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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Keith Jarrett]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/keith-jarrett/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Keith Jarrett]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los 400 golpes (de un baterista)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/400-golpes-baterista_129_12789246.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6937244e-6384-4681-80b2-649efdd67ef1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los 400 golpes (de un baterista)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si sólo fuera por los 31 años con el trío de Keith Jarrett alcanzaría. Pero esa no fue la única historia del jazz en la que el baterista Jack DeJohnette fue protagonista. Bill Evans, Miles Davis, McCoy Tyner o Jackie Mclean y cantantes como Abbey Lincoln o Betty Carter contaron con él. Pero tampoco eso fue todo. Sesionista estrella de los sellos CTI y ECM, pianista notable y compositor genial, participó en muchos de los más grandes discos de por lo menos tres décadas. Murió el pasado 26 de octubre, a los 83 años, y su legado es extraordinario. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        Entr&oacute; por primera vez a un estudio de grabaci&oacute;n hace sesenta a&ntilde;os, cuando ten&iacute;a 23. Hab&iacute;a comenzado su carrera profesional como pianista &ndash;tocaba ese instrumento desde los 4 a&ntilde;os&ndash; y solo ocasionalmente en el papel de baterista. Uno de sus primeros trabajos fue con el saxofonista <strong>Eddie Harris</strong>, en su Chicago natal. &ldquo;&Eacute;l me dijo que tocaba muy bien el piano pero que era un baterista nato, y eso me cambi&oacute; la vida&rdquo;, cont&oacute; a la revista <em>Down Beat</em> poco antes de morir, en una pausa entre las actuaciones en tr&iacute;o con el contrabajista <strong>Dave Holland</strong> y el pianista <strong>Jason Moran</strong>, su participaci&oacute;n como percusionista en vivo en una obra teatral de <strong>Sam Shepard</strong> y sus presentaciones con el bailar&iacute;n de tap <strong>Savion Glover</strong>. <strong>Jack De Johnette</strong> falleci&oacute; el pasado 26 de octubre. Alcanzar&iacute;a, para definir su legado, con los 31 a&ntilde;os como integrante del tr&iacute;o con <strong>Keith Jarrett</strong> y <strong>Gary Peacock</strong>. Pero, por supuesto, hubo mucho m&aacute;s. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con ese tr&iacute;o lleg&oacute; a Buenos Aires, por primera vez, en 1994. En esa ocasi&oacute;n dio una cl&iacute;nica y all&iacute; desliz&oacute; una frase, aparentemente casual: &ldquo;Creo que mi mayor talento fue poder escuchar&rdquo;. &nbsp;Y su exposici&oacute;n, amplia y brillantemente ejemplificada desde la bater&iacute;a, rond&oacute; una idea poderosa: &ldquo;No se trata de un instrumento sino de un conjunto de instrumentos&rdquo;. Algo que se complement&oacute; con su afirmaci&oacute;n acerca de la relaci&oacute;n entre sus dos instrumentos amados. &ldquo;La bater&iacute;a y el piano son, al fin y al cabo, dos instrumentos de percusi&oacute;n. Y no habr&iacute;a que olvidar lo que dijo <strong>Cecil Taylor</strong>: &lsquo;un piano son 88 instrumentos de percusi&oacute;n afinados&rsquo;&rdquo;. Ambas sentencias, en todo caso, se verifican en la complejidad y riqueza del lenguaje de DeJohnette. Un idioma en que la idea de que un instrumento es, a la vez, una posible orquesta, resulta central.
    </p><p class="article-text">
        En aquella primera sesi&oacute;n de grabaci&oacute;n, en julio de 1965, con el grupo del saxofonista <strong>Jackie Mclean</strong> y el trompetista <strong>Charles Tolliver</strong>, DeJohnette toc&oacute; en dos temas, que permanecieron in&eacute;ditos. Pero dos meses despu&eacute;s, tambi&eacute;n con McLean y Tolliver pero con el agregado de otra trompeta, <strong>Lee Morgan</strong>, esas dos piezas, &ldquo;Climax&rdquo; y &ldquo;On the Nile&rdquo; volvieron a registrarse, junto con otros tres temas, &ldquo;Soft Blue&rdquo;, &ldquo;Blue Fable&rdquo; y &ldquo;Jacknife&rdquo;, que le dio t&iacute;tulo a todo el disco, una de las gemas del sello Blue Note. La &uacute;ltima grabaci&oacute;n del baterista, entre las 526 registradas en el exhaustivo cat&aacute;logo de <strong>Tom Lord</strong> (The Jazz Discography Online) fue el a&ntilde;o pasado, con el tr&iacute;o del pianista <strong>Ivan Farmakovsky</strong> y el contrabajista <strong>Christian McBride</strong>. Entre uno y otro punto se despliega una carrera ejemplar, junto a varios de los m&uacute;sicos m&aacute;s importantes del g&eacute;nero &ndash;<strong>Miles Davis</strong>, <strong>Bill Evans</strong>, <strong>McCoy Tyner</strong>, <strong>Chick Corea</strong>, <strong>Charles Lloyd</strong>, entre muchos otros&ndash;, como l&iacute;der &ndash;con New Directions y con Special Edition&ndash;, en algunos de los mejores discos de las d&eacute;cadas de 1970 y 1980 y, desde ya, con Jarrett, cuya relaci&oacute;n comenz&oacute; en 1966, como integrantes del cuarteto de Lloyd (<a href="https://www.youtube.com/watch?v=j3wo-OtHMao" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> se los puede ver y escuchar en vivo, DeJohnette y un deslumbrante Jarrett, ambos de 24 a&ntilde;os) y el primer &aacute;lbum donde aparecen juntos es <em>Dream Weaver</em>&ndash; y cuyo &uacute;ltimo registro en conjunto es el del concierto del 11 de julio de 2009 en Lucerna (recogido en el disco <em>Somewhere</em>).
