<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Gerry Mulligan]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/gerry-mulligan/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Gerry Mulligan]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1051816/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Ying + Yang = Jazz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ying-yang-jazz_129_12075693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f65b905-1bc9-44fb-a68f-731924df96e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ying + Yang = Jazz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos reediciones recientes ponen en escena el extraño arte de Gerry Mulligan, un músico inconfundible que se especializó en juntarse con sus contrarios y lograr amalgamas perfectas.</p></div><p class="article-text">
        Nada parec&iacute;a unir al pianista que llevaba la palabra Esfera como segundo nombre &ndash;y un primero, Thelonious, no menos raro&ndash; con el &uacute;nico saxofonista capaz de improvisar contrapuntos elaborados, de pensar como orquestador mientras tocaba y, de paso, convertir en solista al m&aacute;s ingrato de los saxos, el gigantesco bar&iacute;tono. Ambos, <strong>Thelonious Sphere Monk</strong> y <strong>Gerry Mulligan</strong>, fundaron la modernidad del jazz, pero ambos lo hicieron de maneras aparentemente antag&oacute;nicas. Uno desde la rugosidad, la aspereza, el choque, las rupturas; el otro desde la elegancia extrema, la fluidez en la frase, el timbre aterciopelado. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/127ad369-3a78-48eb-8a6d-99d23d76e77d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/127ad369-3a78-48eb-8a6d-99d23d76e77d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/127ad369-3a78-48eb-8a6d-99d23d76e77d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/127ad369-3a78-48eb-8a6d-99d23d76e77d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/127ad369-3a78-48eb-8a6d-99d23d76e77d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/127ad369-3a78-48eb-8a6d-99d23d76e77d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/127ad369-3a78-48eb-8a6d-99d23d76e77d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Sin embargo, se parec&iacute;an. En los dos emerg&iacute;a el di&aacute;logo entre pasado y presente. Esa mano izquierda de Monk que remit&iacute;a al <em>stride</em> de los pianistas fundadores, <strong>James P. Johnson</strong>, <strong>Earl Hines, Fats Waller</strong>. Ese esp&iacute;ritu <em>&agrave; la</em> New Orleans, ese placer por la coexistencia de varias l&iacute;neas mel&oacute;dicas simult&aacute;neas, por parte del saxofonista. Y, sobre todo, un uso absolutamente libre de las disonancias, pensadas siempre como color o como efecto de acentuaci&oacute;n m&aacute;s que como recurso para moverse de unos acordes &ndash;y de unas tensiones&ndash; a otros. En 1957 tocaron juntos. El disco se llam&oacute; <em>Mulligan Meets Monk</em>. El pianista hab&iacute;a incluido en sus grupos a varios grandes saxofonistas: <strong>Sahib Shihab</strong>, <strong>Lou Donaldson</strong>, <strong>Sonny Rollins</strong>, <strong>Frank Foster</strong>, y a principio de ese mismo a&ntilde;o, <strong>John Coltrane</strong>.&nbsp;Y, con todos ellos, m&aacute;s all&aacute; de momentos musicalmente extraordinarios, hab&iacute;a siempre una especie de desacomodo. Todo sonaba bien, pero lo fragmentario de Monk, sus acentuaciones, no aparec&iacute;an en los solos de sus compa&ntilde;eros. Podr&iacute;a decirse que Mulligan, llegando desde otro lado, fue el primero que pudo integrar su estilo en el del pianista. Que encontr&oacute; una nueva cosa que, sin embargo, los inclu&iacute;a a ambos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/03v6rfLHA0T383l6yUxMpe?