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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Vinilo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/vinilo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Vinilo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Por qué los vinilos se volvieron a poner de moda con más fuerza que nunca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/vinilos-volvieron-poner-moda-fuerza_1_12715155.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b6b61e0-6c20-4aa9-8529-c57e219af53a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué los vinilos se volvieron a poner de moda con más fuerza que nunca"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De los tocadiscos vintage a los lanzamientos de Taylor Swift</p></div><p class="article-text">
        El sonido vuelve a girar. En pleno dominio del&nbsp;<em>streaming</em>, cuando la m&uacute;sica parece flotar en el aire sin dejar huella, el vinilo ha regresado al centro del escenario. No como un simple objeto nost&aacute;lgico, sino como un s&iacute;mbolo de autenticidad, de pausa y de conexi&oacute;n con la m&uacute;sica. En 2023, las ventas de vinilos alcanzaron cifras r&eacute;cord:&nbsp;<strong>43 millones de unidades vendidas solo en Estados Unidos</strong>, superando a los CD por segundo a&ntilde;o consecutivo, seg&uacute;n la&nbsp;<strong>Recording Industry Association of America (RIAA)</strong>.
    </p><p class="article-text">
        No es una moda pasajera. Es el&nbsp;<strong>decimos&eacute;ptimo a&ntilde;o consecutivo de crecimiento</strong>&nbsp;para este formato que parec&iacute;a condenado a la extinci&oacute;n. Y lo curioso es que no son los mel&oacute;manos de siempre quienes lo impulsan, sino las nuevas generaciones: la&nbsp;<strong>Generaci&oacute;n Z</strong>&nbsp;y la&nbsp;<strong>Alpha</strong>, criadas entre algoritmos, son las que ahora buscan el sonido imperfecto, c&aacute;lido y tangible del vinilo.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7539700260646456632"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><h2 class="article-text">La m&uacute;sica que se toca, se huele y se escucha</h2><p class="article-text">
        Parte del encanto del vinilo est&aacute; en su ritual. Sacar el disco de la funda, colocarlo con cuidado, dejar caer la aguja y escuchar ese leve chisporroteo antes de que empiece la m&uacute;sica. Todo eso se ha convertido en una ceremonia frente a la inmediatez de Spotify o Apple Music.
    </p><p class="article-text">
        Esa experiencia sensorial &mdash;t&aacute;ctil, visual y auditiva&mdash; es lo que muchos j&oacute;venes han descubierto por primera vez. Y no se trata solo del sonido. Un vinilo&nbsp;<strong>se exhibe, se colecciona, se comparte</strong>. Es un objeto de arte: sus portadas, sus colores, incluso su peso tienen valor emocional. No sorprende que haya artistas que dise&ntilde;en ediciones limitadas y vinilos de colores o con grabados especiales.
    </p><p class="article-text">
        Plataformas como&nbsp;<strong>Discogs</strong>&nbsp;han ayudado a impulsar esta fiebre coleccionista. Seg&uacute;n su informe anual, los discos m&aacute;s buscados pertenecen a artistas tan actuales como&nbsp;<strong>Taylor Swift</strong>,&nbsp;<strong>Olivia Rodrigo</strong>,&nbsp;<strong>Billie Eilish</strong>&nbsp;o&nbsp;<strong>Dua Lipa</strong>. El fen&oacute;meno ha unido a generaciones: padres que rescatan sus viejos discos de The Beatles y j&oacute;venes que hacen fila para comprar el &uacute;ltimo &aacute;lbum de&nbsp;<em>1989 (Taylor&rsquo;s Version)</em>, que vendi&oacute;&nbsp;<strong>580.000 copias en solo seis d&iacute;as</strong>&nbsp;tras su lanzamiento.