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        La trayectoria de DeJohnette como instrumentista tuvo que ver, por otra parte, con dos sellos en los que, a lo largo de los 70&nbsp;y los 80, fue algo as&iacute; como un baterista emblema, CTI y ECM. Y hubo, claro, dos cap&iacute;tulos aparte: Evans y Davis. Con el primero se destaca la grabaci&oacute;n de la actuaci&oacute;n en el festival de Montreux el 15 de junio de 1968 (con el contrabajista <strong>Eddie Gomez</strong>). Y, con Miles, <em>Bitches Brew</em>, un cl&aacute;sico de su (nueva) ruptura con los moldes del jazz del momento. 
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        <em>Forces of Nature</em>, con McCoy Tyner y <strong>Joe Henderson</strong> (1966), <em>Is</em>, con Chick Corea y <strong>Woody Shaw </strong>(1969), <em>Super Nova</em>, de <strong>Wayne Shorter</strong> (tambi&eacute;n del 69), el notable <em>Joe Farrell Quartet</em> (<strong>Joe Farrell</strong> en saxo, flauta y oboe, tambi&eacute;n con Corea que alterna su lugar con el guitarrista <strong>John McLaughlin</strong>) y <em>Straight Life</em>, de <strong>Freddie Hubbard</strong> (ambos de 1970), y el fundante <em>Ruta and Dailtya</em>, en d&uacute;o con Jarrett (1971)constituyen una buena muestra del momento en que el baterista cristaliza un leguaje propio, que lleva la vieja y buena polirritmia de <strong>Roy Haynes</strong> y <strong>Elvis Jones</strong>, a un nivel de refinamiento, limpieza t&eacute;cnica y precisi&oacute;n in&eacute;ditos en la historia del instrumento.
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        Entre los casi infinitos discos en que actu&oacute; con el sesionista estrella de ECM, todos ellos excelentes, no pueden dejar de considerarse <em>Gateway</em>, con <strong>John Abercrombie</strong> y <strong>Dave Holland</strong>, <em>Timeless</em>, con <strong>Jan Hammer</strong> y Abercrombie, <em>Cloud Dance</em>, con <strong>Col</strong> <strong>https://open.spotify.com/intl-es/album/6bI8mDUAPYawREmbySOc0Wlin Walcott</strong>, Holland y Abercrombie, <em>Batik</em>, con <strong>Ralph Towner</strong> y Eddie Gomez, el tr&iacute;o con el guitarrista <strong>Terje Rypdal</strong> y el contrabajista <strong>Miroslav Vitous</strong> y, con el trompetista <strong>Kenny Wheeler</strong>, <em>Deer Wan</em>, <em>Gnu High</em> y <em>Double, Double You</em>.
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    </figure><p class="article-text">
        El DeJohnette compositor, por otra parte, requiere una atenci&oacute;n particular, sobre todo el que se nuclea a partir de un disco llamado Special Edition y toma ese t&iacute;tulo como nombre de un grupo &ndash;o grupo de grupos&ndash; que, con distintas formaciones encarn&oacute; un mismo proyecto. Ese estilo, surgido de una improbable y original&iacute;sima amalgama entre improvisaci&oacute;n colectiva a la manera del jazz primitivo de Nueva Orleans y Chicago, free, desenfado y el rescate de la tradici&oacute;n de las big bands gener&oacute; una de las propuestas m&aacute;s personales y originales &ndash;e inmediatamente reconocible&ndash; de su &eacute;poca. El primero de esos discos, con dos de los mejores saxofonistas existentes, <strong>David Murray</strong> y <strong>Arthur Blythe</strong>, un creador genial que muri&oacute; muy joven, <em>Album Album</em>, que entendi&oacute; el esp&iacute;ritu festivo como una de las bellas artes, e <em>Inflation Blues</em>, donde DeJohnette se da el gusto de cantar un reggae, conforman una galer&iacute;a indispensable, agrupada junto con <em>Tin Can Alley</em> en una caja de 4 Cds, a la que deben agregarse los dos discos con el trompetista <strong>Lester Bowie</strong> y Abercrombie, <em>New Directions</em> y <em>New Directions in Europe</em>, un &aacute;lbum con un comienzo m&aacute;s que inusual: un extraordinario solo de bater&iacute;a de casi 5 minutos e imaginaci&oacute;n desbordante. 
