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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Domenico Modugno]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/domenico-modugno/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Domenico Modugno]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Il loggione]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/il-loggione_129_11433186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9c5fbb36-e5c7-4d28-8dde-57a7e329cc2b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Il loggione"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ópera, despreciada por los compositores “serios”, en Italia se silbaba y cantaba por las calles. Y la canción popular la alimentaba y se alimentaba de ella. Una historia con melodramas en tres minutos, experimentación, leyendas, verdades y mentiras. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;A los italianos s&oacute;lo les interesa la &oacute;pera&rdquo;, se quejaba <strong>H&eacute;ctor Berlioz </strong>en sus <em>Memor&iacute;as</em>. All&iacute; aseguraba, tambi&eacute;n, que su sue&ntilde;o era ver incendiarse el Teatro Italiano de Par&iacute;s con Rossini y todos los rossinianos dentro. Sin llegar tan lejos, a <strong>Robert Schumann</strong>, en sus <em>Escritos musicales</em>, le bastaba con una frase para describir los pesares de la vida musical en la Alemania de 1830: &ldquo;Rossini gobernaba la escena&rdquo;. Es cierto que la &oacute;pera &ndash;el melodrama&ndash; es una invenci&oacute;n italiana. Lo que tal vez tambi&eacute;n sea verdad es que haya sido la &oacute;pera la que acabo creando a Italia, ese lugar donde las arias se silbaban y cantaban por las calles. 
    </p><p class="article-text">
        Si la canci&oacute;n popular est&aacute;&nbsp;presente en cada aria de Verdi, Cilea o Puccini, tambi&eacute;n, a la inversa, el mundo de los cantantes l&iacute;ricos impregn&oacute; &ndash;y acab&oacute; dise&ntilde;ando&ndash; la imagen de lo que es para el mundo una canzonetta napolitana. Y, de hecho, no hay canciones populares italianas que no le deban algo &ndash;y a veces mucho&ndash; al universo de la &oacute;pera, como demuestran dos piezas tomadas casi al azar: &ldquo;Il Loggione&rdquo;, de <strong>Paolo Conte</strong>, con la voz de un tenor como lejano eco de un tri&aacute;ngulo amoroso jugado entre dos rincones del <em>loggione</em>, la galer&iacute;a de un teatro, o la extraordinaria &ldquo;Il maestro de violino&rdquo; de <strong>Domenico Modugno</strong>, un verdadero melodrama &ndash;sobre el que se volver&aacute; m&aacute;s adelante&ndash; contado en apenas tres minutos.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Core &rsquo;ngrato</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Por qu&eacute; me dices estas palabras amargas&rdquo;, canta. Pero en realidad no. No s&oacute;lo canta. Pregunta. Y es una pregunta verdadera. &Eacute;l quiere, necesita la respuesta de Catar&iacute; (Catarina, en dialecto napolitano). Y ya se sabe, la palabra cantada es m&aacute;s poderosa que la palabra. En &ldquo;Core 'ngrato&rdquo;, interpretada por <strong>Beniamino Gigli</strong>, y en la milagrosa restauraci&oacute;n de la respiraci&oacute;n, del propio aire, de la vacilaci&oacute;n y del ruego lograda por una nueva y exhaustiva edici&oacute;n de todo el material &ldquo;popular&rdquo; grabado por el famoso tenor, quien canta no lo hace frente al micr&oacute;fono sino frente a Catar&iacute;. Una escena popular y napolitana &ndash;aunque escrita en Nueva York en 1911 y compuesta por dos emigrantes, <strong>Salvatore Cardillo</strong> y <strong>Riccardo Cordiferro </strong>a la medida de <strong>Enrico Caruso</strong>, que la grab&oacute; ese mismo a&ntilde;o&ndash; que, en rigor, bien podr&iacute;a ser un aria de &oacute;pera. Y es que habr&iacute;a que pensar que, trat&aacute;ndose de Italia, no son cosas diferentes sino caras de una misma moneda.
