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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariano Saborido]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariano Saborido]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Santiago Loza: “La Iglesia es el refugio de cierta sensibilidad queer y al mismo tiempo la castiga”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/santiago-loza-iglesia-refugio-sensibilidad-queer-tiempo-castiga_1_11746320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ff6560b-cf30-409a-8ef5-20eed5593db5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1104229.jpg" width="3188" height="1793" alt="Santiago Loza: “La Iglesia es el refugio de cierta sensibilidad queer y al mismo tiempo la castiga”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor, dramaturgo y cineasta es autor de la obra teatral “Viento blanco” y de los recientes libros “Diario inconsciente” y “Pequeña novela de Oriente”. La espera en la escritura, la religión como imaginario y por qué prefiere no dirigir teatro.</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Hay gente que me se&ntilde;ala una supuesta h&iacute;per productividad, pero la verdad es que yo tengo procesos lentos. Tardo bastante en caer a las cosas y las cosas toman sus propios tiempos tambi&eacute;n</em>&rdquo;, dice el escritor, dramaturgo y cineasta <strong>Santiago Loza</strong>. Loza habla bajito, pausado, como si se ubicara en la vereda opuesta de algunos de los personajes que cre&oacute;, que siempre rodean el desenfreno y cierto desborde. Como Mario, interpretado encantadoramente por <strong>Mariano Saborido</strong>, el protagonista de la obra <em>Viento blanco</em>, uno de los grandes estrenos teatrales del a&ntilde;o. Como el narrador de <em>Peque&ntilde;a novela de Oriente</em> (Entrop&iacute;a, 2024), una voz construida para prestarse al desconcierto de unos viajes por Corea, Jap&oacute;n y China. O como el de <em>Diario inconsciente</em> (Bosque energ&eacute;tico, 2022), tambi&eacute;n pegado a Loza y a su experiencia, que recuerda una internaci&oacute;n psiqui&aacute;trica de su juventud (<em>&ldquo;cuando ten&iacute;a veinte a&ntilde;os y me volv&iacute; loco, ten&iacute;a piedras en los bolsillos&rdquo;</em>, dir&aacute; en el libro y m&aacute;s adelante reforzar&aacute;: <em>&ldquo;Se vive y se narra. Se vive para contar, poner un orden a los acontecimientos. La crisis viene a desordenar o a decretar que no hay orden posible y todo intento es vano&rdquo;</em>).
    </p><p class="article-text">
        Autor de m&aacute;s de 20 obras teatrales, de varias novelas, de libros h&iacute;bridos donde se dedica a indagar en la escritura y director de una docena de pel&iacute;culas, <strong>Loza es uno de los artistas argentinos m&aacute;s prol&iacute;ficos y su obra una de las m&aacute;s radiantes de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En tu obra pareciera haber siempre un tiempo suspendido, una demora para que los materiales afloren. </strong><em><strong>Diario inconsciente</strong></em><strong>, de hecho, no es un diario tradicional que va contando a medida que ocurrieron los hechos, sino que algo que es la reconstrucci&oacute;n de un episodio de juventud que viviste. &iquest;Necesit&aacute;s tomar cierta distancia para narrar algunas cosas?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;<em>Diario inconsciente</em> se desprende de un libro anterior que era <em>Nadadores lentos</em>, un libro en el que de alguna manera pensaba en la escritura. En ese proceso me acompa&ntilde;&oacute; <strong>Andr&eacute;s Gallina</strong>, que despu&eacute;s con <strong>Eugenia P&eacute;rez Tomas </strong>armaron la editorial Bosque energ&eacute;tico que publica exclusivamente libros a partir de diarios. En un momento del proceso de <em>Nadadores</em> mencion&eacute; en alg&uacute;n fragmento la internaci&oacute;n que hab&iacute;a ocurrido en mi vida y &eacute;l me dijo &ldquo;mir&aacute;, esto es otro texto, es otra cosa&rdquo;. Entonces lo dej&eacute;, dir&iacute;a que lo esper&eacute;, que esper&eacute; su tiempo. <strong>En el fondo estaba la necesidad de que esa materia que tiene el </strong><em><strong>Diario inconsciente</strong></em><strong>, que iba ti&ntilde;endo siempre otras cosas, hiciera su propia escena</strong>. Despu&eacute;s, cuando