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        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/400-golpes-baterista_129_12789246.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Nov 2025 12:49:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Jack DeJohnette,Keith Jarrett,Miles Davis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La melodía a la noche, con vos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/melodia-noche-vos_129_12566935.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6246273a-8cc8-4bd4-a8cd-56c4bf56f60c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La melodía a la noche, con vos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Volver. Veintisiete años no es nada. Y Adrián Iaies, como en su primer disco, recurre al tango para explicitar qué es el jazz. Solo al piano, y a solas en su casa, grabó Sur (como respuesta a todas las preguntas). Un disco en que anida la nostalgia pero, sobre todo, una clase de pianismo que, más allá de cualquier género, le pertenece sólo a él. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        <em>La melod&iacute;a a la noche, con vos</em>, podr&iacute;a ser el t&iacute;tulo de un standard. De una de esas canciones que nacieron en otra parte, casi siempre en viejas comedias musicales, y de las que el jazz se apropi&oacute; como su material esencial. Pero no. Es, en cambio, el nombre de un disco extraordinario en el que <strong>Keith Jarrett</strong>, de vuelta de uno de sus brotes psic&oacute;ticos &ndash;&eacute;l los llam&oacute; &ldquo;fatiga cr&oacute;nica&rdquo;&ndash; dej&oacute; de ser quien hab&iacute;a sido para convertirse en una versi&oacute;n m&aacute;s profunda &ndash;e inasible&ndash; de si mismo. Lo grab&oacute; en su casa. Lo registr&oacute; a solas. Y fue, de alguna manera, una obra conceptual. 
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; (se) respond&iacute;a varias preguntas, una de ellas acerca de lo que el t&iacute;tulo enunciaba. La relaci&oacute;n con la melod&iacute;a. Y, la otra, sobre qu&eacute; era &ndash;o qu&eacute; pod&iacute;a ser&ndash; el jazz. Era, por otra parte, una obra que, como algunos cuadros de <strong>Yuyo No&eacute;</strong>, se escapaba de su marco. Era un disco cuya escucha resultaba totalmente diferente si se ignoraba qui&eacute;n era el que tocaba que si se sab&iacute;a que se trataba de Jarrett. El refugio en la melod&iacute;a &ndash;su aparente ausencia de improvisaci&oacute;n&ndash; de quien hab&iacute;a edificado un tratado sobre la variaci&oacute;n y sus l&iacute;mites. Un &aacute;lbum que, como ida, pod&iacute;a ser irrelevante pero, como vuelta, era deslumbrante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Adri&aacute;n Iaies</strong> acaba de publicar un nuevo disco, que ya puede escucharse en las plataformas y que pr&oacute;ximamente tendr&aacute; su edici&oacute;n en vinilo. Es, tambi&eacute;n, un conjunto de canciones a solas, en su casa y con su piano, que plantea, ya en su t&iacute;tulo (tambi&eacute;n un nombre largo y con un inciso final, en este caso entre par&eacute;ntesis y no despu&eacute;s de una coma), la idea de las preguntas y las respuestas que el jazz (se) hace. Y, desde ya, la relaci&oacute;n con la melod&iacute;a. <em>Sur (como respuesta a todas las preguntas)</em> es, tambi&eacute;n un regreso. Como en <em>Nostalgias y otros vicios</em>, su primer disco, que vio la luz hace ya 27 a&ntilde;os, editado por Acqua Records &ndash;en ese entonces un sello tambi&eacute;n muy joven&ndash;, su material es el tango y su lenguaje es el jazz. Como entonces, su aut&eacute;ntica sustancia es la memoria, algo esencial para la nostalgia, para el jazz y para otros vicios. Tambi&eacute;n, en este caso, no se trata de cualquier tango sino de algunos de los mel&oacute;dicamente m&aacute;s inspirados &ndash;&ldquo;Nieblas del Riachuelo&rdquo;, &ldquo;Nunca tuvo novio&rdquo;, &ldquo;Nada&rdquo;, &ldquo;Sur&rdquo; (claro)&ndash;. La mirada, o la escucha, si se prefiere, es, no obstante, otra. Es la construida a lo largo de tres d&eacute;cadas de trayectoria ejemplar durante la cual Iaies, ese pianista porte&ntilde;o, cincel&oacute; la reconcentraci&oacute;n como una de las bellas artes. Y construy&oacute; un lenguaje pian&iacute;stico con una clase propia de virtuosismo, cimentada en fuentes reconocibles &ndash;<strong>Bill Evans</strong> y <strong>John Lewis</strong>, un artista a cuyos encantos al principio se hab&iacute;a resistido, pero tambi&eacute;n <strong>Lucio Demare</strong>, en sus formidables versiones de tangos a solas, grabadas a fines de los 60s&ndash;, pero con un estilo que s&oacute;lo le pertenece a &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        La melancol&iacute;a entendida como estilo emparienta a Iaies con otro gran pianista, <strong>Gerardo Gandini</strong>, que tambi&eacute;n abord&oacute; &ndash;y borde&oacute;&ndash; al tango desde otras tradiciones. Ambos partieron de la noci&oacute;n de que el jazz, mucho m&aacute;s que un g&eacute;nero, pod&iacute;a ser un manual de operaciones. Y que, en ese sentido, tomar como materia prima a determinados tangos &ndash;en el caso de Iaies ese universo se ampli&oacute; naturalmente a Charly Garc&iacute;a o a Joan Manuel Serrat&ndash;, lejos de ser una operaci&oacute;n ajena al jazz, profundizaba su esencia. La de ser, parafraseando a Atahualpa Yupanqui, &ldquo;sombra en la sombra&rdquo;; la de referirse, permanentemente, a algo que est&aacute; siempre &ndash;el tema&ndash; pero nunca acaba de estar del todo. Algo que funciona en sus juegos con la memoria. Y que necesita, para completarse de manera virtuosa, de un fondo conocido contra el cual dibujar su figura. Para el jazz, originalmente, fueron los standards, cuya constituci&oacute;n en tales, a partir de mediados de los 40s, tuvo que ver, casi siempre, con lo que grababa y popularizaba Frank Sinatra. Para los oyentes estadounidenses, eso es lo que estaba en la memoria. Y contra esa imagen era como se perfilaban esas extraordinarias variaciones y, a partir del be bop, de variaciones de las variaciones, que edificaban, nota sobre nota y acorde sobre acorde, <strong>Coleman Hawkins</strong>, <strong>Charlie Parker</strong> o <strong>Bud Powell</strong>.  Para Iaies, lo que est&aacute; en el recuerdo &ndash;o en el ADN&ndash; es todo eso pero, tambi&eacute;n, el tango. Esas melod&iacute;as bell&iacute;simas, casi oper&iacute;sticas pero, tambi&eacute;n, su gesto. Su nostalgia y sus otros vicios. Esas preguntas a las que, tal vez, s&oacute;lo el Sur es capaz de responder. 