    </p><p class="article-text">
        El registro de Gigli es de 1946 y la publicaci&oacute;n, que abarca tres discos, se llama <em>Gigli Canzonettas 1922-1949</em> y fue realizada en la Argentina por el sello Lantower. La voz y los acompa&ntilde;amientos tienen&nbsp;una tridimensionalidad sorprendente, sobre todo en las grabaciones de los a&ntilde;os 20, sumamente precarias &ndash;la incre&iacute;ble &ldquo;Serenade&rdquo; de 1922, por ejemplo&ndash;, tanto cuando se trata de orquestas &ndash;la de la Royal Opera House en &ldquo;Core &rsquo;ngrato&rdquo;&ndash; como de grupos peque&ntilde;os. La completa informaci&oacute;n acerca de fechas y elencos de grabaci&oacute;n que aparecen en cada pista, por otra parte, son altamente inusuales en las plataformas. M&aacute;s all&aacute; de la belleza de muchas de las piezas incluidas y de la voz de Gigli, recuperada en todo su esplendor como nunca antes, la meticulosa selecci&oacute;n incluye documentos como la grabaci&oacute;n de 1939 &ndash;el a&ntilde;o en que comenz&oacute; la Segunda Guerra Mundial&ndash; del antiguo &ldquo;Himno a Roma&rdquo; que, con el agregado de una estrofa, se hab&iacute;a convertido en &ldquo;Giovinezza&rdquo;, el himno fascista. 
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    </figure><h3 class="article-text"><strong>Pizzica taranta </strong></h3><p class="article-text">
        En 1967 se fund&oacute;, en N&aacute;poles, un grupo que cambi&oacute; radicalmente las maneras de tocar &ndash;y de escuchar&ndash; la m&uacute;sica del sur profundo de Italia. <strong>La Nuova Compagnia de Canto Popolare</strong> fue, eventualmente, la cabeza de playa de un movimiento de investigaci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n de las instrumentaciones y modos de interpretaci&oacute;n tradicionales &ndash;incluyendo las inflexiones vocales, el timbre nasal y los melismas mediterr&aacute;neos&ndash;. Y all&iacute; cobr&oacute; protagonismo otro g&eacute;nero, asociado a un extra&ntilde;o mal extendido entre las mujeres en Taranto, en la zona de Puglia, a fines del siglo XIV. Se manifestaba, primero, con s&iacute;ntomas de ausencia y falta de concentraci&oacute;n y, luego, con conductas obscenas que llevaban a las enfermas a mimar actos sexuales en lugares p&uacute;blicos e, incluso, a orinar en los altares. 
    </p><p class="article-text">
        La enfermedad se la endilgaron a la ara&ntilde;a del lugar, la Lycosa Tarentula, m&aacute;s conocida como tarantella o taranta. Las j&oacute;venes campesinas llegaban de la cosecha, donde aparentemente eran atacadas por los malignos ar&aacute;cnidos, y comenzaban a tener convulsiones. Y hab&iacute;a un &uacute;nico remedio conocido: no bien aparec&iacute;an los signos de tarantismo, los suonatori de tamburello, viol&iacute;n, organetto, chitarra battente y scaccia pensieri (la versi&oacute;n napolitana del arpa de boca) iban a la habitaci&oacute;n de la atarantada y de all&iacute; a la plaza principal para que la v&iacute;ctima bailara fren&eacute;ticamente hasta quedar exhausta. S&oacute;lo agot&aacute;ndose en la danza, que duraba horas, se agotaba a la ara&ntilde;a con cuyo destino hab&iacute;a quedado unido el esp&iacute;ritu envenenado.
