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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Individualismo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/individualismo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Individualismo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una vida más simple]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vida-simple_129_12404578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5ed91bca-9d8b-4c7d-8f11-21a77637fa79_16-9-discover-aspect-ratio_default_1120331.jpg" width="4000" height="2250" alt="Una vida más simple"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque excluyentes y agresivas para muchos en su uniformidad, ciertas limitaciones del pasado podían resultar menos hostiles que el individualismo actual de las mil opciones.</p></div><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente varias de las columnas que escribo se apoyan en el mismo mecanismo: revisar nuestras nostalgias, y tratar de entender si est&aacute;n basadas en apegos emocionales a nuestros yos del pasado, o en cambios m&aacute;s o menos objetivos y comprobables de la realidad, o mitad y mitad, o ninguna de las anteriores.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana le toc&oacute; a la comida, tema en el que pienso demasiado seguido, como la mayor&iacute;a de la gente, supongo; como todos los que no tenemos ni edad para que nos cocinen nuestros padres ni recursos para tener cocineros profesionales trabajando full time en nuestros hogares. Le&iacute; la &uacute;ltima columna de <strong>Natalia Kiako</strong> en este mismo diario sobre los l&aacute;cteos sin gusto ni textura a los que nos tienen acostumbrados en el &uacute;ltimo tiempo. Me corrijo: quiz&aacute;s pienso m&aacute;s en la comida que el com&uacute;n de la gente, o al menos pienso distinto que una persona que tiene que alimentar tres o cuatro hijos trabajando de sol a sol por un salario de pobreza. Pertenezco a esa clase media acomodada que tiene la cabeza dividida entre los consumos y las comodidades que puede costear y esos que est&aacute;n apenas por encima: no hablo solo de precios, sino tambi&eacute;n de tiempo. 
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        Como bien reconoc&iacute;a Kiako, hay muchos peque&ntilde;os productores haciendo buenos quesos y yogures que tienen el gusto de &ldquo;los de antes&rdquo; (o son incluso m&aacute;s ricos: al menos en mi barrio &ldquo;antes&rdquo; no com&iacute;amos yogur de b&uacute;fala ni variaciones locales de queso gorgonzola); pero en general procurarse esas cosas requiere un tiempo y un espacio mental que no tenemos. Hay que hacer el pedido lunes o martes, para que llegue antes de que termine la semana, y estar para recibirlo a la hora en que la &uacute;nica camioneta que reparte puede pasar por tu casa. Hay que tener, si una quiere efectivamente &ldquo;comer bien&rdquo;, el ancho de banda para hacer esto mismo con todos los rubros que se te ocurran: la fruta y la verdura, la carne y el pollo que todav&iacute;a tiene gusto a algo que no sea agua, la harina de buena calidad, los frutos secos, los huevos de granja.
    </p><p class="article-text">
        La agenda b&aacute;sicamente dedicada a recibir pedidos o ir a retirarlos: sin reuniones, sin llamadas, sin clases ni turnos m&eacute;dicos, sin tr&aacute;mites, sin buscar chicos del colegio. Es imposible, pero no tan imposible como para que no piense en hacerlo esa misma clase media alta que viaja cada dos o tres a&ntilde;os al exterior y se fascina con esos supermercados que tienen todo en un solo lugar. Seremos tilingos, pero supongo que si nos entusiasmamos tanto con esas g&oacute;ndolas repletas de cosas distintas es tambi&eacute;n por eso, porque en una vida moderna y llena de pendientes la comodidad de comprar todo en el mismo viaje le gana al romanticismo del almac&eacute;n y la verduler&iacute;a (los almacenes, por otra parte, ya fueron pr&aacute;cticamente todos reemplazados por cadenas que venden todas esos mismos l&aacute;cteos car&iacute;simos sin gusto a nada y que ya casi ni grasa tienen).
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, en un grupo de amigos, nos pusimos a recordar lo que se com&iacute;a en los comedores de colegio. La mayor&iacute;a de las mam&aacute;s que conozco hoy mandan viandas, o bien porque no todos los colegios tienen comedor, o bien porque en algunos colegios el comedor es caro, o bien porque prefieren controlar m&aacute;s de cerca lo que comen sus hijos. La conversaci&oacute;n empez&oacute; por ah&iacute;, por las cosas sanas y trabajosas que hoy preparan muchas mam&aacute;s (y supongo que algunos pap&aacute;s) para sus hijos, pero nos llev&oacute; a recordar lo que com&iacute;amos cuando efectivamente nos mandaban a comedor. Es verdad que los ni&ntilde;os de los 90 muchas veces viv&iacute;amos a Coca Cola y patitas, pero es igualmente cierto que el comedor de una primaria medio pelo subsidiada, como aquella a la que asist&iacute;a yo, estaba bastante bien. No desde nuestro punto de vista de ni&ntilde;os, que pens&aacute;bamos que era comida de preso, pero en t&eacute;rminos nutricionales calculo que no estaba tan mal. 
