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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Rescatistas]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Rescatistas]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La brigada naranja: los rescatistas anónimos que aparecen entre el gas y la represión de las protestas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/brigada-naranja-rescatistas-anonimos-aparecen-gas-represion-protestas_1_11726787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7116357-8fd0-40d9-aaa8-4aa76bc382dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La brigada naranja: los rescatistas anónimos que aparecen entre el gas y la represión de las protestas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En cada protesta, como la de este miércoles, en el Congreso, están presentes un grupo de voluntarios del Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA), una ONG dedicada a la asistencia en emergencias. Los rescatistas brindan ayuda médica a jubilados y manifestantes heridos, mientras destacan su compromiso humanitario en medio de la violencia y las tensiones sociales.</p></div><p class="article-text">
        El llanto desmedido de un beb&eacute;. Yuliana Figueredo, de 37 a&ntilde;os, lo escuch&oacute; ni bien lleg&oacute; a la humilde casa de su vecino. Las calles angostas y de tierra del barrio San Jorge, en la localidad bonaerense de Campana, donde ella vive, impiden el ingreso de las ambulancias. Por eso, esa ma&ntilde;ana del a&ntilde;o 2022, la llamaron urgente. Yuliana hab&iacute;a hecho un curso de primeros auxilios en el Cuerpo de Evacuaci&oacute;n y Primeros Auxilios (CEPA), una ONG humanitaria y sin fines de lucro creada en 2002 y dedicada a la asistencia m&eacute;dica en contextos de emergencia. El beb&eacute; respira con dificultad esa ma&ntilde;ana, algo impide la llegada de aire. Yuliana le aplica un procedimiento b&aacute;sico. Los padres no se animan a mirar. Escuchan el llanto y las inhalaciones agitadas de su hijo, como si estuviera aprendiendo a respirar de nuevo. Yuliana insiste. El aire en los pulmones prematuros se compacta, pero fluye de nuevo. Limpio y constante. La pareja la abraza. Yuliana no lo sabe a&uacute;n, pero no ser&aacute; la &uacute;ltima vez que un padre o una madre le agradezca. <strong>Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, una tarde de septiembre del 2024, en medio de la represi&oacute;n de la polic&iacute;a a los jubilados en el Congreso, asistir&aacute; a Fabrizia</strong>, una menor de 10 a&ntilde;os gaseada intencionalmente por un efectivo. Tampoco sabe que el Gobierno, tras esa manifestaci&oacute;n, le echara la culpa del incidente a ella y sus compa&ntilde;eros del CEPA.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Parizzia, de 50 a&ntilde;os, est&aacute; a seis meses de retirarse como miembro del Ej&eacute;rcito argentino, tras 34 de servicio. Se especializa en reparar tanques de guerra. La soledad de un taller con esas moles de acero lo llev&oacute; a pensar en qu&eacute; hacer luego del retiro. La vocaci&oacute;n de servicio por el otro. Ayudar en medio de la tempestad, aunque no haya una guerra. Eso le genera adrenalina a Jos&eacute;. Por eso, desde hace dos a&ntilde;os, integra el CEPA como rescatista voluntario. En la &uacute;ltima marcha del mi&eacute;rcoles en el Congreso, contra el veto de Javier Milei a la ley de financiamiento de las universidades p&uacute;blicas que finalmente fue convalidado por la C&aacute;mara de Diputados, y luego de que un polic&iacute;a infiltrado arrojara un chorro de gas a los ojos contra un grupo de manifestantes, Jos&eacute; mantendr&aacute; una sonrisa calma. Al menos siete heridos se retorcer&aacute;n de dolor en el piso alrededor suyo, mientras prepara pausadamente una botella con leche que servir&aacute; de alivio para ese ardor terrible. Adrenalina.
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                El Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA) es una ONG humanitaria y sin fines de lucro creada en 2002 y dedicada a la asistencia médica en contextos de emergencia.                            </span>
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        Miguel Irrutegui, t&eacute;cnico en emergencias m&eacute;dicas, forma parte del CEPA como rescatista desde hace m&aacute;s de 20 a&ntilde;os. Particip&oacute; en las grandes tragedias de los &uacute;ltimos a&ntilde;os en la ciudad. La voladura de la AMIA. El incendio de Cromagnon. El choque del ferrocarril de la l&iacute;nea Sarmiento en la Estaci&oacute;n de Once. Su experiencia lo llev&oacute; a dirigir al grupo de rescatistas durante los operativos.<strong> El &uacute;ltimo mi&eacute;rcoles, tras asistir a un jubilado que se hab&iacute;a descompuesto en la marcha en el Congreso, se emocionar&aacute; por su equipo</strong>. &ldquo;Es muy gratificante ver c&oacute;mo trabajan&rdquo;, dijo Miguel. &ldquo;Uno est&aacute; hace mucho en esto y ver que se suman cada vez m&aacute;s j&oacute;venes, nos llena de orgullo&rdquo;, apunt&oacute; el rescatista. Esa tarde, luego de ordenar que lleven a los heridos por los gases al Instituto Patria en la calle Rodr&iacute;guez Pe&ntilde;a, lugar que el CEPA suele utilizar como apoyo para resguardar a las v&iacute;ctimas, Miguel le explicar&aacute; a Oscar Parrili, senador nacional y vicepresidente del organismo, el efecto nocivo de estos gases en los ojos.
