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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Resentimiento]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/resentimiento/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Resentimiento]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Políticas del resentimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/politicas-resentimiento_129_11452256.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7fdc8d40-b7e6-4c3b-b21c-74cae250240c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Políticas del resentimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El resentimiento, sea de derecha o de izquierda, tiende mucho más a ir contra personas que contra sistemas. Transformarlo, a partir de ideas que lo orienten bien, supone que deje de ser vehículo mezquino contra una persona con una convicción firme para ir contra la existencia de esa posición.</p></div><p class="article-text">
        Supongo que es normal, cuando una se dedica a algo que es al mismo tiempo tan anticuado y tan infantil como escribir (pienso que tengo la suerte de tener claro lo tierno de mi ocupaci&oacute;n: leo a mucha gente a la que esa falta de autoconciencia se le nota), alternar sin soluci&oacute;n de continuidad entre el nihilismo y la solemnidad total. Momentos en que una se ensimisma en lo que est&aacute; haciendo como si escribiera para que no leyera nadie y momentos en que piensa en la responsabilidad de poder tomar la pluma como si algo del presente o del futuro realmente se jugara en ese gesto, en lo que una fuera capaz de decir. Ninguna de las dos cosas es completamente cierta nunca. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando estoy en el segundo polo, o cerca de &eacute;l, me pregunto c&oacute;mo viven otros escritores la relaci&oacute;n entre lo que est&aacute;n leyendo o escribiendo y lo que va sucediendo a su alrededor. Supongo que hay gente que est&aacute; cien por ciento en sus cosas, que intenta (y logra) que nada de lo que sucede alrededor penetre sus procesos; nunca fui de esos. Del otro lado, calculo que hay gente que va investigando y leyendo sobre las novedades literarias, y tambi&eacute;n gente que se va entusiasmando con cuestiones de la realidad, m&aacute;s personal o m&aacute;s p&uacute;blica, seg&uacute;n el caso, y deja que su obra vaya siendo orientada por esos vaivenes ajenos e inapelables. No fui nunca cien por ciento de esos, tampoco, pero quiz&aacute;s s&iacute; hubo &eacute;pocas en las que estuve muy atenta a informarme sobre lo que estaba sucediendo a mi alrededor, armando incluso mi propia agenda de temas y obsesiones a partir de eso. 
    </p><p class="article-text">
        Hace un par de a&ntilde;os, no obstante, que encontr&eacute; una especie de equilibrio que me queda bien, y que es hacer algo parecido a esto que dije reci&eacute;n, pero al rev&eacute;s: yo estoy en mis cosas, en lo que sea que estoy leyendo o escribiendo por la raz&oacute;n que sea, y lo que sea que va pasando lo leo a la luz de eso. En el fondo es como un hor&oacute;scopo: elegir una clave azarosa para pensar la actualidad, en lugar de buscar la mejor manera o la m&aacute;s precisa de pensarla. A veces me pierdo asuntos clave, esa vendr&iacute;a a ser la desventaja; y otras veces veo cosas que solo un cruce caprichoso te puede mostrar.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto para decir que cuando esta semana me enter&eacute; de que se hab&iacute;an llevado presos al voleo en la manifestaci&oacute;n del jueves y los iban a tener qui&eacute;n sab&iacute;a cu&aacute;nto yo estaba leyendo sobre el resentimiento. Es un asunto largo, pero lo que ten&iacute;a entre manos era <em>Identity: The Demand for Dignity and the Politics of Resentment</em>, el libro que <strong>Francis Fukuyama</strong> empez&oacute; a perge&ntilde;ar cuando <strong>Donald Trump</strong> gan&oacute; la presidencia de Estados Unidos y que se publicar&iacute;a finalmente en 2018. Hac&iacute;a unas semanas hab&iacute;a le&iacute;do &ldquo;&iexcl;Viva el resentimiento!&rdquo;, un ensayo de <strong>Mark Fisher</strong> que en espa&ntilde;ol sali&oacute; publicado en <em>Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresi&oacute;n, hauntolog&iacute;a y futuros perdidos</em>. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mi primer instinto fue tachar todo lo que había escrito en contra del resentimiento: qué otra cosa se puede sentir por gente que se alegra de ver a alguien que no hizo nada encerrado en Marcos Paz. Pero no taché nada, porque nunca hay que tachar nada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En principio parec&iacute;a que Fisher y Fukuyama utilizaban el concepto de resentimiento de maneras contrapuestas: mientras Fisher cree que el resentimiento es una buena v&iacute;a para lograr que las personas se sumen a la lucha contra la injusticia, Fukuyama llamaba &ldquo;pol&iacute;ticas del resentimiento&rdquo; a este fen&oacute;meno en el cual un l&iacute;der (pongamos Trump, Putin o Milei) logra movilizar a un grupo (pongamos, los hombres blancos) en torno de la creencia de que su identidad ha sido menospreciada y hace falta alguna suerte de restituci&oacute;n de dignidad a su comunidad y sus valores; que quienes los han devaluado (pongamos, los migrantes, las mujeres o los homosexuales) vuelvan a reconocerles su superioridad intr&iacute;nseca. 
