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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Palo Rosa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/palo-rosa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Palo Rosa]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Palo rosa: un gigante en las profundidades de la selva misionera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/medio-ambiente/palo-rosa-gigante-profundidades-selva-misionera_1_11401968.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a4e50a71-4022-475f-8630-0499ef1ea733_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Palo rosa: un gigante en las profundidades de la selva misionera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta es la historia de un árbol emblemático del Bosque Atlántico que cubre el norte de la provincia de Misiones. Su imponente biomasa lo convirtió en objeto de deseo para la construcción o la fabricación de muebles. Desde 1992, su tala y comercialización están prohibidas, pero la fragmentación de su hábitat y su lentitud reproductiva lo mantienen en las listas de árboles En Peligro de extinción a nivel global.</p></div><p class="article-text">
        El coche discurre con cierta dificultad por una de las sendas interiores del Parque Nacional Iguaz&uacute;, en el extremo noreste de Argentina. La lluvia reciente ha dejado resbaladiza y encharcada la senda arcillosa y rojiza que parece aumentar su brillo bajo el sol de la ma&ntilde;ana. Diego Varela, presidente del Centro de Investigaciones del Bosque Atl&aacute;ntico (CeIBA), aporta su experiencia en la firmeza de la conducci&oacute;n. De pronto detiene la marcha, se&ntilde;ala un &aacute;rbol que sobresale por encima de los dem&aacute;s y pregunta: &ldquo;&iquest;Lo conoces? Es un palo rosa, una especie diferente a todas que, por desgracia, est&aacute; En Peligro de extinci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De porte extraordinario, el tronco recto y de corteza rugosa se eleva casi hasta hacerle cosquillas a las nubes. Desde abajo puede apreciarse el tortuoso camino que trazan sus ramas en busca de la luz por encima del dosel de la selva, pero a cambio apenas se adivinan las hojas verdes, ovaladas y lustrosas que forman su copa. Si las hubiera, ser&iacute;a imposible distinguir las diminutas flores blanquecinas, y al no ser &eacute;poca reproductiva, no hay vainas de semillas a la vista. Aun as&iacute;, el conjunto impacta e impone respeto.
    </p><p class="article-text">
        Los ejemplares de <em>Aspidosperma polyneuron</em>, como lo denomina la ciencia, suelen mirar desde arriba al resto de componentes de la Selva Paranaense &mdash;tambi&eacute;n conocida como&nbsp; Bosque Atl&aacute;ntico&mdash; que cubre &aacute;reas del sur de Brasil, el oriente de Paraguay y la provincia de Misiones. En ese bioma muy particular fructifican tanto especies de los bosques secos como de la Amazon&iacute;a. En todo caso, se trata de un ecosistema extremadamente alterado. En amplias extensiones, la deforestaci&oacute;n ha devastado el paisaje nativo, transform&aacute;ndolo en zonas para cultivo, explotaci&oacute;n ganadera o plantaci&oacute;n forestal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Desde abajo puede apreciarse el tortuoso camino que trazan sus ramas en busca de la luz.                            </span>
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        &ldquo;Se estima que entre 1921 y 1926 se sacaron, de lo que hoy es el Parque Nacional Iguaz&uacute;, unas 75.000 piezas (90.000 metros c&uacute;bicos de madera)&rdquo;, puede leerse en el libro<a href="https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/uso_sostenible_del_bosque_web.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/uso_sostenible_del_bosque_web.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Uso sostenible del bosque: aportes desde la silvicultura argentina</em></a>, firmado por Pablo Luis Peri y colaboradores. Una de ellas, Paula Campanello, doctora en Ciencias Biol&oacute;gicas e investigadora adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Cient&iacute;ficas y T&eacute;cnicas (Conicet), escribi&oacute; junto a su colega Norma Hilgert el cap&iacute;tulo correspondiente a Misiones. &ldquo;En la provincia hay gente que niega sistem&aacute;ticamente que se haya cortado palo rosa. Es cierto que no existen registros, pero no cabe duda de que se ha talado much&iacute;simo y por eso queda muy poco&rdquo;, afirma la cient&iacute;fica, que adem&aacute;s fue profesora de Fisiolog&iacute;a Vegetal y Silvicultura en la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Misiones.