escrib&iacute;a el libro, me surg&iacute;a la fantas&iacute;a de que, al poder reconstruirlo, de alguna manera iba a darle un cierre a eso. Lo cual es falso porque, a partir de que el libro sali&oacute;, inevitablemente volv&iacute; a hablar de la internaci&oacute;n y de aquel momento. Pero s&iacute; hay algo que cambia. Me parec&iacute;a que hab&iacute;a un gesto, no s&eacute;, de justicia de alguna manera al poder reparar en ese diario un relato que en aquel momento no hab&iacute;a forma de articular. Hab&iacute;an pasado 25 a&ntilde;os o m&aacute;s, entonces me pasaba que yo pod&iacute;a ver de otra manera a esa persona que atraves&oacute; esa situaci&oacute;n de los brotes, esa problem&aacute;tica de salud mental como se dice ahora. Lo pod&iacute;a ver como alguien que no era yo y, por el paso del tiempo, ya no estaba en las condiciones tan vulnerables que hab&iacute;a tenido antes. Eso me permit&iacute;a ciertas operaciones que tienen que ver con el lenguaje. En el fondo, la historia cl&iacute;nica no me interesa, en todo caso lo que me importa m&aacute;s all&aacute; del libro en s&iacute; es c&oacute;mo opera el lenguaje cuando el lenguaje se retira.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;Diario inconsciente&quot;, de Santiago Loza, es el primer libro de la editorial argentina Bosque energético.                            </span>
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        <strong>&ndash;El libro coincide, de todas maneras, con la serie de otros textos en los que volv&eacute;s sobre la escritura, a partir de distintas experiencias biogr&aacute;ficas, si se quiere.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, me pasa que hay textos donde la aguja de la ficci&oacute;n est&aacute; m&aacute;s cerca de lo que ser&iacute;a netamente ficci&oacute;n y est&aacute;n estos otros textos m&aacute;s h&iacute;bridos, que est&aacute;n ligados a lo biogr&aacute;fico o que trabajan zonas de lo que aconteci&oacute;. Fue muy liberador para m&iacute; empezar a escribir este tipo de textos. Pero, m&aacute;s all&aacute; de todo, me parece que hay que ver la manera de generar alg&uacute;n tipo de ilusi&oacute;n. <strong>Porque la escritura siempre genera la ilusi&oacute;n de que eso que se cuenta fue as&iacute;. A m&iacute; tambi&eacute;n me empieza a suceder con muchos de esos textos despu&eacute;s de haberlos escrito: empiezo a creer que eso que cuentan ocurri&oacute; as&iacute; y no s&eacute; si eso ocurri&oacute; as&iacute;.</strong> Empiezo a creer que la memoria es esa, aunque tambi&eacute;n s&eacute; que existe una distorsi&oacute;n. En todo caso, me interesa la escritura como posibilidad de distorsi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Por qu&eacute; cre&eacute;s que volv&eacute;s una y otra vez a pensar la escritura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Es como mi monotema la escritura! (risas). Ahora estoy en un per&iacute;odo donde me est&aacute; costando escribir y mi monotema es por qu&eacute; me est&aacute; costando escribir.<strong> La escritura es y sigue siendo muy nodal en mi construcci&oacute;n personal. No s&eacute; si llamarlo oficio porque yo no s&eacute; si tengo oficio. Soy muy desordenado. Pero el hecho de leer, de escribir, de habitar la escritura y de permitirme la escritura ha sido clave</strong>. Por eso siempre he tratado de que se vuelva algo cotidiano o lo m&aacute;s cotidiano posible. Con el tiempo, de alguna manera se ha vuelto mi trabajo. Me pas&oacute; tambi&eacute;n con la escritura de teatro, de pensar qu&eacute; valor ten&iacute;a en el circuito del teatro. Por eso los he vivido siempre como procesos de conquista. Y tambi&eacute;n como una necesidad de enunciaci&oacute;n: en la juventud yo era muy receloso y, aunque ten&iacute;a una vocaci&oacute;n muy temprana con la escritura, era muy temeroso y no me parec&iacute;a que esa escritura tuviese valor por s&iacute; misma. Entonces con los a&ntilde;os hice cine y despu&eacute;s teatro, pensando que esos espacios por ah&iacute; pod&iacute;an reparar una escritura que estaba medio cachada o que a m&iacute; me parec&iacute;a que no estaba del todo bien. Igual hasta hoy me sigue pasando algo as&iacute;. De hecho creo que quienes leen y me editan antes de publicar me corrigen bastante.&nbsp;