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Ese no fue el &uacute;nico caso. El otro, donde las contradicciones eran menos evidentes, tuvo que ver con una de las alianzas musicales m&aacute;s importantes de la historia del jazz, la de Mulligan con el trompetista <strong>Chet Baker</strong>. El propio saxofonista lo puso en palabras: &ldquo;Cuando toqu&eacute; con &eacute;l sent&iacute; una conexi&oacute;n de una naturaleza que no hab&iacute;a sentido nunca antes y que sent&iacute; muy pocas veces despu&eacute;s&rdquo;. Ese encuentro, que hab&iacute;a sucedido cinco a&ntilde;os antes, fue tan milagroso como improbable (de eso se tratan los milagros, al fin y al cabo). Uno era neoyorquino, hab&iacute;a estudiado piano y clarinete, tocaba todos los saxos, aunque se especializ&oacute; en el bar&iacute;tono, y ya a los 19 a&ntilde;os era un orquestador de importancia (con <strong>Gene Krupa</strong> y con <strong>Clade Thornhill</strong>). El otro hab&iacute;a nacido en Oklahoma, era casi autodidacta y, seg&uacute;n sus detractores (<strong>Miles Davis</strong> entre ellos) no ten&iacute;a otras virtudes que ser blanco y bonito. Baker se sum&oacute; al grupo con el que Mulligan ven&iacute;a tocando en The Haig, un peque&ntilde;o club de Wilshire Boulevard, en Los Angeles, en 1952, muy poco despu&eacute;s de su debut con la orquesta de <strong>Vido Musso</strong>. Y el grupo &shy;&ndash;un experimento; un cuarteto sin piano (o con el piano como instrumento muy ocasional, tocado por el propio Mulligan)&ndash;, cre&oacute; instant&aacute;neamente una est&eacute;tica y un modelo para el futuro. Adem&aacute;s de varias versiones admirables que quedaron para siempre como referencia obligada. 
    </p><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima semana, acaban de publicarse dos reediciones notables, ambas con una restauraci&oacute;n sonora ejemplar. Una, la de <em>Mulligan Meets Monk</em>, fue realizada por el sello Craft, que tamb&eacute;n por estos d&iacute;as ha restaurado <em>The Lamb Lies Down On Broadway de Genesis</em> (en Spotify se encuentra, por ahora, una sola pista) y <em>Celia &amp; Johnny</em>, de <strong>Celia Cruz</strong> con <strong>Johnny Pacheco</strong>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/6ClfsENao67eO7KAD1Pn2a?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/416lPCtckkTOPYQslZ6QH1?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        La otra, que agrupa todas las grabaciones conjuntas de Mulligan y Baker en la d&eacute;cada de 1950 &ndash;<em>The Complete Gerry Mulligan Quartet with Chet Baker 1952.1957</em>&ndash;, incluyendo las registradas en vivo, las del breve Tentete (&iquest;ser&aacute; decaeto su traducci&oacute;n correcta?), las que suman a <strong>Lee Konitz</strong> en saxo alto y aquellas con la cantante <strong>Annie Ross</strong> (la misma del c&eacute;lebre grupo vocal <strong>Lambert, Hendricks &amp; Ross</strong>), se trata de una colecci&oacute;n de cinco discos curada y trabajada sonoramente con obsesiva meticulosidad por una editora argentina, Lantower, y lleva la marca SVR Sound (las iniciales de Sarfati Vila Restored Sound, el t&aacute;ndem virtuoso conformado por <strong>Roberto Sarfati</strong> y <strong>Diego Vila</strong>). 
