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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Vivian Gornick]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/vivian-gornick/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Vivian Gornick]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Vivian Gornick: “El feminismo va a sobrevivir a la era de Donald Trump”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/vivian-gornick-feminismo-sobrevivir-donald-trump_1_12353912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d967b590-4e9d-456b-86e8-3a5bd3bba4a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivian Gornick: “El feminismo va a sobrevivir a la era de Donald Trump”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora feminista, emblema de la segunda ola del movimiento, visitó Madrid para participar en la Feria del Libro y presentar 'Por qué algunos hombres odian a las mujeres y otros textos feministas'</p></div><p class="article-text">
        <strong>Vivian Gornick </strong>cumplir&aacute; 90 a&ntilde;os el 14 de junio y a punto de dejar atr&aacute;s los 89 sigue defendiendo sus ideas y sus textos con la misma fiereza y sagacidad de siempre. El suyo es uno de esos ejemplos de triunfo tard&iacute;o que a menudo se da en las mujeres. Public&oacute; <em>Apegos feroces</em> con 51 a&ntilde;os y en espa&ntilde;ol se la conoci&oacute; todav&iacute;a mucho m&aacute;s tarde, cuando en 2017 (treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n original) esas &ldquo;memorias caminadas&rdquo; se convirtieron en un &eacute;xito instant&aacute;neo y en el libro m&aacute;s regalado por las hijas a sus madres pese, o gracias a, la mirada implacable y antagonista de Gornick con su progenitora.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;La raz&oacute;n, seg&uacute;n la propia autora? &ldquo;La mayor parte de mi vida vi a mi madre como una mujer dominante, que lo &uacute;nico que quer&iacute;a de m&iacute; era que saciara sus deseos y necesidades. No es que la odiara, pero crec&iacute; luchando contra ella... Sent&iacute;a que compet&iacute;a conmigo constantemente, y creo que si <em>Apegos feroces</em> tuvo alg&uacute;n &eacute;xito en el mundo es porque hay miles de mujeres que, aunque no lo digan, se sienten identificadas conmigo&rdquo;, explic&oacute; este lunes en Madrid, en un encuentro con medios. Era eso, claro, la identificaci&oacute;n, y tambi&eacute;n su estilo, esa respiraci&oacute;n de frase corta y decisiva, irrebatible, a la vez conversacional y sofisticada. 
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                </figure><p class="article-text">
        Desde <em>Apegos feroces</em>, la editorial Sexto Piso ofreci&oacute; una novedad de la autora puntualmente cada dos a&ntilde;os (a veces menos), pero el orden cronol&oacute;gico en el que fueron escritos no tiene nada que ver con el que est&aacute;n siendo publicados, por lo que a veces su conexi&oacute;n con la actualidad es algo esquiva. 
    </p><p class="article-text">
        Su libro m&aacute;s reciente, <em>Cuentas pendientes</em>, fue publicado en su pa&iacute;s en 2020 y en castellano en el 21. El texto es una mezcla de los dos g&eacute;neros que hicieron de Vivian Gornick el &iacute;cono cultural y feminista que es hoy: la cr&iacute;tica literaria y las memorias personales; y en &eacute;l revisitaba de forma apasionada y anal&iacute;tica, aquellos libros y autores que hab&iacute;an marcado en su vida (Marguerite Duras; Colette, Natalia Ginzsburg) ilustr&aacute;ndonos sobre lo que hab&iacute;a encontrado en ellos y en s&iacute; misma al volverlos a leer por tercera o cuarta vez en esta &uacute;ltima etapa de su vida. 
    </p><p class="article-text">
        El libro que fue a presentar a Madrid, <em>Por qu&eacute; algunos hombres odian a las mujeres y otros textos feministas</em>, recoge algunos art&iacute;culos publicados por Gornick a finales de los 70 (con traducci&oacute;n de Cristina Lizarbe Ruiz) en la &eacute;poca en que era reportera para The Village Voice, el semanario &iacute;cono del periodismo alternativo y la contracultura en Nueva York, en el que se le asign&oacute; la tarea de cubrir desde sus p&aacute;ginas el movimiento feminista.
