<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Horacio Convertini]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/horacio-convertini/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Horacio Convertini]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1050316/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Horacio Convertini: “Los años ‘90 en Argentina fueron un derrumbe silencioso”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/horacio-convertini-anos-90-argentina-derrumbe-silencioso_1_11358496.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b86f50e3-e523-4130-821e-8f0cbf9269b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Horacio Convertini: “Los años ‘90 en Argentina fueron un derrumbe silencioso”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor y periodista acaba de publicar la novela “La exactitud del dolor”, una historia en el corazón del mundo del boxeo en tiempos de pizza con champán. Su mirada sobre un deporte lleno de contrastes, los recuerdos de Pompeya y los fósiles de un país que ya no existe.</p></div><p class="article-text">
        Un hombre agoniza ensangrentado al comienzo de <em>La exactitud del dolor</em> (Letras de Plata/Urano, 2024), del escritor argentino <strong>Horacio Convertini</strong>. Se llama Juan Rayo, est&aacute; en cuero y con shorts de boxeo en un paraje desolado. Esa misma noche, otro hombre que tambi&eacute;n vive su propio ocaso tiene una pesadilla y se desvela. Se llama Am&iacute;lcar Zafe y fue entrenador de Rayo cuando el boxeador era una promesa y despu&eacute;s una estrella que brill&oacute; en varios rings. <strong>A partir de entonces, el autor desenrolla una historia atrapante llena de cruces pasados, de traiciones y sobre todo de golpes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una de las voces m&aacute;s interesantes de la llamada nueva novela negra argentina, <strong>Convertini aprovecha el universo de sue&ntilde;os y desenga&ntilde;os del boxeo para desplegar un relato potente que se cifra en ese mundo, tambi&eacute;n de glorias y desencantos, que fueron los a&ntilde;os &lsquo;90 en la Argentina</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El boxeo, como el f&uacute;tbol, fue uno de los deportes que me interesaron de chico. Porque eran los deportes que se ve&iacute;an en televisi&oacute;n o se comentaban entre los varones de mi casa. <strong>Recuerdo claramente estar muy temprano a la ma&ntilde;ana por la diferencia horaria reunidos todos frente al televisor cuando alg&uacute;n boxeador argentino peleaba por el t&iacute;tulo del mundo en Jap&oacute;n o en Filipinas. </strong>Y tambi&eacute;n nos recuerdo esperando esa especie de alegr&iacute;a nacional que era que un boxeador argentino se consagrara campe&oacute;n del mundo o ganara. Me acuerdo tambi&eacute;n de tristezas personales cuando uno de esos boxeadores perd&iacute;a&rdquo;, recuerda ante elDiarioAR.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e7789b09-203e-48b2-bf1a-bb3623cfd3b7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e7789b09-203e-48b2-bf1a-bb3623cfd3b7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e7789b09-203e-48b2-bf1a-bb3623cfd3b7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e7789b09-203e-48b2-bf1a-bb3623cfd3b7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e7789b09-203e-48b2-bf1a-bb3623cfd3b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e7789b09-203e-48b2-bf1a-bb3623cfd3b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e7789b09-203e-48b2-bf1a-bb3623cfd3b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&quot;La exactitud del dolor&quot; comienza con una escena desgarradora: un boxeador agoniza en un misterioso paraje desolado."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &quot;La exactitud del dolor&quot; comienza con una escena desgarradora: un boxeador agoniza en un misterioso paraje desolado.