    </p><p class="article-text">
        Mucho de ese material se consegu&iacute;a con anterioridad &ndash;no todo en las plataformas de streaming&ndash; pero nunca junto, ordenado con criterio, con informaciones precisas (toda una rareza para Spotify: en este caso la leyenda de cada pista incluye las fechas de grabaci&oacute;n de cada una de ellas) y, sobre todo, con una nitidez sonora, una claridad de planos y un detalle que las tomas originales, en muchos casos, como las realizadas en el club The Haig, sumamente precarias, hac&iacute;an parecer imposibles. Aqu&iacute; se hacen presentes las escobillas y el golpe de los palos contra los parches de la bater&iacute;a, las l&iacute;neas del contrabajo e, incluso, los tarareos de <strong>The Click Clock</strong>, un peque&ntilde;o coro que canta casi para s&iacute; &ndash;es posible que en las actuaciones de The Haig no tuviera micr&oacute;fono&ndash; y que en otras ediciones resulta inaudible (aqu&iacute; se lo oye con claridad en todos los registros del 20 de mayo de 1953, incluyendo las hist&oacute;ricas versiones de &ldquo;Darn That Dream&rdquo; y de lo que ser&iacute;a para siempre un cl&aacute;sico: &ldquo;My Funny Valentine&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/track/4ExP7Pr6OjwpsdfkYmO8kw?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/track/2fpywBUbvffdu3G5PP0gzV?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        El material aqu&iacute; reunido abarca todos los registros realizados por el cuarteto que, entre 1952 y 1953 grab&oacute; regularmente para los sellos Pacific y Fantasy. En 1953, tocaron en The Haig con el agregado de Konitz en saxo alto y Baker integr&oacute;, tambi&eacute;n, el tentet creado por Mulligan (del que formaban parte otros grandes m&uacute;sicos, como el trompetista <strong>Pete Candoli</strong> y el saxofonista <strong>Bud Shank</strong>. Despu&eacute;s, Mulligan fue preso por una cuesti&oacute;n de drogas (y algunos dicen que por culpa de Baker) y el trompetista comenz&oacute; a hacerse famoso y a ser el centro de una especie de locura colectiva &ndash;lo que enfureci&oacute; a&uacute;n m&aacute;s a Miles Davis&ndash;. Y ya nada volvi&oacute; a ser como antes, aunque tocaron nuevamente juntos en 1957 y, ese mismo a&ntilde;o grabaron con la cantante Annie Ross. 
    </p><p class="article-text">
        Salvo por una reuni&oacute;n en el Carnegie Hall, en noviembre de 1974 &ndash;con un debutante <strong>John Scofield </strong>en la guitarra el&eacute;ctrica&ndash;, ese conjunto de registros de la d&eacute;cada de 1950 es todo lo que qued&oacute; grabado de ellos tocando juntos y esta es la mejor edici&oacute;n posible. Se trata de un cuerpo de una homogeneidad deslumbrante. No hay all&iacute; notas que sobren. Y el juego y la interrelaci&oacute;n entre ambos solistas es una fuente permanente de sorpresas &ndash;y de placer&ndash;. Se trata, ni m&aacute;s ni menos, que de la quintaesencia de lo que el mundo identifica como <em>cool jazz</em>. Y, como se escucha con claridad, &ldquo;cool&rdquo;, para el jazz, significa fino, arreglado, preciso, elegante, pero jam&aacute;s &ldquo;fr&iacute;o&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/44II03T6gHXzJQUeT6O6Pc?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/6EkRteBSDUxk4sSxXPjdxi?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ying-yang-jazz_129_12075693.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Feb 2025 11:41:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5f65b905-1bc9-44fb-a68f-731924df96e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="252750" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5f65b905-1bc9-44fb-a68f-731924df96e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="252750" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ying + Yang = Jazz]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5f65b905-1bc9-44fb-a68f-731924df96e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Thelonious Monk,Gerry Mulligan,Chet Baker,Miles Davis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La campaña italiana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/campana-italiana_129_11690497.