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                &quot;Pequeña novela de Oriente&quot; narra tres viajes del autor con un estilo muy particular.                            </span>
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        <strong>&ndash;</strong><em><strong>Peque&ntilde;a novela de Oriente</strong></em><strong> es un libro donde se relatan tres viajes. Dos a Corea y Jap&oacute;n y uno fallido, a China. &iquest;Lo pensaste as&iacute; de entrada? &iquest;Sol&iacute;as leer libros de viajes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Algo leo, pero no soy un gran lector de libros de viaje, pero los voy leyendo y me gustan mucho. Cuando empec&eacute; a hacer esos viajes, sobre todo el viaje a Jap&oacute;n, ten&iacute;a la idea o el proyecto de escribir all&aacute;. Yo me hab&iacute;a propuesto escribir una p&aacute;gina por d&iacute;a. Pero una vez ah&iacute;, algo de la resoluci&oacute;n cotidiana del viaje hizo que se volviera imposible escribir. No hab&iacute;a forma porque estaba cansado o porque no llegaba.<strong> Pas&oacute; y no escrib&iacute; nada. De todas maneras ten&iacute;a siempre en mi cabeza el proyecto de que ese viaje y el de Corea se iban a completar conociendo China. Y, como con la pandemia no pude viajar a China, de todas maneras empec&eacute; a unirlos.</strong> En la escritura yo sent&iacute;a que toda esa experiencia contada de esa forma generaba un relato particular, un periplo en el que a ese personaje le acontec&iacute;an una serie de transformaciones que pertenecen tambi&eacute;n a la ficci&oacute;n. Algo se le fue armando a &eacute;l, entre ese deambular al principio m&aacute;s solitario y despu&eacute;s con todos los encuentros que va teniendo. A la vez, cuando escrib&iacute;a, ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de estar escribiendo algo que no quer&iacute;a olvidar. Pens&eacute;: &ldquo;Estoy escribiendo sobre lo inolvidable&rdquo;. Por m&aacute;s que sea banal. Cuando aparece la necesidad de contar es como si hubiera una parte de la memoria que empieza a reparar algo, a fijar algo as&iacute; no se pierde.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La escritura siempre genera la ilusión de que eso que se cuenta fue así. A mí también me empieza a suceder con muchos de esos textos después de haberlos escrito: empiezo a creer que eso que cuentan ocurrió así y no sé si eso ocurrió así. Empiezo a creer que la memoria es esa, aunque también sé que existe una distorsión. En todo caso, me interesa la escritura como posibilidad de distorsión.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Ten&iacute;as alg&uacute;n v&iacute;nculo previo con el universo oriental? &iquest;Te interesaba por algo en particular?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La verdad es que era del orden del clich&eacute;. Siempre fui una persona medio introvertida y tengo cierta timidez y por cierto cine que he visto o por cierta literatura que ha le&iacute;do, pod&iacute;a pensar en lo oriental como una aproximaci&oacute;n a los dem&aacute;s, a la otredad, muy delicada. Entonces aparec&iacute;a en m&iacute; la fantas&iacute;a de que en ese espacio algo m&iacute;o iba a estar c&oacute;modo. <strong>Ahora en parte me da un poco de risa. El otro d&iacute;a ve&iacute;a una serie que pasaba en Tokio y pensaba que los occidentales creemos que esos pa&iacute;ses son apenas como una especie de spa del mundo. Pero me parece que por lo menos algo de esa extra&ntilde;eza y de esa distancia me permit&iacute;a pensar en esos clich&eacute;s, atravesar esa fantas&iacute;a ut&oacute;pica de irse muy lejos. De ver qui&eacute;n es uno, qui&eacute;n es una ah&iacute;. C&oacute;mo uno deja de ser</strong>. Me interesaba ese gesto que es como un abandono, ese irse. Eso siempre me interesa porque hay una zona de la p&eacute;rdida: ese personaje empieza a perderse, a fundirse con ese paisaje. Supongo que es lo que me interesa siempre: ver c&oacute;mo es ese abandono del yo. Algo que tambi&eacute;n parece medio zen. Por eso es una escritura que podr&iacute;a llamarse &ldquo;una escritura del yo&rdquo;, pero que al mismo tiempo juega con el abandono de ese yo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Loza nació en Córdoba, en 1971. Fue distinguido, entre otros, con el Premio Konex y con el Premio Nacional de Cultura 2021."
