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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Andre Gide]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/andre-gide/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Andre Gide]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Hablar con un facho]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablar-facho_129_11341340.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/384d222a-65b1-4bec-813f-a932f9755b5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hablar con un facho"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta temporada, que viaja a la velocidad de la luz hacia el individualismo más bobo y violento de la historia, necesita una mínima cultura de la correspondencia. Nadar a favor y en contra de los propios pensamientos. </p></div><p class="article-text">
        Hace un bill&oacute;n de a&ntilde;os (1952), EMEC&Eacute; public&oacute; la correspondencia que <strong>Paul Claudel </strong>y <strong>Andr&eacute; Gide</strong> mantuvieron entre 1899 y 1926. Es una discusi&oacute;n de veintisiete a&ntilde;os, en la que se revelan cuestiones inherentes al proceso inestable de intercambios entre dos personas a lo largo del tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un modelo de discusi&oacute;n seria, tal vez la &uacute;nica posible: dos hombres nadan a favor y en contra de la corriente de sus propios pensamientos y nunca condescienden a la bajeza de ofender o de sentirse ofendido. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claudel tiene una neurosis religiosa que lo arrastra a la misi&oacute;n de convertir amigos al catolicismo. Le hab&iacute;a ido bien con <strong>Francis Jammes</strong>, pero Gide es un f&eacute;mur de titanio que pulveriza la dentadura de quien intente roerlo. Su dios es el deseo. Aun as&iacute;, las crisis de desacuerdo, lejos de interrumpir la discusi&oacute;n, la prolongan. 
    </p><p class="article-text">
        El 2 de marzo de 1914, Claudel le escribe: &ldquo;&iexcl;Por Dios, Gide! &iquest;C&oacute;mo ha podido usted escribir el pasaje que encuentro en la p&aacute;gina 478 del &uacute;ltimo n&uacute;mero de la N.R.F.?&rdquo;, y agrega: &ldquo;si usted no es un pederasta, &iquest;a qu&eacute; debe su extra&ntilde;a predilecci&oacute;n por esa clase de sujetos? Y si es usted uno de ellos, c&uacute;rese, desdichado, no haga alarde de sus abominaciones&rdquo;. La carta termina con: &ldquo;Su apenado amigo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gide le contesta en un estado del que podemos intuir los temblores morales que lo sacuden. Le recuerda que est&aacute; casado y le dice que ama a su esposa m&aacute;s que a su vida, pero &ldquo;pareciera que en m&iacute; el amor impidiera el deseo&rdquo;. Y le dice algo que es una frase hecha, un verso universal y una verdad de piedra acerca de la carne humana: &ldquo;Yo no eleg&iacute; ser as&iacute;&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La escaramuza enfr&iacute;a la correspondencia, que luego se reanuda con los &ldquo;Querido amigo:&rdquo;. Es una amistad de diferentes, como hay tantas, y tan ac&eacute;rrima en la voluntad de mantenerse, aunque m&aacute;s no fuese en el recuerdo, que en 1929 Gide dice en sus diarios: &ldquo;Lejos estoy de creerme mejor que Claudel&rdquo;. No alucinar superioridad respecto de los otros: &iquest;tanto cuesta ejercer ese deporte saludable? 
    </p><p class="article-text">
        Las discusiones, si el que discute evita abrazarse al palo enjabonado de la vanidad, son fen&oacute;menos de car&aacute;cter org&aacute;nico. Se vive un poco, y otro poco se muere en las discusiones. La gracia no est&aacute; en ganar o en perder sino en permitir una filtraci&oacute;n mutua de pareceres, siempre que estos no sean cualquier cosa. 
    </p><p class="article-text">
        Para que ocurra este beneficio debe haber en las partes un piso de calidad argumental obligatorio. Tanto tener que reclamar ese m&iacute;nimo como negarlo, revela fallas a veces insalvables que convierten las discusiones en un choque de bolas de acero. Pongamos un ejemplo imaginado: <strong>Albert Einstein </strong>resucita, visita la Argentina y va a Neura a discutir la <em>Teor&iacute;a general de la relatividad</em>, invitado por <strong>Alejandro Fantino</strong>, que ahora est&aacute; copado con la f&iacute;sica y entonces da clases de f&iacute;sica mientras toma clases particulares de f&iacute;sica (no aprende para saber sino para ense&ntilde;ar). 