    </p><p class="article-text">
        En ellos, denuncia la misoginia de autores como Norman Mailer, Saul Bellow o Philip Roth; cuenta c&oacute;mo funciona y qu&eacute; es lo que sucede en un grupo de autoconciencia (grupos de mujeres diversas, no militantes, que al compartir sus experiencias &iacute;ntimas se dan cuenta de que sus problemas no son personales sino pol&iacute;ticos); o utiliza las conversaciones aparentemente triviales en una peluquer&iacute;a del Midtown para hablar de c&oacute;mo cambiaron las relaciones entre hombres y mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Pero en la conferencia de prensa que ofreci&oacute; para los medios en el espacio de Fundaci&oacute;n Telef&oacute;nica hab&iacute;a m&aacute;s inter&eacute;s por preguntarle de la actual situaci&oacute;n pol&iacute;tica de Estados Unidos que del propio libro, por lo que podr&iacute;a decirse que Donald Trump y sus retrocesos democr&aacute;ticos eran el aut&eacute;ntico elefante en la habitaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una y otra vez se le pregunt&oacute; por los retrocesos para las mujeres y la ola reaccionaria, pero ella se neg&oacute; a ser catastrofista: &ldquo;El feminismo va a sobrevivir a la era de Donald Trump. Es la batalla m&aacute;s larga y dif&iacute;cil de la historia. M&aacute;s incluso que la del racismo. Nunca hubo un cambio tan grande, y tan lento, para los seres humanos como el que trajo el feminismo. Y s&iacute;, es cierto que vamos a c&aacute;mara lenta, pero hay cosas que ya no van a cambiar, involuciones imposibles. Las mujeres no van a querer quedarse en casa, eso no va a ocurrir. <strong>La ola reaccionaria no es nueva, siempre estuvo ah&iacute;. En cada paso del proceso, en cada avance se declar&oacute; que el feminismo era una cosa del pasado, se dijo siempre y nunca fue cierto</strong>&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Con respecto al ataque m&aacute;s fuerte que recibi&oacute; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os la autonom&iacute;a de las mujeres en Estados Unidos con la revocaci&oacute;n del caso Roe contra Wade que reconoc&iacute;a el derecho constitucional al aborto, Gornick defiende que a pesar de que objetivamente se trata de una muy mala noticia, la prohibici&oacute;n provoc&oacute; un efecto parad&oacute;jico: &ldquo;Ante el estupor y el shock much&iacute;sima gente que no lo estaba se politiz&oacute; de la noche a la ma&ntilde;ana. Desde el d&iacute;a siguiente a la entrada en vigor de la prohibici&oacute;n ya hab&iacute;a grupos de m&eacute;dicos, de enfermeras, de militantes, redes organizadas de mujeres para ayudar a otras a abortar. As&iacute; que al a&ntilde;o siguiente de la prohibici&oacute;n el n&uacute;mero de abortos en el pa&iacute;s hab&iacute;a crecido y no bajado. No vamos a permitir que pisoteen nuestros derechos. <strong>Yo sigo creyendo en el poder de la democracia, y es verdad que nos enfrentamos a este r&eacute;gimen que va hacia el autoritarismo, pero lo vamos a luchar</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los art&iacute;culos del libro que se presentaba, <em>El movimiento de las mujeres en crisis,</em> habla sobre las disensiones dentro del feminismo en los a&ntilde;os 70 y las cr&iacute;ticas a Gloria Steinem y su revista Ms., todo aquel momento convulso que tan bien reflej&oacute; la serie <em>Mrs America</em> (HBO, 2020). Al ser preguntada por las divisiones actuales, la autora remiti&oacute; a las palabras escritas: &ldquo;Las mujeres que est&aacute;n a cargo de Ms. no son mis hermanas pol&iacute;ticas ni mis compa&ntilde;eras de trabajo ni mis amigas del alma. Su visi&oacute;n del mundo no es mi misi&oacute;n, pero no son el enemigo. <strong>El enemigo es el machismo. El enemigo es la ausencia de conciencia feminista</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n le hizo gracia cuando le preguntaron por la superficializaci&oacute;n de los mensajes feministas en pos de su viralizaci&oacute;n en redes. &ldquo;Lo siento, pero no estoy en ninguna red. Me siento completamente ajena a