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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - José Siderman]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/jose-siderman/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - José Siderman]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Secuestrado por la guerrilla y, después, por los militares: el calvario de José Siderman y su familia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/secuestrado-guerrilla-despues-militares-calvario-jose-siderman-familia_1_11854487.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/55b004df-96b6-4502-aa5a-260af725e239_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Secuestrado por la guerrilla y, después, por los militares: el calvario de José Siderman y su familia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En esta nota se adelanta el primer capítulo de la novela "El caso Siderman, casi una ficción", del escritor y abogado Alberto Luis Zuppi, referido al primer secuestro, el de Montoneros. Luego vendría el de la dictadura, en la Tucumán gobernada de facto por el represor Antonio Domingo Bussi. El libro se presenta este miércoles en El Ateneo Gran Splendid, a las 19, con Carlos Siderman, uno de los hijos y también protagonista de lo ocurrido.</p></div><p class="article-text">
        El objetivo cumpl&iacute;a con precisi&oacute;n los h&aacute;bitos que comprobaron hasta el cansancio y nada cambi&oacute; ese lunes 9 de diciembre de 1974. Estacionaba su autom&oacute;vil en la estaci&oacute;n de servicio en el centro de Tucum&aacute;n, casi con exactitud a las 8:30 de la ma&ntilde;ana, e ingresaba en el negocio de art&iacute;culos para el hogar que estaba al lado.
    </p><p class="article-text">
        Desde la ventana de un supermercado cercano, una joven vestida con camisa y jean gastado observaba los movimientos del hombre. Frot&oacute; los dedos en su sien antes de desaparecer caminando fuera de la vista. Un poco m&aacute;s adelante en la cuadra, un trabajador uniformado que estaba en lo alto de un poste de luz vio la se&ntilde;al de la joven e interrumpi&oacute; la reparaci&oacute;n para anotar algo en un cuaderno.
    </p><p class="article-text">
        Los empleados del local empezaban a llegar antes de las 9. Poco despu&eacute;s, uno de ellos sal&iacute;a con una valija de efectivo y cheques para depositar en diferentes bancos. Ya lo hab&iacute;an seguido varias veces, pero esa rutina no era de inter&eacute;s para el grupo y dejaron de hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Esa ma&ntilde;ana, cerca de las 11, el hijo del objetivo se reunir&iacute;a con su padre y trabajar&iacute;an hasta el mediod&iacute;a. A veces sal&iacute;an juntos a visitar una obra en construcci&oacute;n. Cuando lo hac&iacute;an en autom&oacute;vil, el grupo se pon&iacute;a alerta, se comunicaban con walkie-talkies con los dos autos estacionados en el centro que segu&iacute;an al autom&oacute;vil blanco del objetivo. Si visitaban la obra a pie tambi&eacute;n eran seguidos.
    </p><p class="article-text">
        El que estaba a la ma&ntilde;ana en el poste de luz se quedaba en las inmediaciones esperando verlos salir e informaba a los dem&aacute;s. Esos movimientos eran controlados. El grupo no quer&iacute;a sorpresas que pudieran modificar el plan que dise&ntilde;aron. Sab&iacute;an que esos cambios en los h&aacute;bitos siempre conclu&iacute;an al mediod&iacute;a, cuando el objetivo regresaba al local donde dejaba a su hijo y luego conduc&iacute;a el veh&iacute;culo hasta su casa en las colinas de San Javier, en el valle de El Corte, para almorzar. Volv&iacute;a al negocio cerca de las cuatro de la tarde hasta cerrar.
    </p><p class="article-text">
        Miembros de los vigilantes condujeron varias veces detr&aacute;s del autom&oacute;vil blanco y estudiaron la ruta para encontrar el lugar perfecto para atrapar al hombre que vigilaron tan de cerca y por tanto tiempo. Ese era el d&iacute;a que eligieron, y todo deb&iacute;a salir perfecto.
