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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - 18 Whiskys]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/18-whiskys/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - 18 Whiskys]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los noventa de los noventa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/noventa-noventa_129_11594842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd09b55a-56fb-497a-bb5e-82a6e436bfed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los noventa de los noventa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si el discurso mainstream sobre los noventa fue el de la banalidad y el materialism, hoy vivimos unos noventa repetidos, en los que ni siquiera queda una catacumba en la que la gente no esté haciendo todo por dinero.</p></div><p class="article-text">
        Es un tesoro <em>Tulang Pinoy</em>, el &uacute;ltimo libro de poemas de <strong>Daniel Durand</strong>. &ldquo;Ten&iacute;a 52 a&ntilde;os, estaba soltero, ten&iacute;a mi casa con libros, patio y amigos. Pensaba si seguir as&iacute;, continuar envejeciendo de esa manera, o dejar esta vida y empezar todo de cero, vivir una segunda vida, vivir la vida de nuevo. Decid&iacute; esto &uacute;ltimo&rdquo;, escribe Durand en la contratapa. Entonces, en 2015, conoci&oacute; a Ni&ntilde;a Castillo en una p&aacute;gina de citas y decidi&oacute; irse a visitarla a Filipinas, donde tuvieron dos hijos y vivieron cuatro a&ntilde;os. Yo ya sab&iacute;a esta historia, porque no tiene nada de secreto, todo el mundo la cuenta, todo el mundo en el peque&ntilde;&iacute;simo mundo de personas a las que nos importa lo que les pasa a los poetas de los noventa. La hab&iacute;a escuchado, tambi&eacute;n, en <em>La vida que te agenciaste</em>, el documental de <strong>Mario Varela</strong> que recuperaba la historia de <em>18 Whiskys</em>, una revista de poes&iacute;a cuyo status de mito excedi&oacute; por mucho a los dos n&uacute;meros que dur&oacute;. En el documental, Varela se va a buscar a Durand por el mundo y no logra encontrarlo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Entonces es genial la historia, pero est&aacute; bien que Durand la cuente en la contratapa, porque el libro se trata de eso, pero no lo cuenta como lo contar&iacute;a una cr&oacute;nica de viajes o uno de esos libros sobre el sentido de la vida y la mediana edad. Lo genial, de hecho, es que el libro casi no se mete en esas reflexiones (subray&eacute; solo una estrofa en ese tono:<em> De los 12 a los 52 / 40 a&ntilde;os de juventud dilapidados / en proyectos de pareja, internet / y recitales de poes&iacute;a</em>). Es refrescante la sensaci&oacute;n de que Durand no la hizo para contarla, que no haya tratado de meter esa decisi&oacute;n en ninguna narrativa: el libro respira en una suerte de primer&iacute;simo plano, en el que aparecen preguntas vitales pero reducidas a su m&iacute;nima expresi&oacute;n (<em>Porqu&eacute; las cosas casi pasan / muchas m&aacute;s veces que las que pasan?</em>) y mezcladas de manera indisoluble, como en un bud&iacute;n que ya sali&oacute; del horno, con las luchas ling&uuml;&iacute;sticas del d&iacute;a a d&iacute;a en un lugar al que uno ha llegado sin saber nada y la cotidianidad de la familia y la subsistencia en un lugar al que uno ha llegado sin saber nada, y quiz&aacute;s sin nada, a secas. 
