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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Analógico]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/analogico/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Analógico]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Del iPhone de Steve Jobs a los dinosaurios de Javier Milei]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/iphone-steve-jobs-dinosaurios-javier-milei_129_11397021.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1130f377-65ca-4b02-be01-111a77826328_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del iPhone de Steve Jobs a los dinosaurios de Javier Milei"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La confianza que deposita Javier Milei en lo digital contra el “retraso” de lo analógico describe muy bien el presente del individuo medio de este mundo: lo radicalizado, lo intratable de uno mismo, lo incorregible es lo que está triunfando.</p></div><p class="article-text">
        El 9 de enero de 2007, <strong>Steve Jobs</strong> apareci&oacute; en el escenario corporativo de Apple con su ya ic&oacute;nico set de zapatillas blancas, polera oscura de hilo adentro del jean y anteojos ovoides (el set Jobs) para decir que hab&iacute;a estado buscando ese d&iacute;a durante dos a&ntilde;os y medio. Dijo que, cada cierto tiempo, un producto revolucionario llega y cambia todo y se&ntilde;al&oacute; en una pantalla gigante una breve l&iacute;nea de tiempo, que empez&oacute; en 1984 con la invenci&oacute;n de la computadora de escritorio Macintosh, y sigui&oacute; con la introducci&oacute;n en el mercado del iPod en 2001, hasta llegar a la &uacute;ltima revoluci&oacute;n, que empezar&iacute;a a partir del momento en que &eacute;l abriera la puerta hacia otra dimensi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Present&oacute; por separado tres dispositivos: un iPod con widescreen t&aacute;ctil, un tel&eacute;fono m&oacute;vil y un aparato de comunicaci&oacute;n por Internet. Luego, con alegr&iacute;a guasona y desde la gloria del futuro, gener&oacute; un silencio que enloqueci&oacute; de veneraci&oacute;n al p&uacute;blico ya inclinado a su favor, para darle cabida a la adicci&oacute;n m&aacute;s extendida de la historia de la humanidad, revelando por sorpresa que no se trataba de tres aparatos: &ldquo;&iexcl;Es uno solo!, y lo llamaremos iPhone&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Los detalles t&eacute;cnicos del instrumento que en menos de veinte a&ntilde;os super&oacute; las expectativas de sus inventores y sus miles de millones de usuarios, dejando muy pronto de ser un tel&eacute;fono para ser pr&oacute;tesis, carpa de ox&iacute;geno y compa&ntilde;&iacute;a m&aacute;s &iacute;ntima, tendr&aacute;n siempre la vaca atada por haberse conectado con los dedos humanos que, de un modo monstruoso, hacen las veces de ojos. Lo dijo Jobs cuando, totalmente colocado por la vanidad de sentir que estaba haciendo una revoluci&oacute;n atando tres cosas con el alambre para coser softwares, habl&oacute; de &ldquo;nuestros dedos&rdquo; como &ldquo;el mejor artefacto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al margen de lo que haya imaginado Jobs para su device, los efectos sociales irreversibles del fen&oacute;meno dependen de que en las catacumbas de la genialidad haya una parte oscura, que es la de reunir, al modo de un milagro, la velocidad mental y al trabajo manual. La velocidad mental es la del deseo, vamos a decir el deseo de ver, pero tambi&eacute;n el de estar y moverse y habitar todos los mundos. Es el sue&ntilde;o de ubicuidad realizado en situaci&oacute;n de reposo. Pong&aacute;mosle como nombre &ldquo;modo pajero de moverse&rdquo;; y, ya que estamos, tir&eacute;monos el lance de internacionalizar un neologismo a ver si pasa: &ldquo;masturmoving&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al trabajo manual, lo que se debe atender es el hecho de que, si uno de los sue&ntilde;os de la voluntad humana es el de acercamiento a las cosas deseadas, es decir la sensaci&oacute;n de tener al mundo al alcance de la mano, el device diab&oacute;lico de Jobs no s&oacute;lo est&aacute; al alcance de la mano: est&aacute; <em>en </em>la mano, <em>es </em>la mano. Y si bien no hace falta decir que ni el tel&eacute;fono ni las percepciones nos acercan m&aacute;s que una part&iacute;cula de mundo, cuyos acontecimientos suceden ol&iacute;mpicamente a nuestras espaldas, la ilusi&oacute;n de propiedad y de poder sobre el mundo es irresistible porque simula un dominio sobre dos l&iacute;neas retobadas de la existencia, de las que no s&eacute; si alguna vez escucharon hablar: las del tiempo y el espacio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De pronto, todo (en realidad, casi todo) lo que parec&iacute;a ajeno, impropio, lejano, deseable, y lo parec&iacute;a porque lo era, se convierte en una propiedad intangible a la manera de un sue&ntilde;o cumplido en sue&ntilde;os. Entonces, se cruzan los cables que hab&iacute;an estado sosteniendo la experiencia de vivir y se cae por un tubo a un estado masivo de megaloman&iacute;a &ldquo;por separado&rdquo;. Todos somos <strong>Julio C&eacute;sar</strong>, <strong>Elon Musk</strong>, <strong>Brad Pitt</strong> y <strong>Lionel Messi</strong>, al modo del device compuesto de Jobs. 
