<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Joyce Carol Oates]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/joyce-carol-oates/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Joyce Carol Oates]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1052080/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Joyce Carol Oates recrea la vida del médico ‘carnicero’ que investigó la psiquiatría en las mujeres con experimentos salvajes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/joyce-carol-oates-recrea-vida-medico-carnicero-investigo-psiquiatria-mujeres-experimentos-salvajes_1_11759228.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/092c5adf-d820-4190-96df-2c0fa2da3816_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Joyce Carol Oates recrea la vida del médico ‘carnicero’ que investigó la psiquiatría en las mujeres con experimentos salvajes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El doctor Silas Weir, considerado el padre de la neurología y la ‘ginopsiquiatría’, protagoniza ‘Carnicero’, la novela más reciente de la autora.</p></div><p class="article-text">
        Cada d&iacute;a somos m&aacute;s conscientes del sesgo de g&eacute;nero de la medicina en lo que se refiere al conocimiento del cuerpo y las patolog&iacute;as femeninas. Fruto de la jerarqu&iacute;a que durante tanto tiempo se ha mantenido imperturbable en la sociedad occidental, las enfermedades propias de las mujeres, o sus particularidades en trastornos comunes a toda la poblaci&oacute;n, se conocen menos. La ciencia, lejos de ser neutra, responde al inter&eacute;s del poder, siempre en manos del hombre blanco adinerado. Tomar conciencia del desajuste no solo permite investigar en otras direcciones, sino revisar el pasado con nuevos ojos.
    </p><p class="article-text">
        Esto &uacute;ltimo es lo que hace <strong>Joyce Carol Oates </strong>(Newport, Nueva York, 1938) en su nueva novela, <em>Carnicero</em> (Alfaguara, 2024, trad. N&uacute;ria Molines Galarza), en la que se pone en la piel de Silas Aloysius Weir (1812-1888), conocido como el padre de la neurolog&iacute;a y la &ldquo;ginopsiquiatr&iacute;a&rdquo; modernas, un m&eacute;dico que experiment&oacute; con m&eacute;todos pol&eacute;micos en un centro psiqui&aacute;trico femenino. La prol&iacute;fica y vers&aacute;til autora, que a lo largo de seis d&eacute;cadas de carrera ha recibido, entre otros, el National Book Award, el PEN/Malamud Award, el Prix F&eacute;mina &eacute;tranger, el Premio BBK Ja! Bilbao y el Premio Pepe Carvalho, narra, como en la magistral <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/ana-armas-brilla-marilyn-monroe-blonde-pelicula-imponente-vacia_129_9300057.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Blonde</em></a> (2000), la vida de una figura hist&oacute;rica controvertida.
    </p><p class="article-text">
        Si en sus novelas recientes tend&iacute;a, incluso en las m&aacute;s extensas, a una narraci&oacute;n directa, de frase corta y fragmento breve (<em>Un libro de m&aacute;rtires americanos</em>, <em>Babysitter</em>), en esta se inspira en las t&eacute;cnicas literarias del siglo XIX, en particular del Wilkie Collins de <em>La piedra lunar</em> (1868) y <em>La dama de blanco</em> (1860), para construir <strong>una historia compleja, poli&eacute;drica, evocadora e inmersiva</strong>. El planteamiento toma un libro (imaginario) editado por el hijo mayor del doctor tras su muerte, en el que copia extractos de las memorias de su padre, complementadas con testimonios de quienes lo conocieron y algunas notas de su cosecha, para desmontar las hagiograf&iacute;as que le dedicaron los obituarios.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Retrato de un timorato</strong></h2><p class="article-text">
        El hijo no se entendi&oacute; con su padre, de modo que contrapone la visi&oacute;n que el doctor da de s&iacute; mismo en sus escritos con las experiencias que quienes lo trataron tuvieron con &eacute;l: las pacientes, con sus relatos crudos, pero tambi&eacute;n alg&uacute;n colega e incluso una mujer que le dio calabazas en su juventud. Estos lo recuerdan en sus inicios como un joven que no destacaba ni por su intelecto, ni por su labia, ni por su atractivo. La medicina le ven&iacute;a de familia, pero, entre que no era el primog&eacute;nito &ndash;para quien se reservaban los privilegios&ndash; y que no destac&oacute; como estudiante, tuvo que formarse en una escuela de segunda.