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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Griselda Gambaro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/griselda-gambaro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Griselda Gambaro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Griselda Gambaro, tan grande y tan pequeña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/griselda-gambaro-grande-pequena_128_13513085.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e08b6101-cc6d-4466-9923-051f750ea272_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x257y112.jpg" width="1200" height="675" alt="Griselda Gambaro, tan grande y tan pequeña"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La dramaturga y escritora argentina falleció este martes a los 98 años. En este reportaje publicado originalmente en Damiselas en apuros, en enero de 2019, habla sobre el descubrimiento de su conciencia de género, el papel de las mujeres en el teatro y el aborto.</p><p class="subtitle">Murió Griselda Gambaro, la autora que cambió para siempre el teatro argentino
</p></div><p class="article-text">
        <em>Grande, muy grande como creadora de ficciones para la escena y la narrativa. Peque&ntilde;a f&iacute;sicamente y desprovista de toda forma de solemnidad o de presunci&oacute;n. Es un privilegio para&nbsp;</em><em><strong>Damiselas&nbsp;</strong></em><em>haber podido conversar un par de horas con Griselda Gambaro, escucharla discurrir, entre otros temas, sobre el descubrimiento de su conciencia de g&eacute;nero, algunas de sus numerosas obras, el lugar de las mujeres en el teatro argentino, el derecho al aborto (&ldquo;un tema tapado, negado, que ning&uacute;n candidato encara ni de lejos, un tema que quema&rdquo;). Y lo &uacute;ltimo pero no lo menos importante, o&iacute;rle declarar su amor agradecido por la naturaleza, por sus plantas que reverdecen una vez m&aacute;s en esta primavera.</em>
    </p><p class="article-text">
        Jovial, generosa, espont&aacute;nea, Griselda no se apura, el di&aacute;logo es distendido. Solo se preocupa por el trabajo que dar&aacute; la desgrabaci&oacute;n de esta entrevista que en algunos momentos se desv&iacute;a hacia temas m&aacute;s personales que quedar&aacute;n afuera. La frescura del di&aacute;logo hace que en ciertos tramos la cronista se olvide de las formalidades propias del reportaje a esta important&iacute;sima escritora, entre los/as mayores autores/as de dramaturgia y narrativa locales. Porque Gambaro produce esa conexi&oacute;n verdadera y no tiene intenciones de vender nada.
    </p><p class="article-text">
        La nobleza e integridad de esta artista se trasluce en toda su literatura, en su tratamiento de temas a veces terribles que aluden a la condici&oacute;n humana, pasados por el cedazo de su inteligencia, su sensibilidad, su compresi&oacute;n, su compasi&oacute;n. Por fortuna, casi siempre hay una pieza teatral de Griselda Gambaro en cartel, y varias de sus novelas, adem&aacute;s de ensayos y otros textos para profundizar mejor en la magnitud de su rica, copiosa obra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;El libro&nbsp;</strong><em><strong>El teatro vulnerable</strong></em><strong>, recientemente editado, que re&uacute;ne art&iacute;culos, ponencias y otros textos con tu firma, empieza con una conferencia que diste en Santa Fe en 1972 donde dec&iacute;as: &ldquo;Personalmente, s&eacute; que me debo resarcir de un largo silencio, el que han tenido las mujeres en el teatro, y que, por eso mismo, mi voz deber&aacute; ser m&aacute;s intensa&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es que ya en ese momento era una preocupaci&oacute;n para m&iacute; la situaci&oacute;n de las mujeres en el teatro. Y debo decir que las cosas cambiaron bastante desde esa fecha, aunque no lo suficiente. Me parece que a esta altura las mujeres tienen que entrometerse, si hace falta, un poco por la fuerza, por autoridad de presencia. No esperar a ser llamadas, a ser elegidas. Generar sus propios proyectos, trabajarlos bien, presentarlos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>&ndash;Aun cuando es progresivo el avance de las mujeres en el teatro, en algunos casos no se nota la asunci&oacute;n del propio g&eacute;nero, de sus genuinos intereses como mujeres.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es cierto. Pero sin duda hay algunas autoras y directoras que se preocupan, que les importa la historia y la experiencia femeninas, aunque quiz&aacute;s no sean la mayor&iacute;a. Por lo que yo conozco, las cuestiones de g&eacute;nero est&aacute;n un poco relegadas. Por otra parte, es raro encontrar a una directora, a una actriz que te diga: yo no hago esta obra porque no estoy de acuerdo ideol&oacute;gicamente. Creo que hay unos cuantos autores que deber&iacute;an resultarles detestables a las mujeres concientizadas. Pero hay que considerar que se puede tratar de oportunidades de trabajo que no les conviene dejar pasar. Tambi&eacute;n es cierto que no todas saben reconocer la misoginia, que est&aacute; muy instalada, se ha vuelto &ldquo;natural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Bueno, si encend&eacute;s la radio o el televisor, si mir&aacute;s las tapas de las revistas en el quiosco o las secciones de chismes de la far&aacute;ndula en cualquier diario, la imagen de la mujer que predomina es realmente lamentable&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, a m&iacute; me averg&uuml;enza profundamente esa categor&iacute;a de mujeres desde mi propio g&eacute;nero. Me da como verg&uuml;enza ajena verlas sobre todo en la televisi&oacute;n, vendiendo el cuerpo de esa manera tan miserable, alimentando el machismo. Y me parece bastante asombroso que eso ocurra durante el d&iacute;a, que no haya l&iacute;mites que protejan a los chicos de semejantes exhibiciones. Porque se supone que ac&aacute; hay una instituci&oacute;n que deber&iacute;a hacerlo, si no me equivoco es el Comfer. &iquest;Por qu&eacute; ese miedo de se&ntilde;alar lo que es tan denigrante, sexista y da&ntilde;ino en los medios? Como si hubiera un temor de ser acusado de censores cuando se trata de proteger a los ni&ntilde;os, de cuidar un poco el lenguaje.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Hay burlas, expresiones discriminatorias que ya nadie se atrever&iacute;a a hacer con respecto a los gays, a otras etnias o religiones, pero cuyo equivalente se sigue aplicando a las mujeres.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es cierto, cuando se trata de las mujeres, no se registra como agravio sino como gracia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Cuando empezaste a ser conocida como escritora en los &rsquo;60, &iquest;no hab&iacute;a en vos todav&iacute;a una conciencia clara y definida de que, desde tu condici&oacute;n de mujer, pod&iacute;as tener un enfoque diferente del de los autores varones?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Oh, no. Absolutamente no. Es que no ten&iacute;a elementos en ese entonces, aunque padec&iacute;a las circunstancias, dir&iacute;a. Pero sin tomar esa conciencia. Tuvo que pasar una d&eacute;cada, dos para que yo empezara a reaccionar, a ver esa situaci&oacute;n con mayor claridad. Tampoco la desigualdad estaba reconocida en la sociedad. Al menos, no en el medio donde yo me mov&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Te sent&iacute;as una rareza, sobre todo como dramaturga, no tanto como escritora de narrativa, considerando que el mundo de los autores de teatro era casi exclusivamente masculino?