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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Brian De Palma]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/brian-de-palma/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Brian De Palma]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Tropezar dos veces]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tropezar-veces_129_11672316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/704a1055-c3da-42f8-a61e-f3ae6b9b98f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1102458.jpg" width="1282" height="721" alt="Tropezar dos veces"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La paradoja entre no poder entrar dos veces al mismo río y tropezar dos veces con la misma piedra introduce una reflexión sobre la percepción del tiempo, la memoria y la experiencia humana a propósito de "Doble de cuerpo", la película de Brian De Palma, vista nuevamente después de 40 años. </p></div><p class="article-text">
        No se puede entrar dos veces al mismo r&iacute;o, pero s&iacute; tropezar dos veces con la misma piedra. &iquest;En qu&eacute; quedamos? La lecci&oacute;n de Her&aacute;clito, gran observador de la espera (&ldquo;lo fr&iacute;o se calienta, lo caliente se enfr&iacute;a&rdquo;), nos advierte que lo que no se puede es retroceder en el tiempo, del que el curso del r&iacute;o es una modesta representaci&oacute;n como lo ser&iacute;a un carretel de hilo respecto de un hilo de longitud infinita. 
    </p><p class="article-text">
        No hay nada para discutir de ese argumento imponente. Entonces, &iquest;c&oacute;mo puede ser que el hombre, que no entra dos veces al mismo r&iacute;o, s&iacute; pueda tropezar dos veces con la misma piedra? 
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a ser porque se olvid&oacute; c&oacute;mo era y d&oacute;nde estaba la piedra con la que ya hab&iacute;a tropezado una vez, es decir por una falla ordinaria de la memoria. O porque cuando tropieza por segunda vez, &eacute;l ya no es el de la primera, de la que solo conserva su apariencia.
    </p><p class="article-text">
        Y ya, mezclando todo, podr&iacute;a considerarse que el r&iacute;o es la piedra y la piedra el r&iacute;o, y que en ese intercambio uno puede tanto entrar dos veces al mismo r&iacute;o porque se olvid&oacute; de c&oacute;mo era, como no tropezar de nuevo con la misma piedra porque tanto uno como otra se han modificado.
    </p><p class="article-text">
        Todas estas vueltas han sido dadas para empezar a hablar, por fin, de la experiencia de haber vuelto a ver <em>Doble de cuerpo</em>, de <strong>Brian De Palma</strong>, cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su estreno, durante los cuales estuvo en el pedestal de la memoria. 
    </p><p class="article-text">
        En el recuerdo anterior a volver a entrar a su r&iacute;o o a tropezar con su misma piedra, destellaban Holly Body (<strong>Melanie Griffith</strong>) y Gloria Revelle (la ex Miss Estados Unidos 1970, <strong>Deborah Shelton</strong>, a la que De Palma le dobl&oacute; la voz porque no soportaba escucharla). Tambi&eacute;n, aunque en menor medida para un joven espectador enamoradizo, las alusiones intertextuales a <strong>Alfred Hitchcock</strong>, <strong>Roger Corman</strong>, <strong>Michelangelo Antonioni</strong> y el porno en VHS. M&aacute;s la alucinante casa Chemosphere de Los Angeles, casi una estaci&oacute;n espacial, dise&ntilde;ada por el disc&iacute;pulo de <strong>Frank Lloyd Wright</strong>, <strong>John Lautner</strong>, en la que Jake Scully (<strong>Craig Wasson</strong>) esp&iacute;a a mansalva a su vecina, componiendo la versi&oacute;n plebeya de James Steward en <em>La ventana indiscreta</em>.
    </p><p class="article-text">
        El esp&iacute;ritu de la historia de De Palma es, para variar, de origen shakespeariano. Sam Bouchard (<strong>Gregg Lee Henry</strong>) est&aacute; buscando, para poder matar a su esposa, un testigo de trapo que vea una cosa cuando lo que ocurre es otra. La maniobra consiste en introducir ficci&oacute;n en la realidad para que la realidad sea adulterada en su favor. Esa es el eje alrededor del cual giran varias ruedas, y le debe su existencia a un hecho remoto: Scully es enga&ntilde;ado por su mujer y se lanza a una deriva de bares y audiciones para vencer su karma de actor claustrof&oacute;bico. Bouchard, cazador de giles, recluta a Scully y comete su crimen como un arte.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el recuerdo, <em>Doble de cuerpo</em> es una pel&iacute;cula llena de atributos, especialmente aquellos asociados a una manera de hacernos ver su historia como un problema que sucede en otro nivel de realidad, el nivel de los hechos escamoteados. De repente, accedemos a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n a ver los hechos en su profundidad, como quien dice por dentro. Lo que desplaza las conversaciones hacia una zona de importancia secundaria. Como si las palabras fuesen -esa es la impresi&oacute;n que dan- decorados concebidos &uacute;nicamente para el encantamiento y el enga&ntilde;o. Mientras tanto, los acontecimientos suceden a nuestras espaldas. As&iacute; est&aacute;n organizados el mundo y sus acontecimientos, de los que es tan dif&iacute;cil dar fe. 