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                Loza nació en Córdoba, en 1971. Fue distinguido, entre otros, con el Premio Konex y con el Premio Nacional de Cultura 2021.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Aparece, tambi&eacute;n, otra de las cosas que insiste en tu trabajo, que es la memoria. En este caso y en </strong><em><strong>Diario inconsciente</strong></em><strong>, una memoria un poco rota.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, me interesa la memoria como algo medio roto y exagerado. Porque lo que nos queda, en realidad, son las esquirlas de la memoria. <strong>La memoria siempre moldea las impresiones que tenemos y a partir de eso trabajamos sobre esas heridas que nos han dejado, sobre esas marcas para</strong> <strong>una reconstrucci&oacute;n que siempre tiene algo exagerado.</strong> Algunos personajes que van apareciendo en <em>Peque&ntilde;a novela de Oriente </em>probablemente no son como las personas. Para escribir necesit&aacute;s muchas veces amplificar los rasgos, crear un personaje. En este libro hay cierto corrimiento, s&iacute;, cierta distorsi&oacute;n. Yo no s&eacute; si soy tan solitario o tan temeroso, por ejemplo, como se puede leer ah&iacute;. Algo de eso se arm&oacute; con ese personaje, me parece.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Pod&eacute;s escribir varios textos a la vez?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Por lo general estoy trabajando con dos archivos. Porque se me acaba la nafta r&aacute;pidamente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;La impresi&oacute;n es justamente la contraria, &iexcl;con todas las cosas que hac&eacute;s!</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No, no, se me va acabando el combustible. Entonces, cuando algo no funciona, voy al otro archivo, lo trato de releer. En realidad son como carriles.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me interesa la memoria como algo medio roto y exagerado. Porque lo que nos queda, en realidad, son las esquirlas de la memoria. La memoria siempre moldea las impresiones que tenemos y a partir de eso trabajamos sobre esas heridas que nos han dejado, sobre esas marcas para una reconstrucción que siempre tiene algo exagerado.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Por qu&eacute; no dirig&iacute;s tus obras de teatro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Porque dirig&iacute; hace muchos a&ntilde;os y no soy bueno dirigiendo. No funcionaba. En el teatro tiene que ingresar otra dramaturgia desde la direcci&oacute;n y eso no me sale. Me parece que la gente que resuelve la escena, que potencia la escena, tiene algo de cierta paciencia que yo no tengo.<strong> El espacio esc&eacute;nico parece muy sencillo, pero es muy complejo pensarlo y que de eso salga algo atractivo. Puedo hacer una pel&iacute;cula y algo con la c&aacute;mara, porque ah&iacute; encuentro una posibilidad, un lenguaje que yo puedo imaginar.</strong> En los ensayos de teatro no, me cuesta mucho ser un buen observador de esos procesos. Me pierdo. Me aburro. Algo de la repetici&oacute;n me agota. Entonces de alguna manera a m&iacute; se me arm&oacute; esto que es escribir y que otras personas dirijan. Tuve la suerte de que esas personas que dirigen, sobre todo en las obras que son estrenos, le hayan revelado algo a la escritura que yo no hab&iacute;a visto. Los textos, por suerte, se han corregido a partir de la direcci&oacute;n. En algunos casos he trabajado a la par con ellos y, como no soy muy celoso de los textos, entiendo las modificaciones que se han hecho. As&iacute; que estoy ah&iacute;. No participo de los ensayos, pero estoy activo. Y me gusta, me sigue encantando el teatro. Me gusta como experiencia, me gusta todo el accidente de lo teatral, me interesa lo que hacen las actrices y los actores con el accidente: qu&eacute; ocurre cuando aparece lo imprevisto y c&oacute;mo se opera sobre eso. Y a m&iacute; me divierte ver qu&eacute; malabares