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, claro. Pero yo a&uacute;n no indagaba en m&iacute; misma, te dir&iacute;a. Por supuesto que lo m&iacute;o era raro, eso lo percib&iacute; desde el comienzo. M&aacute;s incluso: ten&iacute;a la voluntad de escribir en un &aacute;mbito donde no se acostumbraba que lo hicieran las mujeres. Casi podr&iacute;a decir que por una cuesti&oacute;n de clase quer&iacute;a ser escritora, ganar espacio en ese campo que me interesaba. Y cuando lo hice, por supuesto que padec&iacute; la situaci&oacute;n de ser mujer en un &aacute;mbito masculino donde los hombres decid&iacute;an, tomaban la palabra. Yo callaba y escuchaba: esta manera de proceder, en resumidas cuentas, finalmente me sirvi&oacute;, me vino bien. Porque me dio un tipo de experiencia, de conocimiento que no habr&iacute;a obtenido si no hubiera escuchado. Yo no ten&iacute;a un mundo de mucha aventura, de mucha amplitud, y tampoco te puedo decir que era atrevida: hac&iacute;a una vida muy familiar, iba a trabajar y volv&iacute;a a mi casa; iba al cine los s&aacute;bados&hellip; En fin, no ten&iacute;a aventuras de ning&uacute;n tipo: ni de sexo ni de droga ni de relaciones particularmente interesantes. Para nada. As&iacute; que me vino bien estar atenta, escuchar las voces de mi padre que era muy, muy autoritario; observar la sumisi&oacute;n de mi madre, la pelea de mis hermanas mayores por llegar un poquito m&aacute;s tarde cuando iban a bailar por la noche los s&aacute;bados&hellip; Creo que fui sumando y procesando esa forma de prestar atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Pero a la vez ten&iacute;as otro tipo de aventuras: las intelectuales, las de la imaginaci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Creo que era Nietzsche el que dec&iacute;a: &ldquo;Mis grandes aventuras son mis pensamientos&rdquo;. Bueno, digamos que lo m&iacute;o no era para tanto. (risas)
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Sin embargo, ten&iacute;as esa vida paralela&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, claro, la vida de la imaginaci&oacute;n, la vida de la escritura que me interesaba mucho. Porque siempre quise escribir, empec&eacute; pronto a hacerlo. Ese impulso guiaba mis apetitos. Era muy grande el deseo de ser escritora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Y lo fuiste realizando con una formaci&oacute;n autodidacta. Porque en esos tiempos no abundaban los talleres como ahora.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Creo que no hab&iacute;a talleres en esa &eacute;poca, o yo no los conoc&iacute;a. Curs&eacute; solamente el secundario, el nacional. Mis amigas siguieron distintas carreras, aunque la mayor&iacute;a de las mujeres eleg&iacute;a letras en la universidad. Yo no. Primero, porque mi familia no me pod&iacute;a costear una carrera universitaria; y segundo, porque yo ten&iacute;a la idea de que si iba a la facultad no iba a poder escribir. As&iacute; que me dediqu&eacute; a leer y a escribir, que son dos actividades que, como vos sab&eacute;s, van juntas: no pod&eacute;s ser escritor si no sos lector.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Empezaste a escribir por tu cuenta, en forma solitaria?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Mir&aacute;, en esa &eacute;poca me alent&oacute; bastante una profesora del secundario que siempre me pon&iacute;a 10, en primero o segundo a&ntilde;o. Despu&eacute;s, en tercer a&ntilde;o, tuve una profesora de castellano, como se llamaba la materia, que actu&oacute; muy distinto. Escrib&iacute; una composici&oacute;n muy barroca pensando que la iba a deslumbrar como a la otra, pero no la impresion&eacute; tan favorablemente: me puso un 3. Eso me vino b&aacute;rbaro porque me oblig&oacute; a ser escueta, sobria, econ&oacute;mica; a no decir con 10 palabras lo que pod&iacute;a decir con una. Las dos me fueron &uacute;tiles: una, porque me alent&oacute; much&iacute;simo; la otra, porque me dijo: &ldquo;Bueno, hasta aqu&iacute; llegaste, pero ahora te doy con un palo&rdquo;. Eso fue en el &aacute;mbito del colegio, despu&eacute;s empec&eacute; a ir mucho a la biblioteca, y bastantes a&ntilde;os m&aacute;s tarde tuve algunos amigos que quer&iacute;an leer lo que escrib&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>&ndash;Cuando encar&aacute;s la dramaturgia, &iquest;no tuviste el reflejo de arrugar un poco frente a ese mundo masculino, con muchos autores consagrados que dominaban la escena?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Sab&eacute;s que pasaba? Resulta que yo era muy inconsciente: pensaba en lo que ten&iacute;a que escribir, y lo escrib&iacute;a. Despu&eacute;s, cuando ya me hab&iacute;a casado, mi marido Juan Carlos Dist&eacute;fano trabajaba en el Instituto Di Tella y conoc&iacute;a al director de la parte audiovisual, que era Roberto Villanueva. Me ofreci&oacute; llevarle mi obra, y se dio que le gustara a Villanueva, y a Jorge Petraglia que la dirigi&oacute;. As&iacute; se estren&oacute;&nbsp;<em><strong>El</strong></em><strong> </strong><em><strong>desatino</strong></em>&nbsp;en el Instituto, en 1965. Pero yo estaba muy ajena a la situaci&oacute;n de ser una rareza en un ambiente masculino. Adem&aacute;s, ten&iacute;a una nena muy chiquita, andaba muy ocupada. Cuando supe que les hab&iacute;a interesado mi obra y que se iba a representar, aliment&eacute; esperanzas de que anduviera bien, de que fuera comprendida. De modo que cuando se estren&oacute; para m&iacute; fue una gran sorpresa el esc&aacute;ndalo que&nbsp;<em><strong>El desatino</strong></em>&nbsp;hab&iacute;a provocado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Pero ese alboroto tuvo voces en contra y voces a favor&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, voces muy en contra, y voces muy a favor. Lo cual fue lindo, debo reconocerlo. Pero todo bastante virulento: o grandes elogios, o casi diatribas. Desagradable, procaz, pornogr&aacute;fica&hellip; Imaginate:&nbsp;<em><strong>El desatino</strong></em>&nbsp;con esos adjetivos que hoy no se pueden entender.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Te parece que tu condici&oacute;n de mujer puede haber incidido en rechazos tan tajantes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Creo que s&iacute;, porque estaban los autores de la vereda de enfrente que, como ya lo he contado, ten&iacute;an una posici&oacute;n de izquierda. Y parece que pensaron que yo, como estrenaba en el Di Tella &ndash;por esas cuestiones de prejuicio pol&iacute;tico- era de derecha. &iexcl;Qu&eacute; s&eacute; yo! Entonces, ni necesitaban ver la obra, ya me ten&iacute;an bronca previa, estaba fichada: no se interesaron en conocerme, en saber cu&aacute;l era mi pensamiento, c&oacute;mo era mi pieza teatral. Y yo, que era muy t&iacute;mida en ese momento, no me atrev&iacute; a acercarme a ellos. Con el &uacute;nico que pude hablar una vez fue con Germ&aacute;n Rozenmacher, que era m&aacute;s abierto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;No solo era una mujer que ven&iacute;a a irrumpir en ese peque&ntilde;o universo de dramaturgos instalados, sino que adem&aacute;s era una autora rompiendo formas dramat&uacute;rgicas en vigor.