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f2efec2-3094-404a-a56b-dc4bd898431c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La campaña italiana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rechazado por los fans de Astor Piazzolla y, más tarde, hasta por su propio creador, Libertango vio la luz en Italia hace cincuenta años. Fue su disco más exitoso y la pieza que le daba título hasta se convirtió en éxito de discotecas, gracias a la voz de Grace Jones. Tuvo como remezón la existencia de un grupo genial e incomprendido y, como bonus track, otro disco: un encuentro fallido, el del bandoneonista con Gerry Mulligan, al que todos amaron desde el primer momento. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        Fue el a&ntilde;o de la Gran Traici&oacute;n. No al supuestamente homog&eacute;neo mundo del tango, que ya se hab&iacute;a sentido burlado por &eacute;l y lo hab&iacute;a condenado hac&iacute;a mucho, sino hacia los piazzollianos de la primera hora. <em>Libertango</em>, ese disco grabado en 1974 en Italia, con sesionistas profesionales, que recurr&iacute;a a ostinatos y riffs ajenos a la liturgia celebrada por los fieles y que ofrec&iacute;a un nuevo arreglo de &ldquo;Adi&oacute;s Nonino&rdquo; con bandoneones sobregrabados &ndash;una especie de h&iacute;perteclado a la <strong>Keith Emerson</strong>&ndash;, un prominente bajo el&eacute;ctrico y un solo de &oacute;rgano Hammond, se cubri&oacute; r&aacute;pidamente con el peor sayo posible: era un disco &ldquo;comercial&rdquo;. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/1CuAcz0JFL9Te3RMU6hHgS?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Con el disco que inauguraba su relaci&oacute;n con el controvertido productor <strong>Aldo Pagani</strong> y el sello Carosello, <strong>Astor Piazzolla</strong>, dec&iacute;an, se hab&iacute;a vendido a un oro que no era el yanqui ni el de Mosc&uacute;, sino, sencillamente el de la industria del entretenimiento. &ldquo;Ni yanqui ni marxista, bandoneonista&rdquo;, sol&iacute;a bromear en ese entonces con sus amigos, desde su exilio autoimpuesto. Lo innegable fue el &eacute;xito &ndash;el primero verdaderamente internacional&ndash; del tema que le daba t&iacute;tulo y que, adem&aacute;s de convertirse con los a&ntilde;os en el m&aacute;s bailado en shows de tango entre los compuestos por ese autor al que los bailarines de tango hab&iacute;an vilipendiado, tuvo una segunda y sorprendente vida en la voz de <strong>Grace Jones</strong>, la chica Bond m&aacute;s improbable. Con una letra suya y de <strong>Barry Reynolds</strong>, &ldquo;I've Seen That Face Before&rdquo; (He visto antes esa cara), montaba en &ldquo;Libertango&rdquo; un texto que hablaba de la noche en Par&iacute;s y un subyacente deseo de muerte, y un ritmo que remedaba en algo el reggae y preanunciaba el Downtempo, uno de los subg&eacute;neros del pop electr&oacute;nico.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-nIN3IE3DHqc-4695', 'youtube', 'nIN3IE3DHqc', document.getElementById('yt-nIN3IE3DHqc-4695'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-nIN3IE3DHqc-4695 src="https://www.youtube.com/embed/nIN3IE3DHqc?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        La canci&oacute;n circul&oacute; con fortuna por las discotecas y acab&oacute; siendo la m&uacute;sica de una de las escenas cruciales de <em>Frantic</em> (B&uacute;squeda fren&eacute;tica), un excelente policial de <strong>Roman Polanski</strong> con <strong>Harrison Ford</strong> y <strong>Emmanuelle Seigner</strong> como protagonistas (a partir del minuto 1:34 en el video). 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt--33WnMGhKJI-8958', 'youtube', '-33WnMGhKJI', document.getElementById('yt--33WnMGhKJI-8958'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt--33WnMGhKJI-8958 src="https://www.youtube.com/embed/-33WnMGhKJI?