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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sting]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sting]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sting recibe una demanda millonaria por derechos de autor de sus excompañeros de The Police]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/sting-demandado-excompaneros-the-police-derechos-autor_1_12561125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ebfb4717-7196-4b38-ba0e-7dcad2a8f36d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sting recibe una demanda millonaria por derechos de autor de sus excompañeros de The Police"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tanto Andy Summers como Stewart Copeland presentaron una reclamación por daños y perjuicios “sustanciales” después de años de disputas legales</p></div><p class="article-text">
        El m&uacute;sico <strong>Sting</strong> fue demandado por sus antiguos compa&ntilde;eros de banda de <strong>The Police</strong>, que le reclaman millones de d&oacute;lares en derechos de autor. El solista y exl&iacute;der del tr&iacute;o londinense, cuyo nombre real es Gordon Sumner, r<strong>ecibi&oacute; una demanda de parte del guitarrista Andy Summers y el baterista Stewart Copeland por da&ntilde;os considerables</strong>. La noticia llega tras a&ntilde;os de <a href="https://www.thesun.co.uk/tvandshowbiz/36421649/sting-sued-royalties-ex-bandmates-the-police/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">disputas legales</a> entre el grupo, seg&uacute;n ha informado el peri&oacute;dico <em>The Sun</em>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto se ven&iacute;a gestando desde hac&iacute;a bastante tiempo&rdquo;, coment&oacute; una fuente al medio brit&aacute;nico. &ldquo;Los abogados intentaron repetidamente llegar a un acuerdo extrajudicial, pero no lo consiguieron&rdquo;, agreg&oacute; esta fuente. Tanto Summers como Copeland decidieron que no les quedaba otra alternativa que recurrir a los tribunales, presentando una reclamaci&oacute;n por da&ntilde;os y perjuicios &ldquo;sustanciales&rdquo; despu&eacute;s de a&ntilde;os de disputas legales. <strong>Ambos afirman que se les debe millones en p&eacute;rdidas de regal&iacute;as por derechos de autor.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El caso parece haber sido registrado en el Tribunal Superior de Londres bajo el nombre de &ldquo;contratos y acuerdos comerciales generales&rdquo;. Sting aparece como demandado junto con su empresa, Magnetic Publishing Limited. El &eacute;xito <em>Every Breath You Take</em>, que aparece en el quinto y &uacute;ltimo &aacute;lbum de la banda, <em>Synchronicity</em>, fue el sencillo <a href="https://www.nme.com/news/music/sting-being-sued-by-former-police-bandmates-over-lost-royalties-3887349" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s vendido</a> de 1983 y el quinto m&aacute;s vendido de la d&eacute;cada, como recoge el medio especializado NME.
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        <strong>Sting, a quien se le atribuye ser el &uacute;nico compositor de la canci&oacute;n, supuestamente gana medio mill&oacute;n de libras al a&ntilde;o en regal&iacute;as solo por esa canci&oacute;n</strong>. Un portavoz de Sting neg&oacute; a <em>The Sun</em> que la demanda estuviera relacionada con el tema <em>Every Breath You Take</em>. Sin embargo, no dio m&aacute;s detalles sobre el caso. The Police, que se ha reunido en numerosas ocasiones en el pasado, no volvi&oacute; a dar un concierto desde 2008.
    </p><p class="article-text">
        The Police se form&oacute; en 1977 y se separ&oacute; a mediados de los 80 tras haber vendido 75 millones de discos en todo el mundo. Sting, por su parte, tambi&eacute;n ha tenido &eacute;xito con su carrera en solitario. El m&uacute;sico fue la figura princial en festivales de m&uacute;sica de todo el mundo y parar&aacute; en Londres con su gira <em>Sting 3.0</em>, en la que se encuentra sumergido actualmente.
