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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Crítica]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/critica/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Crítica]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[‘Torrente presidente’, Santiago Segura intenta resucitar la sátira política española con más ganas que aciertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/torrente-presidente-santiago-segura-resucitar-satira-politica-espanola-ganas-aciertos_1_13068935.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f007d302-e9b1-406f-9ce9-c8b2ef2ca516_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x219y100.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Torrente presidente’, Santiago Segura intenta resucitar la sátira política española con más ganas que aciertos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La sexta aventura del policía llega a cines con una promoción sumida en el misterio para reírse de las disputas ideológicas del presente.</p><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Los cr&eacute;ditos iniciales de <em>Torrente presidente</em> consisten en una secuencia animada al ritmo de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=wYD_FXAALx4&amp;list=RDwYD_FXAALx4&amp;start_radio=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Habla, pueblo, habla</em></a>, y son una declaraci&oacute;n de intenciones mod&eacute;lica. El grupo Vino Tinto lanz&oacute; esta canci&oacute;n en 1976 para alentar el primer proceso democr&aacute;tico vivido en Espa&ntilde;a desde la II Rep&uacute;blica, adquiriendo sus derechos comerciales la misma UCD desde la que Adolfo Su&aacute;rez iba a consolidarse como principal actor pol&iacute;tico de la Transici&oacute;n. Con lo que, si hablamos de imaginarios nacionales, ser&iacute;a f&aacute;cil recordarla como algo parecido a la inauguraci&oacute;n musical de la democracia espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;La recuerda as&iacute; Santiago Segura como director, guionista y protagonista total de <em>Torrente presidente</em>? Lo que desde luego debe haber intuido es que con <em>Habla, pueblo, habla</em> empezaba algo, y de cara a retomar a su personaje m&aacute;s famoso tras m&aacute;s de 10 a&ntilde;os ausente se acord&oacute; de una de esas cosas que la Transici&oacute;n bien pudo haber dejado sin fuerzas: la s&aacute;tira pol&iacute;tica directa, de ambici&oacute;n totalizante, que durante la dictadura y algo despu&eacute;s represent&oacute; quien es en las propias palabras de Segura su gran maestro, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/anarquista-burgues-anticlerical-erotomano-cara-oculta-berlanga-cineasta-irrepetible_1_7829221.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luis Garc&iacute;a Berlanga</a>. Segura siempre ha querido ser Berlanga. Pero para poder serlo, curiosamente, no ha dispuesto de un contexto tan socorrido como &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Es decir. La s&aacute;tira de Berlanga creci&oacute; en las ambig&uuml;edades, los dobles sentidos, la ira coartada y la violencia que convert&iacute;a el car&aacute;cter espa&ntilde;ol en algo menos consumible de lo que el franquismo de los 60, m&aacute;s amable y receptor incipiente de turismo, quisiera exportar. Berlanga mostr&oacute; lo peor de nosotros mismos y Segura ansiaba hacer lo propio, &iquest;pero c&oacute;mo hacerlo en democracia? &iquest;C&oacute;mo hacerlo durante <a href="https://www.eldiario.es/interferencias/cultura-de-la-transicion-segunda-transicion_132_5617359.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Cultura de la Transici&oacute;n</a>, caracterizada por la armon&iacute;a y el disenso controlado? Pues exacerbando toda la bilis que supuestamente segu&iacute;a existiendo dentro de un &uacute;nico personaje caricaturizado al m&aacute;ximo. Un polic&iacute;a inspirado en Antonio Tejero (fallecido dos semanas antes del estreno de <em>Torrente presidente</em>) que se inmolar&iacute;a para catalizar las sombras de nuestra idiosincrasia.
