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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - José Saramago]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/jose-saramago/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - José Saramago]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una casa hecha de libros: el hogar-museo de José Saramago es un santuario para amantes de la literatura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/casa-museo-jose-saramago-lanzarote_1_11461825.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/33381db7-f6b5-4080-9b64-a80ab39772b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una casa hecha de libros: el hogar-museo de José Saramago es un santuario para amantes de la literatura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras decenas de viajeros iberoamericanos marcan Lanzarote (una isla del archipiélago canario, en España) como parada indispensable para visitar la casa de José Saramago, para algunos locales pasa casi desapercibido. Viajamos al interior de la isla. A un lugar, ajeno al turismo de masas, pero de un valor indiscutible.

</p></div><p class="article-text">
        Lanzarote no estaba en sus or&iacute;genes y, sin embargo, fue donde Saramago decidi&oacute; exiliarse. All&iacute; escribir&iacute;a <em>Ensayo sobre la ceguera </em>(1995), recibir&iacute;a el Nobel de Literatura y pasar&iacute;a sus &uacute;ltimos dieciocho a&ntilde;os hasta morir junto a su esposa, Pilar del R&iacute;o, que contin&uacute;a hoy su legado.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Lanzarote, no siendo mi tierra, es tierra m&iacute;a&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s Napole&oacute;n tenga la culpa de que una isla parezca el mejor lugar para exiliarse. Un pedazo de tierra volc&aacute;nica rodeada de kil&oacute;metros de Atl&aacute;ntico, un viento c&aacute;lido, aunque incesante, y una historia que ya pertenec&iacute;a al imaginario emocional de Saramago antes de que visitara siquiera Lanzarote.
    </p><p class="article-text">
        Y es que la isla no emergi&oacute; del mar tal como la conocemos. Se cree que primero sali&oacute; el volc&aacute;n de Los Ajaches, que compondr&iacute;a lo que es hoy el sur de la isla. Luego, el de Famara, al norte de Lanzarote y finalmente, entre estos dos, uno mucho m&aacute;s peque&ntilde;o: el edificio volc&aacute;nico de T&iacute;as, que acabar&iacute;a por unirlos en una sola isla.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a la villa de T&iacute;as la que se convirti&oacute; en el nuevo hogar de Saramago, como si su propia vida fuese un remate de <em>La balsa de piedra.</em> Un libro en el que el escritor <a href="https://www.eldiario.es/internacional/regreso-utopia-iberica_1_1144736.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hab&iacute;a imaginado a&ntilde;os atr&aacute;s una Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica despegada del resto de Europa</a>, flotando rumbo a Am&eacute;rica para unirse en un gran continente iberoamericano.
    </p><p class="article-text">
        Fue amor a primera vista: el mismo d&iacute;a en que &eacute;l y Pilar aterrizaron para visitar a unos familiares, empezaron a hablar de construir lo que es hoy la Casa Museo de Jos&eacute; Saramago.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Siempre acabamos llegando a donde nos esperan&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Al entrar, m&aacute;s que a un museo, la sensaci&oacute;n que prevalece es la de haber llamado a la puerta de un conocido. Primero, por lo reducido del grupo con el que comenzamos la visita. De los m&aacute;s de tres millones de turistas que aterrizan cada a&ntilde;o en Lanzarote, poco m&aacute;s de una decena de personas cruzan estas puertas cada d&iacute;a. No se trata de un turismo de sol y playa, sino de uno af&iacute;n a la cultura y a una figura que mueve a cientos de viajeros desde el otro lado del charco. &ldquo;Muchos vienen a Lanzarote s&oacute;lo para visitar la casa&rdquo;, nos cuenta la directora, Mar&iacute;a del R&iacute;o, sobre quienes llegan desde M&eacute;xico, Brasil y otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La falta de se&ntilde;alizaci&oacute;n no contribuye, explica, aunque en ese 'secretismo' reside tambi&eacute;n parte de su encanto, siendo c&oacute;mplice de la intimidad que desprende. Los objetos personales dan la sensaci&oacute;n de que Saramago fuese a entrar en cualquier momento, poner un disco y sentarse a escribir frente a la vieja pantalla de ordenador en la que comenz&oacute; <em>Ensayo sobre la ceguera.</em>
