidos de Am&eacute;rica. Tendr&aacute;n que atravesar desaf&iacute;os m&aacute;gicos para poder llegar a una Tierra que les vendieron como Prometida, mientras <strong>Migue Canevari</strong> nos deleita con los acordes de sonidos guaran&iacute;ticos de la guitarra que hace sonar la m&uacute;sica compuesta por <strong>Rom&aacute;n Martino</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay m&uacute;sica en <em>La Falc&oacute;n</em>, el musical que dirige <strong>Cintia Miraglia</strong> en El extranjero. <em>La Falc&oacute;n </em>es <strong>Ada Falc&oacute;n</strong>, una mezzosoprano de comienzos del siglo veinte, que se hizo mito porque se enclaustr&oacute; en un convento de Salsipuedes, C&oacute;rdoba, en pleno apogeo de su carrera como cancionista de tangos.
    </p><p class="article-text">
        La emperatriz del tango es <strong>Mar&iacute;a Colloca</strong> y <strong>Carlos Ledrag</strong> encarna a <strong>Francisco Canaro</strong>, due&ntilde;os ambos de voces maravillosas y personajes protag&oacute;nicos de una relaci&oacute;n tormentosa. El tango fue siempre un territorio de machos, Canaro una figura popular, de gran poder monetario, y quien ayud&oacute; a Ada a proyectarse masivamente.
    </p><p class="article-text">
        Pero las convenciones patriarcales a las que se aferr&oacute; Canaro no permitieron que su relaci&oacute;n sentimental se desarrolle y prolongue en el tiempo y la frustraci&oacute;n de Ada la llev&oacute; a renunciar a todo. Las normas sociales pesaron m&aacute;s para &eacute;l, quien nunca se separ&oacute; de su esposa y la cantante opt&oacute;, frustrada y triste, por retirarse de la escena p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Aunque las condiciones cambiaron, las mujeres del tango siguen siendo minor&iacute;a respecto de los hombres, con menos peso en las decisiones de los conjuntos musicales y en la relaci&oacute;n con las compa&ntilde;&iacute;as. Siguen teniendo m&aacute;s dificultades que ellos para labrarse un destino art&iacute;stico y trascender.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vivir-movimiento_129_11324146.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Apr 2024 03:00:37 +0000]]></pubDate>
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