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, la Selva Paranaense es casi una excepci&oacute;n dentro del panorama general de los bosques nativos de Argentina. De acuerdo con el<a href="https://www.argentina.gob.ar/ambiente/bosques/umsef" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> monitoreo realizado por los organismos nacionales</a>, entre 1998 y 2022 se perdieron en todo el pa&iacute;s 6,4 millones de hect&aacute;reas de coberturas vegetales, principalmente por extensi&oacute;n de la frontera agropecuaria. El 87% de ellas, pertenecientes a la regi&oacute;n chaque&ntilde;a. Dentro de ese panorama desolador, el Bosque Atl&aacute;ntico, si bien redujo su extensi&oacute;n en Misiones en ese lapso, un hecho de por s&iacute; grave, lo hizo en mucha menor proporci&oacute;n (un 17%, para un total del 76% de su &aacute;rea original, si se suman las p&eacute;rdidas en Brasil y Paraguay).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El Palo Rosa es uno de los habitantes emblemáticos del Bosque Atlántico que cubre el norte de la provincia de Misiones, en el noreste argentino.                            </span>
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        Perteneciente a la familia Apocynaceae, el palo rosa (peroba rosa, en Brasil o yvyr&aacute; rom&iacute;, en lengua guaran&iacute;) tiene hoja perenne, o sea, que no cae de manera estacional. Recibe su nombre por una caracter&iacute;stica no observable a simple vista: &ldquo;Cuando se corta, el interior de la madera tiene un color salm&oacute;n, entre rosado y rojo, realmente alucinante. Y tambi&eacute;n un aroma bell&iacute;simo, dulz&oacute;n, muy perfumado, que recuerda a las rosas&rdquo;, describe Emilio White, fot&oacute;grafo especializado en naturaleza y biodiversidad, que trabaja en la producci&oacute;n de documentales para la BBC brit&aacute;nica y ha realizado varios trabajos espec&iacute;ficos retratando ejemplares de esta especie.
    </p><p class="article-text">
        No fue la peculiaridad de su tonalidad rosada, que pierde relativamente pronto una vez que el interior del tronco se oxida al contacto de la luz y el aire, la que despert&oacute; el ansia de los productores forestales. Tampoco la dureza de su madera, mucho menor a la de otras especies arb&oacute;reas habitantes de los montes misioneros. Otros fueron los factores que jugaron en su contra hasta condenarlo a una explotaci&oacute;n voraz.
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                    alt="Foto aérea de un sector de selva paranaense en el norte de Misiones. El palo rosa es una de las especies arbóreas más altas de este ecosistema."
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            <span class="title">
                Foto aérea de un sector de selva paranaense en el norte de Misiones. El palo rosa es una de las especies arbóreas más altas de este ecosistema.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Un gigante que crece en comunidad</strong></h3><p class="article-text">
        Uno de los factores que hicieron de este &aacute;rbol una pieza codiciada deriva de su tama&ntilde;o: puede llegar a medir m&aacute;s de 30 metros de altura y seis de di&aacute;metro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El palo rosa es considerado especie clave del bosque semidecidual estacional, debido a su aporte de superficie de biomasa, es decir, de materia vegetal, que puede alcanzar hasta el 40% del total, seg&uacute;n datos de<a href="https://acrobat.adobe.com/id/urn:aaid:sc:VA6C2:d3295770-4d4d-4dcd-8428-f0372c65bcb0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> un estudio realizado en la Universidad de Londrina</a>, Brasil, y publicado en 2005.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro factor fue indirecto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A principios del siglo XX la tala desmedida fue disminuyendo de manera acelerada los lapachos (<em>Handroanthus heptafyllus</em>), inciensos (<em>Myrocarpus frondosus</em>) o cedros (<em>Cedrela fissilis</em>), &aacute;rboles de madera dura que cotizaban mejor en los mercados, lo que hizo que el palo rosa pasara de ser segundo plato a primero para ser utilizado durante d&eacute;cadas en las industrias de la construcci&oacute;n o la muebler&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La preferencia por la especie en Brasil agudiz&oacute; la situaci&oacute;n. En el libro de Peri y colaboradores se indica que antes de que iniciara su explotaci&oacute;n &ldquo;constitu&iacute;a entre el 30 y el 60% del estrato emergente, mientras que en el estado brasile&ntilde;o de Paran&aacute; llegaba a un 60 u 80%&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Su nombre científico es Aspidosperma polyneuron y suelen mirar desde arriba al resto de componentes de la Selva Paranaense —también conocida como Bosque Atlántico— que cubre áreas del sur de Brasil, el oriente de Paraguay y la provincia de Misiones."
