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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Charles Mingus]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/charles-mingus/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Charles Mingus]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El hombre que inventaba]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-inventaba_129_12249444.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f8e4ed62-412b-4285-be25-87005819788b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El hombre que inventaba"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Charles Mingus tocó en Buenos Aires en 1977. Estaba ya enfermo, aunque no lo sabía, y cerca de su muerte. Pero la música que tocó transmite una vitalidad y una alegría asombrosas. La grabación de sus dos actuaciones porteñas, el 2 y el 3 de junio, acaba de publicarse por primera vez en disco, en una edición ejemplar. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Charles Mingus</strong>, el hombre que en su autobiograf&iacute;a dijo de todo menos la verdad, lleg&oacute; a Buenos Aires en junio de 1977. Lo aquejaba una enfermedad degenerativa, aunque a&uacute;n no lo sab&iacute;a. Caminaba con dificultad. Estaba de mal humor. Dio una conferencia de prensa a la que no fue casi nadie. Los diarios principales no se enteraron &ndash;o no quisieron hacerlo&ndash; de que aqu&iacute; estaba uno de los m&uacute;sicos m&aacute;s importantes de su &eacute;poca, el mismo que hab&iacute;a tocado con <strong>Charlie Parker</strong>, el que con <em>Ah Um</em> hab&iacute;a llegado a una de las posibles &ndash;no ser&iacute;a la &uacute;ltima&ndash; cimas del jazz y al que apenas dos a&ntilde;os despu&eacute;s <strong>Joni Mitchell</strong> rendir&iacute;a el m&aacute;s extraordinario de los homenajes. 
    </p><p class="article-text">
        Al frente de un quinteto fant&aacute;stico, Mingus dio dos conciertos, el 2 en el Teatro Coliseo y el 3 en el SHA, el auditorio de la Sociedad Hebraica Argentina, donde, en esos a&ntilde;os de dictadura, se refugiaban los ciclos de la Cinemateca Argentina y el Cine Club N&uacute;cleo. La grabaci&oacute;n de lo que sucedi&oacute; en esas dos noches porte&ntilde;as acaba de publicarse en disco por primera vez. El sello <strong>Resonance</strong>, el mismo que edit&oacute; los memorables registros de <strong>Bill Evans</strong> en esta ciudad, y gracias a la misma fuente &ndash;el acceso a las cintas guardadas por <strong>Carlos Melero</strong>, quien fue el sonidista de aquellas presentaciones, y las gestiones realizadas por el periodista <strong>Roque Di Pietro</strong>&ndash;, edit&oacute; un lujoso &aacute;lbum de tres LPs, <em>Mingus in Argentina. The Buenos Aires Concerts</em>, con una versi&oacute;n en 2 cds &ndash;que aqu&iacute; pueden conseguirse en la disquer&iacute;a especializada <strong>Minton&rsquo;s</strong>, en la Galer&iacute;a Apolo&ndash; , tambi&eacute;n obtenible, en su versi&oacute;n virtual y en alta resoluci&oacute;n, en la plataforma <strong>Bandcamp </strong>&ndash;que incidentalmente tambi&eacute;n permite el streaming&ndash;: <a href="https://charlesmingusmusic.bandcamp.com/album/in-argentina-the-buenos-aires-concerts" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://charlesmingusmusic.bandcamp.com/album/in-argentina-the-buenos-aires-concerts</a>.
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        La grabaci&oacute;n realizada por Melero recoge el sonido de la consola y, como era habitual para &eacute;l, es de una ejemplar claridad de planos, timbres y matices. Y la restauraci&oacute;n sonora y masterizaci&oacute;n del vinilo, realizada a partir de las cintas originales por Matthew Luthans, es excelente. La secci&oacute;n de vientos &ndash;el gran <strong>Ricky Ford</strong> en saxo tenor y uno de los mingusianos m&aacute;s fieles, el trompetista <strong>Jack Walrath</strong>&ndash; suena como la versi&oacute;n reconcentrada y esencial de una big band. El grupo se completaba con <strong>Robert Neloms</strong> en el piano, en bater&iacute;a <strong>Dannie Richmond</strong> (compa&ntilde;ero de ruta de Mingus desde los fundantes <em>The Clown</em> y <em>Mingus Three</em>, ambos registrados veinte a&ntilde;os antes) y, en contrabajo y dos improvisaciones al piano, a la estrella, el hombre que ment&iacute;a y que inmortaliz&oacute; al sombrero de <strong>Lester Young</strong> en la pieza que, el 2 de junio de 1977, abri&oacute; el primer concierto en Buenos Aires, &ldquo;Goodbye Pork Pie Hat&rdquo;.