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        La historia de este &aacute;lbum est&aacute;, por otra parte, ligada indefectiblemente al grupo que cre&oacute; Piazzolla, en 1975, para tocar en vivo ese material, un octeto cercano al jazz rock que ya casi al comienzo tuvo un cambio significativo, el reemplazo del hist&oacute;rico violinista <strong>Antonio Agri</strong> por <strong>Arturo Schneider</strong> en saxo y flauta&shy;. Despu&eacute;s de una temporada veraniega en La Botonera, en Mar del Plata y luego, ya con Schneider, en La Ciudad, en Buenos Aires, una gira por Brasil de la que desapareci&oacute; el productor acab&oacute; traum&aacute;ticamente con el conjunto. Esa primera formaci&oacute;n inclu&iacute;a nombres importantes del jazz porte&ntilde;o. Algunos de ellos ya hab&iacute;an tocado con el bandoneonista: el guitarrista <strong>Horacio Malvicino</strong>, integrante del <strong>Octeto Buenos Aires</strong>, entre 1955 y 1958 y del primer Quinteto, o Schneider, que en 1969 hab&iacute;a formado parte de la orquesta de <em>Mar&iacute;a de Buenos Aires</em>&ndash;. Los otros eran <strong>Santiago Giacobbe</strong> y <strong>Juan Carlos Cirigliano</strong> en &oacute;rgano y piano el&eacute;ctricos respectivamente, <strong>Adalberto Cevasco</strong> en bajo el&eacute;ctrico, el <strong>Zurdo Roizner</strong> en bater&iacute;a y alguien nuevo &ndash;y con un instrumento nuevo&ndash; en el mundo musical argentino, <strong>Daniel Piazzolla</strong>, hijo de Astor, en sintetizador. 
    </p><p class="article-text">
        La segunda encarnaci&oacute;n de ese octeto tuvo lugar al poco tiempo de la disoluci&oacute;n de la primera. Daniel Piazzolla se hizo cargo, por pedido de su padre, de reclutar una formaci&oacute;n joven &ndash;&ldquo;no enviciada&rdquo;, en palabras de Astor&ndash;, proveniente en su mayor&iacute;a del rock y el jazz rock. En saxo y fauta estaba <strong>Chachi Ferreira</strong>, en bajo <strong>Ricardo Sanz</strong>, en bater&iacute;a <strong>Luis Cer&aacute;volo</strong>, en los teclados <strong>Osvaldo Cal&oacute;</strong> y <strong>Gustavo Beytelman</strong>, en el sintetizador se manten&iacute;a Daniel y en la guitarra el&eacute;ctrica el joven maravilla del momento, <strong>Tom&aacute;s Gubitsch</strong> que con apenas 19 a&ntilde;os ven&iacute;a de formar parte de <strong>Generaci&oacute;n Cero</strong>, con <strong>Rodolfo Mederos</strong>, y de <strong>Invisible</strong>, con <strong>Luis Alberto Spinetta</strong>, <strong>Machi</strong> y <strong>Pomo</strong>. En 1977, en medio de una temporada en el Olympia de Par&iacute;s, donde compart&iacute;an cartel con <strong>Georges Moustaki</strong>, se supo que la gira estaba producida y financiada por la Inteligencia de la Marina argentina, y en particular por <strong>Alfredo Astiz</strong>, como parte de la ofensiva orquestada por la Dictadura para contrarrestar la pretendida &ldquo;campa&ntilde;a anti argentina&rdquo;. Algunos de los m&uacute;sicos se enfrentaron con Piazzolla y &eacute;l se enfrent&oacute; con ellos. La consecuencia fue la misma que con la versi&oacute;n anterior del octeto: el grupo dej&oacute; de existir. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1580813d-dee9-4195-967f-8f20ffe50f4c_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1580813d-dee9-4195-967f-8f20ffe50f4c_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1580813d-dee9-4195-967f-8f20ffe50f4c_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1580813d-dee9-4195-967f-8f20ffe50f4c_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1580813d-dee9-4195-967f-8f20ffe50f4c_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1580813d-dee9-4195-967f-8f20ffe50f4c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1580813d-dee9-4195-967f-8f20ffe50f4c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        De ese grupo maldito &ndash;y maldecido por