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/b0ad52e9-108c-4648-bb27-f2f0f951f99d_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Como reci&eacute;n graduado, era torpe, desma&ntilde;ado e inseguro, sobre todo con las mujeres. Le daba pavor la sangre, aunque cuando era &eacute;l quien aplicaba las sangr&iacute;as se revel&oacute; fr&iacute;o y sanguinario. Con todo, la ineptitud que ven los dem&aacute;s contrasta con la imagen que &eacute;l tiene de s&iacute; mismo en su cr&oacute;nica: aunque admite ciertos titubeos, se justifica, no acepta la realidad, se&ntilde;ala a otros. Tiene una confianza inquebrantable en su potencial, esa rabia de saberse ninguneado por todos (familia, j&oacute;venes casaderas, colegas) aviva su voluntad de ascenso social. Porque no se conforma con ser un buen facultativo, no: &eacute;l quiere ser un pionero de la investigaci&oacute;n. Y aprende a sacar partido de la adversidad.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Malos tiempos para estar enfermo</strong></h2><p class="article-text">
        <strong>La falta de evidencia cient&iacute;fica de muchas pr&aacute;cticas extendidas, como el sangrado (&ldquo;ante la duda, sangr&iacute;a&rdquo;), junto con las desigualdades sociales y el puritanismo imperante en la sociedad estadounidense de la &eacute;poca, eran el caldo de cultivo id&oacute;neo para una medicina que, vista hoy, resulta escalofriante.</strong> Todo empezaba con la formaci&oacute;n: la medicina no se consideraba una pr&aacute;ctica profesional de prestigio, sino un oficio; y se ense&ntilde;aba tanto en universidades importantes como en escuelas de menos relumbr&oacute;n, con peores materiales y programas de pr&aacute;cticas. El protagonista, por sus magras calificaciones, acude a una de estas, donde apenas si toca a un paciente aut&eacute;ntico durante su formaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El desconocimiento del cuerpo humano, porque no basta conocerlo con ilustraciones o restos diseccionados para tratar a un enfermo, junto con la segregaci&oacute;n social y la falta de sanidad p&uacute;blica, conllevaba que un pobre tuviera menos posibilidades de curarse que alguien de alcurnia. Los m&eacute;dicos peor cualificados eran asignados a zonas empobrecidas, donde atend&iacute;an a los trabajadores, m&aacute;s propensos a los accidentes laborales y a la mala salud en general por desnutrici&oacute;n. En el libro, Silas Weir se amilana ante los ricos; en cambio, al percibir a los esclavos como inferiores, act&uacute;a con m&aacute;s decisi&oacute;n (y menos cautela). Un c&iacute;rculo de precariedad que se retroalimenta.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Salud (mental) femenina</strong></h2><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n se complica cuando la paciente es una mujer: el joven m&eacute;dico no ha visto ning&uacute;n cuerpo de mujer desnudo, e incluso el veterano del que aprende el oficio est&aacute; habituado a atenderlas cuanto m&aacute;s vestidas, mejor. Las ideas cristianas que relacionan el cuerpo con el pecado &ndash;el pecado original de Eva anida en los &oacute;rganos sexuales de la mujer, se repite a menudo Silas Weir&ndash; hace que tanto los m&eacute;dicos como las pacientes se muestren pudorosos. Ellas retrasan, por verg&uuml;enza, el momento de pedir una cita. Era una &eacute;poca en la que era pecado mirarse desnuda al espejo y ni siquiera se desvest&iacute;an en la intimidad; manten&iacute;an relaciones cubiertas por un casto camis&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute;n, adem&aacute;s, las patolog&iacute;as exclusivas de las mujeres, como el embarazo. Para Silas Weir, sin embargo, todo cambia cuando lo relegan al cuidado de unos inmigrantes: con esas mujeres tiene menos remilgos, y tratarlas le sirve para curtirse. Un d&iacute;a lo llaman del Manicomio Estatal de Lun&aacute;ticas de Trenton, un punto de inflexi&oacute;n en su carrera: atiende a una muchacha albina &ndash;los albinos se asociaban con el demonio&ndash;, una sordomuda a la que debe practicar un aborto. Pese a su torpeza &ndash;la enfermera es quien lo gu&iacute;a&ndash;, en el hospital quedan satisfechos con su servicio y m&aacute;s tarde lo convierten en su facultativo habitual. Para entonces ya est&aacute; obsesionado con la joven albina.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres internadas en dicho centro eran las parias de los parias, y se convirtieron en el objetivo de sus experimentos, que quiso investigar su psique, una rama que denomin&oacute; &ldquo;ginopsiquiatr&iacute;a&rdquo;. Gracias a la clandestinidad con la que operaba el hospital, pudo ensayar a su antojo las pr&aacute;cticas m&aacute;s salvajes (fue durante ese primer aborto cuando tuvo en las manos el primer cuchillo &ldquo;de carnicero&rdquo;); uno de los testigos de la novela es el sepulturero encargado de hacer desaparecer algunos cuerpos. Con la albina, adem&aacute;s, mantiene una relaci&oacute;n ambigua, entre el rechazo y la atracci&oacute;n; ese hilo marca la l&iacute;nea de tensi&oacute;n de la novela.