    </p><p class="article-text">
        Luisina Troncoso, de 43 a&ntilde;os, tambi&eacute;n es t&eacute;cnica en emergencia m&eacute;dicas, pero se sum&oacute; al CEPA cuando vio por la televisi&oacute;n las im&aacute;genes de los jubilados reprimidos, luego de que &ldquo;87 h&eacute;roes&rdquo; en el Congreso vetaran un peque&ntilde;o aumento en su sueldo. El mi&eacute;rcoles fue su tercer operativo. &ldquo;Me genera mucha impotencia todo lo que pasa. Tengo a mis pap&aacute;s jubilados y s&eacute; por lo que pasan. Por eso me sum&eacute;&rdquo;, cuenta Luisina, quien tambi&eacute;n es escritora. Cecilia Chirico, empleada en una empresa privada de provincia, lleg&oacute; por lo mismo. &ldquo;Poder dar una mano en este contexto es importante&rdquo;, se&ntilde;ala Cecilia, en su primer operativo como rescatista. La historia de Miguel Palacios, 26 a&ntilde;os y arbitro de f&uacute;tbol, es similar. La posibilidad de ayudar al otro en un contexto represivo lo motiv&oacute; a sumarse. Vive en Ciudadela y el mi&eacute;rcoles fue su segundo operativo en el Congreso. &ldquo;Esto es una vocaci&oacute;n&rdquo;, dice Miguel. &ldquo;Pero hay que estar atento y manejar bien la situaci&oacute;n porque todo puede desmadrarse&rdquo;, se sincera.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Me genera mucha impotencia todo lo que pasa. Tengo a mis papás jubilados y sé por lo que pasan. Por eso me sumé</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>Un ardor terrible</strong></h2><p class="article-text">
        Son las tres de la tarde del &uacute;ltimo mi&eacute;rcoles y Miguel Irrutegui re&uacute;ne al equipo del CEPA en avenida Callao y Bartolom&eacute; Mitre. Son 10 rescatistas, vestidos de naranja y con cascos blancos. Cada uno lleva un cintur&oacute;n con elementos b&aacute;sicos de asistencia m&eacute;dica. Fueron convocados por la marcha de los jubilados, una protesta habitual desde que el gobierno vet&oacute; un aumento en sus haberes. El Congreso est&aacute; rodeado de vallas que empujan a los manifestantes hasta las inmediaciones de la plaza. El CEPA empieza su recorrido. Los jubilados se mezclan con los universitarios, en medio de la discusi&oacute;n en la C&aacute;mara de Diputados por el veto al financiamiento de estos &uacute;ltimos. No hay cordones policiales a la vista, apenas un pu&ntilde;ado de efectivos del otro lado de las vallas. Miguel y el resto de los rescatistas deambulan entre la gente sin complicaciones. Hasta que Carlos Tabulosky, un jubilado de 74 a&ntilde;os vestido con una remera del club Chacarita, se desvanece en la calle. El CEPA lo rodea. Dos de un lado. Dos del otro. Le miden la presi&oacute;n. Las pulsaciones. Es la cuarta marcha a la que asiste Carlos. Siempre con la remera de Chacarita. <strong>&ldquo;Vengo por todos los jubilados que la est&aacute;n pasando como el orto&rdquo;, dice Carlos desde el suelo</strong>. &ldquo;Hoy veo a muchos j&oacute;venes universitarios y ellos van a ganar esta lucha&rdquo;, repite Carlos, ahora acostado desde una camilla que los rescatistas plegaron.
