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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Jan Hammer]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Jan Hammer]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Planetas alineados, corderos caídos y el huevo de una serpiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/planetas-alineados-corderos-caidos-huevo-serpiente_129_11594545.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e23aec7b-43de-41f9-9c2e-c8df3359121b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Planetas alineados, corderos caídos y el huevo de una serpiente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos delirios afortunados. Por un lado, Gustav Holst, un compositor de cuyo nacimiento se cumplen ciento cincuenta años, compone, inspirado por el horóscopo, la pieza más imitada, menos escuchada y peor valorada de la historia. Por otro, hace medio siglo, Peter Gabriel escribe una historia inspirada en El topo, de Alejandro Jodorowski, y, junto con el grupo Genesis, lleva un género a su cumbre: el punto más alto y el principio de la caída. Y, por supuesto, a otro comienzo. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        El camino del infierno est&aacute; sembrado de buenas intenciones, se dice. Lo contrario no es menos cierto. Por lo menos en el arte mucho de lo mejor, lo m&aacute;s inquietante, aquello capaz de cambiar una vida para siempre, a menudo ha nacido del caos, de lo incomprendido o, simplemente, de ideas p&eacute;simas. Es decir: los artistas casi nunca saben lo que hacen ni por qu&eacute;. Y sus valoraciones de la obra propia normalmente no coinciden con las ajenas. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Los planetas</em>, la suite de siete piezas sinf&oacute;nicas que el compositor ingl&eacute;s <strong>Gustav Holst</strong> dedic&oacute; al sistema solar seg&uacute;n una gu&iacute;a astrol&oacute;gica de mala muerte, y <em>The Lamb Lies Down on Broadway</em>, el sexto disco de estudio del grupo <strong>Genesis</strong> y el &uacute;ltimo con <strong>Peter Gabriel</strong>&nbsp;entre sus integrantes, son buenos ejemplos. No se trata de que Holst no fuera famoso. O de que su m&uacute;sica no haya sido valorada en absoluto. De hecho, sus planetas est&aacute;n entre lo m&aacute;s escuchado del &uacute;ltimo siglo. En miles de pel&iacute;culas que utilizaron su obra &ndash;sobre todo el tema ceremonial de &ldquo;J&uacute;piter, el portador de la alegr&iacute;a&rdquo;&ndash; pero, en particular, a trav&eacute;s de quienes lo imitaron (o tomaron sus ense&ntilde;anzas, digamos). Si <strong>Giacomo Puccini</strong> invent&oacute; el concepto de la m&uacute;sica de cine cuando el cine no exist&iacute;a &ndash;ese tema de Mim&iacute;, en <em>La boh&egrave;me</em>, que aparece en escena antes que ese personaje y anuncia algo a&uacute;n no sucedido&ndash;, Holst fue quien invent&oacute; el estilo. Sin &eacute;l, ni <em>La guerra de las galaxias</em> ni <em>Harry Potter</em> &ndash;ni <strong>John Williams</strong>, obviamente&ndash; habr&iacute;an sido como fueron. El caso de <em>Los planetas</em> es el de un &eacute;xito parad&oacute;jico. O de una obra maldita al rev&eacute;s. Tal como sucede con esa especie de oratorio de argumento imposible, que todos en Genesis &ndash;salvo Gabriel&ndash; odiaron, los astros se alineaban, certeros, para un fracaso que jam&aacute;s tuvo lugar. O no de la manera prevista.
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                Gustav Holst                            </span>
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        Gustav Holst, que hab&iacute;a nacido hace 150 a&ntilde;os, en 1874, fue un autor at&iacute;pico en m&aacute;s de un sentido. Se dedic&oacute; sobre todo a la ense&ntilde;anza y compon&iacute;a los fines de semana y en las vacaciones. Y sus preocupaciones &ndash;y hasta su estilo&ndash; oscilaban del sanscrito y el hinduismo a los hor&oacute;scopos, y, seg&uacute;n su propia definici&oacute;n, en una carta enviada a un amigo en 1914, &ldquo;s&oacute;lo si me sugieren m&uacute;sicas&rdquo;. En esa misma misiva aclaraba que &ldquo;por eso estudi&eacute; s&aacute;nscrito; y recientemente el car&aacute;cter de cada planeta me sugiri&oacute; un mont&oacute;n de cosas y me dediqu&eacute; a estudiar astrolog&iacute;a&rdquo;. Sus estudios, no obstante, y a pesar de que quienes lo conocieron afirman que era bastante ducho realizando cartas astrales, no parecen haber sido demasiado concienzudos si se repara en el hecho de que el t&iacute;tulo de las diferentes piezas de la suite est&aacute; sacado de una gu&iacute;a publicada en Londres en esos a&ntilde;os, <em>What is a Horoscope?,</em> escrita por un supuesto sabio en la materia, el te&oacute;sofo<strong> Alan Leo</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La obra fue escrita durante la Gran Guerra. Los primeros bocetos son de 1914, fue concluida en 1917 y su estreno casi privado fue en septiembre de 1918, dos meses antes de que Alemania aceptara las condiciones del armisticio &ndash;una paz que, en realidad, nunca lleg&oacute; del todo&ndash;. Y su primer n&uacute;mero, &ldquo;Marte, el portador de la guerra&rdquo; tiene todo el aspecto de ser una referencia expl&iacute;cita. Sin embargo, seg&uacute;n el propio autor, no hubo all&iacute; ninguna consideraci&oacute;n que no fuera astrol&oacute;gica. O musical: los grandes contrastes; la instrumentaci&oacute;n como materia maleable y, s&iacute;, cambiante como la posici&oacute;n de los planetas en el cosmos. <em>Los Planetas</em> tuvo sus fans desde el primer momento, empezando por el director <strong>Adrian Boult</strong> que fue quien estren&oacute; la suite. La espectacularidad y el show orquestal al que daba lugar no eran un atractivo menor y estuvieron &ndash;y est&aacute;n&ndash; tanto en el centro de las virtudes reconocidas por sus defensores como de las cr&iacute;ticas de la <em>inteligentsia</em>, que la entendi&oacute; siempre como una obra menor, fr&iacute;vola y superficial.