lo que pasa en ellas. Pero toda pregunta importante se trivializa a todas horas. En los 70, a la media hora de su nacimiento, cuando el movimiento era m&aacute;s radical, ya ten&iacute;amos en revistas como Times o Newsweek a una modelo vestida de rosa y con el pu&ntilde;o en alto para ilustrar la revoluci&oacute;n, o sea, para intentar minimizarla y desactivarla&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Se compar&oacute; la din&aacute;mica de los grupos de autoconciencia, con sus confidencias y testimonios, con la tendencia actual de muchas mujeres a compartir sus experiencias de abusos en redes. Sin embargo, Gornick puntualiz&oacute; que para ella, el testimonio compartido es un instrumento muy potente para todos los movimientos sociales, &ldquo;pero si no se politiza es cotilleo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Su sue&ntilde;o para el futuro? &ldquo;Que m&aacute;s seres humanos lleguen a ser reales para otros seres humanos. Eso es lo m&aacute;s importante y lo m&aacute;s dif&iacute;cil&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Navarro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/vivian-gornick-feminismo-sobrevivir-donald-trump_1_12353912.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Jun 2025 16:47:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivian Gornick,Feminismos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuestras vidas chiquitas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vidas-chiquitas_129_11691090.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d005997a-d828-403b-b364-6944bf396308_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nuestras vidas chiquitas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo narrar esos problemas de amor contemporáneo que no tienen nombres propios ni explicaciones claras?

</p></div><p class="article-text">
        Estoy releyendo un libro de <strong>Vivian Gornick</strong> que se llama, valga la redundancia, <em>Unfinished Business. Notes of a Chronic Re-reader </em>(algo as&iacute; como &ldquo;asuntos inconclusos: notas de una relectora cr&oacute;nica&rdquo;). Es una colecci&oacute;n de ensayos dedicados a libros que, por una raz&oacute;n o por otra, Gornick ha le&iacute;do varias veces a lo largo de su vida. Terminan siendo, entonces, ensayos sobre la experiencia de releer, volver a pasar por el mismo lugar siendo una persona distinta. Algunos de estos textos hablan de libros que le gustaron mucho siendo adolescente y le resultado un poco m&aacute;s huecos ley&eacute;ndolos de adulta; otros, de identificarse a cada lectura con un personaje distinto. Algunos m&aacute;s, de volver y una otra vez a un libro porque las preguntas que all&iacute; viven nunca dejan de persistir.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que quer&iacute;a decir es que releer <em>Unfinished Business</em> es releer a Gornick en m&aacute;s de un sentido porque, como ella misma aclara en el pr&oacute;logo, el libro contiene frases y p&aacute;rrafos enteros copiados de otros libros suyos (l&oacute;gico: si una se mete con las lecturas que la han acompa&ntilde;ado a lo largo de la vida es perfectamente natural encontrarse con que una ya ha dicho lo m&aacute;s importante que ten&iacute;a para decir sobre ese libro en otro momento, y no vale la pena intentar inventarlo de nuevo). Y me encontr&eacute;, entonces, con una idea que ella desarrolla en su libro <em>El fin de la novela de amor</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Ese libro era una despedida a las grandes novelas de amor: no porque el amor ya no existiera; ni siquiera porque la experiencia del amor hubiera cambiado sustancialmente. Gornick despide en 1997, a pasitos del fin del siglo pasado, a las grandes novelas de amor, porque lo que cree es que el amor deja de funcionar como met&aacute;fora de la trascendencia. En <em>Romeo y Julieta</em>, pongamos, o en <em>Ana Karenina</em>, el amor no se trata solo del amor: se trata de conectar con la verdad de la vida en un mundo de gente preocupada por la convenci&oacute;n y la apariencia. 