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Conociste de cerca a alg&uacute;n boxeador?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Mi barrio, Nueva Pompeya, era un barrio muy atravesado por el boxeo en esa &eacute;poca. A cuatro cuadras de mi casa viv&iacute;a<strong> Alfredo Prada</strong> que hab&iacute;a sido el gran rival de (Jos&eacute; Mar&iacute;a) Gatica. A la vuelta de mi casa la panadera estaba casada con un boxeador que hab&iacute;a sido campe&oacute;n argentino, <strong>Jorge Fern&aacute;ndez</strong>. <strong>Horacio Accavallo</strong>, que hab&iacute;a sido campe&oacute;n del mundo, ten&iacute;a en el barrio una cadena de negocios de art&iacute;culos deportivos. Y era frecuente que uno lo viera pasar por ah&iacute;. En un inquilinato a 20 metros de mi casa hab&iacute;a un boxeador joven que todos imagin&aacute;bamos que iba a ser campe&oacute;n y que era un chico, el Cordob&eacute;s le dec&iacute;an, era un chico muy amable, muy buen mozo. <strong>Yo, que ten&iacute;a 10 a&ntilde;os, lo ve&iacute;a como una especie de superh&eacute;roe porque hab&iacute;a clasificado para los Juegos Panamericanos de M&eacute;xico y ten&iacute;a una campera Adidas oficial, algo que casi nadie ten&iacute;a en ese momento.</strong> Despu&eacute;s de adolescente empec&eacute; a parar en un club del barrio que ten&iacute;a un gimnasio de boxeo y organizaba veladas de boxeo aficionado los viernes. Entonces era muy com&uacute;n ver a los entrenadores y a los chicos que ven&iacute;an a probar suerte, como en la novela. Tambi&eacute;n era com&uacute;n jugar en el ring cuando no hab&iacute;a nadie o pegarle a la bolsa cuando no hab&iacute;a nadie. Hab&iacute;a ah&iacute; una cosa que cal&oacute; muy hondo en m&iacute;. Fui durante muchos, muchos, muchos a&ntilde;os alguien de seguir las grandes veladas de boxeo por televisi&oacute;n. Ahora menos porque perd&iacute; un poco el eje de por d&oacute;nde va el boxeo hoy. Hay un mont&oacute;n de asociaciones, de campeones interinos, de campeonatos de distintos niveles. As&iacute; que ya no estoy tan atento a lo que pasa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;El boxeo aparec&iacute;a lateralmente en relatos o en otras historias tuyas, pero en esta novela ocupa un lugar central. &iquest;Por d&oacute;nde empezaste? &iquest;Fue un personaje, fue una escena particular, fue un di&aacute;logo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La novela la arranco incre&iacute;blemente desde otro g&eacute;nero. En el a&ntilde;o 2002, yo me reencuentro en un &aacute;mbito laboral con un amigo con el cual hab&iacute;amos trabajado juntos cuando reci&eacute;n empez&aacute;bamos en periodismo. Despu&eacute;s de casi 10 a&ntilde;os sin vernos, me cuenta que &eacute;l en todo ese tiempo hab&iacute;a estudiado direcci&oacute;n de cine en la escuela de (Eliseo) Subiela. Tambi&eacute;n que hab&iacute;a ganado varios premios a nivel nacional y a nivel internacional con un cortometraje. Y para mi cumplea&ntilde;os me regala un libro que se llamaba <em>C&oacute;mo escribir un guion</em>, que hab&iacute;a escrito un profesor de &eacute;l, un guionista argentino que se llamaba <strong>Lito Espinosa</strong>. Apenas termin&eacute; de leer el libro lo primero que hice fue escribir un guion como alumno educado que soy (risas). <strong>Se llamaba </strong><em><strong>Diez rounds</strong></em><strong> y contaba m&aacute;s o menos la historia que cuenta esta novela. Intentamos mover la historia con mi amigo, ver si pod&iacute;a ser filmada y dirigida por &eacute;l. La verdad es que todo qued&oacute; en la nada y yo despu&eacute;s medio que lo olvid&eacute;.