    </p><p class="article-text">
        Se decidieron por un recodo del camino luego de pasar las colinas, donde las laderas escarpadas a ambos lados encerraban los carriles de la ruta. Su plan requer&iacute;a que una docena de sus integrantes estuvieran uniformados como miembros de la polic&iacute;a y portaran armas largas, mientras cuatro francotiradores vigilar&iacute;an desde puntos estrat&eacute;gicos una posible e inesperada ayuda a favor de su objetivo, o la presencia de fuerzas armadas. Un jeep descapotable con dos integrantes uniformados estaba estacionado al pie de las colinas por si llegaba inopinadamente alguna fuerza de seguridad. Su plan requer&iacute;a el uso de violencia solo en caso extremo.
    </p><p class="article-text">
        A siete kil&oacute;metros de distancia otros preparativos estaban en marcha. En un barrio de clase alta, una joven pareja hab&iacute;a alquilado una casa y tra&iacute;do un cami&oacute;n de mudanza con muebles y cajas. Otros, aparentemente amigos de la pareja, estuvieron presentes para ayudar con la mudanza. Era claro para los vecinos que la pareja reci&eacute;n mudada estaba llevando adelante un trabajo de construcci&oacute;n, por la tierra que se comenzaba a acumular en el jard&iacute;n adyacente. Los vecinos cre&iacute;an que la pareja estaba construyendo un quincho, con piso de piedra o lajas y techo de paja montado sobre postes, para proteger a la parrilla.
    </p><p class="article-text">
        Pero la verdad era otra. Estaban concluyendo una &ldquo;c&aacute;rcel del pueblo&rdquo;, donde los grupos guerrilleros encerraban a sus v&iacute;ctimas. La joven que pasaba se&ntilde;ales desde el supermercado, el falso empleado de la compa&ntilde;&iacute;a de electricidad y la pareja que aparentaba mudarse a una casa suburbana, los uniformados en el jeep y en la colina, eran miembros de una c&eacute;lula de Montoneros, un grupo de guerrilla urbana marxista identificado con el movimiento peronista. Estos j&oacute;venes fan&aacute;ticos eran una mezcla social de diferentes or&iacute;genes, incluyendo idealistas universitarios, obreros de los ca&ntilde;averales y profesionales.
    </p><p class="article-text">
        Cuando ese mediod&iacute;a Jos&eacute; parti&oacute; hacia su casa, mientras se alejaba del centro de Tucum&aacute;n, un par de autom&oacute;viles se ubicaron en el camino delante de &eacute;l: un Peugeot y una pick-up Chevrolet. Condujeron delante del auto blanco todo el trecho, yendo de un lado a otro de la ruta, impidiendo el sobrepaso hasta que, fuera de la ciudad, el camino comenz&oacute; a estrecharse.
    </p><p class="article-text">
        Cuando llegaron a un recodo en las colinas, el Chevrolet imprevistamente sali&oacute; del camino, dejando solo al Peugeot. El conductor redujo su velocidad de manera tal que se empez&oacute; a formar una cola de veh&iacute;culos detr&aacute;s del Torino blanco de Jos&eacute;, quien se irrit&oacute; y toc&oacute; bocina al conductor, pero sin &eacute;xito. Intent&oacute; sobrepasar al Peugeot; sin embargo, el veh&iacute;culo delante se lo imped&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Al llegar a la cima de la colina, el Peugeot de improviso se puso al costado del camino y Jos&eacute; aceler&oacute; para pasarlo, al tiempo que descubr&iacute;a que hab&iacute;a ca&iacute;do en una trampa. Una camioneta bloqueaba la ruta adelante, y un segundo autom&oacute;vil sali&oacute; del costado del camino para encerrarlo por detr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Alrededor de una docena de hombres armados rodearon el Torino. Otros controlaban al grupo de veh&iacute;culos que fue parte de la caravana. Algunos de ellos vest&iacute;an uniformes de la polic&iacute;a provincial y otros de la federal. Ten&iacute;an escopetas y armas autom&aacute;ticas, todas apunt&aacute;ndolo a Jos&eacute;. Uno de ellos habl&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Siderman, esto es un secuestro, no trate de resistirse o ser&aacute; fusilado.