    </p><p class="article-text">
        Todo el invierno se serv&iacute;a de entrada (en vasos de pl&aacute;stico) una sopa de verduras anaranjada, que repudi&aacute;bamos, pero termin&aacute;bamos comiendo. Recuerdo tambi&eacute;n muchos guisos de arroz con pollo y otros de fideos mo&ntilde;ito con verduras medio est&aacute;ndar (cebolla, zanahoria, apio, calabaza); tallarines con tuco (jam&aacute;s hab&iacute;a queso), milanesas de pollo con tomate y lechuga, alguna que otra vez de carne; tortillas de verduras, bu&ntilde;uelos de acelga, croquetas del arroz que hab&iacute;a sobrado del guiso. De postre, siempre fruta, y quiz&aacute;s un mousse de chocolate profundamente dudoso los viernes (recuerdo, tambi&eacute;n, que algunos viernes hab&iacute;a hamburguesas: Patty con tomate y lechuga, con unas &ldquo;papas fritas&rdquo; que en realidad eran bastones hechas al horno). 
    </p><p class="article-text">
        No hab&iacute;a variedad, pero la verdad es que tampoco hab&iacute;a muchas porquer&iacute;as. Le&iacute; un hilo en el twitter anglo que iba en esta misma l&iacute;nea: algunos j&oacute;venes argumentaban que cocinar para una sola persona es tan caro como pedir, y otros usuarios, en general mayores, les contestaban que eso es porque no registran que antes una comida familiar o un s&aacute;ndwich hecho en casa ten&iacute;a no m&aacute;s de dos o tres ingredientes. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una vida m&aacute;s simple&rdquo;, decimos, cuando extra&ntilde;amos la comida de antes, los matrimonios de antes, los medios de comunicaci&oacute;n de antes. Menos opciones y menos informaci&oacute;n; menos preferencias diversas que acomodar, y menos apetitos por la novedad y la diversidad que saciar. Pienso que, por supuesto, esa uniformidad era agresiva y excluyente para muchos (te lo cuentan los vegetarianos de esa &eacute;poca, que nunca ten&iacute;an nada que comer). Pienso, tambi&eacute;n, que era menos agresiva que este individualismo de las mil opciones con quienes ten&iacute;an menos dinero. La amplitud de alternativas ampara algunas diferencias que necesitan ese amparo. Resalta otras, tambi&eacute;n, que estaban mejor as&iacute;, m&aacute;s apagadas. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vida-simple_129_12404578.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Jun 2025 03:53:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una vida más simple]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Consumo,Individualismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡Corran, zurdos!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/corran-zurdos_129_11723100.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a7cdef02-d664-42e4-809f-c812cd377b01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡Corran, zurdos!"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para los “libertarios” todo lo que no se pliegue al punto de verdad del individualismo extremo y, por tanto, exhiba una identidad política colectiva, es cancelable porque es incoherente. ¿Incoherente con qué? Con el único punto de no-contradicción, de verdad-absoluta, que es el yo.

</p></div><p class="article-text">
        La &uacute;nica figura subjetiva que puede presentarse sin contradicciones, no opaca y exenta de dobleces, es el individuo neoliberal. Se constituye as&iacute; en un punto de <em>coherencia</em> extrema y como lugar-amo desde el que se juzga poseyendo una verdad. La violencia que una enunciaci&oacute;n &ldquo;libertaria&rdquo; (en su sentido actual) tiene est&aacute; arraigada ah&iacute;: como &ldquo;yo&rdquo; soy el &uacute;nico punto de verdad (mi vida, mi trabajo, mi libertad), todo lo que extralimita esas fronteras entra en zonas de no-verdad y, por tanto, posibles de ser <em>denunciadas</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las izquierdas en alg&uacute;n momento enarbolaron la bandera de la coherencia para reclamar el v&iacute;nculo entre lo que se hace y lo que se dice; los feminismos a partir del lema &ldquo;lo personal es pol&iacute;tico&rdquo; profundizaron la apuesta diciendo que esa coherencia no pod&iacute;a quedarse en la esfera de lo &ldquo;p&uacute;blico&rdquo;. Las diatribas &ldquo;libertarias&rdquo; cargan sus virulentas denuncias exhibiendo las &ldquo;incoherencias&rdquo; de quienes &ndash;desde tradiciones y culturas pol&iacute;ticas diversas&ndash; la reclaman como un criterio de pr&aacute;ctica pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la coherencia &ndash;lo digo para nuestros usos&ndash; no puede ser una categor&iacute;a moralizante porque ah&iacute; se anula la exigencia de que sea un criterio atado a una situaci&oacute;n para convertirse en un juicio abstracto y es justamente eso lo que habilita la secuencia denuncia-cancelaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; estamos ante una operaci&oacute;n bien complicada: la coherencia sobre la que denuncian los &ldquo;libertarios&rdquo; (no pod&eacute;s hablar porque sos <em>kuka, nazifeminista, planero, etc.</em>) est&aacute; apegada a la necesaria l&oacute;gica de la cancelaci&oacute;n <em>porque</em> todo lo que no se pliegue al punto de verdad del individualismo extremo y, por tanto, exhiba una identidad pol&iacute;tica colectiva, es <em>cancelable</em> porque es <em>incoherente</em>. &iquest;Incoherente con qu&eacute;? Con el &uacute;nico punto de no-contradicci&oacute;n, de verdad-absoluta, que es el yo.