</strong> Tiempo despu&eacute;s, cuando empiezo a concentrarme m&aacute;s en la literatura, entre 2004 y 2005, dije &ldquo;bueno, si este texto, esta idea, est&aacute; condenada a quedarse en papel bueno, que sea papel&rdquo;. Y empec&eacute; a trabajarla como novela. Pero siempre quedaba en un segundo plano, mientras me dedicaba a otros proyectos. Yo hac&iacute;a taller con <strong>Pablo Ramos</strong>, de hecho empec&eacute; en literatura haciendo taller con &eacute;l. Por eso la novela est&aacute; dedicada a &eacute;l. Y tuvo tres momentos la novela, un momento que un manuscrito que al llegar a la p&aacute;gina 80 me doy cuenta que no iba para ning&uacute;n lado, que no era eso lo que yo quer&iacute;a. Empec&eacute; de nuevo. Escrib&iacute; otras 80 p&aacute;ginas. <strong>Llegu&eacute; al mismo punto de la historia pero segu&iacute;a sin gustarme formalmente. </strong>Hasta que empec&eacute; un tercer manuscrito y ese s&iacute; avanz&oacute;. En esa tercera instancia ya cre&iacute;a haberme despegado totalmente del guion. Aparece ah&iacute; El Rengo Zafe, que es el otro personaje protag&oacute;nico que alterna con el de Juan Rayo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/098cd6dd-ae0f-40ac-b9e8-8ec1502f3b5e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/098cd6dd-ae0f-40ac-b9e8-8ec1502f3b5e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/098cd6dd-ae0f-40ac-b9e8-8ec1502f3b5e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/098cd6dd-ae0f-40ac-b9e8-8ec1502f3b5e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/098cd6dd-ae0f-40ac-b9e8-8ec1502f3b5e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/098cd6dd-ae0f-40ac-b9e8-8ec1502f3b5e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/098cd6dd-ae0f-40ac-b9e8-8ec1502f3b5e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Horacio Convertini es periodista, guionista y escritor."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Horacio Convertini es periodista, guionista y escritor.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Ya desde el t&iacute;tulo </strong><em><strong>La exactitud del dolor</strong></em><strong> el relato nos pone en una zona de cierta dificultad. A medida que avanzaba la novela pensaba en el tango </strong><em><strong>Cuesta abajo</strong></em><strong>, en eso de &ldquo;la verg&uuml;enza de haber sido y el dolor de ya no ser&rdquo;, con personajes que conocieron la gloria y que, con el tiempo, fueron perdiendo brillo y cargando con esa pena. Al mismo tiempo, todo esto se ve en un deporte en el que se inflige dolor al otro y a la vez se reciben golpes. &iquest;En qu&eacute; t&eacute;rminos pensabas vos el dolor cuando escrib&iacute;as?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;El t&iacute;tulo original, con el cual trabaj&eacute; al menos los dos primeros manuscritos, era Diez rounds, el mismo del guion cinematogr&aacute;fico. Despu&eacute;s lo cambi&eacute; por <em>La exactitud del dolor</em> porque me gust&oacute;. Fue releyendo una reflexi&oacute;n del Rengo Zafe, en un momento de la novela, en el que se pregunta cu&aacute;l es el mejor dolor que puede tolerar, a partir de la traici&oacute;n que ha sufrido por parte de su pupilo Rayo. Y me gust&oacute; esta idea. S&iacute;, es cierto, el boxeo es la administraci&oacute;n calculada y cient&iacute;fica del dolor. <strong>A los norteamericanos les gusta hablar de que el boxeo es como un deporte cient&iacute;fico en tanto y en cuanto est&aacute; vinculado a la repetici&oacute;n de movimientos espec&iacute;ficos. Pero en el fondo no deja de ser una actividad, un deporte, cuyo objetivo es infligirle dolor al otro. En el ring la eficacia del dolor, la m&aacute;xima eficacia del dolor, est&aacute; definida por una circunstancia de la pelea que es el </strong><em><strong>knock out</strong></em><strong>. </strong>Cuando vos noqueaste a un tipo llegaste a la exactitud del dolor del otro. Al punto exacto del dolor del otro. En el caso de la novela, los dolores que se procesan y que se quieren infligir uno a otro son de otro tipo. Porque tienen que ver con lealtades, con amores perdidos, con traiciones, con cuentas pendientes que