    </p>]]></description>
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      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/sting-demandado-excompaneros-the-police-derechos-autor_1_12561125.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Aug 2025 20:56:42 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Canciones tristes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/canciones-tristes_129_11846254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f26242f2-ac8d-4aea-bffa-fa67e5df4eca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Canciones tristes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las mejores canciones, las que nadie olvida, son las más tristes. Hay géneros enteros que se especializaron en ellas. Y artistas como María Elena Walsh, el isabelino John Dowland y The Beatles que lograron, dentro ese campo, algunas de sus joyas más preciadas.</p></div><p class="article-text">
        Sad Songs (Canciones Tristes) es un pueblo, o una ciudad, o un mundo, inventado por <strong>Rodrigo Fres&aacute;n</strong>. Y es que es bueno que haya un lugar as&iacute;. Un peque&ntilde;o universo donde habite, sobre todo la memoria &ndash;esa &ldquo;forma del olvido que los meros t&iacute;tulos refleja&rdquo;, seg&uacute;n Borges&ndash; y que rinda culto a las canciones que m&aacute;s no han gustado, las que m&aacute;s han marcado nuestras vida: las m&aacute;s tristes.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a decirse &ndash;ser&iacute;a una exageraci&oacute;n pero, como todas, con una buena parte de verdad&ndash; que, con la excepci&oacute;n de Hollywood nadie se ha molestado demasiado en hacer canciones que cantaran amores felices. Y g&eacute;neros enteros &ndash;el tango, el fado, el bolero&ndash; se han dedicado casi por completo a contar los fracasos y las soledades m&aacute;s espantosas.
    </p><p class="article-text">
        Cada uno tendr&aacute; su propio cat&aacute;logo &ndash;o playlist&ndash; de canciones trist&iacute;simas preferidas. Y a muchas de ellas &ndash;&ldquo;Fuimos&rdquo;, &ldquo;Gricel&rdquo;, &ldquo;La Foule&rdquo;&ndash; ya se le ha rendido homenaje en esta secci&oacute;n. Mi propia lista no podr&iacute;a no empezar con dos canciones que de chico &ndash;y creo que ahora tambi&eacute;n&ndash; me negaba a escuchar. Una, supongo que de origen espa&ntilde;ol y popular, no era, ni debi&oacute; haber sido jam&aacute;s una canci&oacute;n para ni&ntilde;os. S&eacute; poco de ella. Ni siquiera conozco el t&iacute;tulo pero s&iacute; recuerdo el hecho de que contaba la muerte de una ni&ntilde;a. La escuch&eacute; una sola vez y nunca quise volver a hacerlo, por lo que aun iniciando este &iacute;ndice, est&aacute; muy lejos de ser mi preferida. Y obviamente, al no saber cu&aacute;l es ni c&oacute;mo se llama, no hablar&eacute; aqu&iacute; de ella. &nbsp;La otra s&iacute;. Una canci&oacute;n capaz de provocar por si sola el llanto es una gran canci&oacute;n, aunque no pueda&nbsp;&ndash;ni quiera&ndash; o&iacute;rla. Y esa p&aacute;jara viuda, cuyo marido ha muerto v&iacute;ctima de un cazador &ndash;el diminutivo y el color de esa &ldquo;escopetita verde&rdquo; no logran dulcificar su efecto sino, m&aacute;s bien, todo lo contrario&ndash; inaugura, en todo caso, mi pasi&oacute;n por las canciones tristes. 