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Claro, s&iacute;. En verdad, nunca supe si esa reacci&oacute;n de tanta animadversi&oacute;n fue por mi condici&oacute;n de mujer o porque romp&iacute;a las formas habituales en el teatro argentino en ese momento. Sin embargo, antes de este estreno en el Di Tella, ya hab&iacute;a ganado un premio de la Secretar&iacute;a de Cultura de la provincia de Santa Fe con Las paredes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Algunos cr&iacute;ticos r&aacute;pidamente se lanzaron a asociarte con otros autores de afuera, una manera de encasillarte y no advertir la originalidad de tu texto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ah, s&iacute;: primero, con el teatro del absurdo, con Ionesco, Beckett. Bueno, eso pasa todav&iacute;a ahora; parecer&iacute;a que algunos no pueden aceptar que se genere nada nuestro, o inspirado en escritores argentinos. No me parece mal que se encuentran influencias, pero mejor mirar antes lo que proviene de nuestro teatro, de nuestra propia sociedad antes de mirar autom&aacute;ticamente para afuera. Recuerdo que con Las paredes me dec&iacute;an que era una copia de Pinter, y en ese momento, desgraciadamente, yo a&uacute;n no lo hab&iacute;a le&iacute;do. Igualmente, aunque lo hubiese conocido, bienvenida semejante fuente de inspiraci&oacute;n, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Siendo una lectora tan asidua y curiosa, es obvio deducir que algunos escritores te habr&aacute;n servido de est&iacute;mulo, te habr&aacute;n iluminado el camino&hellip; Pero lo que no se puede negar son los rasgos propios, singulares que aplicaste a tu escritura esc&eacute;nica desde tu propia visi&oacute;n de mundo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Mis acentos aut&oacute;ctonos, digamos. La experiencia que pod&iacute;a tener yo, una mujer de alrededor de 40, ac&aacute; en la parte sur del mundo, respecto de un se&ntilde;or ingl&eacute;s como Pinter. &iquest;Qu&eacute; parentescos, qu&eacute; similitudes? Sin embargo, se inscrib&iacute;a esa influencia como ineludible. Quiz&aacute;s sea m&aacute;s f&aacute;cil encasillar que hacer otro tipo de an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Algo que tambi&eacute;n sucede con la cr&iacute;tica de cine, seguramente resulta m&aacute;s c&oacute;modo y tranquilizador&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, porque una cosa son las grandes coordenadas que unen las obras de artistas de diferentes partes del mundo. Y otra es decir: esta obra no existir&iacute;a si no fuera por la influencia de aquella otra que se gener&oacute; en Europa o los Estados Unidos. Porque se pueden producir espont&aacute;neamente esas similitudes. El desatino ten&iacute;a algunos elementos del absurdo, eso lo acepto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Pero procesados por un tamiz muy personal.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Mir&aacute;, recuerdo que cuando publiqu&eacute; la novela&nbsp;<strong>Una felicidad con menos pena</strong>, Miguel Briante &ndash;que era muy apasionado- me hizo un comentario en una revista de ese entonces donde b&aacute;sicamente dec&iacute;a que yo me basaba en una novelista alemana, en Cort&aacute;zar, en varios otros. Pero &eacute;l hablaba de copiar y, entre los autores, citaba a varios que yo no hab&iacute;a le&iacute;do. Debo decir en su honor que a&ntilde;os despu&eacute;s me hizo una entrevista y se disculp&oacute; por aquella cr&iacute;tica que era casi una acusaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Tus primeras obras teatrales est&aacute;n pobladas por personajes masculinos.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ndash;Sucede que yo ven&iacute;a de un mundo muy masculino. Sobre todo en mi primera juventud, muy regido por las leyes, los comportamientos t&iacute;picos de los hombres. Adem&aacute;s, siempre fui un tanto fuera de la norma: nunca me gustaron los juguetes que estaba determinado que era para las nenas: ni las mu&ntilde;ecas ni las ollitas de cocina. Prefer&iacute;a jugar a las bolitas, a la pelota, a juegos de varones seg&uacute;n la construcci&oacute;n cultural. Quiz&aacute;s ah&iacute; ya aparec&iacute;a mi primera manifestaci&oacute;n de feminismo, un impulso de salirme del estereotipo fijado para las chicas. Yo quer&iacute;a entrar y actuar en el campo de los varones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Evidentemente, ya demostrabas esa independencia un poco salvaje, ind&oacute;mita que has tenido a lo largo del tiempo. Y que te permiti&oacute; animarte a escribir teatro en un momento en que pr&aacute;cticamente no lo hac&iacute;an las mujeres, y hacerlo lejos de lo que se consideraba &ldquo;femenino&rdquo; en las artes en general. Viniste a remover el avispero en un gran gesto de autonom&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Puede ser que haya habido algo de eso, aunque sin exagerar. Porque decid&iacute; intuitivamente apropiarme de un espacio donde los hombres dec&iacute;an c&oacute;mo eran las mujeres. Y yo te podr&iacute;a decir sin falsa modestia que me atrev&iacute; a decir en ese entonces c&oacute;mo eran los hombres desde mi punto de vista de mujer. Se me ocurre ahora que lo estamos hablando, antes no lo hab&iacute;a mirado as&iacute;&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Siempre con una mirada cr&iacute;tica, punzante, ir&oacute;nica cuando no par&oacute;dica. Nunca condescendiendo ni tratando de conformar a nadie.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Nada complaciente: mostraba un mundo de hombres autoritarios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Est&aacute; claro que la conciencia de g&eacute;nero siempre estuvo en vos, aun de manera embrionaria, aunque no lo verbalizaras&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Creo que es como dec&iacute;s. Porque despert&eacute; abiertamente a una conciencia de g&eacute;nero bastante grande, cuando las &Eacute;ditions de Femmes publicaron en Par&iacute;s Ganarse la muerte. Viaj&eacute; y te dir&iacute;a que me lavaron bien la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iexcl;No, no: te pusieron en evidencia lo que vos ya hab&iacute;as descubierto y trabajado por tu cuenta!</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ah&iacute; est&aacute;, ten&eacute;s raz&oacute;n. Pero s&iacute; hice conscientemente una especie de viraje en esa direcci&oacute;n. Me interes&eacute; m&aacute;s en los personajes femeninos, lo cual no signific&oacute; que descartara los masculinos protag&oacute;nicos, si hac&iacute;a falta. Siempre desde mi enfoque de g&eacute;nero, claro, cada vez m&aacute;s consciente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;El acceso a la cultura, a la t&eacute;cnica&nbsp;fue sistem&aacute;ticamente negado a las mujeres hasta el siglo pasado. Salvando ciertas excepciones: las de la nobleza, las que ingresaban al convento y pod&iacute;an cultivarse al menos en el campo religioso, y desde luego, algunas mujeres e hijas de pintores que pudieron arrimar un poco el boch&iacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;-&iexcl;Imaginate lo que ser&iacute;a una Santa Teresa de &Aacute;vila en esta &eacute;poca, si con la limitada biblioteca del convento lleg&oacute; a esas alturas! Qu&eacute; lindo hubiera sido tenerla hoy para los que dicen que no hay genios femeninos. And&aacute; a saber lo que hubieran hecho en nuestros d&iacute;as una Santa Teresa, una Sor Juana In&eacute;s de la Cruz con tant&iacute;simo talento. No podemos proyectarlo, pero s&iacute; sabemos de su enorme inteligencia, de su creatividad, de su condici&oacute;n de