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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - María Lobo]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - María Lobo]]></description>
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      <title><![CDATA[Adelanto de Ciudad, 1951, la última novela de María Lobo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/adelanto-ciudad-1951-ultima-novela-maria-lobo_1_11437701.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21e1d446-18b1-4471-a569-9ee613600f51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adelanto de Ciudad, 1951, la última novela de María Lobo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra de la autora tucumana logró el Premio de Novela del Fondo Nacional de las Artes en 2022 y es sobre la construcción de la ciudad universitaria más grande de América Latina, en la montaña selvática de Tucumán. Este fragmento mezcla la realidad y la memoria. Benita y Charles caminan por San Miguel de Tucumán, entre la peculiaridad de la ciudad y los recuerdos del futuro.</p></div><p class="article-text">
        En un mundo presente, Benita mir&oacute; a Charles y dijo: &mdash;&iquest;Ser&aacute; cierto lo de 1951? Charles levant&oacute; la vista. Ella le pregunt&oacute; si se hab&iacute;a dado cuenta de que San Miguel era una ciudad de azoteas abundantes. &Eacute;l baj&oacute; la mirada hacia las baldosas y se concentr&oacute; en el sonido de las pisadas. Llegaron a la esquina sin interrumpir el silencio; dejar en primer plano la ausencia de tantas palabras.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;an caminado juntos hasta el punto donde sus destinos deb&iacute;an separarse. Como &eacute;l no dec&iacute;a nada, Benita insisti&oacute;: &mdash;Dicen que vamos a dejar de recordar del futuro. &mdash;Eso dicen &mdash;dijo Charles. &mdash;Me refiero a que estamos en 1951 &mdash;dijo ella.
    </p><p class="article-text">
        Los tacos de los zapatos de Benita no eran altos, aunque s&iacute; bastante finos. Charles no recordaba haber estado en otra ciudad donde hubiera tranv&iacute;as estacionados en la mitad de las cuadras. Pero en San Miguel esa imagen, como las de las azoteas, era una imagen de carne y hueso. Real. Hab&iacute;a un vag&oacute;n vac&iacute;o all&iacute;, justo en mitad de una manzana. De alguna manera, Benita consegu&iacute;a caminar sin enterrar sus tacos entre las juntas de los adoquines. Despedirse sin decir &ldquo;nos despedimos&rdquo;. Charles la mir&oacute; saludarlo con la mano, manejar sus piernas (f&aacute;cil), los pasos cortos; la mir&oacute; cruzar la calle, avanzar hasta perderse detr&aacute;s del vag&oacute;n estacionado, desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        Era la tarde y era el viento. Fr&iacute;o en los pies. &Eacute;l pod&iacute;a dejar las cosas como estaban. Seguir caminando en direcci&oacute;n a las monta&ntilde;as, buscar la luz del almac&eacute;n que estaba en la esquina de la pensi&oacute;n, encontrarlo abierto. Salir de all&iacute; con una botella de vino dentro de un paquete, caminar una cuadra m&aacute;s, esta vez hacia el sur, &iquest;Benita esperaba que &eacute;l dijera algo?, llegar, subir las escaleras a pie, &iquest;o que &eacute;l hiciera algo?, cenar a solas, despu&eacute;s sentarse a dibujar. Camin&oacute; en el mismo sentido, todo recto en direcci&oacute;n a esas monta&ntilde;as que, en aquel momento del d&iacute;a, pod&iacute;an existir o no existir. La ciudad estaba desierta y penetrada de aquel olor a San Miguel, &iquest;humo?, &iquest;el vapor de personas diferentes?, aspirar un lugar.
    </p><p class="article-text">
        Si acaso &eacute;l se volviera sobre sus pasos, Benita, &iquest;todav&iacute;a estar&iacute;a all&iacute;, justo en el punto donde se hab&iacute;an separado? La luz del almac&eacute;n se ve&iacute;a encendida, pero Charles dio la vuelta hacia el este. Una pareja que caminaba detr&aacute;s, a la que &eacute;l no hab&iacute;a visto, se detuvo de pronto para no tropezarse con &eacute;l y luego le abri&oacute; el paso.
    </p><p class="article-text">
        Charles lleg&oacute; a la primera esquina, esper&oacute; el cruce del tranv&iacute;a, tal vez Benita apareciera del mismo modo en que se hab&iacute;a perdido hac&iacute;a solo un instante; luego Charles se quit&oacute; el sombrero, &iquest;se puede estar con alguien y no renunciar a nuestra imagen de persona en estado de superaci&oacute;n?, &iquest;salir a la vida como un hombre que se ha enamorado y aun as&iacute; seguir pareciendo libre? Tocar un timbre, ser un desconocido que pregunta por una mujer cuyo nombre lo excita desde que lo ha o&iacute;do por primera vez. Benita. Invitarla a qu&eacute;. Alcanz&oacute; la segunda esquina, borde&oacute; el charco, salt&oacute; las v&iacute;as, &iquest;algo se descompon&iacute;a debajo de las calles de San Miguel?