    </p><p class="article-text">
        El hombre abri&oacute; la puerta del Torino, y dos hombres sacaron a Jos&eacute;. Seguidos por un tercero, lo subieron a la camioneta donde lo acostaron. Uno le at&oacute; las mu&ntilde;ecas detr&aacute;s de la espalda mientras otro hizo lo propio con los tobillos. Le pusieron una venda sobre los ojos y lo amordazaron.
    </p><p class="article-text">
        El cumplimiento correcto de cada uno de los roles de esta coreograf&iacute;a hablaba de un plan en el que cada detalle fue previsto minuciosamente, practicado y ejecutado con precisi&oacute;n. El secuestro, llevado a cabo a la vista de los otros conductores que esperaban en la cola, fue tan r&aacute;pido como comenz&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        La camioneta, con Jos&eacute; adentro, se puso velozmente en marcha, dio una vuelta en U y se dirigi&oacute; colina abajo hasta superar al jeep estacionado al costado. Pronto llegaron a un camino de tierra. Nadie dijo una palabra.
    </p><p class="article-text">
        Tras un largo rato, la camioneta se detuvo y los hombres alzaron a Jos&eacute; para ponerlo en un caj&oacute;n de madera del tama&ntilde;o de un f&eacute;retro. Luego de depositarlo dentro, pusieron una tapa en la parte superior que aseguraron con cintas. El caj&oacute;n med&iacute;a algo m&aacute;s de medio metro de ancho, setenta cent&iacute;metros de alto y cerca de un metro ochenta de largo. No ten&iacute;a respiraderos y Jos&eacute; se sinti&oacute; sofocar.
    </p><p class="article-text">
        Lo depositaron en la parte trasera de una pick-up que empez&oacute; a moverse. Con un esfuerzo de autocontrol, logr&oacute; dominar su p&aacute;nico. Baj&oacute; sus pulsaciones y su coraz&oacute;n comenz&oacute; a serenarse. Trat&oacute; de sacarse la mordaza, pero no pudo.
    </p><p class="article-text">
        Su mente iba a toda velocidad para tratar de evaluar su situaci&oacute;n. &iquest;Podr&iacute;a escaparse en alg&uacute;n momento? &iquest;Cu&aacute;les eran sus mejores chances para salir de esto vivo?
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; trataba de encontrar sentido a lo que estaba sucediendo. Supuso que, sea que se tratara de criminales organizados, malhechores militares independientes o guerrillas, el objetivo m&aacute;s probable era obtener un beneficio a trav&eacute;s del pago de un rescate.
    </p><p class="article-text">
        Pens&oacute; en los informes que daban cuenta de los intentos guerrilleros de secuestros en Tucum&aacute;n y en la provincia vecina de Catamarca. En Tucum&aacute;n los guerrilleros intentaron secuestrar a Paz, el propietario de uno de los ingenios azucareros m&aacute;s importantes. De acuerdo con la prensa, sus captores lo asesinaron porque trat&oacute; de resistirse.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; concluy&oacute; que sus secuestradores estaban demasiado bien organizados y actuaron con mucha eficiencia para ser criminales vulgares. Supuso que o bien eran guerrilleros, o m&aacute;s probablemente polic&iacute;as o miembros de las fuerzas de seguridad delincuentes que estaban acostumbrados a las acciones coordinadas.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de sus esfuerzos por permanecer calmo, la angustia a la que se ve&iacute;a sometido, encerrado y amordazado, se apoder&oacute; de &eacute;l. No era un hombre religioso, pero en esos momentos record&oacute; una antigua oraci&oacute;n hebrea de su infancia: &ldquo;Adom olam Asher Molach... El Se&ntilde;or est&aacute; conmigo. No debo temer...&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No hab&iacute;a recitado esos versos en a&ntilde;os, aun as&iacute;, ahora estaba rezando.
    </p><p class="article-text">
        Luego de veinte interminables minutos, el veh&iacute;culo se detuvo y los secuestradores descargaron el caj&oacute;n. Fue llevado a la casa en los suburbios que la pareja y sus amigos prepararon.