    </p><p class="article-text">
        Del intento de cristianizar el rito, al que la conducta de las enfermas ayud&oacute; poco, quedaron dos cosas: la misa de exorcismo que se lleva a cabo todos los 29 de junio en la iglesia de San Paolo de Galatina y el hecho de que, en ese templo, San Pablo, asociado al asunto desde que &eacute;l mismo hab&iacute;a sufrido alguna vez una mordedura de alg&uacute;n animal venenoso, pas&oacute; de ser el santo de los envenenados a ser considerado santo de la sensualidad. Hab&iacute;a distintas clases de tarantismo, seg&uacute;n las mujeres hubieran sido picadas por la &ldquo;taranta libertina&rdquo;, la &ldquo;taranta triste y muda&rdquo;, la &ldquo;taranta tempestosa&rdquo; o la &ldquo;taranta de agua&rdquo;. Pero en todos los casos se bailaba la tarantella. &ldquo;Add&oacute; t&rsquo;ha pizzicata la tarantella/ sott&rsquo;a la putarra di la vunnella/ ca se vasa nu cardilli e na palomma./ Te preu San Paolo falla guariri/ ca l&rsquo;avea pizzicata la tarantella&rdquo;, se canta, todav&iacute;a, en riguroso dialecto del Rimorso. &ldquo;&iquest;D&oacute;nde te ha picado la tar&aacute;ntula, bajo el doblez de tu vestido?, un cardenal besa una paloma. Te pido San Pablo, hazla sanar, que la ha picado la tar&aacute;ntula&rdquo;, se oye en el comienzo de &ldquo;Pizzica taranta&rdquo;, una de las piezas del notable <em>Tarantelle del Rimorso</em> que, en la senda de la Nuova Compagnia public&oacute; <strong>Pino De Vittorio</strong>, en canto, guitarra y chitarra battente junto con un grupo de especialistas que incluye a<strong> Marcello Vitale</strong> (tambi&eacute;n en las dos clases de guitarra), <strong>Leonardo Massa</strong> en cello barroco, colascione (una clase de la&uacute;d t&iacute;pico del sur de Italia) y guitarra y <strong>Gabriele Miracle</strong> en tamburello, tambor bajo, casta&ntilde;uelas y otros instrumentos de percusi&oacute;n. Un grupo habitualmente dedicado a la interpretaci&oacute;n de m&uacute;sica del Barroco, <strong>L&rsquo;Arpeggiata</strong>, dirigido por <strong>Cristina Pluhar</strong>, tambi&eacute;n ha buscado las fuentes de la tarantela y Canzoniere grecanico salentino, con repertorio tradicional y tambi&eacute;n composiciones propias inspiradas en esa tradici&oacute;n contin&uacute;a en el camino del renacimiento &ndash;un renacimiento alejado de postales tur&iacute;sticas&ndash; de la tarantela y la canzonetta.
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            </figure><h3 class="article-text"><strong>Bambine</strong></h3><p class="article-text">
        Ella ten&iacute;a la edad. Por lo menos para la legislaci&oacute;n italiana. Nada hab&iacute;a de malo en que <strong>Gigliola Cinquetti</strong>, a los 16 a&ntilde;os y con la m&aacute;s ingenua de las expresiones, cantara &ldquo;Non ho l'et&agrave; per amarti&rdquo;. Con m&aacute;s de 14, siempre que hubiera consentimiento y que la relaci&oacute;n no fuera con padres, educadores o jefes, no hab&iacute;a delito. La canci&oacute;n, escrita por <strong>Mario Panzieri</strong>, fue estrenada en el Festival de San Remo de 1964, donde obtuvo el primer premio. Y luego represent&oacute; a Italia en el Eurovisi&oacute;n de ese a&ntilde;o, donde tambi&eacute;n se consagr&oacute; ganadora. La joven Cinquetti la grab&oacute;, en r&aacute;pida sucesi&oacute;n, en ingl&eacute;s (&ldquo;This Is My Prayer&rdquo;), castellano (&ldquo;No tengo edad&rdquo;), franc&eacute;s (&ldquo;Je suis &agrave; toi&rdquo;), alem&aacute;n (&ldquo;Luna nel blu&rdquo;) y japon&eacute;s (&ldquo;Yumemiru Omoi&rdquo;).
