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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sacrificio]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/sacrificio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sacrificio]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El sacrificio neurótico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sacrificio-neurotico_129_11429106.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/feb47c46-2dc9-4b0f-a211-5c12b0058e1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El sacrificio neurótico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El obsesivo vive aquejado por síntomas completamente asimilados y justificados hasta que experimenta un tropiezo contundente que lo lleva a entregarse, por fin, de verdad a la vida.</p></div><p class="article-text">
        Hay una situaci&oacute;n que podr&iacute;a resumirse en estos t&eacute;rminos: durante un tiempo, alguien se sacrifica o hace un esfuerzo en pos de un objetivo que representa un beneficio o una ganancia. Llegado cierto punto, se cansa y abandona: ya no tendr&aacute; el beneficio o ganancia, que habr&aacute; perdido, pero tambi&eacute;n perdi&oacute; el tiempo, el dinero, lo que sea con que se esforz&oacute; durante ese tiempo, en funci&oacute;n de su sacrificio.
    </p><p class="article-text">
        Desde cierto punto de vista, esto es un fracaso. As&iacute; hay quienes hablan de quedarse sin el pan y sin la torta. Esta es la l&oacute;gica utilitaria de nuestras sociedades, en la que no existe el gasto in&uacute;til o, mejor dicho, solo existe como derroche. Esto ya lo estudi&oacute; <strong>George Bataille</strong> (desde su art&iacute;culo &ldquo;La noci&oacute;n de gasto&rdquo; hasta el ensayo <em>El erotismo</em>), es tema conocido. La cuesti&oacute;n es que, desde otro punto de vista, el sacrificio est&aacute; perfectamente consumado; es decir, la purificaci&oacute;n fue lograda.
    </p><p class="article-text">
        En el sacrificio no se trata de darle algo a un Dios a cambio de un bien. El sacrificio, a trav&eacute;s de la ofrenda, esconde que el verdadero chivo expiatorio es quien lo realiza. Y, adem&aacute;s, el destinatario del sacrificio debe faltar a la retribuci&oacute;n; por eso Jes&uacute;s en la cruz le pregunta a su padre por qu&eacute; lo abandon&oacute;. Dios le deber&iacute;a haber respondido: &ldquo;Para que vos seas Cristo&rdquo;. Y quiz&aacute;s Dios lo hizo y por eso las &uacute;ltimas palabras del hijo fueron: &ldquo;Ya todo est&aacute; cumplido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esto tampoco es nuevo. Es un resumen b&aacute;sico de los libros de <strong>Ren&eacute; Girard</strong> (<em>La violencia y lo sagrado</em>, <em>El chivo expiatorio</em>, <em>Veo a Sat&aacute;n caer como el rel&aacute;mpago</em>). Lo que s&iacute; me resulta interesante es c&oacute;mo estas ideas se articulan con la cl&iacute;nica de la neurosis obsesiva. En cierta medida, el obsesivo es inanalizable hasta que no hace una experiencia de fracaso que se le revele como un pleno sacrificio. Antes de eso, vive en su l&oacute;gica miserable de acomodar cositas y reducir p&eacute;rdidas y tratar de hacer que el v&iacute;nculo sea de intercambio y la cuenta de m&aacute;s o menos cero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sigmund Freud</strong> dec&iacute;a que la neurosis obsesiva impon&iacute;a una religi&oacute;n personal; es todo lo contrario: el obsesivo es un p&eacute;simo religioso, porque desconoce el valor del sacrificio y, por lo tanto, de lo sagrado. El obsesivo vive aquejado por sus s&iacute;ntomas, tal vez durante a&ntilde;os, estos completamente asimilados a su personalidad y justificados, hasta que un d&iacute;a vive una tragedia (mejor digamos, un tropiezo contundente) y ah&iacute; s&iacute;, en el mejor de los mundos, se entrega de verdad a la vida. Mientras es un muerto feliz.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo a una amiga que durante cierto tiempo especul&oacute; con la idea de tener un segundo hijo. El primero lo tuvo en la serie de su planificaci&oacute;n de una vida ordenada. Todo siempre se le dio en los tiempos en que ten&iacute;a que ocurrir. Una vida tranquila, solo que algo asfixiante y llena de miedos. Ni un peque&ntilde;o tumor logr&oacute; despertarla en su momento. S&iacute; la idea de tener otro hijo, una idea que solo t&iacute;midamente pudo expresarse como deseo. 
    </p><p class="article-text">
        El problema es que ella no ten&iacute;a una vida en la que ese deseo entrara. Las personas no tienen deseos. Nadie desea. El deseo se desea a s&iacute; mismo y busca una vida en la que implantarse (no por nada el deseo de hijo es el modelo del deseo), las personas sufren por eso. Mi amiga busc&oacute; por todos los medios hacerle un lugar en su vida a ese deseo y, cuando por fin logr&oacute; acomodar todo en su trabajo para tener ese hijo, pas&oacute; que perdi&oacute; inter&eacute;s en ese trabajo y lo dej&oacute;. Hubo un tiempo en el que tuvo que vivir con el reproche retrospectivo de por qu&eacute; no lo hizo antes.
    </p><p class="article-text">
        En un mismo momento, se dio cuenta de que ya no ten&iacute;a trabajo y tampoco la edad para tener ese hijo. Solo as&iacute; tuvo el deseo, cuando fue capaz de darse al sacrificio, como cada vez que alguien dice: &ldquo;Jes&uacute;s en vos conf&iacute;o&rdquo;. As&iacute; fue que al tiempo adopt&oacute; a un ni&ntilde;o que hoy es un hijo precioso. Cuando no tuvo nada, lo tuvo todo &ndash;como dice el mensaje evang&eacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Jun 2024 09:18:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sacrificio,Neurosis,Fracaso,Deseo]]></media:keywords>
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