    </p><h2 class="article-text"><strong>En una mente perturbada</strong></h2><p class="article-text">
        <em><strong>Carnicero</strong></em><strong> es una novela, no una biograf&iacute;a. Oates no expone lo que ha descubierto al documentarse, sino que se sustenta en ello para crear al personaje seg&uacute;n su mirada.</strong> Y el Silas Weir que propone supone un reto, para ella como escritora y para el lector: es un narrador no confiable, alguien de quien se debe cuestionar la cordura. &iquest;Hasta qu&eacute; punto es un hombre honrado, que tan solo act&uacute;a de acuerdo con la educaci&oacute;n y los valores que le han inculcado? &iquest;Hasta qu&eacute; punto se excede? &iquest;Se le puede considerar un s&aacute;dico? Ah&iacute; tienen mucho inter&eacute;s los otros puntos de vista: testimonios que comparten sus mismos principios, pero que no lo juzgan como &eacute;l se juzga a s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Silas Weir se cas&oacute;, fue un padre de familia numerosa que, partiendo de unos inicios en los que dependi&oacute; del dinero familiar, ascendi&oacute; hasta labrarse un nombre como pionero por sus experimentos. En apariencia, un m&eacute;dico exitoso con una vida familiar ejemplar. Sin embargo, como lectores conocemos lo dudoso de sus pr&aacute;cticas, su falta de carisma, esos temores que nunca se fueron del todo. De alg&uacute;n modo, al retratarlo, la autora no se limita a recordarlo como curiosidad hist&oacute;rica, sino que advierte de lo que entra&ntilde;a para la sociedad que alguien as&iacute;, acomplejado, sin escr&uacute;pulos, triunfe. Y del riesgo de ningunearlo, de burlarse de &eacute;l; la rabia no siempre se canaliza del mejor modo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Violencia institucionalizada</strong></h2><p class="article-text">
        Oates es conocida por narrar la violencia sin eufemismos: violencia contra las mujeres, contra los negros, contra los pobres, intrafamiliar, acoso escolar. A lo largo de su carrera ha plasmado como nadie la dividida sociedad estadounidense, por ejemplo en <em>Un libro de m&aacute;rtires americanos</em> (2017), donde relata el asesinato de un m&eacute;dico proabortista a manos de un fan&aacute;tico, un punto de partida que le sirve para entrar de lleno en las diferencias entre las familias de ambos. Ella dice que no escribe sobre la violencia a prop&oacute;sito, sino que se encuentra con que los temas que quiere tratar llevan la violencia de forma inherente. Es lo que ocurre en <em>Carnicero</em>.
    </p><p class="article-text">
        Violencia social, violencia machista, violencia f&iacute;sica y psicol&oacute;gica, todo ello con su crudeza caracter&iacute;stica (los relatos de las v&iacute;ctimas-pacientes son espeluznantes). Le gusta provocar al lector, como si dijera: &iquest;compras que este m&eacute;dico haga lo que hace porque <em>de veras</em> cree en ello?, &iquest;compras que el progreso, en otros tiempos, fue <em>esto?</em> Al tiempo que se sumerge en una mente agitada, perfila una radiograf&iacute;a social del siglo XIX, con sus costumbres, sus jerarqu&iacute;as, sus contrastes. No olvida su compromiso con los m&aacute;s vulnerables (mujeres, inmigrantes, negros); leerla es bajar al campo de batalla. Ella tambi&eacute;n <em>corta</em> al escribir; pero su instrumento es fino como un bistur&iacute;. No hay pu&ntilde;aladas gratuitas, y s&iacute; una oportunidad de redenci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/joyce-carol-oates-recrea-vida-medico-carnicero-investigo-psiquiatria-mujeres-experimentos-salvajes_1_11759228.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Oct 2024 09:47:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/092c5adf-d820-4190-96df-2c0fa2da3816_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3748899" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/092c5adf-d820-4190-96df-2c0fa2da3816_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3748899" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Joyce Carol Oates recrea la vida del médico ‘carnicero’ que investigó la psiquiatría en las mujeres con experimentos salvajes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/092c5adf-d820-4190-96df-2c0fa2da3816_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Joyce Carol Oates,Literatura,Libros,Psiquiatría]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