    </p><h2 class="article-text">Nostalgia s&iacute;, pero con Bluetooth</h2><p class="article-text">
        El regreso del vinilo no ha ocurrido aislado. Los fabricantes se han adaptado a un p&uacute;blico que quiere lo mejor de ambos mundos: la&nbsp;<strong>nostalgia del sonido anal&oacute;gico</strong>&nbsp;con la&nbsp;<strong>comodidad de la tecnolog&iacute;a moderna</strong>. Los nuevos tocadiscos incorporan conexi&oacute;n Bluetooth, entrada USB e incluso la posibilidad de&nbsp;<strong>digitalizar los discos</strong>.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, los vinilos ya no son solo cosa de puristas del audio. Hay tocadiscos de todo tipo: desde modelos econ&oacute;micos con altavoces integrados hasta equipos de alta gama dise&ntilde;ados para audi&oacute;filos. La clave del &eacute;xito est&aacute; en esa combinaci&oacute;n entre lo cl&aacute;sico y lo contempor&aacute;neo: un puente entre dos maneras de escuchar m&uacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la pandemia cambi&oacute; nuestra relaci&oacute;n con el tiempo y el consumo cultural. En plena era de pantallas, muchos buscaron refugio en lo tangible, en los objetos que se pueden tocar. El vinilo, con su sonido org&aacute;nico y su est&eacute;tica atemporal, ofreci&oacute; justo eso: una pausa en medio del ruido digital.
    </p><h2 class="article-text">M&aacute;s que un formato, una experiencia</h2><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id=""><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Escuchar un vinilo no es solo o&iacute;r m&uacute;sica: es&nbsp;<strong>dedicarle tiempo</strong>. La necesidad de cambiar de cara, limpiar la aguja o colocar el disco obliga a detenerse. Ese gesto f&iacute;sico, casi artesanal, ha devuelto a la m&uacute;sica su dimensi&oacute;n de experiencia completa.
    </p><p class="article-text">
        Los audi&oacute;filos lo tienen claro: el vinilo ofrece una&nbsp;<strong>profundidad y riqueza sonora</strong>&nbsp;que los formatos digitales, por su compresi&oacute;n, no logran reproducir del todo. Pero m&aacute;s all&aacute; de la calidad, lo que ha conquistado a toda una generaci&oacute;n es la&nbsp;<strong>intenci&oacute;n</strong>. Escuchar un disco entero, sin saltar canciones, sin notificaciones que interrumpan, se ha convertido en un acto casi subversivo.
    </p><h2 class="article-text">El futuro gira a 33 revoluciones por minuto</h2><p class="article-text">
        Hoy, las principales discogr&aacute;ficas vuelven a apostar por el vinilo. Los artistas lanzan sus &aacute;lbumes con ediciones limitadas, las tiendas especializadas se multiplican y los festivales dedican espacios a la cultura del disco. La industria mueve&nbsp;<strong>m&aacute;s de 1.400 millones de d&oacute;lares anuales</strong>, y todo indica que seguir&aacute; creciendo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso el vinilo no es solo un regreso: es una resistencia. Frente a lo inmediato, el vinilo propone lentitud. Frente a lo invisible, propone materia. Y frente a la m&uacute;sica que se &ldquo;consume&rdquo;, propone m&uacute;sica que se&nbsp;<strong>vive</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Como escribi&oacute; Nick Hornby en&nbsp;<em>Alta fidelidad</em>, &ldquo;no somos lo que tenemos, sino lo que escuchamos&rdquo;. Y en 2025, escuchar un vinilo se ha convertido en mucho m&aacute;s que una elecci&oacute;n est&eacute;tica: es una declaraci&oacute;n de amor a la m&uacute;sica en su forma m&aacute;s pura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Adrián Roque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/vinilos-volvieron-poner-moda-fuerza_1_12715155.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Oct 2025 03:02:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Vinilo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Larga duración: obras magistrales y civilización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/larga-duracion-obras-magistrales-civilizacion_129_11767150.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3fd7ea04-2301-4fa6-b64d-4e62e38d2be4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1104723.jpg" width="594" height="334" alt="Larga duración: obras magistrales y civilización"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 1948 un invento cambió para siempre las maneras de hacer y escuchar música. Era irrompible, liviano, silencioso y tenía mucha más capacidad. Se llamó “long playing” y el uso lo convirtió en “long play” o, simplemente, “LP”. Duke Ellington fue el primero en aprovecharlo con Masterpieces, un disco central en el desarrollo de tradiciones populares hacia nuevas formas de arte. 