    </p><p class="article-text">
        Antes de sentar a Einstein en la silla de gamer del streaming de <em>Neura</em>, Cuggini le endereza un poco las crenchas en el camar&iacute;n y la producci&oacute;n le recomienda hablar corto para no matar el ritmo del programa. Einstein arranca: &ldquo;O sea, digamos&hellip; La energ&iacute;a <em>E</em> de un cuerpo en reposo es igual a su masa <em>m</em>, multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado&hellip;&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces, lo intercepta uno al que le dicen Tronco, un columnista de Fantino que acabo de inventar para esta nota (ya s&eacute; que es una exageraci&oacute;n que una cosa as&iacute; exista en la vida, pero la imaginaci&oacute;n no es realista), que vive en un ecosistema de emociones violentas. Se para arriba de la mesa, revolea la silla, absorbe de la comisura su saliva de espuma envenenada, y grita: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; dec&iacute;s Einstein y la concha de tu madre! &iexcl;Masa <em>m, </em>la poronga! &iexcl;Impresentable! &iexcl;Luz al cuadrado la puta que te pari&oacute;! &iexcl;Habl&aacute; bien, pedazo de vendehumo! &iquest;Vos te pens&aacute;s que soy tarado? &iexcl;No se puede creer este pa&iacute;s de mierda! &iexcl;Hay que parar de mentirle al laburante, viejo! &iexcl;Tomatel&aacute;! Astrof&iacute;sico de la concha de mi hermana sos vos&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre las restauraciones de la &eacute;poca, dado que esto no es ninguna novedad, se ha comenzado a extender una actividad proliferante como alguna vez lo fueron el paddle y la construcci&oacute;n de canchas de paddle. Se trata del entretenimiento social llamado &ldquo;Hablar con un facho&rdquo;. De repente, una costumbre olvidada resurge, y hay que hablar con un facho, y luego con otro y con otro m&aacute;s, dado que se levanta una piedra y aparece uno. 
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que hay que considerar: la energ&iacute;a del facho. &iexcl;Por dios! &iexcl;No para! Es una m&aacute;quina de <em>sostener</em> ideas con inserciones de estad&iacute;sticas utilizadas al modo po&eacute;tico, como se usa la estad&iacute;stica, que es un lenguaje m&aacute;s rom&aacute;ntico que el verbal. Es asombroso c&oacute;mo le da a la matraca del verso &ldquo;documentado&rdquo;, con el prop&oacute;sito de suprimir aquello que le disgusta del mundo (es en la voluntad de supresi&oacute;n donde se revela el facho).&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta semana hizo ruido uno, invitado al programa de <strong>Ernesto Tenembaum</strong> en <em>Radio con vos</em>, llamado <strong>Nicol&aacute;s M&aacute;rquez.</strong> Es un escritor de libros de pol&iacute;tica que me comprometo p&uacute;blicamente a leerlos en otra vida, y que intuyo tributarios de un barroco pesado, digamos de La Escuela de lo Insoportable. De lo contrario, &iquest;para qu&eacute; habl&oacute;, como una v&iacute;bora que se muerde la cola, del HIV, la gonorrea, el Ministerio de Salud de Estados Unidos, el alcoholismo, el tabaquismo, los &iacute;ndices de expectativa de vida y no s&eacute; cu&aacute;ntas hepatitis, pudiendo decir, simplemente: &ldquo;muchachos, me van a tener que perdonar, pero no me puedo tener de lo antiputo que soy&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        Pero no lo dijo. Empach&oacute;, acalambr&oacute; de pliegues rococ&oacute; su discurso y, para evitar tambi&eacute;n asumir que es un mataputos porque tiene adentro la estaca incandescente de la homofobia, dijo que la homofobia (la fobia que lo inquieta como si fuese un deseo desesperado) no existe. &iquest;C&oacute;mo no va a existir la homofobia si justamente es M&aacute;rquez la prueba viviente de su existencia? Presionado por alg&uacute;n resabio de correcci&oacute;n, intent&oacute; zafar haci&eacute;ndose el fil&oacute;logo: &ldquo;la homofobia es un invento idiom&aacute;tico&rdquo;. Y, s&iacute; amigo, obvio Borges, claro Miguel de Cervantes. Tan invento idiom&aacute;tico como &ldquo;es&rdquo;, &ldquo;un&rdquo;, &ldquo;invento&rdquo; e &ldquo;idiom&aacute;tico&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero no quisiera estacionarme en la excitaci&oacute;n, la pasi&oacute;n enciclop&eacute;dica casi monogr&aacute;fica y el despecho y quiz&aacute;s los celos otelloanos que le provoca a M&aacute;rquez el universo &ldquo;insano&rdquo; de la homosexualidad, de la que habla como pedaleando en el Tour de France, aunque nadie le pregunte. El tema de este art&iacute;culo, que es &ldquo;Hablar con un facho&rdquo;, debe concentrarse en la discusi&oacute;n acerca de si hay que invitar o no invitar a un facho a un programa de radio, se llame M&aacute;rquez, C&uacute;neo o este personaje Tronco que les invent&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Hay que invitarlo: &iquest;por qu&eacute; no? Ahora, &iquest;por qu&eacute; s&iacute;? Porque es un gesto negacionista no reconocer su existencia, y una paradoja (fascista) no dejarlo hablar, aun cuando el resultado de hablar con un facho sea el de hablar con la pared. No hablar con el facho porque es facho es bastante facho. 
    </p><p class="article-text">
        Sin pretender la elegancia y las rispideces de la larga discusi&oacute;n entre Gide y Claudel que tienen un siglo que no va a volver, quiz&aacute;s podamos entender que esta temporada, que viaja a la velocidad de la luz hacia el individualismo m&aacute;s bobo y violento de la historia (el del ciudadano-App que se cree sujeto) necesita una m&iacute;nima cultura de la <em>correspondencia</em>. Es preferible pagar o cobrar con la moneda gratuita del lenguaje una relaci&oacute;n mala, a no tener ninguna.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB/MF/MT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablar-facho_129_11341340.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 May 2024 03:21:04 +0000]]></pubDate>
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