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; a considerar que somos formadores discurso, y que estamos inventando lo que repetimos, hay solo un scrolleo. Es el residuo nuclear que queda de la vieja vida en sociedad, de la que alg&uacute;n d&iacute;a sabremos si fue mejor, igual o peor que esta, en el caso de que nos interese saberlo. Porque si bien con los discursos no se puede hacer otra cosa que rechazarlos o encarnarlos (inventarlos, nunca), ahora que todo nos pertenece en el device que es nuestro nuevo coraz&oacute;n con dedos y ojos insomnes, sentimos que el discurso que repetimos es personal porque no hay nada que pueda considerarse que no sea nuestro. 
    </p><p class="article-text">
        Este narcisismo de apropiaci&oacute;n achica el mundo y agranda las figuras de los individuos, lo que altera la escala de la relaci&oacute;n entre unos y otro. Uno de los efectos secundarios de ese oleaje de gotas inconexas es desatar la alienaci&oacute;n como si fuera la realidad de todos. Es el regreso triunfante de lo incorregible que hay en uno, lo que recuerda con algunas vibraciones distorsivas el aforismo de <strong>Jorge Luis Borges</strong> acerca de que los peronistas no son ni buenos ni malos sino incorregibles. 
    </p><p class="article-text">
        Es una frase muy feliz porque evita de entrada el juicio moral, y porque vale para la especie. &iquest;Qu&eacute; humano, si la sociedad no lo corrige, no habr&aacute; de ser incorregible? Sobre todo si los &oacute;xidos del device de Jobs van herrumbrando los tejidos de la civilizaci&oacute;n. La pregunta es: &iquest;qui&eacute;n se va a hacer responsable de un crimen perfecto cometido por casi todos? Nadie. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con una carrera de divulgador de ideas sociopáticas que postulan individuos sin mundo o mundos sin individuos (en su cabeza, unos y otros son polos que se repelen), si el Presidente Milei pudo imponerse en el sistema de estrellas internacionales como flor de un día, fue por lo que su vida tiene casi exclusivamente de digital</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Despu&eacute;s del show del Luna Park, en el que cant&oacute;, bail&oacute;, dio su c&aacute;tedra libre contra los alucinantes fantasmas rojos que lo visitan en la vigilia y present&oacute; en forma de libro un mejunje de supersticiones culturales y econ&oacute;micas llamado <em>Capitalismo, socialismo y la trampa neocl&aacute;sica</em> (Planeta, 2024), el Presidente <strong>Javier Milei</strong> habl&oacute; con el peque&ntilde;o gigante de ayer, hoy y de siempre -due&ntilde;o de una tremenda vocaci&oacute;n de servicio- <strong>Luis Majul</strong>. Durante la charla, se turnaron para desempe&ntilde;ar sus ya consolidados roles en la esfera p&uacute;blica: Majul habl&oacute; maravillas de Milei, y Milei lo interrumpi&oacute; para hablar maravillas de Milei. 
    </p><p class="article-text">
        Pero hubo una palabra que el Presidente Milei pronunci&oacute; cuando se refiri&oacute; entre dientes, como si masticara un hueso, al &ldquo;C&iacute;rculo rojo&rdquo;. Lo llamo &ldquo;anal&oacute;gico&rdquo; de una manera insultante, y describi&oacute; a sus integrantes como &ldquo;dinosaurios melanc&oacute;licos&rdquo;. Lo que, dados los antecedentes de Milei, incapaz de pronunciar una sola palabra que no sea en contra de otra, significa que se estaba reconociendo a s&iacute; mismo como &ldquo;digital&rdquo; (la verdad que no s&eacute; cu&aacute;l ser&iacute;a la palabra contraria a dinosaurio; quiz&aacute;s, iPhone).
    </p><p class="article-text">
        La disputa entre lo anal&oacute;gico y lo digital da para polemizar hasta que llegue el fin del mundo. Por poner un ejemplo cualquiera, si alguien le parte un iPhone en la cabeza a <strong>Manuel Adorni</strong>, la v&iacute;ctima &iquest;habr&aacute; de haber sufrido violencia digital o anal&oacute;gica? Y si alguien da con el rev&eacute;s del dedo me&ntilde;ique un toque a un comando de pantalla para descargar una lluvia de misiles, &iquest;el hecho que se produce es anal&oacute;gico o digital? 