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            </figure><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s repiti&oacute; el &eacute;xito con &ldquo;Dio, come ti amo&rdquo;, compuesta por Domenico Modugno, que ten&iacute;a en ese entonces 38 a&ntilde;os y que bien podr&iacute;a haber sido el personaje masculino de la primera canci&oacute;n, aquel para quien ella aun no ten&iacute;a edad suficiente. Separaban, al compositor y la int&eacute;rprete, veinte a&ntilde;os. Una d&eacute;cada de diferencia menos que la que se pondr&iacute;a en escena en &ldquo;Il maestro de violino&rdquo;, de 1975. All&iacute; s&iacute; se trataba de un educador, pero nadie se escandaliz&oacute; y un a&ntilde;o despu&eacute;s lleg&oacute; la pel&iacute;cula, dirigida por <strong>Giovanni Fago</strong> y con Modugno como protagonista. Ella tocaba en el viol&iacute;n las notas que &eacute;l le dictaba. &ldquo;Re mi fa, atenci&oacute;n al mi&rdquo;. Y el maestro se preguntaba &ldquo;qu&eacute; me est&aacute; sucediendo&rdquo; para contestarse, casi inmediatamente, &ldquo;me estoy enamorando, no tengo el valor de confes&aacute;rmelo ni a m&iacute;. Enamorado de ti, y con treinta a&ntilde;os m&aacute;s que t&uacute;&rdquo;. Entonces llegaba el final. Una gran escena de &oacute;pera concentrada en la duraci&oacute;n de un hit:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Bien, nos veremos pasado ma&ntilde;ana, se&ntilde;orita.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No maestro.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;El jueves entonces?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No maestro, no vendr&eacute; m&aacute;s. He decidido que no seguir&eacute; estudiando
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Pero por qu&eacute;, ahora?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Porque, porque&hellip;estoy enamorada de usted.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><h3 class="article-text"><strong>Cinghiale bianco</strong></h3><p class="article-text">
        Jabal&iacute;es blancos. Un camello en una canaleta. Un tren en el medio del desierto. Y es que tal vez lo inesperado haya sido &eacute;l. Un artista del sur llamado <strong>Franco Battiato</strong> que hizo de todo antes de cantar, que aprendi&oacute; con su propia experiencia, que se tent&oacute; con la electr&oacute;nica, con la experimentaci&oacute;n, que cant&oacute; a Brahms, Beethoven y Wagner como si fueran compositores de canciones pop, que interpret&oacute; de manera brillante &ldquo;Ruby Tuesday&rdquo;, de los Stones, que form&oacute; parte de un grupo de rock de culto, <strong>Osage Tribe</strong>, que fracas&oacute; a los 20 a&ntilde;os en el San Remo de 1965, con una canci&oacute;n titulada &ldquo;L&rsquo;amore &eacute; partito&rdquo; &ndash;interpretada por <strong>Anita Harris</strong>&ndash; y m&aacute;s tarde, ya siendo una estrella, en Eurovisi&oacute;n de 1983, con la at&iacute;pica &ldquo;Un treno di Tozeur&rdquo; &ndash;una base &ldquo;disco&rdquo; y modulaciones casi permanentes en la armon&iacute;a, sumados a una letra que habla de encantamientos y recuerdos fugitivos y un coro, s&iacute;, oper&iacute;stico&ndash; y que compuso algunas de las piezas musicales m&aacute;s brillantes de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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    </figure><p class="article-text">