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            <span class="title">
                Su nombre científico es Aspidosperma polyneuron y suelen mirar desde arriba al resto de componentes de la Selva Paranaense —también conocida como Bosque Atlántico— que cubre áreas del sur de Brasil, el oriente de Paraguay y la provincia de Misiones.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La depredaci&oacute;n del palo rosa en Brasil estimul&oacute; su b&uacute;squeda en Paraguay y Argentina. Desde el norte de Misiones, la cercan&iacute;a con Brasil y la conexi&oacute;n a trav&eacute;s de los r&iacute;os facilitaba el traslado directo, &ldquo;lo que explicar&iacute;a la falta de registros en aserraderos locales&rdquo;, seg&uacute;n los autores del mismo libro. El resultado es que en la <a href="https://www.iucnredlist.org/es/species/32023/9674981" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lista Roja</a> de la Uni&oacute;n Internacional para la Conservaci&oacute;n de la Naturaleza (UICN) la especie est&aacute; categorizada como En Peligro desde 1998. En Argentina, en cambio, no existe un registro exacto ni actualizado de &aacute;rboles amenazados. En todo caso, el palo rosa se encuentra siempre presente en las diversas listas realizadas por universidades, centros de investigaci&oacute;n o entidades ambientalistas.
    </p><p class="article-text">
        La declaraci&oacute;n en 1992 del palo rosa como Monumento Natural Provincial de Misiones, que prohibi&oacute; su tala y comercializaci&oacute;n, puso freno a la declinaci&oacute;n de su poblaci&oacute;n, aunque no puede impedir que cada tanto se conozcan casos puntuales de p&eacute;rdida de individuos. As&iacute;, en 2014 fueron tumbados 17 &aacute;rboles en la ciudad de Comandante Andresito, &uacute;ltima poblaci&oacute;n argentina antes de alcanzar la frontera con Brasil por la ruta 19. Y en mayo de 2020, en plena pandemia de COVID-19 y en la misma zona, fue denunciado de manera an&oacute;nima el corte de un palo rosa con una edad estimada en 500 a&ntilde;os. La sanci&oacute;n prevista para este tipo de acciones es una multa, cuyo importe suele quedar r&aacute;pidamente desactualizado debido a la alta inflaci&oacute;n que padece el pa&iacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Pese a estar prohibida su tala, los palos rosa siguen siendo derrumbados."
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            <span class="title">
                Pese a estar prohibida su tala, los palos rosa siguen siendo derrumbados.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En el Parque Nacional Iguaz&uacute;, visto desde la distancia, el palo rosa que Diego Varela se&ntilde;ala destaca por su porte en medio del verdor. Parece solitario, aislado de cualquier otro cong&eacute;nere. Si as&iacute; fuera ser&iacute;a una rareza. &ldquo;Es un &aacute;rbol que crece en comunidad, como m&iacute;nimo siempre se encuentran tres o cuatro juntos&rdquo;, dice White. De hecho, los individuos que se conservan en medio de extensiones deforestadas, dedicadas a la agricultura o el ganado acaban sucumbiendo. Sin la protecci&oacute;n del bosque, sus ra&iacute;ces superficiales y su gran altura lo debilitan ante los fuertes vientos que suelen asolar la zona.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Pocos estudios para un coloso&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        En la chacra de la familia Waidelich hay muchos m&aacute;s individuos. Situado a dos kil&oacute;metros de Andresito, el predio conserva un vergel que ocupa 60 de sus 150 hect&aacute;reas totales. &ldquo;No tenemos contabilizados cu&aacute;ntos ejemplares hay, pero son dos rodales [denominaci&oacute;n que recibe una comunidad uniforme de &aacute;rboles en un bosque] que deben sumar m&aacute;s de un centenar de palos rosa. Tenemos m&aacute;s de 70 viejos y el resto son renovales [ejemplares j&oacute;venes]&rdquo;, subraya Ricardo Waidelich, quien en la actualidad est&aacute; a cargo de la finca.