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                Portada de la primra edición de la partitura de The Planets                            </span>
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        Pero esas caracter&iacute;sticas &ndash;que sedujeron a los compositores para el cine&ndash; ocultaron otras cosas: la indudable modernidad, la riqueza r&iacute;tmica, el tratamiento de los instrumentos y de la masa orquestal &ndash;que le debe tanto a <strong>Igor Stravinsky </strong>como al <strong>Arnold Sch&ouml;nberg</strong> de las <em>5 Piezas para orquesta</em>, que fueron la confesada referencia de Holst&ndash;. Quienes est&eacute;n especialmente interesados en la obra pueden bucear en las versiones conducidas por el propio compositor y en particular por la &uacute;ltima que dirigi&oacute; Boult, en 1978. Existe una interpretaci&oacute;n &ndash;o una confesi&oacute;n&ndash; dirigida por Williams, al frente de <strong>Boston Pops</strong>. Y pr&aacute;cticamente todas las grandes orquestas y directores han sucumbido a sus encantos. Yo elijo, aqu&iacute;, una reciente en que la espectacularidad no est&aacute; re&ntilde;ida con el detalle mot&iacute;vico y el equilibrio de los planos sonoros, la de la Filarm&oacute;nica de Londres &ndash;atendida por sus due&ntilde;os, podr&iacute;a decirse&ndash;&nbsp;con direcci&oacute;n de <strong>Vladimir Jurowski</strong>. 
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        Si se considera el disco <em>From Genesis to Revelation</em>, de 1969, como la prehistoria, y a <em>Trespass</em>, del a&ntilde;o siguiente &ndash;y todav&iacute;a con <strong>Anthony Phillips</strong>, uno de los fundadores, en la guitarra&ndash; como un brillante preanuncio, el Genesis cl&aacute;sico es el que une a Gabriel, <strong>Mike Rutheford </strong>y <strong>Tony Banks</strong> con <strong>Steve Hackett</strong> y <strong>Phil Collins</strong>, es decir el que va de <em>Nursery Crime</em> (1971) al cordero ca&iacute;do en Broadway en 1974. Habr&iacute;a todav&iacute;a, ya sin Gabriel, un disco excelente (<em>A Trick of the Tail</em>, de 1976), otro con mucho de interesante (<em>Wind &amp; Wuthering</em> , publicado ese mismo a&ntilde;o) y el que cierra ese per&iacute;odo, <em>Seconds Out</em>, grabado en vivo en 1977. Pero el destino estaba sellado. Con la historia de ese inmigrante portorrique&ntilde;o llamado Rael, que se transfigura en rayo, que se encuentra a su hermano y a s&iacute; mismo, pero no del todo, entre seres deformes, que debe extirparse su sexo para salvarse de algo, pero tampoco, pero que circula por una hora y media de canciones notables, unidas por algunos motivos musicales que logran una cohesi&oacute;n formal bastante infrecuente, el grupo llega a su cenit. Y claro, para seguir hablando de astros celestes, comienza su ca&iacute;da. 
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        No es, eventualmente, s&oacute;lo el ocaso de un grupo musical sino el de todo un g&eacute;nero. Eso que el mundo identific&oacute; como rock progresivo, o <em>prog rock</em> &ndash;el t&eacute;rmino no tuvo exactamente el mismo significado en la Argentina, donde denomin&oacute; en bloque a todo lo que no expl&iacute;cita o preferentemente comercial&ndash;. Esa ambiciosa apuesta por ampliar los l&iacute;mites de una m&uacute;sica de tradici&oacute;n popular que, en rigor, como la diplomacia de Clausewitz o el capitalismo de Lenin, encontr&oacute; sus propias etapas superiores. En 1974, la <strong>Mahavishnu Orchestra</strong> de <strong>John McLaughlin</strong> publicaba <em>Apocalypse</em>, un disco en que participaba la Sinf&oacute;nica de Londres con direcci&oacute;n del hoy c&eacute;lebre <strong>Michael Tilson Thomas</strong> y producido por <strong>George Martin</strong>, que lo consider&oacute; el mejor en el que hab&iacute;a trabajado hasta el momento, lo que no era poco considerando que en la competencia estaban <em>Revolver</em> o <em>Sgt Pepper&rsquo;s Lonely Hearts Clun Band </em>de <strong>The Beatles</strong>. Ese a&ntilde;o se public&oacute; adem&aacute;s <em>Mysterious Traveller</em>, el primer disco de <strong>Weather Report</strong> que se alejaba declaradamente de la &eacute;gida de <strong>Miles Davis</strong>. En 1975 llegar&iacute;a, por el lado de eso que llamaron jazz rock, una obra conceptual y cargada de teclados, <em>The First Seven Days</em>, de <strong>Jan Hammer</strong>, ex miembro de la Mahavishnu. Y ya estaba en acci&oacute;n Return To Forever, un grupo comandado por <strong>Chick Corea</strong> &ndash;otro ex de Miles Davis&ndash; que empez&oacute; casi como cuarteto latino, pero tuvo su eclosi&oacute;n <em>prog</em> en 1976, con el extraordinario <em>Romantic Warrior</em>.
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        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;:&nbsp;</em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
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      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Aug 2024 15:34:39 +0000]]></pubDate>
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