hacen con el texto en ese momento. Porque ah&iacute; el texto claramente ratifica su condici&oacute;n de algo vivo, de materia m&oacute;vil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Tu obra </strong><em><strong>Viento blanco</strong></em><strong> tiene puntos de contacto con los libros que mencionamos antes. En especial, esto de un personaje aislado, solitario, rodeado de sus fantasmas pero solo ah&iacute; en un paraje de la Patagonia. &iquest;Te interesaba volver a explorar la soledad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La soledad es algo que yo conozco. Que conozco y me inquieta. Me interesa desentra&ntilde;arla. De alguna manera me parece que todas las personas est&aacute;n solas y hay algo de estos personajes como el de Viento blanco que est&aacute;n extremados en su soledad. Al mismo tiempo, hay algo de esa soledad o ese margen que habitan que les permite ver algunas cosas que probablemente lo grupal no les permita.<strong> A veces habitar la periferia les permite alg&uacute;n tipo de&nbsp; lucidez. Creo que nos pasa a todos, no s&eacute;, cuando est&aacute;s en una fiesta y te pon&eacute;s a un costado un rato y empez&aacute;s a observar a los dem&aacute;s. Es a partir de un corrimiento que empez&aacute;s a percibir algunas cosas.</strong> En <em>Viento blanco</em> hay algo de ese paisaje que est&aacute; como abandonado a esa soledad. Como si esos personajes estuviesen en un lugar tan al sur que ya nada va a ocurrir o nadie va a vivir algo de eso. Tambi&eacute;n el personaje de <em>Viento blanco</em> tiene una relaci&oacute;n particular con su deseo a partir de esa circunstancia. Y aparece tambi&eacute;n el v&iacute;nculo con la madre. Eso es algo que para m&iacute;, y en general para las personas que pertenecemos a ciertas disidencias, siempre ha sido muy complejo.&nbsp;
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DA9Ls-4va9h/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Uno de los grandes asuntos de la obra tiene que ver con el imaginario cat&oacute;lico. &iquest;Tuviste una formaci&oacute;n religiosa de chico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, tuve una formaci&oacute;n s&uacute;per religiosa en la infancia, muy cat&oacute;lica. En ese tiempo cre&iacute;a, sobre todo fogoneado por familiares, que yo iba a ser sacerdote. Entonces yo ten&iacute;a una devoci&oacute;n plena. Lo que pasa es que eso entr&oacute; en crisis en la adolescencia y dej&eacute; de ser creyente. <strong>Pero algo de ese imaginario y de esa devoci&oacute;n siempre me atrajo, porque me lleva a reparar en d&oacute;nde uno pone toda esa fuerza m&iacute;stica, todo ese fuego, toda esa, s&iacute;, conmoci&oacute;n que tra&iacute;a la creencia. La escritura, creo, termin&oacute; absorbiendo en m&iacute; algo de toda ese energ&iacute;a.</strong> A la vez me sigue conmoviendo cuando alguien cree en algo, lo que sea que crea. No s&eacute;, hay gente que cree hasta en Messi, y me gusta escucharlos, escuchar por qu&eacute;. O cuando la gente tiene c&aacute;balas. Me conmueven los amparos que busca cualquier persona para sobrevivir. As&iacute; que siempre que puedo trato de estar atento a eso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Y vos cre&eacute;s en Dios?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No. Pero incluso yo digo que no ahora, dudando. Un d&iacute;a te digo que s&iacute;, otro d&iacute;a te digo que no. Me asombro que &uacute;ltimamente digo que no. Yo no soy creyente de Dios, pero yo creo en algunas cosas, como el arte. Suena un poco enorme, pero algo de lo art&iacute;stico se me ha vuelto como una religi&oacute;n. Y creo con todo lo complejo que es creer. Porque a veces tengo per&iacute;odos grises donde nada me enciende, momentos en los que me cuesta entusiasmarme con lo propio y con lo ajeno. <strong>Por estos d&iacute;as me est&aacute; costando concentrarme, estoy preocupado con todo lo que pasa en el pa&iacute;s y por momentos aterrado. Parte de mi actividad, que tiene que ver con el