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        <strong>Mar&iacute;a Elena Walsh</strong>, cuya fuente confesa fueron los limmericks &ndash;esas rimas humor&iacute;sticas y generalmente absurdas &ndash;, la Alicia de <strong>Lewis Carroll</strong> y las <em>nursery rhymes</em> brit&aacute;nicas, era una especialista. Muchas de sus canciones tienen mucho de tristes, a&uacute;n las m&aacute;s graciosas, y fuera del campo de las obras para infantes, le cabe haber compuesto &ndash;y cantado de manera inigualable&ndash; la despedida m&aacute;s desolada &ndash;y desoladora&ndash; en &ldquo;Barco quieto&rdquo;. La casa como escenario y met&aacute;fora de la separaci&oacute;n aparece en otra pieza extraordinaria, &ldquo;A House is not a Home&rdquo;, creada por <strong>Burt Bacharach</strong> y <strong>Hal David</strong> en 1964, para un film protagonizado por <strong>Shelley Winters</strong> y <strong>Robert Taylor</strong> y grabada ese mismo a&ntilde;o por <strong>Dionne Warwick</strong> y por <strong>Brook Benton</strong> (que la hab&iacute;a cantado para la pel&iacute;cula). &ldquo;Todo cansa, todo pasa/ y uno se arrepiente de estar en su casa/ y de pronto se asoma a un rinc&oacute;n/ a mirar con l&aacute;stima su coraz&oacute;n./ Y afuera llora la ciudad/ tanta soledad&rdquo;, canta Walsh en la segunda estrofa de la canci&oacute;n que incluy&oacute; en el segundo volumen de <em>Juguemos en el mundo II</em>, publicado en 1969. &ldquo;Una silla es todav&iacute;a una silla, incluso cuando nadie se sienta all&iacute;./ Pero una silla no es una casa y una casa no es un hogar/ cuando no hay nadie ah&iacute; para abrazarte con fuerza/ y no hay nadie all&iacute; a quien darle un beso de buenas noches&rdquo;, dice Warwick. Incidentalmente, la canci&oacute;n no fue un hit en su momento aunque la versi&oacute;n de Benton, mucho m&aacute;s cursi que la de Warwick, perfecta en su contenci&oacute;n, tuvo algo m&aacute;s de &eacute;xito. Y all&iacute; estuvo <strong>Bill Evans</strong>, en 1977, para demostrar que la tristeza no necesita de palabras.
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    </figure><p class="article-text">
        Una de las canciones m&aacute;s tristes que se hayan compuesto, aunque nadie sepa ya qui&eacute;n lo hizo, es aquella en que Lord Rendall conversa, en un tono que solo podr&iacute;a describirse como &ldquo;muy ingl&eacute;s&rdquo;, con su madre. Las palabras son pausadas, tranquilas. En la versi&oacute;n que probablemente m&aacute;s se acerque a los or&iacute;genes folkl&oacute;ricos, la m&uacute;sica recurre a un artificio t&iacute;pico del Renacimiento y de las primeras &oacute;peras del Barroco: edad y sabidur&iacute;a se imponen, simb&oacute;licamente, al g&eacute;nero y, por lo tanto, la voz de la madre es m&aacute;s grave que la del hijo, a pesar de ser ella mujer y &eacute;l un var&oacute;n. &ldquo;&iquest;D&oacute;nde has estado todo el d&iacute;a, Rendall, hijo m&iacute;o; d&oacute;nde has estado todo el d&iacute;a, mi apuesto muchacho], pregunta ella, y volver&aacute; a hacerlo en cada estrofa, con distintas variantes: &rdquo;&iquest;Qu&eacute; has comido, Rendall, hijo m&iacute;o?&ldquo;, &rdquo;&iquest;D&oacute;nde recogi&oacute; ella las hierbas, Rendall, hijo m&iacute;o?&ldquo;. Y el hijo, que termina invariablemente sus parlamentos pidiendo &rdquo;prep&aacute;rame la cama r&aacute;pido, siento el coraz&oacute;n enfermo y querr&iacute;a acostarme&ldquo;, le contar&aacute; con detallada lentitud c&oacute;mo ha sido envenenado por su amante. Las versiones difieren. La canci&oacute;n, publicada en partitura por primera vez en 1787 con el t&iacute;tulo de &rdquo;Lord Ronald, my son&ldquo;, era, seg&uacute;n varios testimonios, ya popular en el 1600 y, seg&uacute;n <strong>Walter Scott </strong>&ndash;que la cita en su <em>Minstrerly of the Scottish Border</em>, de 1802&ndash;, a la muerte de <strong>Thomas Randolph</strong> (o Randal), Conde de Murray (o Moray) y sobrino de <strong>Robert the Bruce</strong>, que fue envenenado en 1332.