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        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/melodia-noche-vos_129_12566935.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Aug 2025 14:12:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La melodía a la noche, con vos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Adrián Iaes,Keith Jarrett]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Danzas en espiral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/danzas-espiral_129_12175121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd29faa1-3df4-49b4-9545-39cfa338e74e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Danzas en espiral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un cuarteto con quince años de historia mira a otro que hizo historia. Y, en un brillante juego entre figura y fondo, Belonging, el primer disco del cuarteto europeo de Keith Jarrett, a 51 años de su grabación, reencarna en el grupo de Branford Marsalis. Novedades y rescates en la red, entre las redes.

</p></div><p class="article-text">
        El jazz es un lenguaje hecho de citas y relecturas. Ya desde sus comienzos, en que la materia prima tanto pod&iacute;a venir del canto en las iglesias como de las piezas de sal&oacute;n o de una marcha, siempre se trat&oacute; del <em>c&oacute;mo</em> m&aacute;s que del qu&eacute;. La misma pieza pod&iacute;a tratarse o no de jazz dependiendo de c&oacute;mo se la tocara. Y, aunque las reglas del g&eacute;nero sean hoy muy distintas de las que reg&iacute;an el estilo de <strong>King Oliver</strong> o de los primeros grupos de <strong>Fletcher Henderson</strong> o <strong>Louis Armstrong</strong>, todav&iacute;a, a un siglo de aquellos primeros pasos, algo es jazz cuando se lo toca como jazz. Y al jazz se lo toca, b&aacute;sicamente, dialogando con el jazz. 
    </p><p class="article-text">
        Cada solo es, voluntariamente o no, un comentario a los solos anteriores que el m&uacute;sico ya ha tocado y, tambi&eacute;n, a la historia de los solos que otros han hecho sobre ese tema. Todo aquel que interprete &ldquo;Body and Soul&rdquo; estar&aacute; abrevando en, o bordeando a, la grabaci&oacute;n de <strong>Coleman Hawkins</strong> en 1939 (que a su vez refer&iacute;a a la de <strong>Chu Berry</strong>, de un a&ntilde;o antes, y la de <strong>Henry Red Allen</strong> en 1936). 
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    </figure><p class="article-text">
        En el jazz todo es, de alguna manera, un homenaje y, adem&aacute;s, los homenajes expl&iacute;citos &ndash;a <strong>Ellington</strong>, a <strong>Miles</strong>, a <strong>Bill Evans</strong> o a <strong>Coltrane</strong>&ndash; son frecuentes. Y, desde ya, a diferencia de los <em>covers</em> de otros g&eacute;neros, los homenajes consistir&aacute;n casi siempre en alejarse todo lo posible del objeto homenajeado, aunque &ndash;y ese es el secreto&ndash; rescatando aquel esp&iacute;ritu en su acepci&oacute;n m&aacute;s literal: lo esquivo, lo inmaterial, lo inasible. 
    </p><p class="article-text">
        Hace dos d&iacute;as, las plataformas publicaron uno de estos homenajes. Un cuarteto de int&eacute;rpretes extraordinarios &ndash;el saxofonista <strong>Branford Marsalis</strong>, el pianista <strong>Joey Calderazzo</strong>, el contrabajista <strong>Eric Revis</strong> y el baterista <strong>Justin Faulkner</strong>&ndash; toma como objeto otro cuarteto virtuoso, exactamente con la misma conformaci&oacute;n instrumental, y no ya un tema sino un disco completo y con sus piezas exactamente en el mismo orden. El &aacute;lbum original se grab&oacute; hace 51 a&ntilde;os, en dos sesiones, el 24 y el 25 de abril de 1974. All&iacute; tocaban <strong>Jan Garbarek</strong> en saxo tenor y soprano, <strong>Keith Jarrett</strong> en piano, <strong>Palle Danielsson</strong> en contrabajo y <strong>Jon Christensen</strong> en bater&iacute;a. Aquel disco fue el primero de lo que se conoci&oacute; como el <em>Cuarteto europeo</em> de Jarrett, para diferenciarlo del <em>americano</em>, que conformaba, en esos mismos a&ntilde;os, con el contrabajista <strong>Charlie Haden</strong>, el saxofonista <strong>Dewey Redman</strong> (dos ex integrantes del grupo de <strong>Ornette Coleman</strong>) y el baterista <strong>Paul Motian</strong> (que hab&iacute;a integrado el tr&iacute;o de Bill Evans). Fue inmensamente influyente y se llamaba <em>Belonging</em>. El de Marsalis se llama de la misma manera y, por supuesto, no podr&iacute;a ser m&aacute;s diferente y, obviamente, m&aacute;s fiel a su alma evanescente (una palabra que en el jazz tiene, forzosamente, varios significados).
