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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - José Luis Juresa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/jose-luis-juresa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - José Luis Juresa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[José Luis Juresa: “El psicoanálisis no es un consuelo terapéutico y por eso es resistido”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/jose-luis-juresa-psicoanalisis-no-consuelo-terapeutico-resistido_1_11450108.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9c542a2a-3146-4c8f-b617-f95d6c76b978_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="José Luis Juresa: “El psicoanálisis no es un consuelo terapéutico y por eso es resistido”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El reconocido psicoanalista argentino publicó el libro “La realidad por sorpresa”, donde se dedica a pensar la experiencia psicoanalítica desde sus fundamentos hasta la actualidad. Su mirada sobre los desafíos para el psicoanálisis en tiempos de búsqueda de respuestas rápidas y sobre los certificados de defunción que cada tanto se le quieren expedir.</p></div><p class="article-text">
        Lejos de las soluciones simplistas y cerca de las preguntas. <strong>M&aacute;s interesado en pensar en la escucha como una forma de lectura que en las respuestas apresuradas.</strong> Con citas a nociones de <strong>Sigmund Freud</strong> y de <strong>Jacques Lacan</strong> y tambi&eacute;n a canciones de <strong>Charly Garc&iacute;a</strong>, <strong>Gustavo Cerati</strong> y <strong>John Lennon</strong> en quien encuentra un sorprendente costado freudiano. En su reciente ensayo <em>La realidad por sorpresa</em> (Paid&oacute;s, 2024) el psicoanalista argentino <strong>Jos&eacute; Luis Juresa</strong> elige el camino de los cruces inesperados para leer &ndash;o releer&ndash; nociones de la experiencia psicoanal&iacute;tica que han sido muchas veces confundidas, mezcladas o materia de alg&uacute;n malentendido. Con ese material que pareciera a priori inoportuno, el psicoanalista, como se&ntilde;ala su colega <strong>Alexandra Kohan</strong> en el pr&oacute;logo de la publicaci&oacute;n, transita senderos para construir <strong>un libro &ldquo;escrito por alguien que est&aacute; pensando, mientras escribe, la pulsi&oacute;n, el amor, el cuerpo, el deseo, la er&oacute;tica de la vida&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        A partir de un intercambio por escrito, Juresa habl&oacute; con <em>elDiarioAR</em> acerca de lo que se espera del psicoan&aacute;lisis y de los psicoanalistas en tiempos de v&eacute;rtigo, <strong>de qu&eacute; deber&iacute;a hacer esta pr&aacute;ctica para mantenerse al margen del mercado</strong> y tambi&eacute;n de las resistencias que en algunos casos sigue suscitando.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;La realidad por sorpresa. Un ensayo sobre el sentido del psicoanálisis&quot;, de José Luis Juresa, salió por la editorial Paidós."
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                &quot;La realidad por sorpresa. Un ensayo sobre el sentido del psicoanálisis&quot;, de José Luis Juresa, salió por la editorial Paidós.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En el cap&iacute;tulo&nbsp;</strong><em><strong>Memoria</strong></em><strong>, podemos leer que el analista no se asume como &ldquo;el curador&rdquo;, sino como aquel que &ldquo;da paso&rdquo; y da tiempo al despliegue de las palabras del analizante. Al mismo tiempo, a lo largo de todo el libro podemos ver el rol central que la sorpresa tiene para el psicoan&aacute;lisis. &iquest;Es posible seguir dedic&aacute;ndose al psicoan&aacute;lisis y seguir reivindicando sus sorpresas en tiempos de b&uacute;squeda de soluciones r&aacute;pidas, de discursos cada vez m&aacute;s precocidos y anclados en supuestas certezas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Esa es precisamente, a mi entender, la potencia del psicoan&aacute;lisis: dar tiempo. No existe esa posibilidad en otros discursos. Quiero recordar que &ldquo;discurso&rdquo; en psicoan&aacute;lisis equivale a lazo social. El discurso anal&iacute;tico es un lazo social en el que el tiempo est&aacute; al margen de lo que el reloj y el mecanicismo capitalista reivindican como principios esenciales de su funcionamiento, que son la eficacia y la productividad. <strong>En esos t&eacute;rminos, perder tiempo es un &ldquo;pecado&rdquo;. Para el psicoan&aacute;lisis, en cambio, el tiempo