    </p><p class="article-text">
        De todos ellos, un individuo atrapa todas las miradas. Se trata de un palo rosa de m&aacute;s de 30 metros de altura y casi seis metros de di&aacute;metro, cuya edad puede rondar los 300 a&ntilde;os, seg&uacute;n Ver&oacute;nica Waidelich, la hija de Ricardo. Aunque su padre, productor forestal y agropecuario, asegura que hay expertos que extienden esa cifra hasta los 500 a&ntilde;os. El a&ntilde;o pasado, el gigantesco ejemplar fue presentado al concurso &ldquo;Colosos de la Tierra&rdquo;, que organiza A Todo Pulm&oacute;n, organizaci&oacute;n no gubernamental paraguaya. No gan&oacute; el primer premio, pero el s&oacute;lo hecho de presentarlo sirvi&oacute; para que la comunidad misionera recordase el significado patrimonial de la especie.
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            <span class="title">
                Ricardo Waidelich muestra la magnitud de uno de los palos rosa que conserva en su chacra.                            </span>
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        &ldquo;Mi padre Johannes y mi hermano Otto se anotaron como beneficiarios de un predio dentro de una nueva colonia planificada en la zona en la d&eacute;cada de los ochenta. La idea era tener una chacra para cultivar yerba mate u otra cosa, pero eligieron esta porque a mi padre le impresion&oacute; la cantidad de &aacute;rboles que hab&iacute;a en un lugar tan reducido&rdquo;, comenta Ricardo Waidelich, para agregar que la familia, descendiente de alemanes de la Selva Negra, tom&oacute; desde el principio la decisi&oacute;n de &ldquo;dejar todo en pie, sin tumbar estos &aacute;rboles que valen m&aacute;s que cualquier otro cultivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los palos rosa gobiernan el &aacute;rea, donde tambi&eacute;n puede verse un alto n&uacute;mero de palmitos (<em>Euterpe edulis</em>), palmas que son sus acompa&ntilde;antes habituales en los bosques misioneros, as&iacute; como de orqu&iacute;deas y chach&iacute;es o helechos bravos (<em>Cyathea atrovirens</em>), m&aacute;s algunos cedros, alecrines (<em>Holocalyx balansae</em>), ficus, inciensos y guatamb&uacute;es (<em>Balfourodendron riedelianum</em>). La conjunci&oacute;n del palo rosa y el palmito define una de las tres variantes de selva semidecidual estacional que pueden encontrarse en Misiones. Las otras dos est&aacute;n caracterizadas por la presencia de guatamb&uacute; y laurel; y por el pino Paran&aacute;<em> </em>(<em>Araucaria angustifolia</em>).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No creo que haya una asociaci&oacute;n estricta u obligada entre el palo rosa y el palmito. Coinciden en algunos lugares de su distribuci&oacute;n, porque por ejemplo ninguno de los dos prospera en zonas de heladas o temperaturas bajas, pero hay sitios donde una especie est&aacute; y la otra, no. El palmito es t&iacute;pico de bosques h&uacute;medos, y el palo rosa crece en los secos. Es un tema que no est&aacute; bien estudiado, falta informaci&oacute;n ecofisiol&oacute;gica&rdquo;, explica la doctora Campanello.
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            <span class="title">
                La corteza rugosa del tronco es una de las características del palo rosa. En la imagen, un ejemplar longevo cubierto de musgo y lianas, y otro más joven detrás.                            </span>
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        La escasez de conocimientos sobre el palo rosa es una dificultad may&uacute;scula para afrontar la lucha por evitar su extinci&oacute;n. Su corteza agrietada y su altura, por ejemplo, brindan un refugio ideal para plantas ep&iacute;fitas, lianas y orqu&iacute;deas, pero si algunos especialistas hablan de orqu&iacute;deas que crecen exclusivamente en los troncos de palo rosa, otros dudan de esta posibilidad. La envergadura, que aleja la copa del &aacute;rbol de depredadores, es el sitio perfecto para que aves como el &aacute;guila harp&iacute;a (<em>Harpia harpyja</em>) aniden o la utilicen como posadera, aunque existen pocas referencias al respecto.