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                Los brigadistas del CEPA están en el ojo del huracán en cada protesta.                            </span>
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        Lo apartan del tumulto y deciden llamar al SAME. Mientras esperan en la esquina de Bartolom&eacute; Mitre y Callao, la diputada nacional por el Frente de Izquierda Myriam Bregman se acerca. &ldquo;El compa&ntilde;ero viene a todas las marchas siempre con su camiseta de Chacarita&rdquo;, indica la diputada, reconociendo la persistencia en su lucha contra las injusticias. &ldquo;La labor que hace el CEPA, junto a todas las postas de salud de las marchas, es crucial con este gobierno represor&rdquo;, apunta Bregman. Carlos se recupera y prefiere irse a la casa por su cuenta. &ldquo;Les agradezco de coraz&oacute;n todo lo que hacen por nosotros&rdquo;, se despida el jubilado, que asegura que el pr&oacute;ximo mi&eacute;rcoles est&aacute; de vuelta. Los rescatistas lo saludan. Los manifestantes empiezan desconcentrar. El CEPA descansa en fila desde la esquina. Las calles lucen tranquilas. La paz que antecede al desastre.
    </p><p class="article-text">
        Una turba de manifestantes empieza a perseguir al influencer libertario, <strong>Fran Fijap, que se esconde dentro de un local de empanadas. Todo suceder&aacute; r&aacute;pido. Los empleados del local a&uacute;n no lo saben, pero el presidente Javier Milei las visitar&aacute; al otro d&iacute;a</strong>. Ahora mismo, un grupo intenta sacar al militante libertario a los golpes. Las persianas del local se bajan. El CEPA se mantiene inm&oacute;vil, justo en frente. &ldquo;Somos neutrales, no podemos intervenir ah&iacute;&rdquo;, explica Miguel. Hasta que alguien alerta sobre un herido de gas. No hay presencia policial, pero llegan personas frot&aacute;ndose los ojos.
    </p><p class="article-text">
        Mat&iacute;as Baglietto, fot&oacute;grafo que deb&iacute;a retratar a los rescatistas en acci&oacute;n para esta nota, se tira al suelo y pide ayuda. Son, al menos, seis gaseados. Un polic&iacute;a de civil que hac&iacute;a trabajo de inteligencia en la marcha &#9472;se sabr&aacute; despu&eacute;s&#9472;, arroj&oacute; gas desde el local de empanadas. Los rescatistas se dividen la atenci&oacute;n de los heridos. Jos&eacute;, el mec&aacute;nico de tanques, prepara una botella con leche. Miguel, el &aacute;rbitro de f&uacute;tbol, asiste a una manifestante que acaba de convulsionar. Yuliana, quien asisti&oacute; a la nena de diez a&ntilde;os reprimida, colabora con los botiquines de emergencia. La escena continuar&aacute; en el Instituto Patria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nuestra misi&oacute;n siempre va a ser cuidar a los heridos y establecer lugares fuera de peligro&rdquo;, explica Esteban Chal&aacute;, asistente humanitario y uno de los fundadores del CEPA. Ese d&iacute;a, al salir del Instituto y volver a la calle, algunos rescatistas ser&aacute;n filmados por la propia polic&iacute;a. &ldquo;Alguna vez hubo un seguimiento espec&iacute;fico contra nosotros, pero no le damos importancia. Nunca descuidamos nuestra tarea humanitaria con las personas que lo necesitan&rdquo;, se&ntilde;ala Esteban. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La jornada del mi&eacute;rcoles finaliz&oacute; con 16 heridos, seis detenidos y una denuncia por parte de organizaciones de derechos humanos por tres polic&iacute;as infiltrados. &ldquo;Una jornada tranquila para nosotros&rdquo;, bromea Miguel, un d&iacute;a despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Al caer la tarde, los rescatistas del CEPA se retiran en silencio, dejando atr&aacute;s la batalla de ese mi&eacute;rcoles, otra m&aacute;s. Las heridas sanar&aacute;n pero las cicatrices de la injusticia quedar&aacute;n marcadas en cada uno de los manifestantes que lucharon por su dignidad. A&uacute;n as&iacute;, en cada mirada agradecida, en cada abrazo desesperado, los rescatistas encuentran la fuerza para seguir.
    </p><p class="article-text">
        No llevan armas ni escudos, pero en cada vendaje, en cada inhalaci&oacute;n recuperada, desaf&iacute;an al poder con su humanidad. Porque en medio del gas y el miedo, son ellos quienes recuerdan a todos que la verdadera lucha no es por las calles, sino por el derecho a vivir en un pa&iacute;s justo.
    </p><p class="article-text">
        <em>FLD/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Facundo Lo Duca]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/brigada-naranja-rescatistas-anonimos-aparecen-gas-represion-protestas_1_11726787.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Oct 2024 03:00:26 +0000]]></pubDate>
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