Piazzolla&ndash; casi no quedan testimonios. No hay grabaciones de estudio. Apenas algunos registros en vivo de la primera formaci&oacute;n (en realidad la segunda, con Schneider y sin Agri) con p&eacute;simo sonido y la participaci&oacute;n de <strong>Jos&eacute; &Aacute;ngel Trelles</strong> como cantante, una grabaci&oacute;n que circula entre fieles de un tema llamado &ldquo;500 Motivaciones&rdquo; &ndash;una potente zapada que algunos leyeron como el Piazzolla de un futuro que no lleg&oacute; a concretarse&ndash;&nbsp;y una toma en vivo en el Olympia donde los temas eran, en su mayor&iacute;a, los de Libertango, A la pieza que le daba t&iacute;tulo a ese disco se sumaban &ldquo;Meditango&rdquo; y &ldquo;Violentango&rdquo;, m&aacute;s &ldquo;Zita&rdquo;, de la <em>Suite Troileana</em>, y &ldquo;Adi&oacute;s Nonino&rdquo;. La opini&oacute;n de los feligreses fue, en definitiva, rubricada por su m&aacute;ximo sacerdote. Una vez que ese grupo se separ&oacute;, Piazzolla no volvi&oacute; a tocar esos temas. La condena, como tantas otras veces, fue injusta.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/playlist/6Z2EiboezAD20R2HBgI3po?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Lo que all&iacute; se observa es ni m&aacute;s ni menos que un grupo notable de jazz-rock, con la originalidad no solo del sonido del bandone&oacute;n sino de un bandoneonista como Piazzolla. Alguien no solo con una t&eacute;cnica y una variedad de toques y registros deslumbrante sino, sencillamente, el &uacute;nico en su instrumento que tocaba como &eacute;l. Su secreto era sencillo pero inimitable. Todas sus notas, por breves que fueran, eran sincopadas, dando a su m&uacute;sica un tique de excitaci&oacute;n &ndash;o electricidad, aun desde mucho antes de haber pensado en un grupo &ldquo;electr&oacute;nico&rdquo;. La plataforma YouTube permite, tambi&eacute;n, ver y o&iacute;r al grupo en algunos documentos notables. Uno es la grabaci&oacute;n de la emisi&oacute;n de Canal 11 (Teleonce) el 27 de noviembre de 1975, con la primera formaci&oacute;n del octeto, aun con Agri (con imagen y sonido deficientes, pero, en este caso, porco importa). Y el otro es una actuaci&oacute;n de la segunda formaci&oacute;n, el 18 de mayo de 1977, para la Radio Televisi&oacute;n Suiza, aportado por el archivo de esa emisora. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-hND8Rieq_8k-3843', 'youtube', 'hND8Rieq_8k', document.getElementById('yt-hND8Rieq_8k-3843'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-hND8Rieq_8k-3843 src="https://www.youtube.com/embed/hND8Rieq_8k?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-MepPfI7ebMY-2363', 'youtube', 'MepPfI7ebMY', document.getElementById('yt-MepPfI7ebMY-2363'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-MepPfI7ebMY-2363 src="https://www.youtube.com/embed/MepPfI7ebMY?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        El repertorio de ese octeto era el de las primeras grabaciones italianas: <em>Libertango</em>, la bell&iacute;sima suite dedicada a <strong>Anibal Troilo</strong> &ndash;<em>Suite Troileana</em>&ndash;, comenzada a componer por Piazzolla &ldquo;tres d&iacute;as despu&eacute;s de su muerte&rdquo;, acaecida el 18 de mayo de 1975, algunas de las m&uacute;sicas para pel&iacute;culas escritas en Europa y un tema, tal vez el emblema, del que fue el mejor peor disco de la historia. Un disco que parti&oacute; de un desconocimiento, un error y un desacuerdo. Que no logr&oacute; ni de lejos lo que hubiera sido posible. Pero que, por el mero sortilegio del sonido de sus dos solistas &ndash;Piazzolla y el ya legendario saxofonista <strong>Gerry Mulligan</strong>&ndash; y la inspiraci&oacute;n de alguna de sus piezas &ndash;esa extraordinaria &ldquo;A&ntilde;os de soledad&rdquo;&ndash; se convirti&oacute; en un cl&aacute;sico instant&aacute;neo. El &aacute;lbum se llam&oacute; <em>Summit</em> y, en su edici&oacute;n argentina, debida al sello Trova, <em>Reuni&oacute;n Cumbre</em>. 