        Battiato muri&oacute; hace tres a&ntilde;os. Resumirlo es imposible. Su acorde repetido durante 14 minutos en &ldquo;L&rsquo;Egitto prima delle sabbie&rdquo; &shy;&ndash;ganador del Premio Stockhausen de m&uacute;sica experimental&ndash; nada tiene que ver con el notable <em>Fetus</em>, de 1972, con <em>Patriots</em>, donde nada es superfluo y sacuden con rara belleza gemas como &ldquo;Prospettiva Nevsky&rdquo; o &ldquo;Up Patriots To Arms&rdquo;. Los distintos viajes y paisajes, reales o imaginarios, a trav&eacute;s de desiertos o de las ense&ntilde;anzas de los maestros sufi, la psicodelia, el surrealismo, el rock y, desde ya, los fantasmas de la &oacute;pera, son universos dentro de su universo. Como con <strong>Caetano Veloso</strong> o <strong>Luis Alberto Spinetta</strong>, esos otros jabal&iacute;es blancos, imprevistos, &uacute;nicos, s&oacute;lo cabe internarse en ellos. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><h3 class="article-text"><strong>Gelato al limon</strong></h3><p class="article-text">
        Si Battiato, el autodidacta, llegaba desde Ionia, en el extremo sur, y de una familia pobr&iacute;sima, Paolo Conte, abogado de profesi&oacute;n, m&uacute;sico de jazz en su juventud y estudiante de piano en la ni&ntilde;ez ven&iacute;a tan desde el norte como s&oacute;lo pod&iacute;a estarlo Asti, esa ciudad a la que los romanos hab&iacute;an llamado Hasta Pompeia. La aparente sencillez de sus canciones &ndash;y sus comienzos como autor, escribiendo moderados &eacute;xitos para <strong>Adriano Celentano</strong>, <strong>Caterina Caselli</strong>, <strong>Patty Pravo</strong> o <strong>Bruno Lauzi</strong>&ndash; podr&iacute;an llevar a enga&ntilde;o.
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    </figure><p class="article-text">
        En realidad, su verdadero perfil &ndash;el &aacute;cido junto a la aparente dulzura un poco boba&ndash; aparece en su segundo disco con canciones propias, <em>Un gelato al limon</em>, editado en 1979. 
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    </figure><p class="article-text">
        Todo es all&iacute; teatral: la instrumentaci&oacute;n, los cambios de registro, los cortes entre secciones de una misma canci&oacute;n, las citas cultas mezcladas con resabios de tangos, de blues y, tambi&eacute;n, de music hall y algo, tambi&eacute;n, de la grasa de las capitales. Un arte en el que hay otros protagonistas, menos famosos, pero que, como <strong>Giorgio Gaber </strong>y <strong>Enzo Jannacci</strong>, no deber&iacute;an ser obviados.
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        <strong>Antonio Gramsci</strong>, a quien tan de moda se ha puesto citar, en sus notas agrupadas en <em>Cuadernos de la c&aacute;rcel</em>, reflexiona acerca de la fascinaci&oacute;n popular con la &oacute;pera &ndash;eran otros tiempos&ndash;: &ldquo;La m&uacute;sica de Verdi, o m&aacute;s bien sus libretos y los argumentos a los que ha puesto m&uacute;sica, son responsables de un amplio rango de poses 'artificiales' en la vida de la gente, de maneras de pensar, de un &rdquo;estilo&ldquo;. (&hellip;) Para muchos legos, el barroco y lo oper&iacute;stico se presentan como una extraordinariamente fascinante manera de sentir y actuar, un medio de escapar de lo que consideran bajo, vil y despreciable en su educaci&oacute;n y sus vidas para poder entrar as&iacute; en la selecta esfera de los grandes sentimientos y las pasiones nobles. Las novelas seriales y las lecturas populares aportan los h&eacute;roes y las hero&iacute;nas. Pero la &oacute;pera es la m&aacute;s influyente porque las palabras musicalizadas son m&aacute;s f&aacute;ciles de recordar y se transforman en matrices donde el pensamiento adquiere forma a partir del flujo.&rdquo; Si la &oacute;pera es, en alg&uacute;n sentido, la etapa superior de la canci&oacute;n popular italiana, no es menos cierto lo contrario: que esa canci&oacute;n, melod&iacute;a y drama al fin y al cabo, es la continuaci&oacute;n de la &oacute;pera por otros medios.
    </p><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Jun 2024 14:47:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Il loggione]]></media:title>
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