del reloj literalmente no existe. </strong>Obviamente, nadie se queda en el consultorio un d&iacute;a entero hablando, pero podr&iacute;a pasar. As&iacute; como podr&iacute;a pasar quedarse unos segundos, y, de hecho, pasaba con Lacan, por ejemplo. El tiempo que nos interesa es el de la sorpresa de la aparici&oacute;n del sujeto del inconsciente, y all&iacute;, para Freud, no hay tiempo. Esto relaja la corrida y la permanente ansiedad en la que vivimos socialmente por no perder el tiempo, perseguidos por el reloj. Para el discurso anal&iacute;tico, perder el tiempo desde el punto de vista de la productividad capitalista redunda en una ganancia de saber acerca de algo que nunca se &ldquo;aprehende&rdquo; en por el apuro eficientista: saber vivir. Obviamente no es un saber de manual, es un saber singular que precisa tiempo para desplegarse y &ldquo;armarse&rdquo; como tal, tiempo que puede equivaler a una vida. Quiero decir que ese tiempo dedicado a esa exploraci&oacute;n equivale a la vida, en los t&eacute;rminos en los que la vida es &ldquo;vivida&rdquo; y no una mera expresi&oacute;n biol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Por qu&eacute; cree que popularmente se espera de alguna manera que el psicoan&aacute;lisis ofrezca una suerte de consuelo en lugar de sorpresas o preguntas nuevas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; El psicoan&aacute;lisis no es un consuelo terap&eacute;utico y por eso es resistido, entre otras causas. Eso significa que el deseo no se detiene en un objeto que alguna vez tuvimos y ya no tendremos m&aacute;s, y la consiguiente pregunta &ndash;de interminable respuesta&ndash; acerca de qui&eacute;n se lo rob&oacute;, qui&eacute;n me lo quit&oacute;, d&oacute;nde se perdi&oacute;, o c&oacute;mo podr&iacute;a sustituirlo. Armamos una m&iacute;tica en torno a un objeto que nunca estuvo, un destierro originario y una novela de nuestro andar por el desierto buscando el para&iacute;so del que nos perdimos, el que nos correspond&iacute;a, el que nos fue prometido y por alg&uacute;n tipo de problema personal no llegamos a reencontrar.<strong> Pero lo que hallamos en esos intentos es la falla de la identidad, nos reencontramos una y otra vez con la diferencia entre un supuesto &ldquo;original&rdquo; inhallable y aquello con lo que nos vamos topando en la vida y que descartamos en un permanente &ldquo;no es eso&rdquo;</strong>. &iquest;No ser&aacute; entonces que en lugar de consolarnos con que &ldquo;no es igual, pero es parecido&rdquo;, como si siempre tuvi&eacute;ramos que conformarnos con una vida falsa, deber&iacute;amos darnos cuenta de que en ese desencuentro con la identidad est&aacute; la clave? La clave es esa diferencia, y eso es lo que se repite una y otra vez. No se trata de una falla del individuo por la que creemos que somos un fracaso o unos perdedores, sino que esa es la estructura en la que el deseo se fundamenta. El deseo no busca consuelo, solo busca desplegarse abri&eacute;ndole los ojos al hecho de que no hay objeto que lo colme de manera definitiva y &uacute;nica. Esa ser&iacute;a la identidad, en el sentido de lo id&eacute;ntico: tal o cual objeto es id&eacute;ntico a mi deseo. No, lo que reencontramos una y otra vez es la diferencia por la cual la distancia entre lo buscado y lo hallado se mantiene. Hay que dejar de melancolizarnos en los consuelos con los que tendemos a pensar que podemos perfeccionarnos para dejar de tener esas fallas que nos impiden ser felices. La falla es el fundamento.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El discurso analítico es un lazo social en el que el tiempo está al margen de lo que el reloj y el mecanicismo capitalista reivindican como principios esenciales de su funcionamiento, que son la eficacia y la productividad. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Uno de los puntos de partida del libro tiene que ver con lo que usted describe como &ldquo;aparatos de memoria&rdquo; externos, artificiales, extrahumanos. &iquest;En qu&eacute; consisten? &iquest;Por qu&eacute; por un lado resultan necesarios para las personas y, al mismo tiempo, son muchas veces las fuentes que generan malestar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Es imposible pensar la existencia humana al margen de la memoria. Esta tiene distintos soportes. En el libro escribo sobre los soportes &ldquo;externos&rdquo; en donde la humanidad, con el aumento de la complejidad de la organizaci&oacute;n social-econ&oacute;mica, precis&oacute; poner la informaci&oacute;n en archivos