    </p><p class="article-text">
        Los nombres del personaje suelen ser distintos: &ldquo;Lord Rendall&rdquo;, &ldquo;Lord Randal&rdquo;, &ldquo;Lord Ronald&rdquo;, &ldquo;Laird Rowland&rdquo;, &ldquo;Lord Reynolds&rdquo;, e incluso &ldquo;John Randolph&rdquo; en una versi&oacute;n recopilada en Virginia y &ldquo;Mc Donald&rdquo; en una que a&uacute;n se canta en Carolina del Sur, ambas en los Estados Unidos. Las m&uacute;sicas, por supuesto, nunca coinciden del todo y los textos van desde la versi&oacute;n de Scott, donde se cuenta paso a paso todo el envenenamiento (e incluso la muerte del perro que comi&oacute; las sobras), hasta la incluida por los contratenores <strong>Alfred</strong> y <strong>Mark Deller</strong> &ndash;con el acompa&ntilde;amiento de Desmond Dupr&eacute; en la&uacute;d y guitarra&ndash; en <em>Folksongs</em> (publicado en 1972) y nuevamente registrada, en 1996, por otro contratenor, Andreas Scholl, junto con el laudista Andreas Martin. En esta versi&oacute;n, la intenci&oacute;n de la amante es ambigua, no se habla directamente del envenenamiento, todo es sugerido con vaguedad mientras se detalla la herencia que el Lord dejar&aacute; a sus familiares y, reci&eacute;n en la &uacute;ltima estrofa, cuando la madre pregunta &ldquo;&iquest;Qu&eacute; le dejar&aacute;s a tu amante, Rendall, hijo m&iacute;o?&rdquo;], este contesta: &ldquo;Una soga para colgarla, madre&rdquo;.
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        Los compositores ingleses de la &eacute;poca isabelina se especializaron en la tristeza. Hay canciones, como &ldquo;Sorrow, stay&rdquo; o &ldquo;Flow my tears&rdquo; (o su derivado, las geniales <em>Lachrimae or Seven Tears Figured in Seven Passionate Pavans</em>), de <strong>John Dowland</strong> (un depresivo cr&oacute;nico, por otra parte), que son verdaderas obras maestras de la melancol&iacute;a. La tradici&oacute;n, desde ya, ven&iacute;a de antes y se prolonga hasta la actualidad, hasta <strong>Blur</strong>, <strong>Radiohead</strong>, <strong>The Smile</strong> (su continuaci&oacute;n por otros medios) y, por supuesto, hasta &ldquo;Eleanor Rigby&rdquo; de <strong>The Beatles</strong>. Pero hay una subespecialidad, o, tal vez, un verdadero invento ingl&eacute;s: la <em>galliard </em>triste. La galliard era, en el renacimiento, una danza alegre, en tres tiempos, de las que se bailaban levantando los pies del piso (una &ldquo;danza alta&rdquo;). Y Dowland compuso dos variantes de una misma danza, ambas dedicadas al Earle de Essex, un conspirador contra la reina Isabel I que muri&oacute; en un cadalso construido especialmente para &eacute;l en la Torre de Londres. En una, titulada &ldquo;Can She Excuse?&rdquo;, le puso letra, un texto aparentemente de amor (&ldquo;&iquest;podr&aacute; ella perdonar mis errores?&rdquo;, se pregunta) en el que, en realidad, pide clemencia &ndash;infructuosamente&ndash; para el noble. La versi&oacute;n de <strong>Sting</strong> junto con <strong>Edin Karamazov</strong> en la&uacute;d, posiblemente sea la que m&aacute;s se parezca a lo que sonaba en aquella &eacute;poca en que, seg&uacute;n se cuenta, colgaban la&uacute;des en las paredes de las barber&iacute;as para que, mientras esperaban, cantaran y tocaran los parroquianos (Sting canta la pieza dos veces, la segunda de ellas con las otras voces, sobregrabadas y cantadas por &eacute;l mismo). La otra versi&oacute;n es sencillamente una danza estilizada (con sus elaborados contrapuntos y su notable pareo de dos pies r&iacute;tmicos diferentes al mismo tiempo, en el estribillo) llamada &ldquo;The Earle of Essex Galliard&rdquo; o &ldquo;The Right Honourable Earl of Essex, His Galliard&rdquo;, de la que existen versiones escritas por el propio autor para la&uacute;d y para conjunto de violas. 