cine, est&aacute; totalmente puesta en jaque. </strong>Y hay mucha movilizaci&oacute;n y se est&aacute;n discutiendo cosas que no cre&iacute;amos que &iacute;bamos a tener que discutir o que parece surrealista que se est&eacute;n discutiendo. Pero, bueno, creo que claramente en alg&uacute;n momento yo eleg&iacute; el camino de lo art&iacute;stico. Parece medio grandilocuente, pero es as&iacute;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando escribía &quot;Pequeña novela de Oriente&quot; tenía la sensación de estar escribiendo algo que no quería olvidar. Pensé: “Estoy escribiendo sobre lo inolvidable”. Por más que sea banal. Cuando aparece la necesidad de contar es como si hubiera una parte de la memoria que empieza a reparar algo, a fijar algo así no se pierde. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;El imaginario cat&oacute;lico que mencionabas, en Viento blanco est&aacute; llevado a un extremo, con la ropa, las canciones, la extraordinaria actuaci&oacute;n de Mariano Saborido.</strong>&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, en <em>Viento blanco</em> a m&iacute; me divierte la cosa religiosa se ve hasta en t&eacute;rminos de c&oacute;mo se visten los sacerdotes, de c&oacute;mo se muestran. <strong>Todo un mundo que tiene algo muy </strong><em><strong>queer</strong></em><strong>. &iexcl;Todos esos p&uacute;rpuras! En esta puesta est&aacute; Pablo Ram&iacute;rez haciendo el vestuario. </strong>Todo ese universo tiene algo muy marica. Lo hemos hablado mucho con Mariano: la Iglesia es el refugio de cierta sensibilidad queer y al mismo tiempo la castiga. Pero claramente la Iglesia lo tiene, entonces se arma un juego un poco perverso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Tambi&eacute;n es un &aacute;mbito muy teatral, muy esc&eacute;nico, muy de lo perform&aacute;tico.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Por supuesto. Yo sigo pensando que mis primeras experiencias teatrales han sido las misas. Hay algo absolutamente teatral. Siempre hay una puesta cuando el cura con su homil&iacute;a est&aacute; haciendo su mon&oacute;logo.<strong> Yo he visto a grandes monologuistas en la Iglesia y a otros muy malos, tambi&eacute;n. Pero hay algo de esa observaci&oacute;n que a m&iacute; me ha servido para el teatro. </strong>No s&eacute;, a m&iacute; me interesa cuando veo a una pastora, a un pastor, a un cura, porque tambi&eacute;n hay algo del teatro ah&iacute; que tiene que ver con tratar de vendernos un buz&oacute;n. El teatro es tan precario que lo que est&aacute; tratando de hacer, con nada o muy pocos elementos, es venderte que vos creas esa realidad. Aunque no haya nada para creer. Como los actores, algo de eso lo hacen los pastores, las pastoras, los curas: lo intentan, a pura convicci&oacute;n, aunque vaya a saber uno en el fondo si la tienen. No importa si la ten&eacute;s, es lo que intent&aacute;s, es buscar alg&uacute;n tipo de conquista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/DTC</em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Viento blanco</strong></em><strong>, protagonizada por Mariano Saborido, con direcci&oacute;n de Valeria Lois y Juanse Rausch, se puede ver en la sala Dumont4040 de la ciudad de Buenos Aires, los domingos a las 20.30 y los lunes a las 20. </strong><a href="https://www.instagram.com/p/DA9Ls-4va9h/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>M&aacute;s informaci&oacute;n, en este enlace</strong></a><strong>.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/santiago-loza-iglesia-refugio-sensibilidad-queer-tiempo-castiga_1_11746320.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Oct 2024 03:07:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Santiago Loza: “La Iglesia es el refugio de cierta sensibilidad queer y al mismo tiempo la castiga”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Santiago Loza,Libros,Teatro,Literatura argentina,Mariano Saborido]]></media:keywords>
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