    </p><p class="article-text">
        Sinti&oacute; arrastrar la caja en la que estaba por una peque&ntilde;a escalera, sacudi&eacute;ndose con cada escal&oacute;n, y luego escuch&oacute; el ruido de una puerta cerr&aacute;ndose detr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Se aflojaron las ligaduras del caj&oacute;n y vio levantarse la tapa. El aire, aunque h&uacute;medo y pesado, llen&oacute; sus pulmones. Varias manos lo tomaron y lo levantaron, desataron sus tobillos y, sin pronunciar una palabra, todav&iacute;a con la venda sobre sus ojos, lo bajaron por una escalera hasta un s&oacute;tano.
    </p><p class="article-text">
        Alguien presion&oacute; su cabeza para que se agachara. Quiso en un momento enderezarse, pero golpe&oacute; con su cabeza el techo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Agache la cabeza! &iexcl;Det&eacute;ngase!
    </p><p class="article-text">
        El sujeto le desat&oacute; las mu&ntilde;ecas, sac&oacute; la mordaza de su boca y removi&oacute; la venda que cubr&iacute;a sus ojos.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Al piso!
    </p><p class="article-text">
        Obedeci&oacute;. A tientas, sus ojos tardaron en acostumbrarse a la escasa luz, justo a tiempo para ver a su captor cerrando una puerta de madera.
    </p><p class="article-text">
        Se encontr&oacute; encogido en un hoyo de tierra. El pozo, aparentemente hecho a golpes de pala, era de metro y medio por metro y medio. Ten&iacute;a una altura igual. No pod&iacute;a pararse erguido ni estirar sus piernas cuando estaba en el piso.
    </p><p class="article-text">
        Planchas de madera serv&iacute;an como techo. Una tabla rudimentaria a un costado serv&iacute;a aparentemente como cama. Un taburete con tapa y una bolsa de pl&aacute;stico dentro cumpl&iacute;a las funciones de retrete.
    </p><p class="article-text">
        En el medio del improvisado techo colgaba una l&aacute;mpara de no m&aacute;s de veinticinco vatios, que arrojaba una luz mortecina a una puerta de madera con una peque&ntilde;a ventana por donde hab&iacute;a entrado.
    </p><p class="article-text">
        El calor y la humedad del exterior estaban multiplicados a un nivel insoportable, y comenz&oacute; a transpirar profusamente.
    </p><p class="article-text">
        La puerta se abri&oacute; y le arrojaron una camisa sin mangas y pantalones cortos.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;C&aacute;mbiese!
    </p><p class="article-text">
        Mientras mudaba la ropa, intent&oacute; iniciar una conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qui&eacute;nes son ustedes?
    </p><p class="article-text">
        Todos sus intentos de di&aacute;logo se encontraron con un silencio indiferente.
    </p><p class="article-text">
        Mirando a trav&eacute;s de la peque&ntilde;a ventana, Jos&eacute; pudo ver al guardi&aacute;n portando un arma autom&aacute;tica y cubriendo su rostro con un pasamonta&ntilde;as con huecos en los ojos y en la boca.
    </p><p class="article-text">
        En la pared detr&aacute;s del guardia, hab&iacute;a un tablero con tres l&aacute;mparas con los colores de un sem&aacute;foro: rojo, amarillo y verde. Solo la l&aacute;mpara amarilla estaba encendida.
    </p><p class="article-text">
        Cerca de una hora despu&eacute;s, la l&aacute;mpara amarilla cambi&oacute; por la verde. Entonces escuch&oacute; un sonido encima suyo, de muebles que eran movidos de lugar.
    </p><p class="article-text">
        El guardia se levant&oacute; y abri&oacute; una puerta trampa en el techo de su cubil. Entr&oacute; luz desde arriba mientras el custodio sub&iacute;a la escalera y otro individuo con pasamonta&ntilde;as descend&iacute;a para ocupar su puesto. La puerta trampa se cerr&oacute; detr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El nuevo le habl&oacute; a Jos&eacute; a trav&eacute;s de la ventana con la autoridad de quien estaba a cargo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Siderman, somos Montoneros. Fue secuestrado para nuestra causa.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; lo mir&oacute; con desesperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pero&hellip; &iquest;por qu&eacute; a m&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Sabemos todo sobre vos. Si tu familia cumple con nuestras exigencias, te protegeremos y ser&aacute;s liberado. Pero pongamos algunas cosas en claro: vamos a requerir el pago de un rescate y, si todo sale bien, se reunir&aacute;n pronto de nuevo.