    </p><p class="article-text">
        En las grandes historias de amor de la modernidad enamorarse implica un compromiso con lo verdadero y lo necesario; un encuentro, adem&aacute;s, que tiene un car&aacute;cter <em>final</em>, la sensaci&oacute;n de que se ha llegado a desentra&ntilde;ar el misterio y no hay una vuelta atr&aacute;s de eso. Las grandes historias de amor del siglo XIX no hablan del desconcierto que deja el amor cuando se termina: ese es el gran tema del siglo XXI. Tampoco hablan de que una puede estar perdidamente enamorada y sin embargo no tener ning&uacute;n secreto: ninguna idea de qu&eacute; deber&iacute;a hacer con el mundo, o m&aacute;s humildemente, con su vida. La conciencia del siglo XXI de que el amor no termina para siempre con todos los problemas hace casi imposible, para Gornick, que volvamos a leer una novela de amor como las le&iacute;a la gente hace 100 a&ntilde;os: el amor, hoy, es solamente amor. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;C&oacute;mo se narra entonces ese amor que es solamente amor? Se narra menos, eso es seguro: el amor como tema predomina mucho menos en la literatura y en el cine, por poner dos ejemplos que m&aacute;s o menos sigo, de lo que predominaba hace unas d&eacute;cadas. Sin embargo, nos sigue interesando, nos sigue importando, nos sigue fascinando; y entonces hace falta inventar las maneras; o reinventarlas; o tratar de que no se note que ya no se puede.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la trilog&iacute;a de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Richard Linklater</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> que empieza con </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Antes del atardecer</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> se puede leer este cambio a lo largo de las entregas. En la primera, efectivamente, descubrir el amor es descubrir la vida; en la segunda, cuando Jesse y Celine se reencuentran, los obst&aacute;culos externos (las vidas de cada uno, las parejas que han formado) parecen interponerse en su amor, igual que en las grandes historias rom&aacute;nticas. Es en la tercera, con dos protagonistas grandes, casados y cansados, que el siglo XXI irrumpe. Lo que se interpone ya no es el afuera sino el adentro: la sensaci&oacute;n de que el amor no resolvi&oacute; todos los problemas de la vida, o peor todav&iacute;a, que los ha causado; o que el amor que todo lo daba y todo lo pod&iacute;a era ese de la primera pel&iacute;cula, y m&aacute;s valdr&iacute;a mandar todo el diablo y apostar a enamorarse locamente de vuelta que intentar sostener prendida una llama que ya no puede arder como el primer d&iacute;a. Hay gente que piensa que esta &uacute;ltima pel&iacute;cula sobre un matrimonio agotado es una traici&oacute;n al esp&iacute;ritu de la primera. Para m&iacute;, en cambio, es un final perfecto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las dos series de mujeres millennials que marcaron el tono de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas (</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Girls</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Lena Dunham</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Fleabag</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Phoebe Waller Bridges</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">) resolvieron este tema de maneras diferentes. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Girls</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> intent&oacute; contar historias de amor que solo ten&iacute;an en el centro a la neurosis: fueron honestas y sensibles, s&iacute;, pero menos &eacute;picas. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Fleabag</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> hizo algo de eso en su primera temporada, pero la que pas&oacute; a la historia fue la segunda, con la aventura amorosa m&aacute;s cl&aacute;sica de todas: el amor aut&eacute;nticamente imposible entre una chica y un cura, como Camila y Ladislao. M&aacute;s viejo que la escarapela, que tambi&eacute;n te puede hacer llorar en el contexto adecuado. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En las &uacute;ltimas semanas vi dos comedias rom&aacute;nticas que se enfrentaron a ese desaf&iacute;o: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Envidiosa</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, por un lado, con el protag&oacute;nico de</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> Griselda Siciliani</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Nobody Wants This</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, con </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Adam Brody</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Kristen Bell</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>Nobody Wants This</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> cuenta la historia de amor entre un rabino y una gentil. Es una comedia b&aacute;rbara, fresca y efectiva: igual que la temporada del cura de Fleabag, no se siente vieja, porque est&aacute; llena de encanto, y entonces el atajo de armar la imposibilidad a trav&eacute;s de uno de los pocos sectores del mundo que mantienen trabas premodernas (la religi&oacute;n organizada) se siente m&aacute;s como un chistecito que como una reliquia venerable. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>Envidiosa</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, por su parte, hace algo inteligente: inventa, de alguna manera, un amor imposible entre el personaje de Griselda Siciliani y el muchacho humilde que encarna</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> Esteban Lamothe</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, pero no porque efectivamente hoy haya algo prohibido en salir con un tipo que no tiene plata. De hecho, todas las amigas de Vicky (Siciliani) le dicen que le d&eacute; una chance: es ella la que tiene en la cabeza la imagen de un marido acomodado que puede acomodarla a ella en una casa de country, y es esa imagen la que conspira contra su propia felicidad. Me parece una buena transa, un buen c&aacute;lculo: vestir de externo un obst&aacute;culo interno para hacerlo m&aacute;s f&aacute;cil de contar sin perder del todo el veros&iacute;mil. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Me sigo preguntando, igual, sobre c&oacute;mo narrar esos problemas de amor contempor&aacute;neo que no tienen nombres propios ni explicaciones claras; si se puede armar algo que nos divierta con esos problemas intangibles; si nos cuesta hacer entrar a la masividad esos problemas intangibles por una cuesti&oacute;n narrativa o si realmente son demasiado aburridos y exasperantes para hacerlos entrar en algo que nos tiene que dar alguna suerte de satisfacci&oacute;n; algo que termine bien o que termine mal, pero que termine, y que para eso tiene que haber empezado; algo que se sienta verdadero, como se sent&iacute;a el Amor con may&uacute;sculas de las historias de otra &eacute;poca (o de las pel&iacute;culas de otra &eacute;poca, m&aacute;s bien), y no un borrador en l&aacute;piz cobarde como a veces pueden sentirse las historias que s&iacute; nos toca atravesar en nuestras vidas chiquitas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>TT/MF</em></span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vidas-chiquitas_129_11691090.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Sep 2024 03:00:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nuestras vidas chiquitas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivian Gornick,Envidiosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cuerda de la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuerda-vida_129_11553959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/325f0aaa-44f3-419d-b49e-4c9c327a4589_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cuerda de la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El gesto profundamente contracultural de "Un puñado de flechas", el nuevo libro de María Gainza, es el de examinar y disfrutar de ese azar que es la vida del artista: no buscarle el secreto ni la autenticidad, no intentar desentrañar qué es aquello que se necesita para seguir produciendo. </p></div><p class="article-text">