como tablillas, papiros, papel, tinta, y ahora en el soporte digital. Tambi&eacute;n necesit&oacute; desarrollar tecnolog&iacute;as de recuperaci&oacute;n de la informaci&oacute;n, cada vez m&aacute;s veloces, como lo son ahora las computadoras, y pronto lo ser&aacute;n, a&uacute;n m&aacute;s, las computadoras cu&aacute;nticas. Esa es la memoria &ldquo;externa&rdquo;. Pero <strong>tambi&eacute;n habita en nosotros una memoria que tiene por soporte el cuerpo y que no se puede &ldquo;dominar&rdquo; y &ldquo;administrar&rdquo; tan f&aacute;cilmente como la de los archivos externos</strong>. Es una memoria que se enlaza a las generaciones y a las culturas precedentes a la vida del individuo poseedor del cuerpo, de la que no tenemos cabal idea, y que solo &ldquo;aparece&rdquo; por sorpresa, por fuera del individuo y su intento soberano de dominaci&oacute;n, e incluso aparece a su pesar. El cuerpo es un &ldquo;territorio&rdquo; paradojal habitado por una memoria indomable porque no est&aacute; &ldquo;organizada&rdquo; y disponible como la de los archivos externos de los que hablaba antes, sino que es una memoria que se reescribe en el acto de leerse, no es una memoria antecedente, legible como un texto escrito en el papel, sino que es una aparici&oacute;n de lectura, la aparici&oacute;n de un poema como decantado de lo indecible, tal como lo son los poemas y el arte en general. Ese arte y ese poema decantado del acto anal&iacute;tico de leer a nivel del inconsciente m&aacute;s estructural, se integra a la vida del sujeto como un saber acerca de su propio &ldquo;vivir&rdquo;. <strong>Hay una relaci&oacute;n &iacute;ntima entre esa memoria y el lector, que es el analista. Las condiciones de ese leer son muy particulares, y las desarroll&oacute; muy bien hace m&aacute;s de 20 a&ntilde;os el psicoanalista hispanoargentino Jos&eacute; Slimobich</strong>, de quien fui su analizante y alumno. En el libro trato de profundizar en esto. Lo que aqu&iacute; puedo decir, en el espacio de esta entrevista, es que hay una alienaci&oacute;n entre esa memoria &ldquo;externa&rdquo; que nos somete a la velocidad de la informaci&oacute;n en servicio de la productividad y el rendimiento, que es una memoria del sistema, y esa memoria del cuerpo, que tiene otra temporalidad, como lo dijimos al principio. El analista es un lector de esa memoria del cuerpo, y se atiene a la relaci&oacute;n entre la letra y el cuerpo.
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                    alt="Juresa también es co-autor de la novela &quot;Dakota&quot;."
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                Juresa también es co-autor de la novela &quot;Dakota&quot;.                            </span>
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        <strong>&ndash; En el libro se destaca a la noci&oacute;n de pulsi&oacute;n como uno de los conceptos centrales del aparato conceptual freudiano &iquest;Podr&iacute;a explicar por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; La pulsi&oacute;n es una fuerza muy especial, ligada a la causalidad ps&iacute;quica, quiere decir que es una &ldquo;fuerza&rdquo; con la que se explica la existencia humana y sus motivaciones para perdurar y persistir e insistir como tal. No es poca cosa. Freud la coloca como una fuerza en la frontera entre lo ps&iacute;quico y lo corporal, o lo som&aacute;tico, para ser m&aacute;s precisos.<strong> La realidad humana &ndash;esto es una redundancia, la realidad es humana&ndash; se explica a trav&eacute;s de esta fuerza.</strong> Tenemos a la f&iacute;sica que a&iacute;sla y explica la existencia de otras fuerzas de la llamada &ldquo;naturaleza&rdquo;, fuerzas que explican el movimiento de los cuerpos a escala macroc&oacute;smica y tambi&eacute;n a nivel de las part&iacute;culas elementales del &aacute;tomo. &iquest;Qu&eacute; causa el movimiento de &ldquo;los cuerpos&rdquo; humanos y su realidad? Paradojalmente, la propia f&iacute;sica de part&iacute;culas encontr&oacute; que la idea de la objetividad o de la realidad objetiva no existe, como si se acercara al psicoan&aacute;lisis, a trav&eacute;s de la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica, que es la teor&iacute;a con la que funcionan todos los aparatos electr&oacute;nicos que hoy dominan nuestra vida moderna. Por lo tanto, es interesante encontrar que de lo que hay que hablar, antes que de la &ldquo;naturaleza&rdquo;, es de &ldquo;la realidad&rdquo;, en la que la propia ciencia tiene su lugar, ya que tambi&eacute;n es un producto humano. Esto