<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - James Dean]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/james-dean/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - James Dean]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1052213/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El monstruo de los 12 sonidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/monstruo-12-sonidos_129_11786518.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e474ee6-3bb4-4d59-bdd4-651e2945db75_16-9-discover-aspect-ratio_default_1105197.jpg" width="472" height="266" alt="El monstruo de los 12 sonidos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue el más romántico de todos. Eligió a Johannes Brahms como su modelo. Y, desde allí, hizo lo que el Romanticismo pedía: lo hizo saltar en pedazos. Arnold Schönberg, admirado entre otros por George Gershwin y James Dean, y de cuyo nacimiento se han cumplido 150 años, fue, en sus comienzos, el correlato más exacto del Dr Caligari y su gabinete. Y después ideó un sistema para que cada nota de la escala, como los colores en la pintura abstracta, no dependiera de las otras ni de un relato externo.  Para que fuera un universo en sí mismo.

</p></div><p class="article-text">
        <strong>Shirley Temple</strong> viv&iacute;a enfrente y ya ten&iacute;a m&aacute;s de treinta a&ntilde;os. <strong>Thomas Mann</strong> lo hab&iacute;a visitado, en su casa de la calle Brentwood, donde los hijos corr&iacute;an de un lado a otro. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ni&ntilde;os impertinentes; un buen caf&eacute; vien&eacute;s&rdquo;, hab&iacute;a resumido el escritor en su diario. Y &eacute;l, <strong>Arnold Sch&ouml;nberg</strong>, que hab&iacute;a escapado del nazismo en 1933, jugaba al tenis y formaba una temida pareja de dobles con otro de sus vecinos en Beverly Hills, <strong>George Gershwin</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Nada pod&iacute;a unir demasiado al compositor vien&eacute;s que alguna vez dijo &ldquo;si es arte no es para todos; y si es para todos no es arte&rdquo; con quien a los 20 a&ntilde;os compuso en diez minutos, mientras viajaba en un bus de Manhattan, &ldquo;Swanee&rdquo;, la canci&oacute;n que en la voz de <strong>Al Jolson</strong> se convirti&oacute; en el primer gran hit de la industria discogr&aacute;fica, con 2 millones de copias vendidas en apenas unos meses.&nbsp;&nbsp;&ldquo;Algunos m&uacute;sicos no consideran a Gershwin un &lsquo;compositor serio&rsquo;&rdquo;, escribi&oacute; Sch&ouml;nberg en 1937, luego de la muerte del estadounidense. &ldquo;Pero ellos deber&iacute;an entender que, <em>serio</em> o no, &eacute;l es un compositor &ndash;esto es, un hombre que vive en la m&uacute;sica y expresa todo, <em>serio</em> o no, a trav&eacute;s de la m&uacute;sica porque es su lengua materna. Hay varios compositores, <em>serios</em> (como ellos creen) o no (como yo s&eacute;), que aprendieron a poner notas juntas. Pero s&oacute;lo son <em>serios</em> en relaci&oacute;n con su perfecta falta de humor y de sentimiento.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La clave, en todo caso, llega en el p&aacute;rrafo siguiente: &nbsp;&ldquo;Creo que, sin lugar a dudas, Gershwin es un innovador&rdquo;. Y es que s&iacute; hubo algo, adem&aacute;s de la amistad, que ligaba a uno y otro compositor, fue la idea de modernidad y, sobre todo, del arte como una especie de fuerza aut&oacute;noma que obligaba a ir siempre m&aacute;s all&aacute;. Aunque all&aacute; pareciera haber un abismo.
