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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - La 12]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - La 12]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un milagro negativo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/milagro-negativo_129_11767745.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c36280e0-7801-4082-a746-8db21b4a7610_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un milagro negativo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A la manera de un general pacifista de vanguardia, Juan Román Riquelme floreció como una cuña entre las hordas de Boca y la frontera de policías que custodiaban el espacio a punto ser invadido. El resultado fue el de ordenarle al río caudaloso que baja, que vuelva a subir.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Riquelme intervino sobre lo colectivo en acci&oacute;n, que es lo que le da al h&eacute;roe popular su car&aacute;cter salv&iacute;fico. A partir de ahora se le puede pedir&rdquo;. La frase es de <strong>Esteban L&oacute;pez Brusa</strong> y alude a la escena de deslizamiento hacia la masacre y disoluci&oacute;n de la masacre protagonizada hace unos d&iacute;as por el Presidente de Boca en la cancha de Newell's Olds Boys de Rosario.
    </p><p class="article-text">
        La secuencia estuvo a la vista en todas las estaciones de su l&iacute;nea de montaje. Hubo una escaramuza a distancia, encendida por una primera piedra y, luego, un acercamiento de la horda de Boca a la tribuna de Gimnasia y Esgrima de La Plata. All&iacute; van los tanques y los tapones de La 12 cursando el cemento a caballo del amor a la violencia en la que se criaron, y de la que hacen un valor. Son m&aacute;s de mil Stanleys de carne y hueso que equivalen a un cuerpo monstruoso sin cabeza.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1849264566946959673?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Entre ellos y el ej&eacute;rcito contrario primero no hay nada y, luego, una delgada l&iacute;nea de polic&iacute;as de la provincia de Santa Fe. La intifada de butacas, la avanzada de La 12, las balas de goma (y, qui&eacute;n sabe, quiz&aacute;s algo m&aacute;s), las rodadas por los escalones:&nbsp;todo est&aacute; dado para que haya muertos. Se siente en el rumor electrico de los espectadores y en el crecimiento veloc&iacute;simo del riesgo. El conjunto tiene algo de moscas acerc&aacute;ndose al fuego, y agiganta el &uacute;nico presentimiento posible: el despliegue de los hechos es irreversible y los da&ntilde;os inevitables.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, hizo su anunciaci&oacute;n la presencia flotante de <strong>Juan Rom&aacute;n Riquelme</strong>. Una aureola de ne&oacute;n giraba sobre la oscuridad de su figura. En pocos segundos se activ&oacute; un protocolo espont&aacute;neo de distanciamiento entre los metales m&aacute;s calientes de la escena. Todo lo que hizo Riquelme fue mantener las distancias, que se mantuvieron hasta que el campo de batalla qued&oacute; libre de peligros.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; fue lo qu&eacute; pas&oacute;? &iquest;D&oacute;nde estuvo el secreto del milagro? Habr&iacute;a que pensarlo un poco. Por lo pronto, no parece haber estado en el acto en s&iacute;. No cualquiera habr&iacute;a salido vivo del rol de pacificador. Muchas veces es el pacificador el primero que cae en la batalla que quiere evitar. Es cuesti&oacute;n de imaginarnos en cumplimiento de ese rol para asumir que no habr&iacute;amos durado nada.
    </p><p class="article-text">
        Por razones vinculadas a la pobreza de imaginaci&oacute;n casi sin matices que domina la discusi&oacute;n p&uacute;blica, donde a todo se lo asocia con la pol&iacute;tica, viene de la pol&iacute;tica o va hacia la pol&iacute;tica, cuando no &ldquo;es&rdquo; directamente la pol&iacute;tica, algunas voces conmovidas por el hecho estuvieron diciendo que Riquelme dio, con su intervenci&oacute;n, un ejemplo nacional. En efecto, as&iacute; fue. Con la salvedad de que se trata de un ejemplo que no se puede seguir. Para seguirlo, habr&iacute;a que extrapolar las condiciones tanto del protagonista como de los hechos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La hip&oacute;tesis de L&oacute;pez Brusa, situando la &ldquo;acci&oacute;n&rdquo; de Riquelme del lado de la hagiograf&iacute;a, la estampita, el altar rutero que se alza con plegarias y se mantiene con el fuego de la fe es, parad&oacute;jicamente, la m&aacute;s razonable de las que se ofrecieron. Lo que hizo Riquelme fue apenas &ldquo;bajar&rdquo;, para producir en miles de personas cebadas una fascinaci&oacute;n a la manera en que <strong>Tony Kamo</strong> fascinaba a sus gallinas. Visto desde una perspectiva que honre antes que el drama la disposici&oacute;n conflictiva de la materia, lo que hizo Riquelme fue un milagro negativo, basado en lo que evit&oacute;. Separ&oacute; las fuerzas idiotas que, como imanes, se estaban atrayendo hacia su mutua destrucci&oacute;n. Le dio a la idiotez una funci&oacute;n reversible. Que la idiotez y los idiotas retrocedan: &iquest;hay un milagro m&aacute;s imposible que ese?
    </p><p class="article-text">
        Riquelme no uni&oacute; (ese milagro s&iacute; que no puede lograrlo ni dios) sino que regres&oacute; al agua y al aceite por el camino que los hab&iacute;a tra&iacute;do por separado. La extrapolaci&oacute;n por la que alguien lleg&oacute; a fantasear que <strong>Patricia Bullrich</strong> deber&iacute;a aprender de Riquelme a &ldquo;separar&rdquo;, es de una inocencia tan extrema que se acerca a la mala fe por v&iacute;a del naif. Bullrich es una m&aacute;quina de inteligencia cascoteada que vive para poder consumar alg&uacute;n d&iacute;a su ideal, que es el de la supresi&oacute;n. Que lo que no le gusta, no exista m&aacute;s. Sea montonera o libertaria, esa es su misi&oacute;n en la vida p&uacute;blica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De las especulaciones que se montaron sobre el &ldquo;happening&rdquo; de Riquelme en Rosario, una especie de arte ef&iacute;mero de masas (la masa fue su materia), hubo una que no se vi&oacute;. &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a ocurrido si, por esas cosas de la fatalidad posicional, Riquelme hubiera tenido que parar a la barra de Gimnasia y no a La 12? No se puede saber. Pero quiz&aacute;s, cuanto menos, no habr&iacute;a sido linchado, y por una raz&oacute;n: porque la defensa de los suyos nunca exige la supresi&oacute;n de los otros.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que Riquelme, en su extra&ntilde;a situaci&oacute;n de general pacifista de vanguardia, floreci&oacute; como una cu&ntilde;a entre las hordas de Boca y la frontera de polic&iacute;as que custodiaban el espacio que las hordas estaban yendo a invadir. Lo hizo espont&aacute;neamente (al instante de su decisi&oacute;n se reduce todo el milagro, al : &ldquo;&iexcl;voy!&rdquo;). El resultado, ya visto, fue el de ordenarle al r&iacute;o caudaloso que baja, que vuelva a subir.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/milagro-negativo_129_11767745.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Oct 2024 03:01:32 +0000]]></pubDate>
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