    </p><p class="article-text">
        Entre lo ex&oacute;tico de la visita, est&aacute; encontrarnos en una casa habitada. En la casa contigua, con jard&iacute;n compartido, todav&iacute;a viven sus cu&ntilde;ados, y su mujer sigue aloj&aacute;ndose aqu&iacute; cuando pasa por la isla. &ldquo;&iquest;Tambi&eacute;n est&aacute; abierto cuando ella est&aacute;?&rdquo;, preguntamos. Nos confirman que as&iacute; es. Pilar insiste en que la casa nunca deje de poder visitarse.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Estudio de José Saramago en su casa de Tías, Lanzarote.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">&ldquo;Una casa hecha de libros&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Si para Saramago &ldquo;todo es autobiograf&iacute;a&rdquo;, esta casa logra ser la quintaesencia de esa mezcla de vida y literatura. La suya se desprende desde su propia intrahistoria hasta la estructura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A casa abri&oacute; como museo nueve meses despu&eacute;s de morir Saramago como gui&ntilde;o a <em>El a&ntilde;o de la muerte de Ricardo Reis,</em> el libro donde relat&oacute; los nueve meses tras la muerte de Pessoa. Al entrar, un espacio abierto hace recorrer la galer&iacute;a, el sal&oacute;n o el estudio sin puertas ni frenos que nos detengan, un recorrido sin pausas que fluye tan de seguido como &eacute;l mismo escrib&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En el estudio donde comenz&oacute; <em>Ensayo sobre la ceguera, </em>la mesa de pino muestra las patas mordidas por sus perros, tan presentes en sus obras. Uno de ellos apareci&oacute; all&iacute; un buen d&iacute;a y se qued&oacute; para siempre, igual que el del alfarero Cipriano Algor, protagonista de <em>La caverna, </em>a quien tambi&eacute;n nos recuerda la colecci&oacute;n de vasijas de cer&aacute;mica de Lanzarote que presiden la que &eacute;l llamaba &ldquo;la mejor obra&rdquo;: las ventanas del sal&oacute;n con vistas al Atl&aacute;ntico.
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            <span class="title">
                Salón de la Casa Museo de José Saramago.                            </span>
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        Alrededor, cada uno de los cuadros del sal&oacute;n homenajea alguno de sus libros m&aacute;s famosos. Plumas, tinteros, piedras de sus viajes, fotograf&iacute;as pegadas con un im&aacute;n a la nevera. Retratos de Pessoa, Tolstoi, Joyce, Kafka, Proust y Lorca, sus grandes referentes. Gui&ntilde;os privados en todos los relojes parados a las cuatro de la tarde, la hora a la que conoci&oacute; a su mujer. Un grabado de Millares. Claveles rojos en cada estancia evocan a una revoluci&oacute;n de la que fue part&iacute;cipe. Un cuadro, el primero que pintaron y compr&oacute;, a plazos, sobre su libro <em>Levantado del suelo,</em> muestra un grupo de jornaleros portugueses camino a una reuni&oacute;n clandestina que dar&iacute;a pie a la Revoluci&oacute;n de los Claveles.
    </p><p class="article-text">
        Porque hablar de Saramago es hablar de su compromiso social, de la defensa de los derechos humanos y de su af&aacute;n por ser esos ojos abiertos cuando el mundo est&aacute; ciego que intent&oacute; trasladarnos en <em>Ensayo sobre la ceguera.</em> Otra met&aacute;fora m&aacute;s donde su vida trasciende en su literatura.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;No es que sea pesimista, es que el mundo es p&eacute;simo&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Su posici&oacute;n revolucionaria frente a los poderes, el econ&oacute;mico y el eclesi&aacute;stico, fue tambi&eacute;n la que le llev&oacute; a autoexiliarse despu&eacute;s de que la obra <em>El Evangelio seg&uacute;n Jesucristo</em> fuera censurada, eliminada por el entonces presidente de Portugal, Cavaco Silva, de entre las elegidas para representar a su pa&iacute;s en el Premio Europeo Literario.