    </p><p class="article-text">
        Quien en 1924 hab&iacute;a estrenado su <em>Rhapsody in Blue</em> en una velada que llev&oacute; como t&iacute;tulo &ldquo;Un experimento en m&uacute;sica moderna&rdquo; produjo, poco antes de morir, una peque&ntilde;a pel&iacute;cula, donde se lo ve bromeando junto al vien&eacute;s y haciendo una parodia de la filmaci&oacute;n, c&aacute;mara en mano. Suena un extracto del primer movimiento del <em>Cuarteto para cuerdas N&ordm; 4</em>, creado por Sch&ouml;nberg en 1936, interpretado por el <strong>Cuarteto Kolisch</strong>. Entre el 30 y el 31 de diciembre de ese a&ntilde;o y el 8 de enero de 1937, el grupo realiz&oacute; el primer registro discogr&aacute;fico de los cuatro cuartetos. La grabaci&oacute;n fue patrocinada, precisamente, por Gershwin.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/0xG3deMN88ISdfer6pla69?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        En la segunda parte del video que se adjunta aparece, como foto fija, otro chiste. El hijo de los inmigrantes <strong>Moishe Gershowitz</strong> y <strong>Roza Bruskina</strong> &ndash;un t&iacute;pico norteamericano de Hollywood&ndash; finge estar pintando uno de los autorretratos de Sch&ouml;nberg.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-8Cn1L_cgHPY-3707', 'youtube', '8Cn1L_cgHPY', document.getElementById('yt-8Cn1L_cgHPY-3707'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-8Cn1L_cgHPY-3707 src="https://www.youtube.com/embed/8Cn1L_cgHPY?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Si un m&uacute;sico, inevitablemente, se retrata a s&iacute; mismo, aquel que dio un paso m&aacute;s all&aacute; del Romanticismo exacerbado de <strong>Gustav Mahler</strong> y <strong>Richard Strauss</strong> hizo, como pintor, lo mismo: plasm&oacute; sobre telas, sobre todo, su mirada sobre s&iacute;. Uno de estos autorretratos, donde se ve desde arriba, caminando y de espaldas, es particularmente significativo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/063a7f9a-db9d-48ee-ad10-530e82863894_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/063a7f9a-db9d-48ee-ad10-530e82863894_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/063a7f9a-db9d-48ee-ad10-530e82863894_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/063a7f9a-db9d-48ee-ad10-530e82863894_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/063a7f9a-db9d-48ee-ad10-530e82863894_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/063a7f9a-db9d-48ee-ad10-530e82863894_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/063a7f9a-db9d-48ee-ad10-530e82863894_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Arnold Schönberg, autorretrato"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Arnold Schönberg, autorretrato                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Hay otro chiste &ndash;y otro retrato&ndash;. La an&eacute;cdota la contaba el actor <strong>James Dean</strong>, otro de los improbables admiradores del vien&eacute;s. Cuando el violinista <strong>Jascha Heifetz</strong>, una de las grandes estrellas de la m&uacute;sica cl&aacute;sica en esa &eacute;poca, le dijo a Sch&ouml;nberg que para tocar el concierto que hab&iacute;a escrito para su instrumento necesitar&iacute;a un dedo m&aacute;s en la mano izquierda, el autor contest&oacute;, inflexible: &ldquo;no puedo esperar tanto&rdquo;. Y en esta foto se ve a Dean ilustrando la historia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bbcb615-2373-4bbe-bd60-a570c1992b2b_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bbcb615-2373-4bbe-bd60-a570c1992b2b_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bbcb615-2373-4bbe-bd60-a570c1992b2b_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bbcb615-2373-4bbe-bd60-a570c1992b2b_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bbcb615-2373-4bbe-bd60-a570c1992b2b_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bbcb615-2373-4bbe-bd60-a570c1992b2b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0bbcb615-2373-4bbe-bd60-a570c1992b2b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="James Dean"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                James Dean                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero hubo algo m&aacute;s que lig&oacute; al