tiene consecuencias alucinantes que resuelven cuestiones absurdas, como la de aquellos analistas posteriores a Freud, que buscaban &ldquo;objetivar&rdquo; la realidad del ambiente del consultorio a trav&eacute;s de una asepsia tambi&eacute;n absurda mediante la inmovilidad de los objetos que decoraban el consultorio, siempre los mismos, o la vestimenta del analista, siempre la misma, y su semblante, impert&eacute;rrito y silencioso. Es un remedo un tanto absurdo de una &ldquo;objetividad&rdquo; imposible que el psicoan&aacute;lisis ni siquiera requiere. Lacan fue tan &ldquo;rebelde&rdquo; a este absurdo que hasta quiz&aacute;s incluso sobreactuaba esa &ldquo;rebeld&iacute;a&rdquo;, con los cortes de sesi&oacute;n breve, su gestualidad, tan distinta en cada caso que atend&iacute;a<strong>. La realidad del an&aacute;lisis es una realidad &ldquo;de a dos&rdquo; en la que tambi&eacute;n cabe la realidad contempor&aacute;nea. Nada que ver con la idea de una objetividad cl&aacute;sica</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Juresa, en la última edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.                            </span>
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        <strong>&ndash; Otro malentendido que se desanda en el libro tiene que ver con el s&iacute;ntoma. All&iacute; subraya que el psicoan&aacute;lisis no se desespera por hacerlo desaparecer. &iquest;A qu&eacute; se debe este malentendido?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Al mismo problema mencionado antes, lo de la eficiencia y la productividad. Si somos &ldquo;profesionales de la salud&rdquo; entonces &iquest;qu&eacute; tenemos que &ldquo;producir&rdquo;? Salud. Por lo tanto, si los s&iacute;ntomas son la enfermedad, entonces lo que hay que hacer desaparecer de inmediato para producir salud son los s&iacute;ntomas. Ahora bien, si somos psicoanalistas, sabemos que la &ldquo;salud&rdquo; mental deviene de otra cosa que no es el inmediato y pragm&aacute;tico borrado de los s&iacute;ntomas, sino del despliegue de la verdad que el s&iacute;ntoma &ldquo;cifra&rdquo; como si se tratara de un jerogl&iacute;fico, de una lengua muerta-viva que busca un cuerpo que la devuelve a la existencia actual, a una traducci&oacute;n que le permita desplegarse en las condiciones de la vida contempor&aacute;nea. <strong>Los s&iacute;ntomas son como la expresi&oacute;n de una vida que no puede hacerse en el tiempo que nos toca vivir, una soluci&oacute;n de compromiso entre las exigencias de esa imposibilidad y la de mis deseos de estar en el mundo que me ha tocado.</strong> &iquest;C&oacute;mo voy a querer borrar semejante joya arqueol&oacute;gica y antropol&oacute;gica? Los analistas, antes que &ldquo;profesionales de la salud&rdquo; &ndash; que legalmente lo somos, porque tenemos t&iacute;tulos habilitantes para poder ejercerlo &ndash; somos lectores de jerogl&iacute;ficos, lectores de lenguas medio muertas y vivas, tal como la pulsi&oacute;n que Freud dividi&oacute; entre pulsiones de muerte y de vida. Y que nos habitan mezcladas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La realidad del análisis es una realidad “de a dos” en la que también cabe la realidad contemporánea. Nada que ver con la idea de una objetividad clásica.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &ldquo;Podemos ser nuestros propios devoradores, nuestros propios consumidores, organizar nuestra vida y nuestros movimientos en funci&oacute;n de un desgaste medido por el consumo (...)&rdquo;, seg&uacute;n se puede leer en la conclusi&oacute;n del libro, mientras que el psicoan&aacute;lisis se ocupa de &ldquo;lo inconsumible&rdquo;, &ldquo;del carozo de la aceituna&rdquo;, &ldquo;de lo Real que se resiste al consumo&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; hace que el psicoan&aacute;lisis se mantenga al margen? &iquest;C&oacute;mo se sostiene sin convertirse en un producto m&aacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;<strong> </strong>Gran tema. Es responsabilidad de los analistas no hacer que el psicoan&aacute;lisis sea otro consuelo, es decir, otro producto para el consumo y la satisfacci&oacute;n de corto alcance que luego busca la renovaci&oacute;n del producto, el cambio de envase, para repetir la acci&oacute;n de consumir. Para eso, los analistas se tienen que orientar por lo Real. Esto significa que el analista, por su deseo de analizar, pone lo simb&oacute;lico en una relaci&oacute;n de tensi&oacute;n con lo Real, es decir, con el l&iacute;mite por el que, afortunadamente, no se puede saber todo, ni prevenir todo, ni elaborar todo. El famoso concepto de &ldquo;trauma&rdquo; freudiano es estructural y tiene que ver con este l&iacute;mite. <strong>Fue por eso que Freud abandon&oacute; la teor&iacute;a originaria del trauma ligado a alg&uacute;n tipo de abuso de parte de los adultos a los ni&ntilde;os.