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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - George Ivanovich Gurdjieff]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/george-ivanovich-gurdjieff/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - George Ivanovich Gurdjieff]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El pianista y el fuego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pianista-fuego_129_11806156.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/891d2162-c86c-479a-ba9d-7e9932fed990_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pianista y el fuego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Keith Jarrett es siempre nuevo, aunque no lo sea. "The Old Country" acaba de aparecer esta semana. Reúne ocho piezas de una actuación extraordinaria de un trío que existió una sola noche, en 1992, y de la que ya se había publicado una parte hace treinta años. La fidelidad de la grabación es apenas uno de los atractivos. El pianista, Gary Peacock y Paul Motian hacen el resto. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        No se trata de evitar el fuego sino de atravesarlo sin quemarse, escribi&oacute; en uno de sus libros de ense&ntilde;anzas <strong>Peter Demianovich Oupensky</strong>, uno de los disc&iacute;pulos y divulgadores del pensamiento de <strong>George Ivanovich Gurdjieff</strong>. La polilla y la llama, titul&oacute; uno de sus discos <strong>Keith Jarrett</strong>, un seguidor de Gurdjieff que construy&oacute; su obra atravesando el fuego y mostrando, como en un mapa excepcionalmente detallado, los caminos de la creaci&oacute;n y, tambi&eacute;n, que quemarse era parte de la obra. 
    </p><p class="article-text">
        La polilla y la llama podr&iacute;an haber sido &Iacute;caros y el sol. La atracci&oacute;n por la luz &ndash;en un sentido gurdjeffiano&ndash;&nbsp;y las maneras de que ese trayecto hacia el saber y ese aprendizaje terrible no destruyan al aventurero. Al fin y al cabo &Iacute;caros, el hijo de D&eacute;dalos, el constructor de sus alas y del laberinto de Tebas, y de la esclava N&aacute;ucrati, no se quem&oacute; en el sol sino que lleg&oacute; a Sicilia, donde construy&oacute; un templo dedicado a Apolo y exhibi&oacute; las alas &ndash;ese instrumento del viaje inici&aacute;tico&ndash; como ofrenda. Jarrett, el otro &Iacute;caros, hab&iacute;a empezado a tocar piano antes de los tres a&ntilde;os, a los siete dio su primer concierto, donde incluy&oacute;, adem&aacute;s de obras de <strong>Johann Sebastian Bach</strong>, <strong>Ludwig Van Beethoven</strong> y <strong>Camille Saint-S&auml;ens</strong>, dos composiciones propias, estudi&oacute; con varios maestros, se familiariz&oacute; con el jazz en la Emmaus High School de Philadelphia, se fascin&oacute; con <strong>Dave Brubeck</strong>, se perfeccion&oacute; en la escuela Berklee de Boston y, dos meses antes de cumplir 21 a&ntilde;os, el 1 y el 9 de febrero de 1966, grab&oacute; en vivo con <strong>The Jazz Messengers</strong>, el grupo del baterista <strong>Art Blakey</strong>, aquel junto a quien florecieron las carreras de varios de los nombres m&aacute;s importantes de la historia del jazz, desde <strong>Lee Morgan</strong>, <strong>Wayne Shorter</strong> o <strong>Benny Golson</strong> hasta los hermanos <strong>Wynton</strong> y <strong>Branford Marsalis</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Hubo un disco, <em>Buttercorn Lady</em>. Y, seg&uacute;n se cuenta, numerosas peleas entre el gur&uacute; del hard bop y la estrella naciente. Jarrett estuvo all&iacute; cuatro meses y r&aacute;pidamente vol&oacute; hacia otro sol, el de San Francisco, el hipismo, el coqueteo con la psicodelia a trav&eacute;s de la improvisaci&oacute;n libre y el &uacute;nico grupo que tan valorado tanto por el p&uacute;blico de jazz como por el de rock, el cuarteto del saxofonista <strong>Charles Lloyd</strong>. Quien lo recomend&oacute; fue el baterista, Jack DeJohnette. Con &eacute;l lo uni&oacute; una de las relaciones m&aacute;s duraderas del g&eacute;nero. Jarrett se uni&oacute; al grupo en 1966, estuvo de gira por Estados Unidos y Europa &ndash;en el concierto en la Royal Albert Hall tuvieron como p&uacute;blico a <strong>The Beatles</strong>&ndash;&nbsp;y la primera grabaci&oacute;n conjunta fue para el disco <em>Dream Weaver</em>, registrado el 29 de marzo de ese a&ntilde;o. La &uacute;ltima, con el famoso tr&iacute;o que incluy&oacute;, adem&aacute;s de a DeJohnette al contrabajista <strong>Gary Peacock</strong>, fue medio siglo despu&eacute;s, en la que tambi&eacute;n fue la &uacute;ltima actuaci&oacute;n registrada del pianista, el 16 de julio de 2016 en la Sala Filarm&oacute;nica de Munich.