actor con al compositor: la m&uacute;sica de sus films. El autor fue <strong>Leonard Rosenman</strong>, que hab&iacute;a sido disc&iacute;pulo de Sch&ouml;nberg y que nunca antes hab&iacute;a hecho m&uacute;sica para el cine. Rosenman ten&iacute;a un alumno de piano a quien acababan de contratar para protagonizar la nueva pel&iacute;cula de <strong>Elia Kazan</strong>, titulada&nbsp;<em>East of Eden</em>. James Dean, un fan de Sch&ouml;nberg y de la nueva m&uacute;sica, consigui&oacute; que encargaran la banda sonora a su maestro. Una m&uacute;sica extra&ntilde;a, totalmente alejada de los c&aacute;nones de la industria &ndash;haza&ntilde;a que repiti&oacute; con <em>Rebel Without a Cause</em>, dirigida por <strong>Nicholas Ray</strong>, tambi&eacute;n en 1955&ndash;, que contradec&iacute;a la sentencia de Sch&ouml;nberg acerca del arte y lo masivo. En Hollywood, si era arte pod&iacute;a ser para todos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/526TBnGtA5L5EP7Z9ZU4Bk?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        El compositor y director de orquesta <strong>Pierre Boulez</strong>, pregunta, en el t&iacute;tulo de uno de sus art&iacute;culos agrupados en el libro <em>Puntos de referencia </em>(publicado en castellano por Gedisa). &ldquo;Sch&ouml;nberg, &iquest;el mal amado?&rdquo;. Y la duda sigue siendo pertinente a 150 a&ntilde;os de su nacimiento, el 13 de septiembre de 1874, y a 73 de su muerte, el 13 de julio de 1951. Su nombre es un &iacute;cono. Una banderita puesta en el mapa de las conquistas del Siglo XX. En el &aacute;mbito de la cultura, pocos lo desconocen. Su obra, en cambio, ha sido escuchada por muy pocos. Podr&iacute;a asegurarse, no sin cierto grado de simplificaci&oacute;n, que la mayor&iacute;a de quienes han visto por lo menos alguna vez un film expresionista o un cuadro de Vassily Kandisky, el pintor que dijo que &ldquo;la m&uacute;sica de Sch&ouml;nberg nos lleva a un nuevo mundo, en el que las vivencias musicales ya no son ac&uacute;sticas sino puramente espirituales&rdquo;, y se&ntilde;al&oacute; que all&iacute; empezaba &ldquo;la m&uacute;sica del futuro&rdquo;, jam&aacute;s ha escuchado una nota de Sch&ouml;nberg. Casi todos, y sobre todo los que no han escuchado su m&uacute;sica, saben que all&iacute;, lo que empieza es el mal (no amado). El fin de la m&uacute;sica tal como se la ama. Y lo que no se tiene en cuenta es el poderoso gesto rom&aacute;ntico que significa haber roto con el Romanticismo. Un gesto rastreable, por otra parte, en la propia obra. Su &ldquo;Noche transfigurada&rdquo;, escrita para sexteto de cuerdas en 1899 (&iquest;la obra del fin de un siglo?) y transcripta para orquesta de cuerdas en 1943 da el exacto paso siguiente del Romanticismo. Un paso, claro est&aacute;, se&ntilde;alado por el propio movimiento est&eacute;tico que hab&iacute;a dominado el siglo XIX, empezando por ese acorde in&eacute;dito &ndash;con novena invertida&ndash; cuya tensi&oacute;n irresuelta ya estaba anunciada en el comienzo del <em>Tristan und Isolde</em> de <strong>Richard Wagner</strong> y en las &uacute;ltimas composiciones de <strong>Franz Liszt</strong>. &ldquo;Dos personas caminan a trav&eacute;s de un desnudo bosque fr&iacute;o; la luna corre sobre ellos, se miran en ella. La luna corre sobre los altos robles; ninguna peque&ntilde;a nube oscurece la luz del cielo donde las negras ramas se extienden. La voz de una mujer habla: &lsquo;Llevo un ni&ntilde;o, y no de ti&hellip;&rsquo;&rdquo;, comienza el poema de <strong>Richard Dehmel</strong> en el que se inspir&oacute;. Y la m&uacute;sica transita por una ambig&uuml;edad &ndash;y una oscuridad&ndash; exquisitas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/playlist/2dZpbcwB6uPrJolnoDzH9R?