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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Libertad Lamarque]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Libertad Lamarque]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ilusión de cristal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ilusion-cristal_129_11470257.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac882860-0308-40d7-bb0f-ed7da3084a13_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ilusión de cristal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una canción basada en una historia real. Y una historia –y una escucha– que se transformó fuera de la canción. Un amor prohibido, el de Gricel y José María Contursi, cantado por primera vez en 1942 y cuyos fantasmas secretos acabaron de ser revelados en 1986, en la relectura de Luis Alberto Spinetta y Fito Páez.  Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        El tango &ldquo;Gricel&rdquo;, compuesto en 1942 por <strong>Mariano More</strong>s y <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Contursi</strong> y grabado ese mismo a&ntilde;o &ndash;el 30 de octubre&ndash; por la orquesta de <strong>An&iacute;bal Troilo </strong>con <strong>Franciso Fiorentino</strong> como cantante, se prolonga en&nbsp;dos sentidos. Por un lado, su historia se completa con algo que sucede fuera del &aacute;mbito de la canci&oacute;n pero que la canci&oacute;n acaba incluyendo como su propio fantasma. Por otro, 44 a&ntilde;os despu&eacute;s, otra versi&oacute;n, o m&aacute;s bien una transcripci&oacute;n, en el sentido de &ldquo;escucha firmada&rdquo; que le da a esta palabra el music&oacute;logo <strong>Peter Szendy</strong>, incorpora ese fantasma, y cierta idea de amenaza, como contenido musical. 
    </p><p class="article-text">
        La an&eacute;cdota de &ldquo;Gricel&rdquo; refiere a un amor &ldquo;ileg&iacute;timo&rdquo;. Un hombre casado y una mujer ilusionada.&nbsp;Una distancia geogr&aacute;fica &ndash;&ldquo;Tu ilusi&oacute;n fue de cristal,/ se rompi&oacute; cuando part&iacute;/ pues nunca, nunca m&aacute;s volv&iacute; /&iexcl;Qu&eacute; amarga fue tu pena!...&rdquo;&ndash; y una oposici&oacute;n entre alguien que decide y quien es v&iacute;ctima de esa decisi&oacute;n, ambos atravesados por una moral inflexible a la que, de todas maneras, no acatan. &Eacute;l no debi&oacute; pensar jam&aacute;s en lograr su coraz&oacute;n, pero, por supuesto, lo hizo. Y ella, que era &ldquo;buena&rdquo;, fue &ldquo;aturdida&rdquo; por sus besos. Para reforzar esa idea de bondad &ndash;o santidad&ndash; femenina, ella implorar&aacute; que &eacute;l no la olvide &ldquo;al besar el Cristo aquel&rdquo;. La canci&oacute;n podr&iacute;a haber terminado all&iacute;, en la fugacidad de lo condenable: en el hombre que vuelve a su deber &ndash;la esposa, los hijos&ndash; y la mujer que, a la larga, olvidar&aacute; su pena. Pero nada resulta de esa manera. &ldquo;...hoy que vivo enloquecido/ porque no te olvid&eacute; ni te acuerdas de m&iacute;/ &iexcl;Gricel! &iexcl;Gricel!&rdquo;, clama &eacute;l. Y hab&iacute;a otra estrofa, que la versi&oacute;n de Troilo y Fiorentino omit&iacute;a, pero que cant&oacute; <strong>Libertad Lamarque</strong>, apenas unos d&iacute;as antes que Troilo, el 6 de octubre de 1942: &ldquo;Me falt&oacute; despu&eacute;s tu voz/ y el calor de tu mirar/ y como un loco te busqu&eacute;/ pero ya nunca te encontr&eacute;/ y en otros besos me aturd&iacute;/ &iexcl;Mi vida toda fue un enga&ntilde;o!&rdquo;, confesaba all&iacute; el amante. Y conclu&iacute;a: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; ser&aacute;, Gricel, de m&iacute;?/ Se cumpli&oacute; la ley de Dios/ porque sus culpas ya pag&oacute;/ quien te hizo tanto da&ntilde;o.