revolucionarias. Muchas veces me pregunto por este impulso de los hombres de sojuzgar a la otra mitad, as&iacute; como se sojuzg&oacute; a los negros, a los chinos, a otros pueblos oprimidos. &iexcl;Ese af&aacute;n de colonizar al otro! Aunque en la actualidad las mujeres estudien y ocupen espacios, en las fotos de los encuentros de pol&iacute;ticos, mandatarios, las mujeres suelen ser 2 entre 50 hombres. Y te digo que la categor&iacute;a mujer no me da a priori ninguna virtud, pero que nos dejen demostrar si valemos en cualquier espacio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En tiempos anteriores, aparte de la falta de educaci&oacute;n, las mujeres no pod&iacute;an dedicarse a la creaci&oacute;n porque ten&iacute;an que ocuparse de la casa, los hijos; y carec&iacute;an del cuarto propio del que habla Virginia Woolf. &iquest;Vos c&oacute;mo te las arreglaste con tus chicos en la primera infancia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tuve mucha disciplina, y tambi&eacute;n suerte. Mi hermana mayor, separada, con un hijo chiquito, me ayud&oacute; much&iacute;simo con los m&iacute;os. Gracias a ella, pude tener las ma&ntilde;anas libres. Despu&eacute;s, los chicos fueron al colegio. Y antes de estar casada tuve un trabajo a la tarde, as&iacute; que aprovechaba mis ma&ntilde;anas. Siempre pude organizarme porque fui muy celosa de mi tiempo. Reci&eacute;n ahora que estoy vieja lo pierdo, gozo del ocio sin culpa&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En el transcurso del tiempo los personajes de mujeres van apareciendo cada vez m&aacute;s en tus obras.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cuando empiezo a escribir, no pienso en ninguna teor&iacute;a ni en demostrar nada. Me surgen personajes que tienen algo para decir, y siento que tienen que decirlo por boca de una mujer. No es algo premeditado, pero ya llevo varias obras seguidas con protagonistas femeninas. Lo cual me alegra, adem&aacute;s, porque en la historia del teatro argentino hay muy pocas hero&iacute;nas. Por supuesto, no hablo de las nuevas autoras que proponen papeles interesantes de mujeres, algo que me parece buen&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Vos te permitiste partir de autorazos como S&oacute;focles, Shakespeare, Ibsen para hacer tu propia escritura de&nbsp;</strong><em>Ant&iacute;gona</em><em><strong>,&nbsp;</strong></em><em>Macbeth</em><em><strong>,&nbsp;</strong></em><em>Casa de mu&ntilde;ecas</em><strong>. Ni adaptando ni versionando.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Las adaptaciones las odio, &iexcl;c&oacute;mo adaptar a semejantes autores! Lo que s&iacute; me gusta es sacarles el personaje y darle otra mirada, quiz&aacute;s otra oportunidad. La mirada de una mujer del siglo XX m&aacute;s que del XXI, que siente, piensa, ve el mundo de otra manera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En el caso de&nbsp;</strong><em><strong>La se&ntilde;ora Macbeth</strong></em><strong>&nbsp;eleg&iacute;s a un personaje femenino bien negro, una femme m&aacute;s que fatale&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Claro, porque tampoco es el caso de idealizar a las mujeres sino aceptar que son capaces de todo, en lo bueno y en lo malo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <em><strong>&ndash;Querido Ibsen&nbsp;</strong></em><strong>propone al escritor como personaje observado, interpelado, reclamado por la propia Nora en el transcurrir de la obra.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tomo distancia a trav&eacute;s de Nora que se hace preguntas que me surgieron al releer la obra y que me parecieron oportunas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Tu producci&oacute;n no cesa: recientemente presentaste&nbsp;</strong><em><strong>El don</strong></em>.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me interes&oacute; particularmente escribir esta obra. Me gusta el personaje de M&aacute;rgara, la protagonista, porque hay pocas viejas en el teatro argentino. Y tambi&eacute;n me gustaba lo que surg&iacute;a de la acci&oacute;n esc&eacute;nica: que en general la bondad es como un imposible, pero que siempre se puede tener un gesto solidario. Que es tambi&eacute;n el gesto materno de amor desinteresado. Pero no puedo desprender la obra de la visi&oacute;n de la puesta que se estren&oacute; en el Cervantes, que me pareci&oacute; completamente equivocada. Que iba por otro camino, de teatro entre comillas moderno, que no ten&iacute;a nada que ver con mi texto. Y no porque un director no tenga derecho a hacer algunos cambios al sumar su propia mirada: eso es inevitable en el teatro, y se agradece. Pero en este caso creo que no hubo el menor punto de contacto entre la autora y el director. Yo no digo lo que digo en el escenario por narcisismo o por capricho: quiero que eso tenga un sentido, social en este caso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En otra anterior, que presentaste en 2009,&nbsp;</strong><em><strong>El misterio de dar</strong></em><strong>, hab&iacute;a un personaje femenino grande que se sorprend&iacute;a a s&iacute; misma con un gesto generoso, solidario.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ah, s&iacute;. Una vieja que regalaba casi toda su jubilaci&oacute;n. En&nbsp;<em><strong>El don</strong></em><strong>&nbsp;</strong>el acento est&aacute; puesto en la facultad de predicar que tiene la protagonista. Lo del personaje de&nbsp;<em><strong>El misterio de dar</strong></em>&nbsp;me pas&oacute; un poco a m&iacute;: una vez, a la salida de un banco, despu&eacute;s de cobrar una plata. &iquest;Viste esa gente cuya necesidad urgente la percib&iacute;s en el cuerpo, que intu&iacute;s no te est&aacute;n haciendo el cuento? Bueno, me acuerdo que le di mucho, y eso que soy medio taca&ntilde;a. Me conmovi&oacute; mucho esa sensaci&oacute;n de gran desamparo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Y un poco antes, en 1999, te adelantaste al tratar con aut&eacute;ntica naturalidad la problem&aacute;tica entre una pareja de lesbianas en&nbsp;</strong><em><strong>De profesi&oacute;n maternal</strong></em><strong>, que protagoniz&oacute; Mar&iacute;a Rosa Gallo, y que a&ntilde;os despu&eacute;s dirigiera Alicia Zanca.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        &ndash;Me gust&oacute; hacerlo de esa manera, como una relaci&oacute;n de pareja m&aacute;s, con todos los conflictos habituales, sin subrayados. En ese momento, una revista gay nos dio un premio en una ceremonia muy linda. Hab&iacute;a mucho agradecimiento, que yo no busqu&eacute; por cierto, pero que lo entend&iacute;a por toda la marginaci&oacute;n que los homosexuales han sufrido en el teatro, tambi&eacute;n en el cine. Me dieron un diploma a m&iacute; y a Alicia Zanca. Es una obra que quiero porque creo que le dec&iacute;a algo&nbsp;a la gente sobre los v&iacute;nculos, los sentimientos entre las personas. Quiz&aacute;s por eso se ha hecho muchas veces. En cambio, hay obras que me gustan mucho como Penas sin importancia, que nunca volvi&oacute; al escenario. Mientras que&nbsp;<em><strong>Las paredes</strong></em>&nbsp;regresa cada tanto. Y por supuesto se ha reestrenado en distintas oportunidades<em>&nbsp;</em><em><strong>La malasangre</strong></em>, una pieza que se volvi&oacute; casi arquet&iacute;pica, que a menudo compruebo que la gente la recuerda mucho.