    </p><p class="article-text">
        El bandoneonista admiraba a Mulligan desde siempre y dec&iacute;a haberse inspirado en el octeto del saxofonista, escuchado en Par&iacute;s, para el que form&oacute; a su regreso a Buenos Aires, en 1955. &ldquo;&Eacute;ramos ocho tanques&rdquo;, explicaba Piazzolla en esos a&ntilde;os de Revoluci&oacute;n Libertadora. Esa escucha fue, en rigor, imposible. Mulligan nunca tuvo un octeto, hab&iacute;a estado en Par&iacute;s con un cuarteto y, adem&aacute;s, para cuando el marplatense lleg&oacute; a esa ciudad &eacute;l ya estaba en los Estados Unidos, dirigiendo la orquesta que acompa&ntilde;&oacute; a <strong>Billie Holiday</strong> en su actuaci&oacute;n en el primer Festival de Newport. 
    </p><p class="article-text">
        Es posible que en el recuerdo de Piazzolla se hayan mezclado varios acontecimientos: la audici&oacute;n de alg&uacute;n concierto de jazz, sin dudas, pero, sobre todo, la de dos discos publicados mientras &eacute;l estaba all&iacute; por el sello franc&eacute;s Vogue, el mismo que edit&oacute; un disco de duraci&oacute;n media, con ocho temas propios registrados por el bandoneonista con <strong>Martial Solal </strong>en piano y una orquesta de cuerdas. Uno de esos discos fue el del sexteto de <strong>Oscar Pettiford</strong>: un grupo extendido, con contrapuntos complejos, y con la presencia de dos instrumentos que aparecer&iacute;an en el Octeto Buenos Aires: la guitarra el&eacute;ctrica &ndash;que all&iacute; tocaba <strong>Tal Farlow</strong>&ndash; y el cello &ndash;que Pettiford alternaba con el contrabajo&ndash;. Y el otro, sin duda, fue de Mulligan. Se trataba del registro de su pasada actuaci&oacute;n en la Salle Pleyel, con su cuarteto sin piano y <strong>Bob Brookmeyer</strong> en tromb&oacute;n a v&aacute;lvula. Y la prueba de que Piazzolla tuvo ese disco en sus manos &ndash;y de que pas&oacute; por sus o&iacute;dos&ndash; es la libertad con que el grupo toca, se&ntilde;alada en las notas de la contratapa, escritas por <strong>Charles Delauney</strong>, el fundador del sello, y&nbsp;repetida en las que el bandoneonista escribi&oacute; para el LP del grupo editado en su momento por Disc Jockey. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/6EtBpRJHQzTKsugWKm5QhN?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/1BSgNzkYWGUlasl6QoB3TN?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Hubo una frase, repetida en los libros de memorias y conversaciones con Piazzolla publicados a la manera de biograf&iacute;as. &ldquo;Si quer&iacute;an un lector no me hubieran llamado a m&iacute;&rdquo;, se&ntilde;alan que dijo el saxofonista y deducen que no sab&iacute;a leer y no pod&iacute;a tocar lo que Piazzolla le hab&iacute;a escrito. Mulligan tocaba el piano adem&aacute;s del saxo bar&iacute;tono y, adem&aacute;s, ya a los 19 a&ntilde;os era el orquestador de la banda de <strong>Gene Krupa</strong> y luego lo fue de la de <strong>Claude Thornhill</strong>. No hay posibilidad alguna de que ese m&uacute;sico, que a los 23 a&ntilde;os hab&iacute;a sido uno de los compositores y orquestadores de las grabaciones realizadas por <strong>Miles Davis</strong> en 1949 y m&aacute;s adelante se recopilaron como <em>The Birth of the Cool</em>, no pudiera leer una partitura. Si se escucha con atenci&oacute;n esa reuni&oacute;n cumbre &ndash;que lo fue&ndash; lo que aflora es que no hay solos del saxo ni espacios para su improvisaci&oacute;n. Y eso permite una hip&oacute;tesis mucho m&aacute;s veros&iacute;mil. El tratamiento de Piazzolla hacia &eacute;l no hab&iacute;a sido distinto que el que hubiera recibido un sesionista, alguien al que simplemente le indicaban qu&eacute; y cu&aacute;ndo tocar. Alguien que <em>s&oacute;lo</em> leyera.