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        El primer m&eacute;rito que salta a la vista es el rescate de uno de los aspectos m&aacute;s importantes &ndash;y m&aacute;s olvidados, incluso por &eacute;l mismo&ndash; de la carrera de Jarrett: su faceta como compositor. De hecho, en la d&eacute;cada de 1970 fue uno de los autores m&aacute;s prol&iacute;ficos y originales (e imitados) del jazz. En una l&iacute;nea de raigambre ornettiana, sus temas eran siempre asim&eacute;tricos e imprevisibles, con respuestas que exced&iacute;an ampliamente la medida de las preguntas. Suerte de danza en espiral, como se titula el primer tema del disco, con retornos nunca literales y recorridos que cambian a medida que son trazados. 
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    </figure><p class="article-text">
        A diferencia de lo que suced&iacute;a con Miles, no se trataba de meros riffs para dar pie a las improvisaciones del caso sino de verdaderas obras complejas. Y las hab&iacute;a en cantidades. Todos los discos de Jarrett para los sellos Atlantic e Impulse estaban llenos de temas compuestos por &eacute;l. Y &eacute;l, simplemente, un d&iacute;a dej&oacute; de hacerlo. O, mejor dicho, se especializ&oacute;, por un lado, en la composici&oacute;n instant&aacute;nea de sus largas improvisaciones solo al piano, sin mapa y sin red de seguridad, y, por otro, en componer en los bordes, o en el interior, de los standards, los temas cl&aacute;sicos del jazz. 
    </p><p class="article-text">
        Las elipsis, en esos casos, se hac&iacute;an a&uacute;n m&aacute;s el&iacute;pticas. A veces, el tema era tomado para llevarlo a su explosi&oacute;n en mil pedazos; en ocasiones no se trataba de un punto de partida sino de una posible llegada. Podr&iacute;a pensarse que Jarrett, un seguidor del sufismo y, en particular, de las ense&ntilde;anzas de <strong>Gurdjeff</strong>, se auto impon&iacute;a esa restricci&oacute;n como trabajo espiritual de superaci&oacute;n. &Eacute;l, el compositor, se obligaba a no componer m&aacute;s que a partir de las obras de otros. Pero, al fin y al cabo, de eso se trata el jazz. Y Branford Marsalis, con su cuarteto ejemplar, vuelve a hacerlo pero, parad&oacute;jicamente, tomando como <em>standards</em> las composiciones de Jarrett, aquello que &eacute;l dej&oacute; de lado para dedicarse a los <em>standards</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El estilo de Jarrett como compositor contradec&iacute;a con frecuencia, por otra parte, la identificaci&oacute;n f&aacute;cil con el lado m&aacute;s intelectual y reflexivo del jazz. Eso estaba, desde ya &ndash;aun trat&aacute;ndose de un pianista siempre al borde de la efervescencia&ndash; pero no era lo &uacute;nico que hab&iacute;a. All&iacute; aparec&iacute;an, con naturalidad, frases cercanas al rhythm &amp; blues, pinceladas pop, inflexiones latinas y hasta alguna reminiscencia de calypso. Y <em>Belonging</em>, con el groove de &ldquo;The Windup&rdquo;, el lirismo de &ldquo;Blossom&rdquo;, &ldquo;Belonging&rdquo; o &ldquo;Solstice&rdquo;, el soul &ndash;casi gospel&ndash; de la base de &ldquo;Long as you Know You&rsquo;re Living Yours&rdquo;, contrastando, nuevamente, con la espiral de la melod&iacute;a principal, es un muestrario exquisito de ese talento creador y, al mismo tiempo, como lo demuestra el cuarteto de Marsalis, un desaf&iacute;o apasionante.
    </p><p class="article-text">
        A primera vista, las genealog&iacute;as de Branford Marsalis, de Jarrett y, claro, de Garbarek &ndash;aquel con el que se confronta de manera directa&ndash; son bien distintas. No obstante, tanto el primero como el segundo pasaron, en sus comienzos, por los Jazz Messengers de <strong>Art Blakey</strong> y ambos fueron parte fugaz de grupos de Miles Davis.
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    </figure><p class="article-text">
        En cuanto al saxofonista noruego, si la t&eacute;cnica impecable lo une con el estadounidense, todo en el sonido los separa. Donde Garbarek practica una luminosidad incandescente y hasta encandilante, Marsalis habita, si se disculpa el ox&iacute;moron, una brillante oscuridad. Si, para ambos, Coltrane es una figura tutelar, a Marsalis le llega a trav&eacute;s del filtro de <strong>Wayne Shorter</strong> y a Garbarek pasado por la lente (tambi&eacute;n espiralada) del <strong>Gato Barbieri</strong>. Jarrett, por otra parte, no hab&iacute;a estado ausente de los homenajes de Marsalis a una tradici&oacute;n con la que siempre se mostr&oacute; reverente aunque jam&aacute;s sumiso, como lo demostr&oacute; en sus revisitas a la &ldquo;Freedom Suite&rdquo; de <strong>Sonny Rollins</strong> y &ldquo;A Love Supreme&rdquo; de Coltrane en su disco <em>Footsteps of Our Fathers</em>, de 2002. 