        Leer&iacute;a una lista de supermercado si la escribiera <strong>Mar&iacute;a Gainza</strong>, pero si a veces demoro un par de semanas o incluso meses en arrancar sus libros cuando llegan a mis manos es porque siento que leerla a ella, como a <strong>Rachel Cusk</strong>, a <strong>Vivian Gornick</strong> o a <strong>Nora Ephron</strong> es un poco hacer trampa. Tengo una parte kantiana de mi mente que siente que las cosas importantes tienen que molestarme un poco para ense&ntilde;arme algo; y leer a Gainza jam&aacute;s me molesta. Todo en la experiencia de leerla me resulta terso y suave: no es porque se repita, no es porque sea predecible, todo lo contrario, &eacute;sas son el tipo de piedras en el zapato que me van empantanando la lectura de un libro. Es sencillamente que s&eacute; que me va a gustar, que me va a sorprender, que me lo voy a devorar. La conciencia de que tiene todo lo que necesito y tambi&eacute;n algo m&aacute;s, algo que deja sin decir, sin cerrar, y que yo siempre vengo a arruinar con mis interpretaciones. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En <em>Un pu&ntilde;ado de flechas</em>, eso que Mar&iacute;a Gainza tiene la delicadeza de nunca terminar de nombrar es la pregunta por el paso del tiempo. Igual que <em>El nervio &oacute;ptico</em>, libro que comparte universo y registro con &eacute;ste, Gainza empieza el libro con un ensayo que tiene una clave de lectura para leer todos los dem&aacute;s. En <em>El nervio &oacute;ptico</em>, el primer texto terminaba enunciando el procedimiento del libro, con la sencillez de quien esconde la carta robada sobre el escritorio: &ldquo;uno escribe algo para otra cosa&rdquo;, as&iacute; pon&iacute;a. El primer texto de <em>Un pu&ntilde;ado de flechas</em>, que se llama &ldquo;El carcaj y las flechas doradas&rdquo;, explica un concepto que le ense&ntilde;&oacute; a Gainza nadie m&aacute;s y nadie menos que <strong>Francis Ford Coppola</strong> una noche en el Rodney, el bar de Chacarita: &ldquo;Vos sab&eacute;s&rdquo;, le dijo Coppola a Gainza, &ldquo;el artista viene al mundo con un carcaj que contiene un n&uacute;mero limitado de flechas doradas (...) Puede lanzar todas sus flechas de joven, o lanzarlas de adulto, o incluso ya de viejo. (...) Y s&oacute;lo al final de una vida se puede evaluar la periodicidad de los lanzamientos&rdquo;. Gainza le pregunta a Coppola si el artista tiene control en el lanzamiento de esas flechas, si puede decidir cu&aacute;ndo lo hace: &ldquo;No mucho&rdquo;, le contesta &eacute;l. &ldquo;<em>It just happens</em>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Gainza recordar&iacute;a este intercambio a&ntilde;os despu&eacute;s: ella ya era adulta y madre cuando un c&uacute;mulo de circunstancias la llevaron a terminar tomando pisco sour con su marido, su beba y Francis Ford Coppola a pasos del Parque Los Andes, pero no hab&iacute;a empezado su carrera de escritora. No hab&iacute;a lanzado todav&iacute;a su primera flecha. La imagen parece volver en este libro, que viene ya despu&eacute;s de muchos: la parte que ella no enuncia es la pregunta que todos nos hacemos, la de cu&aacute;ntas flechas nos quedar&aacute;n. Es una pregunta espec&iacute;fica que nos hacemos quienes escribimos, supongo: cu&aacute;ntos ases bajo la manga tendr&eacute; todav&iacute;a, cu&aacute;ndo dejar&aacute; de dar agua el pozo del que siempre siento que estoy sacando la &uacute;ltima gota. Es tambi&eacute;n una pregunta m&aacute;s general sobre la cuerda de la vida, y a lo largo del libro, Gainza parece examinarla de manera oblicua tambi&eacute;n en este sentido: cuando se pregunta por el sentido de una colecci&oacute;n de arte, o incluso por la narrativa de una vida, lo que est&aacute; haciendo de alguna manera es poner en escena distintas versiones de esta b&uacute;squeda por el sentido, esta sensaci&oacute;n de intentar ponerle a lo inesperado de la existencia un borde que solo puede aparecer cuando ya no estamos ah&iacute; para entenderlo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Gainza escribió ya alguna vez cómo se liberó de los imperativos de su clase. En &quot;Un puñado de flechas&quot; cuenta cómo se liberó de ciertos imperativos del mercado</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando pienso en lo que se perder&iacute;a si el arte pasara a ser todo producido por inteligencias artificiales (o por figuras encarnadas por humanos pero enteramente inventadas por empresas, que es casi lo mismo, en el fondo: no es una cuesti&oacute;n de ADN, ni de venas ni de sangre), pienso en que una de las cosas m&aacute;s valiosas que tienen los autores es que viven en el tiempo y que podemos leer la sucesi&oacute;n de sus obras como un relato: ver su juventud, sus b&uacute;squedas, lo que emerge despu&eacute;s de un bloqueo o de un per&iacute;odo de silencio largo, las inquietudes que se le gastan, las que aparecen, las que nunca lo abandonan. 