se vienen arrastrando de muchos a&ntilde;os. Y adem&aacute;s con deseos absurdos de redenci&oacute;n, &iquest;no? Absurdos para quien los ve de afuera. Para el que lo ve desde adentro no. Eso es lo terrible de los sue&ntilde;os: el sue&ntilde;o visto por uno tiene una caracter&iacute;stica y una valoraci&oacute;n, pero visto por alguien de afuera, objetivamente, puede parecer un absurdo. Por todo esto me gust&oacute; la idea de trabajar alrededor de cu&aacute;l es el dolor exacto que yo puedo soportar y cu&aacute;l es el dolor exacto que yo le puedo desear al otro. Algo que pueda adem&aacute;s compensar mi propio dolor. Por ah&iacute; va la cosa. Un toma y daca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En este sentido, y aunque el relato recuerda el pasado glorioso de Juan Rayo, vemos muy claramente su desgaste f&iacute;sico y tambi&eacute;n el mundo de contrastes, de los grandes lujos en Las Vegas a vivir en una pensi&oacute;n. &iquest;Fue inevitable pensar en un relato de ocaso, teniendo en cuenta que los boxeadores muchas veces terminan sus carreras j&oacute;venes, a veces empobrecidos, muy complicados f&iacute;sica o emocionalmente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cuesta encontrar un boxeador que haya terminado bien. Los hay seguramente, pero son una minor&iacute;a. La par&aacute;bola m&aacute;s frecuente en el mundo del boxeo es la de la persona que asciende vertiginosamente, tiene un momento de gloria y despu&eacute;s cae de manera brutal. En Argentina tenemos desde Gatica, a quien <strong>Leonardo Favio</strong> retrat&oacute; de manera maravillosa en su pel&iacute;cula, hasta <strong>Carlos Monz&oacute;n</strong>. El otro d&iacute;a hablando con <strong>Ernesto Cherquis Bialo</strong>, &eacute;l contaba que Monz&oacute;n hab&iacute;a pasado toda su infancia golpeado por la polic&iacute;a o escapando de la polic&iacute;a. Era un chico morocho pobre de los arrabales de Santa Fe. Y, por las vueltas de la vida, termina sus d&iacute;as preso y muriendo en una salida transitoria de la c&aacute;rcel. S&iacute;, claramente esta es una historia de perdedores. Es una historia de ascenso y ocaso. Pero me interesa mucho esta idea del tipo que est&aacute; en su ocaso, pero que todav&iacute;a cree que tiene una bala en el cargador. Que todav&iacute;a tiene una chance de salir de ah&iacute;. Hay algo del orgullo en todo eso que me impacta. <strong>En el boxeo a veces se puede ver a estos tipos que vuelven a pelear a los 40 a&ntilde;os y es un poco triste porque les arman alguna exhibici&oacute;n, despu&eacute;s una peleita, aunque ves que no est&aacute;n bien.</strong> Ahora estoy m&aacute;s preocupado por (Myke) Tyson. Un gran infringidor de dolor en los dem&aacute;s, que a los 57 o 58 a&ntilde;os, se va a subir al ring con un pibe de 25 que es un youtuber sin formaci&oacute;n pugil&iacute;stica. Y vos dec&iacute;s &ldquo;No Tyson, no, &iquest;qui&eacute;n te aconseja, boludo?&rdquo; (risas). Trabaj&aacute; en otra cosa, busc&aacute; que hagan una cuarta pel&iacute;cula de Qu&eacute; pas&oacute; ayer y que te inviten de nuevo como artista invitado. &iexcl;Pero no te subas al ring!
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El boxeo es la administración calculada y científica del dolor. A los norteamericanos les gusta hablar de que el boxeo es como un deporte científico en tanto y en cuanto está vinculado a la repetición de movimientos específicos. Pero en el fondo no deja de ser una actividad, un deporte, cuyo objetivo es infligirle dolor al otro. En el ring la máxima eficacia del dolor está definida por una circunstancia de la pelea que es el knock out. Cuando vos noqueaste a un tipo llegaste a la exactitud del dolor del otro. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Nunca faltan las insistencias de este tipo de personajes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, s&iacute;. Hay algo del tipo que ha conocido la gloria y ya no la tiene m&aacute;s que no resiste la idea. Y eso se da m&aacute;s en el boxeo que en otros deportes. Porque el jugador de f&uacute;tbol termina dejando o se da cuenta que la pelota lo abandona. Y por ah&iacute; fue campe&oacute;n en Primera Divisi&oacute;n, y despu&eacute;s va a la Primera B, despu&eacute;s a la Primera C, y despu&eacute;s termina jugando casi vocacionalmente en un equipo del interior hasta que finalmente cuelga los botines.<strong> En el boxeo esa decisi&oacute;n debe ser muy costosa, porque me parece que compromete algo que tiene que ver con el orgullo masculino. Decir &ldquo;yo ya no puedo subirme a un ring&rdquo;. Decir &ldquo;yo ya no puedo ganar una pelea&rdquo;. O &ldquo;no puedo recibir un golpe y asimilarlo&rdquo;. Tener que asumir eso implica desvalorizar tu rol como macho. </strong>Todo esto enmarcado en un estereotipo varonil en el que seguramente esos muchachos, y muchos varones hemos sido criados. Ese estereotipo de la dureza. De no tener miedo. De resistir cualquier cosa y de pegar tambi&eacute;n, de ejercer violencia sobre otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Ubicaste la historia en los a&ntilde;os &lsquo;90. &iquest;Por qu&eacute; elegiste ese tiempo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;A m&iacute; los 90 me parecen muy &uacute;tiles para contar una novela negra hoy. B&aacute;sicamente porque al ser la &uacute;ltima d&eacute;cada anal&oacute;gica donde no existe Google Maps, casi nadie tiene celular ni hay <em>smartphones</em>, ni existen las c&aacute;maras en las calles, es la &uacute;ltima d&eacute;cada en donde uno puede perderse, desaparecer, inventarse una identidad. Pero adem&aacute;s, los a&ntilde;os &lsquo;90 en Argentina fueron un derrumbe silencioso. Estaba ocurriendo algo que el argentino medio no termin&oacute; de darse cuenta hasta mucho despu&eacute;s. <strong>Lo que se estaba cayendo era un pa&iacute;s, el pa&iacute;s del Estado de bienestar, el Estado de bienestar, si quer&eacute;s, peronista por decirlo de alguna manera, y no nos d&aacute;bamos cuenta. </strong>Todo esto pasa en la era de las 4x4, de los trajes satinados con hombreras, de la pizza con champ&aacute;n, del <em>show off </em>permanente. Ten&iacute;as a los famosos mostrando sus casas maravillosas o los viajes a Miami. Y eso me interesaba mucho. No como centro de la historia pero s&iacute; como una especie de decorado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Algo de la forma de hacer pol&iacute;tica de ese momento se mete en el relato tambi&eacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, con Vicente, el amigo de Rayo. Vicente lo que representa es eso, es la pol&iacute;tica al servicio personal y esa cosa marketinera. El pueblo que gobiernan est&aacute; inundado hasta el cogote pero &eacute;l dice &ldquo;hagamos una fiesta&rdquo; porque es preferible mostrar que hay alegr&iacute;a pese a todo. Me parece que esa d&eacute;cada te da un territorio perfecto para escribir las historias que a m&iacute; me gusta escribir. <em>Lo oscuro que hay en m&iacute; </em>tambi&eacute;n la situ&eacute; en los 90. <em>New Pompey </em>la sit&uacute;o en el 2001. <strong>Ah&iacute; le robo el concepto al historiador brit&aacute;nico Eric Hobsbawm. Hobsbawm dec&iacute;a que el siglo XX hab&iacute;a sido un siglo corto, que hab&iacute;a empezado con la Primera Guerra Mundial y que hab&iacute;a finalizado con la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n. El siglo XX era corto, mientras que el XIX hab&iacute;a sido largo. Yo creo que la d&eacute;cada del 90 en Argentina dur&oacute; toda la convertibilidad y se extiende hasta el 2001, fue nuestra d&eacute;cada larga.