</strong> El &ldquo;trauma&rdquo; est&aacute; en el origen de la estructura ps&iacute;quica, y es inanalizable en los t&eacute;rminos de la reducci&oacute;n a cero de ese imposible &ndash;lo Real&ndash; por obra de un trabajo simb&oacute;lico de elaboraci&oacute;n que finalmente haga que se &ldquo;sepa todo de uno mismo&rdquo;. Eso ser&iacute;a retornar al individuo, cuando el psicoan&aacute;lisis recupera al sujeto, es decir, a ese individuo dividido entre su conciencia y lo inabarcable de la historia que llega hasta la causa de su existencia. El individuo tiende, en cambio, a sentirse acabado y realizado cuando termina de construir una versi&oacute;n de su autonom&iacute;a, de su origen &ldquo;autosustentable&rdquo;, y as&iacute; no deberle nada a nadie, y considerarse a s&iacute; mismo art&iacute;fice de su ser de individuo. Es absurdo. <strong>El individuo construye un mundo sin otros, en cambio el psicoan&aacute;lisis se basa en la existencia previa de un Otro que es la lengua</strong>, y, como tal, el decantado de la historia y la evoluci&oacute;n de la existencia humana.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;</strong> <strong>Cada tanto asistimos a una especie de despedida o de certificado de defunci&oacute;n otorgado al psicoan&aacute;lisis. &iquest;Por qu&eacute; cree que ocurre esto? &iquest;Por qu&eacute; considera que insisten esos discursos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Porque <strong>el psicoan&aacute;lisis no se adapta a los discursos pragm&aacute;ticos que hablan de resolver las cosas ya mismo</strong>, incluso antes de que los problemas existan. El ideal de ese pragmatismo, a ese nivel, es el de un mundo sin problemas, y lo que el psicoan&aacute;lisis dice es que, en primer lugar, el mundo no existe, en el sentido de una redondez, de un conjunto en el que todo est&aacute; adentro y nada afuera; al contrario, el psicoan&aacute;lisis disuelve la idea de un adentro y un afuera para inaugurar un circuito de pensamiento, al que podr&iacute;amos denominar &ldquo;circuito pulsional&rdquo; que recorre el adentro y el afuera como partes de una misma superficie. Parad&oacute;jicamente, en ese &ldquo;mundo&rdquo; que lo globaliza todo y en el que hay cada vez m&aacute;s &ldquo;mundo&rdquo;, tenemos cada vez m&aacute;s problemas, que no son tales sino m&aacute;s bien son calamidades. Los problemas son parte de la vida, pero se los asocia a la calamidad, y el sentido m&aacute;s pragm&aacute;tico de la vida que promueven recursos del sistema como la publicidad, por ejemplo, es que una vida sin problemas es posible, un mundo de puro confort y comodidad. <strong>El deseo incomoda, y el deseo es el principio de la lectura freudiana. Renunciar el deseo genera depresi&oacute;n, y esa es, tal vez, la calamidad m&aacute;s extendida del mundo contempor&aacute;neo. </strong>Recuperemos la capacidad de tener problemas sin desesperar por resolverlos ya mismo, porque el apuro, la precipitaci&oacute;n, la acci&oacute;n desmedida y autosuficiente, es decir, la acci&oacute;n por la acci&oacute;n en s&iacute; nos convierte en ratoncitos que no se enteran de que corren y corren solo para hacer girar la rueda, sin darse cuenta de que siempre est&aacute;n parados en el mismo punto, a pesar de toda la acci&oacute;n que despliegan. El psicoan&aacute;lisis apuesta por dar el salto y vernos en d&oacute;nde nos est&aacute;bamos cansando y desgastando, en d&oacute;nde mov&iacute;amos la rueda del &ldquo;mundo&rdquo; sin que nosotros nos movamos un mil&iacute;metro. Y eso es imperdonable para los que forman el &ldquo;mundo&rdquo;. Tal vez por eso, entre otras cosas, siempre est&aacute; firmado y extendido el certificado de defunci&oacute;n del psicoan&aacute;lisis, a la espera de que alguien lo tome de forma definitiva.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/jose-luis-juresa-psicoanalisis-no-consuelo-terapeutico-resistido_1_11450108.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Jun 2024 03:00:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Luis Juresa: “El psicoanálisis no es un consuelo terapéutico y por eso es resistido”]]></media:title>
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