    </p><p class="article-text">
        Nos hab&iacute;amos quedado sin s&aacute;tira pol&iacute;tica, pero nos quedaba Torrente. Torrente era el fantasma franquista que acechaba la normalidad democr&aacute;tica en son de burla, convencido de simbolizar un <em>ello</em> freudiano que seguir&iacute;a circulando incluso entre los c&oacute;micos m&aacute;s progresistas. De El Gran Wyoming a Miguel Maldonado; a todos les gusta sacar el facha a pasear para hacer re&iacute;r. Porque es un facha reconocible, y a eso se hab&iacute;a venido limitando todo&hellip; Hasta que algo se torci&oacute;. Algo se rompi&oacute; en alg&uacute;n punto, y lo interesante de <em>Torrente presidente</em> &mdash;mal que nos pese, es una pel&iacute;cula bastante interesante&mdash; es captar c&oacute;mo y desde qu&eacute; punto responde a esa ruptura.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>La destrucci&oacute;n de la Cultura de la Transici&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que Segura quiere que <em>Torrente presidente</em> sea una s&aacute;tira pol&iacute;tica de altos vuelos,&nbsp;que intente aguantarle la mirada al Berlanga de <em>La escopeta nacional</em>. As&iacute; que el t&iacute;tulo no enga&ntilde;a a nadie: Torrente se mete a pol&iacute;tico, y no le va mal, y esto bien puede valer para radiografiar la Espa&ntilde;a de hoy. Volver en sus primeros minutos a 1976, al establecimiento del marco sin el cual ser&iacute;a imposible entender a Torrente, indicar&iacute;a, por otra parte, que Segura es consciente de haber descuidado algunas partes de su discurso en todo este tiempo. Estar&iacute;a invocando un reinicio. O un <em>mea culpa</em>.
    </p><p class="article-text">
        Al cineasta se le ech&oacute; en cara muchas veces que lo que empez&oacute; como una cr&iacute;tica al espa&ntilde;ol m&aacute;s reaccionario se hab&iacute;a ido convirtiendo en apolog&iacute;a o, al menos, en un espect&aacute;culo al que no le quedaba otra que simpatizar con Torrente, de pronto reconfigurado como antih&eacute;roe entra&ntilde;able. Y lo cierto es que Segura se acomod&oacute;. Las secuelas se limitaron a encadenar <em>gags</em> y cameos sin m&aacute;s orden que el desfile de ga&ntilde;anadas del personaje, lo que sirvi&oacute; para garantizar la taquilla a la vez que le dejaba al margen de la tarea hist&oacute;rica que en teor&iacute;a hab&iacute;a reclamado. Qued&oacute; especialmente claro durante la crisis econ&oacute;mica de 2008. Cuando la Cultura de la Transici&oacute;n, glups, se derrumb&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras surg&iacute;a el 15M, mientras nac&iacute;an subjetividades que desafiaban esos consensos tanto a la izquierda del PSOE como a la derecha del PP, Torrente alternaba con Paquirr&iacute;n o se burlaba del abortado Eurovegas sin violentar a nadie. La aspereza, la ira desordenada que esos tiempos iban macerando, hubo de limitarse entonces a t&iacute;tulos como <em>Murieron por encima de sus posibilidades</em> (2014) o <em>Rey gitano</em> (2015). No es casual que el director de esta &uacute;ltima, Juanma Bajo Ulloa, busque fortuna ahora en los mentideros de ultraderecha. Porque las energ&iacute;as despertadas entre los escombros de la Cultura de la Transici&oacute;n iban a pertenecerle a quien m&aacute;s h&aacute;bilmente las reclamara.
    </p><p class="article-text">
        Primero parec&iacute;a que ser&iacute;a Podemos &mdash;<em>Torrente 5: Operaci&oacute;n Eurovegas</em> (2014) planteaba un futuro cercano donde Pablo Iglesias era el l&iacute;der de la oposici&oacute;n a Mariano Rajoy&mdash; y ahora evidentemente es Vox, aupado por toda una internacional ultraderechista. Que Segura haya retomado a Torrente ahora con nuevos &aacute;nimos &mdash;&aacute;nimos suficientes para alzarse sin problemas sobre las penosas &uacute;ltimas entregas&mdash; se debe m&iacute;nimo a dos razones. Una: que se aburri&oacute; de su propia sumisi&oacute;n al imperativo socialdem&oacute;crata, encadenando durante las dos legislaturas de Pedro S&aacute;nchez <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/santiago-segura-alcanza-supuesto-final-saga-padre-no-hay-formula-totalmente-agotada_129_12420973.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las comedias familiares m&aacute;s ins&iacute;pidas</a> que nunca se hayan sufrido en suelo espa&ntilde;ol.