</strong> Ah&iacute; se terminan los &lsquo;90, le decimos adi&oacute;s a la pizza con champ&aacute;n, a los sue&ntilde;os de irnos a Miami. Es una brutal ca&iacute;da a la realidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Un tendal de ca&iacute;dos, como en </strong><em><strong>La exactitud del dolor</strong></em><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Claro. Por eso me gusta trabajar esa d&eacute;cada. Adem&aacute;s porque la viv&iacute; con 30 a&ntilde;os y recuerdo todo. <strong>Un periodista como yo ganaba US$5.000 en esa &eacute;poca.</strong> &iquest;Sab&eacute;s lo que era? &iexcl;Gardel, Le Pera y los guitarristas! (risas).&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuesta encontrar un boxeador que haya terminado bien. Los hay seguramente, pero son una minoría. La parábola más frecuente en el mundo del boxeo es la de la persona que asciende vertiginosamente, tiene un momento de gloria y después cae de manera brutal. En Argentina tenemos desde Gatica, a quien Leonardo Favio retrató de manera maravillosa en su película, hasta Carlos Monzón</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En la novela Juan Rayo debe volver a su pueblo, a su lugar de origen. &iquest;C&oacute;mo te llev&aacute;s con los regresos? &iquest;Siempre est&aacute;s volviendo a Pompeya en tus relatos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo en Pompeya nac&iacute;, me cri&eacute; y me fui cuando me cas&eacute;. Hoy sigo volviendo porque tengo muchos amigos all&aacute; y porque voy seguido a la cancha de San Lorenzo que est&aacute; a 12 cuadras de la casa donde nac&iacute;. Es un barrio muy literario. Yo compadezco a los nacidos en Belgrano o en, qu&eacute; s&eacute; yo, Villa Urquiza (risas), que son barrios imposibles de trabajar literariamente. Pompeya es extraordinario en ese sentido. As&iacute; es que aparece en <em>Los que duermen en el polvo</em>, en<em> New Pompey</em> y en esta novela. Y creo que es porque es un lugar que tiene los restos f&oacute;siles de un pa&iacute;s, un pa&iacute;s que fue y que desapareci&oacute;. No puedo dejar de mirar cuando cruzo la avenida Cruz por Centenera hacia lo que fue mi casa y a la izquierda aparecen los restos de dos mega f&aacute;bricas de Bunge &amp; Born, Envase Centenera y Alba. <strong>Eran f&aacute;bricas que trabajaban las 24 horas abiertas con tres turnos de obreros. Ah&iacute; trabaj&oacute; mi primo, trabaj&oacute; el padre de uno de mis mejores amigos, y yo mismo iba en el a&ntilde;o 80 u 81, a las cinco de la ma&ntilde;ana a afiliar a los obreros que sal&iacute;an del turno noche en la parada de 44 o la del 135. Y hoy son restos f&oacute;siles. </strong>Est&aacute;n cerradas. Ca&iacute;das. Ah&iacute; debe haber zombis. As&iacute; que siempre me pareci&oacute; un lindo espacio para ver la transformaci&oacute;n de la sociedad de la Argentina. Pasar por ah&iacute; todav&iacute;a me fascina de alguna manera. Es como pasar por el Coliseo para m&iacute;. Decir &ldquo;ac&aacute; hubo un esplendor, una vida, un pa&iacute;s, que ya no existe m&aacute;s&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/865f3127-69ff-4f94-8267-1bea7a1a794f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/865f3127-69ff-4f94-8267-1bea7a1a794f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/865f3127-69ff-4f94-8267-1bea7a1a794f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/865f3127-69ff-4f94-8267-1bea7a1a794f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/865f3127-69ff-4f94-8267-1bea7a1a794f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/865f3127-69ff-4f94-8267-1bea7a1a794f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/865f3127-69ff-4f94-8267-1bea7a1a794f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Premiado en el país y en el exterior, Convertini se transformó en una de las voces más interesantes de la nueva literatura negra argentina."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Premiado en el país y en el exterior, Convertini se transformó en una de las voces más interesantes de la nueva literatura negra argentina.