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Entre las que no se han vuelto a poner en escena est&aacute;&nbsp;</strong><em><strong>La persistencia</strong></em><strong>, un texto altamente perturbador que, en ocasi&oacute;n de su estreno en el San Mart&iacute;n, cont&oacute; con la impresionante actuaci&oacute;n de Carolina Fal.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cristina Banegas, que la dirigi&oacute;, dice que entra dentro de la tragedia. S&iacute;, a esa obra me gustar&iacute;a volver a verla en escena, quiz&aacute;s con otra mirada para saber qu&eacute; cosas nuevas puede generar. Lamentablemente, ya no trabaja m&aacute;s Carolina Fal, una actriz verdaderamente extraordinaria, una enorme p&eacute;rdida para el teatro que se haya alejado. Puede que los haya y yo no los conozca, pero no he visto nunca a actores tan jugados, tan entregados como Carolina, como Bel&eacute;n Blanco.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En&nbsp;</strong><em><strong>Damiselas</strong></em>&nbsp;<strong>entrevistamos hace pocos meses a Juana Hidalgo, quien actualmente, por su enfermedad, est&aacute; con pocas posibilidades de movimiento. Y cuando empez&oacute; a rememorar su vida teatral, se encendi&oacute;. Y al llegar a</strong>&nbsp;Mi querida<strong>, esa obra que extrajiste de un cuento de Chejov, habl&oacute; con mucho agradecimiento de tu gesto de escribirla especialmente para ella, que ya casi no pod&iacute;a trabajar. Para ella fue un regalo maravilloso, que se complet&oacute; con la acertada puesta de Rub&eacute;n Szuchmacher.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, ella ya pensaba que iba a dejar de trabajar, pero cuando llegaba la hora de actuar, sobre el escenario se olvidaba de su enfermedad, de sus dificultades. Se volv&iacute;a sana y fuerte. Por suerte, la obra gust&oacute;, estuvo dos a&ntilde;os en cartel. Aparte de ser muy buen director, Rub&eacute;n estuvo muy cari&ntilde;oso, muy respetuoso. Muy buena persona Juanita, tan apasionada por el teatro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Le diste una raz&oacute;n para vivir una etapa de felicidad en un momento arduo para ella.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Creo que es una de las cosas buenas que pude hacer en la vida: escribir esa obra y que a ella le haya dado tantas satisfacciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;C&oacute;mo est&aacute; tu jard&iacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hoy me anda fallando un poco la m&aacute;quina de cortar pasto, esta tarde me voy a dedicar. Ahora est&aacute; despertando el jard&iacute;n, qu&eacute; maravilla, qu&eacute; generosa es la naturaleza pese al maltrato que ha recibido. Prosigue con sus ciclos, ya est&aacute; de nuevo todo verde.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Ten&eacute;s huerta tambi&eacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ay, no llego a tanto. Pero con tres plantas, tengo tomates todo el verano: por eso hablo de generosidad. Plant&eacute; aj&iacute;es tambi&eacute;n. Y bueno, est&aacute;n los zapallos que vienen solos, los dejo crecer. Aparte, tengo hierbas arom&aacute;ticas: or&eacute;gano, tomillo, perejil. En una peque&ntilde;a franja me crecen bien algunas plantas, me da tanto gusto cuidarlas&hellip; Sacar un tomate maduro de la planta es como comprar un libro que se desea. Es lo mismo: lo ten&eacute;s en la mano con igual expectativa que un libro para leer. Al tomate te lo com&eacute;s, y al libro, en cierta forma, tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Art&iacute;culo originalmente publicado en </strong></em><a href="https://www.damiselasenapuros.com.ar/2019/01/tan-grande-y-tan-pequena.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>Damiselas en apuros N&deg; 31</strong></em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Moira Soto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/griselda-gambaro-grande-pequena_128_13513085.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Sep 2026 09:11:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Griselda Gambaro, tan grande y tan pequeña]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Murió Griselda Gambaro, la autora que cambió para siempre el teatro argentino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/murio-griselda-gambaro-autora-cambio-teatro-argentino_1_13513014.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/28fc1bd0-ef96-4df5-aaf3-3bbd70ea2102_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1063y405.jpg" width="1200" height="675" alt="Murió Griselda Gambaro, la autora que cambió para siempre el teatro argentino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue una figura central de la dramaturgia contemporánea. Desde la ruptura que provocó "El desatino" en los años 60 hasta obras emblemáticas como "La malasangre", construyó una escritura atravesada por el poder, la violencia y la condición femenina.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Soy lo que escribo y escribo lo que soy&rdquo;, dec&iacute;a <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/hijas-sanas-patriarcado_129_11504426.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Griselda Gambaro</a>. La frase puede funcionar como una s&iacute;ntesis de una vida dedicada a la literatura y al teatro, pero tambi&eacute;n de una obra que nunca quiso permanecer al margen del tiempo que le toc&oacute; vivir. <strong>La dramaturga y narradora muri&oacute; este martes a los 98 a&ntilde;os y dej&oacute; detr&aacute;s una producci&oacute;n que modific&oacute; profundamente la escena argentina.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Gambaro fue una renovadora desde su irrupci&oacute;n misma en el teatro. En un &aacute;mbito dominado entonces por hombres y por las formas del realismo social, apareci&oacute; con un lenguaje que incorporaba el absurdo, la crueldad, la amenaza y unos v&iacute;nculos atravesados por mecanismos de sometimiento que pod&iacute;an comenzar en una familia y extenderse hasta abarcar a toda una sociedad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo creo que no le ped&iacute; permiso a nadie&rdquo;, dir&iacute;a muchos a&ntilde;os despu&eacute;s al recordar aquellos comienzos. Y tampoco parec&iacute;a dispuesta a hacerlo. &ldquo;Siento que aparec&iacute; en el momento oportuno con la voz oportuna&rdquo;, explic&oacute; alguna vez sobre el lugar singular que termin&oacute; ocupando en la dramaturgia argentina.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a nacido en 1928 en el barrio porte&ntilde;o de La Boca, en una familia de inmigrantes. All&iacute; hizo la escuela primaria y luego curs&oacute; el secundario en Barracas. Desde muy chica fue una lectora voraz y pronto descubri&oacute; que quer&iacute;a escribir. Pens&oacute; en estudiar Letras, pero finalmente descart&oacute; la universidad porque necesitaba tiempo para dedicarse a la escritura.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La dramaturga Griselda Gambaro                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Trabaj&oacute; en la biblioteca socialista Sociedad Luz y sus lecturas fueron ampli&aacute;ndose: Rudyard Kipling, Robert Louis Stevenson, Jack London, Anatole France, Horacio Quiroga y, m&aacute;s tarde, Silvina Ocampo. Cuando el teatro comenz&oacute; a interesarle, se sumergi&oacute; en Ch&eacute;jov, Ibsen, Pirandello, Eugene O&rsquo;Neill, Armando Disc&eacute;polo y Florencio S&aacute;nchez, entre otros autores. Pero cuando lleg&oacute; el momento de escribir teatro, Gambaro no se pareci&oacute; demasiado a nadie.