    </p><p class="article-text">
        Los principales estudios provienen de Brasil, pero no alcanzan a desentra&ntilde;ar todos los patrones que rigen la vida de estos &aacute;rboles. Paula Campanello brinda algunos par&aacute;metros, que ella misma juzga incompletos: &ldquo;Es una especie de distribuci&oacute;n disyunta. En el continente se encuentra en la Caatinga del nordeste brasile&ntilde;o, que es muy seca, pero tambi&eacute;n en Misiones, que es un ecotono. Suele asentarse sobre suelos profundos, pero de pronto encontramos individuos en terrenos pedregosos&rdquo;, comenta.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Fragmentaci&oacute;n del h&aacute;bitat, el gran enemigo</strong></h3><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la depredaci&oacute;n sufrida durante d&eacute;cadas, la fragmentaci&oacute;n del h&aacute;bitat y la lenta reproducci&oacute;n de la especie atentan contra su supervivencia a largo plazo. &ldquo;La manera de asegurarla es contar con la mayor cantidad de bloques continuos de bosque, enriqueciendo las reservas y &aacute;reas donde queden ejemplares en pie&rdquo;, se&ntilde;ala Pablo Cortez, ingeniero forestal y jefe de &aacute;rea de Medio Ambiente y Comunidades de la empresa forestal Arauco, poseedora de un predio de 264.000 hect&aacute;reas en el norte de Misiones, de las cuales destina 119.500 a la conservaci&oacute;n del bosque nativo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="En Argentina se ha documentado la presencia de palos rosa de hasta 500 años de vida."
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            <span class="title">
                En Argentina se ha documentado la presencia de palos rosa de hasta 500 años de vida.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La Reserva Forestal San Jorge, uno de los espacios que Arauco mantiene al margen de la actividad productiva, asombra por la profundidad e inmensidad de la selva. Son 16.500 hect&aacute;reas que limitan con el Parque Nacional Iguaz&uacute; al norte y el Parque Provincial Urugua-&iacute; al sureste, conformando un corredor biol&oacute;gico de m&aacute;s de 160.000 hect&aacute;reas. Es all&iacute; donde existen tres reductos donde los grandes ejemplares de palo rosa son amos y se&ntilde;ores. Llamados perobales, por el nombre que el &aacute;rbol recibe en Brasil, cada uno exhibe entre 120 y 150 ejemplares: &ldquo;Son como tres manchones de selva donde uno se encuentra con gigantes que pueden tener unos 500 a&ntilde;os. Suponemos que en el pasado remoto debi&oacute; haber en la zona alg&uacute;n hecho disruptivo que facilit&oacute; la generaci&oacute;n de semejante estrato&rdquo;, describe Cortez.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las posibles edades de los individuos de San Jorge remiten a los tiempos en que los ind&iacute;genas guaran&iacute;es dominaban la regi&oacute;n. Llamativamente, para ellos el palo rosa no parece haber sido un &aacute;rbol utilizado ni venerado de modo especial. El antrop&oacute;logo y etn&oacute;logo paraguayo Le&oacute;n Cadogan (1899-1973) fue, posiblemente, el mayor estudioso de la vida y costumbres de los pueblos originarios del lugar. En su prol&iacute;fica obra, que incluye tratados sobre etnobot&aacute;nica, medicina popular o mitolog&iacute;a, no aparecen referencias al <em>Aspidosperma polyneuron</em>, relegado por otras especies, como el cedro, el lapacho o la palmera pind&oacute; (<em>Syagrus romanzoffiana</em>).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es un árbol que crece en comunidad, como mínimo siempre se encuentran tres o cuatro juntos.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Emilio White</span>
                                        <span>—</span> Fotógrafo especializado en naturaleza y biodiversidad.