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    </figure><p class="article-text">
        En su autobiograf&iacute;a, <em>Menos que un perro</em>, publicada en castellano por Mondadori, Mingus dialoga, entre otros, con su psicoanalista &ndash;un invento&ndash; y le dice: &ldquo;Yo soy tres. Un hombre que permanece siempre en medio, despreocupado, inm&oacute;vil, observando, esperando a que le sea permitido expresar lo que ve a los otros dos. El segundo hombre es como un animal asustado que ataca por miedo a ser atacado. Luego est&aacute; la persona extremadamente cari&ntilde;osa y amable que admite a la gente en el templo m&aacute;s sagrado de su ser y soporta los insultos y es confiado y firma los contratos sin leerlos&rdquo;. <strong>Joni Mitchell</strong>, en su homenaje, llamado simplemente <em>Mingus</em>, cantaba, con la m&uacute;sica de &ldquo;Dios debe ser el hombre de la bolsa&rdquo; y partiendo de esa frase: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l va a ser, Mingus uno, dos o tres? &iquest;Cu&aacute;l de ellos pens&aacute;s que &eacute;l querr&iacute;a que el mundo viera?&rdquo;. 
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    </figure><p class="article-text">
        Pero si se busca una biograf&iacute;a confiable, el texto obligado es <em>Mingus: A Critical Biography</em>, escrito por el cr&iacute;tico ingl&eacute;s <strong>Brian Priestley</strong>, que es quien escribi&oacute; las notas originales para la edici&oacute;n de Resonance, que se completa con un extracto de <em>Grandes del jazz internacional en Argentina (1956-1979)</em>, el libro de <strong>Claudio Parisi</strong> publicado por la editorial <strong>Gourmet Musical</strong> en 2019, y nuevas entrevistas a Ford y Walrath. 
    </p><p class="article-text">
        El repertorio incluy&oacute; cl&aacute;sicos como el del adi&oacute;s al sombrero pastel de cerdo y &ldquo;Fables of Fablus&rdquo;, temas recientes como &ldquo;Three or Four Shades of Blues&rdquo;, dos declaraciones de fe ellingtoniana &ndash;&ldquo;Duke Ellington&rsquo;s Sound of Love&rdquo; y &ldquo;For Harry Carney&rdquo;, dedicada al c&eacute;lebre saxo bar&iacute;tono de la orquesta de <strong>Duke Ellington</strong>, un homenaje a <strong>Charlie Parker </strong>con &ldquo;Koko/ Cherokee), un largo fragmento (16 minutos&rdquo;) de &ldquo;Sue&rsquo;s Changes&rdquo;, dos breves improvisaciones y la notable pieza que el hombre con insomnio, el mismo que compuso un tema llamado &ldquo;Extra&ntilde;a pesadilla&rdquo;, ide&oacute; a partir de un sue&ntilde;o y de una pel&iacute;cula fallida: &ldquo;Cumbia &amp; Jazz Fusion&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El film, que no lleg&oacute; siquiera a rodarse, se tratar&iacute;a del tr&aacute;fico de drogas entre Colombia y los Estados Unidos. El asesor musical <em>latino</em> fue <strong>Justo Almario</strong>, un saxofonista colombiano que hab&iacute;a llegado a los Estados Unidos a los 16 a&ntilde;os como parte de un proyecto fracasado, <em>Cumbia Colombia</em>, perge&ntilde;ado por el empresario <strong>Chucho &ldquo;el Conga&rdquo; Fern&aacute;ndez</strong>, que hab&iacute;a sido becado en el c&eacute;lebre Berklee College de Boston y que dirig&iacute;a musicalmente la banda del conguero cubano <strong>Mongo Santamar&iacute;a</strong>. Hubo varios encuentros, en los que participaron tres percusionistas latinos, y donde se escuch&oacute; m&uacute;sica: <strong>Los Gaiteros de San Jacinto</strong>, la orquesta de <strong>Lucho Berm&uacute;dez</strong>. Y, como resultado, hubo un disco, <em>Cumbia &amp; Jazz Fusion</em>, grabado tambi&eacute;n en 1977.