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    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;The Windup&rdquo;, esa extra&ntilde;a danza en espiral que aqu&iacute; se despliega&nbsp;en un virtuosismo colectivo e individual &ndash;el trabajo del joven baterista, que estuvo en Buenos Aires en las dos &uacute;ltimas visitas de Marsalis a Buenos Aires, en 2015 y, con este mismo cuarteto, en 2018, ya hab&iacute;a aparecido en el &aacute;lbum <em>The Secret Between The Shadow And The Soul</em>, registrado en 2017, tambi&eacute;n con este grupo y en vivo en Australia. &ldquo;The Windup&rdquo;, eventualmente, tiene una peque&ntilde;a historia propia y es, tal vez, el tema de Jarrett que m&aacute;s ha sido tocado por otros.
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        Pero hay algo m&aacute;s que une los mundos est&eacute;ticos de Jarrett y Branford Marsalis: el culto a las largas sociedades musicales y la creaci&oacute;n de grupos que trascienden ampliamente el mero rejunte de celebridades. Los cuartetos europeo y americano de Jarrett, al igual que su tr&iacute;o con <strong>Gary Peacock</strong> y <strong>Jack DeJohnette</strong> &ndash;o incidentalmente Paul Motian&ndash; hicieron historia. Menos notorios, pero no menos trascendentes, son los equipos que Marsalis fue uniendo y sosteniendo a lo largo de m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas de carrera, en la que no deber&iacute;an olvidarse ni su quinteto junto al hermano Wynton ni su participaci&oacute;n en el grupo de <strong>Sting</strong>. Con Joey Calderazzo grab&oacute; por primera vez en 1990, en un &aacute;lbum a nombre del pianista (<em>In The Door</em>) y, en 1999, ya aparec&iacute;an &eacute;l y Eric Revis como miembros de su cuarteto. En ese entonces el baterista era <strong>Jeff Tain Watts</strong> y la aparici&oacute;n de Justin Faulkner, en ese entonces de 18 a&ntilde;os, se remonta a 2009 (el primer disco grabado por este cuarteto fue <em>Four MFs Playin' Tunes</em>, de 2011). Belonging es una mirada al pasado, del jazz y del propio grupo de Marsalis &ndash;m&aacute;s de quince a&ntilde;os tocando juntos se notan&ndash; pero el centro es la mirada y no el pasado. En alg&uacute;n sentido, la operaci&oacute;n del cuarteto se asemeja a la del propio Jarrett cuando se focaliz&oacute; &ndash;obsesivamente&ndash; en los standards. Una cuesti&oacute;n de figura y fondo: fijar el segundo para resaltar el primero. Mirar la historia para construir una historia nueva.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/danzas-espiral_129_12175121.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Mar 2025 11:58:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Danzas en espiral]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Branford Marsalis,Keith Jarrett,Miles Davis]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[El pianista y el fuego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pianista-fuego_129_11806156.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/891d2162-c86c-479a-ba9d-7e9932fed990_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pianista y el fuego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Keith Jarrett es siempre nuevo, aunque no lo sea. "The Old Country" acaba de aparecer esta semana. Reúne ocho piezas de una actuación extraordinaria de un trío que existió una sola noche, en 1992, y de la que ya se había publicado una parte hace treinta años. La fidelidad de la grabación es apenas uno de los atractivos. El pianista, Gary Peacock y Paul Motian hacen el resto. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        No se trata de evitar el fuego sino de atravesarlo sin quemarse, escribi&oacute; en uno de sus libros de ense&ntilde;anzas <strong>Peter Demianovich Oupensky</strong>, uno de los disc&iacute;pulos y divulgadores del pensamiento de <strong>George Ivanovich Gurdjieff</strong>. La polilla y la llama, titul&oacute; uno de sus discos <strong>Keith Jarrett</strong>, un seguidor de Gurdjieff que construy&oacute; su obra atravesando el fuego y mostrando, como en un mapa excepcionalmente detallado, los caminos de la creaci&oacute;n y, tambi&eacute;n, que quemarse era parte de la obra. 