</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Fidelidad asombrosa!/ &iexcl;Irrompible!/ &iexcl;Ahorrros incre&iacute;bles!/ &iexcl;Ahorre espacio de almacenamiento!/ &iexcl;Elimina el ruido de superficie!/ &iexcl;Obras completas en un disco!&rdquo;, encolumnaba una publicidad de 1949, en el <em>Chicago Daily</em>. El anuncio hab&iacute;a sido realizado en una conferencia de prensa en el Waldorf Astoria, el 18 de junio del a&ntilde;o anterior. La casa Columbia hab&iacute;a dado a conocer un nuevo invento, debido al ingeniero <strong>Peter Goldmark</strong>. Hab&iacute;a una nueva tecnolog&iacute;a para fabricar discos y se llamaba &ldquo;microsurco de larga duraci&oacute;n&rdquo; (long-playing microgroove).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La velocidad de giro del disco disminu&iacute;a de 78 vueltas por minuto a 33 1/3, aumentando la duraci&oacute;n posible de cada lado entre cinco y seis veces. El material dejaba de ser el abrasivo (y ruidoso) compuesto de goma laca (shellac) y en su lugar, se utilizaba PVC (vinilo). Hab&iacute;a nacido el LP (iniciales de long playing o Long Play): una larga duraci&oacute;n que transform&oacute; no s&oacute;lo la industria del entretenimiento sino las maneras de escuchar &ndash;y de discutir y de disfrutar&ndash; los discos y, sobre todo, la forma de concebirlos.
    </p><p class="article-text">
        El formato basado en un tema de unos tres minutos de cada lado, que se aliment&oacute; de las posibilidades de la radio y que, obviamente, tambi&eacute;n funcion&oacute; de manera inversa, provey&eacute;ndola de uno de sus materiales principales, sigui&oacute; existiendo. La RCA Victor, competidora de Columbia y creadora en realidad del primer intento de grabar discos de larga duraci&oacute;n &ndash;un proyecto fracasado destinado al registro de transmisiones radiales&ndash; cre&oacute; el peque&ntilde;o simple (o single): algo as&iacute; como un LP en miniatura, en 33 1/3 rpm o en 45 &ndash;lo que aumentaba su capacidad&ndash; que se constituy&oacute; en el verdadero sost&eacute;n del negocio. 
    </p><p class="article-text">
        El disco de 78 rpm, por su parte, tambi&eacute;n resisti&oacute; y fue parte de la industria todav&iacute;a durante m&aacute;s de una d&eacute;cada. El p&uacute;blico a&uacute;n ten&iacute;a sus viejos aparatos para la reproducci&oacute;n de discos de shellac y hasta que no aparecieron los tocadiscos compatibles &ndash;que pose&iacute;an un selector de velocidad y en cuyo brazo hab&iacute;a una c&aacute;psula giratoria, con dos p&uacute;as, una para cada material&ndash; el LP no se impuso del todo. Y, desde ya, fuera de los Estados Unidos, el proceso fue a&uacute;n m&aacute;s lento. 
    </p><p class="article-text">
        Los primeros discos de los <strong>Beatles</strong>, ya entrados los sesenta, llegaron a publicarse en versiones en 78 rpm y en la Argentina, por ejemplo, los discos de <strong>An&iacute;bal Troilo</strong> siguieron public&aacute;ndose en 78 rpm hasta 1959 &ndash;mientras en el mundo ya exist&iacute;an las grabaciones stereo, una novedad de 1957&ndash;. El m&uacute;sico, por otra parte, ya hab&iacute;a tensado los l&iacute;mites del disco de 78 rpm en dos ocasiones, con &ldquo;Recuerdos de bohemia&rdquo;, grabado el 3 de diciembre de 1946, que con sus m&aacute;s de 5 minutos de duraci&oacute;n debi&oacute; ocupar ambos lados, y con su versi&oacute;n de &ldquo;Para lucirse&rdquo;, la pieza que <strong>Astor Piazzolla</strong> compuso en 1950 y duraba casi 50 segundos m&aacute;s que los can&oacute;nicos 3 minutos.
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    </figure><p class="article-text">
        El disco de larga duraci&oacute;n y en 33 1/3 rpm tuvo, en sus comienzos, dos tama&ntilde;os, las 12 pulgadas (30 cm) hoy identificadas con el LP (se trataba del mismo di&aacute;metro que ten&iacute;an los discos de 78 rpm), destinadas sobre todo a la m&uacute;sica cl&aacute;sica &ndash;el primer LP de la historia fue la grabaci&oacute;n de 1945 del <em>Concierto en mi menor</em> de <strong>Felix Mendelssohn</strong>, con <strong>Nathan Milstein</strong> como solista junto con la <strong>Filarm&oacute;nica de Nueva York</strong>, con direcci&oacute;n de <strong>Bruno Walter</strong>&ndash; y una versi&oacute;n menor, de 10 pulgadas (25 cm) destinada en general a las m&uacute;sicas populares. Las primeras ediciones fueron una reedici&oacute;n de <em>The Voice of Frank Sinatra</em>, originalmente un &aacute;lbum de cuatro discos de 78 rpm con las primeras grabaciones de estudio del cantante para Columbia, registradas en 1945, y una selecci&oacute;n de canciones infantiles interpretadas por <strong>Gene Kelly</strong> (en todos estos casos las ediciones posteriores incluyen tambi&eacute;n grabaciones que no formaban parte de las publicaciones originales).