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Gricel era Gricel (<strong>Susana Gricel Vigan&oacute;</strong>) en la vida real. Y &eacute;l era Contursi. Y todos lo sab&iacute;an. Y &eacute;l se emborrachaba en El Molino. Y &eacute;l, m&aacute;s tarde, enviud&oacute;, Y ella, que se hab&iacute;a casado, fue abandonada. Y el tango continu&oacute; fuera del tango. Y ellos acabaron viviendo juntos en C&oacute;rdoba, nuestra peque&ntilde;a monta&ntilde;a m&aacute;gica. Y todo estuvo bien hasta que <strong>Luis Alberto Spinetta</strong> y <strong>Fito P&aacute;ez</strong>, en 1986 (en el disco <em>La la la</em>), revelaron, con un procedimiento musical, la posible naturaleza oculta de las frases &ldquo;no te olvides de m&iacute;&rdquo; y &ldquo;ni te acuerdas de m&iacute;&rdquo;: una amenaza, un sortilegio, una brujer&iacute;a pueblerina. Y es que habr&iacute;a que pensar, como asegura el music&oacute;logo <strong>Simon Frith</strong>, que es la m&uacute;sica la que le da significado a la letra y no, como parecer&iacute;a a primera vista, lo contrario. Nada ser&iacute;a igual, en todo caso, sin ese ascenso extraordinario de tres notas (cubriendo una tercera, entre do y mi) seguido por un descenso de cuatro (abarcando un intervalo de sexta), y transportado a continuaci&oacute;n una tercera m&aacute;s grave, que marca uno de los momentos m&aacute;s inspirados de la historia de la canci&oacute;n popular. Un momento que, por otra parte, remeda otro pasaje extraordinario, el comienzo del primer movimiento de la <em>Sinfon&iacute;a N&ordm; 4</em> de <strong>Johannes Brahms</strong> (en realidad, como muestra <strong>Arnold Sch&ouml;nberg</strong> en su texto &ldquo;Brahms el progresivo&rdquo;, todo ese movimiento est&aacute; basado en esos dos intervalos, una tercera y su inversi&oacute;n, una sexta). Sin esa melod&iacute;a es posible que las palabras &ldquo;no deb&iacute; pensar jam&aacute;s en lograr tu coraz&oacute;n&rdquo; no significaran absolutamente nada. Y, con claridad, la interpretaci&oacute;n magistral de <strong>Roberto Goyeneche</strong> con la orquesta de <strong>Atilio Stampone</strong>, en 1972 (que abr&iacute;a el disco <em>Sentimiento tanguero</em>) agrega sentido a la pieza. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la ecuaci&oacute;n reci&eacute;n se completa con ese tratamiento sonoro de Spinetta y P&aacute;ez, que llegan a utilizar como acompa&ntilde;amiento el ruido de un tren de vapor en marcha y que, con su nota repetida durante la primera estrofa (tan <strong>George Martin</strong>), con el cambio de algunos acordes y el agregado de alguna l&iacute;nea de bajo convierten a &ldquo;Gricel&rdquo; en una especie de canci&oacute;n beatle le&iacute;da (firmada) por las inflexiones vocales de Spinetta que, cerrando un c&iacute;rculo parad&oacute;jico, le dan una melancol&iacute;a que, aun sin ser del tango, s&oacute;lo podr&iacute;a haber nacido en Buenos Aires. 
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es un dato menor el pr&eacute;stamo que Spinetta se hace aqu&iacute; a s&iacute; mismo. El acorde inicial de &ldquo;Gricel&rdquo; (un Fa Mayor con s&eacute;ptima) es el mismo &ndash;con el mismo sonido, adem&aacute;s&ndash; de &ldquo;Ella tambi&eacute;n&rdquo;, esa canci&oacute;n extraordinaria que hab&iacute;a incluido en <em>Kamikaze</em>. Ella tambi&eacute;n, Gricel, atraves&oacute; el tiempo, como su historia. Y claro, all&iacute; est&aacute; esa voz procesada, de otro mundo, que aparece cada vez que se menciona el olvido. Lo interesante es que lo fantasmal estaba ya anunciado en el arreglo fundante, el de la orquesta de Troilo, donde el piano de <strong>Orlando Go&ntilde;i</strong> funcionaba como un doble de la orquesta, contestando &ndash;como desde el m&aacute;s all&aacute;&ndash; cada una de sus frases. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Jun 2024 13:56:28 +0000]]></pubDate>
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