    </p><p class="article-text">
        Antes que nada, los objetos: la basura, las plantas; antes que nada, los animales, los reales y los mitol&oacute;gicos; antes que nada, los desconocidos, las desconocidas, los cuerpos y los acentos en un mundo sin amigos. El discurso mainstream sobre los noventa es el de la banalidad y el materialismo. Los poetas de los noventa en Argentina fueron todo menos eso, y ahora que siguen escribiendo en un mundo que se siente mucho m&aacute;s banal y materialista incluso que el que ellos habitaron la sensaci&oacute;n es que estamos viviendo en los noventa de los noventa, en unos noventa repetidos en el que ni siquiera queda una catacumba en la que la gente no est&eacute; haciendo todo por dinero. La juventud se enorgullece, en cambio, de pasarse la vida pensando en plata; los artistas ya no hablan de arte, hablan de n&uacute;meros, estadios llenados, tickets vendidos. En otra &eacute;poca al menos estaba el gusto de que eso lo hicieran los managers. La poes&iacute;a, igual, siempre fue otra cosa. Sigue siendo otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando escrib&iacute; mi &uacute;ltima novela me di cuenta de que me costaba much&iacute;simo pensar como po&eacute;tica una vida del siglo XXI. Ten&iacute;a un personaje, una actriz que trabajaba como telefonista de un cementerio en los a&ntilde;os sesenta, y hab&iacute;a decidido que tendr&iacute;a otro personaje, una becaria CONICET de nuestra &eacute;poca que me servir&iacute;a para reponer, en sus conversaciones con sus colegas, algunos asuntos sobre la tradici&oacute;n teatral en la que la otra protagonista trabajaba. El problema era evidente: la belleza de la secretaria que hace teatro en &iacute;dish en los sesenta se escrib&iacute;a sola. La modista, el viejo que custodia un archivo y te invita a ver pel&iacute;culas en su salita, las discusiones ideol&oacute;gicas, todo nos parece m&aacute;gico por s&iacute; mismo; al lado de eso, hay que encontrarle la vuelta para que no quede demasiado p&aacute;lida una chica que manda mails y baja papers en su casa. No s&eacute; si la encontr&eacute;, pero s&iacute; me di cuenta de algo: que en el fondo igual estaba haciendo trampa, porque las vidas dedicadas a la universidad no terminan de ser vidas del siglo XXI. Por eso mandan mails y no audios de WhatsApp; por eso tambi&eacute;n esa gracia que tiene el libro de Durand, ese abrazo al sinsentido, pasar meses investigando algo que quiz&aacute;s no va a ninguna parte y tener que cambiar de idea. Por supuesto que la academia tambi&eacute;n cambia, y cada vez m&aacute;s tiene que organizarse en torno de una est&eacute;tica de la productividad; pero es la parte que se resiste a eso la que sigue teniendo poes&iacute;a, justamente, la parte que se sigue tratando de encerrarse en un aula con un mont&oacute;n de papeles y tratar de convertirlos en algo que se pueda ense&ntilde;ar, como si para eso tuvi&eacute;ramos todo el tiempo del mundo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como a mucha gente, no me gust&oacute; el tono de los spots que sac&oacute; la Universidad de Buenos Aires en estos d&iacute;as para concientizar sobre el ahogo presupuestario de las universidades nacionales, pero eso no es importante. Lo que me parece importante es pensar en c&oacute;mo regresar a un estado de cosas en que ir a la universidad es un esfuerzo deseable y admirable, un m&eacute;rito que alguien quiere tener; y que de eso ser derive un respeto a quienes la sacan adelante. No es un asunto puramente econ&oacute;mico; de hecho, incluso si muchas cosas cambiaron, ir a la universidad sigue siendo una decisi&oacute;n econ&oacute;micamente razonable. Si entre la juventud es una opci&oacute;n que aparece menos valiosa es m&aacute;s por razones culturales, no porque realmente sea tanto m&aacute;s f&aacute;cil hacer plata sin un t&iacute;tulo. No me da miedo ni me parece mal que la reivindicaci&oacute;n de la universidad, una instituci&oacute;n literalmente medieval, tenga algo de nostalgia; no es un problema, tampoco. Quienes hoy defienden que la universidad p&uacute;blica es un antro de zurdos soberbios que no sirve para nada no son &ldquo;futuristas&rdquo;; de hecho, mientras dicen que la universidad pertenece a un pasado irrelevante que no hay raz&oacute;n para financiar, a&ntilde;oran pasados m&aacute;s o menos inventados de esposas felices y sumisas y mundos sin anticonceptivos, todo al tiempo que celebran alg&uacute;n tipo de aceleraci&oacute;n capitalista que acabar&iacute;a con los d&eacute;biles (esos que creemos que es importante financiar universidades p&uacute;blicas). Creo que eso s&iacute; funcionaba en el spot, la reivindicaci&oacute;n del profesor que habla de lo que le gusta y que espera contagiar con su entusiasmo, sin convertirse en mercader o en influencer; no s&eacute; cu&aacute;l es el camino para volver a ese contagio, pero no me parece mal tener eso en el horizonte. Los caminos del progreso pueden parecerse m&aacute;s a volver a casa de lo que una puede ver si mira demasiado r&aacute;pido.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Aug 2024 03:01:25 +0000]]></pubDate>
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