    </p><p class="article-text">
        Pero si una sigue leyendo, es evidente que las lecturas de Fisher y Fukuyama sobre el resentimiento y su rol en la pol&iacute;tica tienen bastantes rasgos en com&uacute;n; Fukuyama, de hecho, reconoce que la izquierda supo utilizar en otra &eacute;poca el resentimiento contra los capitalistas ricos para hacer crecer sus bases; el problema, dice, es que hoy las identidades que circulan son mucho m&aacute;s peque&ntilde;as. La izquierda ya no quiere o no puede movilizar a las masas en torno de lealtades m&aacute;s amplias como &ldquo;los oprimidos&rdquo; o &ldquo;los que trabajan&rdquo;; es la derecha la que ha logrado movilizar el resentimiento en torno de una identidad grande y abstracta como &ldquo;la gente sana y normal&rdquo; contra &ldquo;los desviados&rdquo; o &ldquo;los que viven del Estado&rdquo;. Fukuyama, entonces, piensa que el resentimiento hoy est&aacute; mal dirigido; pero no parece descartar del todo que se pueda dirigir bien, como quer&iacute;a Fisher. 
    </p><p class="article-text">
        En mis notas para lo que estoy escribiendo sobre eso puse que entonces no me queda claro que el resentimiento sea la llave de nada, como suele suceder con las emociones en pol&iacute;tica; si el resentimiento puede ser de izquierda o de derecha, entonces lo m&aacute;s importante es tener ideas que lo orienten bien; y dir&iacute;a m&aacute;s, incluso. Creo que el resentimiento tiende mucho m&aacute;s a orientarse contra personas que contra sistemas; hay que transformarlo bastante, me parece, para que pase de ser un sentimiento mezquino contra una persona que ocupa una posici&oacute;n a una convicci&oacute;n firme que nos lleve a actuar contra la existencia de esa posici&oacute;n. En esto estaba yo, entonces, cuando empec&eacute; a ver los videos de las detenciones, y las reacciones en Internet a esos videos. Efectivamente, hab&iacute;a mucha emoci&oacute;n de ambos lados: ira y angustia por la arbitrariedad de un lado, regocijo y sarcasmo del otro (&ldquo;presos pol&iacute;ticos por quemar un auto&rdquo;, tuiteaban los supuestos liberales sobre gente que no hab&iacute;a quemado ning&uacute;n auto y estaba presa con imputaciones rar&iacute;simas). 
    </p><p class="article-text">
        Mi primer instinto fue tachar todo lo que hab&iacute;a escrito en contra del resentimiento: qu&eacute; otra cosa se puede sentir por gente que se alegra de ver a alguien que no hizo nada encerrado en Marcos Paz. Pero no tach&eacute; nada, porque nunca hay que tachar nada. Nom&aacute;s anot&eacute; que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la pol&iacute;tica viene haciendo de terap&eacute;utica, y que incluso si ciertas emociones no son tan &uacute;tiles pol&iacute;ticamente (porque la verdad es que la mayor&iacute;a de mis amigos indignados no se moviliz&oacute; a ninguna parte; los que fueron a actuar son los de las organizaciones que van siempre, los abogados de derechos humanos, la gente que siempre est&aacute; y que, de hecho, ya est&aacute; tan habituada a la angustia y la impotencia que tiene muchos recursos para vivenciarlas) hay que encontrar la manera de darle una cabida a eso, de convertirlo en algo que s&iacute; sirva, porque para muchas personas hoy, sobre todo personas j&oacute;venes, la emoci&oacute;n y su demostraci&oacute;n histri&oacute;nica son las formas centrales de estar en el mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Anot&eacute;, tambi&eacute;n, que Fukuyama tiene raz&oacute;n y el resentimiento quiz&aacute;s incluye mucho potencial, pero en nuestra &eacute;poca tiene tambi&eacute;n una inclinaci&oacute;n demasiado fuerte a lado derecho del coraz&oacute;n; porque esa iron&iacute;a que lleva impl&iacute;cita un &ldquo;algo habr&aacute;n hecho&rdquo; es exactamente eso, esa satisfacci&oacute;n neur&oacute;tica con una venganza contra no s&eacute; entiende qui&eacute;n por haberte hecho alg&uacute;n da&ntilde;o que tampoco queda demasiado claro.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/politicas-resentimiento_129_11452256.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Jun 2024 03:00:56 +0000]]></pubDate>
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