    </p><h2 class="article-text">El esc&aacute;ndalo de <em>El desatino</em></h2><p class="article-text">
        En 1965 estren&oacute; <em>El desatino</em> en el Instituto Di Tella, con direcci&oacute;n de Jorge Petraglia. La obra produjo una conmoci&oacute;n. Los sectores ligados al realismo social la rechazaron, mientras otros cr&iacute;ticos vieron en aquel estreno la aparici&oacute;n de un lenguaje nuevo.
    </p><p class="article-text">
        La pol&eacute;mica fue intensa. Gambaro recordar&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s que los autores de su generaci&oacute;n le tuvieron &ldquo;mucha inquina&rdquo; y que nunca supo del todo si el rechazo se deb&iacute;a a que hab&iacute;a aparecido &ldquo;con un lenguaje diferente&rdquo; o a que era &ldquo;una mujer en un mundo de hombres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A <em>El desatino</em> le siguieron <em>Las paredes</em> (1966), <em>Los siameses</em> (1967), <em>El campo</em> (1968), <em>Nada que ver</em> (1972) y <em>S&oacute;lo un aspecto</em> (1974), entre otras piezas. En ellas fue construyendo un territorio propio, poblado por relaciones desiguales, v&iacute;ctimas y victimarios, silencios, amenazas y formas de violencia que muchas veces se instalaban sin necesidad de ser nombradas.
    </p><p class="article-text">
        Su teatro pod&iacute;a hablar profundamente de la Argentina sin recurrir al costumbrismo ni a la representaci&oacute;n literal de la coyuntura. Esa capacidad se volver&iacute;a todav&iacute;a m&aacute;s significativa a medida que el pa&iacute;s ingresaba en sus a&ntilde;os m&aacute;s oscuros.
    </p><h2 class="article-text">La censura y el exilio</h2><p class="article-text">
        Durante la &uacute;ltima dictadura c&iacute;vico-militar, su novela <em>Ganarse la muerte</em>, publicada en 1977, fue prohibida por considerarse contraria a la &ldquo;instituci&oacute;n familiar y al orden social&rdquo;. Gambaro parti&oacute; entonces al exilio junto con su marido, el artista pl&aacute;stico Juan Carlos Dist&eacute;fano, y sus dos hijos. La familia se instal&oacute; en Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        El desarraigo fue dif&iacute;cil y tambi&eacute;n afect&oacute; su escritura. Gambaro cont&oacute; que durante aquellos a&ntilde;os le costaba escribir narrativa y todav&iacute;a m&aacute;s teatro: desconoc&iacute;a la historia del pa&iacute;s en el que estaba viviendo y la relaci&oacute;n que pod&iacute;a establecer con ese p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        En 1981 form&oacute; parte de Teatro Abierto, el movimiento que reuni&oacute; a dramaturgos, directores y actores en un desaf&iacute;o cultural a la dictadura. Particip&oacute; con <em>Decir s&iacute;</em>, protagonizada por Jorge Petraglia y Leal Rey.
    </p><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o despu&eacute;s llegar&iacute;a una de las obras que terminar&iacute;an de convertirla en una referencia insoslayable del teatro argentino.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/2099951766909444585?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><h2 class="article-text">&ldquo;Yo me callo, pero el silencio grita&rdquo;</h2><p class="article-text">
        <em>La malasangre</em> se estren&oacute; el 17 de agosto de 1982 en el Teatro Olimpia, dirigida por Laura Yusem y protagonizada por Soledad Silveyra y Oscar Mart&iacute;nez, junto con Laura Mur&uacute;a, Susana Lanteri y Patricia Contreras.
    </p><p class="article-text">
        Ambientada durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, la pieza construye una casa sometida al poder de Benigno, un padre que impone sobre su familia una l&oacute;gica de violencia y obediencia. Ese universo dom&eacute;stico funciona a la vez como resonancia de un territorio dominado por el autoritarismo.
    </p><p class="article-text">
        En el centro est&aacute; Dolores, su hija, y el amor prohibido que establece con Rafael. Frente al sometimiento aparece entonces la posibilidad de resistir. &ldquo;Quise contar una historia que transitara esa zona donde el poder omn&iacute;modo fracasa siempre, si los vencidos lo enfrentan con coraje y dignidad, si se asumen en el orgullo y la elecci&oacute;n&rdquo;, explic&oacute; Gambaro. Y hay una frase de Dolores que atraves&oacute; las d&eacute;cadas: &ldquo;&iexcl;Yo me callo, pero el silencio grita!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El silencio es, precisamente, uno de los grandes materiales de <em>La malasangre</em>. Lo que no se dice, los gestos de sumisi&oacute;n, el miedo, la humillaci&oacute;n y las palabras que finalmente consiguen pronunciarse construyen una obra sobre la violencia privada y p&uacute;blica, pero tambi&eacute;n sobre la posibilidad de enfrentarla.