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    </figure><p class="article-text">
        Pero all&iacute; no hubo gaitas &ndash;el oboe ind&iacute;gena del Caribe colombiano que se convirti&oacute; en marca de f&aacute;brica de porros y cumbias&ndash; ni ca&ntilde;as de millo &ndash;otro instrumento folkl&oacute;rico con una ca&ntilde;a vibratoria que ocasionalmente reemplaza a la gaita&ndash;. A cambio, se utilizaron oboe, corno ingl&eacute;s, clarinete bajo y fagotes y, en lugar de la percusi&oacute;n tradicional colombiana, congas centroamericanas. Y, pese al enojo de Mingus, tampoco estuvo Almario, que debi&oacute; partir de gira con Santamar&iacute;a. La versi&oacute;n del quinteto que lleg&oacute; a Buenos Aires, tal vez el grupo de Mingus menos conocido, omite los rasgos m&aacute;s pintoresquistas de lo t&iacute;mbrico y acent&uacute;a, en cambio, la aventura r&iacute;tmica.
    </p><p class="article-text">
        Hay, en este Mingus tard&iacute;o, tres o cuatro sombras de blues. Seis meses despu&eacute;s de su gira le diagnosticaron esclerosis lateral amiotr&oacute;fica y apenas un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, el 5 de enero de 1979, muri&oacute; a los 56 a&ntilde;os. En la m&uacute;sica, no obstante, hay una vitalidad y una alegr&iacute;a asombrosas. No se trata solo de grandes int&eacute;rpretes tocando a la perfecci&oacute;n un material excepcional sino de algo que estuvo presente desde los tempranos workshops que Mingus dirigi&oacute; (y que grab&oacute; en su propio sello, Debut) y que permaneci&oacute; en su herencia, tanto en la Mingus Dinasty como en la Mingus Big Band y, por supuesto, en ese inigualable <em>Mingus </em>de Joni Mitchell donde el hombre que inventaba ya no toca pero inunda todo con su esp&iacute;ritu. Contrabajista, compositor y pianista genial y, probablemente, uno de los m&uacute;sicos m&aacute;s intelectuales y reflexivos del jazz, supo rescatar algo de las viejas ra&iacute;ces &ndash;y, claro, de Ellington&ndash;: la fiesta. Una clase de improvisaci&oacute;n donde lo m&aacute;s intrincado de los ritmos o las armon&iacute;as jam&aacute;s se impone al mero placer. Al disfrute de tocar e improvisar en conjunto. Ese antiguo secreto.
    </p><p class="article-text">
        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-inventaba_129_12249444.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Apr 2025 03:00:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Charles Mingus,Joni Mitchell,Charlie Parker]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sonidos de la buena memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sonidos-buena-memoria_129_11747167.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46c2a2cd-471c-417c-adde-a0ad361fc1de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sonidos de la buena memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el cuarto volumen de sus “Archivos”, la gran Joni Mitchell reconstruye sus memorias –y su memoria–. Los demos de Hejira, algunas piezas perdidas del rompecabezas Don Juan’s Reckless Daughter,  las grabaciones ocultas de una primera versión del disco Mingus, con Gerry Mulligan, Eddie Gomez, Tony Williams y Phil Woods entre sus músicos, y el registro de una actuación en el Estadio de Tenis de Forest Hills, con la misma banda de Shadows and Light, son apenas algunas de las nuevas joyas reveladas.</p></div><p class="article-text">
        No hay nada m&aacute;s falso que una autobiograf&iacute;a. Pero, como saben los detectives de las novelas negras &ndash;y, tal vez, los psicoanalistas&ndash;, no hay verdad m&aacute;s profunda que la que se cuenta con mentiras. <strong>Charles Mingus</strong> escribi&oacute; <em>Menos que un perro</em>, donde se cuenta a s&iacute; mismo inventando casi todo &ndash;al fin y al cabo de eso se trata el jazz&ndash;. Y <strong>Joni Mitchell</strong>, a quien el m&uacute;sico le compuso seis piezas para que ella escribiera las letras &ndash;y las cantara&ndash;, que convers&oacute; con &eacute;l, que grab&oacute; esas charlas, y que construy&oacute; <em>Mingus</em>, un &aacute;lbum magistral publicado en 1979, a partir de esas piezas, de esas falsas memorias y de las verdades que all&iacute; anidaban, tambi&eacute;n recorre y reconstruye su pasado en su notable serie de <em>Archives</em>. Acaba de publicarse el cuarto volumen, el que abarca el lapso entre 1976 y 1980. El per&iacute;odo de dos discos revolucionarios &ndash;<em>Hejira </em>y <em>Don Juan&rsquo;s Reckless Daughter</em>&ndash; y el de otros dos en que la hero&iacute;na del folk que jam&aacute;s hab&iacute;a pertenecido al folk se convert&iacute;a en la mejor cantante de jazz posible, <em>Mingus </em>y uno de los registros en vivo m&aacute;s extraordinarios de todos los tiempos, <em>Shadows and Light</em>. 