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y dos: que mientras se hallaba atrapado en <em>Padre no hay m&aacute;s que uno</em> &mdash;convertida ahora en una serie de Amazon porque pese a todo nunca ha dejado de dar ingentes beneficios&mdash; Segura no perdi&oacute; de vista c&oacute;mo todo se enrarec&iacute;a. C&oacute;mo esa contenci&oacute;n que hab&iacute;a mantenido a raya al espa&ntilde;ol oscuro &mdash;a quien tambi&eacute;n podr&iacute;amos llamar, en su versi&oacute;n afable a lo Leo Harlem, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/ocho-apellidos-marroquis-descalabro-evidencia-modelo-produccion-nocivo_129_10728018.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">espa&ntilde;olito cu&ntilde;ao</a>&mdash; saltaba por los aires, y acumulaba capital pol&iacute;tico. Eran circunstancias tan extraordinarias que ten&iacute;a que revivir a Torrente y hacer lo m&aacute;s l&oacute;gico: colocarlo como l&iacute;der de Vox.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Buenas intenciones, mediocres resultados</strong></h2><p class="article-text">
        Es decir, Nox. Todos los partidos principales de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola aparecen en <em>Torrente presidente</em> con los nombres suavemente cambiados &mdash;Podemos ahora es &ldquo;Pudimos&rdquo;&mdash;, aunque naturalmente&nbsp;esto no le va a librar de la pol&eacute;mica. Ya la hubo, de hecho. Segura estren&oacute; la pel&iacute;cula sin apenas promoci&oacute;n ni pases de prensa porque, posiblemente, qued&oacute; escarmentado con la que se lio en X cuando Vox vio que aparec&iacute;a representado <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/filtran-imagenes-ultima-pelicula-torrente-santiago-segura-parodia-vox_132_12532400.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en una foto robada del rodaje</a>. Ahora que la pel&iacute;cula ya est&aacute; en cines, quiere tener alborotos los justos y que se enoje quien se tenga que enojar.
    </p><p class="article-text">
        Va a lidiar con una recepci&oacute;n interesante, sin duda, porque <em>Torrente presidente</em> no traiciona los postulados de la primera entrega y esto implica que Nox/Vox es el partido que m&aacute;s <em>gags</em> suscita en el filme &mdash;con trasuntos de toda su plana mayor&mdash;, alineado con un retrato tan inmisericorde del personaje como el que trazaron los a&ntilde;os 90. El filme se limita al accidentado paso de Torrente por esta estructura y al atractivo que inspira entre las masas, trazando una panor&aacute;mica mayormente acertada de los ego&iacute;smos y las cutreces del neofascismo. El problema es&hellip; que nada resulta demasiado gracioso. Y ah&iacute; se nota que ha pasado el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Que el clima sociopol&iacute;tico sea excepcional no enderez&oacute; la anemia expresiva que el cine de Segura &mdash;desde los Torrentes hasta los Padres pasando por aquella triste comedia con Maribel Verd&uacute; que se las daba de feminista&mdash; lleva a&ntilde;os arrastrando, y cuesta mucho hallar alg&uacute;n chiste verdaderamente punzante o ejecutado con m&iacute;nimo nervio en <em>Torrente presidente</em>. Todo es de lo m&aacute;s previsible y la distancia frente a Berlanga termina por ser insalvable cuando cede a las guerritas culturales de turno &mdash;el machaque con el lenguaje inclusivo, el retrato de cierta exministra de Igualdad&mdash; o a las satisfacciones inmediatas de los cameos. Esos cameos que, supuestamente, son el motivo por el que el cineasta ha querido salvaguardar la sorpresa para el estreno en cines.
    </p><p class="article-text">
        Lo que evidencian estos cameos es puro presentismo. Y, si acaso, alg&uacute;n apunte sugerente sobre qu&eacute; figuras de nuestro panorama cultural y pol&iacute;tico est&aacute;n dispuestas ahora mismo a re&iacute;rse de s&iacute; mismas &mdash;es decir, qui&eacute;n quiere seguir fingiendo que la Cultura de la Transici&oacute;n resiste&mdash;, sin atinar a sacar al filme, junto a una insufrible metralleta nost&aacute;lgica hacia entregas anteriores, de un lugar bastante inocuo. Las intenciones son las que son, sin embargo, e igual es con lo que hay que quedarse.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; donde la vemos, <em>Torrente presidente</em> es capaz de sintetizar la hipocres&iacute;a y oportunismo que siempre lati&oacute; bajo ese patriotismo que promulga la ultraderecha &mdash;hay chistes sobre su pat&eacute;tico vasallaje a Donald Trump, e incluso un <em>gag</em> en cuanto a cierto episodio de su &uacute;ltima campa&ntilde;a presidencial tirando a ocurrente&mdash;, y cae en las ret&oacute;ricas populistas de la socialdemocracia &mdash; &ldquo;todos los pol&iacute;ticos son iguales&rdquo;&mdash; bastante menos de lo que cab&iacute;a esperar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al final, con sus referencias a &eacute;lites siniestras &mdash;que hoy ya no suenan tan trasnochadas en absoluto como hace diez a&ntilde;os&mdash; y con su voluntad de fortalecer a base de tratamiento de choque un sentido com&uacute;n nacional, se podr&iacute;a decir que <em>Torrente presidente</em> no es lo m&aacute;s pocho que podr&iacute;amos echarnos a la cara. Aunque no deja de ser triste en cierto sentido. Al d&iacute;a de hoy, <em>Torrente presidente</em> parece la herramienta m&aacute;s valiosa de la que disponemos para que la gente se sienta rid&iacute;cula votando a Vox.