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        Hay ocho discos que registran el paso de Jarrett por ese cuarteto, que completaba en contrabajo <strong>Cecil McBee</strong>, y luego <strong>Ron McLure</strong>, entre 1966 y 1968. Y tres videos en Youtube, dos de 1966 &ndash; un recital completo, grabado por la televisi&oacute;n belga y un tema registrado en el Festival de Jazz de Molde, con una extraordinaria introducci&oacute;n del pianista&ndash; y el otro del final, filmado en San Francisco en el 68. &nbsp;All&iacute; aparece con claridad que Jarrett ya es Jarrett a los 21 a&ntilde;os, y que a los 23 ya es alguien &uacute;nico. En el primero de ellos, a los 2&rsquo;09&ldquo; comienza su solo, de un minuto y poco m&aacute;s, que le alcanzan para dar las se&ntilde;ales de su estilo, que nunca ser&iacute;a dos veces igual pero siempre conservar&iacute;a esa manera de hacer que cada idea fuera el motor, la c&eacute;lula madre, de la pr&oacute;xima. De hacer que un pasaje casual se convirtiera en tema. De lograr, en un tiempo limitad&iacute;simo, la erupci&oacute;n del volc&aacute;n contada desde el mism&iacute;simo primer temblor hasta el &uacute;ltimo estertor. 
    </p><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo, se ve al pianista ya embarcado &ndash;para siempre&ndash; en la idea de la improvisaci&oacute;n como viaje. Un singular viaje interior en el que parece no haber otra gu&iacute;a que un camino escuchado s&oacute;lo por &eacute;l y en el que, al mismo tiempo, la interacci&oacute;n con los otros m&uacute;sicos es asombrosa. Ya en el final del primer solo de Lloyd, alrededor de los 2 minutos, Jarrett empieza a seguir un camino propio que, sin embargo, proviene y se conecta con lo que el saxofonista est&aacute; tocando. Y en su propio solo, que durar&aacute; unos dos minutos y medio (y que comienza a los 2&rsquo;30&ldquo;), atraviesa un el descubrimiento, el asombro y el &eacute;xtasis. Y en ese momento, la culminaci&oacute;n del periplo hacia s&iacute; mismo, la conexi&oacute;n con el grupo, y en particular con las escobillas de DeJohnette, ronda la magia. Tanto como la introducci&oacute;n del tema siguiente (desde 6&rsquo;40&rdquo;), tocada directamente con las manos en el encordado del piano.
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        Para ese momento, Jarrett ya hab&iacute;a comenzado su carrera solista con un disco, <em>Life Between The Exit Signs</em>, grabado en 1967, con otros dos m&uacute;sicos con los que tambi&eacute;n establecer&iacute;a una largu&iacute;sima colaboraci&oacute;n, el contrabajista <strong>Charlie Haden</strong>, integrante durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os de los grupos de <strong>Ornette Coleman</strong>, y el baterista <strong>Paul Motian</strong>, que hab&iacute;a integrado el m&iacute;tico tr&iacute;o de <strong>Bill Evans</strong>.&nbsp;
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        Con Haden grab&oacute; por &uacute;ltima vez en 2007, para el disco <em>Jasmine</em>. Con Motian se reuni&oacute; en 1992 &ndash;la &uacute;ltima grabaci&oacute;n del tr&iacute;o con Haden hab&iacute;a sido el &aacute;lbum <em>BopBe</em>, de 1976&ndash;&nbsp;para tocar en el Deer Head Inn de Delaware. Fue una sola noche. La ocasi&oacute;n era especial. Se trataba del regreso del pianista a la escena de Pennsilvania, donde hab&iacute;a comenzado. Y si el tr&iacute;o con Haden y Motian hab&iacute;a estado caracterizado por abordar, principalmente, las composiciones de Jarrett, aqu&iacute; el baterista se insertaba en el lugar de DeJohnette y en un grupo ideado para tocar&nbsp;<em>standards</em>, o sea temas cl&aacute;sicos del jazz &ndash;este grupo, incidentalmente, repet&iacute;a la base del tr&iacute;o de Bill Evans en <em>Trio &rsquo;64</em>, con grabaciones realizadas el a&ntilde;o anterior&ndash;. Un disco, llamado precisamente <em>At The Deer Head Inn</em>, publicado en 1994, hab&iacute;a brindado un panorama de aquella actuaci&oacute;n, con una selecci&oacute;n de siete piezas. 
