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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Peter Handke]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/peter-handke/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Peter Handke]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Atajar sin miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/atajar-miedo_129_11505584.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e77878a3-a961-4d28-9a7b-99b9b5e39772_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Atajar sin miedo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De 24 penales que recibió como arquero de la Selección Argentina, Emiliano Martínez atajó nueve e influyó en que sus pateadores erraran otros tres. Otros tres fueron errados, obviamente, a causa de su influencia. ¿Qué argumento explica ese 50% de penales no introducidos por el rival como que no sea que estamos ante una cosa… extraña? ¿Y si adentro del Dibu se alimenta un alienígena?  </p></div><p class="article-text">
        Cuando<strong> Peter Handke </strong>gan&oacute; el Premio Nobel de Literatura en 2019, lo m&aacute;s importante que dijo en una de esas entrevistas de &ldquo;redescubrimiento&rdquo; que florecen con los triunfos, fue que cada tanto le daban ganas de matar a alguien.
    </p><p class="article-text">
        Este impulso vergonzante llevaba ya su larga lista de v&iacute;ctimas no ejecutadas, entre ellas la periodista que invent&oacute; que la madre de Handke hab&iacute;a integrado las juventudes nazis en Eslovenia. De hacerlo se habr&iacute;a dado dos gustos: matar, y matar a una periodista. 
    </p><p class="article-text">
        Para Handke, si la literatura pudiera describirse por lo que no es, por lo que jam&aacute;s deber&iacute;a ser, bastar&iacute;a con decir de ella que <em>no es</em> periodismo: &ldquo;Cada vez hay m&aacute;s escritores, incluso buenos, que usan un lenguaje period&iacute;stico, &iexcl;eso no puede ser!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Lent&iacute;simo, de tranco heideggereano en el sentido del ser identificado con el ritmo pastoso del tiempo y, sin embargo, admirador incondicional de <strong>Georges Simenon</strong>, al que llam&oacute; &ldquo;lanch&oacute;n r&aacute;pido&rdquo;, Handke entr&oacute; a la Argentina a trav&eacute;s del desembarco de <em>Desgracia impeorable, Lento regreso y Carta breve para un largo adi&oacute;s, </em>tremendos golpes al bolsillo dados por Alianza Editorial a fines de los a&ntilde;os &rsquo;80 del siglo pasado.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que podemos llamar primera presencia de Handke entre nosotros ocurri&oacute; en 1988, con un movimiento bastante ruidoso de <em>El miedo del arquero al tiro penal </em>(1970), en traducci&oacute;n de Alfaguara, y la proyecci&oacute;n en la Sala Lugones de la versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica de <strong>Wim Wenders</strong>, de 1972.
    </p><p class="article-text">
        La sociedad entre Handke y Wenders ya hab&iacute;a agregado la adaptaci&oacute;n en 1977 de <em>El amigo americano</em>, de <strong>Patricia Highsmith</strong>, protagonizada con <strong>Bruno Ganz</strong> y <strong>Dennis Hooper</strong>. Pero yendo al punto de hoy, es con <em>El miedo del arquero al tiro penal</em> que Handke se saca por primera vez (al menos en sus libros) las ganas de matar.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El miedo del arquero al tiro penal</em> (del &ldquo;portero&rdquo; al &ldquo;penalty&rdquo;, seg&uacute;n Alfaguara) el personaje principal, Josep Bloch, no vive. &nbsp;Es un ex arquero convertido en una bola de silencio y tedio, al que despiden del trabajo. Bloch recibe la noticia con indiferencia, si es que en la indiferencia hay alg&uacute;n tipo de recepci&oacute;n, y luego deambula como el &uacute;ltimo ejemplar de una especie extinguida. Es nadie, es la nada. 
    </p><p class="article-text">
        En el evento arltiano de la historia, Bloch conquista a una boletera de cine, cogen, la mata y, he aqu&iacute; la &ldquo;diferencia&rdquo;, el aporte de Handke a lo que de ontol&oacute;gico puede tener un relato policial: Bloch no escapa, pese a que su foto de b&uacute;squeda y recompensa aparece en los diarios. Ocurre todo lo contrario: sin responsabilidad ni remordimiento, como si no hubiese pasado nada (nada causado por &eacute;l), se mete en una tribuna a ver un partido de f&uacute;tbol en el que se va a patear un penal. 