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Te dedic&aacute;s tambi&eacute;n a escribir guiones o a adaptar textos que terminan en series de televisi&oacute;n. &iquest;Es distinto el proceso a la hora de pensar esos materiales? &iquest;O es parecido a lo que hac&eacute;s con las novelas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Son deportes parecidos con reglas diferentes. En los guiones vos cont&aacute;s una historia. Entonces determinados recursos que te da la literatura, como describir el mundo interior de un personaje, sus reflexiones, los ten&eacute;s que repensar. <strong>En un libro vos pod&eacute;s detenerte mucho tiempo en una escena en donde no pasa nada porque vos le est&aacute;s agregando sentido a eso a trav&eacute;s de otras cosas. Todo eso en el guion no ocurre. Vos ten&eacute;s que contar acciones todo el tiempo. Y esas acciones que cont&aacute;s tienen que ser acciones que se puedan filmar. </strong>Entonces el guion no deja de ser una especie de manual de instrucciones que el productor va a trabajar a partir de cuestiones presupuestarias y el director a partir de cuestiones est&eacute;ticas. As&iacute; que por ah&iacute; un productor va a decir que para tal rol lo mejor va a elegir a tal personaje y vos ten&eacute;s el pensamiento exactamente opuesto. Y el director va a tener una decisi&oacute;n est&eacute;tica que por ah&iacute; vos imaginaste de una manera diferente en tu guion. Aun con esos peros es una escritura apasionante tambi&eacute;n. Pero es una escritura que exige, insisto, otro tipo de herramientas narrativas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Presentaste hace poquito la novela en la Feria del Libro de Buenos Aires, un lugar en el que este a&ntilde;o se dieron distintos debates y quedaron expuestas las posiciones alrededor de la cultura, de su financiamiento, de la crisis en general y de las pol&iacute;ticas culturales o de su falta en el gobierno de Javier Milei. &iquest;C&oacute;mo viviste todo esto? &iquest;Prefer&iacute;s tomar distancia, manifestarte?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Separarse de lo que atraviesa hoy el sector cultural no es posible porque vos est&aacute;s en el marco de un &aacute;mbito que est&aacute; viviendo la crisis general que vive el pa&iacute;s. Ahora se suma que el sector cultural es bombardeado desde distintos lugares, algunos de esos lugares son del propio Estado, como si fuera un territorio enemigo. De golpe la Feria del Libro se transform&oacute;, seg&uacute;n he escuchado a alguna legisladora o a alg&uacute;n funcionario, en una cueva de marxistas irredentos. Una especie de Sierra Maestra ocupada por escritores que armados con sus libros y sus <em>notebooks</em> van a bajar y a transformar el pa&iacute;s en Cuba (risas). <strong>Ir&oacute;nicamente todo esto tiene lugar en la Rural. Y es todo rid&iacute;culo, sobreactuado. Hay una exageraci&oacute;n en los t&eacute;rminos, ahora todos son &ldquo;comunistas&rdquo;. Vuelven a aparecer ecos, acusaciones entre comillas, calificaciones de hace 40 a&ntilde;os. </strong>Lo &uacute;nico que falta es que ahora todos nos manden a cortar el pelo. A m&iacute; no me podr&iacute;an mandar a cortar nada (risas). Sobre la Feria del Libro en s&iacute; misma, es duro ver esos pasillos exageradamente anchos. &iquest;Por qu&eacute; anchos? Porque no han logrado vender la cantidad de stands que se planeaba. Porque <strong>todas las industrias culturales est&aacute;n sufriendo esta doble crisis, la del pa&iacute;s en s&iacute; y la del Estado que se retira en su funci&oacute;n de estimulador de esa industria</strong>. Y que no solo se retira sino que la ataca. Un Estado que de aliado pasa a enemigo. Despu&eacute;s ves los precios de los libros y te asustan. Libros que salen 35 lucas y vos dec&iacute;s &ldquo;&iquest;qui&eacute;n carajo lo va a comprar?