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Habr&aacute;n sido los habitantes de entonces quienes crearon en la selva los espacios para que proliferen los palos rosa que hoy se pueden contemplar? La respuesta queda en el territorio de las hip&oacute;tesis. La posibilidad, sin embargo, no resulta del todo remota.
    </p><p class="article-text">
        Los individuos que componen los perobales de San Jorge son casi en su totalidad maduros, sin otros de edades intermedias o m&aacute;s noveles, y algo semejante ocurre en el predio de los Waidelich. &ldquo;Para crecer, el palo rosa necesita luz. No hace falta que sean lugares demasiado abiertos, pero s&iacute; claros que pueden estar producidos por la ca&iacute;da de un &aacute;rbol. Si tienen demasiada sombra, las pl&aacute;ntulas que hayan germinado terminan da&ntilde;adas o se mueren&rdquo;, indica Campanello.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                A los lugares con poblaciones de palo rosa se les conoce como perobales, por el nombre que recibe la especie en Brasil.                            </span>
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        Para colmo de males, cuando alguna tormenta de las que abundan en Misiones tumba uno de estos colosos selv&aacute;ticos, aparecen competidores m&aacute;s r&aacute;pidos para ocupar el lugar que se gener&oacute;. &ldquo;Misiones es una regi&oacute;n lluviosa, y salvo que la deforestaci&oacute;n sea total y el suelo quede desnudo, los bamb&uacute;es o tacuaras colonizan los espacios abiertos a una velocidad inalcanzable para cualquier especie arb&oacute;rea. Una vez que esto sucede, el bamb&uacute; forma un colch&oacute;n de hojas de descomposici&oacute;n muy lenta que cambia toda la biota del suelo: aparecen otra fauna, otros microorganismos, y el crecimiento de un &aacute;rbol se vuelve imposible&rdquo;, puntualiza Campanello.
    </p><p class="article-text">
        La fragmentaci&oacute;n del h&aacute;bitat, al margen de conspirar contra la expansi&oacute;n de la especie, afecta su variabilidad gen&eacute;tica, tal como sucede con las poblaciones de animales que quedan aisladas de sus cong&eacute;neres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el estudio realizado por la Universidad de Londrina puede leerse: &ldquo;Restringir el flujo gen&eacute;tico podr&iacute;a perjudicar fuertemente la supervivencia de poblaciones de menos de 100 individuos&rdquo;. Tambi&eacute;n indica que &ldquo;unos pocos migrantes por generaci&oacute;n podr&iacute;an contribuir a revertir esta situaci&oacute;n a largo plazo, pero en poco tiempo esto solo podr&iacute;a lograrse mediante el trasplante de pl&aacute;ntulas, debido a la reproducci&oacute;n tard&iacute;a de la especie&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="De color parduzco, las vainas de Aspidosperma polyneuron contienen numerosas semillas que se dispersan por el aire."
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            <span class="title">
                De color parduzco, las vainas de Aspidosperma polyneuron contienen numerosas semillas que se dispersan por el aire.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Un en&eacute;rgico programa de enriquecimiento</strong></h3><p class="article-text">
        El palo rosa tiene flores muy peque&ntilde;as, de color blanco-amarillento apagado y pr&aacute;cticamente imperceptibles, y solo produce frutos cada dos o cuatro a&ntilde;os. Estos frutos son unas parduscas vainas alargadas que se abren y dispersan sus numerosas semillas a trav&eacute;s del viento. Las semillas poseen un alto poder germinativo pero su per&iacute;odo de latencia es muy corto: pierden su viabilidad al cabo de pocos d&iacute;as si las condiciones clim&aacute;ticas y de luz no favorecen que fructifiquen. &ldquo;La mortalidad de las pl&aacute;ntulas es alt&iacute;sima, por factores muy diversos&rdquo;, puntualiza Paula Campanello: &ldquo;Puede ocurrir que el a&ntilde;o que da semillas las condiciones no sean favorables, por sequ&iacute;a, un verano sin lluvias; o por depredaci&oacute;n de insectos, roedores y otros animales. As&iacute;, esa camada se pierde por completo y hay que esperar al siguiente ciclo para que surjan nuevos individuos&rdquo;.