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    </figure><p class="article-text">
        Los libros de memorias, las cartas, los apuntes y borradores de los escritores, los bocetos de los pintores, los demos o las partituras inconclusas de los m&uacute;sicos &ndash;o las maledicencias de Borges acunadas por Bioy&ndash; funcionan como una especie de Lado B. Resignifican al Lado A y se resignifican con &eacute;l. De alguna manera son incapaces de funcionar si no es en t&aacute;ndem con <em>La Verdadera Obra</em>. Y, desde ya, escuchar los demos de &ldquo;Amelia&rdquo; (&iquest;es que hay palabras para hablar de esas palabras: &ldquo;Amelia, fue s&oacute;lo una falsa alarma&rdquo;?), de &ldquo;Black Crow&rdquo; &ndash;con <strong>Chaka Khan</strong> en segunda voz&ndash; o de &ldquo;Furry Sings the Blues&rdquo; opera de esa manera. Como si se espiara a trav&eacute;s de la cerradura el momento exacto en que la obra maestra ya estaba esculpida pero a&uacute;n no hab&iacute;a empezado a ser la que ser&iacute;a. Pero, a diferencia de otros conjuntos de rarezas, intentos fallidos o esbozos&nbsp;encontrados &ndash;e incluso del material de los tres vol&uacute;menes de <em>Archivos</em> de Mitchell publicados con anterioridad&ndash;, en este caso &ndash;como en ese tratado de <strong>Arist&oacute;teles</strong> sobre la Comedia que <strong>Umberto Eco</strong>, en <em>El nombre de la rosa</em>, imagina silenciado por la Iglesia&ndash; la revelaci&oacute;n de ciertas piezas faltantes cambia la totalidad del rompecabezas. 
    </p><p class="article-text">
        La versi&oacute;n en vivo de &ldquo;A Chair in the Sky&rdquo;, en d&uacute;o con <strong>Herbie Hancock</strong>, no es un mero apunte a la incluida en <em>Mingus</em>. 