    </p><p class="article-text">
        Muchas fueron las personalidades de la cultura, el periodismo o la pol&iacute;tica que decidieron venir hasta aqu&iacute; a visitarlo en apoyo ante su exilio. En la cocina, encontramos fotograf&iacute;as en la casa con Bernardo Bertolucci, Eduardo Galeano, Marisa Paredes, Juan Goytisolo, Jos&eacute; Luis Sampedro, &Aacute;ngeles Mastretta, Sebasti&atilde;o Salgado, Susan Sontag, Almod&oacute;var, Zapatero o Carrillo, entre otros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Jardín. Al fondo a la izquierda, la entrada a la piscina cubierta en la que el escritor nadaba por las tardes."
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                Jardín. Al fondo a la izquierda, la entrada a la piscina cubierta en la que el escritor nadaba por las tardes.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">&ldquo;Antes de construir el primer barco, el hombre se sent&oacute; en la playa a mirar el mar&rdquo;</h3><p class="article-text">
        De Lisboa dej&oacute; dicho que era &ldquo;el lugar donde acaba el mar y la tierra comienza&rdquo;. La sensaci&oacute;n, cuando se sent&oacute; por primera vez en lo que entonces era un solar, no debi&oacute; ser muy diferente. Poco a poco, con cari&ntilde;o, agua y arena, fueron creando este lugar integrado en el paisaje.
    </p><p class="article-text">
        En medio de este jard&iacute;n lanzarote&ntilde;o, junto a una piedra que quiso mantener all&iacute;, los visitantes pueden sentarse en su lugar privilegiado. Una silla para contemplar el mar, para pensar, para sentir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El viento de Lanzarote se cuela entre los olivos, paisaje de su ni&ntilde;ez, las palmeras de las islas, un granado de Granada y, en su d&iacute;a, entre dos membrillos que, aunque no sobrevivieron, el escritor intent&oacute; convertir en receptores de sol de V&iacute;ctor Erice.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;No es verdad. El viaje no acaba nunca. S&oacute;lo los viajeros acaban&rdquo;</h3><p class="article-text">
        La visita termina en la biblioteca, un lugar que empezaron a construir tras darse cuenta de que cada vez que quer&iacute;an leer un nuevo libro necesitaban encargarlo a la pen&iacute;nsula.
    </p><p class="article-text">
        Tras el sof&aacute;, la mesa en la que Saramago escribi&oacute; los cuatro &uacute;ltimos libros de su vida. En las paredes, la ficci&oacute;n se ordena seg&uacute;n la procedencia del autor; la filosof&iacute;a, la pol&iacute;tica y el ensayo, por tem&aacute;tica. Todo ello se mezcla entre cuadros de Jos&eacute; Santa-B&aacute;rbara, del artista cubano Kcho y un grabado de T&agrave;pies junto a <a href="https://acasajosesaramago.com/una-inagotable-esperanza/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un texto sobre la paz y la esperanza</a> que parece haber sido escrito para un momento como el que hoy atravesamos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Biblioteca de la Casa Museo. Al fondo, el retrato hecho por el pintor checo Jiri Dokoupil."
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            <span class="title">
                Biblioteca de la Casa Museo. Al fondo, el retrato hecho por el pintor checo Jiri Dokoupil.                            </span>
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        &ldquo;Al leer estas l&iacute;neas sobre la carne sufriente, no podemos dejar de pensar en lo que est&aacute; pasando en Palestina&rdquo;, nos dice la directora, Mar&iacute;a del R&iacute;o. Fue una de las causas que el escritor defendi&oacute; a lo largo de su vida. Para Mar&iacute;a, A casa es, sobre todo, un foco de cultura y compromiso, escenario de actividades culturales como presentaciones, clubs de lectura, visitas de colegios y asociaciones, con las que pretenden convertirlo en referente cultural tambi&eacute;n dentro de la isla.
    </p><p class="article-text">
        Saramago dej&oacute; dicho: &ldquo;El fin de un viaje s&oacute;lo es el inicio de otro&rdquo;. Le haremos caso. Comenzaremos el viaje de regreso pero, antes, nos llevaremos algunas de sus palabras para lanzarlas al mar dentro de una botella. Conscientes, al fin y al cabo, de que siguen siendo necesarias, aunque hoy hayan pasado catorce a&ntilde;os de su muerte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Rodríguez Hernáiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/casa-museo-jose-saramago-lanzarote_1_11461825.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Jun 2024 14:27:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una casa hecha de libros: el hogar-museo de José Saramago es un santuario para amantes de la literatura]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Saramago,Literatura]]></media:keywords>
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