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                Flores de palo rosa, pequeñas y poco llamativas.                            </span>
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        Los encargados de la conservaci&oacute;n de los perobales de la Reserva San Jorge han decidido enfrentar directamente el problema de la lentitud reproductora del palo rosa. &ldquo;Como no encontramos &aacute;rboles de edades intermedias, lo que hicimos fue implementar un trabajo de enriquecimiento. Desde el a&ntilde;o 2013, y a partir de una tanda de semillas que hab&iacute;amos logrado cosechar, se han ido estableciendo parcelas aleda&ntilde;as a los sitios donde se encuentran los ejemplares maduros. En ellas fuimos plantando entre ocho y diez renovales de palo rosa, acompa&ntilde;ados de lapacho, incienso, guayubira (<em>Cordia americana</em>), timb&oacute; (<em>Enterolobium contortisiliquum</em>) o ca&ntilde;af&iacute;stula (Cassia grandis)&rdquo;, cuenta Pablo Cortez. Y a&ntilde;ade una novedad: &ldquo;Hemos logrado reproducir palos rosa de manera ag&aacute;mica o asexual, con estacas o rebrotes, un m&eacute;todo del que no exist&iacute;an precedentes para la especie&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Estos árboles son vitales para varias especies de flora y fauna.                            </span>
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        Las &uacute;ltimas cifras permiten valorar el trabajo realizado por los t&eacute;cnicos de Arauco. Cortez los enumera: &ldquo;Hoy tenemos 613 individuos plantados y otros 500 o 600 en vivero. Los primeros que instalamos en las parcelas ten&iacute;an una supervivencia de un 88% a los cuatro a&ntilde;os, y una altura promedio de 1,34 metros, pero con ejemplares que alcanzaban 1,80 metros&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Con cantidades m&aacute;s modestas, tambi&eacute;n los Waidelich iniciaron un proceso semejante: &ldquo;En un parque abierto plantamos una partida de ejemplares que ahora ya tienen entre uno y 1,5 metros de altura&rdquo;, se&ntilde;ala Ricardo Waidelich. A su vez, la Facultad de Ciencias Forestales de Misiones posee su propio programa de enriquecimiento en la Reserva de Usos M&uacute;ltiples Guaran&iacute;, en el noroeste de la provincia.
    </p><p class="article-text">
        El registro llevado a cabo en Arauco permite establecer un promedio de crecimiento relativamente lento de 31 cent&iacute;metros al a&ntilde;o, dependiente de las condiciones clim&aacute;ticas y la cantidad de lluvias de cada temporada, y confirma los estudios realizados en Brasil. En ellos se indica que el tronco de un palo rosa joven necesita de diez a quince a&ntilde;os para alcanzar un di&aacute;metro de apenas cinco cent&iacute;metros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Tronco de palo rosa.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La intenci&oacute;n del &aacute;rea de conservaci&oacute;n de la empresa forestal afincada en el norte de Misiones, que adem&aacute;s de San Jorge posee en la zona otros tres predios de bosque nativo, es ampliar la experiencia de enriquecimiento fuera de sus fincas: &ldquo;Estamos en condiciones de generar entre 200 y 300 individuos por a&ntilde;o. La idea es trabajar con los investigadores de CeIBA y replicar nuestra f&oacute;rmula dentro del Parque Nacional Iguaz&uacute;, siempre que la Administraci&oacute;n de Parques Nacionales est&eacute; de acuerdo&rdquo;, informa Cortez.
    </p><p class="article-text">
        De uno u otro modo, el palo rosa se aferra a este tipo de iniciativas para mantenerse vivo y, quiz&aacute;s, recuperar su esplendor de anta&ntilde;o en un futuro que por ahora, lamentablemente, parece todav&iacute;a lejano. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Nota: este art&iacute;culo fue corregido el 31 de mayo de 2024 a las 13:14. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ED</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodolfo Chisleanschi/Mongabay Latam]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/medio-ambiente/palo-rosa-gigante-profundidades-selva-misionera_1_11401968.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 May 2024 18:42:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Palo rosa: un gigante en las profundidades de la selva misionera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Palo Rosa,Misiones,Bosque Atlántico,Deforestación,Brasil,Paraguay]]></media:keywords>
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