    </p><p class="article-text">
        En alg&uacute;n sentido pienso que esto que le dijo Coppola a Gainza habla tambi&eacute;n de su trabajo, el de Gainza digo, el trabajo de cr&iacute;tica de arte que viene ejerciendo desde antes de ser escritora y que todo indica que la acompa&ntilde;ar&aacute; toda la vida. Solo al final de una vida se puede evaluar la periodicidad de los lanzamientos: y para cuando eso pasa el artista ya no est&aacute;, de modo que ese trabajo es esencialmente el trabajo del cr&iacute;tico. Pienso, tambi&eacute;n, en lo otro que pasa con el tiempo, que es aprender cosas que uno ni sabe que sabe: la sabidur&iacute;a, ese conocimiento intransmisible del cuerpo sobre el amor y sobre el poder y sobre la experiencia en general que no puede traducirse en informaci&oacute;n y por eso nunca podr&iacute;a llegar a saberlo nadie que no tenga que soportar vivir en un cuerpo por todos estos a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Un pu&ntilde;ado de flechas</em> habla de todo esto sin discursos motivacionales, sin ense&ntilde;anzas: Gainza no quiere decirnos que todo es siempre posible, ni darnos ning&uacute;n consejo para mantener las fechas disponibles despu&eacute;s de los treinta o de los cuarenta o de la marca arbitraria que sea. El gesto profundamente contracultural de <em>Un pu&ntilde;ado de flechas</em> es el de examinar y disfrutar de ese azar que es la vida del artista: no buscarle el secreto ni la autenticidad, no intentar desentra&ntilde;ar qu&eacute; es aquello que se necesita para seguir produciendo. Lo que hace el libro es mirar, como se mira en un museo, la maravilla del paso del tiempo, las oportunidades tomadas y las despercidiadas. Lo hace con la tranquilidad de quien se entrega al descontrol mitad porque es lo &uacute;nico que se puede hacer, mitad porque en el coraz&oacute;n de su narradora late una intuici&oacute;n muy &iacute;ntima de que de esa manera aparece la autenticidad mucho m&aacute;s que si se la busca en alguna instancia &uacute;ltima, en un viaje de ayahuasca, en un casamiento, en lo que sea. 
    </p><p class="article-text">
        Gainza escribi&oacute; ya alguna vez c&oacute;mo se liber&oacute; de los imperativos de su clase; en <em>Un pu&ntilde;ado de flechas</em> cuenta c&oacute;mo se liber&oacute; de ciertos imperativos del mercado, y de cierta narrativa burguesa, juvenilista y predecible de la carrera del artista. Mucha gente se va de mundos, y eso siempre te ense&ntilde;a algo, pero lo que se ve en este libro es que Gainza no se fue de un mundo para conquistar otro. Se fue del goce aburrido de la conquista.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuerda-vida_129_11553959.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jul 2024 03:01:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[María Gainza,Rachel Cusk,Vivian Gornick,Nora Ephron,Francis Ford Coppola]]></media:keywords>
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