    </p><p class="article-text">
        La polilla y la llama podr&iacute;an haber sido &Iacute;caros y el sol. La atracci&oacute;n por la luz &ndash;en un sentido gurdjeffiano&ndash;&nbsp;y las maneras de que ese trayecto hacia el saber y ese aprendizaje terrible no destruyan al aventurero. Al fin y al cabo &Iacute;caros, el hijo de D&eacute;dalos, el constructor de sus alas y del laberinto de Tebas, y de la esclava N&aacute;ucrati, no se quem&oacute; en el sol sino que lleg&oacute; a Sicilia, donde construy&oacute; un templo dedicado a Apolo y exhibi&oacute; las alas &ndash;ese instrumento del viaje inici&aacute;tico&ndash; como ofrenda. Jarrett, el otro &Iacute;caros, hab&iacute;a empezado a tocar piano antes de los tres a&ntilde;os, a los siete dio su primer concierto, donde incluy&oacute;, adem&aacute;s de obras de <strong>Johann Sebastian Bach</strong>, <strong>Ludwig Van Beethoven</strong> y <strong>Camille Saint-S&auml;ens</strong>, dos composiciones propias, estudi&oacute; con varios maestros, se familiariz&oacute; con el jazz en la Emmaus High School de Philadelphia, se fascin&oacute; con <strong>Dave Brubeck</strong>, se perfeccion&oacute; en la escuela Berklee de Boston y, dos meses antes de cumplir 21 a&ntilde;os, el 1 y el 9 de febrero de 1966, grab&oacute; en vivo con <strong>The Jazz Messengers</strong>, el grupo del baterista <strong>Art Blakey</strong>, aquel junto a quien florecieron las carreras de varios de los nombres m&aacute;s importantes de la historia del jazz, desde <strong>Lee Morgan</strong>, <strong>Wayne Shorter</strong> o <strong>Benny Golson</strong> hasta los hermanos <strong>Wynton</strong> y <strong>Branford Marsalis</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Hubo un disco, <em>Buttercorn Lady</em>. Y, seg&uacute;n se cuenta, numerosas peleas entre el gur&uacute; del hard bop y la estrella naciente. Jarrett estuvo all&iacute; cuatro meses y r&aacute;pidamente vol&oacute; hacia otro sol, el de San Francisco, el hipismo, el coqueteo con la psicodelia a trav&eacute;s de la improvisaci&oacute;n libre y el &uacute;nico grupo que tan valorado tanto por el p&uacute;blico de jazz como por el de rock, el cuarteto del saxofonista <strong>Charles Lloyd</strong>. Quien lo recomend&oacute; fue el baterista, Jack DeJohnette. Con &eacute;l lo uni&oacute; una de las relaciones m&aacute;s duraderas del g&eacute;nero. Jarrett se uni&oacute; al grupo en 1966, estuvo de gira por Estados Unidos y Europa &ndash;en el concierto en la Royal Albert Hall tuvieron como p&uacute;blico a <strong>The Beatles</strong>&ndash;&nbsp;y la primera grabaci&oacute;n conjunta fue para el disco <em>Dream Weaver</em>, registrado el 29 de marzo de ese a&ntilde;o. La &uacute;ltima, con el famoso tr&iacute;o que incluy&oacute;, adem&aacute;s de a DeJohnette al contrabajista <strong>Gary Peacock</strong>, fue medio siglo despu&eacute;s, en la que tambi&eacute;n fue la &uacute;ltima actuaci&oacute;n registrada del pianista, el 16 de julio de 2016 en la Sala Filarm&oacute;nica de Munich.
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    </figure><p class="article-text">
        Hay ocho discos que registran el paso de Jarrett por ese cuarteto, que completaba en contrabajo <strong>Cecil McBee</strong>, y luego <strong>Ron McLure</strong>, entre 1966 y 1968. Y tres videos en Youtube, dos de 1966 &ndash; un recital completo, grabado por la televisi&oacute;n belga y un tema registrado en el Festival de Jazz de Molde, con una extraordinaria introducci&oacute;n del pianista&ndash; y el otro del final, filmado en San Francisco en el 68. &nbsp;All&iacute; aparece con claridad que Jarrett ya es Jarrett a los 21 a&ntilde;os, y que a los 23 ya es alguien &uacute;nico. En el primero de ellos, a los 2&rsquo;09&ldquo; comienza su solo, de un minuto y poco m&aacute;s, que le alcanzan para dar las se&ntilde;ales de su estilo, que nunca ser&iacute;a dos veces igual pero siempre conservar&iacute;a esa manera de hacer que cada idea fuera el motor, la c&eacute;lula madre, de la pr&oacute;xima. De hacer que un pasaje casual se convirtiera en tema. De lograr, en un tiempo limitad&iacute;simo, la erupci&oacute;n del volc&aacute;n contada desde el mism&iacute;simo primer temblor hasta el &uacute;ltimo estertor. 
    </p><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo, se ve al pianista ya embarcado &ndash;para siempre&ndash; en la idea de la improvisaci&oacute;n como viaje. Un singular viaje interior en el que parece no haber otra gu&iacute;a que un camino escuchado s&oacute;lo por &eacute;l y en el que, al mismo tiempo, la interacci&oacute;n con los otros m&uacute;sicos es asombrosa. Ya en el final del primer solo de Lloyd, alrededor de los 2 minutos, Jarrett empieza a seguir un camino propio que, sin embargo, proviene y se conecta con lo que el saxofonista est&aacute; tocando. Y en su propio solo, que durar&aacute; unos dos minutos y medio (y que comienza a los 2&rsquo;30&ldquo;), atraviesa un el descubrimiento, el asombro y el &eacute;xtasis. Y en ese momento, la culminaci&oacute;n del periplo hacia s&iacute; mismo, la conexi&oacute;n con el grupo, y en particular con las escobillas de DeJohnette, ronda la magia. Tanto como la introducci&oacute;n del tema siguiente (desde 6&rsquo;40&rdquo;), tocada directamente con las manos en el encordado del piano.