    </p><p class="article-text">
        En el mundo del tango, la lectoescritura musical era se&ntilde;al de jerarqu&iacute;a. Pero no lo era en el del jazz, donde la mayor&iacute;a de los m&uacute;sicos de la generaci&oacute;n de Mulligan hab&iacute;a pasado por bandas escolares y por aprendizajes m&aacute;s o menos formales y en el que muchos trabajos, sobre todo en las industrias del disco y de la m&uacute;sica para el cine, requer&iacute;an una excelente lectura a primera vista. Leer le&iacute;a cualquiera; improvisar sobre pies r&iacute;tmicos y estructuras complejas y ser capaces de hacerlo contestando e interactuando con otros solistas, como lo hac&iacute;a Mulligan, lo hac&iacute;an s&oacute;lo los mejores. Lo que el saxofonista estaba diciendo, en realidad, era, &ldquo;si quer&iacute;an solo un sesionista no entiendo para qu&eacute; me llamaron a m&iacute;&rdquo;.&nbsp;Aparentemente, tal vez por eso o quiz&aacute; por otros motivos, no se llevaron bien y las grabaciones fueron un calvario. Pero en la m&uacute;sica, si bien falta un Mulligan m&aacute;s acorde con sus talentos, no se nota. Y las rencillas fueron&nbsp;olvidadas, como muestra el tema &ldquo;Listening to Astor&rdquo;, incluido por el saxofonista en su disco <em>Dragonfly,</em> de 1995.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/track/0rXlPHnroc3alJmcSOSHdg?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Por alg&uacute;n motivo &ndash;posiblemente un litigio por derechos&ndash; el disco que testimonia aquel encuentro a pesar del desencuentro no existe en Spotify, aunque s&iacute; en Apple Music (<a href="https://music.apple.com/it/album/summit/1325104774?l=en-GB" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://music.apple.com/it/album/summit/1325104774?l=en-GB</a>) y en YouTube:
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-OJdNUoAcfpw-8034', 'youtube', 'OJdNUoAcfpw', document.getElementById('yt-OJdNUoAcfpw-8034'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-OJdNUoAcfpw-8034 src="https://www.youtube.com/embed/OJdNUoAcfpw?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Y, como curiosidad, en esa plataforma puede verse una transmisi&oacute;n televisiva de la RAI donde ambos solistas presentan el disco tocando &ldquo;A&ntilde;os de soledad&rdquo; pero se trata de un obvio playback. No hay otros m&uacute;sicos en escena y las dos estrellas protagonizan una reuni&oacute;n cumbre unida tan s&oacute;lo por la m&iacute;mica.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-VOgzP3D9LOo-4068', 'youtube', 'VOgzP3D9LOo', document.getElementById('yt-VOgzP3D9LOo-4068'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-VOgzP3D9LOo-4068 src="https://www.youtube.com/embed/VOgzP3D9LOo?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/campana-italiana_129_11690497.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Sep 2024 13:47:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1f2efec2-3094-404a-a56b-dc4bd898431c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="26055" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1f2efec2-3094-404a-a56b-dc4bd898431c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="26055" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La campaña italiana]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1f2efec2-3094-404a-a56b-dc4bd898431c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Astor Piazzolla,Gerry Mulligan]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