    </p><p class="article-text">
        Entonces se&ntilde;al&oacute; las tres l&aacute;mparas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Ves eso? Cuando la l&aacute;mpara verde est&aacute; encendida, significa que todo est&aacute; seguro. La amarilla significa precauci&oacute;n. Si empieza a titilar, significa que hay fuerzas de seguridad en los alrededores y estaremos en m&aacute;xima alerta. Si la l&aacute;mpara roja se enciende, en cinco segundos ser&aacute;s fusilado.
    </p><p class="article-text">
        Hizo una pausa para permitir que Jos&eacute; digiriera lo que acababa de decir y luego continu&oacute; con el mismo tono:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Ten&eacute;s alg&uacute;n problema de salud? &iquest;Tom&aacute;s alg&uacute;n remedio? Tenemos acceso las veinticuatro horas a un m&eacute;dico. En caso de que precises alguna ayuda m&eacute;dica, dec&iacute;selo al guardia ac&aacute; fuera. &iquest;Alguna restricci&oacute;n con relaci&oacute;n a las comidas?
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; contest&oacute; con negativas y le rog&oacute; al guardia que le permitiera hablar con su familia, pero el hombre enmascarado dijo que ello no era posible. Le continu&oacute; rogando mientras el hombre sub&iacute;a la escalera y cerraba la puerta trampa sobre &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Otro guardi&aacute;n con pasamonta&ntilde;as baj&oacute; con un arma autom&aacute;tica en su mano y ocup&oacute; su lugar, mir&aacute;ndolo a trav&eacute;s de la ventana. La &uacute;nica luz en el sitio proven&iacute;a de la brasa del cigarrillo que fumaba y de la l&aacute;mpara verde encendida tras de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Permaneci&oacute; todo el d&iacute;a recostado sobre la madera que serv&iacute;a como lecho en el opresivo calor del verano, sin posibilidad de extender sus piernas. Perdi&oacute; toda noci&oacute;n del tiempo, aunque presum&iacute;a que era de ma&ntilde;ana porque le trajeron una taza de t&eacute; con pan.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo pasaba. D&iacute;as. Lo alimentaban con pastas, guisos o arroz. Nadie vaciaba el retrete. Ninguno de sus guardianes le habl&oacute;. Se cambiaban por turnos, hombres j&oacute;venes vistiendo pantalones cortos y alpargatas, y ocasionalmente una guardiana mujer.
    </p><p class="article-text">
        Porque todos llevaban pasamonta&ntilde;as con agujeros para los ojos y la boca, solo pod&iacute;a suponer sus edades basado en la apariencia de sus manos. Pens&oacute; que ser&iacute;an veintea&ntilde;eros. La situaci&oacute;n comenz&oacute; a debilitarlo. El calor y la humedad eran insoportables.
    </p><p class="article-text">
        Estaba preocupado por su mujer y sus hijos, as&iacute; como por la situaci&oacute;n en la que estaba, que parec&iacute;a prolongarse indefinidamente. Lea nunca se hab&iacute;a visto envuelta en los negocios familiares, como as&iacute; tampoco su hija Alicia. Eso lo dejaba a Carlos como el &uacute;nico miembro de la familia que ten&iacute;a alg&uacute;n conocimiento. Sab&iacute;a que pod&iacute;a confiar en su hijo para los negocios, pero nadie ten&iacute;a experiencia para negociar un rescate.
    </p><p class="article-text">
        Nada cambiaba. No sab&iacute;a si era de noche o de d&iacute;a. El tiempo careci&oacute; de sentido y se transform&oacute; en una luz mortecina en un hoyo que parec&iacute;a un horno de barro. Le daban un balde con agua fr&iacute;a y una toalla para que limpiara la tierra que se le pegaba al cuerpo con la transpiraci&oacute;n. Trataba de pasar la mayor cantidad de tiempo acostado, con los ojos cerrados, buscando escaparse por el sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Pero indefectiblemente, cuando despertaba, era vuelto a la realidad y se descubr&iacute;a sudando, apoyado en el piso de tierra de su cueva subterr&aacute;nea. Intentaba permanecer calmo, pero eso no era f&aacute;cil. El estr&eacute;s mental, combinado con la humedad, la alta temperatura y la incertidumbre, estaba comenzando a destruirlo.