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        Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, los otros ocho standards tocados en aquella ocasi&oacute;n acaban de aparecer esta semana en el nuevo disco de un m&uacute;sico genial que ya no toca m&aacute;s. <em>The Old Country</em> &ndash;el t&iacute;tulo es el de uno de los ocho temas incluidos, compuesto por <strong>Nat Adderley</strong>&ndash; es, por encima del mero prodigio del acontecimiento &ndash; toda grabaci&oacute;n in&eacute;dita de Jarrett lo es&ndash; el registro de una m&uacute;sica maravillosa, tocada por un grupo que existi&oacute; s&oacute;lo para esa ocasi&oacute;n, que fue grabado con una fidelidad y un equilibrio perfecto entre los tres instrumentos, y en el que el principio gurdjieffiano seg&uacute;n el cual el creador se abre a la inspiraci&oacute;n &ndash;que tiene, eventualmente una resonancia c&oacute;smica (un principio al que Jarrett se ha referido en numerosas ocasiones)&ndash; aparece exhibido con todas las luces.
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        Uno de los misterios aparentes en la carrera de Keith Jarrett es su renuncia a componer nuevos temas, a partir de mediados de la d&eacute;cada de 1980. No se trata de un gesto menor si se tiene en cuenta que hasta ese momento era uno de los autores m&aacute;s personales, creativos y prol&iacute;ficos de la escena. Y, en rigor, de uno de los pocos seguidores de Ornette Coleman en la creaci&oacute;n de esos temas asim&eacute;tricos, sorpresivos, donde la respuesta nunca med&iacute;a lo mismo que la pregunta y parec&iacute;a tener m&uacute;ltiples adherencias. En un abanico que iba desde los vastos frescos abiertos a la improvisaci&oacute;n libre, como el de la genial <em>Survivors Suite</em> de 1976 hasta el lirismo casi pop de piezas como &ldquo;My Song&rdquo;, grabada en ese mismo a&ntilde;o junto con su cuarteto europeo (&eacute;l, <strong>Jan Garbarek</strong>, <strong>Palle Danielsson</strong> y <strong>Jon Christensen</strong>).&nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        El recorrido, si se lo piensa, fue el de la polilla hacia la llama o, mejor, el de &Iacute;caros hacia el sol y luego al suelo siciliano. El del viaje hacia la luz y, luego, el de encontrarla en las sombras terrenas. No otra cosa han sido las largas improvisaciones sin rumbo prefijado, cuyo rumbo fue marcado por un disco en estudio (<em>Facing You</em>, de 1971) y el &aacute;lbum originalmente de tres LPs que recog&iacute;a actuaciones en Lausanne (<em>Solo Concerts</em>, de 1973) y que encontr&oacute; un pico de popularidad en la que, por lo menos seg&uacute;n sus palabras, siempre fue su producci&oacute;n m&aacute;s odiada, el <em>K&ouml;ln Concert</em> de 1975.
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    </figure><p class="article-text">
        Y tampoco ha sido otra cosa su adscripci&oacute;n a los standards: la privaci&oacute;n de la composici&oacute;n para, en realidad, ponerla en primer plano. D&oacute;nde, sino en aquello que todos han tocado, podr&iacute;a aparecer con tanta nitidez la propia voz. Como la isla de Chiard para los pintores impresionistas &ndash;todos pintaban m&aacute;s o menos el mismo lugar&ndash; el fondo en com&uacute;n no hace otra cosa que destacar la figura. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Nov 2024 16:01:19 +0000]]></pubDate>
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