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                The Beatles                            </span>
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        El ep&iacute;tome de la galliard triste, ese contraste entre m&uacute;sica y letra &ndash;tan dram&aacute;tico&ndash; del que se ha ocultado el drama, es la figura de esa mujer que toma la carta de despedida y que, sola en lo alto de la escalera, le grita a su marido &ndash;aunque sin &eacute;nfasis alguno en la voz de <strong>Paul McCartney</strong>&ndash; &ldquo;papi, nuestra nena se fue de casa&rdquo;. &ldquo;She&rsquo;s Leaving Home&rdquo; &ndash;una galliard en tiempo y forma&ndash; cuenta, como &ldquo;Can She Excuse?&rdquo;, una historia triste. Y el car&aacute;cter danzante de la m&uacute;sica no le impide, tampoco, criticar las buenas costumbres burguesas, al intercalar el enunciado de &ldquo;ella se fue de casa&rdquo; con el pensamiento &ndash;los lugares comunes&ndash; de los padres: &ldquo;Ella (le dedicamos la mayor parte de nuestras vidas) se va (sacrificamos la mayor parte de nuestras vidas) de casa (le dimos todo lo que el dinero pod&iacute;a comprar)&rdquo;. La canci&oacute;n de The Beatles, incluida en el disco <em>Sgt. Pepper&rsquo;s Lonely Hearts Club Band</em>, es revolucionaria tambi&eacute;n por otro motivo. Como antes &ldquo;Yesterday&rdquo; y &ldquo;Eleanor Rigby&rdquo;, aqu&iacute; el grupo pop est&aacute; ausente. Arpa y cello solistas, junto con una orquesta de cuerdas (el arreglo es de <strong>Mike Leander</strong>, que reemplaz&oacute; a <strong>George Martin</strong>, aunque honr&oacute; su estilo) reemplazan a guitarras, bajo y bater&iacute;a pero, m&aacute;s importante, cambian el protocolo de la canci&oacute;n popular al darle status de &ldquo;obra terminada&rdquo;. Su acompa&ntilde;amiento ya no es intercambiable con otros y, de hecho, algunas versiones posteriores de la canci&oacute;n, miman aquella orquestaci&oacute;n. En la repetici&oacute;n del estribillo, las voces de los padres (Lennon y el resto del grupo), dir&aacute;n &ldquo;Nunca pensamos en nosotros&rdquo;, se preguntar&aacute;n &ldquo;qu&eacute; hicimos mal&rdquo; y concluir&aacute;n en que &ldquo;la alegr&iacute;a es lo &uacute;nico que el dinero no&nbsp;puede comprar&rdquo;. El arpegio de arpa, el cello y la punzante r&iacute;tmica de las cuerdas, <em>&agrave; la Eleanor Rigby</em> &ndash;o su inspiraci&oacute;n, la m&uacute;sica de <strong>Bernard Herrmann</strong> para la pel&iacute;cula <em>Psicosis</em>&ndash; expresan la tensi&oacute;n latente en las voces y el drama que habita, velado, entre esa danza alegre y esas vidas a las que el dinero no pudo comprar alegr&iacute;a. Son parte indivisible de esa peque&ntilde;a (por la duraci&oacute;n) obra maestra que jam&aacute;s dejar&aacute; de o&iacute;rse entre las viejas y buenas almas de Sad Songs.
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Nov 2024 15:49:51 +0000]]></pubDate>
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