    </p><p class="article-text">
        Esos elementos de composici&oacute;n o, quiz&aacute;s m&aacute;s bien, estos descubrimientos funcionales de la realidad son lo inalterable de su arte, y responden a una pregunta de resonancias ontol&oacute;gicas: &iquest;qu&eacute; es lo que pasa, que es lo que <em>est&aacute; pasando</em> en la realidad que no podemos ver a simple vista? Para ser breves: todo, o casi todo. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que hace De Palma en <em>Doble de cuerpo</em> es acercarnos a un primer plano de contemplaci&oacute;n aquello que se escurre de cualquier hecho. Si no sabemos m&aacute;s de la realidad es porque nacimos para mirar poco, mucho menos de lo que se nos oculta. &nbsp;Pero es evidente que el objeto llamado <em>Doble de cuerpo</em> ya no es el mismo para aquel que lo contempl&oacute; hace cuarenta a&ntilde;os. Hay escenas con fallas que hoy no podr&iacute;an permitirse en nombre de la terminaci&oacute;n. Por ejemplo, la del asesinato con el taladro est&aacute; hecha de forcejeos que no parecieran responder a los protocolos f&iacute;sicos del ataque y la defensa corporal, para no hablar del modo engorroso en que interviene el largo del cable que lo alimenta (un taladro a bater&iacute;a habr&iacute;a solucionado el problema, aun cuando entonces no existiera). O la de la playa, cuando Scully sube y baja las escaleras siguiendo a Gloria Revelle como si &eacute;l fuera el Hombre Invisible. 
    </p><p class="article-text">
        En el p&aacute;rrafo anterior escrib&iacute; la palabra &ldquo;terminaci&oacute;n&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; valor podr&iacute;a tener esa palabra en un juicio sobre arte? Ninguno. Sin embargo, tiene un peso de &eacute;poca. Cualquier pel&iacute;cula, cualquier serie, incluso cualquier &ldquo;cosa&rdquo; tiene hoy una buena terminaci&oacute;n. Todo queda m&aacute;s o menos lindo: la heladera, el auto, la pizza, la novela, el mate y la serie. Es el triunfo extendido a todos los territorios de la l&oacute;gica industrial, y bajo esa plataforma de dominio, que es la del control de calidad del &ldquo;siempre lo mismo&rdquo;, hace su veranito el producto bien terminado.
    </p><p class="article-text">
        En 1969, durante las entrevistas que le concedi&oacute; en Vence a <strong>Dominique De Rux</strong>, <strong>Witold Gombrowicz</strong> dijo que &eacute;l era mejor que <strong>Dante Alighieri</strong>. Su argumento era que Dante hab&iacute;a nacido siete siglos antes del momento en el que &eacute;l estaba hablando con De Roux, por lo que esos siete siglos hab&iacute;an aportado a la literatura una serie de hitos y herramientas con los que Dante no hab&iacute;a contado, pero con los que &eacute;l s&iacute; pod&iacute;a contar. Que lo haya dicho un polaco arrogante no le quita raz&oacute;n al argumento. Lo mismo podr&iacute;a decirse del cine de <strong>David Lynch</strong> respecto de <strong>Georges M&eacute;li&eacute;s</strong>. No porque haya una evoluci&oacute;n, sino porque despu&eacute;s de un &ldquo;antes&rdquo; puede disponerse art&iacute;sticamente de m&aacute;s recursos. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que revela esta humilde aventura arqueol&oacute;gica es que las viejas escenas de <em>Doble de cuerpo, </em>podr&iacute;an hoy ser superadas en lo que tienen de obra, aunque es m&aacute;s dif&iacute;cil que pueda hacerse en lo que tienen de arte. Podr&iacute;an ser, como quien dice, &ldquo;mejoradas&rdquo; en el &uacute;nico sentido posible en el que -en general-el cine orienta hoy sus formas cada vez m&aacute;s homog&eacute;neas, es decir inclin&aacute;ndose hacia un naturalismo extremo. Lo que lo lleva, salvo excepciones (y al arte es pura excepci&oacute;n), a imitar la realidad como el imitador de <strong>Elvis Presley</strong> imita a Elvis Presley, imitando la voz, el vestuario y el baile. Para que el cine bien terminado, cultor de la escuela del &ldquo;prolijismo&rdquo;, se disfrace de realidad (una realidad ya hecha), y el arte siga su camino de inmadurez e imperfecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tropezar-veces_129_11672316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Sep 2024 03:00:26 +0000]]></pubDate>
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