&rdquo;. Para peor est&aacute;n tus libros ah&iacute; y todo lo que se venda tuyo te lo van a liquidar dentro de seis meses o m&aacute;s. Lo cual termina refrendando la idea de que la literatura se vuelve un oficio casi vocacional. No hay m&aacute;s motivaci&oacute;n para escribir que el hecho de decir &ldquo;bueno, quiero contar una historia y que otro la lea&rdquo;. Porque plata, amigo, no vas a hacer.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ahora se suma que el sector cultural es bombardeado desde distintos lugares, algunos de esos lugares son del propio Estado, como si fuera un territorio enemigo. De golpe la Feria del Libro se transformó, según he escuchado a alguna legisladora o a algún funcionario, en una cueva de marxistas irredentos. Una especie de Sierra Maestra ocupada por escritores que armados con sus libros y sus notebooks van a bajar y a transformar el país en Cuba.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Y eso no te resulta de alg&uacute;n modo frustrante?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No, no, de ninguna manera. Porque para m&iacute; la literatura es un espacio de absoluta libertad y de disfrute. Es un espacio donde no tengo ning&uacute;n jefe que me diga por d&oacute;nde tengo que ir. <strong>En el punto donde se junten mi deseo y mi capacidad, ah&iacute; va a estar mi novela. Escribo lo que puedo y lo que quiero. Y eso me da una seguridad, una tranquilidad, una certeza, que por ah&iacute; en otros &aacute;mbitos no puedo llegar a tener.</strong> En el periodismo vos est&aacute;s dentro de un producto que te supera en general, con decisiones que no pasan por vos muchas veces. En la literatura no, es tu creaci&oacute;n. Incluso en la creaci&oacute;n que puede ir en contra del tiempo en el que vos est&aacute;s viviendo. El otro d&iacute;a en un lugar no s&eacute; qu&eacute; me preguntaron y yo dije &ldquo;bueno, mis novelas no son ni necesarias ni urgentes&rdquo;. Me causa gracia el t&iacute;pico elogio que a veces se puede ver entre personas que dicen que tal texto es &ldquo;urgente y necesario&rdquo;. Para m&iacute; es un elogio absolutamente envenenado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Porque algo que es urgente y necesario tiene una fecha de caducidad. O sea, funciona en este momento y frente a esta necesidad, pero dentro de cinco a&ntilde;os no funciona m&aacute;s. <strong>Con lo urgente y necesario aparece tambi&eacute;n la idea de que ten&eacute;s que hablar de lo que est&aacute; pasando, es decir, ten&eacute;s que asimilar tu agenda literaria, por decirlo de alguna manera, a la agenda period&iacute;stica. &iquest;Por qu&eacute;?</strong> Una cosa absolutamente pesada, decimon&oacute;nica, clerical, inquisidora. Una forma de pensar que termina haciendo del trabajo intelectual, cultural, literario, o como le quieras llamarlo, un minu&eacute; que debe ser bailado de determinada manera. Pero, viejo, yo bailo y escribo como se me canta el culo, &iexcl;para eso escribo en mi casa! Y en mi casa la m&uacute;sica la pongo yo.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/horacio-convertini-anos-90-argentina-derrumbe-silencioso_1_11358496.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 May 2024 03:03:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b86f50e3-e523-4130-821e-8f0cbf9269b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="88493" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b86f50e3-e523-4130-821e-8f0cbf9269b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="88493" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Horacio Convertini: “Los años ‘90 en Argentina fueron un derrumbe silencioso”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b86f50e3-e523-4130-821e-8f0cbf9269b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Horacio Convertini,Libros,Literatura argentina,Boxeo,Feria del Libro]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