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        Las disonancias del comienzo en el piano, la manera en que Hancock se balance entre las funciones arm&oacute;nicas y percusivas y hasta color&iacute;sticas de los acordes, el scat de Mitchell, la asombrosa conexi&oacute;n entre ambos, hacen de esta una verdadera revelaci&oacute;n. Y lo mismo sucede con el d&uacute;o siguiente: nada menos que &ldquo;Pork Pie Hat&rdquo;, el tema que Mingus hab&iacute;a compuesto en homenaje a Lester Young, con una letra de Mitchell que parece haberle pertenecido desde el primer momento. &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l va a ser, Mingus 1, 2 o 3/ &iquest;Cu&aacute;l de ellos pens&aacute;s que &eacute;l querr&iacute;a que el mundo viera?/ Bueno, la opini&oacute;n del mundo no es de mucha ayuda/ cuando un hombre s&oacute;lo est&aacute; intentando saber/ como sentirse acerca de s&iacute; mismo./ En el plan/ (en ese borrador de un plan) Dios debe ser el Hombre de la Bolsa&rdquo;, se canta en &ldquo;God Must Be A Boogie Man&rdquo;, aqu&iacute; en una versi&oacute;n primitiva del disco, con un plantel totalmente distinto del que finalmente vio la luz, con <strong>Jan Hammer</strong> en un solo en sintetizador, el prominente contrabajo de <strong>Eddie Gomez</strong> y <strong>Tony Williams</strong> en bater&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        El tema siguiente, con la misma base, es una secuencia instrumental, un solo de <strong>Phil Woods</strong> en saxo alto, previsto para &ldquo;Old Fat Girl&rsquo;s Soul&rdquo;, un tema que no se incluy&oacute; en la edici&oacute;n definitiva del disco. Tampoco es un simple apunte al margen la versi&oacute;n temprana de &ldquo;Sweet Sucker Dance&rdquo;. La que form&oacute; parte del &aacute;lbum, con <strong>Jaco Pastorius</strong> en primer plano y <strong>Wayne Shorter</strong> en esas peque&ntilde;as pinceladas, como r&aacute;fagas fugaces, de los agudos del saxo soprano que caracterizaron sus intervenciones a lo largo de su prolongada colaboraci&oacute;n con Mitchell, es genial. La incluida aqu&iacute; no lo es menos, es absolutamente distinta y tiene como coprotagonista a Gerry Mulligan, uno de los m&uacute;sicos m&aacute;s inmediatamente reconocibles por su sonido, recorriendo las zonas m&aacute;s graves del saxo bar&iacute;tono, su grav&iacute;simo instrumento. &iquest;Cu&aacute;l va a ser, Mingus 1, 2 o 3? Cabe la pregunta, y m&uacute;ltiples respuestas, frente a la revelaci&oacute;n de estas grabaciones de toda una versi&oacute;n diferente de un disco famoso. En las notas de <em>Mingus</em> se mencionaba a estos m&uacute;sicos, que hab&iacute;an participado de las sesiones del disco pero que jam&aacute;s hasta ahora hab&iacute;an sido escuchados. 
    </p><p class="article-text">
        La culminaci&oacute;n de estos archivos invaluables es la grabaci&oacute;n de una actuaci&oacute;n anterior en pocos d&iacute;as a la de septiembre de 1979 en el Santa Barbara Bowl de California, que qued&oacute; fijada en la pel&iacute;cula y el &aacute;lbum <em>Shadows and Light</em>, publicado exactamente un a&ntilde;o despu&eacute;s. 
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        En este caso, el mismo grupo &shy;&ndash;un equipo irrepetible, conformado por Mitchell en guitarra r&iacute;tmica, <strong>Pat Metheny</strong> en guitarra el&eacute;ctrica, <strong>Michael Brecker</strong> en saxo tenor, Pastorius en bajo sin trastes, <strong>Lyle Mays</strong> en teclados y <strong>Don Alias</strong> en bater&iacute;a y percusi&oacute;n&ndash; toca pr&aacute;cticamente el mismo repertorio. Pero nada es igual. Con esos m&uacute;sicos hubiera sido imposible. Y la sutileza &ndash;y la contenci&oacute;n&ndash; de virtuosos de ese nivel contrasta con el nivel de energ&iacute;a que son capaces de poner en escena, por ejemplo en un final que anuncias como &ldquo;un poco de rock&rsquo;n roll&rdquo;, con &ldquo;Why The Fools Fall in Love&rdquo;. Todo eso sucedi&oacute; el 25 de agosto en Forest Hills. Y el volumen 4 de los archivos tiene una peque&ntilde;a coda. La canci&oacute;n &ldquo;Woodstock&rdquo;, tres d&iacute;as despu&eacute;s en Philadelphia y, como cierre, nuevamente Mitchell con Hancock &ndash;esta vez en piano el&eacute;ctrico&ndash; , el 13 de septiembre, con &ldquo;A Chair in the Sky&rdquo;. Esa silla en el cielo para el hombre con insomnio que, en 1960, compuso un un tema llamado &ldquo;Extra&ntilde;a pesadilla&rdquo;. La voz de Mingus, inventada y cantada por Mitchell &ndash;memorias de falsas memorias que cuentan verdades&ndash; dice, como para s&iacute; misma, &ldquo;Manhattan me retiene en una silla en el cielo, con un p&aacute;jaro pasando por mis o&iacute;dos, y barcos por mis ojos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
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      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Oct 2024 13:40:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sonidos de la buena memoria]]></media:title>
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