<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Consuelo Iturraspe]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/consuelo-iturraspe/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Consuelo Iturraspe]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1050395/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Cicatrices, el resto es memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cicatrices-resto-memoria_129_11376354.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ba40086-7e35-4690-b566-39783d1bfe9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cicatrices, el resto es memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un encuentro esporádico reune los martes por la noche en una esquina frente al cementario de Chacarita a cientos de personas se reúnen para “sentir poesía”. </p></div><p class="article-text">
        Me cri&eacute; escuchando una alteraci&oacute;n en el uso corriente de la palabra <em>sentir</em>. Cada vez que mi abuelo se refiere a la escucha, habla del sentir. Un estruendo callejero sube hasta su departamento en el microcentro porte&ntilde;o y &eacute;l pregunta <em>&iquest;Han sentido? </em>La radio informa un accidente y &eacute;l afirma: <em>he sentido que no hay heridos. </em>Despu&eacute;s de un supercl&aacute;sico siempre pregunta si sentimos los testimonios de los jugadores. A los pol&iacute;ticos los siente en el televisor como siente la decena de alarmas que le indican cu&aacute;ndo tomar los medicamentos. Hace poco le pusieron un nuevo aud&iacute;fono y ahora siente todo mucho mejor. 
    </p><p class="article-text">
        Para el o&iacute;do desacostumbrado a su glosa, mi abuelo es un rom&aacute;ntico desmedido. Un protagonista melodram&aacute;tico capaz de conmoverse con todo lo que ingrese en sus o&iacute;dos. Un sensible serial que transforma todo ruido, reverberaci&oacute;n, rumor o palabra en una emoci&oacute;n de impacto inmediato. En su lengua, todo lo que suena es una sinfon&iacute;a de la afecci&oacute;n. La escucha, un acto de las pasiones. Mi abuelo tambi&eacute;n podr&iacute;a ser confundido con un m&uacute;sico capaz de escuchar el sentimiento de cada melod&iacute;a. Mi abuelo, el alter ego de un Beethoven que progresivamente deja de o&iacute;r, pero nunca de sentir los sonidos. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras escribo estas palabras, mi hermana, a mi lado, est&aacute; dando una clase sobre el tiempo en la poes&iacute;a. Muevo los dedos sobre la computadora, pero dejo de escribir para escuchar a mi hermana docente, siento sus palabras. Retoma un texto de Derrida y plantea la dicotom&iacute;a entre <em>recordar</em> y <em>hacer memoria</em>. Explica a sus alumnes que en la primera acepci&oacute;n aparece la idea de <em>re/cordare</em>: volver a pasar por el coraz&oacute;n. Julieta se&ntilde;ala adem&aacute;s que la expresi&oacute;n en franc&eacute;s para decir &ldquo;hacer memoria&rdquo; es &ldquo;apprendre par coeur&rdquo; es decir &ldquo;aprender de coraz&oacute;n&rdquo;. La docente habla del tiempo del poema, explica que se inscribe dentro de una temporalidad sentimental, que no se rige por el tiempo cronometrado del reloj sino por el tiempo abierto del coraz&oacute;n,&nbsp;&ldquo;en el tiempo del coraz&oacute;n est&aacute; tambi&eacute;n el ritmo del latido&rdquo; dice Julieta y hace una pausa como si ofreciera a su audiencia un silencio para escuchar ese tiempo. El latido se revela entonces como un sonido, una m&uacute;sica del cuerpo que, como bien expresa el ingl&eacute;s para referirse a la m&uacute;sica que se toca de memoria &ldquo;to play by heart&rdquo;, toca o juega de coraz&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras hago memoria para encontrar las expresiones de mi abuelo (<em>sent&iacute; el timbre, &iquest;han sentido al avi&oacute;n?, &iexcl;sent&iacute;, sent&iacute; esta canci&oacute;n!</em>),&nbsp;escucho las palabras de la docente y las preguntas de sus alumnes. As&iacute;, en la superposici&oacute;n sonora y evocativa, aprendo de mi abuelo que escuchar es un sentimiento y de mi hermana que la memoria se hace con el coraz&oacute;n. Como si al maridaje de este legado familiar le faltara amalgama, un verso del poema &ldquo;Nosotros&rdquo; de <strong>Louise Gl&uuml;ck</strong>, aparece como ep&iacute;grafe del libro que estoy releyendo,&nbsp;<em>Parte de la felicidad, </em>donde <strong>Dolores Gil </strong>escribe con memoria incendiaria un testimonio personal. El poema dice: <em>Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria. </em>Ah&iacute; est&aacute;, la memoria, ese todo entre nosotros que se hace con el coraz&oacute;n y deja cicatriz. Miramos, escuchamos el mundo, lo sentimos en la infancia y lo aprendemos por coraz&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Hace poco m&aacute;s de dos a&ntilde;os naci&oacute; <em>Cicatrices</em>, un ciclo de poes&iacute;a organizado por la dramaturga y poeta santafesina <strong>Consuelo Iturraspe</strong>. Los martes, por las noches,&nbsp;cientos de personas se re&uacute;nen para &ldquo;sentir poes&iacute;a&rdquo; en una esquina frente al cementerio. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Existe en alg&uacute;n lugar de la noche porte&ntilde;a, frente al cementerio de la Chacarita, un casi centenario bar tanguero, un volc&aacute;nico interior &aacute;mbar naranja y lila fluo que se parece a estar adentro de una pintura de Van Gogh. Se llama Rodney bar, Bar Rodney o El bar de Rodney. All&iacute;, filigranas musicales metaleras labran y ahondan el tiempo alrededor de medianoche. All&iacute;, adem&aacute;s, algunos martes, lxs poetas susurran al micr&oacute;fono secretos de sus (m&uacute;ltiples) vidas encriptados en el poema y encantan a las almas. Y &rdquo;siempre, siempre, siempre se llena&ldquo;, </em>dice <strong>Beatriz Vignoli</strong> en el pr&oacute;logo del libro que recoge los poemas de les autores que pasaron por el ciclo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El encuentro poético arma una memoria que nos permite sentir las palabras para volver a pasar por el corazón</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Un ciclo, que como su t&iacute;tulo anticipa, aparece en medio de un tejido social que se desgarra, pero no se corta. Las cicatrices, en la voz de les poetas, dejan una marca sobre el asfalto, una estela en la noche, un trazo que dibuja la forma de una memoria incapaz de borrarse. En la esquina del cementerio, los poemas circulan en voz alta, de memoria, de lectura, de coraz&oacute;n, pasan las palabras capaces de despertar a quienes duermen del otro lado del pared&oacute;n, a quienes escuchan con las manos calent&aacute;ndose en los bolsillos, a quienes sienten con una cerveza fr&iacute;a recorriendo la garganta. 
    </p><p class="article-text">
        Les rapsodas contempor&aacute;nes, recitan, hacen memoria y junto a les oyentes, se entregan a la tarea de volver a pasar por el coraz&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El ciclo hiere de belleza. Mientras afuera,&nbsp;algunos poderosos buscan agrandar los cementerios poniendo en cuesti&oacute;n los acuerdos de la memoria, aqu&iacute;, las cicatrices cantan, hablan, leen y se vuelven cada vez m&aacute;s visibles. La noche se abre y vuelve a explicar todo de nuevo. Un <em>pliegue de hermosura en el interior de lo real, </em>dice Vignioli. Un pasaje oral, un boca en boca, una memoria, muchas memorias, a veces confusas, olvidadizas, repetitivas, humanas,&nbsp;la memoria humana que vuelve en la forma de la reuni&oacute;n po&eacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Cicatrices</em> las voces y las escuchas se siguen, unas a las otras, como una manada de animales que pisan las huellas sobre la tierra. El encuentro po&eacute;tico arma una memoria que nos permite sentir las palabras para volver a pasar por el coraz&oacute;n. En este ritual, los o&iacute;dos se acostumbran a la glosa de mi abuelo que se vuelve universal, las cicatrices transforman la escucha en un sentimiento colectivo. 
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>&nbsp;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>&nbsp;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>&nbsp;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Cicatrices&rdquo; se realiza espor&aacute;dicos martes en el Rodney Bar. Para conocer las pr&oacute;ximas lecturas consultar @cicatricesciclo </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Hasta el momento participaron del ciclo les poetas: Diana Bellessi, Laura Wittner, Elena Ann&iacute;bali, Alejandro Crotto, Paula Jim&eacute;nez Espa&ntilde;a, Clara Muschietti, Osvaldo Bossi, Mariano Blatt, Marie Gouiric, Robin Myers, Susana Villalba, Gabriela Cabez&oacute;n C&aacute;mara, Mario Montalbetti, Sonia Scarabelli, Silvina Giaganti, Julieta Sbdar, Catalina Reggiani, Javier Rold&aacute;n, Virna Scolari, Andi Nachon, Milagros P&eacute;rez Morales, Juan Fernando Garc&iacute;a, Daniel Lipara, Ver&oacute;nica Yattah, Francisco Bitar, Maite Esquerr&eacute;, Nahuel Lardies, Pilar Otero, Gerardo Jorge, Flavia Calise, Panchita Casas, Pamela Terlizzi Prina, Fernanda P&eacute;rez Bodria, Melina Varnavoglou, Juan Laxagueborde, Mar&iacute;a Florencia Rua, Natalia Romero, Patricia Gonz&aacute;lez L&oacute;pez, Walter Lezcano, Francisco Garamona y Juli&aacute;n L&oacute;pez. </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Sbdar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cicatrices-resto-memoria_129_11376354.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 May 2024 15:06:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0ba40086-7e35-4690-b566-39783d1bfe9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="167555" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0ba40086-7e35-4690-b566-39783d1bfe9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="167555" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cicatrices, el resto es memoria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0ba40086-7e35-4690-b566-39783d1bfe9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Literatura argentina,Consuelo Iturraspe]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
