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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Salvadora Medina Onrubia]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/salvadora-medina-onrubia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Salvadora Medina Onrubia]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La rubia, el morocho y la loba]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rubia-morocho-loba_1_11708048.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6baf6913-3bfc-48d6-ba2c-949258dad38d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1103254.jpg" width="890" height="501" alt="La rubia, el morocho y la loba"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El gran mito criollo, Carlos Gardel, también tuvo que luchar contra la dictadura de un cuerpo modélico. El glamour se agota, dijo una Pamela Anderson sin maquillaje, una nueva voz contra las imposiciones de la industria cosmética. La vigencia de Salvadora Medina Onrubiay su Poesía reunida. </p></div><p class="article-text">
        No hay duda de que es interesante escuchar y leer todo lo que tienen para decirnos las personas que reflexionan y construyen teor&iacute;a desde el movimiento anti-gordof&oacute;bico. Son los pilares que fortalecen la conciencia y la lucha. Lo mismo ocurre con las investigadoras feministas que ponen sobre el tapete los intereses del imperio de la industria cosm&eacute;tica y desmenuzan sus intenciones ocultas detr&aacute;s de publicidades en apariencia inocentes. Pero los dichos de las celebrities, de aquellas personas que son famosas, tienen otro peso en el amplio &aacute;mbito popular. La fama no es (solo) puro cuento. 
    </p><p class="article-text">
        No es que haya una reflexi&oacute;n nueva que d&eacute; cuenta de un cambio generalizado en el concepto del cuerpo de las mujeres. A&uacute;n falta mucho para esa anhelada y extendida transformaci&oacute;n radical. Sin embargo, es bienvenido escuchar voces como la de <strong>Pamela Anderson</strong>, la guardavidas rubia de la serie televisiva <em>Baywatch</em>, mirar cr&iacute;ticamente su pasado en Hollywood.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo 57 a&ntilde;os, gran parte de mi carrera fue un viaje que tuvo que ver con lo f&iacute;sico, pero tambi&eacute;n he experimentado lo que significa quitarme las capas para recordar qui&eacute;n soy, no definirme por lo que me hace la gente sino por lo que yo misma hago y no amargarme ni hastiarme&rdquo;, dijo d&iacute;as atr&aacute;s durante la presentaci&oacute;n de la pel&iacute;cula <em>La pasi&oacute;n de China Blue </em>(The last Showgirl), donde comparte escenas con <strong>Jamie Lee Curtis</strong>, en el Festival de Cine de San Sebasti&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Anderson celebr&oacute; &ldquo;buscar todav&iacute;a la alegr&iacute;a del proceso y de la vida. Vi como se agotaba la fe en el glamour de (su personaje) Shelley y estoy viviendo un momento mucho m&aacute;s sensual ahora que en el pasado. Es como pasa con Las Vegas de d&iacute;a, (se convierte en) una mujer sin maquillaje, m&aacute;s vulnerable y reveladora, m&aacute;s &iacute;ntima&rdquo;, dijo la ex estrella del firmamento del show business estadounidense durante los a&ntilde;os 90.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de medio siglo antes, era un hombre con su hora de fama en Hollywood quien luchaba contra las presiones por su imagen corporal. Me refiero a <strong>Carlos Gardel</strong>, el morocho del Abasto, que ya en la segunda d&eacute;cada del siglo veinte se acercaba a la sede porte&ntilde;a de la Asociaci&oacute;n Cristiana de J&oacute;venes, con el prop&oacute;sito de afinar su figura y evitar las cargadas discriminatorias de sus amigos. El pianista de las clases de gimnasia era <strong>Adolfo Rafael Avil&eacute;s</strong>, que luego tuvo una destacada actuaci&oacute;n como compositor de tangos. Lo record&eacute; al ver el excelente musical <em>Cuando Frank conoci&oacute; a Carlitos</em>, una ficci&oacute;n sobre el imaginario encuentro de <strong>Frank Sinatra</strong> y Gardel que se reestren&oacute; en el teatro Astral, de avenida Corrientes.
    </p><p class="article-text">
        El espect&aacute;culo no tiene nada que envidiarle a las mejores puestas de Broadway. Comienza cuando Gardel, un <strong>Oscar Lajad </strong>muy carism&aacute;tico, est&aacute; en un par&eacute;ntesis de su actuaci&oacute;n en la NBC de New York y Frank Sinatra, un tierno <strong>Alan Madanes</strong>, golpea la puerta del camar&iacute;n buscando el consejo del Zorzal Criollo para direccionar su incipiente carrera.