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        Para ese momento, Jarrett ya hab&iacute;a comenzado su carrera solista con un disco, <em>Life Between The Exit Signs</em>, grabado en 1967, con otros dos m&uacute;sicos con los que tambi&eacute;n establecer&iacute;a una largu&iacute;sima colaboraci&oacute;n, el contrabajista <strong>Charlie Haden</strong>, integrante durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os de los grupos de <strong>Ornette Coleman</strong>, y el baterista <strong>Paul Motian</strong>, que hab&iacute;a integrado el m&iacute;tico tr&iacute;o de <strong>Bill Evans</strong>.&nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        Con Haden grab&oacute; por &uacute;ltima vez en 2007, para el disco <em>Jasmine</em>. Con Motian se reuni&oacute; en 1992 &ndash;la &uacute;ltima grabaci&oacute;n del tr&iacute;o con Haden hab&iacute;a sido el &aacute;lbum <em>BopBe</em>, de 1976&ndash;&nbsp;para tocar en el Deer Head Inn de Delaware. Fue una sola noche. La ocasi&oacute;n era especial. Se trataba del regreso del pianista a la escena de Pennsilvania, donde hab&iacute;a comenzado. Y si el tr&iacute;o con Haden y Motian hab&iacute;a estado caracterizado por abordar, principalmente, las composiciones de Jarrett, aqu&iacute; el baterista se insertaba en el lugar de DeJohnette y en un grupo ideado para tocar&nbsp;<em>standards</em>, o sea temas cl&aacute;sicos del jazz &ndash;este grupo, incidentalmente, repet&iacute;a la base del tr&iacute;o de Bill Evans en <em>Trio &rsquo;64</em>, con grabaciones realizadas el a&ntilde;o anterior&ndash;. Un disco, llamado precisamente <em>At The Deer Head Inn</em>, publicado en 1994, hab&iacute;a brindado un panorama de aquella actuaci&oacute;n, con una selecci&oacute;n de siete piezas. 
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        Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, los otros ocho standards tocados en aquella ocasi&oacute;n acaban de aparecer esta semana en el nuevo disco de un m&uacute;sico genial que ya no toca m&aacute;s. <em>The Old Country</em> &ndash;el t&iacute;tulo es el de uno de los ocho temas incluidos, compuesto por <strong>Nat Adderley</strong>&ndash; es, por encima del mero prodigio del acontecimiento &ndash; toda grabaci&oacute;n in&eacute;dita de Jarrett lo es&ndash; el registro de una m&uacute;sica maravillosa, tocada por un grupo que existi&oacute; s&oacute;lo para esa ocasi&oacute;n, que fue grabado con una fidelidad y un equilibrio perfecto entre los tres instrumentos, y en el que el principio gurdjieffiano seg&uacute;n el cual el creador se abre a la inspiraci&oacute;n &ndash;que tiene, eventualmente una resonancia c&oacute;smica (un principio al que Jarrett se ha referido en numerosas ocasiones)&ndash; aparece exhibido con todas las luces.
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    </figure><p class="article-text">
        Uno de los misterios aparentes en la carrera de Keith Jarrett es su renuncia a componer nuevos temas, a partir de mediados de la d&eacute;cada de 1980. No se trata de un gesto menor si se tiene en cuenta que hasta ese momento era uno de los autores m&aacute;s personales, creativos y prol&iacute;ficos de la escena. Y, en rigor, de uno de los pocos seguidores de Ornette Coleman en la creaci&oacute;n de esos temas asim&eacute;tricos, sorpresivos, donde la respuesta nunca med&iacute;a lo mismo que la pregunta y parec&iacute;a tener m&uacute;ltiples adherencias. En un abanico que iba desde los vastos frescos abiertos a la improvisaci&oacute;n libre, como el de la genial <em>Survivors Suite</em> de 1976 hasta el lirismo casi pop de piezas como &ldquo;My Song&rdquo;, grabada en ese mismo a&ntilde;o junto con su cuarteto europeo (&eacute;l, <strong>Jan Garbarek</strong>, <strong>Palle Danielsson</strong> y <strong>Jon Christensen</strong>).&nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        El recorrido, si se lo piensa, fue el de la polilla hacia la llama o, mejor, el de &Iacute;caros hacia el sol y luego al suelo siciliano. El del viaje hacia la luz y, luego, el de encontrarla en las sombras terrenas. No otra cosa han sido las largas improvisaciones sin rumbo prefijado, cuyo rumbo fue marcado por un disco en estudio (<em>Facing You</em>, de 1971) y el &aacute;lbum originalmente de tres LPs que recog&iacute;a actuaciones en Lausanne (<em>Solo Concerts</em>, de 1973) y que encontr&oacute; un pico de popularidad en la que, por lo menos seg&uacute;n sus palabras, siempre fue su producci&oacute;n m&aacute;s odiada, el <em>K&ouml;ln Concert</em> de 1975.
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    </figure><p class="article-text">
        Y tampoco ha sido otra cosa su adscripci&oacute;n a los standards: la privaci&oacute;n de la composici&oacute;n para, en realidad, ponerla en primer plano. D&oacute;nde, sino en aquello que todos han tocado, podr&iacute;a aparecer con tanta nitidez la propia voz. Como la isla de Chiard para los pintores impresionistas &ndash;todos pintaban m&aacute;s o menos el mismo lugar&ndash; el fondo en com&uacute;n no hace otra cosa que destacar la figura. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pianista-fuego_129_11806156.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Nov 2024 16:01:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Keith Jarrett,George Ivanovich Gurdjieff]]></media:keywords>
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