    </p><p class="article-text">
        Un tormento psicol&oacute;gico mayor se sumaba a sus preocupaciones: las tres l&aacute;mparas. La amarilla y la verde eran m&aacute;s luminosas que la peque&ntilde;a bombilla que colgaba del techo de su celda. Las luces eran un recordatorio permanente de la fragilidad de su destino.
    </p><p class="article-text">
        Se daba vuelta hacia la pared de tierra y su cuerpo entonces se rend&iacute;a. Entraba en trance, en una combinaci&oacute;n entre el desmayo y el sue&ntilde;o profundo. Ten&iacute;a permanentes pesadillas de estar sentado en una silla, con los pies y manos atados, su boca llena de algod&oacute;n y viendo las luces cambiar una vez y otra vez, rodeado de gente que estaba siendo entretenida por alguien jugando con el control de las luces, haciendo re&iacute;r al grupo.
    </p><p class="article-text">
        Entonces se encend&iacute;a la luz roja y todos le disparar&iacute;an sus pistolas, arranc&aacute;ndolo de la pesadilla infernal con un grito ahogado. Se despertaba empapado en sudor y gritando. Ah&iacute; se daba cuenta de que a&uacute;n estaba vivo y de que la gente ri&eacute;ndose no exist&iacute;a. Pero entonces miraba las tres bombillas de luz de colores.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; era f&iacute;sicamente fuerte, pero las condiciones en las que estaba eran inhumanas. Involuntariamente, sin distinguir si era de d&iacute;a o de noche, sus ojos se cerraban. &iquest;Era esa una se&ntilde;al que enviaba su cuerpo para ayudarlo a manejar el tormento f&iacute;sico y mental?
    </p><p class="article-text">
        Algunas veces era una ayuda. Tuvo un sue&ntilde;o donde caminaba con Lea tomados de la mano por el jard&iacute;n de la casa de verano. Ve&iacute;a la sonrisa en el rostro de su mujer y la ayudaba a cortar las rosas de un inmenso rosal del que &eacute;l alcanzaba las ramas para que ella pudiera cortar las flores.
    </p><p class="article-text">
        Un fuerte sonido lo despert&oacute; sobresaltado. El ruido vino de la puerta trampa que se cerr&oacute; de golpe tras un cambio de la guardia. Se apresur&oacute; a volver a cerrar sus ojos y retomar el sue&ntilde;o con Lea, pero su mujer desapareci&oacute; y la luz todav&iacute;a estaba all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Luego de un par de minutos se despertaba. La luz verde ser&iacute;a lo primero que ver&iacute;a enfrent&aacute;ndolo con la realidad de no estar viviendo una pesadilla, sino realidad.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que abr&iacute;a los ojos en el hoyo y ve&iacute;a la luz verde encendida por la ventanita de la puerta, recordaba lo que dijo el que habl&oacute;: en un instante podr&iacute;a cambiar a roja y, en ese momento, su vida estar&iacute;a concluida. Pens&oacute; que no ten&iacute;a control alguno sobre lo que viv&iacute;a y esa idea lo angustiaba.
    </p><p class="article-text">
        Un guardia podr&iacute;a confundir el color que ve&iacute;a, o un corte de energ&iacute;a podr&iacute;a apagarlas. Adem&aacute;s del calor insoportable y el confinamiento donde su cuerpo no encajaba, su vida depend&iacute;a del color verde.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una novela de suspenso de Alberto Luis Zuppi basada en una espeluznante historia real.                            </span>
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        <em>JJD</em>
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      <dc:creator><![CDATA[Alberto Luis Zuppi]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Nov 2024 19:51:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Secuestrado por la guerrilla y, después, por los militares: el calvario de José Siderman y su familia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Alberto Luis Zuppi,José Siderman,Carlos Siderman,Montoneros,Guerrilla,Dictadura,Antonio Domingo Bussi]]></media:keywords>
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