    </p><p class="article-text">
        La puesta en escena trabaja el contrapunto de los personajes, est&aacute; ambientada en los a&ntilde;os &rsquo;30 y est&aacute; a cargo de <strong>Natalia del Castillo</strong>. La directora tom&oacute; la obra escrita por <strong>Ra&uacute;l L&oacute;pez Rossi</strong> y <strong>Gustavo Manuel Gonz&aacute;lez</strong>, para contar con un dinamismo atrapante el encuentro entre estos dos emblemas de la m&uacute;sica y el show de las ciudades que los apasionaban y a las que les tributan parte de sus cancioneros.
    </p><p class="article-text">
        Estos personajes fascinantes que fueron contempor&aacute;neos en un tramo de sus vidas, hoy son antiguos, pero en el espect&aacute;culo act&uacute;an, cantan y bailan con una m&uacute;sica moderna y deslumbrante que emociona e invita al p&uacute;blico a acompa&ntilde;arlos con el vaiv&eacute;n de los cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        Antiguos, dec&iacute;amos, como <em>Las Antiguas</em> de Buena Vista editora, la colecci&oacute;n que acaba de publicar la poes&iacute;a reunida de <strong>Salvadora Medina Onrubia</strong>,&nbsp;poeta de 1920, primero maestra rural&nbsp;&ldquo;de ni&ntilde;os vencidos en Gualeguay&rdquo;, luego millonaria, escritora y periodista. Militante anarquista y teos&oacute;fica, fue compa&ntilde;era en el amor del periodista <strong>Natalio Botana</strong>, adversaria del golpista Uriburu y directora del diario Cr&iacute;tica, en rigor la primera en ejercer ese rol en la Argentina.
    </p><p class="article-text">
        Escribi&oacute; aullando como loba, gritando como loca, organizando con esmero palabras salvajes, en una &ldquo;ant&iacute;tesis de m&iacute; misma&rdquo;: C<em>ada una de las piedras que forman mi monta&ntilde;a/para un ser de los otros ser&iacute;a la carga m&aacute;xima/ Solo un dolor, de todo lo que est&aacute; lleno mi ser lleno,/para un ser de los otros ser&iacute;a el dolor pleno!</em>&nbsp;Tambi&eacute;n: <em>Llevo fijo al tobillo un grillete de amor,/ que me consagra esclava del humano dolor... Tengo un sexto sentido de tr&aacute;gica vidente/y el sello de Elegida en medio de la frente/ Toda miseria y pena y oculto sufrimiento con percepci&oacute;n aguda lo descubro y lo siento</em>
    </p><p class="article-text">
        Con un hijo natural a cuestas, Salvadora encuentra &ldquo;en la palabra una v&iacute;a posible para ir en contra de pautas sexo-afectivas y contratos morales instalados en el imaginario nacional del post Centenario&rdquo;, escriben en las primeras p&aacute;ginas del libro los investigadores Luc&iacute;a de Leone y Enzo C&aacute;rcano, quienes tambi&eacute;n se nutren de trabajos previos propios y de la investigadora y docente <strong>Mar&iacute;a Vicens</strong>, entre otras.
    </p><p class="article-text">
        El dolor es la materia prima de Medina Onrubia, la piedra angular de su decir. Vela &ldquo;por hacer texto como el tejido cosido&rdquo;. Yo estaba enferma del ansia/de ba&ntilde;arme de paz el esp&iacute;ritu&ldquo;, dice uno de los poemas que se rescatan en la edici&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A pesar de ser mujer, me permito el lujo de tener ideas &iquest;sabe?&rdquo;, dice Elvira Ancizar en la obra teatral de 1929 <em>Las descentradas</em>, nos recuerda en el volumen <strong>Sylvia Sa&iacute;tta</strong>. &ldquo;Yo tengo ideas boxeadoras. Ideas que se dan directo y crosses y swings con la vida. Solo soy un bicho antisociable y salvaje que tiene la desgracia de ver cosas raras que nadie ve. Cuando estoy entre toda esa gente tan bien educada, siento impulsos de decir malas palabras, de tirar sillas por el aire, de escandalizarlas&rdquo;. Esa semi&oacute;tica del cuerpo y de las emociones bien podr&iacute;a formar parte hoy, m&aacute;s de un siglo despu&eacute;s, de un manifiesto contra la opresi&oacute;n de otras humanidades: mujeres, s&iacute;. Tambi&eacute;n, infancias, morochas,&nbsp;gordas, desclasadas y tantas, tantas m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rubia-morocho-loba_1_11708048.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Oct 2024 03:00:35 +0000]]></pubDate>
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