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Corona]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/torrente-presidente-santiago-segura-resucitar-satira-politica-espanola-ganas-aciertos_1_13068935.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Mar 2026 03:02:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Torrente presidente,Crítica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Testigos de la violencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/testigos-violencia_129_11672209.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3a6f81dc-670c-42cb-ba5b-aa34b821200d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Testigos de la violencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sentimos un oscuro placer al escuchar cómo un crítico destruye a un autor, sobre todo cuando es alguien exitoso, similar al que nos invade cuando presenciamos una pelea callejera.</p></div><p class="article-text">
        El hecho de que el teatro sea una disciplina fundamentalmente f&iacute;sica e imposible de digitalizar genera unos efectos que no s&eacute; si son curiosos para m&iacute; por una cuesti&oacute;n de &eacute;poca o si siempre fueron curiosos a secas. El imperialismo cultural sigue funcionando en muchos niveles: es verdad que el arte producido en pa&iacute;ses perif&eacute;ricos puede hoy tener much&iacute;simo peso (la literatura latinoamericana y la importancia que tienen sus autoras en el mundo de las letras a nivel global es prueba viva de eso). Es igualmente cierto que la financiaci&oacute;n con la que cuenta el primer mundo para producir cultura y hacerla circular sigue siendo infinitamente superior, y que de esa superioridad se derivan otras superioridades. 
    </p><p class="article-text">
        La posici&oacute;n econ&oacute;mica de la Argentina y la desvalorizaci&oacute;n de su moneda refuerza estas din&aacute;micas: un autor argentino, de la disciplina que sea, necesita ser exitoso en el exterior para poder vivir de su arte con cierta tranquilidad. Su arte, entonces, tiene que gustar en las editoriales europeas, en los festivales europeos, a los programadores europeos: y hablo de programadores porque empec&eacute; hablando de teatro y me fui de tema, pero vuelvo a esos efectos curiosos sobre los que quer&iacute;a escribir. 
    </p><p class="article-text">
        Leo literatura de otros pa&iacute;ses muy a menudo, veo cine y series de otros pa&iacute;ses: me doy cuenta cuando algo se est&aacute; por poner de moda porque lo han puesto de moda en los mercados centrales. Con el teatro, en cambio, me pasa un poco al rev&eacute;s: no viajo tanto como para vivir en tema con el teatro europeo, y entonces lo que me sucede es que cuando veo algo de pronto entiendo ciertas obras o ciertas conversaciones que, en general, me pasan desapercibidas. Entiendo que ciertas obras que he visto en Argentina tomaban lenguajes teatrales que se pusieron de moda en Europa y que agradan a los programadores europeos. Cuando, cada dos o tres a&ntilde;os, logro efectivamente ver una obra <em>chic</em> europea, veo los mecanismos por los cuales el mainstream de los festivales se infiltra en una escena que, en Buenos Aires, percibo sencillamente como algo que pasa a la vuelta de mi casa. Todo esto para decir, entonces, que vi en Madrid <em>D&auml;mon. El funeral de Bergman</em>, de la conocida dramaturga catalana <strong>Ang&eacute;lica Liddell</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Los recursos que Liddell pone en escena con eficacia y soltura ya los he visto en otras obras posdram&aacute;ticas europeas: el mon&oacute;logo carism&aacute;tico y descarnado, las coreograf&iacute;as de cuerpos desnudos y antihegem&oacute;nicos, la intenci&oacute;n de asquear e impresionar en un mundo en el que ya nada asquea e impresiona (que en realidad terminan siendo, entonces, intentos de entretener), los ocasionales textos magistrales, las citas a diversos niveles de la alta y la baja cultura con igualmente diversos niveles de