    </p><p class="article-text">
        Salimos de la novela y, en la adaptaci&oacute;n de Wenders, vemos a Bloch encarnado en <strong>Arthur Brauss</strong>, conversando con un vendedor ambulante en la v&iacute;spera del penal. &iquest;Qu&eacute; hay que hacer? Como ex aquero, Bloch ha deducido de la experiencia de la espera una lectura de anticipaci&oacute;n. Y lo que le dice su experiencia es que <span class="highlight" style="--color:white;">si el que va a patear observa con atenci&oacute;n los movimientos del arquero antes de hacerlo, puede ver hacia cu&aacute;l de los palos se va a tirar y ajustar el tiro a la carrera, cambiando de direcci&oacute;n en el &uacute;ltimo segundo. Como si fuese f&aacute;cil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Al margen del &eacute;xito de esas maniobras de inteligencia y contrainteligencia ejecutadas a la velocidad de la luz, Bloch describe ese momento como una escena de caza entre animales diferentes. Es un concepto de la literatura, tal vez de la literatura de arqueros, que encaja como problema en las discusiones t&eacute;cnicas que han ido perfeccionando tanto la ejecuci&oacute;n como el bloqueo de penales. En un duelo de adivinos, &iquest;qui&eacute;n adivina a qui&eacute;n?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Bloch, que tiene el pensamiento invertido, o sea el del ejecutor, describe la situaci&oacute;n como la de una leve ventaja a favor del que patea. Pero su hip&oacute;tesis vale solamente si se considera que no hay reciprocidad de lecturas entre el que patea y el que ataja. En ese caso, el que patea es el animal superior porque activa su &ldquo;pasividad&rdquo; para dejar que los movimientos sean solo del arquero. Pero, &iquest;y si esos movimientos son falsos? Con la mirada que Handke divulga a trav&eacute;s de Bloch, tendr&iacute;amos penales de un solo corte, en los que el arquero muestra las cartas y el ejecutor no. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No es lo que ocurre cuando hay que patearle un penal a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Emiliano "Dibu" Mart&iacute;nez</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, la mole que en el metaverso de la publicidad se la pasa comiendo hamburguesas completas de Mostaza. Hay que patear un penal, y enfrente est&aacute; el Dibu. &iquest;C&oacute;mo se resuelve el problema? &iquest;Hay que esperar a que muestre la hilacha de la inclinaci&oacute;n? &iquest;Y si es &eacute;l quien est&aacute; advirtiendo c&oacute;mo ser&aacute; el ajuste final del que patea? En el fondo, all&iacute; se abre siempre un mundo de enga&ntilde;os y verdades, y las verdades ocurren en una segunda fase. Primero se enga&ntilde;a. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El asunto es demasiado complejo para revelar sus secretos ocultos. Atajar un penal es un acto dif&iacute;cil de realizar. La pelota mide casi 23 cent&iacute;metros. Si le damos un cuadrante, este ha de ser de 529 cm2. Mientras que la superficie de abertura del arco (2,44 x 7,32 metros) es de 178.608 cm2. O sea, digamos, es decir; es decir, o sea, digamos: en un arco caben 338 pelotas. Casi diez veces menos que las posibilidades que se tienen de acertar un pleno en el casino.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ahora, las salvedades. En primer lugar, la &ldquo;superficie&rdquo; que ocupa el arquero, por ejemplo, el Dibu Mart&iacute;nez, que no es la de un cuadrante, es decir de la parte que en una especulaci&oacute;n geom&eacute;trica podr&iacute;a retener una pelota lanzada hacia el arco. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La superficie de cobertura en el arco del Dibu puede ser estimada en, aproximadamente 9500 cm2 (1,90 de altura x 0.50 metros de ancho: una puerta). &iquest;Qu&eacute; significa esto, manga de burros? Que un arquero como &eacute;l cubre casi 1/19 el arco que est&aacute; defendiendo. C&aacute;lculo al que hay que a&ntilde;adirle los imponderables: que el ejecutor le erre al arco; que el punto de impacto del bloqueo pueda ser mucho menor que el cuadrante de la pelota (un dedo del arquero), o mucho mayor (el pecho del arquero); que el que patee &ldquo;mal&rdquo; haga el gol y el que patee &ldquo;bien&rdquo; no lo haga, etc&eacute;tera.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero todos los goleadores sabemos que atajar un penal es m&aacute;s dif&iacute;cil que una chance de 1/19, casi la mitad del pleno en el casino. Porque lo que aparece en el n&uacute;cleo de la escena es la fortaleza o la debilidad mental de los duelistas, adem&aacute;s de la suerte mala o buena. Y en ese rubro, las estad&iacute;sticas del Dibu son anormales. De 24 penales que recibi&oacute; como arquero de la Selecci&oacute;n Argentina, ataj&oacute; 9; y 3 fueron errados, obviamente por causa de su influencia: 37,5% de penales atajados; o 50% de penales no introducidos por el rival. &iquest;Qu&eacute; argumento explica esto que no sea que estamos ante una cosa&hellip; extra&ntilde;a? &iquest;Y si adentro del Dibu se alimenta un alien&iacute;gena? &nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ese &iacute;ndice de penales atajados por el Dibu con su cuerpo y su mentalidad especial es de casi 4/10. Para darle aura a esa matem&aacute;tica estelar, hay que recordar que </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Lionel Messi</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> pate&oacute; 30 penales con la Selecci&oacute;n Argentina, y meti&oacute; 24, lo que equivale a una tasa de 8/10 (</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>N&eacute;stor Ortigoza</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, penalista m&aacute;ximo, meti&oacute; en toda su carrera 56 de 60: tasa de 9/10).</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;De qu&eacute; est&aacute;bamos hablando? Ah, s&iacute;. En el di&aacute;logo de Josep Bloch con el vendedor ambulante en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El miedo del arquero al tiro penal</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, parece haber -hay- cuestiones de fondo, vamos a decir de la vida, en situaci&oacute;n de suspenso. Tanto es el suspenso, que va m&aacute;s all&aacute; del teatro del penal. Lo sabemos porque, mientras est&eacute; en libertad, Bloch todav&iacute;a no es un asesino. Mientras tanto, el arquero espera la carrera del ejecutor contra la pelota y contra &eacute;l. Precursor alem&aacute;n del Dibu Mart&iacute;nez, el personaje de Peter Handke estudia el panorama, lee en el futuro los pormenores del hecho que va a suceder, se queda parado en el medio del arco y, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>sin miedo</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, ataja el penal.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>JJB/MF</em></span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/atajar-miedo_129_11505584.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jul 2024 03:07:48 +0000]]></pubDate>
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