    </p><h2 class="article-text">Las mujeres y el poder</h2><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n de las mujeres fue otra preocupaci&oacute;n persistente en la obra de Gambaro. No solamente porque muchas de ellas ocuparon el centro de sus textos, sino porque la autora interrog&oacute; las formas de poder que determinaban sus vidas. &ldquo;La mujer tiene que meterse sin pedir permiso. Cuando puede, tiene que hacer lo que quiere&rdquo;, dec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Gambaro desconfiaba incluso de la idea de que la liberaci&oacute;n femenina estuviera definitivamente conquistada. Se&ntilde;alaba la persistencia de la violencia familiar y advert&iacute;a que la llegada de mujeres a lugares importantes de decisi&oacute;n no implicaba necesariamente una transformaci&oacute;n si se continuaban reproduciendo &ldquo;los modelos masculinos de poder&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, encontraba una experiencia pol&iacute;tica diferente en las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, cuya forma de lucha consideraba capaz de cuestionar el viejo orden patriarcal.
    </p><p class="article-text">
        Ese inter&eacute;s atraves&oacute; tambi&eacute;n sus relecturas de los cl&aacute;sicos. En <em>Ant&iacute;gona furiosa</em> dialog&oacute; con S&oacute;focles; en <em>La se&ntilde;ora Macbeth</em>, con Shakespeare; en <em>Penas sin importancia</em>, con <em>T&iacute;o Vania</em>, de Ch&eacute;jov, y en <em>Querido Ibsen, soy Nora</em> volvi&oacute; sobre <em>Casa de mu&ntilde;ecas</em> para interrogar desde el presente a uno de los grandes personajes femeninos del teatro occidental.
    </p><h2 class="article-text">Una escritura llevada a escena</h2><p class="article-text">
        A lo largo de su carrera, los textos de Gambaro encontraron interlocutores decisivos entre los directores argentinos. Laura Yusem fue una de sus grandes socias art&iacute;sticas y llev&oacute; a escena cerca de una docena de sus obras. Tambi&eacute;n trabajaron sobre su escritura Augusto Fernandes, Alicia Zanca, Roberto Villanueva, David Amit&iacute;n, Rub&eacute;n Szuchmacher, Pompeyo Audivert y Silvio Lang, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los encuentros m&aacute;s singulares se produjo en 1986, cuando Alberto Ure dirigi&oacute; <em>Puesta en claro</em> en un s&oacute;tano del Teatro Payr&oacute;, con Cristina Banegas como protagonista. Ure alter&oacute; el tono que Gambaro hab&iacute;a imaginado, modific&oacute; modos de decir y llev&oacute; la pieza hacia un territorio inesperado. Ella, extremadamente cuidadosa de sus textos, acept&oacute; aquella transformaci&oacute;n. &ldquo;Sent&iacute;a que la obra estaba dicha como yo quer&iacute;a en alg&uacute;n sentido muy oculto, impredecible, incluso para m&iacute;&rdquo;, explic&oacute; despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Su escritura, dec&iacute;a Laura Yusem, pose&iacute;a una &ldquo;perfecci&oacute;n ins&oacute;lita&rdquo; y exced&iacute;a ampliamente los l&iacute;mites de la dramaturgia. Porque Gambaro nunca fue solamente dramaturga. Escribi&oacute; novelas, cuentos y literatura infantil. Entre sus obras narrativas sobresale <em>El mar que nos trajo</em>, publicada en 2001, donde recuper&oacute; parte de la historia de su propia familia.
    </p><h2 class="article-text">Una autora fundamental</h2><p class="article-text">
        Los reconocimientos acompa&ntilde;aron una trayectoria de m&aacute;s de seis d&eacute;cadas. Recibi&oacute; el Premio Municipal, varios premios Argentores, el Premio Nacional de Teatro, el Mar&iacute;a Guerrero, distinciones de la Academia Argentina de Letras y numerosos Konex. En 2016, el Instituto Nacional del Teatro le otorg&oacute; el Premio a la Trayectoria y en 2023 la Biblioteca Nacional la distingui&oacute; con La Rosa de Cobre.
    </p><p class="article-text">
        En 2005 se convirti&oacute; adem&aacute;s en la primera escritora en inaugurar la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando la Argentina fue pa&iacute;s invitado de honor en la Feria del Libro de Frankfurt, estuvo a cargo del discurso inaugural en representaci&oacute;n de los escritores argentinos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, su personalidad parec&iacute;a estar en las ant&iacute;podas de cualquier solemnidad. De perfil extremadamente bajo, no disfrutaba de las entrevistas ni de las sesiones de fotos. Segu&iacute;a escribiendo a mano, despu&eacute;s pasaba sus textos a m&aacute;quina y otra persona los llevaba a la computadora. Viv&iacute;a en Don Bosco y cuidaba con especial dedicaci&oacute;n su jard&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez por eso resulte especialmente apropiada una de sus reflexiones sobre la trascendencia. Cuando alguna vez le preguntaron si pensaba en ella, Gambaro eligi&oacute; una imagen sencilla: el mar. &ldquo;Cuando estoy frente al mar, pienso: si la Tierra no se destruye, el mar va a estar. Cuando yo no est&eacute;, el mar va a estar. Esa es la trascendencia. El mar va a estar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Griselda Gambaro ya no est&aacute;. Quedan <em>El desatino</em>, <em>El campo</em>, <em>Decir s&iacute;</em>, <em>La malasangre</em>, <em>Ant&iacute;gona furiosa</em>, <em>Puesta en claro</em> y tantas otras obras. Queda, sobre todo, una manera de entender el teatro: como un territorio en el que aquello que una sociedad intenta callar puede, finalmente, hacerse escuchar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/murio-griselda-gambaro-autora-cambio-teatro-argentino_1_13513014.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Sep 2026 21:03:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Murió Griselda Gambaro, la autora que cambió para siempre el teatro argentino]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hijas sanas del patriarcado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hijas-sanas-patriarcado_129_11504426.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8540b131-5bd6-48ec-a167-fd2ab63acaa0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hijas sanas del patriarcado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La señora Macbeth", de Griselda Gambaro, muestra como la ambición de poder enceguece y fomenta asesinatos. Una obra de 2003, inspirada en la tragedia de Shakespeare, que se asocia de inmediato con las mujeres que hoy ocupan los más altos cargos en la función pública y parecen no tener límites en el ejercicio de la violencia. Los cuerpos que se oponen y resisten son atropellados y castigados.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando vi</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> La se&ntilde;ora Macbeth</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, encarnado por </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Valeria Cohen</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en el c&aacute;lido Teatro Azul de Villa Crespo, un fr&iacute;o corri&oacute; por mi cuerpo. Me sorprendi&oacute; y no pude dejar de relacionar el personaje de Shakespeare, en este caso la criatura que habita la dramaturgia de nuestra </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Griselda Gambaro</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, con unas cuantas mujeres patol&oacute;gicas que est&aacute;n hoy en el poder pol&iacute;tico de la Argentina.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Decimos patol&oacute;gicas y pareciera que desculpabilizamos a esas sujetas, como si fueran enfermas, No es as&iacute;. Alterado o no su estado mental, les cabe toda la responsabilidad de sus hijaputeces. Son hijas sanas del patriarcado. Psic&oacute;patas, desde el punto de vista de los diagn&oacute;sticos tradicionales de la psiquiatr&iacute;a. A veces germen y siempre aliciente de los asesinatos que perpetra el poder contra les ciudadanes, por ambici&oacute;n, desidia, ignorancia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es dif&iacute;cil encontrar c&oacute;mo llamarlas sin caer en el insulto o el diagn&oacute;stico por la falta de salud en sus cabezas. Son mujeres que manejan con total banalidad los hilos y los destinos de millones de conmatriotas y compatriotas como si fu&eacute;ramos marionetas. Nos contaminan con sus peores venenos, a nosotres y a los territorios donde residimos. Niegan los hechos, acumulan bienes porque s&iacute;, reparten tiros y palos. Reprimen, persiguen, encarcelan. </span>
    </p><p class="article-text">
        Gambaro rearma la historia original para explorar la dependencia femenina en una relaci&oacute;n condicionada por la ambici&oacute;n del poder, el delito y la culpa. La mancha del asesinato reaparece una y otra vez y enloquece de culpa a la protagonista. &iquest;Por qu&eacute; ocurre esto? &iquest;Acaso, por los cr&iacute;menes de su esposo, que mata hijos porque no puede engendrarlos, porque el hombre se confiesa culpable en la intimidad, porque no puede amarla? &iquest;O la hace cargo de la culpa por el deseo de ser mujer y gozar como tal?