iron&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Me resulta siempre valioso e interesante ver un espect&aacute;culo de esas proporciones. Otra vez, en Argentina no hay plata para hacer eso y siempre es educativo ver lo que s&iacute; se puede hacer cuando uno tiene los recursos para poner much&iacute;sima gente en escena a hacer much&iacute;simas cosas. Pero lo que toc&oacute; mi coraz&oacute;n, para bien o para mal, fue la tesis que Liddell desarrolla en la primera parte de la obra: una tesis en contra de la cr&iacute;tica de arte. La propia Liddell lee en escena varias rese&ntilde;as demoledoras que algunos cr&iacute;ticos franceses hicieron sobre su obra y les contesta a uno por uno a coraz&oacute;n abierto. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Supongo que a mí me resultó insoportablemente apolítico y burgués el argumento en contra de la crítica porque atiendo los dos lados del mostrador. Escribo crítica a veces (como hoy), y lloro por lo que algún crítico dice de las cosas que escribo, otras veces</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los artistas, en su tesis, desnudan sus v&iacute;sceras. Los cr&iacute;ticos, en cambio, derraman su maldad de manera an&oacute;nima por el solo goce de hacer da&ntilde;o. Es una iron&iacute;a bastante graciosa (una pena que la obra no la tome) que Liddell exponga a los cr&iacute;ticos con nombre y apellido en un escenario gigante del que ella es due&ntilde;a al tiempo que los acuse de no exponerse a nada. &ldquo;No defiendo mi arte&rdquo;, dice, &ldquo;sino mi derecho a hacerlo&rdquo;. &iquest;En qu&eacute; mundo o en qu&eacute; sentido la cr&iacute;tica viola los derechos de los artistas? &iquest;Qu&eacute; derecho? &iquest;El derecho a sentirse amados incondicionalmente? &iquest;El derecho a no angustiarse? 
    </p><p class="article-text">
        Supongo que a m&iacute; me result&oacute; insoportablemente apol&iacute;tico y burgu&eacute;s el argumento en contra de la cr&iacute;tica porque atiendo los dos lados del mostrador. Escribo cr&iacute;tica a veces (como hoy), y lloro por lo que alg&uacute;n cr&iacute;tico dice de las cosas que escribo, otras veces. Entiendo que as&iacute; es la vida, y que ser suficientemente conocido como para que tus obras se rese&ntilde;en ya es una suerte enorme por la que no cabe pedir la misericordia de nadie. Entiendo, tambi&eacute;n, que la cr&iacute;tica engrandece la conversaci&oacute;n y el debate, incluso cuando es agresiva, incluso cuando se pasa dos pueblos: que cualquier cr&iacute;tica de 5 mil caracteres es una prueba de amor m&aacute;s grande que un &ldquo;me gusta&rdquo;, aunque te destruya; y que de todos modos lo importante de la cr&iacute;tica no es el sentir del autor, sino lo que pasa con las audiencias, con la relaci&oacute;n del arte con el mundo: que la pelota siga girando. 
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; de la tesis de Liddell, me hizo pensar en algo sobre lo que todav&iacute;a no s&eacute; bien qu&eacute; decir. Liddell habr&aacute; estado unos veinte minutos leyendo y comentando malas cr&iacute;ticas: son, por lejos, los mejores veinte minutos de la obra. Mientras los ve&iacute;a pens&eacute; que podr&iacute;a pasar horas escuchando eso, rese&ntilde;as violentas de obras que ni s&eacute; de qu&eacute; se tratan. En eso quiz&aacute;s Liddell tiene algo de raz&oacute;n: tenemos un goce macabro en ver a un cr&iacute;tico destrozar a un autor, el mismo que podemos sentir cuando dos personas se agarran a trompadas en la calle. Sobre todo, o quiz&aacute;s incluso exclusivamente, cuando es un autor exitoso (y europeo, mirando desde este lado del mapa). Se siente como una diversi&oacute;n inofensiva ver a un tipo que nadie conoce destrozar a una celebrity, y m&aacute;s si sabemos que esa celebrity puede tener fans, teatros llenos, fama y fortuna, y as&iacute; todo va a sufrir como una condenada el embate de teclados de un periodista al que probablemente el sueldo no le alcance ni para entrar a una hipoteca. As&iacute; y todo, reitero, en esto tiene raz&oacute;n Liddell: es misterioso y probablemente perverso el goce que tenemos en ser testigos de esa violencia. Es bello, tambi&eacute;n, que esto todav&iacute;a se pueda hacer con palabras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/testigos-violencia_129_11672209.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Sep 2024 03:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Testigos de la violencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Angélica Liddell,Teatro,Crítica]]></media:keywords>
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