    </p><p class="article-text">
        El yo pasa a ser as&iacute;, insisto, el &uacute;nico lugar de no-conflicto. M&aacute;s all&aacute; del modo grotesco del troll, hay otras enunciaciones. Por ejemplo: &ldquo;Yo lo &uacute;nico que s&eacute; es que ma&ntilde;ana me levanto y tengo que ir a trabajar&rdquo;: con esta frase hay un intento de aferrarse a un criterio de verdad en el que s&oacute;lo se responde por la actividad individual como aislada del mundo. Constituir ese yo es construir una especie de fortaleza, que me permite s&oacute;lo tener que dar cuenta de m&iacute; <em>pero a la vez</em> atribuirme el poder de juzgar a todo el resto por sus incoherencias.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De d&oacute;nde surge la incoherencia? De cualquier v&iacute;nculo, tarea, esfuerzo que desborde las fronteras del yo, que experimente zonas colectivas donde habita el conflicto, donde se afirmen perspectivas para juzgar lo que pasa que no pueden restringirse al yo. Aqu&iacute; nos podemos acercar a otra idea de coherencia, no moralizante. Se puede ser coherente con una situaci&oacute;n, con un conflicto: saber qu&eacute; lo fortalece o que lo hace crecer y actuar de modo tal que la coherencia sea expandir su potencia. Se trata de un criterio de coherencia colectivo que surge de la situaci&oacute;n concreta y no de las personas que, siendo moralmente coherentes (es decir, atribuy&eacute;ndose un poder de juzgar superior basadas en su yo), participan en esa situaci&oacute;n. La diferencia parece ser menor pero no lo es.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora hay un &uacute;ltimo punto: el &ldquo;anarcolibertarismo&rdquo; que hace gala de que no necesita ser coherente &ndash;en el sentido de que nadie les reclama en serio por ejemplo que pueden estar en contra del aborto pero a la vez defender la &ldquo;propiedad&rdquo; del cuerpo como propiedad privada o que un d&iacute;a pueden denunciar a China por comunista y al otro d&iacute;a se&ntilde;alar a ese pa&iacute;s como gente que no pide nada a cambio&ndash;, se afirma en que a lo &uacute;nico que le deben coherencia es a un &ldquo;yo&rdquo;-amo que dice lo que quiere, cuando quiere. Ese es el &uacute;nico criterio de verdad, por eso parecen re&iacute;rse de que les acusen de no ser coherentes, mientras son absolutamente coherentes al principio (delirante) del yo-amo. Claro que ese yo-amo (patriarcal y colonial), encaja perfecto con el &ldquo;delirio&rdquo; del sistema capitalista, de all&iacute; su poder.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Agrego delirante, entre par&eacute;ntesis, porque es sobre una violencia enorme que ese &ldquo;yo&rdquo; puede recortarse e independizarse del mundo. Por eso la violencia descomunal contra todo lo que suene a &ldquo;colectivismo&rdquo;, a explicitar la relaci&oacute;n de dependencia con la naturaleza y los bienes comunes (ecologismos), con las relaciones de afecto y cuidado (feminismos), que habilitan espacios y v&iacute;nculos opacos, con incertezas, experimentales, contradictorios. Toda la coherencia del &ldquo;libertario&rdquo; <em>depende</em> de anular las dependencias que hacen a la fragilidad de nuestras existencias. Toda la virulencia del &ldquo;libertario&rdquo; se nutre de denunciar que las <em>coherencias colectivas</em> no son otra cosa que corrupci&oacute;n disfrazada. De nuevo tenemos un punto de trampa complejo: todo lo contradictorio de lo colectivo es catalogado como corrupto a la vez que con esa imagen se desplaza y parece volver insignificante la corrupci&oacute;n institucionalizada (la verdadera casta) de la que el gobierno libertario vive para sostenerse en el poder.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Van a correr&rdquo; es la puesta en funcionamiento de la denuncia de <em>incoherencia</em> con que el troll libertario, pagado con recursos p&uacute;blicos, se afirma en que &eacute;l est&aacute; en un lugar de verdad que no tiene competencia. Sin embargo, el que vimos correr ayer es ese &ldquo;yo&rdquo; desnudo, inexistente en contacto con otrxs, imposible de salvarse si no es resguardado por las fuerzas del orden (por supuesto, pagadas con la <em>nuestra</em>).
    </p><p class="article-text">
        <em>VG/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Verónica Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/corran-zurdos_129_11723100.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Oct 2024 13:05:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Libertarios,Individualismo]]></media:keywords>
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