    </p><p class="article-text">
        La idea de que lo anal&oacute;gico &ldquo;atrasa&rdquo; (que algo atrase: un clich&eacute; de descalificaci&oacute;n que unge lo &uacute;ltimo, incluyendo lo m&aacute;s boludo, como lo &uacute;nico), como si la rueda o la silla hubieran cumplido su ciclo, define un campo de disputa en el que la evoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica es un evento incuestionable: la criptomoneda es m&aacute;s que el oro, la transmisi&oacute;n de un hecho es m&aacute;s que el hecho, etc. 
    </p><p class="article-text">
        La confianza que deposita el Presidente Milei en lo digital contra el &ldquo;retraso&rdquo; de lo anal&oacute;gico, no obstante haber hecho una presentaci&oacute;n f&iacute;sica de un libro de papel, describe muy bien el presente del individuo medio de este mundo. &Eacute;l es la prueba del triunfo de lo &ldquo;nuevo&rdquo; tanto en los escenarios de la vida &iacute;ntima como en los de la vida p&uacute;blica. Con una carrera de divulgador de ideas sociop&aacute;ticas que postulan individuos sin mundo o mundos sin individuos (en su cabeza, unos y otros son polos que se repelen), arquero y cantante vocacional, panelista y catedr&aacute;tico de bajo nivel, si el Presidente Milei pudo imponerse en el sistema de estrellas internacionales como flor de un d&iacute;a, fue por lo que su vida tiene casi exclusivamente de <em>digital</em>.
    </p><p class="article-text">
        En su nombre es lo radicalizado, lo intratable de uno mismo, lo incorregible lo que est&aacute; triunfando; y dadas las circunstancias de su surgimiento como las de su entronizaci&oacute;n, ambas fulminantes, es dif&iacute;cil imaginar que no se trate de algo nacido para canto de cisne. Dif&iacute;cil, no imposible. Ya sabemos que a las predicciones se las llevan presas. 
    </p><p class="article-text">
        En el encuentro con Majul luego del show en el Luna Park, el Presidente Milei cont&oacute; que -como es &ldquo;fuerte&rdquo; la adrenalina que &ldquo;queda despu&eacute;s de eso&rdquo; (&ldquo;eso&rdquo; es la presentaci&oacute;n de un libro)- se qued&oacute; revisando los impactos del evento en las redes, entre ellos el ida y vuelta &ldquo;brillante&rdquo; que hab&iacute;an tenido <strong>Horacio Cabak</strong> y el propio Majul hablando de &eacute;l para salvarlo como Jefe de Estado cuando su p&uacute;blico cant&oacute; contra <strong>Pedro S&aacute;nchez</strong>. Despu&eacute;s la investidura del Presidente Milei se fue derritiendo al calor de la mileizaci&oacute;n de la charla, lo que significa que fue repleg&aacute;ndose hacia lo que su car&aacute;cter tiene de intratable y que es la flor y nata de la vida digital, ese para&iacute;so mental en el que miles de millones de personas afianzan una ilusi&oacute;n de &ldquo;yo&rdquo; que vale lo mismo que el mundo en el que vivimos todos, a veces m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Milei habl&oacute; de Mois&eacute;s y de la tapa de la revista <em>Time</em>, y volvi&oacute; a recordar que L&oacute;pez Murphy le dijo &ldquo;fen&oacute;meno barrial&rdquo;; y cuando Majul le pidi&oacute; permiso para contrabandear una pregunta decente dici&eacute;ndole que estaba haciendo un acting, el Presidente le dijo: &ldquo;Ser&iacute;a divertido que yo te cuestionara un acting&rdquo;, y rieron como enamorados. 
    </p><p class="article-text">
        De inmediato, una corrida de autoestima por los campos de la vanidad: &ldquo;Yo entiendo que los pol&iacute;ticos argentinos, en su mayor&iacute;a, sean de escala liliputiense. O sea: intrascendentes, desconocidos y con cero brillo internacional. No es lo que pasa conmigo, &iquest;s&iacute;? Digamos, lo que pas&oacute; en Davos, lo que pas&oacute; en CPAC, la tapa de <em>Time</em>&hellip; Digamos, a donde voy soy una sensaci&oacute;n. De hecho soy el pol&iacute;tico m&aacute;s popular del mundo&rdquo;. Achicamiento del tama&ntilde;o del mundo y agrandamiento del tama&ntilde;o del individuo. Es Milei el que se pavonea en esa confusi&oacute;n de escalas, pero podr&iacute;a haber sido cualquier otro.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 May 2024 03:00:27 +0000]]></pubDate>
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