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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - María Gainza]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/maria-gainza/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - María Gainza]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La cuerda de la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuerda-vida_129_11553959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/325f0aaa-44f3-419d-b49e-4c9c327a4589_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cuerda de la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El gesto profundamente contracultural de "Un puñado de flechas", el nuevo libro de María Gainza, es el de examinar y disfrutar de ese azar que es la vida del artista: no buscarle el secreto ni la autenticidad, no intentar desentrañar qué es aquello que se necesita para seguir produciendo. </p></div><p class="article-text">
        Leer&iacute;a una lista de supermercado si la escribiera <strong>Mar&iacute;a Gainza</strong>, pero si a veces demoro un par de semanas o incluso meses en arrancar sus libros cuando llegan a mis manos es porque siento que leerla a ella, como a <strong>Rachel Cusk</strong>, a <strong>Vivian Gornick</strong> o a <strong>Nora Ephron</strong> es un poco hacer trampa. Tengo una parte kantiana de mi mente que siente que las cosas importantes tienen que molestarme un poco para ense&ntilde;arme algo; y leer a Gainza jam&aacute;s me molesta. Todo en la experiencia de leerla me resulta terso y suave: no es porque se repita, no es porque sea predecible, todo lo contrario, &eacute;sas son el tipo de piedras en el zapato que me van empantanando la lectura de un libro. Es sencillamente que s&eacute; que me va a gustar, que me va a sorprender, que me lo voy a devorar. La conciencia de que tiene todo lo que necesito y tambi&eacute;n algo m&aacute;s, algo que deja sin decir, sin cerrar, y que yo siempre vengo a arruinar con mis interpretaciones. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En <em>Un pu&ntilde;ado de flechas</em>, eso que Mar&iacute;a Gainza tiene la delicadeza de nunca terminar de nombrar es la pregunta por el paso del tiempo. Igual que <em>El nervio &oacute;ptico</em>, libro que comparte universo y registro con &eacute;ste, Gainza empieza el libro con un ensayo que tiene una clave de lectura para leer todos los dem&aacute;s. En <em>El nervio &oacute;ptico</em>, el primer texto terminaba enunciando el procedimiento del libro, con la sencillez de quien esconde la carta robada sobre el escritorio: &ldquo;uno escribe algo para otra cosa&rdquo;, as&iacute; pon&iacute;a. El primer texto de <em>Un pu&ntilde;ado de flechas</em>, que se llama &ldquo;El carcaj y las flechas doradas&rdquo;, explica un concepto que le ense&ntilde;&oacute; a Gainza nadie m&aacute;s y nadie menos que <strong>Francis Ford Coppola</strong> una noche en el Rodney, el bar de Chacarita: &ldquo;Vos sab&eacute;s&rdquo;, le dijo Coppola a Gainza, &ldquo;el artista viene al mundo con un carcaj que contiene un n&uacute;mero limitado de flechas doradas (...) Puede lanzar todas sus flechas de joven, o lanzarlas de adulto, o incluso ya de viejo. (...) Y s&oacute;lo al final de una vida se puede evaluar la periodicidad de los lanzamientos&rdquo;. Gainza le pregunta a Coppola si el artista tiene control en el lanzamiento de esas flechas, si puede decidir cu&aacute;ndo lo hace: &ldquo;No mucho&rdquo;, le contesta &eacute;l. &ldquo;<em>It just happens</em>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Gainza recordar&iacute;a este intercambio a&ntilde;os despu&eacute;s: ella ya era adulta y madre cuando un c&uacute;mulo de circunstancias la llevaron a terminar tomando pisco sour con su marido, su beba y Francis Ford Coppola a pasos del Parque Los Andes, pero no hab&iacute;a empezado su carrera de escritora. No hab&iacute;a lanzado todav&iacute;a su primera flecha. La imagen parece volver en este libro, que viene ya despu&eacute;s de muchos: la parte que ella no enuncia es la pregunta que todos nos hacemos, la de cu&aacute;ntas flechas nos quedar&aacute;n. Es una pregunta espec&iacute;fica que nos hacemos quienes escribimos, supongo: cu&aacute;ntos ases bajo la manga tendr&eacute; todav&iacute;a, cu&aacute;ndo dejar&aacute; de dar agua el pozo del que siempre siento que estoy sacando la &uacute;ltima gota. Es tambi&eacute;n una pregunta m&aacute;s general sobre la cuerda de la vida, y a lo largo del libro, Gainza parece examinarla de manera oblicua tambi&eacute;n en este sentido: cuando se pregunta por el sentido de una colecci&oacute;n de arte, o incluso por la narrativa de una vida, lo que est&aacute; haciendo de alguna manera es poner en escena distintas versiones de esta b&uacute;squeda por el sentido, esta sensaci&oacute;n de intentar ponerle a lo inesperado de la existencia un borde que solo puede aparecer cuando ya no estamos ah&iacute; para entenderlo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Gainza escribió ya alguna vez cómo se liberó de los imperativos de su clase. En &quot;Un puñado de flechas&quot; cuenta cómo se liberó de ciertos imperativos del mercado</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando pienso en lo que se perder&iacute;a si el arte pasara a ser todo producido por inteligencias artificiales (o por figuras encarnadas por humanos pero enteramente inventadas por empresas, que es casi lo mismo, en el fondo: no es una cuesti&oacute;n de ADN, ni de venas ni de sangre), pienso en que una de las cosas m&aacute;s valiosas que tienen los autores es que viven en el tiempo y que podemos leer la sucesi&oacute;n de sus obras como un relato: ver su juventud, sus b&uacute;squedas, lo que emerge despu&eacute;s de un bloqueo o de un per&iacute;odo de silencio largo, las inquietudes que se le gastan, las que aparecen, las que nunca lo abandonan. 
    </p><p class="article-text">
        En alg&uacute;n sentido pienso que esto que le dijo Coppola a Gainza habla tambi&eacute;n de su trabajo, el de Gainza digo, el trabajo de cr&iacute;tica de arte que viene ejerciendo desde antes de ser escritora y que todo indica que la acompa&ntilde;ar&aacute; toda la vida. Solo al final de una vida se puede evaluar la periodicidad de los lanzamientos: y para cuando eso pasa el artista ya no est&aacute;, de modo que ese trabajo es esencialmente el trabajo del cr&iacute;tico. Pienso, tambi&eacute;n, en lo otro que pasa con el tiempo, que es aprender cosas que uno ni sabe que sabe: la sabidur&iacute;a, ese conocimiento intransmisible del cuerpo sobre el amor y sobre el poder y sobre la experiencia en general que no puede traducirse en informaci&oacute;n y por eso nunca podr&iacute;a llegar a saberlo nadie que no tenga que soportar vivir en un cuerpo por todos estos a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Un pu&ntilde;ado de flechas</em> habla de todo esto sin discursos motivacionales, sin ense&ntilde;anzas: Gainza no quiere decirnos que todo es siempre posible, ni darnos ning&uacute;n consejo para mantener las fechas disponibles despu&eacute;s de los treinta o de los cuarenta o de la marca arbitraria que sea. El gesto profundamente contracultural de <em>Un pu&ntilde;ado de flechas</em> es el de examinar y disfrutar de ese azar que es la vida del artista: no buscarle el secreto ni la autenticidad, no intentar desentra&ntilde;ar qu&eacute; es aquello que se necesita para seguir produciendo. Lo que hace el libro es mirar, como se mira en un museo, la maravilla del paso del tiempo, las oportunidades tomadas y las despercidiadas. Lo hace con la tranquilidad de quien se entrega al descontrol mitad porque es lo &uacute;nico que se puede hacer, mitad porque en el coraz&oacute;n de su narradora late una intuici&oacute;n muy &iacute;ntima de que de esa manera aparece la autenticidad mucho m&aacute;s que si se la busca en alguna instancia &uacute;ltima, en un viaje de ayahuasca, en un casamiento, en lo que sea. 
    </p><p class="article-text">
        Gainza escribi&oacute; ya alguna vez c&oacute;mo se liber&oacute; de los imperativos de su clase; en <em>Un pu&ntilde;ado de flechas</em> cuenta c&oacute;mo se liber&oacute; de ciertos imperativos del mercado, y de cierta narrativa burguesa, juvenilista y predecible de la carrera del artista. Mucha gente se va de mundos, y eso siempre te ense&ntilde;a algo, pero lo que se ve en este libro es que Gainza no se fue de un mundo para conquistar otro. Se fue del goce aburrido de la conquista.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuerda-vida_129_11553959.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jul 2024 03:01:27 +0000]]></pubDate>
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