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    </figure><p class="article-text">
        El nuevo disco de vinilo era m&aacute;s liviano y portable, ten&iacute;a un sonido m&aacute;s fiel, era menos ruidoso y no se destrozaba si se ca&iacute;a al piso. Pero, sobre todo, romp&iacute;a con creces la barrera de los tres minutos. La primera beneficiada fue la m&uacute;sica cl&aacute;sica: el mencionado <em>Concierto de Mendelssohn</em> ocupaba un solo disco y La Boh&egrave;me, de <strong>Giacomo Puccini</strong>, cuya primera edici&oacute;n, de 1917, hab&iacute;a ocupado un &aacute;lbum de 12 pesad&iacute;simos discos de shellac, fue publicada en esos primeros a&ntilde;os ocupando tan s&oacute;lo dos LPs. Pero, si hab&iacute;a otra cosa en el mundo de la m&uacute;sica que no duraba 3 minutos era un tema de jazz tal como se lo tocaba en vivo. 
    </p><p class="article-text">
        De alguna manera, hasta la aparici&oacute;n del nuevo invento, la imagen del jazz era falsa. Como esas postales en blanco y negro que se popularizaron a mediados del siglo XIX con fotograf&iacute;as de cuadros famosos, presentaban una aproximaci&oacute;n pero eran incapaces de mostrar el objeto tal cual era. El primer LP de ese g&eacute;nero (en 25 cm) fue de <strong>Charlie Parker</strong>, se llam&oacute; <em>Bird Blows The Blues</em> y se public&oacute; en 1949. Pero se trataba de grabaciones realizadas dos a&ntilde;os antes; las mismas &ndash;y con la misma duraci&oacute;n&ndash; de las 78 revoluciones por minuto. 
    </p><p class="article-text">
        Quien no s&oacute;lo inaugur&oacute; las ventajas tecnol&oacute;gicas del nuevo formato sino que concibi&oacute; un producto especialmente para &eacute;l fue <strong>Duke Ellington</strong>, en combinaci&oacute;n, precisamente, con Columbia, el sello que hab&iacute;a presentado la novedad. Y con el di&aacute;metro de 30 cm reservado a los cl&aacute;sicos. Y es que podr&iacute;a pensarse que si hab&iacute;a alguien que necesitaba, y esperaba desde siempre, algo como el LP para hacerle justicia a su imaginaci&oacute;n, era &eacute;l. Grabado el 18 de diciembre de 1950 y editado el a&ntilde;o siguiente, <em>Masterpieces By Ellington</em> revisitaba tres de sus &eacute;xitos hist&oacute;ricos: &ldquo;Mood Indigo&rdquo; &ndash;que hab&iacute;a estrenado en 1930&ndash;, &ldquo;Sophisticated Lady&rdquo; &ndash;de 1932&ndash; y &ldquo;Solitude&rdquo; &ndash;su primer registro fonogr&aacute;fico era de 1934&ndash;. Y agregaba una pieza reciente, &ldquo;The Tattooed Bride&rdquo;, de 11 minutos y 43 segundos. Las duraciones de las nuevas lecturas de sus cl&aacute;sicos, que otrora rondaban los b&iacute;blicos 3 minutos, ahora, en versi&oacute;n &ldquo;de concierto&rdquo; &ndash;de &ldquo;obras maestras&rdquo;, anunciaba el t&iacute;tulo&ndash;, se extend&iacute;an a 15:27 (&ldquo;Mood Indigo&rdquo;), 11:29 (&ldquo;Sophisticated Lady&rdquo;) y 8:26 (&ldquo;Solitude&rdquo;). 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Este primer LP de Ellington &ndash;y en muchos aspectos primer LP real de la m&uacute;sica de tradici&oacute;n popular&ndash; ten&iacute;a dos virtudes a&ntilde;adidas. Era m&uacute;sica extraordinaria y estaba grabada como los dioses. De hecho, todav&iacute;a hoy asombra la claridad y equilibrio de los planos y la manera en que se escucha cada uno de los instrumentos y las osadas texturas creadas por el compositor, ese para quien, aunque tocara magn&iacute;ficamente el piano, el instrumento era su orquesta. El especialista <strong>Kevin Whitlock</strong>, que escribe la secci&oacute;n <em>Audiophile Corner</em> en la revista especializada <em>Jazzwise</em>, publicada en Inglaterra, opina, por ejemplo, que &ldquo;si estuviera forzado a decidir cu&aacute;l fue el disco mejor grabado y el que mejor suena en la historia del jazz, ser&iacute;a este&rdquo;. Whitlock, eventualmente, es alguien capaz de decir &ndash;y fundamentar&ndash; que el venerado <strong>Rudy Van Gelder</strong> &ndash;art&iacute;fice del sonido del sello Blue Note&ndash; era &ldquo;inferior como ingeniero de sonido&rdquo; a <strong>Ruy DuNann</strong>, quien cincel&oacute; la est&eacute;tica sonora de Contemporary Records y de discos ejemplares como <em>For Real</em> de <strong>Hampton Hawes</strong> o <em>Smack Up</em> de <strong>Art Pepper</strong>. En todo caso, como &eacute;l mismo reconoce, a ese nivel se trata ni m&aacute;s ni menos que de cuesti&oacute;n de gustos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Masterpieces by Ellington</em>, en su versi&oacute;n en CD, incluye tres temas in&eacute;ditos en su momento, grabados en 1951: &ldquo;Vagabonds&rdquo;, &ldquo;Smada&rdquo; y &ldquo;Rock Skippin' at the Blue Note&rdquo;. &nbsp;Al igual que otros discos seminales del jazz &ndash;<em>Kind of Blue</em> de Davis, <em>Blue Train</em> de <strong>John Coltrane</strong>&ndash; y algunos del rock &ndash;<em>Aqualung</em> de <strong>Jethro Tull</strong>, <em>Wish You Were Here</em> de <strong>Pink Floyd</strong>&ndash; ha sido objeto de numerosas ediciones de y para audi&oacute;filos, en vinilos &ndash;ese viejo y buen LP&ndash;, en CDs Super Audio o compatibles (SHM) y, obviamente, en versi&oacute;n digital. 
    </p><p class="article-text">
        Ninguna de ellas est&aacute; disponible en las plataformas de streaming &ndash;y si alguna apareciera en YouTube ser&iacute;a traducida a la pedestre resoluci&oacute;n all&iacute; posible, fuera cual fuera su origen&ndash;. Tal vez la mejor de ellas sea la edici&oacute;n en Mono de Analogue Productions, remasterizada por <strong>Ryan Smith</strong> a partir de las cintas anal&oacute;gicas originales &ndash;para tenerla hay que comprarla, una costumbre un poco olvidada&ndash;, pero, afortunadamente, y aun sin su lujoso tono mate, la propia publicaci&oacute;n de Columbia es excelente y permite el lucimiento de la orquesta, de la escritura de Ellington y, lejos del &uacute;ltimo lugar en importancia, de uno de los mojones en el camino de la complejizaci&oacute;n de los lenguajes populares. Un refinamiento que, como el de la gastronom&iacute;a o los cultivos florales corresponde a la hoy denostada esfera de la civilizaci&oacute;n &ndash;me remito al reciente y extraordinario libro de <strong>Jos&eacute; Emilio Buruc&uacute;a</strong>, <em>Civilizaci&oacute;n. Historia de un concepto</em>, publicado por Fondo de Cultura Econ&oacute;mica&ndash;. M&uacute;sica, s&iacute;, civilizada, concebida para la escucha y pensada para el medio particular que la hac&iacute;a posible, expl&iacute;citamente art&iacute;stica y evidentemente desarrollada a partir de tradiciones populares y de procedimientos tanto populares como acad&eacute;micos. Como el LP, una novedad del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;:&nbsp;</em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/larga-duracion-obras-magistrales-civilizacion_129_11767150.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Oct 2024 14:36:58 +0000]]></pubDate>
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