    </p><p class="article-text">
        Una met&aacute;fora despiadada de la sumisi&oacute;n c&oacute;mplice frente al poder y de los dispositivos de silencio que intentan imponerse despu&eacute;s para silenciar las voces que buscan sentido, entendimiento, reflexi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La memoria colectiva se revisa desde personal de la Se&ntilde;ora Macbeth: Sus a&ntilde;os de acallar por temor, porque era conveniente, se pulverizan y se rompen los velos del encubrimiento cuando emerge esta se&ntilde;ora Macbeth que trae sus heridas.
    </p><p class="article-text">
        La se&ntilde;ora Macbeth puede equipararse a la sociedad en su lucha por la desmemoria, por asumir el pasado y avizorar que, s&oacute;lo recuperando la conciencia de lo ocurrido, saliendo de la anestesia, se puede construir.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Gambaro le da una vuelta de tuerca a la pieza emblem&aacute;tica y Cohen, junto a un elenco s&oacute;lido y coral, chorrea violencia y exalta las locuras que causa la ambici&oacute;n ilimitada de poder. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Con muy pocos elementos en escena, la direcci&oacute;n de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Gustavo Volpin </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">reelabora de un modo m&aacute;s que interesante el cl&aacute;sico brit&aacute;nico. La lucidez de esta creaci&oacute;n explora sin concesiones los aspectos m&aacute;s oscuros de la condici&oacute;n humana. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Un lenguaje delirante, por momentos absurdo, casi surrealista trasluce c&oacute;mo el encierro en las propias ideas, la desarticulaci&oacute;n con lo real, generan un aislamiento peligroso y pueden devenir en la creaci&oacute;n de dispositivos tan&aacute;ticos. La represi&oacute;n sexual y la destrucci&oacute;n parecen estar a disposici&oacute;n de esos poderes nefastos.</span>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Cómo no pensar, frente a esta obra canónica, en la hermana del presidente, en la vicepresidenta amiga de los represores de otrora, en la ministra de-capita humanes, y en su colega de (in) seguridad que aplaude y premia a los que disparan, tiran gases y encarcelan inocentes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Vendr&aacute;n &eacute;pocas de cr&iacute;menes felices donde el poder ignorar&aacute; las muertes que ocasiona, las decidir&aacute; sin imaginar y sin perder el sue&ntilde;o&rdquo;, dice la se&ntilde;ora Macbeth.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cualquier semejanza con la realidad argentina no es casual: &ldquo;Que arda el fuego, que hierva el caldero, que aumenten la fatiga y la confusi&oacute;n&rdquo;, se escucha en la escena. &ldquo;Arduo es no dormir cuando el sue&ntilde;o no da aliento a la conciencia&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La psic&oacute;loga e investigadora teatral </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Lydia Di Lello</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, especialista en Gambaro, se&ntilde;ala que Lady M</span>acbeth, protagonista de la tragedia, est&aacute; instalada en el imaginario colectivo &ldquo;casi como un mito. Este personaje teatral ha atravesado cuatrocientos a&ntilde;os para configurar la imagen misma de la mujer f&aacute;lica. El sesgo de ese casi mito es el de la instigaci&oacute;n. No comete el asesinato de Duncan con sus propias manos, pero induce las acciones de Macbeth. Y lo sostiene cuando flaquea&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo no pensar, frente a esta obra can&oacute;nica, en la hermana del presidente, en la vicepresidenta amiga de los represores de otrora, en la ministra de-capita humanes, y en su colega de (in) seguridad que aplaude y premia a los que disparan, tiran gases y encarcelan inocentes?
    </p><p class="article-text">
        Arp&iacute;as esot&eacute;ricas forman una red, rodean como un coro a la Lady y la confrontan con los gestos y hechos de su esposo. La se&ntilde;ora Macbeth est&aacute; pose&iacute;da por las palabras de su se&ntilde;or, no tiene una voz propia. O, mejor dicho, su voz singular, queda aniquilada o sometida por amor. Habla por su hombre, habla, como tantas otras mujeres de este pa&iacute;s y de este mundo, por el machismo, los medios hegem&oacute;nicos, esos hombres que las convirtieron en objetos para su uso y goce.
    </p><p class="article-text">
        Son las que apoyan la reducci&oacute;n y disoluci&oacute;n de las pol&iacute;ticas de g&eacute;nero y de derechos humanos, las que compran el discurso de la corrupci&oacute;n de dichos organismos, las que igualan todas las violencias, las que equiparan femicidios con los eventuales malos tratos o asesinatos de algunos hombres. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, a diferencia de lo que ocurre en la ficci&oacute;n del teatro, ac&aacute; la pasi&oacute;n por el mal no proviene de las acciones de tres brujas, no es un complot de espectros, ni un acto de amor hacia un hombre, sino el resultado de un plan de despojo y entrega de un gran pa&iacute;s para ser convertido en otro peque&ntilde;o y pobre, sin identidad, que ha encontrado en estas mujeres las herramientas para realizarse.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Como siempre Shakespeare y Gambaro, dos &eacute;pocas, dos realidades. Su arte, adelant&aacute;ndose a su tiempo, nos habla de hoy. &iexcl;Son cl&aacute;sicos! Y est&aacute;n a la vanguardia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;La se&ntilde;ora Macbeth&rdquo; estar&aacute; el 31/8 en el Teatro Maip&uacute;, de Banfield, a partir de setiembre vuelve los s&aacute;bados a las 19 horas al teatro Azul y en marzo de 2025 desembarcar&aacute; en el XXII Festival Iberoamericano Cumbre de las Am&eacute;ricas, en Mar del Plata</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hijas-sanas-patriarcado_129_11504426.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jul 2024 03:01:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hijas sanas del patriarcado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Griselda Gambaro,William Shakespeare,Teatro]]></media:keywords>
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