    </p><p class="article-text">
        Entonces ella apareci&oacute;; tambi&eacute;n llevaba su sombrero en la mano, y sus pantalones muy largos, y su abrigo muy grande o muy largo, y la mochila colgada de un hombro. Invitarla a d&oacute;nde. Benita se hab&iacute;a vuelto sobre sus pasos y ahora estaba all&iacute;. Parada en una vereda, mirando al frente; Benita era ahora una testigo de alguien (un Charles); testigo de un hombre que se hab&iacute;a vuelto sobre sus pasos para mirar otra vez a una mujer. Charles se acerc&oacute; y le ofreci&oacute; cargar su mochila, como si estuvieran a punto de emprender un recorrido. Era Benita quien ten&iacute;a el derecho de decidir a d&oacute;nde. Aunque llevaba tres a&ntilde;os en la ciudad, Charles no era m&aacute;s que un reci&eacute;n llegado en San Miguel. Se colg&oacute; la mochila de ella en el mismo hombro en el que cargaba la de &eacute;l. Charles ahora era alguien que ten&iacute;a dos mochilas colgando de su hombro. Mir&oacute; hacia las azoteas. &mdash;&iquest;A d&oacute;nde vamos? &mdash;le pregunt&oacute; a Benita.
    </p><p class="article-text">
        Entonces ella le agarr&oacute; la mano y empezaron a caminar hacia el este, por esas cuadras que iban en descenso desde la ciudad hacia la zona de parque, &iquest;ir de la mano? Los tacos en el silencio de esa noche, &iquest;mostrarse as&iacute;? Llegaron al final del bajo, cruzaron la avenida. De pronto, los &aacute;rboles del parque, la vista del lago. De pronto, la noche. Estaban parados justo debajo del puente peatonal que separaba el norte del sur en San Miguel.
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;a estar seguro. Saber si Benita realmente se hab&iacute;a vuelto caminando todas esas cuadras para encontrarse con &eacute;l. Pod&iacute;a invitarla a mirar las cosas desde las alturas. Ella no parec&iacute;a sentir verg&uuml;enza nunca. &mdash;Qu&eacute; es mejor, caminar por sobre o debajo de las cosas &mdash;dijo &eacute;l&mdash;. Porque creo que iba a invitarte al puente. Creo que iba a invitarte, &iquest;creo?, &iquest;creo que iba a invitarte?, &iquest;creer?
    </p><p class="article-text">
        Benita lo mir&oacute;; dijo: &mdash;&iquest;Te pregunt&aacute;s algunas veces? &iquest;Por el sonido y la visi&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;an avanzado por aquellas cuadras, en descenso. Benita parec&iacute;a haber pasado por esa situaci&oacute;n en tantas otras oportunidades; se ve&iacute;a como alguien que no ten&iacute;a problemas con las im&aacute;genes de parejas que van por las veredas: esa clase de amor. Charles no le dijo que &eacute;l s&iacute; se hab&iacute;a vuelto para buscarla. Caminaron unos pasos m&aacute;s, hasta la entrada del puente por donde cruzaban los peatones. Hab&iacute;a una valla que cerraba el paso de las escaleras, porque el puente estaba en obra. Charles nunca lo hab&iacute;a visto despejado; ese puente estaba en obra desde que &eacute;l hab&iacute;a llegado a San Miguel por primera vez.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ahora va a pasar un auto &mdash;dijo ella&mdash;. He tenido ese recuerdo. Y tambi&eacute;n me he visto a m&iacute; misma, en el futuro, recordando esta clase de momentos.
    </p><p class="article-text">
        Charles le pregunt&oacute; si quer&iacute;a esperar all&iacute; hasta que pasara el auto o si prefer&iacute;a subir. Benita le dio un beso corto, entonces &eacute;l volvi&oacute; a darle otro m&aacute;s profundo y m&aacute;s largo. Le agarr&oacute; la mano, desplaz&oacute; la valla hacia un costado y la acomod&oacute; otra vez, cuando entraron. Mientras sub&iacute;an las escaleras, frenaron en un pelda&ntilde;o y se dieron un beso otra vez. Aplastado, un beso bastante eterno. Llegaron a las alturas, caminaron hasta la mitad del puente. Se quedaron all&iacute;, mirando hacia las monta&ntilde;as. &mdash;En el futuro &mdash;dijo Charles&mdash;. Vas a recordarlo siempre. Ning&uacute;n auto a esa hora. &mdash;&iquest;Vos tambi&eacute;n? &mdash;dijo Benita&mdash;. &iquest;Ya lo has recordado?
    </p><p class="article-text">
        <em>ML/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Lobo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Jun 2024 15:58:53 +0000]]></pubDate>
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