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Si el sistema de dilaciones y suspensos del chan-chan final que las disonancias hab&iacute;an aportado a la gracia y el sost&eacute;n de la propia tonalidad hab&iacute;an llegado, con Mahler y Strauss, a un grado de acumulaci&oacute;n que hac&iacute;a ya dif&iacute;cil visualizar el objetivo &ndash;el chan-chan&ndash; a lo largo del camino, el paso siguiente &ndash;inevitable, hubiera dicho Sch&ouml;nberg&ndash; era la emancipaci&oacute;n de esas disonancias de su funci&oacute;n como dilaciones de un relato &ndash;la tonalidad&ndash;. Sch&ouml;nberg pas&oacute; por all&iacute; &ndash;el atonalismo libre&ndash;, por ejemplo en su <em>Cuarteto para cuerdas N&ordm; 2</em>, de 1908. Y en 1921 arrib&oacute; a un sistema en el que las doce notas de la escala &ndash;blancas y negras en el piano&ndash; eran tratadas con igual jerarqu&iacute;a a partir de su organizaci&oacute;n en series cuyos elementos no pod&iacute;an repetirse hasta no haber sonado todos ellos, con el fin de que ninguno actuara, para la audici&oacute;n, como im&aacute;n sobre los otros. Eso fue el dodecafonismo. Ni m&aacute;s ni menos que un conjunto de reglas que, como todas las otras utilizadas a lo largo de la historia de las artes, posibilitaron la creaci&oacute;n de algunas obras maestras y de mucho olvidable &ndash;y olvidado&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        Sch&ouml;nberg, en todo caso, no fue distinto, como compositor, cuando utiliz&oacute; el lenguaje que le dejaba el Romanticismo y cuando rom&aacute;nticamente lo abandon&oacute;. La serie de sus cuartetos de cuerdas &ndash;interpretados y grabados como los dioses por el <strong>Cuarteto Gringolts</strong>, con el agregado de la soprano <strong>Malis Harterius</strong> en el segundo&ndash; o de su m&uacute;sica para piano &ndash;por <strong>Maurizio Pollini</strong>&ndash; muestran esas evoluciones y esas continuidades.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/7hJgZT2DNDlNbmR9nZbaRX?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/3sRVB29ftx7gwaYn0jCmnw?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/5QQmOISD0LaZAz7TmvhgK7?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        La versi&oacute;n de <em>Pierrot Lunaire</em> por la soprano <strong>Christine Sch&auml;ffer</strong>, con direcci&oacute;n de Pierre Boulez, tiene el atractivo adicional de incluir la <em>Oda a Napole&oacute;n</em>, una composici&oacute;n sat&iacute;rica acerca del ascenso del nazismo en Europa, que cita por all&iacute; a <strong>Beethoven </strong>y a <em>La Marsellesa</em>. Y permite trazar las l&iacute;neas que unen aquel <em>Pierrot</em> temprano con otra obra tard&iacute;a, <em>Un Sobreviviente de Varsovia</em>, en la interpretaci&oacute;n de <strong>Claudio Abbado</strong> al frente de la Filarm&oacute;nica de Viena, del Coro de la Opera estatal de esa ciudad y del actor <strong>Gottfried Hornick</strong>. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/6rCeCmAF0APTboMpZqKsCj?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/0vO9bNtNTUWeJnNtASU2uQ?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Lejos del &uacute;ltimo lugar en importancia, merecen especial atenci&oacute;n dos de sus &uacute;ltimas composiciones, creadas en esa peque&ntilde;a sucursal de <em>Mitteleuropa</em> exiliada en Hollywood, su <em>Concierto para viol&iacute;n y orquesta</em> &ndash;aquel para el cual a Heifetz le faltaba un dedo&ndash; en la deslumbrante interpretaci&oacute;n de <strong>Hilary Hahn</strong> &ndash;a quien no le falta ninguno&ndash; junto a la Sinf&oacute;nica de la Radio Sueca conducida por <strong>Esa-Pekka Salonen</strong>, y el <em>Concierto para piano</em>, tocado por <strong>Mitsuko Uchida</strong> en estado de gracia y con direcci&oacute;n de Boulez.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/0YHrFLfeGjkhEhYSCimYdB?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/2c5o95mPdT3bssm8lZafki?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/monstruo-12-sonidos_129_11786518.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Nov 2024 14:35:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8e474ee6-3bb4-4d59-bdd4-651e2945db75_16-9-discover-aspect-ratio_default_1105197.jpg" length="94265" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8e474ee6-3bb4-4d59-bdd4-651e2945db75_16-9-discover-aspect-ratio_default_1105197.jpg" type="image/jpeg" fileSize="94265" width="472" height="266"/>
      <media:title><![CDATA[El monstruo de los 12 sonidos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8e474ee6-3bb4-4d59-bdd4-651e2945db75_16-9-discover-aspect-ratio_default_1105197.jpg" width="472" height="266"/>
      <media:keywords><![CDATA[Arnold Schönberg,George Gershwin,James Dean,Pierre Boulez]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
